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viernes, 29 de agosto de 2014

PRENSA CULTURAL. Sobre 'Platero y yo', de Juan Ramón Jiménez. Fernando Savater

 
 Fernando Savater

  En "El País":
Mi madre fue la encargada de comprarme todos los primeros libros de mi vida, los decisivos: Chesterton, Salgari, Kipling, Julio Verne, Stevenson, Melville… los que han venido luego han sido apéndices o notas a pie de página. Mi padre propiciaba y estimulaba la adquisición de tantos tesoros pero como elección personal sólo recuerdo que me regalase un libro: Platero y yo. Un libro pequeño y fragante, de tapas azules, poco mayor que los de la colección Crisol de Aguilar que tanto me gustaban, con unas pocas ilustraciones de dibujos estilizados. No sé si era una edición completa del clásico de Juan Ramón Jiménez que hoy cumple cien años, desde luego carecía de los prólogos y notas que ahora suelen acompañarlo y quizá abrumarlo un poco. El título sí estaba completo, Platero y yo. Elegía andaluza.Yo sabía que mi padre era andaluz, pero no sabía lo que era una elegía…
Leí el libro con mi impetuosa velocidad habitual de entonces (ahora sólo leo deprisa los libros que no me gustan) y me dejó desconcertado. En el prólogo para una nueva edición que no llegó a publicarse, Juan Ramón afirma: “Yo (como el grande Cervantes a los hombres) creía y creo que a los niños no hay que darles disparates (libros de caballerías) para interesarles y emocionarles, sino historias y trasuntos de seres y cosas reales tratados con sentimiento sencillo, profundo y claro. Y esquisito”. A mí en cambio me apasionaban entonces y también ahora los “libros de caballerías” —de los que me encanta hasta el nombre— y todos esos disparates que incluyen aventuras insólitas, intrigas, tormentas, piratas, monstruos y aullidos en la oscuridad. Y sin embargo me fascinaron las viñetas en que se cuenta la amistad del borriquillo y el poeta en el decorado cálido del pueblo andaluz, con sus chispazos de gozos elementales y de tibia desolación. A medio camino me salté páginas para llegar al momento temido de la muerte de Platero, ese disgusto inevitable que fue quizá mi primer luto familiar.
Así tropecé por fin con el estilo literario, es decir no con la manera de contar eficazmente algo en sí mismo interesante sino con la forma pura y dura (dos adjetivos que al poeta de Moguer le gustan mucho, por cierto) que despierta interés, cuente lo que cuente. Esa esquisitez, según su peculiar ortografía, en Platero y yo no implica amaneramiento alguno, porque Juan Ramón era poeta cabal también en prosa, aunque en otros he aprendido a temerla luego. “Desde niño, Platero, tuve un horror instintivo al apólogo, como a la Iglesia, a la guardia civil, a los toreros y al acordeón”: comparto sus dos primeros horrores y añado otro, sobrevenido, por los literatos que hacen pagar al lector su esfuerzo en pos de la obra maestra. Pero hoy, volviendo a ese Platero al que no visitaba desde la niñez, me asombra cuantas imágenes me dejó grabadas, como la del poeta enlutado de barba nazarena cabalgando la blandura gris del burro mientras los chiquillos le siguen gritando “¡el loco, el loco!”.
También recuerdo que Agustín García Calvo compuso un delicioso poemario con asno al fondo, titulado Al burro muerto… (Lucina).

jueves, 20 de marzo de 2014

PRENSA CULTURAL. Un siglo con Platero

   En "El País":

Un siglo con el burro gris

Las editoriales lanzan nuevas ediciones de 'Platero y yo' de Juan Ramón Jiménez, el poeta que hace 100 años dio a conocer el mundo de Moguer


'Platero y yo' con ilustraciones de Thomas Docherty. / ANAYA
“Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero...”. Estas palabras publicadas hace un siglo en  Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva, 1881-San Juan, Puerto Rico, 1958), forman parte de la literatura universal. Es uno de los libros que mayor número de traducciones se han realizado en estos últimos cien años. después de La Biblia y El QuijoteLa Fundación Juan Ramón Jiménez ha preparado para 2014 un centenar de actividades entre las que se incluye la publicación de una nueva edición de Platero y yo. El ejemplar no saldrá a la venta, se repartirá gratuitamente entre todos aquellos ciudadanos que acudan a lo largo de este año a Moguer, el lugar de nacimiento de nacimiento del poeta y donde se encuentra la Fundación Zenobia, dedicada al estudio y la investigación en todo lo relativo al escritor. Será una edición especial, según los responsables de la Fundación, en la que se seguirán los criterios estéticos y tipográficos que marcó el autor de la obra. También se podrá escuchar una reproducción sonora del capítulo La púa, leído por Zenobia Camprubí, esposa del poeta.
Influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses, Juan Ramón Jiménez contó en ese libro centenario la amistad entre un burro y un poeta.  El autor hace una exaltación de la naturaleza, y presenta al hombre en contacto y armonía con su entorno, a través de un lenguaje repleto de símbolos y metáforas. Platero y yo  pertenece a la primera de las tres etapas en las que los expertos en la obra del poeta estructuran su trabajo. En ese libro destacan las precisas descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música,  el color, los recuerdos y ensueños amorosos y la muerte.


'Platero y yo' contado por Concha López Narváez con ilustraciones de Ximena Maier
La profesora de Filología  y adaptadora de clásicos para ediciones infantil y juvenil Rosa Navarro Durán es un ardua defensora de la lectura de los clásicos en todas las edades para poder adquirir una cultura sobre la que asentarse en la edad adulta. ¿Porqué hace estas adaptaciones? "En un intento de que no desaparezcan. Los clásicos son un patrimonio que poseemos. Si dejan de leerse las nuevas generaciones terminarán olvidándose de ellos. Hay libros que con 13 o 14 años todavía no se pueden leer porque los jóvenes no los entenderían, pero si deben conocer su existencia". Navarro puntualiza que está descubriendo en la Universidad e incluso jóvenes que ya han acabado la carrera que desconocen la existencia de libros que deberían haber formado parte de su cultura. "Es impensable que los franceses o los británicos desconozcan a sus clásicos". En el libro adaptado para la editorial Edebé con ilustraciones del artista Francesc Rovira, la filóloga se ha salido fuera del texto para no usurpar la voz del poeta.Juan Ramón Jiménez y su Platero es "una adaptación fuel al texto. No añado nada de mi cosecha. He seleccionado una serie de capítulos para que el lector disfrute y goce de la naturaleza. El poeta muestra un friso pictórico de la naturaleza con descripciones maravillosas del paso de las estaciones". 
Michael P. Predmore, especialista en la obra de Juan Ramón, ofrece en el volumen de Cátedra un texto cuidado de la edición alargada (1917), cuatro apéndices y un estudio de esta obra clave de la literatura contemporánea. En Anaya Juvenil, han publicado una edición con motivo del centenario con ilustraciones de Thomas Docherty.  Platero y los niños (Bruño) es un trabajo de adaptación de Mercedes Figuerola e ilustrado por Juan Ramón Alonso.Sus autores explican que " se trata de un álbum, basado en el libro de Platero y yo, en el que un narrador imaginario cuenta su infancia en Moguer, cuando paseaba con Platero por el pueblo. Con un lenguaje muy poético y cercano a los niños, se recrean los episodios más significativos de la obra de Juan Ramón Jiménez". Además en este año se publica una edición de Platero y yo(Editorial 33) con ilustraciones de los humoristas gráficos Patxi e Idígoras


'Platero y yo' de Juan Ramón Jiménez con ilustraciones de Thomas Docherty. /ANAYA
La primera publicación de Platero y yose realizó en 1914 por la editorial La Lectura. En aquella ocasión se publicaron 63 de los 138 capítulos de los que consta la obra. Tal y como recoge la Fundación Juan Ramón Jiménez, el nobel tardó siete años es escribirlo. La primera edición se publicó en 1914 con el título Elegía Andaluza y la completa en 1917. La primera estaba destinada a formar parte de la colección Biblioteca de la Juventud. Al autor no le gustó la edición porque “estaba descuidada y no le gustaron las ilustraciones”. Tampoco le entusiasmaba el título y planteó otros alternativos como Platero residente, Platero, Primer Platero, Otra vida de Platero, Último Platero. Y asegura en algunos escritos  ninguna de las páginas de esa obra, escrita a los 24 años, no le llevó más de 10 minutos.
La obra del poeta, según el director de la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez  Antonio Ramírez Almansa, "supone el comienzo de la luz y el color en la literatura. Con ella se pone fin a los negros de Goya, a los grises de Zuloaga y comienza una nueva configuración que va a inspirar luego a las Generaciones del 14 y del 27 y, en definitiva, a la poesía absolutamente intemporal que ofrece la prosa lírica de Juan Ramón Jiménez”.