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martes, 5 de noviembre de 2013

PRENSA. "Europa empieza en Lampedusa". Bernard Henry-Lévy

Bernard Henry-Lévy

   En "El País":

Europa empieza en Lampedusa

La patria de lo universal se niega a sí misma si se convierte en una fortaleza

 3 NOV 2013

Lo más sorprendente y, en cierto modo, terrible de la interminable tragedia que simboliza hoy Lampedusa es la indiferencia con la que nosotros, ciudadanos de la Europa opulenta, la estamos tratando.
En efecto, nuestros jefes de Estado la incluyeron en la agenda de su última Cumbre de Bruselas.
Pero era evidente que el tema venía después de la “unión bancaria”, el “paquete telecom” o el asunto de las escuchas ilegales y —claro está— completamente escandalosas, a las que los habían sometido sus aliados estadounidenses.
La opinión pública, por su parte, no parece mucho más sensibilizada, pues apenas se ha dado por enterada, como si fueran el resultado de un desastre natural más, de esos cadáveres rescatados del fondo de lo que está a punto de convertirse en el cementerio más grande de Europa: unos se deshacen de la cuestión diciendo que hay que ayudar a los países de partida a controlar mejor sus costas; otros añaden que hay que militarizar los mares y declarar una guerra total a los traficantes que comercian con la miseria de esos hombres y mujeres dispuestos a todo para escapar del infierno en que se han convertido sus países natales; otros abogan por una globalización más equilibrada, menos desigual, lo que, además de no costar nada, tiene la ventaja de posponer hasta el día del Juicio final la búsqueda de posibles respuestas y animaría a los emigrantes a quedarse en sus casas.
Pero lo que más llama la atención es la indiferencia, la ligereza, el embotamiento de las inteligencias y las sensibilidades que provoca este drama inédito, si no en su forma, al menos en su amplitud. El colmo de la estupidez lo alcanzó ese senador francés que recientemente declaraba que al menos Muamar el Gadafi era un buen guardacostas; olvidando precisar que, antes que nada, el antiguo dictador libio era un chantajista que abría y cerraba su grifo de inmigrantes en función de los miles de millones de euros de la mordida anual que Europa aceptaba, o no, pagar por sus servicios...
No creo que haga falta aclarar que yo no sé mejor que los demás lo que se puede hacer concretamente.

Los que iban al mar de China a rescatar
‘boat people’ no se mueven ahora que están aquí, en el Mediterráneo
Pero permítanme recordar algunas ideas sencillas que habrá que tener presentes el día —que yo espero cercano— en que nos decidamos a abordar este problema de frente.
Primera idea sencilla: lo que está ocurriendo ante las costas de Lampedusa no es solamente una cuestión de lógica humanitaria, sino de derecho; y para empezar, de derecho marítimo, que obliga a socorrer a esos hombres y mujeres que, antes que inmigrantes o futuros clandestinos son sujetos de derecho sobre los que, queramos o no, tenemos una imprescriptible responsabilidad (eso por no hablar del derecho de asilo, que, aunque luego les sea concedido o no, tenemos el deber de evaluar caso por caso, candidato tras candidato, y con toda serenidad, si jurídica y políticamente procede concederlo o no; lo cual está lejos de ser así).
Segunda idea sencilla: este es, también, un drama humanitario y es esencial que todas las asociaciones humanitarias que tan admirable trabajo han venido haciendo, durante décadas, en Eritrea, Tigré y los otros países desheredados de África de los que parte la mayoría de los candidatos al éxodo, encuentren el medio para desplegarse ante las costas de esa nueva isla del diablo en que se ha convertido Lampedusa. (Hace semanas que lo repito: ¿cómo es posible que los mismos militantes por los derechos humanos que, incluido yo, hace treinta años encontraban normal ir al mar de China a rescatar a los boat people sean incapaces del más mínimo gesto de solidaridad ahora que los boat people están aquí, en el Mediterráneo, a nuestras puertas?).
Y, finalmente, la tercera idea, tal vez menos sencilla, pero tan clara, tan evidente: Europa, tal y como la concibieron todos sus padres fundadores, desde Husserl a Jean Monnet, sin excepción, es un continente abierto al mundo que se niega a sí mismo si se convierte en una fortaleza. Porque es la patria de lo universal, es decir, de esa posibilidad ofrecida a los individuos, a todos los individuos, de rebasar la triple ley de lo nacional, lo natural y lo natal para acceder a una libertad superior anclada, no en el suelo, sino en la Idea.
La travesía de los inmigrantes de Lampedusa no deja de recordar a la de la princesa Europa que, según la mitología fundadora de nuestro Viejo Continente, partió de las costas de Oriente Próximo para llegar, a lomos de un toro alado no mucho más fiable que esos cascarones improvisados en los que se embarcan los desesperados de hoy, no exactamente a Lampedusa, sino a Creta...
Por todas estas razones, lo que está en juego aquí es el destino de Europa; lo que está a prueba es la definición de Europa; lo que se tortura y se mortifica en cada uno de esos pequeños cuerpos horriblemente alineados y, a menudo, sin nombre, es el alma de Europa.
Así que, una de dos:
O se decreta inmediatamente en la isla el estado de urgencia europea —y digo bien: europea, pues, evidentemente, la búsqueda de soluciones no incumbe solo a Italia—; o bien nos acostumbramos a la idea de una humanidad a dos velocidades, según se nazca a un lado u otro de las puertas de la ciudadela, y damos la espalda para siempre a esta Europa que pretendemos construir pero que tal vez esté naufragando ante nuestros ojos.
Bernard-Henri Lévy es filósofo.
Traducción de José Luis Sánchez-Silva.

martes, 28 de febrero de 2012

PRENSA. "Angelina Jolie, Bosnia en el corazón", por Bernard Henri-Lévy

La actriz y cineasta Angelina Jolie habla con el director de fotografía, Dean Semier durante el rodaje de la película 'En tierra de sangre y miel' / Ken Regan / AP / Film District. ("El País")

   En Domingo, suplemento de "El País":
Angelina Jolie, Bosnia en el corazón
   'En tierra de sangre y miel' sitúa ese ángulo muerto de la historia del siglo XX, en ese momento de dolor absoluto, al mismo tiempo que de indignidad y vergüenza para las naciones que dejaron hacer: la guerra de Bosnia.
   Bernard-Henri Lévy 26 FEB 2012

   Cuando Angelina Jolie me pidió que me reuniera con ella, el jueves pasado, en París, para presentar el preestreno de su En tierra de sangre y miel, por supuesto, empecé por decir que quería ver la película, pero, después de verla, no lo dudé ni un segundo.
   Porque ¡vaya historia!
   Estamos ante una gran actriz hollywoodiense.
   Estamos ante una de las estrellas más cotizadas y celebradas del cine mundial.
   Estamos ante un gran nombre del que nadie dudaba que, si un día decidía pasar al otro lado de la cámara, tendría temas, financiación y guiones para elegir, así como actores que se pelearían por el privilegio de unirse a la aventura.
   He aquí que Angelina Jolie, en efecto, pasa detrás de la cámara y ¿qué sucede?
   Rueda una película de autor, con actores bosnios desconocidos, en un idioma, el bosnio, que, tanto en América como en Europa, parece bastante improbable, y sitúa su película en ese ángulo muerto de la historia del siglo XX, en ese momento de dolor absoluto, al mismo tiempo que de indignidad y vergüenza para las naciones que dejaron hacer: la guerra de Bosnia.
   El resultado es una película que, para empezar, suena increíblemente verosímil. Yo vi, en la vida real, a hombres y mujeres que se parecían como hermanos y hermanas a Danijel y Ajla, los Romeo y Julieta de esta historia de amor con fondo de campo de concentración y horror. Y este asunto de la violación concebida como arma de guerra, la humillación de un pueblo a través de los cuerpos torturados de sus mujeres y la purificación étnica a través del vientre que constituyen, no el decorado, sino el tema de la película, yo ya los había filmado en Bosnia (mi documental de 1994). Pues bien, la obra de ficción que ella ha basado en estos dramas, su reconstitución, casi veinte años después, en unos estudios de Hungría, su paso a la escritura, a la realización y a la leyenda son de una veracidad sangrante y captan la exaltación y la violencia atroz que marcaron la realidad y de las que, desgraciadamente, puedo dar fe.
   El resultado es un caso raro y muy emotivo de transmisión exitosa. Angelina Jolie era una adolescente en el momento de los hechos que narra. Seguramente, solo tuvo noticia de ellos tardíamente y de oídas. En la época en la que un puñado de intelectuales (en Alemania, Peter Schneider y Hans Christoph Buch; en Inglaterra, Salman Rushdie; en Estados Unidos, Christopher Hitchens o Susan Sontag; en Francia, el autor de estas líneas, entre otros) temían que en Sarajevo se estuviera anunciando el fin de una Europa que acababa de ofrendarle al siglo XXI su nueva y no menos espeluznante guerra de España, ella seguía soñando con sus papeles en Cyborg 2 y Hackers. Ahora, toma el relevo, la antorcha, continúa de algún modo el combate y, no contenta con revivir lo que nosotros vivimos, realiza el milagro, siempre abrumador cuando se produce, de convertir nuestra memoria en historia.
   Y el resultado es, finalmente, un acto político de esos que el cine engendra cada vez menos. ¿Una película comprometida? ¿Parcial? ¿Una película que no teme dar la batalla ni arriesgarse, cuando es necesario, a que los cretinos la tachen de maniquea? Sí, por supuesto. Porque es una película que llama al pan, pan y al vino, vino. Porque es una película que, lejos del unanimismo borreguil que hubiéramos podido temernos de una criatura pura y dura de la industria hollywoodiense, llama “fascistas” a los milicianos serbios de la época y se cuida de distinguir, en la confusión de aquellos tiempos sombríos, a víctimas y verdugos. Y, por utilizar las palabras de Godard, no es solo una película, sino una película justa, que hace justicia a los muertos y rinde homenaje a los supervivientes.
   Durante su proyección en Sarajevo, la víspera de su presentación en París, En tierra de sangre y miel fue acogida por una multitud que dudó por espacio de varios minutos entre las lágrimas y los vítores. Normal. Esas mujeres violadas que callaban desde hacía veinte años, los hijos de esas violaciones que, a punto de llegar a la edad adulta, vivían su genealogía como un oprobio, esa sociedad bosnia que tenía en tales hechos su secreto más doloroso... Y de pronto una gran actriz, que además es una gran dama, pone su prestigio a su servicio y, por primera vez, les permite volver a levantar un poco la cabeza.
   Yo conocí una situación similar, hace cuarenta años, en Bangladesh, cuando un jefe de Estado musulmán, el presidente Mujibur Rahman, tomó la valiente decisión de nombrar “birangona”, literalmente “heroínas nacionales”, a las decenas de miles de jóvenes violadas por la soldadesca paquistaní, que habían sido marginadas de la sociedad así como, a menudo, de sus propias familias. Es, mutatis mutandis, el gesto de Angelina Jolie. Y en él radica la sombría grandeza de su película.
   Nuestros caminos se cruzaron por primera vez en torno a la figura de Daniel Pearl, a cuya viuda encarnó en una película.
   Después, una segunda vez, el 25 de febrero de 2007, en Bahai, al norte de Sudán, donde yo aguardaba la posibilidad de entrar clandestinamente en Darfur y adonde acudió para visitar los campos de refugiados.
   Este tercer encuentro es el bueno, pues se produce en la encrucijada de un imprescriptible sufrimiento y de su inscripción en el registro de una obra de arte.
   Traducción: José Luis Sánchez-Silva.

martes, 13 de septiembre de 2011

PRENSA. "El 11-S, diez años después", por Bernard-Henri Lévy

Bernard-Henri Lévy

   En Domingo, suplemento de "El País":
El 11-S, diez años después

   La parte que sobrevive de la internacional del terror aparece cada vez más como una organización de bandidos, incluso a los ojos de los que pretendía seducir. Esto representa un progreso decisivo.

BERNARD-HENRI LEVY 11/09/2011

   Diez años después, ¿en qué punto nos encontramos?
   Al Qaeda aún no está muerta, por supuesto.
   Del Sahel a Yemen, de Nigeria a Uzbekistán, o en el Cáucaso, el cáncer terrorista no deja de metastatizarse.
   Desgraciadamente, en Afganistán, los talibanes, que eran su ejército de reserva más numeroso, progresan también aprovechando la retirada anunciada por los occidentales.
   Los grupos yihadistas paquistaníes que investigué en 2002 y 2003, Jahis-e-Mohamed, Lashkar-e-Toiba, Lashkar-e-Jhangvi y otros, que entonces se coaligaron en torno a la muerte de Daniel Pearl, siguen prosperando, y no solo en las zonas tribales del país, sino en Karachi e Islamabad.
   Y nada nos dice que en este preciso instante, en el momento en que escribo estas líneas, un nuevo Jálid Sheij Mohámed, el arquitecto del ataque de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York, no esté preparando otro golpe de un nuevo estilo, una especie de ataque aniversario, igual de mortífero.
   Pero lo cierto es que esa no es la tendencia de fondo, la verdadera, y que, si hacemos un balance honesto de estos 10 años de lucha contra Al Qaeda y sus sucursales, dentro y fuera del mundo arábigo-musulmán, tenemos que reconocer que, si no en desbandada, los asesinos están en serio retroceso.
   Está la muerte de Bin Laden, que, digan lo que digan de la estructura descentralizada de la organización, de su red de franquicias, ha sido un golpe muy duro para ella.
   Está la cuestión paquistaní, que, lo repito, está lejos de haber sido resuelta, pero, al fin, ha quedado planteada y, en cierto modo, eso era lo esencial: qué diferencia con los años de Bush, en los que había quien se obstinaba en tratar como Estado aliado, o incluso amigo, al más canalla de los Estados canalla, al que daba cobijo a los cerebros de la organización, la base de la Base, su base de retaguardia, su base de masas, su base política, ideológica, económica, financiera.
   Está el trabajo de los grandes servicios secretos occidentales y árabes, que, como un día sabremos, a lo largo de toda la década han venido desbaratando codo con codo algunos intentos de reedición de la tragedia que hoy se conmemora en Nueva York y en el resto del mundo, con sus casi tres mil víctimas (incluyendo a los heroicos bomberos de la ciudad).
   Está el mundo arábigo-musulmán, cuyos titubeos, por no decir cobardías, ya han sido bastante fustigados como para no saludar ahora la toma de conciencia de la que está siendo escenario. Todo comenzó con los facebookers de Túnez y El Cairo, que descubrieron que había otra solución para la juventud del país, que no la confrontación aterradora y, en el fondo, cómplice, de la dictadura y la yihad: ¿qué es eso que ha dado en llamarse "primavera árabe", sino -según la hipótesis más pesimista- la reducción del yihadismo al rango de una ideología entre muchas, de una ideología perdida entre las demás, marginada y, lo que es más importante, privada del aura de la que disfrutaba cuando pretendía valerse de todo el prestigio que traen de la mano la radicalidad, la audacia y el monopolio de la oposición a las dictaduras de turno? Y continuó con los rebeldes de Bengasi, que descubrieron con estupor el rostro de un Occidente del que, según habían oído desde pequeños, solo podían esperar que les chupase la sangre y, de pronto, les tendía la mano, los salvaba de una masacre anunciada y los ayudaba a liberarse de un yugo que ellos asumían como invencible: creo que la guerra de Libia es el primer golpe -y un golpe probablemente fatal- contra esa idea del "choque de civilizaciones" que, antes de ser norteamericana, fue una idea de los Locos de Dios y, a partir de ahí, el terreno, el caldo de cultivo, la argamasa de sus organizaciones terroristas. Por esta razón la considero como una antiguerra de Irak, lo contrario de esa especie de castigo colectivo, de réplica, que quería ser también la guerra estadounidense en Bagdad, así como un acontecimiento decisivo en términos históricos.
   Finalmente, y por consiguiente, está el hecho de que la parte que aún sobrevive de esa internacional del terror aparece cada vez más, incluso a ojos de aquellos a quienes debería seducir y enrolar, como lo que siempre ha sido -aunque lo fuese en secreto-: una organización criminal, un gang, la mayoría de cuyas víctimas se cuenta, hasta nueva orden, entre los mismos musulmanes, y cuyos padrinos nunca vieron el islam de otro modo que como una coartada, un instrumento de reclutamiento y de poder, una tapadera... ¡Que la vergüenza caiga sobre ellos! Esta nueva lucidez representa un progreso decisivo, pues un gang, por poderoso que sea, ya no puede aspirar a ese estatus mágico de Gran Organización que ofrece un proyecto de civilización alternativo a unos pueblos crédulos, drogados por la sumisión...
   No digo que la partida haya terminado, sino que ha cambiado de naturaleza. Y que ahora tenemos los medios y el valor necesario para librar esta batalla, esta operación policial planetaria que va a consistir en aislar cada vez más los últimos focos del terror; y lo haremos juntos: los moderados del mundo arábigo-musulmán aliados con los occidentales. Al Qaeda ha perdido.


   Traducción: José Luis Sánchez-Silva

domingo, 19 de junio de 2011

PRENSA (1). 19 junio 2011

   En "El País":

1. Cobertura. Columna de Manuel Vicent.

2. Nonagenarios en la manifestación. Por José María Ridao. Según Stéphane Hessel, autor de 'Indignaos', el ensayo de Edgar Morin 'La vía para el futuro de la humanidad' contiene la respuesta a muchas de las preguntas que él formula en su libro.

3. Su nevera vieja contamina África. Reportaje de Rafael Méndez. El tráfico de chatarra electrónica sucia hacia países pobres crece para eludir el reciclaje - España ha detenido contenedores con residuos rumbo a Pakistán y China.

4. El espejismo generacional. Artículo de Juan Goytisolo.

   En el suplemento Domingo:

5. Son mexicanos, son valientes. Reportaje de Pablo Ordaz. "¿No tiene usted miedo, alcalde?" "Todos tenemos miedo, compadre". Cada vez hay más mexicanos que se plantan ante el narco y se enfrentan al terror a pecho descubierto. Aquí están sus historias.

6. Una dictadura personal. Francisco Franco ejerció una amplísima gama de poderes ejecutivos, legislativos y judiciales. A lo largo de su régimen, la facultad última de decisión quedó siempre en sus manos. Extracto de un libro de Enrique Moradiellos.

7. El proceso de Ratko Mladic. Por Bernard-Henri Lévy. Este juicio será una pésima noticia para todos los criminales de guerra, los tiranos y los psicópatas del mundo. Pues, una vez más, el mensaje es claro. La justicia internacional existe.

8. De noche y de día. Por Elvira Lindo.

9. Una desgracia de diccionario. Por el historiador Santos Juliá.

10. España no es Egipto. Por Lluís Bassets.

jueves, 16 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (y 5), por Bernard Henri-Lévy

Jorge Semprún

   En "El País":
Cinco aproximaciones a un largo viaje (y 5)

BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011

   Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.

   E iba a olvidar al europeo.
   Europa es -ustedes quizá no lo saben- uno de los grandes combates de mi existencia.
   Ahora bien, considero que Semprún es, desde hace 30 años que lo conozco, uno de los mejores combatientes de esta idea europea.
   No hablo solamente de sus tesis o, para hablar como André Suares, de sus vues sobre Europa.
   No hablo ni del concepto de "supranacionalidad" que toma prestado del Husserl de las dos conferencias de 1935, en Viena y Praga, ni de su meditación incesante, al margen de las dos mismas conferencias, sobre el cansancio de Europa y los medios de superarlo.
   Ni siquiera hablo de su manera de bordar en sus dos últimos libros, El hombre europeo y después Pensar en Europa, alrededor de la frase de Renan: "Francia se muere, no perturbéis su agonía" -frase que él enunciaría: "Es medianoche menos cinco en Europa, ¿qué hacer para perturbar, detener, quizá impedir, su muerte anunciada?"-.
   Hablo de él, verdaderamente de él -es decir, indistintamente, de su identidad y su obra-.
   ¿Su identidad? No hay necesidad de hacerles un croquis. He aquí un hombre que, desde hace medio siglo, vive entre Francia y España. He aquí un escritor que ha nacido español, pero que hablaba el neerlandés a los 16 años, el alemán a los 20 y que redacta, después, la mayor parte de sus libros en francés. Y he aquí -es quizá lo más turbador- un intelectual comprometido que, al salir de la adolescencia, pone su vida en peligro para defender una Francia que debía, imagino, tener un poco por su patria y que, llegado a la edad de la madurez, se pone, al convertirse en ministro, al servicio de una España que debía ser también, para que él lo hiciera, una especie de segunda patria. Y bien, de este personaje fuera de norma, de este doble patriota, de este Jano (haría falta otra palabra para referirnos a la dificultad de la elección de los rostros...) se tienen ganas de decir lo que Gide decía de sí mismo en su debate inaugural con el autor de La colina inspirada: "Nacido en París, de un padre de Uzès y una madre normanda, ¿dónde quiere usted, señor Barrès, que me arraigue?". Y es, por otra parte, aproximadamente lo que él dice cuando, en 1988, Felipe González envía un emisario a sondearlo y enterarse, de paso, de su nacionalidad: "Dígale al presidente que soy bastante apátrida; bilingüe, luego esquizofrénico, luego sin raíces y apátrida" -y además, de manera bastante recurrente para que no me preocupe una referencia demasiado precisa: "No soy ni de aquí, ni de allí, ni tampoco de allá lejos, soy del campo de concentración de Buchenwald". Nada de verdadera nacionalidad. Nada de identidad fijada ni asignada. O sí, una identidad -pero múltiple, hojaldrada, en la encrucijada de sus destinos y sus elecciones-.
   ¿Su obra? Es la misma cosa. La Franca de La montaña blanca que recupera el italiano cuando dice obscenidades... El soldado americano de La escritura o la vida que recita su Padrenuestro en español en el momento en que, en Buchenwald, descubre las montañas de cadáveres... Karol, en La montaña blanca también, que piensa en checo y sueña en alemán... El narrador de Adiós, luz de veranos, que se identifica como hispano-francés, pero cuyos monólogos interiores fluyen en alemán... Los libros que escribe, lo he dicho, en francés... Aquellos para los cuales, habría debido decirlo, vuelve al español... Los que están escritos, en París, en español y en Madrid, en francés... 'Pensar en Europa', esa colección de conferencias escritas tanto en una lengua como en la otra, pero reescritas en alemán para ser dichas, por él, en alemán... En breve, ese juego con los léxicos del que no se cansa, ese puzle, esa confusión de las inspiraciones, esos desenganches, esas arritmias, esas fulguraciones del castellano que llegan a perturbar la arquitectura del francés, esas reminiscencias del alemán que dan su relieve a su español y su francés, esos atajos entre las palabras, esas asociaciones libres y oblicuas, esa otra memoria que es la memoria de la palabra y de la cual no se siente menos el testigo y el autor.
   Semprún, el transmisor.
   Semprún como una travesía.
   Semprún como una prodigiosa torre de Babel que resuena de todas esas lenguas de Europa.
   Es una Europa para él solo.
   El espíritu europeo encarnado.
   No hay necesidad de hablar de Europa para que Europa, como tal, hable en él y a su través se haga.
   Y no hay necesidad de defenderla para que resista, por él, a los malos demonios que la asaltan y la ponen en peligro.
   Pues nosotros estamos en esto, señoras y señores. Somos los testigos y seremos, un día, las víctimas de esta nueva fatiga de Europa. La hemos visto construirse y estamos quizá en curso de verla destruirse. Y bien, es una última razón para leer a Jorge Semprún. Es la última razón, a mis ojos, para quererlo como deberían ser queridos los tesoros vivos de la nación europea. Y es mi última razón para dirigirle, aquí, este respetuoso y fraternal saludo.

   Traducción de Antonio Abellán "Vio aparecer el coche de Zapata, que llegaba por la rue Froidevaux. Era un Jaguar. En esto, por lo menos, el viejo truhán no había cambiado de gustos. El coche circulaba..." Netchaiev ha vuelto (1987)"Los coches aparcaron junto a la acera. Hubo un ruido de portezuelas que se abrían y cerraban. Se desplegaron los escoltas. Un poco más allá..." Federico Sánchez se despide de ustedes (1993)

miércoles, 15 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (4), por Bernard Henri-Lévy

Jorge Semprún

   En "El País":
Cinco aproximaciones a un largo viaje (4)

BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011

   Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.

   Quiero hablarles del escritor.
   Quiero hablarles del gran prosista que es también, del que se sabe ya que quedará como uno de los más poderosos, más inventivos y más nuevos de la literatura de la segunda mitad del siglo XX y el principio del siglo siguiente.
   El maestro en palimpsestos.
   El narrador testarudo, un poco loco, cuya obra es como la reescritura interminable de algunas escenas de un pasado que nunca se ha decidido a pasar.
   Me gusta ese arte que él inventa, y que no pertenece más que a él, de volver a pasar incansablemente por las mismas estaciones de una vida cuyos sortilegios no acaba de escrutar para desencantarlos.
   Me gusta ese arte de la vuelta, el bucle o la espiral que me hace pensar a veces, tanto, en la práctica de la serie en la pintura contemporánea como en el gusto del cuestionamiento, es decir, de la rumia, en un Talmud que, sin embargo, él apenas conoce, que yo sepa.
   Me gusta que se pueda encontrar dos veces, tres veces la misma historia del mismo "muchacho de Semur", cada vez con una variante que cambia todo y enriquece el testimonio.
   Me gusta ese arte de la nueva toma que le hace volver, y nosotros con él, cada vez con nuevos efectos de transmisión y nunca jamás con la impresión de la redundancia, a Madrid, Joigny, Buchenwald, Praga, La Haya, Autheuil-sur-Eure.
   Me gusta esa bella idea de escritor, esa idea posproustiana y apenas menos fecunda, en mi opinión, que la gran hipótesis de La Recherche, según la cual la memoria se nutre de sí misma, crece de lo que escupe o de lo que se saca de ella; me gusta la idea de que los libros no desecan la memoria sino que la avivan; me gusta que él piense, y pruebe, que beber en sus recuerdos no los agota sino que los fertiliza; me gusta, dicho de otra manera, que vaya contra la idea recibida, y tan tonta, de una memoria masiva, pasiva, que esperaría, en el limbo, que se vaya a inventariar, tratar, sus stocks para ponerlos, una vez por todas, a la falsa luz de un relicario; y me gusta que él diga, por ejemplo, que tenía menos imágenes de los campos antes de haber escrito El largo viaje o Aquel domingo que después...
   Me gusta que haya hecho teatro: Gurs, esa tragedia política posbrechtiana que mostraba, en 2004, el famoso campo francés donde fueron encerrados los republicanos españoles vencidos y después algunos de los judíos en tránsito hacia Auschwitz; o ese Regreso de Carola Neher, que tampoco he visto nunca representado, pero que he leído, y en el que he sentido un estremecimiento, y un tono, que no había conocido más que en Camus, Giraudoux o Sartre, para limitarme a sus casi contemporáneos.
   Me gusta que haya sido un inmenso guionista de cine; lo vuelvo a ver, en Saint-Paul de Vence, en la Colombe d'Or, que es, desde nuestro primer encuentro, una de nuestras casas compartidas; lo vuelvo a ver con Colette, su mujer y compañera, y vuelvo a ver a los dos con Montand, su actor, discutir de una réplica de La confesión o de una situación de La guerra ha terminado como si se tratara de su misma vida; y me vuelvo a ver pensando que esa gracia que le hacía sobresalir tanto en un género como en otro, esa suerte que le permitía dialogar de igual a igual con uno de los mayores actores franceses de la época tan bien como con Shalamov o Alexander Solzhenitsin, eran lo más deseable que había en este mundo.
   Me gusta el filósofo -pues también es filósofo- que especula en Buchenwald, con su maestro Halbwachs agonizante, sobre la cuestión del mal radical.
   Me gusta que sea uno de los últimos vivientes (¿hay que decir superviviente?) con el que se puede hablar seriamente de esa filosofía alemana de la que nunca ha pensado que haber sido formulada en la futura lengua de los verdugos bastaba para condenarla (el mismo punto de vista, ¿verdad?, que Celan sobre la poesía...).
   Y me gusta, naturalmente, que este novelista, este testigo, este hombre de teatro y cine, este metafísico, haya sido también un hombre de acción, y qué hombre de acción: el maquisard, ya lo he dicho; el dirigente clandestino de un partido prohibido, es sabido; pero también, y es quizá lo más notable, el joven héroe que, a los 22 años, el 11 de abril de 1945, toma las armas para, con otros, liberar Buchenwald.
   ¿Quién puede jactarse hoy de ser este escritor total?
   ¿Qué queda para perpetuar esa tradición que él no encarna, después de todo, peor que un Sartre o un Malraux?
   ¿Está Semprún, como sucede muchas veces, demasiado presente, demasiado vivo -es igualmente demasiado modesto- para que salte a la vista, como tendría que hacerlo, la evidencia de esta filiación?
   No sé. Pero no me desagrada rendirle esta otra justicia.

martes, 14 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (3), por Bernard Henri-Lévy

Jorge Semprún

   En "El País":
Cinco aproximaciones a un largo viaje (3)

BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011

   Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.

   Está el Semprún antitotalitario.
   Es decir el antifascista, siempre. Pero el antifascista hasta el fin. El antifascista sin límites. El antifascista que no teme reconocer el hocico de la Bestia bajo sus máscaras aparentemente sonrientes, aunque fuera la de la "emancipación comunista", tal como la creyó él mismo hasta su ruptura con el estalinismo, después con el Partido, al principio de la década de 1960.
   Está, para ser preciso, el Semprún que, cuando reescribe El largo viaje (esa novela en la que Lukacs veía aún rastros de realismo socialista) para hacer de ella Aquel domingo (esa novela de 1980 que toma al fin toda la medida del fenómeno de los campos de concentración), lo hace a la luz de dos acontecimientos de la Historia real que son también acontecimientos de su historia personal.
   La reapertura por los soviéticos en agosto de 1945 de una parte de Buchenwald, rebautizada 'Campo Especial número 2', donde fueron internados hasta enero de 1950 antiguos nazis pero también opositores de todo género: no es que Semprún lo haya ignorado nunca, por supuesto, pero tardó en darse cuenta de ello; tardó, como muchos otros, en creer lo que veía y captar lo que sabía; tardó, por ejemplo, en tomar la medida del gesto de ocultación que consistió en plantar en 1950 un bosque, un bello y risueño bosque, en el lugar de ese crimen redoblado y triplicado por esa ocultación misma; pero cuando tomó nota, cuando comprendió lo que se jugaba en esta tierra alemana que pasó, sin transición, de un totalitarismo al otro, fue como un velo que se desgarra y una evidencia que surge.
   Y luego, segundo acontecimiento, la publicación de Un día en la vida de Iván Denisovich, ese libro monumento, de efectos multiplicados por la llegada algunos años más tarde del Archipiélago Gulag, cuya lectura fue para Semprún otra revelación que daba a ver, realmente ver, es decir, pensar, la comunión entre lo que él había vivido en Buchenwald y lo que vivían, en el mismo momento, los zeks del Kolyma: califiqué en su momento la obra de Solzhenitsin de Divina Comedia de nuestro tiempo; dije cómo y por qué había hecho falta esta obra de arte para terminar con las reticencias a escuchar las palabras de Rousset, Ciliga, Istrati; creo que Semprún creía esto; lo sé; y sé que ahí está una de las claves de su conversión al antitotalitarismo radical.
   Pues ese Semprún es el Semprún que yo he conocido.
   Es el Semprún que, al final de la década de 1970, cuando estalló el escándalo de los nuevos filósofos, fue uno de los pocos grandes intelectuales que vino a nuestro encuentro. Igual que fue uno de los poquísimos, cuatro años más tarde, en venir en apoyo de una Ideología francesa que fue el peor recibido de mis libros y que todavía hoy permanece maldito.
   Lo volví a ver en Tiburce, un pequeño restaurante de la rue du Dragon, en París; él tenía sus costumbres.
   Era todavía joven, pero tenía ya esa bella cabeza blanca que le hacía parecerse a don Diego de Vivar, el padre del Cid.
   Tenía esa mirada guerrera, pero que se velaba y se hacía un poco espectral cuando evocaba "sus" muertos: antepasados gloriosos de la guerra de España; "compañeros", como él decía, "idos en humo en Buchenwald"; pero también, desde entonces, muertos del Gulag.
   Y luego esa voz melodiosa que podía cambiar bruscamente de registro en la misma frase: bajando un tono, como si revelara un terrible secreto, cuando volvía sobre tal detalle, tal episodio tortuoso y convertido, con el tiempo, en casi incomprensible, de la vida de Federico Sánchez, su doble en la clandestinidad, y subiendo hasta los agudos, casi estridente, cuando se inflamaba sobre tal o cual debate contemporáneo que a mí me parecía zanjado, pero en el que ponía toda su pasión contenida mucho tiempo (si los trotskistas eran estalinistas disfrazados... si existía una alternativa a la economía de mercado... el juego de François Mitterrand con el Programa Común y los comunistas... el caso Régis Debray...).
   Para ese Semprún, la cosa no tenía ya duda.
   El nazismo era único y comparable.
   Excepcional e histórico.
   Había que mantenerse firme sobre la singularidad de sus crímenes. Pero haciendo esto, había que servirse de él como de una medida, de una escala que permite juzgar los demás crímenes y, en particular, los crímenes del estalinismo.
   Yo no estoy seguro de que hoy seamos conscientes del peso que en esos años podía tener un apoyo semejante.
   Me vuelvo a ver aquí, en Madrid, dos o tres años después de la barbarie y mi primer encuentro con Jorge. Salgo de un programa que se llamaba La clave, en el que me había enfrentado a Santiago Carrillo, el viejo secretario general del PCE, que no había aprendido ni olvidado nada y cuyas mentiras yo había denunciado. Un semanario madrileño titularía -pero yo aún no lo sabía- BHL, el que puso KO a Carrillo. Y yo estoy muy inquieto, en ese momento, por la manera en que la opinión democrática y posfranquista habría recibido esa imagen del viejo león golpeado por el nuevo filósofo francés. Ahora bien, he aquí que, ya en mi hotel, recibo una llamada de Federico Sánchez, alias Jorge Semprún, dicho de otra manera, de todos los antiguos camaradas de Carrillo, el que mejor le conocía en la época. Y no pueden imaginar mi alegría, mi más profunda alegría, alivio y orgullo mezclados, cuando oigo la voz clara de este demócrata impecable, de este antifranquista intachable, de este grande de España que es también una de las autoridades morales de la época, decirme que tengo razón, plenamente razón, y que está feliz de haberme oído decir tan alto lo que él, durante tanto tiempo, ha pensado demasiado bajo.

lunes, 13 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (2), por Bernard Henri-Lévy

Jorge Semprún

   En "El País":
Cinco aproximaciones a un largo viaje (2)

BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011

   Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.

   Luego viene el antifascista. El antifascista más allá de España y a causa de ella. Luego viene la gesta de un escritor cuya obra, en una buena mitad, no tendrá otro objeto, a partir de ahí, que el de instalar a su autor en la posición de Testigo de ese Acontecimiento nazi del que la guerra de España habría sido el anuncio y que él, por una vez, habría recibido en su carne: resistente, primero, en los maquis de Borgoña, luego deportado a Buchenwald, en ese campo de la muerte erigido -él insistía en ello con frecuencia- a ocho kilómetros del árbol de Goethe...
   Pongo una mayúscula a Acontecimiento para resaltar la singularidad radical, en la historia general de las matanzas, del momento nazi tal como lo ha padecido y pensado Jorge Semprún.
   Y también pongo otra a Testigo para decir que nadie habrá llevado tan lejos como él, tanto la exigencia del testimonio como la reflexión sobre los principios, las reglas y, naturalmente, los límites de dicho testimonio.
   En El largo viaje, de 1963, que sigue a largos años de lo que él mismo llamaría la "amnesia voluntaria" de su temporada en un campo de concentración.
   En El desvanecimiento, ese bello libro que él calificaría un día -en mi opinión injustamente- de "borrador aproximado de algunos libros posteriores".
   En Viviré con su nombre, morirá con el mío, ese post-scriptum al Largo viaje, que comienza con la llegada al campo de una nota pidiendo información sobre un detenido llamado Jorge Semprún, que no tiene otra elección para sobrevivir que tomar prestada la identidad de un agonizante.
   Aún en Aquel domingo, del cual fui en Grasset un poco el editor y que él considera, creo, su verdadero gran libro sobre la cuestión.
   Y luego La escritura o la vida, que me parece la verdadera obra maestra, pero ¿cómo saber?
   Buchenwald, en todo caso, cada vez.
   El deber, no de memoria, sino de transmisión de Buchenwald.
   La literatura, su literatura, puestas en el torno de la imposible tarea de transmitir lo intransmisible de la deshumanización en Buchenwald.
   Y ese vértigo que se apoderó de él, y que también forma parte de su obra, en el momento en que piensa que va a morir, que sus contemporáneos van a morir también, y que pronto no habrá ya nadie para dar testimonio de esa memoria naufragada.
   ¿Qué permanece, entonces?
   ¿Qué quedará cuando hayan desaparecido los últimos cuerpos capaces de afirmarse contra el olvido?
   La literatura, sí. Todavía y siempre la literatura. Esa literatura que (¡qué oportuno!) es más inteligente, más sabia y además vive mucho más tiempo que lo que de ordinario llamamos los testigos; esa literatura de mala reputación pero bien armada y a la que, más que nunca, habrá que remitirse.
   Ustedes están informados, supongo, de la polémica que hizo furor en Francia a finales de 2009 cuando un joven novelista, Yannick Haenel, se introdujo en la vida y la cabeza de Jan Karski, el resistente polaco que fue en 1943 a alertar a Roosevelt sobre la realidad de lo que Semprún, siguiendo a Raul Hilberg, llama "la destrucción de los judíos".
   Semprún, en este asunto, estuvo del lado de los derechos de la novela. Lo estuvo con mesura. Prudencia. Es decir, en el interior del parapeto que no omite recordar (comenzando por la recomendación de no ceder jamás a la tentación retórica, empática, él decía en alguna parte "homérica", de servirse de las palabras para añadir horror al horror). Pero al fin lo estuvo. Lo estuvo incluso resueltamente y, si me atrevo a decirlo, naturalmente. Pues, no teniendo la edad del capitán nada que ver en el asunto, lo que era verdadero cuando la travesía de la memoria se hacía bajo el mando de escritores que eran también supervivientes (Primo Levi...) lo seguirá siendo, declaró Semprún, cuando ellos no sean más que escritores.
   Antifascismo y literatura.
   Escribir, no para sobrevivir, sino para revivir.
   Precaria es la ficción. Incierta. Pero cuán poderosa. Es lo que creía Semprún. Antifascista, porque escritor. Devenir escritor para que venga al pensamiento lo impensable del fascismo.

domingo, 12 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL. Homenaje a Jorge Semprún: "Cinco aproximaciones a un largo viaje" (1), por Bernard Henri-Lévy

Jorge Semprún

   En "El País":
Cinco aproximaciones a un largo viaje (1)

BERNARD-HENRI LÉVY 09/06/2011

   Jorge Semprún recibirá el homenaje póstumo de la 'Fundación Amigos del Museo del Prado'. Lo que sigue es el discurso del pensador Bernard-Henri Lévy sobre su legado múltiple que leerá en la ceremonia, prevista para el 28 de junio.

   No puedo hablarles de Jorge Semprún sin comenzar por hablarles de la guerra de España.
   Ciertamente, él no tiene más que 13 años en 1936. Dieciséis cuando su padre, José María Semprún, antiguo gobernador civil de las provincias de Toledo y Santander, se exilia definitivamente en Francia después de haber representado en La Haya al Gobierno republicano. Pero tiene, con apenas tres años de diferencia, la edad de mi propio padre al llegar a Barcelona para alistarse en las filas de las Brigadas Internacionales. Como él, admira al George Orwell de Homenaje a Cataluña. Como él, ha leído a Dos Passos y sobre todo a Hemingway, que habían venido a mezclarse en una guerra que no era en principio la suya y que les movilizó cuerpo y alma. "Nuestra guerra", diría él más tarde durante un encuentro en un restaurante de Madrid, en pleno franquismo, con un Hemingway que había vuelto para ver a Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. "Nuestra guerra", pensaría en esos tiempos irracionales en los que no era ya, o no todavía, Jorge Semprún, sino un falso sociólogo regresado, también él, como Hemingway, bajo una falsa identidad, para seguir el combate entablado por otros, bajo otras formas en 1936. "Nuestra guerra", insistiría, para designar esta guerra civil que él no libró pero a cuya sombra ha crecido y vivido. "Nosotros empleamos siempre este posesivo para nombrar la Guerra Civil. Sin duda para distinguirla de todas las demás guerras de la historia. ¿Cómo compararla, por otra parte, a las demás guerras de la historia? Era imposible". Y el hecho es que en todas sus novelas españolas y, más allá incluso de sus novelas, en todos los compromisos de su vida magnífica, esta guerra ha tenido siempre el mismo sitio: la primera cita, la escena absolutamente primitiva, la primera cornada a la que debieron hacer frente, en una tauromaquia política que no era más que literatura, los hombres libres del siglo XX; ese momento de luz sangrienta en el que la barbarie contemporánea vino a dar sus tres golpes, pero no sin que el espíritu de resistencia, el gusto del coraje y la justicia, la idea de una política ajustada a la grandeza, no se hayan autorizado a responderle.
   Yo tengo 25 años menos que Semprún.
   La misma diferencia de edad entre Semprún y yo que entre Semprún y, precisamente, Hemingway.
   Pero estoy tentado, yo también, de decir "nuestra guerra".
   Una vez al menos, he dicho efectivamente "nuestra guerra" a propósito de una guerra que era, en mi opinión, la repetición de la guerra de España y que era la guerra de Bosnia.
   Y todavía hoy, en Bengasi, en la Libia libre, ¿cuántas veces no he visto superponerse, en mí, las imágenes que tenía ante los ojos y las que venían de nuevo de la viva claridad de una memoria tan pronto familiar como literaria?
   Y bien, cada vez, en cada una de esas situaciones, en esa extraña mezcla de vida y ficciones que volvía a asediarme y que a veces guiaba mis pasos, debo confesarles que volvían a primera fila -incluso si la guerra de España no era, como tal, el teatro y el argumento- la intriga de La segunda muerte de Ramón Mercader, la de Autobiografía de Federico Sánchez o los fantasmas de Veinte años y un día, la gran novela española de Jorge Semprún.
   Tal es mi primer Semprún. El primero que me viene a la mente cuando, incluso en silencio, lo evoco. Y el primero, por consiguiente, al que deseo hoy rendir homenaje. Semprún, el español. Un Semprún cuya herencia, según la célebre frase, no fue precedida de testamento alguno, aunque sea verdaderamente -en mi juicio como, creo, en el de la época- el heredero de la España roja. Nadie es responsable de su ascendencia. Ni, por supuesto, de la temporalidad en la que se inscribe, de buen o mal grado, su destino. Así es.

domingo, 8 de mayo de 2011

PRENSA (1). 8 mayo 2011

   En "El País":

1. El clarín. Columna de Manuel Vicent.

2. Mi Twitter es también de mi empresa. Reportaje de Ramón Muñoz. Las compañías intentan controlar las opiniones de sus empleados en las redes sociales para cuidar su imagen - Los medios de comunicación crean códigos estrictos para sus periodistas. Las leyes de la frontera digital. Por José Cerezo, director de Investigación de Prisa Digital. Autor del blog http://www.pepecerezo.com/

3. El fin de Bin Laden y la primavera árabe. Artículo de Tariq Ramadan, profesor de Estudios Islámicos Contemporáneos en Oxford. © Global Viewpoint Network. Traducción de Mª Luisa Rguez. Tapia.

4. Al Qaeda 2.0. Por Moisés Naím.

5. El artista y los otros. Por Elvira Lindo.

6. Muerte en Pakistán. Por Bernard-Henri Lévy. Que el líder de Al Qaeda residiese en las cercanías de Islamabad hace pensar que el Gobierno paquistaní, que conocía el hecho, aceptó protegerlo y después optó por entregarlo a EE UU.

7. Ilegalidades irremediables. Lluís Bassets sobre la muerte de Bin Laden.

domingo, 1 de mayo de 2011

PRENSA (2). 1 mayo 2011

   En suplementos de "El País":

1. En las tripas de Twitter. Reportaje de Cristina F. Pereda. El fenómeno 'tuitero' galopa. La red suma ya 200 millones de usuarios. Se envían unos 155 millones de mensajes cada día. EL PAÍS entra en su búnker y habla con su fundador Biz Stone.

2. La plaza de la Liberación. Artículo de Juan Goytisolo. Todo parecía atado y bien atado hasta que llegaron las revoluciones árabes. El ciberespacio fue un instrumento decisivo, pero ¿cómo pasar del mundo virtual al real?

3. Israel y la primavera árabe. Por Bernard-Henri Lévy. El Estado judío, la única democracia de Oriente Próximo, no puede dudar a la hora de dar la bienvenida a los países vecinos que intentan abrazar los valores que él mismo ha ejemplificado.

4. Juntos. Por Maruja Torres.

5. El chaleco de Cioran. Por Javier Cercas.

6. La puerta abierta al Amor. Reportaje de psicología. Por Miriam Subirana. Confundir amor con apego egoísta es la causa de mucho sufrimiento en las relaciones. Estas son duraderas y ricas cuando uno tiene seguridad en sí e independencia del otro.

7. Los abusos del ladrillo. Por Rosa Montero.

8. Trabajadores en vilo. Reportaje de Luz Sánchez-Mellado. Dieciocho millones y medio de personas trabajan legalmente en España. Muchas se debaten entre la tranquilidad de tener empleo y el miedo a perderlo. Hoy es Primero de Mayo, la Fiesta del Trabajo. Con un 20% de paro, la previsión de años de contención salarial y un futuro incierto, ¿hay algo que celebrar? Se lo preguntamos a 30 empleados -14 hombres y 16 mujeres- de oficios y generaciones distintas.

domingo, 10 de abril de 2011

PRENSA (2). 10 abril 2011

   En suplementos de "El País":

1. Kosovo y el horror. Reportaje de Lola Galán. El Consejo de Europa y la exfiscal Carla del Ponte denuncian a la guerrilla de Kosovo como responsable de haber traficado con órganos de presos serbios, y al primer ministro, de estar detrás de la trama. En Albania, centro del presunto negocio, todos lo niegan. Serbia pide un juicio.

2. Los indignados son los novatos. Reportaje de Juan Diego Quesada y Marta Garijo. Rondan los 20 años, prácticamente acaban de salir del instituto, pero han liderado la primera manifestación juvenil que se rebela contra un futuro incierto.

3. Libia y la diplomacia de salón. Por Bernard-Henri Lévy. Apenas un mes después del comienzo de la intervención, los diplomáticos occidentales comienzan a cuestionarse tanto los objetivos de la operación como la firmeza y 'profesionalidad' de los insurgentes.

4. No te contesto. Por Elvira Lindo.

5. La azarosa historia (evolutiva) del pene. Reportaje de Mónica G. Salomone. ¿Un miembro viril con espinas? No se asombren. Investigaciones de la Universidad de Stanford lo han confirmado: nuestros antepasados lo tenían así. Esta es la trayectoria de tan sensible pérdida, que permite mayor duración de la cópula.

6. Prisioneros de la seguridad. Reportaje de psicología. Por Borja Vilaseca. No se nos da bien convivir con la incertidumbre. Por eso tratamos de llevar una vida planificada y, en principio, carente de riesgo y segura. Es hora de entrenar los músculos de la confianza y el coraje.

7. Vida de Pablo. Artículo-relato de Almudena Grandes.

8. Perjuicios de la vida transparente. Por Javier Marías.

domingo, 3 de abril de 2011

PRENSA (1). 3 abril 2011

   En "El País".

1. Cámaras. Columna de Manuel Vicent.

2. Enfermedad. Por Carlos Boyero.

3. La filosofía del "pienso, luego 'tuiteo". Reportaje de Antonio Fraguas. Twitter y otras herramientas de Internet insuflan nuevos aires al aforismo - Las editoriales llevan títulos de pensamiento breve a la mesa de novedades.

4. Sampedro se indigna y reacciona. Juan Cruz sobre José Luis Sampedro. El veterano escritor explica en dos libros las razones "del ocaso" de la sociedad.

5. ¿Quiénes son los rebeldes? Artículo de Jon Lee Anderson, periodista. © Condé Nast. Publicado originalmente en The New Yorker / www.newyorker.com. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. El núcleo duro de los que luchan contra Gadafi son los 'shabab', los jóvenes, muchos de ellos universitarios, que iniciaron la revuelta libia en febrero. Se les han unido mecánicos, comerciantes, ingenieros y algunos soldados.

6. Lo peor de lo peor. Justo Navarro sobre el hecho de ensuciar las calles.

   En "Domingo", suplemento de "El País":

7. Cruzando La Línea de la sospecha. Reportaje de Luis Gómez. La Fiscalía de Algeciras observa indicios de delito en cuatro de las 23 denuncias por casos de niños robados hace 40 años en La Línea de la Concepción. Siete médicos y tres matronas figuran entre los investigados.

8. Propaganda, mentiras, miedo. Reportaje. Lectura. El fascismo y el comunismo atrajeron a intelectuales y fueron viveros de jóvenes líderes que, arrancando de la nada, rompieron con el pasado y atizaron la cultura del enfrentamiento entre las dos guerras mundiales. Anticipamos el nuevo libro del historiador Julián Casanova.

9. Respuestas a preguntas sobre Libia. Artículo de Bernard-Henri Lévy. El autor se explica sobre cuestiones planteadas por la intervención militar en Libia y acusa tanto a los abstencionistas, como a los que hablan de colonialismo y arrogancia, de cinismo o complicidad.

10. La mujer valiente. Por Elvira Lindo.

11. "Lo siento, colega". Soledad Gallego-Díaz sobre los economistas.

domingo, 27 de marzo de 2011

PRENSA (2). 27 marzo 2011

   En suplementos de "El País":

1. A favor de la nueva Libia. Por Bernard-Henri Lévy. El movimiento de solidaridad que ha despertado el conflicto libio a nivel mundial ha logrado reunir, en la misma coalición, tanto a los Gobiernos occidentales como a los países miembros de la Liga Árabe.

2. En misa de ocho. Por Elvira Lindo.

3. Pasa la vida. Por Maruja Torres.

4. Los versos locos de la Princesa Inca. Entrevista. Por Rafael Ruiz. Dicen los médicos que es bipolar, esquizoafectiva. Dice ella que la crisis que sufre desde hace diez años y la fuerte medicación la dejan como un zombi. Princesa Inca / Cristina Martín remueve conciencias desde la radio y ahora desde un estremecedor libro de poesía.

5. Un Águila sobre el patio de butacas. Reportaje de Guillermo Abril. Después de tres temporadas en televisión, de convencer a más de seis millones de espectadores diarios y recibir el 'Premio Onda's a la mejor serie... La historia de este ninja español en el siglo XVII llega al cine.

6. Los mensajes de nuestros gestos. Reportaje de psicología. Por Ferrán Ramón-Cortés. Nuestro comportamiento esconde mensajes que a menudo contradicen nuestras palabras. ¿Qué información damos a nuestro entorno con nuestros gestos? ¿Cómo nos juzgan a través de estas señales ocultas?

7. Eduardo Arroyo: "Ha triunfado el cinismo, ya nadie cree en nada". Entrevista. Por Vicente Verdú. Se comprometió a fondo con el progresismo. Hoy ya no reconoce lo que es la izquierda. Su pintura alcanzó las cotas más altas. Hoy cree que el arte está en manos de funcionarios. "Es insoportable y muy doloroso".

8. Aires de revolución. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla y Guillermo Abril. Una ola de cambio ha sacudido el mundo que ellos conocían. Algunos lo han vivido en primera persona. Otros lo han seguido minuto a minuto en la Red. Todos coinciden en algo: ha llegado su hora. De Marruecos a Palestina, pasando por Túnez y Egipto, 10 árabes afincados en España nos hablan de democracia, dignidad y justicia.

9. España masacrada. Reportaje de Tereixa Constenla. Los horrores de la guerra civil siguen saliendo a la luz. Lejos del frente hubo casi tantos muertos como en las batallas. Una represión salvaje contra inocentes que Paul Preston denuncia ahora en 'el holocausto español'.

10. Pandilla sin bits. Reportaje de Cristóbal Ramírez. A las generaciones de hoy se las critica por querer siempre el último 'gadget' y estar obsesionadas con Internet. ¿Realidad total? Aquí va una muestra de chavales que rebaten esos informes. Ellos intentan comprender su mundo al margen de las tecnologías.

11. Época de soplones y policías. Por Javier Marías.

domingo, 20 de marzo de 2011

PRENSA (1). 20 marzo 2011

   En "El País".

1. Rechazar. Columna de Manuel Vicent.

2. La batalla laica se libra ahora en el campus. Reportaje de P. álvarez y J. A. Aunión. Arrecian las protestas contra la presencia de capillas en las universidades públicas - Sus defensores apelan a la libertad de culto y a la tradición - Al menos 12 centros tienen oratorios. Apóstoles a jornal. Análisis de Juan G. Bedoya.

3. Las tramas de adopciones ilegales 'exportaban' bebés al extranjero. Por Natalia Junquera y Jesús Duva. Monjas y médicos entregaron recién nacidos a parejas de EE UU y Centroamérica. Las redes de adopciones irregulares que operaron hasta 1987 actuaban sobre todo en España, pero también lo hicieron fuera. Diversos testimonios e investigaciones de EL PAÍS indican que extendían sus tentáculos a otros países. Un matrimonio voló dos veces a Madrid para recoger a dos niños. La pareja, de religión judía, contactó desde México con un cura español que les condujo al sanatorio San Ramón. "Yo fui adoptada por una familia mexicana maravillosa. Desconozco todo mi pasado". Una joven busca a su madre española, atendida en el parto por el doctor Vela - Grupos de alemanes elegían niños en la casa-cuna de Tenerife, según una ONG.

4. Carta a Manuel Vicent. Artículo de Cayetana Alba, duquesa, sobre la novela del escritor sobre Jesús Aguirre.

5. El terremoto no es una catástrofe económica. Por Moisés Naím.

6. Yo no huiré. Artículo de Ryu Murakami, escritor y director de cine japonés. Este artículo ha sido traducido del japonés por Ralph F. McCarthy. © 2011, Ryu Murakami. Traducción del inglés de Juan Ramón Azaola.


   En Domingo, suplemento de "El País":

7. 'Condenado a muerte sin vacilación'. Reportaje de Jorge Martínez Reverte. Españoles de la División Azul fusilaron en Rusia a un compatriota que se la había jugado para luchar contra los alemanes.

8. Sarkozy, Libia y la diplomacia. Por Bernard-Henri Lévy. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, no dudó en recibir muy pronto en el Palacio del Elíseo a los representantes del movimiento libio de oposición. Traducción: José Luis Sánchez-Silva.

9. Trabajos forzados. Por Elvira Lindo.

domingo, 13 de marzo de 2011

PRENSA (1). 13 marzo 2011

   En "El País":

1. Resetear. Columna de Manuel Vicent.

2. Adán y Eva se entendían a besos. Reportaje de Javier Sampedro. La humanidad moderna surgió en el sur de África de una población de bosquimanos - El primer lenguaje fue el khoisán, donde las consonantes suenan como chasquidos y besos.

3. Ocho verdades incómodas. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are subversive: Political writing from a decade without a name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Sobre Italia y Europa.

4. Piqueteros intelectuales. Artículo de Mario Vargas Llosa. El grupo 'Carta Abierta' pidió a la Feria del Libro de Buenos Aires que me retirara la invitación para inaugurarla, por mi posición "liberal" y "reaccionaria". ¿Qué quieren, una nueva Cuba? © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a 'Ediciones EL PAÍS, SL', 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

5. Ocho claves para entender la crisis libia. Por Ignacio Cembrero. La revuelta es una guerra civil en el país magrebí más rico y menos poblado.

6. Lea este libro. Moisés Naím, sobre la riqueza y pobreza en el mundo.

   En Domingo, suplemento de "El País":

7. "El poder pasa del editor al lector". Entrevista a Riccardo Cavallero, director general de 'Libros Grupo Mondadori'. Por Juan Cruz.  

8. Escenas de la Libia libre. Por Bernard-Henri Lévy. La vida en las ciudades continúa a pesar de los bombardeos. Mientras las columnas de los combatientes continúan su marcha, la televisión oficial anuncia la toma de Zauiya ante la incontenible risa del pueblo.

9. Pasar miedo. Por Elvira Lindo.

domingo, 6 de marzo de 2011

PRENSA (1). 6 marzo 2011

   En "El País":

1. Enter. Columna de Manuel Vicent.

2. Revolucionarias sí, pero sin poder. Reportaje de Ana Carbajosa. Las mujeres participan en las movilizaciones democráticas de los países árabes - ¿Van a estar presentes en la nueva configuración del poder?

3. Los niños que vienen. Artículo de Jordi Soler, escritor. Su último libro es La fiesta del oso (Mondadori).

4. La decadencia de 'Occidente'. Artículo del escritor mexicano Jorge Volpi.

5. Libia y el intervencionismo liberal. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de 'Estudios Europeos' en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are subversive: political writing from a decade without a name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. El error cometido por Bush y Blair en Irak le dio mala fama a la doctrina de la intervención internacional para evitar matanzas masivas. Sin embargo, tiene versiones respetables. La actitud de Gadafi reabre el debate.

6. ¿Qué podemos hacer por la joven revolución libia? Por Bernard-Henri Lévy. En su recorrido por el este de Libia, el filósofo francés Bernard-Henri Lévy ha tomado el pulso a la población. Y reflexiona sobre qué espera de la comunidad internacional.

7. Muamar, Hugo y Dani. Por Moisés Naím.

   En Domingo, suplemento de "El País":

8. Vidas robadas. Reportaje de Jesús Duva y Natalia Junquera. Miles de personas dudan: ¿y si yo fui también un niño robado? Esta es la historia de las redes ligadas durante años al tráfico de bebés. Dónde y cómo. Por cuánto dinero. Por qué motivo. Durante décadas miles de bebés en España fueron sustraídos o separados irregularmente de sus padres. EL PAÍS inicia hoy una serie sobre este tráfico de niños y ofrece el relato de las víctimas y de quienes participaron en las tramas.

9. "Editar es una cuestión de instinto". Reportaje de Juan Cruz. EDITORES ANTE EL FINAL DE LA ERA GUTENBERG (1) Peter Mayer, expresidente de Penguin y en la actualidad presidente de 'Overlook Press'.