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lunes, 6 de febrero de 2012

PRENSA CULTURAL. POESÍA. Entrevista a Paca Aguirre, premio Nacional de Poesía 2011

Paca Aguirre

   En "El Día de Córdoba":
"El intelectual debe ser alguien que vaya dos o tres metros detrás de sí vigilándose"

   La escritora alicantina, Premio Nacional de Poesía 2011, presenta el lunes en Córdoba 'Los maestros cantores', un libro en el que rinde homenaje a los grandes poetas de la historia de la literatura.

Ángela Alba / Córdoba
04.02.2012

   La escritora Francisca Aguirre (Alicante, 1930), Premio Nacional de Poesía 2011 por Historia de una anatomía, presentará el próximo lunes en Córdoba su libro Los maestros cantores, compuesto entre 1992 y 2000 pero que se publicó a finales del pasado año por primera vez como libro independiente con motivo del 20º aniversario de la editorial Calambur. La cita será a las 20:00 en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía y se incluye en el ciclo Letras Capitales.

   -¿En qué consiste Los maestros cantores?
   -Es un homenaje que yo hice a los poetas de mi corazón. Digamos que consideré que tenía una deuda con esos grandes de todos los idiomas, no sólo españoles, y escribí ese libro porque creo que sentía que debía dar noticia, dejar por escrito, lo que todos ellos han hecho por mí. Entre ellos hay dos prosistas, Cervantes y Kafka. Es un libro de poemas en prosa por el que pasan, entre otros, Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, Santa Teresa de Jesús, Quevedo, Rilke, Juan Ramón, Fernando Pessoa, César Vallejo, Cernuda o Bécquer.

   -¿Qué ha aportado a sus obras la lectura de estos poetas?
   -Eso es imposible de decir. A mí personalmente cada uno de ellos me ha aportado una manera de mirar el mundo y de contarlo distinta. Lo que te deja un poeta es una manera de ver el mundo, de entender la vida, de utilizar la música del idioma... Eso es lo que me ha ido dejando cada uno de ellos de manera distinta. No es la misma manera de mirar el mundo la de Bécquer que la de Quevedo, pero el uno y el otro coexisten, no se podría prescindir de ninguno de ellos. ¿Cómo vamos a prescindir de Manrique? ¿Y por qué he puesto a Cervantes? Porque es casi un poeta contando el mundo, contando la realidad, viendo gigantes en los molinos. Eso es propio de un poeta, ver lo que no existe, lo que no hay, lo que es de otra manera. Y eso lo hizo Cervantes viendo la vida desde la manera más piadosa que yo he encontrado nunca. Por ejemplo, la 'Carta de Derechos Humanos' está en el Quijote ya con 'La aventura de los galeotes'. Si son reos, ¿por qué quiere defenderlos el Quijote? O La pastora Marcela, que es la historia de la dignidad de las mujeres. ¿Por qué tiene Marcela que enamorarse de quien se enamora de ella? Marcela es única y lo que quiere es su libertad, y eso defiende el Quijote.

   -¿Qué lee ahora?
   -Mi casa es una casa llena de libros. Somos escritores los tres, mi marido, mi hija y yo, y seguimos leyendo y comentando. De vez en cuando hacemos lecturas poéticas.

   -¿Qué dificultades ha tenido para abrirse camino en la poesía?
   -Yo empecé tarde porque soy autodidacta y quería que mi primera obra fuera un libro correcto, no el libro de una aficionada sino el de una escritora, y por eso tardé seis años en darle el visto bueno. Empecé a escribirlo a una edad normal, pero no lo publiqué hasta los 42 más o menos. Fue Ítaca y me dieron el premio 'Leopoldo Panero' por él. Y lo que me pasó es que me quedé sin generación a la que pertenecer y eso siempre es un handicap porque los profesores de literatura han descubierto que el sistema generacional les sirve mucho para incluir en grupos, encuadrar y juntar a los unos con los otros. Cuando se queda un personaje sin generación es como un perro apaleao, que no sabe nadie qué hacer con él. Después, una vez que empecé a publicar, lo he hecho periódicamente y además tengo muchos libros premiados.

   -Fue una niña de la guerra, a su padre lo asesinaron... ¿Han influido estas vivencias personales en su obra?
   -Absoluta, total y radicalmente siempre. El don de la memoria es un milagro. Tenemos memoria y por eso somos personas, porque recordamos lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste. Si no tuviéramos memoria no seríamos personas y entre otras cosas no podríamos elegir, porque sin recuerdo no tienes término comparativo. Ni siquiera podríamos perdonar. Así que la memoria es todo, es nuestra columna vertebral. Soy una defensora apasionada de la memoria.

   -¿Lee a los jóvenes autores? ¿Qué piensa del panorama poético?
   -Sí claro, además tengo una hija poeta y vengo leyendo lo que se publica. Ahora mismo pasa como siempre. Hay cosas distintas, cosas con débito a los anteriores, y están como siempre los novedosos, los hijos de su tiempo. Y eso viene sucediendo así desde que el mundo es mundo. Simplemente hay que tener cuidado y no creerse demasiado las cosas que uno mismo dice. Luis Rosales, que era un grandísimo poeta y un ser maravilloso y me enseñó a tener ecuanimidad y no precipitarme nunca en el juicio, decía que las ideas son buenas para muchas cosas pero para la poesía no; o sea, el poeta no debe tener ideas, debe tener emociones, sensaciones. Pero el intelectual propiamente dicho debe ser alguien que vaya siempre dos o tres metros detrás de sí mismo vigilándose y vigilando lo que hace y lo que dice porque la precipitación es muy mala. Para equivocarnos siempre tenemos tiempo.

   -El pasado año consiguió el Premio Nacional de Poesía con Historia de una anatomía. ¿Le ha ayudado a que se revalorice su obra?
   -Pues eso no lo sé. Pero creo que la poesía no es una cosa que esté muy en valor. Está en valor entre los sectores que aman la literatura, no sólo la poesía, sino la novela, el cuento... Pero digamos que frente aquellas artes como el teatro, cine, ballet, música o la novela, que dan dinero, la poesía siempre ha sido minoritaria. Y creo que sigue como en el siglo XVII, porque entonces ya se decía: "Aquí le enterraron de balde / por no hallarle una peseta, /¡no sigas!; era poeta". Pues sí, salvo alguna que otra vez que te dan un premio... Pero a diario la poesía sirve para lo que decía el gran Octavio Paz: llorar y celebrar el mundo.

   Paca Aguirre presenta hoy su libro Los maestros cantores en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, calle Capitulares, a las 20 h.

   A continuación, un poema de Historia de una anatomía:

Datos biográficos

Fue mi padre un hombre
alegre donde los haya.
Nació para pintar y eso hizo.
Nació también para disfrutar
y también hizo eso.
Amó en su vida varias cosas:
la pintura, la justicia,
y a mi madre.
Tuvo tres hijas
y eso le convirtió en
un hombre feliz.

La tragedia de la guerra civil
del 36
contribuyó a
demostrar hasta qué punto
amaba la Justicia.
Pasará a la posteridad como
un magnífico pintor republicano
al que la dictadura franquista
asesinó en 1942 por defender
a un Gobierno legítimo.
Mi infancia son recuerdos de
sus cuadros,
sus canciones su risa su amor
por mi madre
y algunas horas terribles
que recordar no quiero.

martes, 22 de noviembre de 2011

POESÍA. "Frontera", de Francisca Aguirre (alicante, 1930), premio Nacional de Poesía 2011.

Paca Aguirre

FRONTERA
                   A Ana Rosa y José María Guelbenzu

Yo, que llegué a la vida demasiado pronto,
que fui -que soy- la que se anticipó,
la que acudió a la cita antes de tiempo
y tuvo que esperar en la consigna
viendo pasar el equipaje de la vida
desde el banco neutral de la deshora.

Yo, que nací en el treinta, cuando es cierto
-como todos sabéis- que nunca debí hacerlo,
que hubiera yo debido meditarlo antes,
tener un poco de paciencia y tino
y no ingresar en ese tiempo loco
que cobra su alquiler en monedas de espanto.

Yo, que vengo pagando mi imprudencia,
que le debo a mi prisa mi miseria,
que hube de trocear mi corazón en mil pedazos
para pagar mi puesto en el desierto,
yo, sabedlo, llegué tarde una vez a la frontera.

Yo, que tanto me había anticipado,
no supe anticiparme un poco más
(al fin y al cabo para pagar
en monedas de sangre y de desdicha
qué pueden importar algunos años).

Yo, que no supe nacer en el cuarenta y cinco,
cometí el desafuero, oídlo,
de llegar tarde a la frontera.
Llegué con los ojos cegados de la infancia
y el corazón en blanco, sin historia.

Llegué (Señor, qué imperdonable)
con nueve años solamente.
Llegué, tal vez al mismo tiempo que él
pero en distinto tiempo.
                                       No lo supe.

(Oh tiempo miserable e injusto.)
Estuve allí -quizá lo vi-
pero era tarde.
Yo era pequeña
y tenía sueño.
Don Antonio era viejo
y también tenía sueño.
(Señor, qué imperdonable:
haber nacido demasiado pronto
y haber llegado demasiado tarde.)
Don Antonio Machado