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jueves, 7 de junio de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (7)


   En "El País":
Setiembre 28
Día del derecho a la información

   Quizá sea oportuno recordar que un mes y pico después de las bombas atómicas que aniquilaron Hiroshima y Nagasaki, el diario The New York Times desmintió los rumores que estaban asustando al mundo.
   El 12 de setiembre de 1945, este diario publicó, en primera página, un artículo firmado por su redactor de temas científicos, William L. Laurence. El artículo salía al encuentro de las versiones alarmistas y aseguraba que no había ninguna radiactividad en esas ciudades arrasadas, y que la tal radiactividad no era más que una mentira de la propaganda japonesa.
   Gracias a esta revelación, Laurence ganó el premio Pulitzer.
   Tiempo después, se supo que él cobraba dos salarios mensuales: The New York Times le pagaba uno, y el otro corría por cuenta del presupuesto militar de los Estados Unidos.

jueves, 26 de abril de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (6)


   En "El País":
Setiembre 22
Día sin autos

   Los ecologistas y otros irresponsables proponen que por un día, en el día de hoy, los automóviles desaparezcan del mundo.
   ¿Un día sin autos? ¿Y si el ejemplo se contagia y ese día pasa a ser todos los días?
   Dios no lo quiera, y el Diablo tampoco.
   Los hospitales y los cementerios perderían su más numerosa clientela.
   Las calles se llenarían de ridículos ciclistas y patéticos peatones.
   Los pulmones ya no podrían respirar el más sabroso de los venenos.
   Las piernas, que se han olvidado de caminar, tropezarían con cualquier piedrita.
   El silencio aturdiría los oídos.
   Las autopistas serían deprimentes desiertos.
   Las radios, las televisiones, las revistas y los periódicos perderían a sus más generosos anunciantes.
   Los países petroleros quedarían condenados a la miseria.
   El maíz y la caña de azúcar, ahora convertidos en comida de autos, regresarían al humilde plato humano.

martes, 24 de abril de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (5)


   En "El País":
Setiembre 11
Día contra el terrorismo

   Se busca a los secuestradores de países.
   Se busca a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleos.
   Se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire.
   Se busca a los traficantes del miedo.

viernes, 20 de abril de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (4)


   En "El País":
Agosto 30
Día de los desaparecidos

Desaparecidos:
los muertos sin tumba,
las tumbas sin nombre,
las mujeres y los hombres que el terror tragó,
los bebés que son o han sido botín de guerra.
Y también:
los bosques nativos,
las estrellas en la noche de las ciudades,
el aroma de las flores,
el sabor de las frutas,
las cartas escritas a mano,
los viejos cafés donde había tiempo para perder el tiempo,
el fútbol de la calle,
el derecho a caminar,
el derecho a respirar,
los empleos seguros,
las jubilaciones seguras,
las casas sin rejas,
las puertas sin cerradura,
el sentido comunitario
y el sentido común.

jueves, 19 de abril de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (3)


   En "El País":
Abril 28
Día de la seguridad en el trabajo

   Hoy vale la pena advertir que no hay nada más inseguro que el trabajo. Cada vez son más y más los trabajadores que despiertan, cada día, preguntando:
   -¿Cuántos sobraremos? ¿Quién me comprará?      
   Muchos pierden el trabajo y muchos pierden, trabajando, la vida: cada quince segundos muere un obrero, asesinado por eso que llaman accidentes de trabajo.
   La inseguridad pública es el tema preferido de los políticos que desatan la histeria colectiva para ganar elecciones. Peligro, peligro, proclaman: en cada esquina acecha un ladrón, un violador, un asesino. Pero esos políticos jamás denuncian que trabajar es peligroso, 
   y es peligroso cruzar la calle, porque cada veinticinco segundos muere un peatón, asesinado por eso que llaman accidente de tránsito;
   y es peligroso comer, porque quien está a salvo del hambre puede sucumbir envenenado por la comida química;
   y es peligroso respirar, porque en las ciudades el aire puro es, como el silencio, un artículo de lujo;
   y también es peligroso nacer, porque cada tres segundos muere un niño que no ha llegado vivo a los cinco años de edad.

miércoles, 18 de abril de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (2)


   En "El País":
Marzo 22
Día del agua

   De agua somos.
   Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la tierra, y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda.
   La memoria nos cuenta que los desiertos de hoy fueron los bosques de ayer, y que el mundo seco supo ser mundo mojado, en aquellos remotos tiempos en que el agua y la tierra eran de nadie y eran de todos.
   ¿Quién se quedó con el agua? El mono que tenía el garrote. El mono desarmado murió de un garrotazo. Si no recuerdo mal, así comenzaba la película 2001, Odisea del espacio.
   Algún tiempo después, en el año 2009, una nave espacial descubrió que hay agua en la luna. La noticia apresuró los planes de conquista.
   Pobre luna.

martes, 17 de abril de 2012

CUENTO. AVANCE EDITORIAL. Del libro "Los hijos de los días", de Eduardo Galeano (1)

  
   En "El País":
Marzo 30
Día del servicio doméstico

   Maruja no tenía edad.
   De sus años de antes, nada contaba. De sus años de después, nada esperaba.
   No era linda, ni fea, ni más o menos.
   Caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero, o la escoba, o el cucharón.
   Despierta, hundía la cabeza entre los hombros.
   Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas.
   Cuando le hablaban, miraba el suelo, como quien cuenta hormigas.
   Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria.
   Nunca había salido de la ciudad de Lima.
   Mucho trajinó, de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona.
   A los pocos días, se fue.
   Se estaba encariñando.