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viernes, 20 de febrero de 2015

PRENSA CULTURAL. "Giner de los Ríos: más que un maestro"

   En "El País":

Giner de los Ríos: más que un maestro

Homenaje al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, fallecido hace un siglo




  • Clases al aire libre en el Instituto-Escuela, en Madrid, hacia 1933. / FUNDACIÓN FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS (ILE)

    En el verano de 1883, durante cinco semanas, caminando o, en su modalidad más cómoda, en asiento de tren de tercera, Francisco Giner de los Ríos recorrió media España junto a alumnos y profesores de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). “Sin saberlo nosotros, íbamos buscando por estos montes, no a la serrana del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir”, relataría posteriormente el socialista Julián Besteiro, uno de aquellos excursionistas. La ILE, un fogonazo que duró seis décadas, expandió una renovadora fe laica, que veneraba la cultura y la ciencia, sacaba los libros al monte y sacudía la pelusa del retraso con el envío de talentos al exterior y la invitación a España de quienquiera que tuviese algo notable que aportar: Marie CurieAlbert EinsteinAlexander Calder o John Dos Passos.
    Fundada en 1876 y defenestrada (y vilipendiada) tras la Guerra Civil por la dictadura, la ILE fue una de las criaturas más innovadoras alumbradas en España. Sin ella no se entiende la generación de luciérnagas que puso patas arriba la cultura española en los años treinta. “Lo iniciado por Giner de los Ríos con la ILE en 1876 sólo se pudo apreciar cabalmente 40 años después, tras su muerte”, sostiene José García-Velasco, secretario de la Fundación Giner de los Ríos, en la obra de tres volúmenes dedicada a la institución y a su fundador, publicada en 2014.
    Francisco Giner de los Ríos (Ronda, 1839-Madrid, 1915), hijo de un funcionario de Hacienda, fue un insual visionario, que no quedó atrapado en la telaraña de la teoría ni en la nostalgia del fracaso. En 1875 le apartaron de su cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad Central por negarse a acatar la norma que impedía las críticas a la religión católica o a la monarquía —el mismo destino que sufrió Nicolás Salmerón, también krausista y cómplice en la aventura de la ILE—. Ese mismo año Giner de los Ríos fue encarcelado en Cádiz, donde comenzó a mascar su futuro proyecto. En julio escribe: “Mi plan, para el año próximo, es abrir en Madrid dos clases privadas, a ver si puedo vivir de mi trabajo por este camino. Si se realizan algunos ofrecimientos que nos hacen, tal vez organicemos modestamente una pequeña institución de enseñanza superior libre, con una escuela de Derecho”.


    Francisco Giner de los Ríos, en El Pardo. / FUNDACIÓN FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS (ILE)
    La Institución nació al año siguiente como un electrón libre en lo institucional, “completamente ajena a todo espíritu e interés de comunidad religiosa, escuela filosófica o partido político, proclamando tan sólo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia”, según sus estatutos. Su primera vocación —universidad privada y laica, a semejanza de la Universidad Libre de Bruselas, fundada por masones belgas— no cuajó, “pero esto lejos de desanimar a Giner y sus compañeros, les llevó a adoptar la opción estratégica que 30 años después se revelaría como una inversión muy productiva”, recuerda García-Velasco. Se volcaron en la enseñanza primaria y secundaria —Antonio Machado sería uno de sus alumnos— y, sobre todo, iniciaron una estrategia de ramificación de su filosofía en una serie de organismos públicos y autónomos —el Museo Pedagógico, la Junta de Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes o el Instituto-Escuela— que contribuirían a formar brillantes científicos, intelectuales y políticos. Y aunque menos de lo que sus enemigos proclamaban, el espíritu institucionista caló en numerosos ámbitos. “Con el tiempo”, señalan los historiadores Javier Moreno Luzón y Fernando Martínez López, “las dimensiones políticas de este organismo libre tuvieron un gran alcance”. Tanto por las generaciones de intelectuales crecida bajo su paraguas como por el hecho de que sus políticas permearon las iniciativas de algunos gobiernos.
    En la misma casa donde Francisco Giner de los Ríos murió hace justo un siglo —y que acaba de ser rehabilitada tras 10 años de trabajo— se reunieron ayer para recordarle personas vinculadas a la Fundación que lleva su nombre, heredera del espíritu ILE, entre ellas Salvador Giner, Laura García-Lorca, José Manuel Sánchez Ron, Isabel de Azcárate Gómez o Nicolás Sánchez Albornoz. La actriz Ariadna Gil, cuyos abuelos se conocieron en la Residencia de Estudiantes, recitó el poema que Antonio Machado le dedicó a su antiguo profesor: “Allí el maestro un día / soñaba un nuevo florecer de España”.

    martes, 17 de febrero de 2015

    PRENSA. "¿Es el esfuerzo un valor de derechas?". José Antonio Marina

       En "elconfidencial":



    La educación española está ideologizada desde el siglo XIX. Es decir, se toman decisiones educativas por razones religiosas, políticas o economicistas. Una ideología es un sistema –de ideas, creencias, valores y normas– que propone un modelo del mundo y pretende dirigir los comportamientos individuales o políticos de acuerdo con él. Siempre suelen excederse. Los ejemplos son fáciles de poner. Las religiones tienden a convertirse en prescriptores políticos. La ciencia puede convertirse en ideología cuando se considera el único método riguroso de pensar y organizar la realidad. Y el mercado, que es un mecanismo para optimizar la inversión y los intercambios comerciales, se convierte en ideología cuando pretende erigirse en procedimiento óptimo para resolver los problemas éticos y políticos.
    La injerencia ideológica en la educación produce una gran confusión porque mezcla dos niveles. Lo que en el campo político puede ser defendible, no puede sin más aplicarse a los métodos de aprendizaje y formación. Eso ha sucedido, por ejemplo, con el “esfuerzo” o el “mérito”. Ambos se consideran en este momento “valores de derechas”, olvidando las esforzadas revoluciones de izquierdas, o el hecho de que fueran los revolucionarios franceses los que introdujeron la “meritocracia” como ariete contra los privilegios de casta. Los puestos no debían ser ocupados por herencia, sino por mérito. El asunto es importante porque sin aclararlo será imposible un “Pacto de Estado sobre la educación”, ya que hasta ahora lo único que se ha intentado es un “Pacto entre ideologías sobre educación”, lo que resulta por definición casi imposible. Por eso, pido al lector un poco de paciencia, porque me “esforzaré” en aclarar un asunto que se ha liado durante siglos.
    Esfuerzo y mérito acabarían construyendo una sociedad elitista, cada vez más desigual, donde se dejaría a cada cual a merced de su capacidad de esforzarse
    ¿Es, realmente, el “esfuerzo” un valor conservador? Moya Otero, en un interesante libro titulado La ideología del esfuerzo (Catarata), señala que la nueva Ley de Educación (la LOMCE) es la expresión de una ideología: la ideología del esfuerzo –que considera un producto de algunos de los mejores laboratorios de ideas del mundo–. Está destinada a cambiar la mentalidad de la ciudadanía para hacer tolerable la creciente desigualdad social, aprovechando el arraigo de la idea de esfuerzo en nuestra cultura. El principio general sobre el que se ha construido no es difícil de formular: si todos nos esforzamos lo suficiente y aprovechamos nuestro talento, nuestras vidas mejoran.
    Esfuerzo e individualismo
    Este principio es, para los ideólogos del esfuerzo, una verdad evidente de carácter universal sobre la que debería organizarse cualquier sociedad. La ideología del esfuerzo –señala el autor– es el caballo de Troya utilizado por las elites económicas, sociales y políticas en su rebelión contra cualquier forma de Estado o de gobierno comprometida con el bienestar de las personas. Una reacción frente a la hegemonía de la cultura de los derechos que, a  juicio de esas élites, es la ideología de los perdedores. La socialdemocracia –añade– tiene que enfrentarse contra esta ideología, no haciendo depender los beneficios sociales del esfuerzo personal, sino de la acción redistributiva del Estado.

    Algo parecido dice sobre el mérito Yves Michaud, en Qu’est le mérite? Ambos conceptos –esfuerzo y mérito– acabarían construyendo una sociedad individualista, elitista, cada vez más desigual, donde se dejaría a cada cual a merced de su capacidad de esforzarse. Cada uno sería el único responsable de su éxito o de su fracaso. Desde el punto de vista social y político, las argumentaciones de Moya y Michaud tienen sentido por dos razones. En primer lugar, porque los derechos fundamentales no dependen del mérito ni del esfuerzo. Se tienen por pertenecer a la especie humana. En segundo lugar, porque no está nada claro que el esfuerzo –y el mérito correspondiente– sea siempre reconocido o premiado. En este momento se ha roto un pacto social implícito que decía a los jóvenes: si tu cumples tu deber (esforzarte en tu formación), la sociedad cumplirá el suyo (ayudarte a realizar tu proyecto personal). A la vista está que este pacto ha saltado por los aires, lo que devalúa la ideología del esfuerzo.
    Hasta aquí estamos en el plano político. Lo que en él puede ser adecuado no lo es en el terreno educativo. Por eso, las injerencias ideológicas deben mantenerse fuera de él. En la educación es necesario fomentar la cultura del esfuerzo, porque sin ella las capacidades de nuestros niños y niñas no se van a desarrollar. Es entonces cuando vamos a crear la más profunda desigualdad. La educación es la única fuerza realmente niveladora. Una educación pobre abre el camino a cualquier servidumbre. No se trata de elogiar el esfuerzo por el esfuerzo, como si estuviéramos movidos por un fervor martirial. Ha de ser eficiente y con sentido. Si queremos jugar bien al baloncesto, tendremos que entrenarnos. Es así de sencillo. En el modelo educativo que hemos elaborado para la Universidad de Padres, y cuyos fundamentos neurológicos y psicológicos estudiamos en la Cátedra de la Universidad Nebrija que dirijo, damos mucha importancia a lo que actualmente se denominan “funciones ejecutivas”.
    Si no enseñamos a nuestros niños y adolescentes a aplazar la recompensa, a ser resistentes, a soportar la frustración, los estamos haciendo terriblemente dependientes de cualquier premio inmediato
    Son aquellas que permiten dirigir nuestra acción por metas lejanas. Permiten ir más allá del deseo o del impulso del momento. Y esto supone un esfuerzo. Por eso, tenemos que establecer una pedagogía de la perseverancia y la tenacidad. Si no enseñamos a nuestros niños y adolescentes a aplazar la recompensa, a ser resistentes, a soportar la frustración, los estamos haciendo terriblemente dependientes de cualquier premio inmediato y de cualquier manipulación. No quiero abrumarles con referencias, pero si tienen curiosidad pueden consultar en internet el documento del departamento de Educación de EEUU titulado Promoting Grit, Tenacity, and Perseverance: Critical Factors for Success in the 21st Century. Y también dos publicaciones del Gobierno de Ontario (que tiene un magnífico sistema educativo): With our Best Future in Mind y Every Child, Every Opportunity. En todos ellos se aconseja que “educadores, docentes, Administraciones educativas, diseñadores tecnológicos, padres e investigadores deben dar prioridad en los currículos a la perseverancia”.
    El tema es tan importante que seguiremos hablando de él.

    jueves, 30 de octubre de 2014

    PRENSA. "Pero ¿existe de verdad el déficit de atención e hiperactividad?". José Antonio Marina

       En "elconfidencial.com":



    AA
    El “déficit de atención e hiperactividad”, el TDAH, se ha convertido en un tema de gran relevancia social. El número de personas afectadas varía enormemente según las distintas estadísticas, lo que hace pensar que el diagnóstico no es homogéneo. Oscila entre el 1,9 y el 14,4% de la población en edad escolar. En Estados Unidos, la diferencia por estados va del 5,9 en Nevada al 11% en Kentucky. Hay una cierta alarma social que provocó que el Parlamento Europeo publicara un “libro blanco” sobre el tema, que la nueva ley de educación (LOMCE) lo mencione como uno de los problemas escolares a atender especialmente y que casi todas las naciones tengan sus protocolos de actuación.
    El de España ha sido elaborado por especialistas del Hospital Sant Joan de Déu, de Barcelona. Señalan que no existe un marcador biológico de la enfermedad, aunque algunos estudios por neuroimagen la correlacionan con determinados cambios cerebrales, y hay evidencias de predisposiciones genéticas. Pero el diagnóstico tiene que hacerse a partir de las manifestaciones clínicas. Por eso, la entrevista con el niño es esencial, así como la información proporcionada por padres y docentes. Pueden utilizarse diferentes escalas para medir los síntomas, pero eso no puede sustituir la entrevista directa con el niño, hecha por un profesional con experiencia en TDAH.
    Los especialistas del Sant Joan de Déu, después de evaluar las evidencias científicas de que disponemos, reconocen que no hay acuerdo en los criterios que se deben emplear para su diagnóstico, lo que explica las grandes diferencias geográficas y demográficas que oscilan entre el infradiagnóstico y sobrediagnóstico. Se observa, además, un aumento en el tratamiento farmacológico que preocupa a mucha gente.
    Culpabilizan a padres, docentes, psicólogos y psiquiatras porque entre todos han convertido conductas simplemente molestas en problemas patológicos
    Así las cosas, surge la sospecha de si estaremos patologizando conductas normales. Se empieza a hablar de disease mongering, de la promoción comercial de enfermedades.  Esta semana he leído dos libros recién publicados que sostienen esta tesis. Uno de ellos se titula ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría (Ariel) y está escrito por Allen Frances. Este catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Durham critica la tendencia a convertir en enfermedades conductas que no lo son. Pone como ejemplo la nueva edición del DSM (Diagnostic and Statistical Manual), el libro de referencia para el diagnóstico de las enfermedades mentales. “La forma de atiborrarme de deliciosas gambas y costillas es, según el DSM-5, síndrome de comedor compulsivo.
    El hecho de no recordar nombres y caras habría sido calificado como trastorno cognitivo menor”. La opinión de Frances es especialmente interesante porque presidió el grupo de trabajo que redactó el DMS IV, y participo en el DSM III, es decir, que conoce bien las interioridades de estas obras. Entre las conductas sobrediagnosticadas menciona dos que, como educador, me interesan mucho: el TDAH y el “trastorno bipolar infantil”, aplicación a la infancia de una enfermedad descrita hasta ahora sólo en adultos.

    El segundo libro se titula Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil (Alianza), y está firmado por Fernando García de VinuesaHéctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez. Los dos últimos son también autores de La invención de trastornos mentales, publicado en el 2007, donde defendían que muchos trastornos mentales no tienen causas físicas, sino contextuales, y que en muchos casos son construcciones sociales inventadas. Siguen la senda abierta hace unos años por Sami Timimi, que contó su modo de tratar el TDAH como un fenómeno de relación con el entorno social, y que ahora encabeza una campaña en contra de los criterios diagnósticos del DSM. El hecho de que la aparición del TDAH coincida con el comienzo de la escuela puede significar que esta podría resultar un entorno “patógeno” para ciertos niños, que en otras situaciones –por ejemplo, la vida en la naturaleza– serían absolutamente normales y eficientes.
    En el caso del TDAH, los autores piensan que los criterios de diagnóstico son muy vagos, y no permiten en la mayoría de los casos distinguir entre comportamientos normales y patológicos. Acaban culpabilizando a padres, docentes, psicólogos y psiquiatras porque, entre todos, han convertido conductas simplemente molestas en problemas patológicos, y se ha buscado la medicación como una respuesta fácil a esa incomodidad.
    Confusión ante las informaciones contradictorias
    Sin embargo, hay que andarse con cuidado con la negación del TDAH, que ya se intentó en EEUU, lo que provocó que la American Medical Association (AMA) encargase un estudio cuya conclusión es que "el TDAH es uno de los trastornos mejor estudiados en medicina y los datos generales sobre su validez son más convincentes que en la mayoría de los trastornos mentales e incluso que en muchas otras enfermedades".
    Por otra parte, acaba de aparecer un estudio realizado en 23 escuelas catalanas por el  Servei de Psiquiatria del Hospital Universitari Vall d’Hebron, de Barcelona, del que resulta que entre un 18 y un 22% de alumnos presentan trastornos psicopatológicos y de aprendizaje. La consecuencia que sacan es que, si se trataran estos problemas a su debido tiempo, desaparecería el fracaso escolar en España. No podemos privar a nuestros niños y adolescentes de ayuda que puede resultar vital para su futuro.
    Allen Frances, autor de '¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatria'. (Donna Manning)Allen Frances, autor de '¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatria'. (Donna Manning)
    Con estos datos, es comprensible que haya una situación de confusión. Creo que los docentes somos la conciencia educativa de la sociedad y que debemos reclamar de los expertos mayor precisión en este asunto. Los diagnósticos de TDAH se basan en parte en informes de padres y docentes, lo que hace necesario que todos sepamos lo que tenemos que observar. En los programas de la Universidad de Padres nos hemos tomado el asunto en serio. Nos parecen convincentes los argumentos de Mel Levine en Mentes diferentes, aprendizajes diferentes, defendiendo que antes de considerarlo una enfermedad se lo considere un modo distinto de aprender, y que antes de poner la etiqueta TDAH como si resumiera la personalidad del niño, se tengan también en cuenta las capacidades que ese niño puede tener.
    La lista de adultos con TDAH que han triunfado en determinadas profesiones nos ayuda a situar mejor el problema. Hay, en efecto, un movimiento e interpretación constructiva de esas conductas, que no niega las dificultades, pero que tampoco olvida las fortalezas que tienen muchas de esas personas. Durante milenios, posiblemente, los hiperactivos fueron protagonistas de la evolución. En la UP distinguimos entre trastornos de la atención (que necesitan un cuidado médico) y problemas de la atención que reclaman una intervención pedagógica.
    En la escuela debemos tratar sistemáticamente el desarrollo de la atención, la autogestión de las emociones, la capacidad de inhibir el estímulo y la facultad de planificarLa atención humana es un sistema de doble nivel. Hay una atención espontánea, automática, que está dirigida por los estímulos. Y hay una atención voluntaria, que es dirigida por los sistemas ejecutivos del cerebro, y que es necesario aprender. Mientras que las culturas orientales han valorado mucho este factor educativo, las occidentales lo hemos descuidado. 
    En este momento, gran parte de la educación del niño favorece la atención espontanea -por ejemplo con entornos muy divertidos y muy ricos en estimulaciones, con el fomento de multitareas- y trabaja poco las funciones ejecutivas, de autocontrol. El interés que ahora se ha despertado por el mindfulness, que no es más que un entrenamiento de la atención, intenta paliar esa carencia. En la escuela debemos tratar sistemáticamente el desarrollo de la atención, la autogestión de las emociones, la capacidad de inhibir el estímulo, la facultad de planificar, mediante la pedagogía por proyectos. Es decir, tenemos muchas herramientas que debemos integrar en el currículo normal para aumentar esas funciones ejecutivas. Son las que investigamos en la UP, y nos esforzamos por llevar a las escuelas. De hecho, el papel de padres y docentes en el tratamiento de casos diagnosticados de TDAH es insustituible. Es un campo investigador en plena ebullición.
    Acaba de aparecer Neurología de la atención, las funciones ejecutivas y la memoria (Síntesis), de José Antonio Portellano Pérez y Javier García Alba. Insisten en la capacidad de recuperación de esas funciones cuando han sufrido algún daño, lo que deja la  puerta abierta a educarlas, aunque no haya habido daño previo. Elkohnen Goldberg, gran especialista en estas funciones, señala que es posible que estemos fomentando su debilidad por una mala pedagogía.
    Qué hacer ante la duda
    Es verdad que hay patologías de la atención que conviene tratar cuanto antes, pero también es cierto que corremos el peligro de patologizar conductas normales. Les pondré un ejemplo. Russel Barkley, uno de los grandes expertos en este tema, escribe: “Cuanto más aburrida y poco reforzante es una actividad, más difícil se hace realizarla para estos niños, en comparación con los niños normales, que usan la motivación interna para realizar las tareas”. Es una afirmación un poco extraña, que convierte el TDAH en una falta de motivación intrínseca.
    Con frecuencia los síntomas son transitorios: una reacción frente a la familia, los compañeros o el estrés del colegio
    Allen Frances, de quien hablé al principio, mantiene una postura sensata. ”Para los niños que realmente la necesitan, la medicación estimulante es segura y eficaz, una auténtica bendición para ellos y para sus padres y profesores. Sin embargo, esta bonita historia tiene su lado negativo.
    A los beneficios de algunos hay que restarles los graves perjuicios de otros. Gran parte del incremento de los casos de TDAH es el resultado de “falsos positivos” en niños a los que les iría mucho mejor sin ser diagnosticados”. “Los médicos también necesitan aprender que, contrariamente a lo que les ha enseñado la industria farmacéutica, la mejor manera de enfrentarse al TDAH es mediante un diagnóstico gradual, no “disparar primero y apuntar después”.
    Hay que realizar un diagnóstico precoz y empezar rápidamente con la medicación únicamente cuando los síntomas sean muy graves, apremiantes y se manifiesten de la manera clásica. Si los síntomas son leves o equívocos (como suele ser el caso) es mejor  esperar y observar con atención. Con frecuencia los síntomas son transitorios: una reacción frente a la familia, los compañeros o el estrés del colegio. A veces se trata solamente de que el niño es inmaduro”.
    Concluye que es necesaria una campaña educativa dirigida a padres y a docentes. Sin embargo, necesitamos que esté dirigida por instituciones de gran rigor científico. En EEUU, se ha denunciado que las compañías farmacéuticas proporcionan a los docentes, que tienen un papel importante en la detección de estos problemas, información, cuestionarios específicos como el Conner teacher's rating scale, sitios web, líneas telefónicas específicas y gratuitas, que pueden estar sesgadas.
    Mi consejo a padres y docentes es que no consulten  Internet para estos complejos temas. Y mi petición a los verdaderos expertos es que establezcan lazos más estrechos con familias y escuelas para prevenir y tratar el TDAH o los fallos ejecutivos en general, sin patologizarlos precipitadamente. Eso es lo que intentamos en la UP.

    lunes, 28 de abril de 2014

    PRENSA. "Retrato del éxito: una jornada cualquiera en un colegio público de Finlandia"

       En "elconfidencial.com":


    AA
    Los informes PISA han coronado durante años a Finlandia como el país con el mejor sistema educativo de la OCDE. Queremos conocer desde dentro el día a día de un colegio de Helsinki para desentrañar las claves de su éxito.

    Nueve de la mañana; colegio público de educación primaria Kaisaniemi. La directora del centro, Merja Kuosmanen, me saluda en un español casi perfecto aprendido durante cuatro veranos en Madrid. Dirige una escuela ubicada en el centro de Helsinki que cuenta con 394 alumnos repartidos en seis cursos.
    Kuosmanen me explica que ya ha recibido el proyecto curricular que se pondrá en práctica en los colegios finlandeses a partir del curso 2016. Un proyecto que, una vez revisado, dirigirá la enseñanza durante los próximos diez años. Antes de que finalice el plazo de verificación, los miembros del Departamento de Educación de Helsinki se reunirán con los directores y profesores de diferentes colegios para hablar del plan de trabajo, estudiar sus sugerencias y analizar las posibles mejoras.
    El contenido no es lo más importante, lo que importa es el alumno. Aquí tratamos de desarrollar su potencial individual y para eso nos centramos en la persona y no en transmitir información, seguimos el constructivismo pedagógico“Cualquier persona puede dar su opinión sobre el proyecto. Es importante que la gente esté de acuerdo con los objetivos que queremos alcanzar y también con los conceptos más importantes”, asegura la directora a El Confidencial. Kuosmanen no tarda en pronunciar el mantra de la educación en Finlandia: “El contenido no es lo más importante, lo que importa es el alumno. Aquí tratamos de desarrollar su potencial individual y para eso nos centramos en la persona y no en transmitir información, seguimos el constructivismo pedagógico”, explica, convencida.
    Esta teoría pedagógica defiende que cada alumno construya su conocimiento con las herramientas que le proporcionan los maestros, pero siempre siguiendo un procedimiento propio e individual.
    Entre instrumentos y espectáculos
    La escuela de Kaisaniemi es una de las ocho situadas en el área de Helsinki que cuentan con un plan intensivo de música y baile. Ambas asignaturas forman parte del plan de estudios y los cursos, desde tercero, están divididos en dos clases: en una están centrados en el estudio de la música y, en la otra, en el baile. Estudiar una asignatura u otra es obligatorio y son los alumnos,junto a sus padres, quienes escogen el enfoque que va a tener su curso.
    Por su parte, los niños de quinto, de 11 y 12 años, de la clase de música graban cada año un CD con canciones que ellos mismos tocan y cantan. Es una tradición del colegio, pero desde hace cinco cursos son los alumnos quienes también componen las melodías y letras de las canciones. Para que todo este trabajo salga bien, los profesores disponen de su tiempo libre para ensayar con sus alumnos. En temporada de ensayos, muchos días se van a casa a las doce y media de la noche.
    La gratuidad de la educación finlandesa es uno de los detalles que más llama la atención de este sistema. Desde el comienzo de la historia educativa de un niño hasta la obtención de un título universitario, todos los cursos son gratuitosEn la clase de música de sexto, Satu Hakulinen dirige a los alumnos más mayores del centro, de 12 y 13 años, mientras tocan una pieza de música clásica con diferentes instrumentos. “Estamos ensayando uno de los últimos conciertos que darán en el colegio: el año que viene empiezan el instituto”, explica. En las aulas se respira silencio y respeto hacia los profesores, profesionales muy motivados y con una larga preparación universitaria en pedagogía y en las diferentes asignaturas que se cursan en primaria. Están contentos, aprecian los buenos resultados y se muestran orgullosos de su trabajo.
    Una prueba de esta motivación es la maestra Eva Ryhänen, de 65 años, ya retirada. “Después de 38 años en la enseñanza, algunos de ellos como subdirectora de un colegio en Espoo, quiero seguir activa y continuar enseñando, es mi hobby”, cuenta Ryhänen, risueña. Se encarga de las clases de teatro que imparte cada viernes, “pero vengo muchos otros días para dirigir diferentes actividades y proyectos, ahora estoy tratando de que los padres se involucren más en estas actividades”.
    Alumnos del colegio Kaisaniemi, en Helsinki (P.D. Jiménez).Alumnos del colegio Kaisaniemi, en Helsinki (P.D. Jiménez).
    La creciente inmigración
    En un país donde casi toda la población habla un excelente inglés, además de las dos lenguas oficiales, finés y sueco, Kuosmanen asegura que el que un niño sea bilingüe es un gran don. Para los niños extranjeros, el ayuntamiento ofrece clases de su lengua materna en diferentes colegios de la ciudad. “Se busca la escuela más cercana a la casa del alumno y, si tiene que desplazarse a una que esté un poco más lejos, se le proporciona una tarjeta de transporte para que pueda ir sin problemas”, cuenta Kuosmanen.
    En las clases se respira silencio y respeto hacia los profesores, profesionales muy motivados y con una larga preparación universitaria en pedagogía y en las diferentes asignaturas que se cursan en primaria“En esta escuela el alumnado es muy homogéneo –explica–, casi no hay inmigrantes, pero en otros colegios de Helsinki hay hasta un 64% de alumnos de origen no finlandés”. La cifra aumenta cada año. Lejos de ver la creciente inmigración como un problema, Kuosmanen se muestra entusiasmada con la multiculturalidad. “Los colegios donde hay hasta 32 lenguas maternas diferentes tienen una riqueza cultural enorme. Los niños tienen un aprendizaje informal en el día a día y adquieren habilidades culturales muy avanzadas”, afirma la directora.
    La gratuidad de la educación finlandesa es uno de los detalles que más llama la atención de este sistema. Desde el comienzo de la historia educativa de un niño hasta la obtención de un título universitario, todos los cursos son gratuitos. El material escolar y el comedor están incluidos y en la universidad no se pagan matrículas ni tasas. En Finlandia se considera la educación un derecho fundamental de todos los ciudadanos, así que el Estado tiene la obligación de proporcionarlo. Los universitarios también reciben una ayuda económica mensual para que poder ser independientes de sus padres y centrarse en el estudio.
    Métodos contra el acoso escolar
    La directora se reúne una vez a la semana con la trabajadora social, la psicóloga, la enfermera y los dos profesores del centro especialistas en problemas de aprendizaje para analizar los problemas que surgen. El objetivo de este equipo de profesionales es “el bienestar del niño”, contestan casi al unísono a El Confidencial. Este grupo multidisciplinar suele analizar cada caso problemático con mucho detenimiento.
    Antes de que finalice la verificación del proyecto que dirigirá la enseñanza los próximos diez años, miembros del Departamento de Educación de Helsinki se reunirán con los directores y profesores para estudiar sus sugerencias“La trabajadora social se centra en los problemas de comportamiento. Muchas veces son los profesores quienes piden ayuda y entonces intentamos muchísimas cosas, especialmente en la clase”, asegura Leena Pätsi, la psicóloga del colegio. La directora interviene para agregar que “a veces los problemas en el aula están relacionados con acoso escolar y en esas situaciones tanto la trabajadora social como la psicóloga intervienen, actúan sobre la clase al completo y tratan de desarrollar ejercicios para crear un ambiente positivo”.
    Entre los programas que implantan los trabajadores sociales de los colegios finlandeses se encuentra el KiVa, un proyecto nacional pionero y muy exitoso en la prevención del acoso escolar. Se basa principalmente en la actuación sobre el conjunto del aula, donde el trabajador social dirige un juego de roles ayudado por el profesor tutor. En él, los niños adoptan diferentes personalidades para hacer frente a situaciones hipotéticas de acoso.
    Les damos las herramientas para ser fuertes ante estas situaciones negativas”, cuenta la profesora de segundo, Kirsi Spears. El programa KiVa, desarrollado en la Universidad de Turku con financiación del Ministerio de Educación y Cultura, está implantado en el 90% de las escuelas finlandesas. Actualmente muchos países están copiándolo en vista de sus buenos resultados.