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domingo, 12 de junio de 2016

PRENSA. SÁHARA OCCIDENTAL. "Escuelas en el desierto"

   En "El País":

Escuelas en el desierto

Para los niños con discapacidad de los campamentos saharauis no es fácil ir al colegio

Un grupo de profesoras ha impulsado la creación de centros especializados en su cuidado

 Sahara Occidental 7 ABR 2015  

  • Un niño juega con un avión de juguete en uno de los centros para discapacitados de los campamentos saharauis. / JAVI JULIO (NERVIOFOTO)


    "Al principio había gente que tiraba piedras al tejado de la escuela y nos llamaba locas", recuerda Fátima, directora del centro de discapacitados de Dajla, uno de los campamentos de refugiados saharauis de la provincia de Tinduf, en el desierto argelino. Este 2015 se cumplen 40 años desde la ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos. Desde entonces, alrededor de 180.000 saharauis viven como refugiados en este territorio.
    Fátima no es una docente cualquiera; posee el honor de ser una de las primeras y mayores impulsoras de la educación para niños con patologías mentales y físicas en los asentamientos. Pero ella, por entonces, aún no lo sabía.  "Estudié Educación Infantil en Cuba y, al regresar a los campamentos, comencé a trabajar en una guardería". Corría 1993 y la guerra que mantenían el Frente Polisario y Marruecos había entrado en tablas hacía unos meses. Comenzaban entonces las negociaciones y pronto, el esperado referéndum y la solución al conflicto. "Pensé que estaría trabajando aquí sólo por un tiempo", confiesa mientras baja la mirada y esboza una mueca amarga.
    Mientras ajusta con sus manos una colorida melfa sobre su cabeza, mira hacia el suelo e intenta ordenar sus recuerdos. Y la sonrisa se dibuja otra vez. "Conmigo habían regresado varias amigas más que habían terminado cursos de Educación Especial y, entre las cuatro, intentamos buscar una solución para las personas con deficiencia mental que fueran más allá de lo asistencial".

    Teníamos energía, queríamos construir centros pero no sabíamos por dónde empezar
    Fátima, profesora
    Hasta entonces, los discapacitados vivían apartados o vagaban por la calle, pasando el tiempo sin hacer nada. Otros no salían de sus jaimas. Y a pesar de que algunos se matriculaban en las escuelas ordinarias, no acudían al colegio por miedo o vergüenza de sus familiares. Por aquel entonces, sólo existía un centro para discapacitados en los campamentos. Estaba en el de Smara y fue bautizado como el centro de Castro porque su creador fue un cubaraui, es decir, uno de los saharauis que fueron acogidos y educados en Cuba. "Teníamos energía, queríamos construir centros para todas las wilayas (campamentos saharauis), pero no sabíamos muy bien por dónde empezar", afirma Fátima.
    Tras hablar con varias asistentas que tenían un registro de personas con deficiencias, decidieron dar un paso más. Fátima dejó su trabajo en la guardería y se centró en la creación de estas escuelas. "Al principio nos dedicábamos a ir de jaima en jaima buscando a los chicos, hablando con sus familias... No tuvimos una gran acogida", recuerda, "aunque unas pocas accedieron".
    En estos duros inicios, cuando hay que construir desde cero la creación de las escuelas, comienza la lucha contra las supersticiones o viejos mitos. "¿Para qué quieres llevarte a mi hijo? No sabe hacer nada, no anda, se cae... Sólo mira al cielo y ríe sin sentido", espetaban algunas madres. Respuestas de este tipo ponen a prueba la determinación de estas cuatro mujeres, que no cejan en su empeño. Entonces comienza el trabajo explicando la necesidad de estar escolarizados, de juntarse con otros chicos, de hacer valer su potencial. Al principio, muchas familias se negaban a reconocer la discapacidad de sus hijos, incluso cuando éste era evidente, pues lo consideraban una vergüenza para la familia.
    "El trabajo con los parientes durará años", afirma Mamia Brahim. Mamia, como Fátima, es también directora de un centro de educación especial, en este caso en la wilaya de Auserd. Formada gracias a la ayuda de varias becas, estudia entre Argelia e Italia, de donde conserva el acento cuando intenta chapurrear algunas palabras en castellano. Yamila, como se la conoce en el centro, es una mujer de pequeña estatura pero llena de energía. Llegó siendo una niña con su familia a Tindouf en 1975, huyendo de las bombas y del napalm. El paso del tiempo le ha hecho olvidar Smara, la ciudad del Sahara Occidental donde nació, de la que afirma ya no recordar nada. "La gente no confiaba mucho en nuestro trabajo. Durante años estuvimos trabajando con las familias para que trajeran a sus hijos al centro y vieran nuestro trabajo y se concienciaran. Fueron años duros".
    Sin embargo, ese trabajo de hormiga ha dado con el tiempo sus resultados. "Hemos conseguido que las madres acudan con sus hijos o que vengan a resolver dudas o a buscar orientación cuando éstos son pequeños", afirma la profesora.
    Una vez que logran que varias familias se comprometan a llevar a sus hijos a la nueva escuela, queda por resolver el problema del espacio. "Fuimos a hablar con el gobernador explicando nuestras intenciones y se mostró receptivo: nos cedió un local para trabajar. Ya teníamos un local,  pero ni siquiera había sillas donde sentarnos", exclama entre risas Fátima. "Entonces comenzó la búsqueda de material entre las escuelas ordinarias, consiguiendo que nos cedieran mobiliario, libretas, pinturas...".
    Los refugiados saharauis dependen casi por completo de la ayuda internacional por lo que, al comienzo, la búsqueda de material se emprende dentro de los campamentos, algo que limita el éxito porque no hay muchos lugares a donde ir. "La falta de recursos se suplía con la ilusión del comienzo" sentencia Fátima.

    La integración de los talleres

    Un turbante negro protege a Mohamed Salem Hamudi del implacable sol del desierto. Viene de Rabuni, el campamento donde se encuentran todos los ministerios de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), de donde acaba de terminar una reunión. Su papel como director de los centros es coordinar sus actividades, preparar los viajes de los niños saharauis que pasan los veranos en España, cursos con cooperantes... "No hay tiempo para aburrirse" afirma divertido.
    Al entrar en la jaima, se descalza y comienza a saludar a sus primos. Se tumba en el suelo y busca acomodo con ayuda de un cojín. Ha sido un día interminable. Lembrabit, uno de sus primos, atiza unas brasas y pone a calentar agua en una tetera. En un rato comenzará el ritual del té.
    Mohamed, o Paisano, como le conocen sus vecinos tras su paso por Cuba, lleva coordinando las escuelas desde hace más de 10 años. Este saharaui con acento cubano comienza a haciendo una fotografía de la situación actual:

    Más de 200 alumnos acuden ya a las escuelas donde, además, reciben la comida del día
    "Las cosas han cambiado mucho desde aquellos primeros años. En total hay cinco centros para discapacitados y cuatro más para ciegos. Más de 200 alumnos acuden diariamente a las escuelas donde, además, reciben la comida del día", señala con orgullo. Hay más niños matriculados, pero la falta de transporte las enfermedades o la necesidad de cuidados más específicos les impide acudir, como sus compañeros, con regularidad.
    Los talleres de las escuelas cumplen una función integradora. Hay cursos de carpintería, donde los alumnos hacen puertas y ventanas, o de costura, donde las chicas cosen vestidos o banderas. Los ingresos que logran con su venta son para auto financiarse. "Por ahora no es mucho lo que conseguimos", confiesa Mohamed, "porque dependemos por completo de la ayuda internacional, pero la idea es esa". Mientras tanto, cumplen con su cometido creando sentimientos de confianza y autonomía en sus usuarios para cuando les llegue la hora de comenzar a trabajar.
    El tiempo libre escasea. Además de las actividades educativas, dentro de varias semanas se celebrará, como todos los años, el Sahara Marathon, un acontecimiento en el que también colaboran las escuelas de educación especial. En ediciones anteriores, varios de los alumnos corrieron acompañando a los atletas.
    El té comienza a hervir, y Lembrabit lo reparte lentamente entre varios vasos, volcando el líquido una y otra vez. Por un momento, se hace el silencio en la habitación. Paisano saborea su té dando pequeños sorbos. El sonido de su teléfono móvil interrumpe el descanso. Se levanta y lentamente, comienza colocarse el turbante de nuevo. Varios cooperantes acuden al campamento para realizar un curso de formación para el profesorado, y tiene que ir a buscarlos. "Cómo ves, esto es un no parar", se disculpa antes de salir. "Siempre queda trabajo por hacer".

    miércoles, 23 de marzo de 2016

    PRENSA. "No creas todo lo que dicen de los ODM". Jan Vandemoortele

       En "El País":
    RED DE EXPERTOS PLANETA FUTURO

    No creas todo lo que dicen de los ODM

    Se pretende hacernos creer que el mundo ha conseguido varios de los objetivos, como reducir a la mitad la pobreza extrema. Sin embargo, tal afirmación es incorrecta


    LUSMORE DAUDA

    Los Objetivos de Desarrollo del Milenio están actualmente en el punto de mira. Los ODM contienen unas 20 metas que el mundo tiene que lograr este año. Los líderes de cada país se comprometieron, entre otros, a reducir a la mitad el hambre, la pobreza y la proporción de la gente sin agua potable entre 1990 y 2015. También a reducir la mortalidad infantil de dos tercios y la mortalidad materna de tres cuartos; y a asegurar que todos los niños del mundo estuvieran en la escuela primaria a finales de 2015.

    Estadísticas bajo esteroides

    Ahora, se afirma que un número de estas metas han sido alcanzadas. Supuestamente, se pretende que el mundo ha reducido a la mitad la cantidad de personas en situación de pobreza extrema, así como el número de personas sin acceso a agua potable. Sin embargo, estas afirmaciones son incorrectas. Si un universitario quisiera probar estos teoremas, nunca obtendría el diploma, simplemente porque los datos disponibles no le permitirían justificar tales afirmaciones. El discurso de que el mundo ha logrado algunas metas se repite seguido, incluso por personas que deberían saber mejor la realidad.
    ¡Es tan tentador abusar de las estadísticas para defender posiciones políticas o por propio interés! Ya hace más de un siglo, el poeta escocés Andrew Lang (1844-1912) entendió este peligro cuando escribía: “Ellos usan las estadísticas como los borrachos utilizan una farola, para apoyarse y no para alumbrarse”. En aquella mima época, el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) lo expresó de la siguiente manera: “Hay tres tipos de mentiras: mentiritas, mentiras y estadísticas”.

    Progreso, sí. Metas alcanzadas, no

    Según los datos disponibles y fiables, el mundo logrará una sola meta al final de 2015. Es el objetivo de que haya tantas niñas como niños en la escuela primaria. Y esta es sólo media victoria. La triste realidad es que unos 50 millones de niños en el mundo todavía no están matriculados en la escuela y que la calidad de la educación sigue siendo pobre.
    Esto no quiere decir que no se hayan logrado avances desde 1990, ni mucho menos. Hoy en día, hay menos pobreza, hambre y analfabetismo en el mundo que hace 25 años. La mortalidad infantil y materna ha bajado. Más personas tienen acceso a agua potable, mosquiteras y medicamentos contra el sida. Pero esto no es una justificación para dar un panorama color de rosa a los ODM. Sobre todo cuando sabemos que el progreso fue acompañado por la creciente desigualdad, de manera que las personas más pobres gozan de poco o nada de ese progreso.

    ¡Es tan tentador abusar de las estadísticas para defender posiciones políticas o por propio interés!
    Los objetivos supuestamente alcanzados tienen una cosa en común: no son objetivamente observables. Dado que aquellos en materia de pobreza y agua potable son difíciles de medir, es imposible determinar con algún grado de exactitud cuántas personas escaparon de la miseria o a cuántos se les ha dado acceso al agua potable. Echemos un vistazo a cómo las estadísticas pueden conducir a afirmaciones sin fundamento.

    Pobreza

    El Banco Mundial publica estadísticas sobre el número de personas pobres en los países en desarrollo. Esto se hace basándose en la línea de pobreza de vivir con menos de 1,25 dólares al día, expresada en el poder adquisitivo de un dólar en EE UU en el año 2005. El hecho de que estas estadísticas se citen a menudo podría sugerir que son robustas. Pero no lo son. Hace unos años, el Banco Mundial revisó sus estimaciones, lo que resultaba en un aumento de más del 40% de pobres en el mundo. Una corrección de esa amplitud no puede ser considerada como un refinamiento estadístico. Por el contrario, confirma que la medición de la pobreza en el mundo es muy difícil, si no imposible. Varios expertos de universidades de renombre han demostrado de manera convincente que las estadísticas de la pobreza mundial son poco fiables; y, de hecho, pueden ser hasta engañosas.
    Las estadísticas de la pobreza mundial son problemáticas porque no se basan en observaciones directas. La desnutrición, por ejemplo, se puede determinar directa y objetivamente, midiendo la estatura, el peso y la edad del niño. Pero la observación directa no permite determinar si ese niño vive por debajo del umbral de la pobreza extrema de 1,25 dólares al día. Eso requiere una gran cantidad de información, cálculos detallados, modelos complejos y numerosos supuestos. Por ejemplo, conocer el valor de la producción para uso propio, el alquiler de la casa propia auto-ocupada, la distribución nacional del ingreso, la paridad del poder adquisitivo de la moneda nacional; y así sucesivamente. En última instancia, todas las estimaciones obtenidas contendrán los errores y las suposiciones falsas que se hacen en el proceso de cálculo. Ya que se basan en la suposición ingenua de que los hogares asignan sus recursos en partes iguales entre los miembros de la familia y que el ingreso familiar puede aumentar debido a más trabajo infantil. Lo que hace que estas estadísticas no solamente sean incorrectas sino también engañosas.
    La afirmación de que la pobreza mundial se redujo a la mitad tiene que ver más con la forma en que se mide la pobreza que con lo que se puede observar directamente. Todo esto se hace para poder afirmar una posición deseada o llegar a una conclusión preconcebida. Esto confirma lo que el economista británico Ernst Schumacher argumentó en su libro Small is Beautiful (1973): “La medición de lo inconmensurable es un método complicado para llegar a conclusiones predeterminadas”.

    Agua Potable

    Otra afirmación basada en suposiciones erróneas es que el mundo ha alcanzado la meta sobre el agua potable. El acceso se mide a través de encuestas a las familias. Pero estas no comprueban la calidad del agua. Las preguntas sólo distinguen dos categorías de fuentes de suministro de agua: las fuentes mejoradas y las fuentes tradicionales. La primera incluye agua por tubería, grifos y bombas de titularidad pública, pozos protegidos y sistemas de recolección de agua de lluvia. Las tradicionales son los pozos sin protección, aguas superficiales y agua de camiones. Se supone que todas las fuentes mejoradas proveen agua potable porque, supuestamente, estas protegen el agua de la contaminación desde el exterior.
    Hasta hace poco, no había datos disponibles sobre la calidad del agua que la gente consume. El Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) van cerrando esta brecha de información. Sus datos demuestran que la contaminación microbiológica del agua se da con mucha frecuencia; sucediendo también en la obtenida de fuentes mejoradas.

    El progreso en la reducción de la pobreza y el acceso al agua potable no es tan de color de rosa como se pinta
    Si las estadísticas globales sobre el acceso a fuentes mejoradas de agua se corrigen por la mala calidad del agua, bajaría considerablemente el porcentaje de la población mundial con acceso a agua potable. Estos datos niegan la afirmación de que el mundo ha logrado la meta, pero la historia que prevalece ignora que muchas fuentes de suministro de agua potable dan agua contaminada, para poder fabricar el falso argumento del éxito de este objetivo.
    En definitiva, el progreso en la pobreza y el agua potable (y otros ODM) no es tan de color de rosa como se afirma. Debemos ser honestos y admitir que no todas las estadísticas son suficientemente robustas; y que algunas son muy imperfectas. Afirmar que el mundo ha alcanzado varios objetivos puede ser tranquilizador para algunos, pero es irresponsable.

    África

    El discurso predominante afirma que el progreso en África subsahariana va a la zaga. Esto también es una verdad a medias. No es menos rápido que en otras partes del mundo; todo lo contrario. En muchas áreas, la situación en África ha mejorado más rápidamente que en otros lugares. Desde 1990, por ejemplo, la tasa de matriculación en la escuela primaria ha aumentado 2,5 veces más velozmente en África que en otras parte del planeta.
    Por supuesto, África no alcanzará los ODM, ya que la región comenzó a partir de un nivel de desarrollo humano mucho más bajo. Sin embargo, echar la culpa a este continente de que el mundo no va a alcanzar todos los ODM es totalmente injustificado.
    La pregunta que debe plantearse no es si África va a lograr o no los ODM, sino si África ha contribuido proporcionalmente, con su parte, al progreso mundial. Y ese es, ciertamente, el caso. De hecho, los Objetivos de Desarrollo del Milenio son colectivos, para ser alcanzados por todos los países juntos. No están diseñados para ser conseguidos por cada país individualmente. Que África no logre los ODM no quiere decir para nada que el mundo no pueda. En Inglés suena así: Africa is not missing the targets, we are missing the point. El punto es: no es que África no esté alcanzando las metas, es que nosotros no llegamos a entenderlas de una manera correcta.
    Jan Vandemoortele es doctor en Economía y es considerado padre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

    miércoles, 16 de marzo de 2016

    PRENSA. "El reto de limpiar India"

       En "El País":

    El reto de limpiar India

    La mitad de la población india defeca al aire libre. El Gobierno tiene en marcha un enorme plan de más de 26.000 millones de euros para instalar inodoros y reducir la suciedad


    Unos niños beben agua de un pozo en Madhubani, en la región india de Bihar. / DHIRAJ SINGH (UNICEF)

    En la actual India del progreso tecnológico y de las grandes compañías de telecomunicaciones, 600 millones de personas defecan entre matojos, en las vías del tren o a campo abierto, informa la Organización Mundial de la Salud (OMS). La segunda gran potencia asiática consigue hitos astronómicos como la primera misión de bajo coste a Marte, mientras genera 55 millones de toneladas de desechos sólidos urbanos al año según datos del Instituto de Energía y Recursos de Nueva Delhi.
    La falta de higiene es un problema que el país del elefante arrastra desde hace décadas. Gandhi ya sostenía que hacer de India una nación limpia era tan fundamental como la propia independencia. Por eso el presente gobierno de Modi ha prometido cumplir el reto para el 2019; coincidiendo con el aniversario del nacimiento del icónico líder hindú.
    La misión Swachh Bharat —Limpiar India en hindi—, pretende construir alrededor de 120 millones de inodoros, según datos confirmados a EL PAÍS por Shri Sujoy Mojumdar, director de saneamiento del Ministerio de Higiene y Aguas Potables. Actualmente se construyen alrededor de 14.000 retretes al día, con lo que este programa espera triplicar el número.
    Para conseguir esta gigantesca misión, el gobierno desembolsará cerca de dos billones de rupias —25.600 millones de euros— con los que instalar inodoros y reducir la cantidad de basura. El plan está en su primera fase y se desconoce la tecnología a usar y la empresa con la que trabajará para la producción de los 120 millones de urinarios. Pero el gobierno considera que esta cantidad será suficiente para atender las necesidades de los 600 millones de indios que defecan al aire libre, ya que las encuestas establecen una media de cinco miembros por hogar.
    El presidente Modi se ha propuesto el objetivo dinamizar la economía de India por todos los medios. Su anterior gestión en el estado de Gujarat fomentó el crecimiento y la inversión extranjera, aupándole a la presidencia del país. Pero permitir que la mayoría de los ciudadanos se beneficien del auge económico nacional depende en gran medida del éxito del ambicioso plan sanitario Limpiar India.
    La ausencia de sistemas de saneamiento apropiados genera daños para la salud y pérdidas económicas. Unicef estima que las enfermedades relacionadas con la insalubridad matan a 500 bebés indios cada día. La falta de higiene es también la causa del absentismo laboral y escolar por el que India pierde el 6,4% del Producto Interior Bruto anual en tratamientos sanitarios, según los datos del Banco Mundial en 2006.
    El gobierno de Modi no estará solo para enfrentarse a la tarea de limpiar India. Agencias internacionales y organizaciones no gubernamentales como Unicef o WaterAid brindarán apoyo logístico, mientras que el Banco Mundial contribuirá con cerca de 500 millones de euros para la puesta en marcha del programa en 9 de los 27 estados del país.

    Unicef estima que las enfermedades relacionadas con la insalubridad matan a 500 bebés indios cada día
    Pero no es la primera vez que un ejecutivo indio se propone emprender tamaño reto. Desde 1986, varios programas nacionales han intentado acabar con la defecación al aire libre. La administración anterior se jactaba de haber construido 80 millones de urinarios en la primera década del siglo XXI. Aunque el último censo mostró que éstos no llegaron al millón en las áreas rurales. Sabedor de los errores de sus predecesores en el cargo, Mojumdar insiste: “Los retretes se construían con pocos incentivos para estados y distritos. Muchos quedaron obsoletos. Ahora el uso de los inodoros será evaluado y controlado”.
    La falta de control sobre los incentivos concedidos a gobiernos locales para el uso de las instalaciones fue el principal problema de las anteriores campañas, dando lugar a resultados dispares. Según el censo de 2011, el número de familias con retretes era de 30,7%, mientras que la Oficina de Encuesta Nacional India (NSSO) establecía el porcentaje en 40,6%. La discrepancia entre los datos oficiales centró las críticas de instituciones y activistas.


    Cabras comen basura en la entrada a una casa en Jaipur, una imagen común en muchas ciudades de India. / Á. L. M. C.
    El Centro por la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE) elogia que el presente gobierno quiera centrarse en la evaluación, pero considera que existen cuestiones del programa aun por esclarecer. “El proyecto no explica cómo se van a asignar los fondos para la construcción de retretes de manera apropiada. Tampoco el ministerio menciona plan alguno para mantener el estatus de áreas libres de defecaciones después de que los distritos sean incentivados por ello”, analiza directora de saneamiento y aguas en CSE, Sushmita Sengupta; en clara referencia a la corrupción existente en gobiernos locales y estatales.
    Junto al número de inodoros a construir y el control de su uso, subyace un problema de mayor envergadura. La falta de infraestructuras es una dificultad añadida para reto de limpiar India. Los resultados del último censo son reveladores; el 10% de los hogares indios no cuenta con un sistema de drenaje para aguas residuales pese a disponer de retretes. “Un gran número de pueblos y aldeas en India carecen de desagües y tuberías, lo que obliga a los aldeanos a hacer de vientre en bosques, orillas de ríos, cunetas y demás”, explica T. V. Sekher, doctor en investigación política en el Instituto Internacional para Estudios de Población (IIPS), dependiente del Ministerio de Salud y Bienestar de India.
    Desde esta universidad dedicada al análisis de políticas demográficas, recalcan que la Misión Limpiar India es el primer plan en la historia del país con grandes recursos para su puesta en funcionamiento. Pero el profesor Sekher pone en duda que se puedan cumplir los plazos: “Es un reto gigantesco; inalcanzable en cinco años”. El investigador subraya el mayor obstáculo del programa: “La cuestión básica ha quedado fuera del debate. Incluso si se construyen retretes gratis, no se usan. Muchos inodoros fabricados por instituciones públicas y sin ánimo de lucro han sido usados como almacenes por la población rural”.

    La falta de higiene es la causa del absentismo laboral y escolar por el que India pierde el 6,4% del PIB anual 
    Cambiar los hábitos de gran parte de la ciudadanía india acostumbrada a quemar la basura al aire libre o de orinar en el exterior de retretes públicos no se hace sólo con inversiones gigantescas. El PIB de los vecinos Bangladesh y Afganistán es mucho menor y en estos países sólo defecan al aire libre el 3% y el 15% de la población, respectivamente; lo que contrasta con el casi 50% que lo hace en India.
    Según los datos del ministerio, el 15% de la inversión se dedicará a campañas de información, educación y comunicación (IEC). Consciente de la magnitud de la tarea y pragmático como es, Modi predica con el ejemplo. Junto otros tres millones de empleados gubernamentales, dedicó unas horas a limpiar las sucias calles indias durante el último aniversario del nacimiento de Gandhi, un día festivo. El gobierno también recaba apoyos entre la sociedad civil para sensibilizar sobre la relevancia de la misión. Personajes y organizaciones de renombre como la estrella nacional de cricket Sourav Ganguly o el grupo India Times han aceptado contribuir activamente en la campaña nacional.
    El éxito del programa sanitario depende de la participación de la sociedad en su conjunto. Su consecución ayudaría a acercar las distancias abismales que separan a la India rural de las grandes metrópolis financieras del país; el verdadero reto del país asiático. Está por ver si la misión de limpiar India es, o no, otra más que acaba perdiéndose por el desagüe.

    domingo, 7 de febrero de 2016

    SOCIOLOGÍA. Entrevista a Zygmunt Bauman

       En "Babelia":

    Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa”

    Es la voz del 'precariado'. El sociólogo denuncia la desigualdad y la caída de la clase media. Y avisa a los indignados de que su experimento puede tener corta vida

    Zygmunt Bauman, en Burgos. En la entrevista habla del impacto de las redes sociales /VÍDEO Y FOTOS: SAMUEL SÁNCHEZ

    Acaba de cumplir 90 años y de enlazar dos vuelos para llegar desde Inglaterra al debate en que participa en Burgos. Está cansado, lo admite nada más empezar la entrevista, pero se expresa con tanta calma como claridad. Se extiende en cada explicación porque detesta dar respuestas simples a cuestiones complejas. Desde que planteó, en 1999, su idea de la “modernidad líquida” —una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”—, Zygmunt Bauman es una figura de referencia de la sociología. Su denuncia de la desigualdad creciente, su análisis del descrédito de la política o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital lo han convertido también en un faro para el movimiento global de los indignados, a pesar de que no duda en señalarles las debilidades.
    Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años sesenta, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, junto a su colega Alain Touraine.
    Se le considera un pesimista. Su diagnóstico de la realidad en sus últimos libros es sumamente crítico. En ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (2014) explica el alto precio que se paga hoy por el neoliberalismo triunfal de los ochenta y la “treintena opulenta” que siguió. Su conclusión: que la promesa de que la riqueza de los de arriba se filtraría a los de abajo ha resultado una gran mentira. En Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, alerta de la pérdida del sentido de comunidad en un mundo individualista. En su nuevo ensayo vuelve a las cuatro manos, en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni. Se llama Estado de crisis y trata de arrojar luz sobre un momento histórico de gran incertidumbre. Paidós lo publica en España el día 12.
    Bauman vuelve a su hotel junto al filósofo español Javier Gomá, con quien ha debatido en el marco del Foro de la Cultura, un ciclo que celebrará su segunda edición en noviembre y trata de convocar en Burgos a los grandes pensadores mundiales. Él es uno de ellos.
    PREGUNTA. Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?

    Ha sido una catástrofe arrastrar la clase media al precariado. El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad”
    RESPUESTA. Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.


    Zygmunt Bauman / SAMUEL SÁNCHEZ
    P. El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?
    R. Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos precariado. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece... El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.
    P. Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.
    R. Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.
    P. Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.
    R. La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.
    P. Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.
    R. Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

    El 15-M, en cierto sentido, pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son potentes y breves"
    P. En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos.
    R. El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.
    P. Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?
    R. Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi  todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo.
    P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?
    R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.

    Estado de crisis. Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni. Traducción de Albino Santos Mosquera. Paidós. Barcelona, 2016. 157 págs., 16,95 euros

    lunes, 18 de enero de 2016

    REPORTAJE. "Kawah Ijen: el infierno en la tierra"

       En "El País":

    Kawah Ijen: el infierno en la tierra

    Los trabajadores del volcán indonesio se ganan la vida en uno de los entornos más hostiles

    Desde 1968 han muerto 80 asfixiados, despeñados, aplastados o tragados por la tierra

     Java (Indonesia) 11 ENE 2016 
  • Un trabajador carga con azufre en el volcán Kawah Ijen, en la isla de Java.
    Un trabajador carga con azufre en el volcán Kawah Ijen, en la isla de Java. / JESÚS G. PASTOR

    El azufre nace líquido y caliente, anaranjado, casi rojo como la sangre de la cabra sacrificada cada año para honrar al volcán. La degüellan viva y lanzan su cabeza, envuelta en un paño de algodón, a una grieta. Esperan serenarlo e impedir erupciones, avalanchas o explosiones de gas: su calma es aire; su furia, fuego.
    "Debemos ser agradecidos y mostrar respeto, el volcán es poderoso y nadie quiere morir", explica Haliim, que extrae azufre a diario del cráter del Kawah Ijen, en la isla de Java (Indonesia). Desde 1968 han muerto 80 trabajadores asfixiados, despeñados, aplastados por piedras o tragados por la tierra tras caer en una grieta.
    Los mineros caminan dos horas ladera arriba para llegar al cráter, a 2.836 metros de altura. Cargan agua, arroz frito, tabaco y un mechero. Desde antes del alba atraviesan un bosque que desaparece al llegar al cráter, en pocos metros, como si alguien hubiera arrancado los árboles, reventado la tierra: un rayo, una bomba, tres erupciones volcánicas que hace 3.500 años crearon una caldera de casi 25 kilómetros de diámetro formada por seis picos volcánicos de entre 1.200 y 3.050 metros. El paraje es paradójico, vivo y eterno, rocas gigantescas y afiladas buscan las nubes alrededor de un lago inconmovible.
    Cuenta la leyenda que el volcán siempre saluda a sus visitantes y que el forastero debe interpretar las andanadas de humo como bienvenida, advertencia o prohibición. Para la ciencia, más aséptica, todo depende las condiciones meteorológicas. Si hay viento, sus ráfagas esparcirán el humo por el cráter asfixiándolo todo. Si no, ascenderá en una columna monolítica. Pero los humanos vivimos más de creencias que de verdades...
    Por un sendero esculpido en la roca recorren los 300 metros de desnivel que les separan de las entrañas del cráter. Un descenso brusco a los Infiernos con pendientes de hasta el 60%. A la orilla del lago, en las grietas donde el volcán late a 250 grados, clavan las tuberías por las que saldrá el gas condensado en una sustancia líquida color azafrán. Otros tubos lo conducirán entonces hacia la tierra donde, al enfriarse, se endurecerá y oscurecerá. Del naranja al amarillo, de gota a roca.
    En el cráter no hay vida. A veces lo sobrevuelan aves. Alguna, aturdida por el humo, cae al agua y muere. Azules vivos, grises inertes, rocas, vapores de olor acre y un silencio roto por la tos y el martilleo agudo del metal contra las rocas. Más de 200 mineros rompen a golpe de lanza las rocas de azufre. Aprietan los dientes y respiran a través de un trapo húmedo, una camiseta o un sarong que proteja algo su boca, su garganta… Algún capataz lleva el casco o la máscara que dejó un periodista, pero la mayoría trabaja sin protección, sin guantes, sin gafas, sin botas, con un pañuelo y una lanza de acero. Gladiadores sin escudos.
    Donde hay hambre no hay pan duro, ni piedras irrompibles, ni humo asfixiante. Hay desgaste, cicatrices, llagas en los hombros, cortes en las manos, artrosis, escoliosis… La consecuencia visible de picar y cargar piedra cada día. Dolor cotidiano, como el humo, el agua o el azufre. "El cuerpo duele por falta de hábito al principio, las primeras semanas. Pero los músculos y los huesos son como el bambú, aguantan más de lo que parece, mucho más", desdramatiza Mohamed mientras se fuma un cigarro.

    Lecciones de geografía

    En la antigua Roma creían que los cráteres de los Campos Flégreos eran puertas a los Infiernos, donde extraños demonios sacudían la tierra y apagaban la luz del sol. En Indonesia, donde existen unos 130 volcanes activos y más de cinco millones de personas viven o trabajan en zonas peligrosas, la percepción de la realidad es distinta. Sus casi 18.000 islas son hijas de la colisión de las placas euroasiática, pacífica e indoaustraliana. Y sus 250 millones de habitantes viven sobre el llamado Anillo de fuego, una franja que recorre el planeta y aglutina el 75% de los volcanes activos y durmientes. Los terremotos son diarios y las erupciones habituales. Los niños no distinguen entre montañas (gunung) y una montañas de fuego (gunung api). El contacto cotidiano tamiza el fogonazo del primer encuentro. Las cicatrices de sus hombros acumulan décadas de cráteres y su memoria aglutina volcanes desde siempre. La perspectiva no puede ser la del turista. Donde un occidental ve peligro, ellos ven una montaña muy bella, viva, una diosa. La aman porque les alimenta con su azufre. Y la respetan porque puede matarles.
    Trabajar en el Kawah Ijen es duro y peligroso, pero todos saben por qué vale la pena: "con lo que gano mantengo a mi familia sin problemas y mis hijos, además, pueden estudiar. Y me queda para pagar el tabaco y otros placeres. En otros lugares es menos dinero y no es constante durante todo el año, aquí puedo trabajar todos los días y sólo dependo de mi. Y de que el volcán esté tranquilo…", puntualiza Haliim. La última erupción grave fue en 1952. La próxima, según los vulcanólogos, será en cualquier momento.
    Clavan sus lanzas junto a las fumarolas volcánicas, donde el sulfuro de hidrógeno y el dióxido de azufre huelen a podrido y envenenan el aire, 40 veces más tóxico que el máximo recomendado en cualquier ciudad europea. Los mineros sufren lesiones en las encías, los dientes y la tráquea; bronquitis, asma, enfisema, cáncer... Hasta las lágrimas les duelen, el dióxido de azufre en sus ojos crea ácido sulfúrico: escozor durante días, daños a medio plazo.
    Si Dante tenía razón y "quien sabe de dolor todo lo sabe", esos mineros son sabios: allí te pica la garganta, te arde el pecho, te escuecen los ojos, te falta el aire. Toses, lloras, parpadear te abrasa. Boqueas como un pez fuera del agua. Te cubres la boca con un trapo, te descubres mirando al cielo y rezándole a un volcán, implorando su clemencia...
    El bambú que se dobla es más fuerte que el roble que resiste. Lo afirma un refrán asiático y, tal vez por eso, una caña de bambú es la que une las cestas en las que los mineros transportan las rocas. Ascienden cráter arriba moviéndose como si no cargaran 70, 80, 90 kilos de piedras, como si el bambú no cortara su piel. Tosen, sudan, se detienen, encienden un cigarro. Ráfagas de humo invaden el sendero. Caminan solos, su silencio roto por el crujido rítmico del bambú: un gemido orgánico, un lamento.

    Y turistas...

    Azules increíbles, geometrías afiladas, columnas de humo blanco, despeñaderos, hombres trabajando en el infierno… y turistas, muchos turistas fotografiándolo todo: mochileros, excursiones organizadas desde Bali, asiáticos en grupo, occidentales de luna de miel…Todos contemplan extasiados esa inquietante argamasa de seres humanos y naturaleza. Algunos observan alejados, otros se acercan al precicipio, los hay que descienden al cráter aunque esté prohibido desde que una turista francesa muriera allí a finales de los noventa. Fotografían a los mineros desde lejos, intercambian fotos por monedas, charlan con ellos entre la incredulidad, la cordialidad y la empatía...
    Nadie recuerda si fue un turista o un minero a quien se le ocurrió que un pedazo de azufre fuera un souvenir. Imagino que un turista: el eurocentrismo y el capitalismo nos hacen creer que todo está en venta. Los mineros bañan arbustos y piedras en azufre hirviendo y los venden como extrañas esculturas, bonsais de ramas amarillas y tortugas de caparazones minerales.
    "Con esto gano uno o dos euros por pieza, a veces hasta cinco. Apenas tardo en hacerlos y no me quita fuerzas. Muchos días no vendo nada, pero en un buen día puedo vender dos o tres y ganar lo mismo que trabajando. Y una vez una turista me pagó y… ¡me dio un beso!", recuerda sonriente Mohamed. El precio de la entrada al parque natural y el suplemento por la cámara, de 1,2 y 2,5 euros se destinan a tareas etéreas como el “mantenimiento general de la zona”.

    El precio del trabajo

    Cinco céntimos de euro por kilo de azufre: si hacen dos o tres viajes, cargando entre 60 y 80 kilos cada vez, ganan de siete a 12 euros al día, entre 200 y 300 al mes descansando cuatro días. Un salario mísero en Occidente, un sueldo digno en un país donde el 40% de la población vive con menos de tres euros al día y las alternativas son arrozales y cafetales donde ganar 175 euros al mes en un buen año y, eso sí, sufrir una devastación física mucho menor.
    Entre ocho y 10 toneladas de azufre viajan a diario a la gran ciudad, donde el precio se quintuplica. Allí la empresa explotadora, Gatot Subroto, volverá a tasarlo y lo redistribuirá. Su valor crecerá exponencialmente según las fluctuaciones del mercado. Sus aplicaciones son ubicuas e infinitas. Fertilizantes para tus verduras, neumáticos para tu coche, cerillas para tus fogones, azúcar blanco para tu café, jabón contra tu acné, champú contra tu caspa, pólvora que alegre tus verbenas o te amenace en una guerra. Pinturas, plásticos, baterías, pesticidas, medicamentos, conservantes alimentarios. El papel sobre el que todavía se imprimen los periódicos, el baño de paro que utilizan los románticos de la fotografía analógica. Todo contiene azufre, hasta el agua del lago.
    Un kilómetro cuadrado de aguas encajadas entre paredes de 200 metros. Nadar en esos verdes y azules imposibles sería un sueño, pero los 38.000 millones de metros cúbicos de agua contienen ácido sulfúrico y clorhídrico en concentraciones capaces de disolver ropa, metal y carne humana. El agua del lago ácido más grande del planeta está viva, como el volcán: su PH es como el del líquido de una batería y a veces se acerca a la ebullición generando enormes burbujas de gas letales.

    Impacto medioambiental

    Sus filtraciones a ríos cercanos contaminan más de 35 kilómetros cuadrados de cultivos, reduce su producción agrícola y, por tanto, los salarios de la zona, y además provoca un descenso de la biodiversidad y un aumento de enfermedades graves como la fluorosis. El consumo de agua contaminada podría causar trastornos en el crecimiento y reducir la esperanza de vida de sus habitantes. Y donde no lo empapa todo, lo riega con lluvia ácida, tan cotidiana como contaminante.
    Reducir los daños de las filtraciones sería tan sencillo como construir un túnel para llevar el agua ácida hasta el mar, pero ni el gobierno de Java ni la empresa explotadora se plantean hacerlo. Mientras tanto, la empresa energética Medco plantea aprovechar el potencial geotérmico del volcán, que podría generar hasta 110 megavatios.
    Además de quebrantar huesos y derechos, el método extractivo utilizado en Ijen es poco eficaz: sólo se extrae el 20% de su potencial. Este método de extracción manual, habitual en volcanes de Chile, Italia o Nueva Zelanda, desapareció a finales del s. XIX. Existen algunas minas volcánicas en los Andes, pero todas fueron modernizadas.
    Preguntados por la mecanización, la respuesta es tajante: “el día que eso llegue, la mayoría perderemos el trabajo. Eso afectará a nuestras familias, al futuro de nuestros hijos. A los turistas eso os parece horrible porque miráis con vuestros ojos, creéis que somos esclavos. No os equivoquéis, sabemos lo que hacemos, elegimos trabajar aquí y aquí seguiremos mientras la mina continúe, el cuerpo aguante y el volcán quiera”.