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domingo, 15 de junio de 2014

PRENSA CULTURAL. Sobre la literatura chilena de la democracia. Patricio Fernández

Instalación de Alfredo Jaar en el Museo de la Memoria de Santiago. / CRISTÓBAL PALMA. ("El país")

   En "El País":

Las letras de la democracia

Bolaño o Parra han marcado la literatura reciente de un país que mañana celebra elecciones

Chile trata de poner su industria editorial a la altura de la creatividad de sus escritores

 13 NOV 2013

Cinco meses después de asumir la presidencia de Chile Salvador Allende, en marzo de 1971, el Gobierno de la Unidad Popular fundó la editorial Quimantú. En mapudungún, la lengua de los mapuches, kim significa “saber o aprender” y antü es “sol”. Su creación no figuraba en el programa de Allende. La originó un conflicto sindical al interior de Zigzag, entonces, de lejos la editorial más grande del país. Zigzag nació a comienzos del siglo XX, pero floreció entre los años treinta y cincuenta, cuando según Bernardo Subercaseaux, autor de Historia del Libro en Chile, se vivió la “época de oro” del libro chileno. El cierre de los mercados internacionales a causa de las guerras civiles europeas y de la crisis financiera de 1929 además de un notable estímulo a la producción de obras nacionales habrían permitido este auge. Eran años de discusión ideológica, de fortalecimiento de organizaciones obreras, del nacimiento del Frente Popular. Gabriela Mistral ganó el Premio Nobel en 1945. Neruda crecía hasta cubrirlo todo. Pero a comienzos de 1971 Zigzag, a esas alturas una empresa con más de ochocientos empleados, estaba al borde de la quiebra. Fue para evitar que todos ellos perdieran sus trabajos que Allende fundó Quimantú, la editorial que acabaría convirtiéndose en el gran ícono de la política cultural de su Gobierno. Nunca se habían editado tantos libros en Chile y tan al alcance de la gente. Tiradas de 80.000 mil ejemplares semanales, en el caso de los Mini Libros, se vendían en los quioscos al preció de un paquete de Hilton, los cigarrillos populares. Hay que reconocer que los cigarrillos han subido de precio en estas décadas más que los libros, pero para entonces era un logro maravilloso del socialismo. Se trataba de libros pequeños, impresos en papel sencillo pero con una caja y unas letras muy legibles, y portadas que hoy persiguen los coleccionistas. Salía uno distinto cada semana, cuentos de Chéjov, Balzac, Faulkner, Valery Larbaud, Kazakievich, B. Traven, etcétera. También estaban los Cuadernos de Educación Popular (los CEP), escritos por Marta Harnecken y Gabriela Uribe, destinados a la concientización ideológica, a explicar en un lenguaje simple los grandes conceptos del marxismo. Se imprimían también 80.000 ejemplares por título y eran frecuentemente reeditados. Hay que considerar que Chile entonces no alcanzaba los nueve millones de habitantes y campeaba la pobreza. Como gran cosa, Allende prometió medio litro de leche al día para todos los niños del país. El analfabetismo había experimentado una baja importante durante el Gobierno anterior del DC Eduardo Frei, pero estábamos muy lejos de ser un país lector. Entre las colecciones señeras de Quimantú estaban los Clásicos del Pensamiento Social: Marx, Engel y La historia de la Revolución Rusa de Trotski, cuya publicación causó un lío mayúsculo dentro de la editorial. Socialistas y miristas hicieron guardia día y noche para evitar que los comunistas destruyeran los fotolitos. El debate ideológico en el interior de la izquierda también era encarnizado, pero el libro salió y se convirtió en fenómeno de ventas. Quimantú tenía también varias revistas, unas de gran nivel, como Hechos Mundiales, y otras más discutibles, como la revista infantil Cabro Chico, donde Caperucita Roja brincaba por el bosque cantando No nos moverán. Sacaban una femenina que se llamaba Paloma, y su lema: “Será tu mensajera”.

En los noventa llegaron las grandes editoriales españolas, el ‘boom’ de la nueva narrativa chilena y la piratería
Quimantú existió desde marzo de 1971 hasta el 11 de septiembre de 1973. Ese día llegaron a plaza de Italia, punto medular de Santiago, los tanques golpistas y se instalaron apuntando a las dependencias de la editorial. No hicieron fuego, aunque sí hubo ráfagas de metralleta que impactaron en sus muros. “Socialistas y miristas”, me cuenta Pablo Dittborn, ex dirigente sindical, “llegaron a las oficinas reclamando armas, pero no había. Los que usábamos barba nos afeitamos en los baños y escapamos por el otro lado, por la calle de Bellavista”. Diego Barros Ortiz, general en retiro y poeta, fue nombrado presidente del directorio. Quimantú se convirtió en Gabriela Mistral. La poeta de Desolación debe haberse retorcido en la tumba al ver que la dictadura usaba su nombre como antídoto para todo lo que oliera a Neruda y resistencia. Según recuerda Dittborn, entonces un colorín veinteañero, las bodegas de Quimantú se transformaron en hornos alimentados con ediciones recientes de obras del Che, Lenin, etcétera, junto a una cantidad indeterminada de clásicos de la literatura todavía sin circular. Decenas, quizás cientos de miles, de volúmenes ardieron allí. Pero también en las calles hubo fogatas de libros, algunas hechas por los militares, como la de las Torres San Borja, donde conscriptos que jamás habían leído recorrieron los departamentos requisando textos subversivos, cualquiera que llevara un título terminado en “ismo”, o las palabras “Cuba”, “ruso”, etcétera, sobre la portada. En esa lista cayó Dostoievski, el cubismo y la mecánica popular, por lo de popular. Pero la mayoría de las quemas eran llevadas a cabo espontáneamente por los chilenos. Hubo quienes se deshicieron de bibliotecas enteras, temiendo que sus lecturas los delataran. Las madres retiraron de los dormitorios de sus hijos los afiches del Che y Fidel, y todo papel impreso con olor a revolución, para quemarlos en sus jardines o patios interiores. Muchísimos lo hicieron. Vivimos nuestro Fahrenheit 1973. Una editorial del diario La Nación, en manos del Gobierno militar, hablaba del libro como “un amigo peligroso”, anota Subercaseaux, y a continuación recomienda no regalarlos ni comprarlos. A partir del 11 de septiembre, “el libro vivió una noche oscura”, concluye el autor. Las librerías cerraron masivamente. Muchas pertenecían a gente de izquierda que terminó en el exilio o sobreviviendo lo más anónimamente posible. Dejaron de llegar las primicias del exterior. Recuerdo que durante esos años en las Librerías sólo vendían útiles escolares, reglas, compases, cartulinas y papeles de colores, más uno que otro ejemplar de literatura infantil.
Yo comencé a leer en los ochenta, y entonces el secreto reino de los libros quedaba en San Diego, por entonces una calle bastante pobre a un costado del centro de Santiago, con galerías y conventillos donde estaban las librerías de viejo. La mayor parte de ellas eran verdaderas bodegas con rumas indescifrables, donde si se le preguntaba al librero por un título en particular, invitaba con el dedo a buscarlo. Era imposible hallar algo que no fuera inesperado. Había otras, sin embargo, como la del Paco Rivano, exmiembro de carabineros y novelista, donde sabían muy bien lo que tenían. Los clientes de estas librerías eran de tres tipos: los que buscaban textos escolares de segunda mano para ahorrarse unos pesos, los buenos lectores que no tenían otro sitio para satisfacer su vicio o sus estudios y los bibliófilos y coleccionistas, esos para los que el libro es un objeto patrimonial, habitualmente de derechas. Entre ellos estaba el mismísimo general Pinochet, quien según la investigación del periodista Cristóbal Peña llegó a formar una de las mejores bibliotecas de historia y de las guerras existentes en el país, con cerca de 80.000 volúmenes. “Leo quince minutos antes de dormirme todos los días”, confesó en una entrevista. Lo suyo era más bien la reunión de documentos, el esfuerzo por disponer de toda la información, porque según cuenta Peña, los libros más valiosos no estaban precisamente expuestos como trofeos o maravillas, sino confundidos en el montón.
Durante esos años ochenta los libros o los traían los viajeros o se encontraban en las librerías de viejo. Es decir, los que crecimos leyendo ahí, nunca estuvimos al día. Las novedades no existían. La literatura norteamericana llegaba hasta El viejo y el mar de Hemingway. Leíamos a los clásicos, porque eso era lo que había. En ese sentido, no fue tan malo. Comentábamos a Homero, a Melville o a Proust, como un público mucho más numeroso hace hoy con los best sellers. Leímos toda la colección Iberia en traducciones de curas franquistas. Recuerdo haber encontrado una edición de los Poemas en prosa de Baudelaire (Bruguera, si no me equivoco) y llamar a mis amigos para contárselo. En esas librerías de viejo estaban los ejemplares sobrevivientes de las editoriales Zigzag, Pomaire, Nascimento, Universitaria, del Pacífico… Los lectores que viajaban a Buenos Aires regresaban maravillados. Allá existían librerías inmensas, repletas de títulos recién salidos a precios muchísimo más bajos que acá, donde raramente llegaban. Como si fuera poco, las librerías abrían de noche. En Chile, en cambio, los libros estaban escondidos. Debían pasar la censura de DINACOS —Dirección Nacional de Comunicación Social—, encargada de autorizar la publicación e importación de libros, diarios y revistas. Por esos años se pusieron de moda las enciclopedias. La Salvat de tapas rojas fue la más famosa de todas. Las vendían con los diarios, en los quioscos y por suscripciones. El modelo comercial, en cualquier caso, perduró. Los libros, y hasta el agua, se convirtieron en negocios comunes y corrientes. Abaratando costos y aumentando la circulación, “dan los números”, concluyeron los gerentes. Durante la segunda mitad de los noventa, siguiendo el ejemplo español, estalló la venta de diversos tipos de libros al alero de publicaciones periódicas.

Últimamente han surgido sellos más de nicho, más de lectores dedicados, que han conseguido una presencia importante
Con la llegada de la democracia, como las oleadas de exiliados, comienzan a volver los libros. Fue un retorno lento, pero constante. Exonerarlos de impuestos constituyó la primera gran causa de sus defensores. “No al IVA de los libros”, fue uno de los lemas que mejor sintetizó el reclamo de la cultura. Pero los Gobiernos concertacionistas prefirieron mantenerse fieles a la norma del impuesto indiferenciado, de modo que han seguido tributando como un calcetín, un kilo de arroz o una silla de ruedas: un 19%. Durante los años noventa abrieron oficinas las grandes editoriales españolas: Planeta, Alfaguara… Planeta encabezó el boom de la nueva narrativa chilena: Gonzalo Contreras, Jaime Collier, Arturo Fontaine, Carlos Franz fueron parte de su apuesta, escritores que tenían treinta y tantos y que irrumpían con pasión generacional.
Por esa época las calles se llenaron de libros piratas. Bastaba que una publicación figurara en la lista de los más vendidos para que de inmediato apareciera su versión irregular, a un tercio de su precio. Era un secreto a voces que las imprentas clandestinas, hasta poco antes dedicadas a la impresión de material revolucionario y antipinochetista, entraron con fuerza en el negocio. Había incluso ferias universitarias en las que vendían libros piratas. Se constituyó como una empresa pujante. Las traducciones de Harry Potter se encontraban primero en las veredas que en los locales establecidos. No fue hasta el cambio de milenio que comenzaron a abrirse más librerías. Aumentaron los puntos de venta en la misma medida en que se fue concentrando su propiedad. Nada raro por estos lados. Las dos grandes cadenas —Antártica y Feria del Libro— pasaron de tener un local cada una a comienzos de la Transición a 14 el día de hoy.
A fines de la dictadura surgieron pequeñas editoriales alternativas y contestatarias. Durante los noventa nace LOM, al mando de Paulo Slachevsky, la más productiva y ambiciosa de todas ellas, poseedora de múltiples colecciones, pero caracterizada principalmente por su interés en las ciencias sociales y el análisis de la realidad. Una década más tarde los títulos registrados en el ISBN superaban los 3.500 al año, un aumento más que significativo si nos comparamos con los tiempos de “la noche oscura del libro”, cuando a duras penas los publicados llegaban al centenar. Nada de qué enorgullecerse si ponemos enfrente los 10.850 que exhibe Colombia… para no compararnos con Argentina y México, las potencias librescas de Hispanoamérica. Según las cifras de ventas, continuamos siendo un país más importador que editor. Han surgido, sin embargo, en los intersticios dejados por los conglomerados transnacionales, abocados a las grandes ventas, editoriales más de nicho, más de lectores dedicados, de poesía y otras excentricidades, que han conseguido una presencia importante. Quizás el caso más relevante sea el de la editorial de la Universidad Diego Portales, encabezada por Matías Rivas, que, excediendo por mucho los intereses estrictamente académicos, ha conseguido poner en circulación, entre otros varios aciertos, una rigurosa colección de poesía chilena, de la misma y otra, pero toda nueva, como sucede cuando se instala un ojo editor. Las grandes casas han perdido el carácter. Lo suyo es la última línea de los balances comerciales. La novela, el más vulgar de los géneros, continúa cómoda allí.
No somos un país con tradición libresca. No hay nada que nos acerque a las bibliotecas de la Ciudadela en México DF. A lo largo de Chile hay 436 bibliotecas públicas (poco visitadas), mientras que Suecia, con la mitad de nuestra población, posee el doble. Me dicen que hay bibliometros, bibliobús y bibliolanchas para llegar con libros a las islas remotas, y que incluso funcionan bien, pero la verdad es que la presencia del libro es acá incomparablemente menor que en buena parte de Occidente. Son pocas las casas con libreros: los pobres por razones obvias y los ricos porque son mayoritariamente nuevos, salvo excepciones, sin tradición escrita ni mucho amor por la lectura. En Chile apenas existe la alta cultura. La música que rodea las más importantes creaciones nacionales proviene del campo, de los ríos y las veredas de tierra. Cada tanto se escucha una voz que clama por los libros. Yo me pregunto si acaso tiene sentido. Si todavía es tiempo. Si es el papel la causa acertada de nuestros reclamos, o más bien eso que alguna vez se posó sobre ellos y que hoy busca domicilios menos industriales. No olvidemos que la Ilíada no nació para la imprenta.
Patricio Fernández es director de la revista chilena The Clinic.

viernes, 13 de septiembre de 2013

PRENSA CULTURAL. "Mapa literario del golpe de Pinochet y sus secuelas"

Fotograma de 'La muerte y la doncella', de Polanski, basada en la obra de teatro homónima de Ariel Dorfman. ("El País")

   En "El País":
40 AÑOS DEL EPISODIO QUE CAMBIÓ CHILE

Mapa literario del golpe de Pinochet y sus secuelas

Hace 40 años, el 11 septiembre de 1973, la vida de Chile cambió con el golpe de Pinochet y la muerte de Allende

Repasamos las obras literarias clave que cuentan aquel episodio y sus consecuencias y su aporte a la Historia

 Santiago de Chile 10 SEP 2013

El golpe de Estado de Pinochet, la muerte de Salvador Allende en el Palacio de la Moneda y la dictadura en Chile han proporcionado a las artes, y particularmente a la literatura, un material excepcionalmente poderoso para redibujar el imaginario del país y desde ahí iluminar con más crudeza y estremecimiento la historia reciente de Chile. Sin duda que otros oficios y disciplinas como el periodismo de investigación y la historia también han contribuido a revelar lo que está detrás de las versiones oficiales y la enumeración cronológica, pero es en la novela, el cuento y la poesía donde mejor se revela el poder de la palabra para construir un relato que tiene más fuerza y hondura.
Cientos de libros —y decenas en el presente año— ilustran un proceso de reflexión artística histórica y crítica que no tiene visos de cesar. Es una literatura que crea una cartografía de Chile en constante renovación. Uno de los títulos más universales es La muerte y la doncella, la obra de teatro de Ariel Dorfman, llevada al cine por Roman Polanski, sobre una víctima de la tortura y la transición democrática de Chile. Hoy, en su 40º aniversario, el golpe se ha vuelto omnipresente en la escena ciudadana, en exposiciones fotográficas, en actos públicos, en columnas periodísticas, en obras de teatro, lanzamientos o reediciones de libros.
EL GOLPE
Quien mejor abordó el horror que de inmediato se instaló en Chile tras el golpe es Roberto Bolaño en Estrella distante, a través de un personaje inolvidable, Carlos Wieder, infiltrado en un taller de poesía que cultiva una siniestra forma de arte a partir de la tortura y la desaparición de detenidos. Tiempo que ladra, de Ana María del Río, es una interesantísima novela de formación —que desgraciadamente no ha sido reeditada— estructurada por la relación entre la protagonista y su padre, que llega a ser ministro del Gobierno de Allende y sufre luego la brutalidad de la represión. De amor y de sombra, popular novela de Isabel Allende, establece un relato coral de los efectos de la dictadura tras los primeros años del golpe. No es gran literatura, pero tiene el mérito de narrar un momento histórico con un estilo cercano a muchos lectores.
En crónica, destaca Golpe, de los periodistas Margarita Serrano y Ascanio Cavallo, libro que reconstruye, con nuevos testimonios —la primera edición es de hace diez años—, “las 24 horas más dramáticas del siglo XX” en Chile. Cavallo es coautor también de otro libro crucial para entender la dictadura, La historia oculta del régimen militar, junto a Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda. Una reciente publicación más académica, Ecos mundiales del régimen militar, editada por los cientistas políticos Patricio Navia y Alfredo Joignant, recoge textos aparecidos en la prensa extranjera y escritos por destacados historiadores como Eric Hobsbawm.

De ensa

EL EXILIO
Carlos Cerda —que volvió en 1984— escribió la mejor novela sobre el exilio—Morir en Berlín, 1993—, que funciona como un doble epitafio, el de la dictadura chilena y de la caída del Muro de Berlín. Otra gran novela sobre el exilio chileno, Cobro revertido (1992), pertenece a José Leandro Urbina, que pasó sus años de lejanía del país natal en Canadá. Recientemente, Juan Forch publicó Las dos orillas del Elba, novela que aborda el exilio desde un ángulo mucho más humano y lúdico que político y dramático.[LADDOBLE]
LAS CÁRCELES SECRETAS
El mismo Cerda escribió La casa vacía, novela que se inicia cuando una pareja compra una casa en un antiguo barrio santiaguino. La casa —según comprueba con espanto una de las invitadas a la fiesta de inauguración— era uno de los centros de detención y tortura de la policía secreta. José Miguel Varas, otro retornado, también escribió dos cuentos, Pikinini y La perra —estampas, más bien, breves y demoledoras— sobre el paso por este tipo de cárceles. Entre los libros testimoniales destacan sobre todo dos obras antiguas, Estadio Nacional y Chacabuco, de Adolfo Cozzi, un joven estudiante en ese entonces que supo captar con mesura inigualable su paso por dos campos de detención. El centro de detención Villa Grimaldi, uno de los más severos de la dictadura, ha motivado numerosas crónicas periodísticas y testimoniales, entre las que destaca Una mujer en Villa Grimaldi, de Nubia Becker.
LA VIDA EN LA DICTADURA
El díptico novelístico de Roberto Bolaño sobre su país de origen se completa con Nocturno de Chile. En esta última novela, Pinochet aparece como personaje y el protagonista, un crítico literario, le hace clases de marxismo. Dos personajes secundarios, los señores Oido y Odeim (Odio y Miedo) representan las fuerzas dominantes y perversas que dominaron el período. Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, pone en escena lo que significó crecer en el seno de una familia de izquierdas en un suburbio santiaguino. En la misma línea, pero con carácter testimonial, acaba de aparecer Volver a los 17, editado por el periodista Óscar Contardo, que le pidió testimonios de su infancia y adolescencia bajo la dictadura a escritores y periodistas nacidos entre 1969 y 1979, entre los que se cuentan Zambra, Rafael Gumucio y Patricio Fernández. Una de las últimas novelas es Nadar desnudas, de Carla Guelfenbein, sobre los últimos días del gobierno de Allende y los primeros de la dictadura.
PINOCHET
En su novela Tengo miedo torero (2001), Pedro Lemebel logra una contradictoria hazaña: aunque la novela trata más bien de la resistencia y de amores homosexuales, la impostación de la voz de Pinochet es lo que más auténtico suena en ella. Una crónica publicada este año por el periodista Juan Cristóbal Peña: La secreta vida literaria de Augusto Pinochet, que comenzó como una investigación de lo que señala el título —cómo el dictador llegó a tener unos 55.000 volúmenes, muchos de ellos raros y valiosos; el conjunto fue valorado en 2,3 millones de euros—, y se transformó en una semblanza biográfica que sigue el hilo de la relación de Pinochet con la lectura, la docencia y la escritura de sus propios libros y muestra mucho más del verdadero carácter del personaje que la biografía canónica escrita por el historiador de derechas Gonzalo Vial. Respecto de los Pinochet, la periodista Alejandra Matus anuncia para octubre Doña Lucía, biografía no autorizada de la mujer del dictador. Ninguna bibliografía sobre Pinochet puede omitir la monumental investigación Yo, Augusto (2003), de Ernesto Ekaizer, corresponsal de EL PAÍS en Londres cuando el dictador chileno fue detenido a causa de un requerimiento del juez español Baltazar Garzón.
ALLENDE
En estos días aparece Allende. La biografía, de Mario Amorós, un texto de más de 700 páginas que aspira a circunscribir a un personaje inagotable, un político de raza del viejo Chile republicano, tipo humano que se ha extinguido por el doble flujo de la transición pactada y el paso desde la rica y elaborada retórica del discurso —Allende fue un maestro— a la cuña televisiva. Pero su más próxima y brillante biografía la escribió Eduardo Labarca, que por razones familiares conoció a Allende desde muy niño. Su particularidad está explícita en el título: Salvador Allende, biografía sentimental (2008), puesto que desde ahí, desde su compleja historia emocional, Labarca traza una línea que explica muy bien la identidad de Allende, más allá de los avatares que lo situaron como presidente de Chile al cuarto intento.

Memoria y arte

Las siguientes son algunas de las actividades culturales que se realizan estos días en Chile con motivo del 40º aniversario del golpe de Pinochet:
Imágenes de la memoria: fotografías sobre el trabajo de la Vicaría de la Solidaridad en los años setenta. Hasta el 15 de septiembre en el Centro Cultural Estación Mapocho.
Víctor sin Víctor Jara: familiares de ejecutados, músicos y actores representan la cantata sobre el cantautor. Hasta el 29 de septiembre en el centro cultural GAM.
Allende, noche de septiembre: obra teatral sobre Salvador Allende y el bombardeo de La Moneda. Hasta el 29 de septiembre en el centro cultural GAM.
Registros de golpe, instalación de la dictadura: exposición de documentos que dan cuenta de casos de tortura. Martes 10 de septiembre en el Museo de la Memoria.
Rostro: video centrado en la morfología de las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Martes 10 de septiembre en el Museo de la Memoria.
Puestas en escena: 40 años: teatro y danza basadas en testimonios sobre el día del golpe. Miércoles 11 de septiembre a las 12.30 horas en el centro cultural GAM.
Aquí están: instalación con una veintena de actores recreando testimonios de víctimas de la dictadura. Miércoles 11 de septiembre en el Museo de la Memoria.

De ensayo y poesía

Tratándose de Chile, no hay que extrañarse de que la poesía presente una riquísima veta de reflexión y trabajo de la memoria respecto del golpe y la dictadura. José Ángel Cuevas es uno de los poetas que ha tomado esa línea desde sus recuerdos del golpe hasta el deslavado presente de la política. Rodrigo Lira, que se suicidó en 1981, a los 32 años, dejó atrás una colección de poemas entre los que destaca 4 trescientos sesenta y cincos y un trescientos sesenta y seis de onces, críptico título que captura de manera magistral los cinco primeros años -sin ninguna referencia concreta- de la dictadura militar. Juan Luis Martínez incluyó en La nueva novela un poema que podría emparentarse con Casa tomada, el cuento de Julio Cortázar, pero que en realidad es una muy sutil y sobria manera de referirse a los detenidos desaparecidos. En este ámbito el libro cumbre es, sin duda, Canto a mi amor desaparecido, de Raúl Zurita, un poemario donde la fuerza épica de la poesía del autor alcanza sus máximas cumbres en la evocación y lamento por esos cuerpos torturados y asesinados condenados además a perderse en el fondo del mar o en tumbas ignotas donde se les niega a sus cercanos hasta el consuelo del recuerdo y el homenaje. Enrique Lihn y Diego Maquieira son otros poetas que desde la ironía o el esperpento, en libros como París, situación irregular o La Tirana, retrataron magistralmente la sofocante atmósfera del Chile de la dictadura. Y Parra. El Parra de los Sermones del Cristo del Elqui y Hojas de Parra, poeta imperecedero que siempre ha logrado adelantarse a su tiempo con una mirada tan irrepetible como inolvidable.

jueves, 12 de septiembre de 2013

PRENSA. "Tres reformas de Allende que le costaron un golpe de Estado"

Crédito de la imagen: Wikimedia Commons
   En "Publico.es":
ALBERTO SICILIA

3 reformas de Allende que le costaron un golpe de Estado

1) Nacionalización de la minería del cobre y la banca
El cobre ha sido siempre un producto esencial de la economía chilena. En los años 70, el cobre representaba tres cuartas partes de todas las exportaciones del país. Cuando Allende llega al poder, el Estado posee el 51% de las principales minas de cobre. El resto pertenece a compañías estadounidenses, en particular Anaconda Copper Company, controlada por las poderosas familias Rothchild y Rockefeller.
En Julio de 1971 el gobierno de Allende, con el apoyo unánime del parlamento chileno, nacionaliza por completo la minería del cobre. La reacción del gobierno de EEUU es inmediata:
“Esta seria infracción de las prácticas internacionales no sólo dañará a Chile, sino también a todos los países en desarrollo”.
Allende nacionalizó además otras 91 industrias básicas durante su primer año en la Presidencia, entre ellas la banca.
2) Reforma agraria
La mayor parte del terreno cultivable de Chile eran latifundios en manos de un puñado de familias.
El gobierno de Allende promulgó una reforma agraria que prohibía la posesión de más de 80 hectáreas por persona. En 18 meses todos los latifundios desaparecieron.
Además, los campesinos, a través de organizaciones cooperativistas, reemplazarían a los representantes de los latifundistas en todos los organismos del Estado. También se instauró una asistencia técnica gratuita al campesinado y se establecieron planes de crédito para las nuevas cooperativas.
En este enlace podéis leer los 20 puntos básicos de la reforma agraria.
3) Reformas sanitarias, educativas y sociales.
Durante sus 3 años de gobierno, Allende promulgó además una serie de reformas en el ámbito sanitario, educativo y social:
  • Gratuidad de la universidad. El número de estudiantes universitarios creció un 89% entre 1970 y 1973. Para muchas familias humildes era la primera vez que sus hijos podían acceder a estudios superiores.
  • Sistema de becas para los niños de descendencia indígena (fundamentalmente mapuches) que habían sido discriminados durante décadas.
  • El “Programa de Suplementos Alimenticios” fue extendido a todos los niños en escuelas primarias y a todas las mujeres embarazadas.
  • Aumento de las pensiones mínimas al doble de la inflación.
  • Instauración de un sistema de centros de salud en barrios obreros con al menos 1 centro de salud por cada 40.000 habitantes.

jueves, 6 de diciembre de 2012

PRENSA CULTURAL. "Chile, fértil tierra de poetas". Óscar Hahn

Óscar Hahn

   En "El País":

Chile, fértil tierra de poetas

Chile es el país invitado de honor a la Feria del Libro de Guadalajara. Recordamos algunos de sus nombres más universales

Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Gonzalo rojas, Enrique Lihn y Nicanor Parra son algunos de los autores clásicos

 Santiago de Chile 27 NOV 2012 

¿Cuándo surge, no la poesía chilena, sino la gran poesía chilena, que no es lo mismo? Afortunadamente existe un consenso preciso: en 1918. Ese es el año en que se publican los dos libros de Vicente Huidobro que inauguran la nueva estética en nuestra lengua: Ecuatorial y Poemas árticos. No estamos olvidando a Gabriela Mistral. Se trata solamente de que su primer libro, Desolación,apareció en 1922. Es Huidobro entonces el adelantado que clava en la cima la bandera de la gran poesía chilena. Este hecho constituye el nacimiento de la vanguardia en lengua española y por lo tanto tiene una proyección internacional. También la tuvo Gabriela Mistral, pero de una manera más limitada, porque su poesía aún estaba siendo regida por la tendencia posmodernista de principios de siglo, y tanto en España como en Latinoamérica ya soplaban vientos de ruptura con el canon anterior.
Los años treinta pueden ser considerados la década de oro de la poesía chilena. En 1931, Vicente Huidobro expande el espacio poético con esa audaz aventura de la palabra que es Altazor, y Pablo Neruda deja una impronta imborrable en 1935 con su obra capital, Residencia en la tierra, que representa un descenso a los laberintos del inconsciente, mediante un lenguaje muchas veces hermético, pero que penetra subliminalmente en el lector. Cierra el decenio Gabriela Mistral con un libro de alto voltaje: Tala, cuyo verbo es como “una socarradura larga que hace aullar”, por usar una expresión suya. Por esos años, sin embargo, el magisterio de Neruda ya estaba ocupando gran parte del territorio poético chileno. En 1950 publica el Canto general, máximo exponente del americanismo social, que por estar dirigido a una audiencia más amplia abandona el hermetismo y se abre hacia la claridad expresiva. Quiere ir de la voz de la soledad a la vocería de las multitudes.
Pero el espacio de la poesía es demasiado grande para que pueda ser llenado por un solo poeta. Y es así como en 1954 irrumpe Nicanor Parra con Poemas y antipoemas. Es la entrada en escena de la antipoesía, que se propone romper con el tono elevado y solemne de la estética nerudiana, realizando una labor desacralizadora, en la que el humor, la irreverencia y el lenguaje coloquial son sus herramientas más eficaces. Paralelamente se va gestando la obra de Gonzalo Rojas. Desde La miseria del hombre (1948) hasta Del relámpago (1981) el erotismo y la muerte confluyen en su poesía. Hay en ella una suerte de erotización del lenguaje y una fisonomía textual que es a la vez expresionista y barroca. Lo que viene después de Rojas es la llamada generación del cincuenta, en la que brilla con luces propias Enrique Lihn. Después de su muerte, Lihn se transforma en autor de culto. En su legado destaca La pieza oscura, que es de 1963.
Lihn ejerce una ácida conciencia crítica sobre los temas que trabaja, sin excluir a la poesía misma, a la que llama “la musiquilla de las pobres esferas”. Pero la poesía chilena no había dicho la última palabra. En 1982 y en plena dictadura militar se imprime Anteparaíso, de Raúl Zurita, un libro que recoge la tradición whitmaniana presente en Huidobro y en Neruda, le da una vuelta de tuerca y la empuja en una nueva dirección.
En poesía las valoraciones entusiastas suelen tener un alto grado de subjetividad, pero en el caso de los autores señalados hay datos objetivos que las avalan. Son poetas reconocidos más allá de las fronteras de Chile; figuran en numerosas antologías internacionales, han obtenido prestigiosos premios que van desde el Casa de las Américas hasta el Reina Sofía, el Cervantes y el Nobel (Gabriela Mistral y Pablo Neruda), y además tienen una vigencia que no parece desfallecer. Sus obras merecen el apelativo de gran poesía, porque mediante un instrumento verbal de sello inconfundible han sido capaces de acceder a estratos profundos de la condición humana y de instalarse con toda propiedad en la historia misma de la poesía.
* Oscar Hahn es poeta chileno. Su último libro Poesía completa. 1961-2012 (Visor).


sábado, 19 de marzo de 2011

PRENSA. 19 marzo 2011

   En "El País":

1. El Ejército 'rehabilita' a Vargas Llosa. Por Jaime Cordero. Fue denostado por 'La ciudad y los perros', ambientada en un colegio militar.

2. El juez pasa la cruz al político. Reportaje de Miguel Mora y Carmen Morán. La justicia europea rectifica y dice que el símbolo religioso en el aula no viola la libertad - Cada Estado abordará esta cuestión a su manera. La confesionalidad triunfa. Análisis de Marc Carrillo.

3. El hábito del desnudo. Por Vicente Verdú.

4. Obama y el dolor de Chile. Artículo de Ariel Dorfman, escritor chileno. Su último libro es Americanos: los pasos de Murieta.

5. La lección del 'caso Céline'. Artículo de Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco. Es autor de Mal consentido. La complicidad del espectador indiferente (Alianza).

6. Días de invierno. Artículo del filósofo José Luis Pardo. La derecha se apresta a ser la beneficiaria política de la crisis. Su discurso es el único existente: sueldos y pensiones recortados, empleos precarios, servicios públicos disminuidos, liquidación del Estado de bienestar.

7. Máxima incertidumbre. Francisco G. Basterra, sobre la catástrofe de Japón.

martes, 19 de octubre de 2010

PRENSA. 19 octubre 2010

En "El País":

1. La fama. Columna de Rosa Montero.

2. Todos los colores de Renoir. Reportaje de Andrés Trapiello. La colección de 'renoirs' del Clark Institute es una de las principales apuestas del otoño en el Prado. Sale por primera vez completa de EE UU para ofrecer una nueva visión del pintor, que nunca había sido objeto de una retrospectiva en España.

3. Librepensador activo. Fernando Savater sobre Vargas Llosa.

4. Cuando la ideología es el lenguaje. Reportaje de Daniel Verdú. Tabarovsky publica en España un ensayo literario contra la falta de ruptura en la novela actual - La obra generó una gran polémica en Latinoamérica.

5. Saramago, instrucciones de uso. Por Juan Cruz. Gómez Aguilera compila en un 'diccionario ideológico' las claves sobre política, religión o literatura del Nobel portugués.

6. No hubo milagros. El escritor Jorge Edwards, sobre el rescate de los mineros chilenos.

7. Protesta social en Francia. La revuelta estudiantil se radicaliza. Por A. J. B. Jóvenes encapuchados en las afueras de París y Lyon cortan el tráfico, queman contenedores y coches y se enfrentan a pedradas a los policías antidisturbios. La falta de gasolina atenaza a Francia. Por Antonio Jiménez Barca. El Gobierno de Sarkozy forma un comité de crisis para evitar el parón económico - Las empresas echan mano de sus reservas y las estaciones racionan las ventas.

jueves, 14 de octubre de 2010

PRENSA. 14 octubre 2010

En "El País":

1. Un enigma llamado Guy Bourdin. Por Eugenia de la Torriente. Una exposición descubre por primera vez en España la obra del fotógrafo de moda francés - Sus provocativas imágenes definieron las décadas de los setenta y ochenta.

2. Humberto López Morales retrata la fascinante aventura del idioma. Por Pablo Ordaz. El jurado le recompensa por su libro 'La andadura del español por el mundo'.

3. Buceando en el estofado. Por Vicente Verdú.

4. ¿Para qué crear? Versiona. Reportaje de Íñigo López Palacios. Músicos consagrados compiten con recopilaciones de éxitos ajenos - ¿Homenaje a los grandes o crisis de creatividad? - La industria agradece el camino fácil.

5. Treinta y tres cruces que no fueron. Artículo de Hernán Rivera Letelier, escritor chileno; fue premio 'Alfaguara de Novela 2010' con El arte de la resurrección. Sobre el rescate de los mineros.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

PRENSA. 8 septiembre 2010

En "El País".

1. España forma a universitarios para ocupar empleos de FP. Por Carmen Morán y Ana Teruel. La OCDE alerta de que la falta de formación de grado medio frena el acceso al mercado laboral - La educación va saliendo de la cola de los países avanzados.

2. El tropezón de la brecha salarial. Por Charo Nogueira. Igualdad presenta un estudio que rebaja al 16% la diferencia por hora de trabajo - El informe coteja encuestas que no se pueden comparar según el INE.

3. "Quiero mostrar a los jóvenes que los matemáticos no somos raros". Entrevista a Ingrid Daubechies, presidenta de la Unión Matemática Internacional. Por Mónica Salomé.

4. Alex de la Iglesia arriesga y gana. Por Carlos Boyero. El cineasta bilbaíno concursa por el León de Oro con su nueva película, 'Balada triste de trompeta'.

5. La novela y sus símbolos, según García de la Concha. Por Tereixa Constenla. El presidente de la RAE analiza cinco obras contemporáneas.

6. Dos actores entonan el grito antibelicista de Arthur Miller. Por Rosana Torres. Gloria Muñoz y Carlos Hipólito estrenan en el Español 'Todos eran mis hijos'.

7. El pasado incorrecto. Columna de Manuel Rodríguez Rivero sobre la serie televisiva Mad Men.

8. El verdadero milagro de los mineros. Artículo de Ariel Dorfman, escritor chileno; es el autor de la novela Americanos: Los Pasos de Murieta y del libro Memorias del desierto, que explora la vida de los mineros del Norte de Chile.

9. El chivo expiatorio. Artículo de Nicole Muchnik, escritora y pintora. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. En Francia la crispación identitaria, manifestada ahora con la expulsión de los gitanos, viene de arriba. Está orquestada por las campañas sobre la identidad nacional de un Gobierno obsesionado por la reelección.

sábado, 17 de abril de 2010

PRENSA. 17 abril 2010

En "El País":

1. "Los colegios parecen fábricas". Entrevista a Linda Lantieri, profesora estadounidense que aplica un método para combatir la violencia en las escuelas. Por Joaquina Prades.

2. Cámara, acción... ¡todos al suelo! Reportaje de Rocío García. Chema de la Peña dirige la primera película sobre el 23-F, con Paco Tous en el papel de Tejero, Juan Diego en el de Armada y Fernando Cayo en el del Rey - Bono pone pegas para rodar en el Congreso.

3. No hay quien repare el cierre de un medio. Reportaje de Isabel Landa. La absolución de los directivos de 'Egunkaria' no resarce el daño siete años después de su clausura - Nadie paga el error judicial.

4. Apología del automóvil. Columna de Vicente Verdú.

5. Estado palestino, ahora. Artículo de José Antonio Martín Pallín, magistrado y comisionado de la Comisión Internacional de Juristas.

6. La calidad de nuestra democracia. Artículo de Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, autor, junto con Carlos Gil Andrés, de Historia de España en el siglo XX (Ariel). Algunos poderes fácticos pretenden impedir la reparación política, jurídica y moral de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. El acoso y procesamiento sufrido por el juez Baltasar Garzón lo demuestra.

7. El laboratorio privado. Columna de Francisco G. Basterra sobre Chile.

domingo, 21 de marzo de 2010

PRENSA (3). 21 marzo 2010

En "El País Semanal":

1. Momentos. Artículo de Maruja Torres.

2. Salutación dominical del traidor y el optimista. Artículo de Javier Cercas.

3. La odisea del Spielberg chino. Reportaje de José Reinoso. Una superproducción sobre la masacre de Nanjing. Un episodio clave de la historia de China, aún hoy punto de fricción con Japón. Pasó la censura, pero enojó a muchos y fue retirada prematuramente de las salas. Nos lo cuenta Lu Chuan, autor de la película que ganó en San Sebastián y que pronto llegará a los cines.

4. El 'lifting' de la pirámide pionera. Reportaje de Nuria Tesón. Zahi Hawass, sumo sacerdote de la arqueología egipcia, célebre por sus descubrimientos sobre Tutankamón, tiene un sueño: salvar la pirámide escalonada de Zoser, la que inspiró a todas las demás. Así transcurre la batalla por remozar su piel castigada por el desierto.

5. Las mil caras del aburrimiento. Reportaje de psicología. Por Jenny Moix. ¿Buscamos estar permanentemente activos para no aburrirnos o para no enfrentarnos a nuestros vacíos? Cambiar la mirada y seguir siendo curiosos es el mejor antídoto.

6. Son mis pacientes las que me han enseñado a vivir. Entrevista a la doctora Ana Lluch. Por Luis Miguel Ariza. Su especialidad: el cáncer de mama, del que cada año se diagnostican en España 16.000 casos. Ha logrado prestigio con una estrategia doble: excelencia profesional y cercanía a las pacientes.

7. Travesía de los cincuenta. Reportaje de Luz Sánchez-Mellado. Sus hermanos mayores hicieron la revolución política. Ellos, la social, la profesional, la cultural. Los jóvenes de la transición son hoy cincuentones que ensayan el nuevo papel del hombre maduro en una sociedad enamorada de la juventud. ¿Crisis? Oportunidad.

8. Chile se partió en dos. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Esta semana se cumple un mes del terremoto más largo de la historia. Siete minutos, 8,8 grados en la escala de Richter y un ‘tsunami’ que ha dejado alrededor de medio millar de muertos. Éste es un viaje tras las huellas de la catástrofe.

9. Herida por el incesto. Reportaje de Lola Huete Machado. Así era de niña cuando todo empezó. Así es ahora. La francesa Isabelle Aubry le ha plantado cara al horror del incesto contando su experiencia. Un abuso sexual familiar que suele ocultarse.

10. La tierra es plana y hay gente que se cae. Artículo de Rosa Montero sobre los emigrantes subsaharianos.

11. La ley de los susceptibles. Artículo de Javier Marías.

domingo, 14 de marzo de 2010

PRENSA (1). 14 marzo 2010

En "El País":

1. Para vivir. Columna de Manuel Vicent.

2. MIGUEL DELIBES. "Miguel, estamos todos. Te queremos mucho". Crónica de Juan Cruz sobre la muerte de Miguel Delibes. Treinta horas de cariño y silencio. Por Elsa Fernández-Santos. Una multitud emocionada asiste en Valladolid al funeral por Miguel Delibes. Las cenizas del escritor fueron depositadas en el panteón de hombres ilustres.

3. Barracones para nazis y judíos. Reportaje de Tereixa Constenla. Miranda de Ebro fue el último campo de concentración en clausurarse. En la II Guerra Mundial albergó a 15.000 extranjeros, entre ellos a dos futuros Nobel.

4. Una bandera rota y embarrada. Artículo de la escritora Isabel Allende. El terremoto que ha asolado Chile ha sacado a la luz lo mejor y lo peor de su sociedad: la solidaridad y el pillaje, el coraje y el dolor, el nuevo desarrollo y la enorme desigualdad económica entre ricos y pobres.

5. Obama, el fracasado. Columna de Moisés Naím.

sábado, 13 de marzo de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia". 13 marzo 2010

En Babelia, suplemento cultural de "El País":

1. El triunfo del cuento. Entrevista. La literatura nos ayuda a "entender la parte más difícil de la vida", afirma Jhumpa Lahiri. La autora estadounidense de origen indio publica Tierra desacostumbrada, un conmovedor libro de relatos que se plantea como una de las sorpresas del año. Por Guillermo Altares.

2. La costumbre de la infamia. Artículo de Antonio Muñoz Molina.

3. LIBROS. Crítica. El rey blanco, de György Dragomán (El escritor rumano de origen húngaro György Dragomán retrata una sociedad corrompida y deshumanizada por décadas de dictadura con una singular poética de la rudeza. Por Cecilia Dreymüller). Los muertos, de Jorge Carrión ("Una red infinita de pantallas, eso es nuestro mundo", "una red sin centro y por tanto sin Dios", dice uno de los personajes de la novela Los muertos, de Jorge Carrión: un complejo y articulado objeto literario. Por Juan Goytisolo). Guerra en España. Prosa y verso (1936-1954) Juan Ramón Jiménez (por Jordi Gracia). Maletas perdidas, de Jordi Puntí (por María José Obiol). Lejos de dónde, de Edgardo Cozarinsky (por Alberto Manguel).

4. Ahora soy más consciente de lo que huía: la realidad. Entrevista a Enrique Vila-Matas. Por Juan Cruz. El escritor "reaparece" con Dublinesca, una novela protagonizada por un editor que se jubila y celebra el entierro de la era Gutenberg. La obra juega con las casualidades que suscita el Ulises de Joyce. J. Ernesto Ayala-Dip escribe la reseña en Fervor literario.

5. La poesía reverenciada de Mark Strand. Por Andrea Aguilar. "No me interesan los despliegues emocionales. Me gusta la contención", afirma el autor, de quien Octavio Paz -ambos poetas fueron amigos y se tradujeron mutuamente- resaltó su "apertura hacia la perfección verbal transparente" a partir de la pérdida. Su libro Tormenta de uno, premio Pulitzer de Poesía, se publica en español.  

6. Cultura chilena. Por Carlos Fuentes. País de poetas -Huidobro, Mistral, Neruda, Parra, Rojas...-, Chile es hoy, también, país de novelistas -Donoso, Edwards, Fuguet, Dorfman, Franz...-. Tras la tragedia del pasado 27 de febrero, en esta hora de prueba es importante recordar su extraordinaria aportación a nuestra cultura compartida.

7. Condenados a morir en 'prime time'. Por Elisa Silió. Veinticuatro jóvenes deben matarse en un programa televisado, en la trilogía Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins. "Es un manifiesto antiviolencia", defiende la autora el sangriento argumento para adolescentes que arrasa en ventas con el respaldo de la crítica estadounidense.

8. Una lista eurocéntrica. Por Hans Magnus Enzensberger. Una original mirada a los últimos dos siglos permite descubrir centenares de inventos que han traspasado fronteras culturales, aunque Europa ya no sea el ombligo del mundo. El continente ha aportado grandes beneficios, y también grandes fatalidades. Este texto es una invitación a la reflexión y al divertimiento.

lunes, 8 de marzo de 2010

PRENSA. 8 marzo 2010

En "El País":

1. Arte. Columna de Almudena Grandes sobre los toros.

2. Los activistas son más vulnerables. Reportaje de Gabriela Cañas. El hostigamiento a defensores incómodos de derechos humanos aumenta en muchos países. Las ONG pierden espacio público en una sociedad que, muchas veces, asiste a ello con indiferencia.

3. Toda la vida trabajando. Artículo de Ángeles Caso, licenciada en Historia del Arte y escritora.

4. Lecciones de la naturaleza. Artículo del escritor Jorge Edwards. En el terremoto de Chile ha salido a relucir lo mejor y lo peor de nosotros. Hay quien pedía que mataran en el acto a los saqueadores. Hemos luchado mucho por un Estado de derecho para perderlo en una catástrofe.

jueves, 4 de marzo de 2010

PRENSA. 4 marzo 2010

En "El País":

1. ¡Vive! Columna de Maruja Torres sobre Chile.

2. La confusión ilumina, la claridad mata. Columna de Vicente Verdú.

3. Conducir antes es conducir mejor. Reportaje de Elsa Granda. Practicar a los 17 años acompañado de un adulto reduce riesgos futuros y la siniestralidad. Tras la disminución de jóvenes muertos en carretera, España se prepara para cambiar el modelo.

4. Cuba tras la muerte de Zapata. Artículo de Andrés Oppenheimer, columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

5. El ajedrez nuclear. Columna de Lluís Bassets.

miércoles, 3 de marzo de 2010

PRENSA. 3 marzo 2010

En "El País":

1. "¿Nos dijo Kapuscinski toda la verdad?" Entrevista a Artur Domoslawski, periodista, autor de 'Kapuscinski, non fiction". Por Julio Villanueva Chang. La primera biografía del gran cronista y escritor ha armado un gran revuelo en Polonia, donde su viuda intentó sin éxito parar su publicación. El libro pone en duda la veracidad de algunos textos y declaraciones del autor de 'Imperio'. En Un cazador solitario, Ramón Lobo analiza al escritor polaco.

2. Bilis negra. Columna de Manuel Rodríguez Rivero sobre la depresión y sus remedios.

3. ¿Toleramos el machismo si es musulmán? Reportaje de Ferrán Balsells. El respeto a la libertad religiosa no incluye aceptar discriminación de la mujer. La batalla por la igualdad parece excluir al mundo islámico. Pero hay límites claros: los derechos fundamentales. Completa el tema el profesor de sociología y experto del movimiento islámico en Cataluña Jordi Moreras, en Elogio de la disidencia.

4. El terremoto y el desafío de otro Chile. Artículo de Ariel Dorfman, escritor chileno. Su último libro es la novela Americanos: Los Pasos de Murieta.

5. Las pensiones en una España envejecida. Artículo de Fernando Azpeitia y José A. Herce, consultor senior y socio, respectivamente, de Analistas Financieros Internacionales. La prolongación de la edad de jubilación es inevitable, pero no suficiente. Las asignaciones pagadas por nuestro sistema público son más "generosas" proporcionalmente que en Alemania, Reino Unido y Holanda.

6. Lo que no sabe Cuba. Columna de M. Á. Bastenier.