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lunes, 29 de febrero de 2016

PRENSA. ISLAM. Entrevista a Tawfik Hamid, reformista egipcio

   En "El País":

“Hay que priorizar las partes pacíficas del Corán”

Este reformista egipcio formó parte hace 35 del islam más radical. Ahora impulsa la necesidad de una reforma basada en una interpretación moderna del texto islámico


Tawfik Hamid.

Tawfik Hamid (Egipto, 1961) aboga por la modernización del islam. Forma parte del grupo de pensadores que piden reformas profundas para adaptar la religión musulmana a los nuevos tiempos y frenar el radicalismo. Hace 35 años, en su país de origen, perteneció a una organización radical junto a Aiman Al Zawahiri, actual número uno de Al Qaeda. Esa experiencia, cuenta en una entrevista telefónica desde Estados Unidos, donde vive ahora (entre otras cosas, es senior fellow en The Potomac Institute for Policy Studies), le hizo comprender la amenaza que supone el extremismo para el mundo musulmán.
Pregunta. Propone una revisión del Corán. ¿Qué habría que cambiar?
Repuesta. Lo primero que hay que tener en cuenta es que no se puede borrar ni una sola letra del Corán. Eso colapsaría la religión por completo. Lo más importante es contextualizarlo. Por ejemplo, sostengo que cuando Mahoma dice que hay que matar a los infieles, no se refiere a todos los infieles, sino a determinados infieles de su tiempo que cometieron determinadas barbaridades. En segundo lugar, en caso de contradicción entre las partes pacíficas y violentas del Corán, hay que priorizar siempre las pacíficas. Por último, habría que tomar el Corán como fuente principal por encima de otras fuentes, como los hadices [narraciones del profeta transmitidas por intermediarios]. En el Corán no se habla de la lapidación de mujeres, ni de matar a los apóstatas, sino en los hadices. De nuevo, en caso de contradicción, hay que dar prioridad al Corán.
P. En otras ocasiones, ha dicho que el Corán permite pegar (no lapidar) a la mujer.
R. Tradicionalmente, se ha interpretado en esta dirección. Sin embargo, creo que hay otros versículos que darían lugar a otras interpretaciones. Mentiría si afirmara que no hay aspectos conflictivos en el Corán. Porque si no fuera así, no tendríamos todo este problema. La cuestión es qué queremos hacer con eso.
P. Ante tantas interpretaciones, ¿qué debe hacer un musulmán corriente?
R. Propongo que cada musulmán exija a su mezquita o a su escuela coránica que rechace públicamente estos cinco puntos que definen a los radicales: el asesinato de apóstatas, golpear o lapidar a las mujeres que han cometido adulterio, llamar a los judíos cerdos o monos, matar a judíos, declarar la guerra a los no musulmanes, esclavizar a seres humanos y matar a homosexuales. Si son verdaderamente moderados, lo rechazarán sin problemas.

“Mentiría si afirmara que no hay aspectos conflictivos en el Corán. Si no, no tendríamos todo este problema”
P. ¿Ese cambio que propone es realista?
R. La reforma que propongo es realista en teoría, pero solo será posible en la práctica si la gente que está dispuesta a cambiar las cosas siente que está respaldada. Somos muchos los que estamos intentando lanzar el mensaje, pero no tenemos apoyos. Mi página de Facebook (Una interpretación moderna del Corán, en árabe), con comentarios que promueven una lectura pacifista del Corán, hay más de dos millones de "me gusta" desde que abrió en mayo de 2013. Con apoyo, serán 20 millones en un año. Creo que cada vez más musulmanes se están dando cuenta de que existen problemas. No digo que sea la tendencia dominante. Pero algo se mueve en esa dirección. Ahora nos encontramos en un punto en el que algunos quieren avanzar y otros retroceder. ¿Qué hacemos? No podemos tenerlo todo. Una cosa o la otra. Tenemos que decidir. 
P. ¿Quién puede liderar esa reforma?
R. No creo que se trate de un tema de líderes. Los chiíes son más jerárquicos, pero en el mundo de los suníes no hay un líder. Cada grupo piensa de forma independiente. Lo que necesitamos es un liderazgo múltiple.

Cinco tipos de musulmanes

C. G.
Tawfik Hamid divide a los musulmanes en cinco grupos:
  1. Musulmanes culturales: "Se llaman Mohamed o Fátima, no saben nada de religión; simplemente se reconocen como musulmanes".
  2. Musulmanes rituales: "Se preocupan por rezar cinco veces al día y ayunar en el ramadán, entre otras celebraciones".
  3. Musulmanes fanáticos: "Quieren incrementar el uso de la sharía, pero no son partidarios de utilizar la violencia para conseguirlo".
  4. Musulmanes radicales: "Recurren a la violencia contra los otros para imponer sus valores".
  5. Terroristas: "Los más radicales de todos, lo que ponen bombas y cometen atentados".

PRENSA. "¿Cuál es ese islam que da miedo?". Tahar ben Jelloun

   En "El País":

¿Cuál es ese islam que da miedo?

Las atrocidades de los radicales demuestran el peligro de la interpretación literal del Corán


El líder del Estado Islámico, Abubaker al Bagdadí. / AP


¿Cuál es ese islam que da miedo? ¿De dónde viene? ¿Qué relación tiene con la realidad histórica y teológica? ¿Cómo se explica? No hay duda de que nos asusta, pues suscita preguntas, más aún al comprobar la fuerza con la que el terrorismo golpea en nombre del islam, donde y cuando quiere. Aunque la islamofobia sea real y preocupe a las sociedades europeas, solo es un aspecto más de la crisis desatada estos últimos años entre Occidente y una parte de Oriente.
El día en que un individuo que se hace llamar Al Bagdadi se autoproclamó califa, hace casi un año, y anunció la creación de un Estado Islámico (EI) con unas fronteras sin definir, ese día, se declaró la guerra a los musulmanes pacíficos, a los europeos y al resto del mundo. Nadie se tomó en serio su discurso. Nadie se puso a averiguar quién lo financia, quién le suministra tanto armamento, quién lo lleva hacia esa deriva cada vez más asesina. Se sabe que atracó los bancos de Mosul, que se apoderó de algunos pozos de petróleo y que vende el crudo en el mercado negro. Pero ello no basta para mantener un ejército y financiar a los grupos yihadistas procedentes de Europa y del mundo árabe.
Los musulmanes, como el resto del mundo, necesitan saber qué está pasando. ¿El comportamiento del EI lo justifica el islam? ¿Es una herejía? ¿Es pura invención de Al Bagdadi, quien, tras haber pasado por las cárceles iraquíes, quizá quiera justificar su sed de mal y de poder para reinar sobre los musulmanes del mundo?
Cuando consultamos el Corán y algunas de sus interpretaciones, resulta evidente que el islam experimentó diversas fases de combate y de violencia, principalmente en sus inicios. Algunas aleyas [versículos de Corán] ordenan luchar con las armas hasta que el islam triunfe. Coinciden justo después de la hégira deMahoma a Medina, en 622. El profeta tiene enemigos que no solo no creen en su mensaje, sino que intentan matarlo. La aleya 29 de la sura 9 [capítulo 9 del Corán] es clara, pero hay que leerla a la luz del contexto de entonces, y no del actual: “¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios ni en el último Día, no prohíben lo que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!”. En esa misma sura, aleya 73, se dice: “¡Profeta! ¡Combate contra los infieles y los hipócritas, sé duro con ellos!”. Mahoma luchó contra sus adversarios, sobre todo contra los judíos de Medina y los adoradores de ídolos de piedra. El reconocimiento del mensaje divino siempre ha ido acompañado de dramas y tragedias. No hay más que ver la historia de las religiones. Pero aquello sucedía hace 15 siglos, en unas circunstancias y un contexto determinados, vinculados a la época en que las tribus de Arabia combatían entre ellas mucho antes de la llegada del islam.
El verdadero problema es que se invite al siglo VII a asentarse entre nosotros en la época moderna. Uno no puede desplazar los contextos y la historia a su antojo, según sus necesidades. En cambio, el EIactúa como si los 15 siglos que nos separan de la aparición del islam hubieran sido borrados de un sablazo mágico.
Aunque minoritarios, algunos musulmanes son conscientes de la urgente necesidad de introducir reformas, de revisar algunos textos que son inaplicables y se han quedado caducos en el siglo XXI. Son musulmanes que están a favor del laicismo, de la enseñanza de los principios de tolerancia y respeto del diferente desde la infancia, que están a favor de los valores humanistas, y desean un islam sosegado, tranquilo y reservado a la esfera privada.
Pero esos combatientes movidos por el odio han hecho una lectura literal del Corán, tomando al pie de la letra lo que ha sido revelado. ¡Fuera metáforas, símbolos, distancia, inteligencia! Esa lectura estrecha y simplista, falsa en definitiva, es la que por desgracia se impuso desde el siglo XVIII, desde que Mohamed Abdel Wahab, un teólogo saudí, aplicó el dogma de la sharía, que ha dado lugar a ese islam rígido e integrista denominado wahabismo. Arabia Saudí y Qatar siguen ese rito.
¿Cómo puede atraer ese mensaje brutal del EI a unos jóvenes europeos de cultura musulmana o conversos? Esa visión del islam y de sus promesas seduce a unos chicos de identidad poco consolidada que se imaginan que en ese combate hallarán su razón de ser y de vivir. El discurso y las acciones criminales de Al Bagdadi han sido posibles porque en la mayoría de los países musulmanes el sistema democrático y el Estado de derecho no están realmente establecidos; porque la sociedad occidental no ha dado una oportunidad a esos jóvenes de origen inmigrante, y ello ha facilitado que se sientan atraídos por la arriesgada aventura de la yihad; porque son percibidos como europeos de segundo orden y constatan que impugnar el sionismo y solidarizarse con los palestinos se considera antisemitismo; porque el discurso de los que los reclutan los convence, y suponen que han encontrado lo que les falta: una identidad que los reconforte y les dé seguridad. ¡Lo paradójico es que su razón de vivir los conduzca a morir como mártires con la promesa de un paraíso!

El Estado Islámico es rico y paga a sus combatientes con dinero contante y sonante
Algunos se van a Siria y a Irak por estos motivos, otros lo hacen por afán de aventura y por dinero. El EI es rico y paga a sus combatientes con dinero contante y sonante. El islam se extravía entre esas consideraciones, y así podemos ver a mujeres de negro, tapadas de la cabeza a los pies, que reprochan a otras, también cubiertas de arriba abajo, que el manto que las cubre no sea lo bastante tupido… Y en nombre de ese islam nostálgico de sus primeros tiempos, el EI ocupa la tercera parte de Irak y la cuarta parte de Siria. Es lo que la coalición internacional desearía evitar con sus bombardeos cada vez más intensos. Pero ahora ya sabemos que esas intervenciones no son eficaces y que la solución ha de llegar de los propios países musulmanes. Tardará en dar sus frutos, pero se podría empezar por pequeños y sencillos pasos, tales como revisar los manuales escolares, poner en práctica una pedagogía ambiciosa para luchar de manera profunda y objetiva contra la ignorancia, contra esas desviaciones que llevan al terrorismo y a ese miedo absurdo al islam y a los musulmanes.
Traducción de Malika Embarek López.
Tahar Ben Jelloun es escritor marroquí, ganador del premio Goncourt. Su nuevo libro se llama El islam que da miedo (Alianza).

miércoles, 11 de marzo de 2015

PRENSA. Sobre el pensamiento islámico. "Debemos limpiar nuestras estanterías". VV. AA.

   En "El País":

Debemos limpiar nuestras estanterías

Hasta que no se emprenda un esfuerzo serio de renovación del pensamiento islámico, los musulmanes continuarán en manos de las interpretaciones literales y obsoletas de nuestras escrituras sagradas


EULOGIA MERLE

Como musulmanes, nuestra primera y lógica reacción ante las atrocidades cometidas en nombre de nuestra región es de incredulidad, indignación y un impulso natural de distanciarnos de sus autores. “Estos actos salvajes”, “ese John el yihadista” —el tristemente famoso verdugo de los rehenes del Estado Islámico (EI), identificado recientemente como el londinense Mohamed Emwazi— “no tienen nada que ver con el islam”, exclamamos. Aunque esta actitud es comprensible, resulta sospechosa desde el punto de vista intelectual y es completamente irresponsable. ¿Estaría alguien de acuerdo si se dijera que las Cruzadas no tuvieron “nada que ver” con el cristianismo? La verdad, hay demasiados entre nosotros que parecen indignarse más por unas caricaturas de un periódico que, en definitiva, carecen de importancia, que por la abominable caricatura que pintan de nuestra religión grupos como el EI y Boko Haram. Y, si bien es posible que los problemas sociales y económicos o las humillaciones a manos de los cuerpos de seguridad sean factores que contribuyen a la radicalización de nuestros jóvenes —como parece haber sucedido en el caso de Emwazi—, no sirven para explicarla en toda su dimensión.
Por suerte, cada vez son más los musulmanes que dicen: “Medina, El Cairo, tenemos un problema”. Cada vez son más los que exigen reformas. ¿Pero qué quiere decir esa palabra? Por supuesto, son absolutamente necesarios la renovación del pensamiento islámico y un nuevo impulso a la relectura de los textos (ijtihâd). Hasta que no se emprenda un esfuerzo serio en este sentido, los musulmanes continuarán en manos de las interpretaciones literales y obsoletas de nuestras escrituras sagradas.
La libertad, la igualdad de derechos para todos los ciudadanos, el Estado de derecho, el sufragio universal, la responsabilidad y la separación de poderes (entre Estado y religión) son nuestros principios como musulmanes del siglo XXI. Con ellos en mente, recordemos las palabras del estudioso paquistaní, reconocido mundialmente, Muhammad Khalid Masud: “En el pasado, los juristas musulmanes eran muy conscientes de la necesidad constante de resolver las contradicciones entre las normas sociales y las normas legales. Adaptaban sin cesar las leyes a las costumbres y los criterios de la gente. La base normativa de las instituciones y conceptos como familia, propiedad, derechos, responsabilidad, criminalidad, obediencia civil, orden social, religiosidad, relaciones internacionales, guerra, paz y ciudadanía han cambiado de manera considerable durante los dos últimos siglos”. Así que pongámonos manos a la obra.
Pero no basta con la interpretación. Debemos examinar con detalle, espíritu crítico y honestidad los textos que constituyen el núcleo de las enseñanzas en los centros educativos más prestigiosos de nuestra fe.

En lugar de prestar atención a los ideales nos hemos aficionado al victimismo
Debemos contraponer la frase mencionada más arriba de que los actos violentos de terrorismo no tienen “nada que ver con el islam” con la veneración que algunos de nuestros más distinguidos y respetados eruditos muestran por libros como Min Haj el Talibin, del prestigioso jurista Araf el dine el Nawawi, que recomienda lapidar a los adúlteros, o Es sarim el maslul ala chatim el rasul, de Ibn Taymiyya, o la obra de Taqi al-Din al-Subki’s Es seyf el maslul ala men sabba al rasul, dos títulos que pueden traducirse más o menos como “Desenvainamos la espada contra aquel que habla mal del profeta”. Las detalladas recetas que contienen sobre cómo castigar la blasfemia, la apostasía y el adulterio sirven de base no solo para que el EI y Boko Haram puedan asegurar que su corriente del islam es absolutamente rigurosa, sino para muchos Estados musulmanes conservadores.
No cabe duda de que, durante siglos, se persiguió, esclavizó o asesinó a muchos pueblos en nombre de Cristo. Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, narraba las atrocidades cometidas por los españoles contra la población indígena en los primeros decenios de colonización de las Indias occidentales, y protestaba alegando que los nativos eran humanos y, por consiguiente, no había que matarlos ni esclavizarlos... al contrario que los africanos. Ahora bien, con posterioridad, sin prisa pero sin pausa, la reforma religiosa y los valores de la Ilustración permitieron que los cristianos se deshicieran de esas prácticas.
A comienzos del siglo XX, muchos conservadores europeos pensaban que la obra del “intelectual” francés Joseph de Gobineau Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas era un libro de “ciencia”. Desde entonces ha pasado a las secciones de “historia” o “antropología” en las bibliotecas. Ya es hora de que varios elementos importantes de las enseñanzas clásicas del islamismo sigan el mismo camino.
Más en general, ¿no ha llegado el momento de que los musulmanes, que pensamos —con razón— que nuestro profeta era un hombre de vanguardia, reivindiquemos nuestro papel como modernizadores de las normas culturales y sociales?
Tenemos que estudiar cómo es posible que algunos sectores de nuestras comunidades, como la organización británica de defensa de los musulmanes CAGE, que tuvo muchos tratos con Emwazi, estén alentando a nuestros jóvenes a considerarse víctimas y diciéndoles que la brutalidad policial, los judíos, Estados Unidos, Israel, la pobreza o incluso la “sociedad” tradicional son los culpables de que el joven se transformara en John el yihadista.

Gran parte del conservadurismo se remonta a  costumbres preislámicas beduinas
En lugar de prestar atención a los ideales originales y universales de nuestra religión —la misericordia, la libertad y la justicia—, nos hemos aficionado al victimismo y las teorías de la conspiración y nos hemos enfrascado en discusiones sobre los medios (y el atuendo) apropiados para alcanzar esos ideales. Nuestra decadencia se debe precisamente a esta confusión que muchos de nosotros tienen entre los fines y los medios del islam, a nuestra incapacidad colectiva de mantener la convergencia inicial entre la fe y la moral, que constituye la base genuina de una conciencia saludable: la espiritualidad. La religión, sin ese espíritu ético y moral, no significa nada. Y si no significa nada, no tiene sentido.
¿No ha llegado el momento de que entablemos un debate sincero sobre dónde está el límite entre religión y cultura? Las dos están entrelazadas, desde luego, pero, si un musulmán marroquí no es inferior a otro saudí, ni superior a un belga, ¿no debemos suponer que la religión consiste en los elementos que tienen en común entre ellos en su interpretación y práctica del islam, mientras que todo el resto (vestimenta, relación con sus respectivos reyes, etcétera) es cultura? Gran parte del conservadurismo que hoy se asocia con el islam se remonta en realidad a las costumbres preislámicas de los beduinos, que nuestro profeta, un auténtico innovador, se esforzó en abolir. Muchos tópicos y muchas teorías de la conspiración populares entre nuestros jóvenes proceden directamente de la concepción del mundo, tergiversada y antioccidental, de numerosos Gobiernos en el mundo árabe. Vivimos en una época en la que tres de cada cuatro musulmanes no son árabes; solo dos de los 22 países pertenecientes a la Liga Árabe pueden presumir de ser verdaderas democracias; se traducen cuatro veces más libros al griego (alrededor de 10 millones de hablantes) que al árabe (aproximadamente 350 millones de hablantes). ¿No deberíamos reconocer que el arabocentrismo histórico de nuestra religión se ha convertido en un lastre y que los musulmanes que no son árabes son tan legítimos y respetables como los que lo son? Aquellos de entre nosotros que desean convencer al mundo de que ciertas costumbres falocráticas como el sistema de tutela masculina, la prohibición de que las mujeres conduzcan o la imposición del niqab son ontológicamente “islámicas” necesitan que otros musulmanes les digamos, antes que nadie: no es así.
Adnan Ibrahim es profesor de Filosofía en la Universidad de Viena e imán en la mezquita de al Shurah. Felix Marquardt es cofundador del Global Forum for Islamic Reform. Mohamed Bajrafil, doctor en Lingüística, es imán en la mezquita de Ivry-sur-Seine.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

viernes, 6 de febrero de 2015

PRENSA. "El 'manual' de las mujeres yihadistas"

   En "elmundo.es":

DESAFÍO YIHADISTA El manifiesto 'antifeminista' del IS

El 'manual' de las mujeres yihadistas

  • Hallan un manifiesto del Estado Islámico sobre cómo debe ser la vida de las mujeres

  • Casarse a partir de los nueve años, no salir de casa salvo casos excepcionales...


Simpatizantes del Estado Islámico muestran una bandera del IS.
Simpatizantes del Estado Islámico muestran una bandera del IS. Afp


Es siempre preferible que una mujer permanezca "escondida" o que esté "protegida de la sociedad" con un velo. La casa es su lugar natural y sólo deben salir de ella "en circunstancias excepcionales". De los siete a los quince años, el principal de foco será la enseñanza religiosa. Y la edad legítima para contraer matrimonio serán los nueve años, y en todo caso no más más tarde de los 16 o 17, cuando aún son "jóvenes y activas"...
Hasta aquí algunos de los principios que rigen la vida de las "Mujeres en el Estado Islámico", según un documento asociado con la milicia femenina Brigada Al-Khanssaa, en Siria que ha circulado por varios foros del mundo árabe. El "manual" ha sido traducido al inglés y divulgado por el "think tank" antiextremista Quilliam Foundation, con base en Londres.
El documento es esencialmente una herramienta de propaganda y captación, y arranca con una diatriba contra Occidente, a modo de auténtico manifiesto antifeminista: "El modelo preferido por los infieles ha fallado desde el momento en que las mujeres son "liberadas" de la célula de la casa (...) Las mujeres que van al trabajo toman ideas corruptas y creencias equivocadas, que ocupan el lugar de la religión".
Las tiendas de moda y los salones de belleza son "obra del diablo", según el manifiesto, que asegura que es "siempre preferible" que las mujeres se queden escondidas en sus casas y contemplen la sociedad desde "detrás de sus velos".

La vida 'ideal'

La segunda parte del manifiesto narra cómo es la vida "ideal" de las mujeres en los territorios controlados por el Estado Islámico (IS) -principalmente en la ciudad iraquí de Mosul y en el enclave sirio de Raqqa- y establece una cronología de lo que pueden y deben aprender por edades...
"De los siete a los nueve años habrá tres lecciones: fiqh (comprensión) y religión, árabe coránico (escrito y leído) y ciencia (contabilidad y ciencias naturales). De los 10 a los 12 habrá más estudios religiosos y especialmente fiqh, aplicado a las mujeres y a las reglas de matrimonio y divorcio, además de habilidades como el punto y la cocina básica".
De los 13 a los 15, la atención se concentra en la enseñanza de la "sharia" (ley islámica) y en habilidades manuales relacionadas con el cuidado de los niños, "y menos en ciencias, pues ya habrán aprendido lo básico". Adicionalmente, se enseñará "historia islámica y la vida del Profeta y sus seguidores".
Las niñas pueden casarse desde los nueve años, aunque "lo ideal es tener maridos a los 16 o 17". Para ellos, la edad tope debería ser los 20 años, en aras de las "gloriosas generaciones" que seguirán a sus progenitores.

Encerradas en casa

"La función fundamental de las mujeres debe ser estar en sus casas, con su marido y sus hijos", estipula el manual. "Sólo deberán salir de casa en circunstancias excepcionales y para ayudar a la comunidad". Entre ellas, la de "defender la yihad cuando no haya hombres disponibles".
"No estamos defendiendo el analfabetismo o la ignorancia", asegura el documento. "Lo que apoyamos es una distinción entre el trabajo y el estudio". El "manifiesto" reconoce la posibilidad de que haya "doctoras" y "profesoras", pero siempre en estricto cumplimiento de la ley sharia.
El manual concluye con una larga condena a "la cultura de los infieles en Europa" y pide a las mujeres que renuncien "a la falsedad y al materialismo de la civilización" y se entreguen al "conocimiento religioso".