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jueves, 9 de junio de 2016

MEDITERRÁNEO, MAR LITERARIO. "La nave de la literatura". José Manuel Caballero Bonald

   En la revista "Mercurio":


La nave de la literatura

J. M. CABALLERO BONALD  |  FIRMA INVITADA · MERCURIO 182 - JUNIO-JULIO 2016

Óscar Astromujoff
© ÓSCAR ASTROMUJOFF
La nave de Ulises surca los más preclaros distritos de la cultura occidental: su ruta concierne al recorrido de nuestra civilización. Entre el fondo del Mediterráneo y los contrarios términos de Iberia caben los fundamentos de lo que hemos sido, de lo que hemos llegado a ser. Del itinerario de Ulises irradia la literatura forjada y evolucionada en nuestro mundo a lo largo de tres milenios. Cada una de las hazañas del rey de Ítaca, cada uno de los cantos del poema homérico, simbolizan nuestras propias andanzas humanas y culturales.
Si se traza un mapa de los naufragios y peripecias de Ulises desde que zarpa de Troya hasta que arriba a Ítaca, podrá establecerse también con cierta razonable proximidad un cuadro de correspondencias entre esas navegaciones fantásticas y las experiencias ciertas de nuestra literatura. Los propios personajes que se integran en la Odisea pueden servir de pauta cartográfica en este sentido. Aparte de Penélope y Telémaco, cuyos nexos con la fidelidad y la perseverancia han sido predeterminados por la tradición, ahí queda esa nómina insigne de seres vinculados a la divinidad, la mitología y el género humano que transitan por el fascinante poema de Homero.
Calipso personifica el hechizo, la molicie infranqueable, la ofuscación amatoria. Poseidón es el taimado artífice de la hostilidad, el enemigo agazapado. La tierra de los lotófagos encarna los consuelos enigmáticos del olvido. Polifemo remite al engaño como treta salvadora. La isla de Eolo viene a ser como el origen de ese vendaval dialéctico entre el hombre y la naturaleza que pretende dominar. Circe atañe al hechizo, a las amarras sentimentales que paralizan la voluntad. La tierra de Helios, el hermoso dios veleidoso, sugiere la desobediencia destructiva, la libertad de equivocarse. Los monstruos y sirenas que amenazan la vida del navegante representan la crueldad y el despotismo, la falacia y la alucinación.
Todas las tramas argumentales, todos los ornamentos expresivos, todas las técnicas de narrar aún vigentes están contenidas en la Odisea. Poema poliédrico, multiforme, convierte al Mediterráneo en el egregio espacio fundacional de la literatura. La poesía y la novela movilizadas por Ulises han servido de paradigma a la novela y la poesía que han ido produciéndose desde la Edad heroica hasta la Edad contemporánea. En cierto decisivo modo, la cultura literaria de Occidente es legataria de la errática creatividad de Ulises, de sus invenciones y temeridades, en la misma medida en que somos herederos de ese prestigio civilizador que circunvala el Mediterráneo.
La Odisea es de hecho un libro matriz, ha procreado múltiples obras literarias que engendraron a su vez incalculables obras literarias. De ese libro derivan las copiosas generaciones de libros que han crecido y madurado a lo largo de la historia. La Odisea es el vínculo primigenio que otorgó a nuestra cultura la pertenencia inmarcesible al Mediterráneo. De ese mar venimos y a ese mar volveremos algún día.
No se olvide que el Mediterráneo baña los zócalos de tres continentes y que por él navegaron, a la zaga de los héroes homéricos, los viajantes de comercio fenicios. Fundaron colonias y empresas, desde Tiro a Gadir, y propiciaron ese intercambio humano que complementa el que Ulises ya había establecido con los dioses. En esa memoria genealógica está implícita la memoria de nuestra literatura.

jueves, 19 de marzo de 2015

PRENSA CULTURAL. Entrevista a José Manuel Caballero Bonald

   En "El País":

J. M. Caballero Bonald: “La Transición fue un apaño”

El escritor jerezano publica 'Desaprendizajes', su primer poemario tras ganar el Cervantes


Caballeo Bonald en su casa de Madrid, en enero. / ALEJANDRO RUESGA

Afirma José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) que ganar el premio Cervantes en 2012 no le ha cambiado, y es verdad: sigue diciendo lo que piensa. Rara avis entre sus colegas, es capaz de elogiar apasionadamente una obra al tiempo que critica a su autor. Sentado en el sillón de siempre de su casa de Madrid, cuenta que tiene inédito un libro de semblanzas “a la manera de Españoles de tres mundos, de Juan Ramón”. Por lo pronto, acaba de publicar Desaprendizajes (Seix Barral), un libro de poemas en prosa cuya aparición coincide con la de la edición crítica —en Cátedra y a cargo de Julio Neira— de dos títulos clave en un solo volumen: Descrédito del héroe (1977) y Manual de infractores (2005).
Pregunta. Desaprendizajes suena a cuenta atrás.
Respuesta. Desaprendizajes es un término un poco brusco, suena casi a insulto. El libro lleva una cita de Heráclito que dice que hay que desaprender lo aprendido para saber que la armonía de lo invisible es mayor que la de lo visible. Estoy satisfecho, pero me sorprende haber escrito un libro de poesía a los 88 años. ¡Tan viejo y escribiendo poesía! Es una obscenidad, aparte de un abuso.
P. Cuando hace tres años publicó Entreguerras dijo que era el último.
R. Sí, estaba convencido de eso y en cierto modo lo es. Se trataba de un libro testamentario en el que narro episodios de mi biografía. Desaprendizajes es como un apéndice, la coda, un añadido necesario del testamento.

Una vida en verso y prosa

Nacido hace 88 años en Jerez de la Frontera, J. M. Caballero Bonald odia a los andaluces profesionales y reivindica a “introvertidos” como Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda.
Firmante del manifiesto por la cultura de Izquierda Unida, considera “saludable” la aparición de Podemos.
La novela de la memoria es el título que reúne Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir, dos cumbres del género autobiográfico español.
Toda su poesía está reunida en el volumen Somos el tiempo que nos queda.
En 2012 ganó el Premio Cervantes. El de la Crítica lo ha ganado tres veces: dos como poeta y una como novelista.
P. Sus memorias llegan hasta 1975, justo cuando empieza un periodo muy debatido ahora. ¿Con la Transición somos injustos o benévolos?
R. Verá… No escribí la tercera parte de mis memorias porque precisamente del 75 al 82 fueron años muy violentos: los desmanes de la ultraderecha y la ultraizquierda... Pensaba que se iba a producir una involución. No me apetecía evocar nada de eso. Estuve bastante metido en la organización de la Junta Democrática y salí en parte desencantado. La Transición fue un apaño, una compostura de urgencia: la derecha cedió algo para no perder nada y la izquierda aceptó algo para no perderlo todo, lo que se llama una soldadura de ocasión, no había un proyecto de futuro solvente y las cosas salieron bien por casualidad.
P. ¿Qué se tendría que haber hecho?
R. La Ley de Amnistía prohibió juzgar los crímenes del franquismo y ahí empezó el ciclo de la impunidad. Tuvimos una larga cola de franquistas que amañaron sus biografías: resultó que todos eran demócratas. Siguieron en el poder más o menos los de siempre. El caso de Fraga es paradigmático: navegó por toda la democracia después de ser un cómplice del verdugo. La falta de un tribunal que juzgara esos crímenes permitió que el franquismo permaneciera latente.
P. ¿Ya es tarde?
R. Esos crímenes no prescriben. La memoria histórica exige su propia vigencia. La justicia no puede olvidarse de las víctimas del franquismo, de tanta gente enterrada por las cunetas… Aunque no entiendo ese afán de encontrar los restos de quienquiera que sea… Las víctimas, Lorca, Cervantes. ¿Para qué? Que reposen donde están y que se haga justicia a su memoria.
P. Algunas familias quieren saber dónde están los suyos.
R. Es una tradición supersticiosa que respeto.
P. ¿A usted le da igual dónde lo entierren?
R. Echarán mis cenizas al mar y me integraré en la naturaleza…

“¿Cervantes? Que repose donde está y hagan justicia a su memoria”
P. Entre sus dos últimos libros le han dado el Cervantes, ¿ha cambiado algo con el premio?
R. Nada. A los pocos días pensaba en eso casi con extrañeza. Me veía en una foto con chaqué me decía ¿ese soy yo?
P. Cuando estaba en las quinielas dijo que ya le tocaba, por edad. Es poco habitual. Los escritores lo piensan pero no lo dicen.
R. Me tocaba por edad, claro, como le toca a Emilio Lledó, a Paco Brines, a Nieva.
P. Este año era jurado. ¿Su candidato fue Juan Goytisolo?

“Para mis nietos Franco es un tipo tan lejano como los Reyes Católicos”
R. Sí, Goytisolo es un heterodoxo muy atractivo. Tiene sus complicaciones de carácter, pero me siento muy cerca de sus sondeos en la cultura. La historia social de la literatura española la ha escrito la derecha, la tradición católica nacional, y él ha promovido una revisión muy solvente.
P. En sus memorias usted lo retrata con dureza. Tampoco es habitual criticar al autor y elogiar la obra.
R. Yo separo la persona y la obra sin mayores conflictos. Conozco a Juan desde los años cincuenta. Cuando escribí esa parte de las memorias él llevaba años defendiéndose de ataques imaginarios. Me incomodaba su actitud, pero eso no impide que admita el valor que tiene como escritor. Evolucionó a partir de Señas de identidad y la suya es una literatura muy consistente.
P. De su discurso del Cervantes se destacó aquello de “los desahucios de la razón”. El acto estaba lleno de políticos, ¿alguno le dijo algo? Todos aplaudieron.
R. Que yo recuerde, ninguno me dijo nada que no fuese una frase protocolaria. Yo lo que quería era hablar de la libertad de Cervantes y de la función liberadora de la poesía precisamente ante esas autoridades…

“Gil de Biedma es un gran crítico de la cultura pero un poeta menor”
P. El premio se lo dio el Rey cuando era Príncipe. Cuando subió al trono dijo usted que había que esperar antes de entrar en el debate monarquía-república. Pasado el tiempo, ¿cómo lo ve?
R. En un futuro inmediato —aunque en mi caso el futuro es mañana o pasado mañana— debería ponerse en funcionamiento ese plebiscito popular. La república ha quedado relegada a un símbolo de libertad, de justicia, pero no hay movimientos que conecten con el pueblo y la planteen como alternativa.
P. Tal vez se piensa siempre en la Segunda República.
R. Sí, pero la gente joven ¿qué vota? ¿El recuerdo de la Segunda República?
P. ¿Desaparece también el recuerdo de Franco?

“Nuestra literatura está plagada de mediocres encumbrados”
R. Para mis nietos, que tienen 14 o 15 años, Franco es un tipo tan lejano como los Reyes Católicos.
P. ¿Se entiende con ellos?
R. ¿Con mis nietos? Los veo de tarde en tarde, o sea, que los veo pero tampoco deseo verlos todo el tiempo. No soy muy de niños.
P. ¿Se reconoce en sus 15 años?
R. No. Son de otro mundo, claro. Los nietos son monosilábicos: “sí, no, ya”. Están en el laberinto de la informática y eso supone una barrera. El riesgo de aislamiento está ahí mismo. Es como si no tuvieran interés por salir a ver la vida, a andar por ahí descubriendo el mundo, qué sé yo…
P. ¿Qué hacía usted a su edad?
R. Pues lo normal: salir a buscar la aventura, la libertad que te aguardaba fuera de casa. Era la guerra, la inmediata posguerra, y escaparte de la vigilancia doméstica era como probar la libertad. Es lo de siempre, lo que se recuerda cada vez más a medida que uno se hace viejo.
P. ¿Ha cambiado el lugar de la poesía desde que usted era joven? ¿Le interesa hoy a alguien?
R. No sé, a mí me escriben lectores y eso me hace pensar que se lee poesía más de lo que uno se imagina... Bueno, yo no tengo blog ni ¿cómo se llaman esas cosas que se tienen?
P. Facebook, Twitter...

"Si la patria es lo que se ve desde la venta de la casa donde uno vive a gusto, yo tengo varias: el Coto de Doñana, Jerez, Mallorca, Bogotá…"
R. Eso… Pero hay lectores que me mandan correos. Hoy la poesía tiene una ventaja y es que la escuela más evidente es la falta de escuelas, algo sin duda saludable. Hay poetas que andan trabajando en un nuevo simbolismo, teniéndolo presente pero con otra mecánica expresiva.
P. ¿Lee novedades?
R. Pocas, pero me alarma que se esté llevando a los altares a escritores que confunden la literatura con la crónica de sucesos. Nuestra literatura está plagada de mediocres encumbrados. Pasa como con los políticos. Hay mucho fantasmón en funciones de líder. También hay muchos equívocos a la hora de enjuiciar a escritores…
P. ¿A quién?
R. A Gil de Biedma, por ejemplo, aunque en otro sentido. Gil de Biedma es un gran crítico de la cultura pero un poeta menor, de alcance verbal muy limitado. Los grandes poetas de esa época son Valente y Barral.
P. ¿Y Claudio Rodríguez?
R. También. Sobre todo el primer Claudio Rodríguez. Y pare usted de contar.
P. ¿A qué se dedica ahora?
R. Lo que más me gusta hacer es no hacer nada. Pero releo mucho. Dedico cuatro o cinco horas al día a releer en mi butaca de viejo. A mis clásicos, a los barrocos castellanos, a los románticos anglosajones, a los simbolistas franceses, a Rimbaud y Mallarmé… Y siempre a Valle Inclán, a Juan Ramón, a Faulkner, a Onetti, a Rulfo, a Cernuda, a Lorca… De los narradores españoles recientes el que más me interesa es Menéndez Salmón.
P. ¿No viaja?
R. Reparto mi tiempo entre Madrid y Sanlúcar. Si la patria es lo que se ve desde la venta de la casa donde uno vive a gusto, yo tengo varias patrias, unas más duraderas que otras: el Coto de Doñana, Jerez, Mallorca, Bogotá… En Colombia estuve unos tres años y allí escribí mi primera novela, tuve mi primer hijo... Me acuerdo mucho de esa patria. La que no me gusta nada es la patria de los patriotas españoles. Si tuviera veinte años menos ya habría puesto tierra de por medio.

jueves, 6 de noviembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Caballero Bonald y la escritura desatada e indignada"

   En "El País":

Caballero Bonald y la escritura desatada e indignada

El premio Cervantes recibe un homenaje por sus 88 años y publica 'Anatomía poética'


El escritor José Manuel Caballero Bonald. / GORKA LEJARCEGI
El niño que quería ser Flash Gordon y que dio paso al adolescente que soñaba con surcar los mares debió conformarse, 80 años después, con una oleada de aplausos y elogios por la aventura de una vida dedicada a la palabra. Se llama José Manuel Caballero Bonald. Nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, hace casi 88 años, el 11 de noviembre de 1926; ha obtenido los principales premios españoles, incluido el Cervantes en 2012 (la Biblioteca Nacional de España recibió ayer su cuadro pintado por Hernán Cortés Moreno que estará en la exposición Retrato y literaturaLos retratos de los Premios Cervantes en la BNE, a partir del 13 de noviembre); hace 62 años publicó su primer poemario, Las adivinaciones, y acaba de editar el último libro, Anatomía poética (Círculo de tiza), con José Luis Fajardo que ha hecho las ilustraciones. "Son poemas dispuestos como si fueran prosa", según el poeta.  El petate de inquietudes, enfados, exigencias éticas y realidades convertidos en arte por un ciudadano que cree en la libertad, la dignidad y la literatura.


Ilustración de José Luis Fajardo para el libro 'Anatomia Poetica' de Caballero Bonald.
Escenificado eso en el Instituto Cervantes de Madrid, Caballero Bonald escuchaba en silencio lo que decían que era él. Lo hicieron Fajardo, el pintor y amigo; Víctor García de la Concha, el anfitrión ("Un libro que es una poesía contra los desahucios de la razón"); Antonio Lucas, el periodista y poeta ("Ha vuelto a lanzar las palabras más lejos que la vida"); y José María Pozuelo Yvancos, el crítico literario ("Un libro de escritura desatada. Un libro indisciplinado y rebelde contra las asambleas de gregarios"); y, dando voz a unos y otros, Juan Cruz, el periodista y escritor. Cinco voces desde cinco esquinas que conformaron y agradecieron el rastro del autor de obras comoCampo de AgramanteDescrédito del héroeLa noche no tiene paredesMar adentroManual de infractoresEntreguerras y, su preferido, Ágata ojos de gato, un híbrido de poesía y prosa, hace ya 40 años.
Esta Anatomía poética es el segundo diálogo entre el escritor y el pintor. Primero en 1986 cuando el poeta comentó unas pinturas del artista en Los personajes de Fajardo; y, ahora, por iniciativa de Juan Cruz que un día les soltó la idea de que se volvieran a juntar. Entonces al poeta se le ocurrió, recuerda Cruz en el prólogo, “escribir otros textos donde la ira se encuentra con la raíz misma del individuo que es, ciudadano abrumado por la hipocresía de un mundo que no le gusta, que le sume en un 'estado de irritación permanente', y a Fajardo le vino a la cabeza toda la fantasmagoría que habita de suyo en su pintura y que tanto se da la mano con el fuego que está en la naturaleza de la poesía humana de Caballero Bonald”.

No existen memorias emparentadas con la pérdida de la inocencia
José Manuel Caballero Bonald
Palabras nuevas, palabras rejuvenecidas, palabras enérgicas, palabras que dialogan con el lector. Palabras que no dejaron por fuera aJuan Carlos Onetti, su “máximo maestro”. Por eso Onetti aparece aquí a través de dos personajes cuya historia palpita en esta obra de Caballero Bonald, donde se muestra una realidad ante “la poderosa atracción del abismo”. La vida como un galimatías que de cuando en cuando concurre al orden, pero en medio el fracaso que es lo que “junta en una misma franja la experiencia humana: todos estamos marcados por el signo congénito de las pérdidas. Apenas se encuentran ya antídotos capaces de sustituir la razón por la locura. Tampoco puede ya la realidad interceptar la libre ejecutoria de la imaginación”. De esas sustituciones y de esas presencias recreadas por el escritor jerezano hablaron los invitados. El homenajeado, en silencio. Su voz amable de palabras bien vocalizadas aún no se escuchaba. Pero sus palabras escritas ya estaban ahí y pedían, a lo Onetti, un dejemos hablar a Caballero Bonald:

La alegría está hecha de un material maleable y el menor roce con la intemperie la desfigura 
José Manuel Caballero Bonald
De la memoria: “No existen memorias emparentadas con la pérdida de la inocencia”.
De utopías: “Nunca está de más reiterar que la utopía es una esperanza consecutivamente diferida, una especie de obstinada promesa que se ha ido demorando en virtud de alguna continuidad argumental no precisamente encomiable”.
De la patria: “Patria, palabra triste como termómetro o ascensor', dijo un testigo eminente”.
De la alegría: “La alegría está hecha de un material maleable y el menor roce con la intemperie la desfigura hasta hacerla irreconocible, o la fragmenta en múltiples sucedáneos emparentados con la barbarie”.
De aduladores: “El atributo que mejor define a estos personajes quizá sea el de haber contribuido notablema la proliferación del ya nutrido censo de mediocres encumbrados".
Del miedo: “Hay miedos contagiosos, miedos de obligado cumplimiento que ponen en circulación los potentados de un turno para controlar las adversidades"
De la realidad: “Nada es ya subalterno: todo retorna una vez más a su matriz. No sin ser deformada puede la realidad exhibir sus enigmas”.


Caballero Bonald pintado por Hernán Cortés.
Realidades que en José Manuel Caballero Bonald se hacen literatura. Habló de ellas al final de su homenaje por los 88 años y suAnatomía poética. Confesó que con los años ha tenido la posibilidad de experimentar una nueva noción de la energía: "Cuando me levanto no hablo, pero sí escribo. Y estoy sorprendido y alarmado". Siguió el poeta y narrador hablando de cosas como que la moral y la literatura combinan mal y de los males que asedian a la sociedad, mientras, muy cerca de allí, en la Biblioteca Nacional, ya estaba su retrato para la posteridad.

jueves, 25 de abril de 2013

CABALLERO BONALD. Discurso de recepción del Premio Cervantes (fragmentos)

José Manuel Caballero Bonald

     Recuérdese que todos aquellos que se han valido de la opresión (desde los terrores inquisitoriales a los de cualquier censura dictatorial) para programar el mantenimiento de sus poderes, han coartado la libre circulación de las ideas. Los enemigos históricos de la libertad han recurrido desde siempre a una suprema barbarie: la hoguera. O quemaban herejes o quemaban libros. En las ficciones futuristas de un mundo amorfo, despersonalizado, regido por computadoras, la quema de libros representa algo más que un mandamiento atroz: es una metáfora de la esclavitud. Bien sabemos que destruir, prohibir ciertas lecturas ha supuesto siempre prohibir, destruir ciertas libertades. Quien no leía, tampoco almacenaba conocimientos. Y quien no almacenaba conocimientos era apto para la sumisión. De lo que fácilmente se deduce que conocimiento y libertad vienen a ser nutrientes complementarios de toda aspiración a ser más plenamente humanos.
 (...)
   Creo honestamente en la capacidad paliativa de la poesía, en su potencia
consoladora frente a los trastornos y desánimos que pueda depararnos la historia. En un mundo como el que hoy padecemos, asediado de tribulaciones y menosprecios a los derechos humanos, en un mundo como éste, de tan deficitaria probidad, hay que reivindicar los nobles aparejos de la inteligencia, los métodos humanísticos de la razón, de los que esta Universidad -por cierto- fue foco prominente. Quizá se trate de una utopía, pero la utopía también es una esperanza consecutivamente aplazada, de modo que habrá que confiar en que esa esperanza también se nutra de las generosas fuentes de la inteligencia. Leer un libro, escuchar una sinfonía, contemplar un cuadro, son vehículos simples y fecundos para la salvaguardia de todo lo que impide nuestro acceso a la libertad y la felicidad. Tal vez se logre así que el pensamiento crítico prevalezca sobre todo lo que tiende a neutralizarlo. Tal vez una sociedad decepcionada, perpleja, zaherida por una renuente crisis de valores, tienda así a convertirse en una sociedad ennoblecida por su propio esfuerzo regenerador. Quiero creer -con la debida temeridad- que el arte también dispone de ese poder terapéutico y que los utensilios de la poesía son capaces de contribuir a la rehabilitación de un edificio social menoscabado. Si es cierto, como opinaba Aristóteles, que la “la historia cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debía suceder”, habrá que aceptar que la poesía puede efectivamente corregir las erratas de la historia y que esa credulidad nos inmuniza contra la decepción. Que así sea.

miércoles, 24 de abril de 2013

PRENSA CULTURAL. Caballero Bonald charla con Pérez Azaústre

Diálogo entre los escritores José Caballero Bonald y Joaquín Pérez Azaústre. / CLAUDIO ÁLVAREZ ("El país")

   En "El País":

“La poesía hace que la búsqueda de la palabra sea crear un mundo”

El español José Manuel Caballero Bonald recibe hoy el máximo galardón de las letras hispanohablantes

El poeta, narrador, memorialista y ensayista dialoga sobre sus raíces literarias con el joven autor Joaquín Pérez Azaústre

 Madrid 23 ABR 2013

“Mientras musito escribo una vez más la gran pregunta
incontestable
¿eso que se adivina más allá del último confín es aún la vida?”.
Son los últimos versos que José Manuel Caballero Bonald ha hecho públicos, a través de esa suerte de memoria-poesía-novela titulada Entreguerras (Seix Barral). El escritor recibirá hoy el Premio Cervantes de las Letras en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Solo que para llegar hasta ahí el camino ha sido largo y los primeros pasos cruciales. De eso, entre otras cosas, dialogó Caballero Bonald en su casa con el también poeta, narrador y ensayista —y andaluz— Joaquín Pérez Azaústre. Un maestro y un discípulo. Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) está en un rincón del salón de su casa, sentado en su mecedora de espalda a la caída del sol, tamizada por unos estores blancos, y Pérez Azaústre, en diagonal, a su izquierda, en una silla de piel.
Joaquín Pérez Azaústre. Me gustaría que me contaras cuándo tuviste tu primera sensación de escritor.
J. Manuel Caballero Bonald. Son dos momentos y los tengo muy claros. Uno fue cuando descubrí a Espronceda, no al poeta, sino al hombre de acción que con 33 años ya había hecho de todo; incluso había estado preso por su republicanismo, además exiliado y hasta escapado con la mujer de otro. Supe que tenía que imitar su espíritu aventurero cuando supe que una noche vio unas luces en una ventana, se acercó y era un velatorio, y descubrió que era su amante. Supe que quería ser como él. El otro momento fue con la segunda antología poética de Juan Ramón Jiménez. Me mostraba un camino desconocido y eso me emocionaba como lector.
J. P. A. Pero antes habías tenido una relación con el cómic estadounidense, con Flash Gordon y Mandrake el mago. Ahora hay amigos míos que reivindican la lectura de cómics como una fuente de inspiración.
J. M. C. B. Sí, pero Flash Gordon era mi héroe infantil, aunque leía muchos más. Lo que yo quería era imitar a los protagonistas. En mi discurso del Cervantes hay una alusión a mi descubrimiento del Quijote. Normalmente la gente se acerca a él de manera traumática, pero un profesor me lo dio a leer en una selección de aventuras; ese fue mi inicio y quedé deslumbrado, sobre todo por la figura de Alonso Quijano, que se echa al campo a defender a los perseguidos. Quise emularlo.
J. P. A. Hay un sentido de adivinación fundamental en tu vida...

Bonald: "Flash Gordon era mi héroe infantil, aunque leía más comics. Lo que yo quería era imitar a los protagonistas"
J. M. C. B. La novela de aventura ambientada en el mar fue decisiva para mí. El mar ha sido para mí la aventura. Quise ser marino mercante porque quería emular a mis héroes.
J. P. A. He releído Las adivinaciones,tu primer poemario, después de Entreguerras, tu último libro: veo temas continuos. ¿Cómo te llevas con ese primer libro?
J. M. C. B. Me siento bastante distante. Ahora, releído, noto que psicológicamente estaba envarado, con voz impostada, y eso me incomoda un poco. Defiendo la adjetivación, la forma de penetrar en la realidad y en Las adivinaciones eso está insinuado pero el desarrollo del poema era ingenuo, no había perdido la inocencia (se ríe Caballero Bonald).
J. P. A. Otra constante es que configuras la realidad para luego desconfigurarla.
J. M. C. B. Me viene del simbolismo, de Góngora, de Machado… Ellos fueron importantes, al igual que Mallarmé y Rimbaud. Trabajo ese concepto. La palabra más que suplantar la realidad, la recrea. El realismo, la copia, es desfigurar la literatura. La literatura es una interpretación. De eso sabes tú también porque lo haces…
J. P. A. Bueno, yo hago lo que puedo. Me llama la atención cuando dices que El Quijote solo lo pudo escribir un gran poeta.
J. M. C. B. Y no se puede llegar más lejos. Ágata ojos de gato es un poema alegórico dantesco; es mi libro predilecto. Conseguí ese injerto de la prosa y la poesía. Yo fui primero poeta, la poesía es una escuela inimitable. El ejercicio de la poesía te hace respetar la palabra, hacer que su búsqueda sea casi como crear un mundo. Y eso lo hace el poeta y no lo olvida cuando se es novelista.
J. P. A. Juan Ramón Jiménez decía que todo era poesía. Y tú has sido valiente en difuminar las fronteras de los géneros.
J. M. C. B. Eso Juan Ramón lo vio muy claro. Él mismo escribía el poema como si fuera prosa; y rompiendo el verso, el espacio, yo he hecho lo mismo. Yo hice el prólogo a un libro de Onetti que es mi máximo maestro: me conmueve, cuenta el revés de la vida.
J. P. A. ¿Y el compromiso del poeta con la sociedad?
J. M. C. B. La temática es circunstancial. Yo puedo hablar de desahucios ahora pero a través de un lenguaje que se esté desarrollando de una manera poética. La poesía social se empobreció, y pecó de superficial en el sentido de no preocuparse por la forma.
J. P. A. Los libros... ¿se comunican entre sí?
J. M. C. B. Puede que se comuniquen de noche y produzcan complicidades.
J. P. A. Somos autores pero antes que nada lectores, somos producto de nuestras lecturas…
J. M. C. B. La lectura es fundamentalmente un placer.
Y siguen hablando, como dos amigos que tratan de desentrañar el pasado y dar forma a los orígenes del Caballero Bonald de hoy. Del autor cuyo primer verso, hace 61 años, fue un poema titulado Ceniza son mis labios:
“En su oscuro principio, desde
su vacilante estirpe, cifra inicial de Dios,
 alguien, el hombre, espera”.

lunes, 18 de marzo de 2013

PRENSA CULTURAL. "Caballero Bonald o el placer de leer por razones estéticas"

Caballero Bonald

   En "El País":

Caballero Bonald o el placer de leer por razones estéticas

El último premio Cervantes reconstruye su biografía lectora en Oficio del lector

Artículos, reflexiones y discursos en los que da claves de sus autores preferidos y la evolución del gusto

 Madrid 20 FEB 2013

"Creo que ha significado mucho, que ha sido un perseverante aprendizaje literario, aunque no fuera siempre consciente de ello… Yo me hice escritor porque leí primero a unos escritores que me emocionaron, que me abrieron un camino. Sin esas lecturas previas, estoy seguro que no me habría dedicado a cultivar la literatura. Y además, el hecho de haber sido un lector constante a lo largo de los años, también me ha servido para ir calibrando la natural evolución de mis gustos estéticos". Con estas palabras José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) cuenta lo que ha significado y significa la lectura en su vida. Una apreciación que cobra especial vigencia en estos días cuando este poeta, narrador, ensayista y último premio Miguel de Cervantes, que recibirá el 23 de abril, publica el libro Oficio de lector (Seix Barral), una serie de artículos y conferencias sobre escritores, básicamente, en español.
Es un recorrido por una galería de recuerdos literarios. Un entretenido y culto viaje por las lecturas de un lector como Caballero Bonald, por sus impresiones, opiniones y afectos a autores y obras en los que parece escucharse la voz nítida del escritor jerezano, sus palabras redondas que llevan al lector por los pasadizos de la creación literaria. De los cambios del gusto, de la preferencia, de la percepción o del rastro que han dejado en él.
Por eso, ante la pregunta de cuáles son los autores cuya opinión ha cambiado, primero muy a favor y luego no tanto y viceversa, Caballero Bonald reconoce que no sabe, "así a primera vista"; pero luego reconoce que si lo pensara bien le saldrían más autores de los que puede citar. Entonces se anima: "Que yo recuerde, y sin salirnos de la órbita de la lengua española, cada vez me siento más alejado de escritores tan distintos como Unamuno o Baroja, León Felipe o Manuel Machado, y al contrario, cada vez aprecio más a Valle-Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Onetti, a Rulfo, a Lezama… El caso es que el gusto se modifica con el paso del tiempo y que hay libros que un día resultaron atractivos y pueden acabar siendo prescindibles. Y al revés, claro". Y no duda en señalar que un escritor que no está tan bien valorado como debiera pero que todos deberían leer es Benito Pérez Galdós.

Cada vez aprecio más a Valle-Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Onetti, a Rulfo, a Lezama… El caso es que el gusto se modifica con el paso del tiempo y que hay libros que un día resultaron atractivos y pueden acabar siendo prescindibles. Y al revés, claro
Una recomendación que podría trasladarse, especialmente, al 37% de los españoles que no lee, según el reciente barómetro de Hábitos de lectura y compra de libros 2012 presentado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Una cifra alta dentro de la Unión Europea lo que hace recordar a Caballero Bonald que hace no tanto esa cifra era la mitad. ¿Las razones de esos índices? Supone que se trata de "una cuestión pedagógica o, mejor, de educación escolar. Si no se inculca en los niños el amor por el libro, la libre aventura de leer, incluyendo la opción a sustituir un libro que no agrade por otro, las cosas seguirán yendo mal… O seguirá produciéndose el consumo de ínfimos productos de la subliteratura".
Tras esta advertencia el premio Cervantes explica por qué es importante leer, por qué se debe leer: "Hay muchas respuestas a esa pregunta. Yo, personalmente, leo por razones estéticas, sin atender mayormente a otros aspectos argumentales, a todas esas copias miméticas de la realidad. Los únicos argumentos que me interesan son los de los heterodoxos. Yo leo por el placer estético que me produce la poesía o la prosa que va más allá de las palabras propiamente dichas. Si el libro que leo no me seduce por ese camino, lo abandono, adiós muy buenas. Pero también entiendo a los que leen por instruirse, por distraerse, y compadezco a los que leen por obligación".
Su lecturas placenteras, además de las obras de Miguel de Cervantes, son de autores como Fernando de Herrera, Góngora, Quevedo, Bécquer, Clarín, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Lezama Lima, García Lorca, Olga Orozco, Juan Rulfo, Álvaro Cunqueiro, Álvaro Mutis; y entre los escritores en otros idiomas figuran Dostoievski, Mallarmé, Eliot, Albert Camus, Paul Bowles...

Yo, personalmente, leo por razones estéticas, sin atender mayormente a otros aspectos argumentales, a todas esas copias miméticas de la realidad. Los únicos argumentos que me interesan son los de los heterodoxos.
Es su biografía lectora Una biografía lectora De todos ellos y de muchos más escribe el autor de obras como Entreguerras, Dos días de septiembre, Ágata ojo de gato, Toda la noche oyeron pasar pájaros, En la casa del padre y Campo de Agramante. Textos esparcidos de reflexiones, análisis, emociones, recuerdos. Incluso confesiones. Como esta que recoge parte del espíritu del autor y del libro: "Yo he sido un lector de Dostoievski bastante indisciplinado. En realidad, he sido un lector indisciplinado de casi toda la literatura que más me ha ido afectando y a la que he vuelto con metódica envidia".
O como cuando habla de Bowles: "A medida que uno no se hace viejo va desarrollando una cierta especialización sensitiva en cuanto al control de calidad de las obras ajenas, aun sin haberlas frecuentado de hecho. Por ahí se filtra lo que a todas luces puede parecer una predicción arbitraria y termina siendo un baremo irrefutable".
Confesiones de José Manuel Caballero Bonald que el 28 de febrero será investido Doctor Honoris Causa por la Uned y el 23 de abril recibirá el Premio Cervantes, donde hablará sobre la poesía en la obra del autor del Quijote. Un trazo biográfico de un lector que lee por el placer estético y que reconoce: "Si el libro que leo no me seduce por ese camino, lo abandono, adiós muy buenas".

martes, 4 de diciembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Sobre Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012

José Manuel Caballero Bonald

   En "El País":

El triunfo poético de la desobediencia

José Manuel Caballero Bonald, poeta, narrador, memorialista y ensayista andaluz, obtiene a los 86 años el reconocimiento más importante de las letras españolas

 Madrid 29 NOV 2012

“Yo soy un escritor de la estirpe de los desobedientes. De la línea que en España viene de Góngora, que le gusta inventar en contra de la tradición; no soy heredero de la literatura de la posguerra, realista, naturalista. Me siento más unido a esa tradición latinoamericana de autores como Lezama, Rulfo, Carpentier… de la tierra donde he vivido tantos años”.
Son las 61 palabras con las que se autorretrata José Manuel Caballero Bonald, tres horas después de que el ministro de Educación Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, lo llamara para comunicarle que había sido distinguido con el Premio Miguel de Cervantes 2012. Era la una y media de la tarde y el poeta andaluz de 86 años (Jerez de La Frontera, 1926) estaba en su casa de Madrid, precisamente, revisando un artículo de Cervantes que incluirá en el libro que saldrá en enero titulado Oficio de lector (Seix Barral), donde reúne sus reseñas, conferencias y prólogos que revelan sus predilecciones literarias. Una noticia con doble efecto inmediato: orgullo y la mejoría de un catarro que arrastra desde hace 10 días.
“Me emociona, y yo soy muy llorón, sobre todo porque es un premio que recompensa y corona una vida entera dedicada a la literatura. Era mi turno”, reconoce este poeta, narrador y ensayista que con este premio clausura un año especial porque hace 60 publicó su primer poemario, Las adivinaciones, y hace 50 debutó en la novela con Dos días de septiembre.Hechos que destacó el académico Darío Villanueva, miembro del jurado en la lectura del fallo: “Su primera dedicación fue poética y la ha mantenido viva hasta hoy. No ha guardado la pluma y sigue presente en nuestro repertorio. Fue evolucionando hacia una novela que nunca renunció a la poesía de la palabra, es un fabulador de historias y un maestro en el uso del idioma”.
Pertenece a una estirpe de escritores activos, inquietos y sin miedo a la exploración de las palabras por su significado y sonido en busca de borrar las fronteras de los géneros literarios. Uno de los sobrevivientes de la llamada “generación de los años cincuenta” de la cual forman parte autores como Juan García Hortelano, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Claudio Rodríguez.
Literatura, Latinoamérica, influencias, Cervantes y el discurso que daría y la mirada sobre el presente son los aspectos sobre los que Caballero Bonald habla, sentado en su mecedora, en una esquina del salón, con una voz musgosa por el catarro, pero sin perder su habitual redondez y claridad en la pronunciación.
“Esa generación del cincuenta ha sido valorada de manera intermitente por los críticos. No ha tenido un enfoque serio. No creo en los grupos, creo en los nombres propios, y en este caso Barral, Valente, Claudio Rodríguez o Francisco Brines. Poetas que han dado a la poesía del siglo XX un giro nuevo. Han aprovechado la enseñanza de los del 27 y han hecho cosas tan valiosas como ellos”.
Y brota la evocación con la amistad que los unía hasta topar con su propia poesía:
“No tengo mucho que ver con la tradición del realismo de Galdós o Baroja. Me distancio del sencillismo y escritura de vuelo rasante que es una copia de la realidad y le falta interpretación. Me siento más cerca de América Latina: mi padre era cubano, viví en Colombia, recorrí el continente, allí hice mis primeros amigos literarios y descubrí a esos autores que no temen explorar. Todo gran escritor es un gran desobediente”.
Mientras sus palabras siguen creando su autorretrato personal y literario, los teléfonos no dejan de sonar, incluido el timbre, pero ahí está Pepa Ramis, su esposa, despejando la vorágine, y a quien dedica el premio; para luego hablar de sus primeras pasiones:
“Los latinos. Desde que era joven leía a Horacio, a Virgilio… Cuando traducía latín me resultaba placentero e inigualable. Quizá haya restos de todo eso en mi poesía. ¡Yo soy sobre todo poeta y memorialista! En cambio, soy novelista de producción discreta. La novela me ha interesado a ráfagas. De mi obra novelística solo salvo Ágata ojo de gato porque tiene mucho de mi poesía y búsquedas. Las otras son ejercicios literarios discretos”.
No así Entreguerras (Seix Barral), su libro de enero pasado, una suerte de autobiografía de casi 3.000 versos que transmiten el ritmo del flujo torrencial de los recuerdos y la memoria. Ha anunciado que es lo último:
“No me queda tiempo para plantearme un libro a largo plazo. Pero no podré escapar de dos palabras que busquen juntarse para crear un verso. Las depositaré en la memoria y no podré resistirme a no escribir un poema”.
Hasta que hace una confesión sobre el Premio Cervantes y el discurso que dictará el 23 de abril:
“Es un premio en el que uno piensa intermitentemente. Todos los escritores lo hacen. Y yo tengo por ahí un texto sobre Sevilla y Cervantes, donde sus pasos por aquella gran Babilonia del XVI y XVII. La poesía de Cervantes ha sido mal entendida y menospreciada. Con Cernuda pensábamos que era un gran poeta. Alguien que escribió El Quijote es un buen poeta”.
Las palabras de Caballero Bonald deambulan por los territorios cervantinos hasta retornar al de sus deudas literarias a través de lo que ha estudiado y sido en sus 86 años:
“¿Náutica? Se hacen ejercicios de cálculo de navegación. Y yo tengo una secreta vocación por las matemáticas. Eso era lo que hubiera querido ser. La poesía es música y matemáticas. Para eso me ha servido, para aplicar cierto rigor en la estructura poética. En cambio, la astronomía no me ha servido para nada. Menos aún Filosofía y Letras porque la facultad donde estudié era inservible. Lo mío es la vida contemplativa. Es mi vocación. Me gusta ver pasar la vida debajo de un árbol…”.
En ese mirar la vida, su descripción del presente en España es como uno de sus últimos versos: “Me produce zozobra creciente. Estamos en un camino tenebroso. No se sabe qué ocurrirá mañana que no haya pasado ya. Son los umbrales de la catástrofe”.