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martes, 15 de abril de 2014

PRENSA. "No lo llames '0,0' cuando quieres decir 'light'"

Los productos 'sin' cada vez están más presentes en los supermercados. / NOEL HENDRICKSON (GETTY IMAGES) ("El país")

   En "El País":

No lo llames ‘0,0’ cuando quieres decir ‘light’

Cada vez más marcas utilizan el ‘cero-cero’ como reclamo, aunque no tenga base nutricional En la última inspección de Consumo se detectaron irregularidades en el 20% de los etiquetados

 28 OCT 2013

¿Qué tienen en común una cerveza 0,0, un tomate frito 0,0 y un aceite 0,0? Según el Real Decreto 53/1995, se consideran cervezas sin alcohol aquellas cuya graduación alcohólica sea menor al 1% en volumen. No hay ninguna norma que establezca cuándo es legal utilizar la cifra 0,0 en el etiquetado de alimentos o bebidas, aunque generalmente se asocia a cervezas con un porcentaje de alcohol mínimo, casi siempre por debajo del 0,05%. Pero como la norma no lo prohíbe, nada impide que otro tipo de productos se presenten con esta referencia para dar a entender que contienen un porcentaje mínimo en alguno de sus ingredientes (como un atributo positivo). Por ejemplo, la marca de tomate frito Orlando 0,0 hace alusión a que no lleva sal ni azúcares añadidos (aunque con un asterisco advierte de que “contiene sal y azúcares naturalmente presentes en el tomate”).
¿Y un aceite 0,0? ¿A qué ingrediente ausente puede referirse el aceite La Masía 0,0? Atendiendo a su etiquetado, a ninguno. “Es un nombre comercial que evoca su capacidad para reducir hasta en un 50% la absorción de grasas en frituras. Esto se consigue gracias a un proceso de refinamiento que hemos desarrollado para conseguir un mejor comportamiento en las frituras”, explica un portavoz de Ybarra, grupo propietario de la marca.
El etiquetado de este producto deja claro que se trata de un aceite de oliva refinado con menos de un 0,1% de aceite de oliva virgen extra. También advierte de su alto poder calórico: 824 kilocalorías por 100 mililitros. El esperado en cualquier aceite de oliva. “El etiquetado cumple la ley, ofrece detalle de todos sus ingredientes, propiedades y refinamiento. Pero la etiqueta 0,0 puede inducir a confusión, no dice que tenga menos calorías pero lo sugiere. Además, se añade que se pueden obtener fritos con un 50% menos de aceite, lo que refuerza esa sugerencia”, explica Enrique Martínez, investigador del Instituto de la Grasa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

“Antes todo era ‘light’, ahora todo es 0,0 o sin”, explica un experto en 'marketing'
Son muchas las tácticas comerciales que utilizan las empresas de alimentación para intentar que sus marcas destaquen en los estantes de los supermercados. “Por ejemplo, cuando se quiere sugerir algo que la legislación no permite, se convierte en marca comercial. Con esto se consiguen varias cosas. Por ejemplo, dar a entender que un determinado ingrediente es mayoritario en un producto cuando no lo es, como el caso de la margarina Flora Oliva, que solo tiene un 8% de aceite de oliva en el total del producto; para nombrar un ingrediente que en realidad no contienen, como una crema denominada Jamón York que en realidad no tiene nada de jamón sino que es una crema al jamón, otra de cangrejo que en realidad es de surimi, etcétera. También se recurre mucho a la técnica del asterisco, para matizar afirmaciones comerciales, o incluso a la picaresca de crear una página web con una dirección que afirme lo que no se puede afirmar por ley, como lamargarinaesbuena.com, para poder ponerlo en el envase”, relata el autor de un conocido blog sobre alimentación [gominolasdepetroleo.com], doctor en tecnología alimentaria, que se mantiene en el anonimato bajo el seudónimo de Papyrus. “Estas tácticas se sitúan en los límites de la legislación. Pero como la interpretación de las leyes es muy amplia, muchas veces no es posible demostrar que se trata de publicidad engañosa”, dice.
Un estudio encargado en 2012 por Freshfel, la asociación que representa el sector de frutas y hortalizas frescas en Europa, titulado ¿Dónde está la fruta?, revela que la imagen y el nombre de la fruta fresca se emplea a menudo como reclamo en productos que no la contienen o lo hacen en cantidades mínimas, sobre todo lácteos, dulces y bebidas. Casi uno de cada cinco artículos analizados no contenía nada de fruta, mientras que otro 32% tenía un porcentaje inferior en todo caso al 10% del peso total del producto. Teniendo en cuenta el reglamento de 2006 de la UE, relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, el informe concluía que solo el 13,5% estaban realmente autorizados a utilizar imágenes de fruta fresca en el envase o etiquetado.
Pero no es fácil sacar del mercado un producto que incumple la legislación. Un ejemplo lo encontramos en el caso de la marca de patatas Pat Diet, que fueron retiradas en 2011 tras un proceso judicial de tres años emprendido por la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). La Audiencia Provincial de Barcelona sentenció, igual que un año antes lo había hecho un juzgado de primera instancia, que el etiquetado de este artículo era engañoso porque tanto el nombre comercial Pat Diet como el hecho de que en el etiquetado apareciera una patata con una báscula en su interior inducían a los consumidores a concluir que se trataba de un producto de bajo valor energético, cuando en realidad rebasaba las 60 kilocalorías por cada 100 gramos (por encima de lo estipulado en el reglamento europeo de 2006). “Fue una batalla larga y costosa. No podemos embarcarnos en otra así. Ahora, cuando detectamos alguna irregularidad de este tipo, nos limitamos a comunicarlo a la autoridad de consumo de la comunidad autónoma correspondiente para que actúe. A veces se consiguen rectificaciones, pero otras veces no”, apunta Yolanda Quintana, portavoz de CEACCU.

La fruta se usa como reclamo en productos que no la contienen o tienen muy poca
En su última campaña de inspección para controlar el etiquetado de los alimentos, realizada en 2012, el Instituto Nacional de Consumo descubrió que un 20,18% de los artículos analizados presentaban irregularidades. Pero el porcentaje real podría ser mayor. Un estudio realizado en 2008 por CEACUU reveló que uno de cada tres productos etiquetados como saludables eran engañosos o inducían al consumidor a un error.
“En las negociaciones de las normativas, la industria siempre presiona para que las leyes sean flexibles. Es decir, que sea lo suficientemente ambigua para, en caso de inspección, tener un gran margen de interpretación. Por eso es tan difícil demostrar que una etiqueta es engañosa”, lamenta Quintana. “En el proceso de elaboración del reglamento europeo de 2006, la industria logró que se sacara de la redacción la norma que decía que sería considerado engañoso de manera automática cualquier reclamo que incumpliera este reglamento. Esto quiere decir que hay que recurrir a la ley de competencia desleal para demostrarlo, que es un proceso más difícil”, añade.
La industria se protege en bloque porque sabe que si una empresa consigue buenos resultados con una estrategia de venta, las demás la van a imitar. “Hace una década, por ejemplo, se impuso el término light. Funcionaba tan bien que acabó usándose para todo, incluso para el tabaco. Hasta que se agotó y las marcas tuvieron que buscar nuevos reclamos para presentar los productos bajos en calorías o ligeros”, comenta Eduardo Martínez, director de la escuela de marketing alimentario M4F. “Ahora la tendencia es el 0,0 y lo sin: sin calorías, sin alcohol, sin colorantes, sin aditivos, sin grasas. Y como pasó con lo light, se empieza a usar para todo”.

El número de productos ‘sin’ se ha duplicado en los últimos ocho años
José Enrique Carreres, jefe del departamento de nuevos productos del centro tecnológico Ainia, confirma esta tendencia. “En los últimos ocho años se ha duplicado el número de nuevos productos sin en el mundo. Un porcentaje incluso más alto en tres segmentos. Por un lado, el de los productos “sin alergenos” pasó de 1.200 lanzamientos en 2005 a 6.000 en 2012; en el mismo periodo, el de “sin grasas trans” pasó de 1.000 a 7.000, y el de “sin aditivos ni conservantes” fue de 6.000 a 24.000”, detalla.
La competencia es dura y cada vez resulta más difícil destacar. “Los departamentos comerciales tienen que inventar continuamente nuevos reclamos que distingan sus artículos de los demás. No solo es cada vez más difícil destacar, sino también entrar en las grandes superficies de venta, porque la mayoría están dando preferencia a sus marcas blancas y, fuera de eso, solo distribuyen productos que tengan un valor añadido, que tengan algo especial que ningún otro ofrece”, apunta Eduardo Martínez.
Ese valor añadido se consigue no solo con reclamos nutricionales atractivos, sino también con colores e ilustraciones sugerentes. “Tradicionalmente, el verde se ha empleado para transmitir natural, frescor. El marrón se asocia a lo rústico, artesano, no artificial. El azul transmite confianza y es utilizado mucho en los productos dietéticos”, explica Inés Küster, catedrática de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universidad de Valencia. “Una investigación realizada en una universidad americana demostró que un mismo alimento podía percibirse de un modo diferente según las declaraciones o el color del envoltorio. Como ejemplo, si una tableta de chocolate se presenta envasada con papel de color verde, se percibe como un producto más saludable y menos calórico que si se presenta con un envase de color rojo”, prosigue Küster.

El abogado que ganó a las tabaqueras ha puesto ahora el foco en la alimentación
El consumidor se ve sometido a un bombardeo de reclamos cada vez más sofisticados, que muchas veces ni siquiera entiende. Susana Fiszman, investigadora del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos del CSIC, cree que “la mayoría no comprende realmente las declaraciones que aparecen en las etiquetas. Y eso es darle ventaja a la industria. Por ejemplo, teniendo en cuenta que lo sin es uno de los términos que mejor funciona en este momento, las marcas elaboran sus reclamos utilizando palabras que remitan a lo natural y eviten la alusión a la química. Por ejemplo, en lugar de usar el término colorante, que hoy día está mal visto, se dice extracto de remolacha, que en realidad es un colorante”.
Fiszman cree que “la mejor manera de luchar contra la publicidad engañosa, aparte de controlar el cumplimiento de la legislación, es apostar por la educación nutricional de los ciudadanos. Así sabrían interpretar mejor las declaraciones de los productos y, además, se derrumbarían muchos de los mitos que surgen por desconocimiento, entre ellos el mito de que todo lo químico es malo”, opina.
Hay otras apuestas más radicales. Don Barrett, el abogado estadounidense que ganó la primera gran batalla judicial contra las tabacaleras a finales de los años noventa, logrando una indemnización de cerca de 200.000 millones de euros para costear gastos sanitarios de enfermedades producidas por la nicotina, ha puesto el foco ahora en la publicidad engañosa de la industria alimentaria. Su bufete ha demandado ya a una treintena de multinacionales, que controlan el grueso del mercado, entre ellas se encuentran Nestlé, Unilever, Procter & Gamble, Kraft, Coca-Cola o PepsiCo, por mentir en el etiquetado de algunos de sus productos.
Barrett, cuya cruzada contra las tabacaleras fue llevada al cine en la película The insider (traducida en España como El dilema), centra sus demandas precisamente en productos que hacen gala de contener ingredientes “naturales”, de no llevar transgénicos o sabores artificiales, de estar elaborados de forma artesanal, comercializarse como alimento saludable o por utilizar eufemismos como “jugo de caña” para referirse al azúcar. “En EE UU, que tiene una de las mayores tasas de obesidad y diabetes del mundo, parece que la palabra azúcar está prohibida. Por eso los fabricantes eluden esta palabra y se inventan eufemismos como jugo de caña”, ha declarado el abogado a la prensa estadounidense.
Según Barrett, alrededor del 25% de los productos están mal etiquetados en EE UU. Algunas de las marcas a las que ha empezado a demandar su bufete han matizado ya sus etiquetas para evitar ir a juicio. Es el caso de Sunsweet, que comercializa frutos secos, zumos y snacks, que ha eliminado las referencias a supuestas propiedades antioxidantes. Otras compañías, en cambio, han preferido acogerse a su presunción de inocencia y llegar a los tribunales.

Coto a la publicidad de los cosméticos

“Ninguna crema es capaz de eliminar las arrugas o la celulitis”. Lo reconoce Carmen Esteban, directora técnica de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), que agrupa en España a las principales marcas del sector. “Podemos reducir su profundidad, mejorar la apariencia de la piel, alisarla, pero nunca desaparecen”, añade. Si se analiza la publicidad de este tipo de productos, es cierto que ninguno se atribuye cualidades milagrosas. “Pero una cosa es lo que se dice literalmente y otra lo que se da a entender, y muchas veces los anuncios de cosméticos inducen a error de manera deliberada”, advierte Alejandro Perales, presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC). “Palabra por palabra no se les puede acusar de nada porque utilizan términos como ayudar, mejorar, reducir. Pero la mezcla de frases e imágenes raya la publicidad engañosa: el consumidor cree oír o leer lo que realmente los anuncios no dicen”, precisa Ileana Izverniceanu, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
Este verano entró en vigor un nuevo reglamento de la UE que intenta poner coto a estas prácticas. Su principio básico es la veracidad: cada enunciado, “explícito o implícito, debe sustentarse con elementos de prueba verificables”. Es decir, que si un producto promete “resultados visibles” en un periodo de tiempo, el fabricante debe poder demostrarlo con estudios empíricos.
“Sobre el papel el reglamento es perfecto, pero en la práctica se mantienen ambigüedades”, lamenta Alejandro Perales. Por ejemplo, la normativa recoge que “las comunicaciones deben ser claras, precisas, pertinentes y comprensibles para el usuario final medio”, pero no especifica quién es ese usuario final medio. ¿Debe entender lo que realmente significa que un producto contenga “moléculas que redensifican el cabello”, “coenzimas reafirmantes” o “aminoácidos reguladores del pH?”.
La interpretación de los fabricantes es abierta. “Cada marca sabe mejor que nadie quién es su cliente objetivo, que viene a ser el usuario final medio. Por eso es la única que puede juzgarlo”, opina Carmen Esteban, que asegura que el sector está adaptado a la nueva normativa desde hace tiempo gracias a un código de comunicación responsable que impuso Stanpa a sus asociados. “Nuestros principios son los mismos: veracidad, honradez y cumplimiento de la legislación. Todo ello no es incompatible con utilizar los recursos del lenguaje publicitario. En cualquier sector se utilizan hipérboles”, asevera.
La portavoz de OCU coincide en que el reglamento supone un avance sobre el papel, pero cree que para que funcione en la práctica debe haber más control. “Echamos de menos sanciones ejemplarizantes”, comenta.

viernes, 23 de noviembre de 2012

PRENSA. Sobre la mujer y la publicidad de "males íntimos". Reportaje

Hay quien considera que el recurrir a las mujeres en esta publicidad es “sexismo de baja intensidad”. / GETTY ("el país)

   En "El País":

Conejillas de Indias

La publicidad abusa de la imagen de la mujeres para males íntimos como hemorroides

Las agencias niegan que se trate de sexismo: “Es realismo”

 Madrid 17 NOV 2012

Seguro que le suena: “Mamá, tú cuando tenías mi edad, ¿no tenías picores?… Ya sabes… ahí”. La frase, pronunciada por una adolescente que charla con su madre tumbada en la cama de su cuarto así, en confianza, de mujer a mujer, es un clásico de la publicidad en televisión. Concretamente, el eslogan del anuncio de Dermovagisil, un ungüento para el prurito genital, que, aunque no esté hoy en antena, se repone periódicamente y se emite a discreción durante una temporada para luego desaparecer y volver meses o años después, invariable, a provocar la perplejidad, la vergüenza ajena o, directamente, la carcajada de parte de la audiencia que, por mucho que lo vea, nunca acaba de dar crédito a lo que escucha.
“Antes lo evitaba; ahora, lo busco”, suelta, mirando picarona a cámara se supone que refiriéndose a su pareja, otra mujer que canta las alabanzas de Vaginesil, otra pomada lubricante que promete mejorar las relaciones sexuales de las interesadas, en su correspondiente spot. “¿Tú qué tomas para el estreñimiento?”, le espeta una chica a su amiga en el metro antes de que vengan dos especies de geos y la evacuen del suburbano para obligarla a soltar lastre, en el comercial de un enema llamado Micralax. “Lo normal no es sentirse hinchada, sino sentirse bien”, pontifica Carmen Machi a un grupo de supuestas íntimas, en el del yogur Activia.
La lista es larga. Y jugosa. Los anuncios de productos farmacéuticos o alimentarios relacionados con las molestias e incidencias de salud de, digamos, cintura para abajo, pueden ser buenos, regulares o pésimos. Pretenciosos o chabacanos. Sonrojantes o divertidos. Pero tienen algo en común. Prácticamente el 100% están protagonizados por mujeres.
Jóvenes, de mediana edad, ancianas venerables. Casi siempre son ellas las protagonistas activas o pasivas de estos microrrelatos de 20 segundos en los que, indefectiblemente, les pican sus partes, están a reventar de gases, quieren y no pueden defecar a sus horas, se les escapa la gotita del pis, les pesan las piernas comiditas de varices, luchan contra los penosos efectos colaterales de su menstruación, no lubrican como es debido sus genitales para disfrutar de relaciones sexuales satisfactorias y, para colmo de males, sufren en silencio sus hemorroides, otra perla entre la nutrida colección de frases legendarias del gremio.

La industria afirma que son ellas las que compran y eligen los productos
Incluso cuando es él, inequívocamente, el que necesita ayuda para su disfunción eréctil, es ella la que la pide, o le anima a pedirla, aislados ambos en lo alto de un árbol y asumiendo solidariamente las consecuencias, como sucede en el muy gráfico caso del spot de Lilly. Sin embargo, más allá del hecho cierto, cabría preguntarse qué razones subyacen en esa prevalencia absoluta. Por qué son siempre las mujeres las que ejercen de conejillas de Indias de este nicho de mercado de la industria alimentaria, farmacéutica y publicitaria. ¿Acaso son los hombres seres asexuados, puros y limpios de polvo y paja de cintura para abajo?
“Sí, es cierto que recurrimos más a la mujer”, admite Lourdes de Pablo, presidenta de Ogilvy Common Health, la mayor agencia especializada en campañas de productos relacionados con la salud. “Pero por una razón muy simple: aparte de que, estadísticamente, ellas están más afectadas por determinadas afecciones como las pérdidas de orina o el estreñimiento, nuestro objetivo es llegar al público consumidor, y al prescriptor. Y, aquí y ahora, es la mujer la que compra estos artículos, la que aconseja a los demás su uso, y la que cuida mayoritariamente de sí misma y de la familia. ¿Sexismo? No lo veo de esa manera. Tenemos asumido ese rol. Sencillamente, es así”, sostiene la responsable última de campañas como la de Dormidina, unos comprimidos para favorecer el sueño que, por supuesto, también protagoniza una mujer. Moderna, trabajadora, elegante, pero mujer. E insomne.

¿Acaso son los hombres asexuados, puros y limpios de cintura para abajo?
Emilia Bailón, médica del centro de salud Albaicín de Granada, y coordinadora del Grupo de Atención a la Mujer de la Sociedad de Medicina de Familia, discrepa y no discrepa. Por una parte, corrobora que son las mujeres las que más solicitan —y compran— ayuda para aliviar ese tipo de molestias. “Un hombre no viene a consulta por estreñimiento si no está que explota”, ilustra. Y, por otra, opina que esos anuncios “constituyen un uso abusivo y una manipulación de la imagen de la mujer. Evidentemente, menstruamos, pasamos la menopausia y tenemos ciclos biológicos distintos a los de ellos. Pero, a partir de cierta edad, la prevalencia de muchas de esas afecciones es similar. Por no hablar de asuntos específicamente masculinos. Ellos también retienen gases, van estreñidos, se les escapa el pis, tienen hemorroides y les pica lo suyo. Lo que ocurre es que todo lo relacionado con los bajos resulta vergonzante, incómodo, no está bonito hablar de eso. Entonces, que lo anuncien las mujeres, que lo llevan en el género”.
En realidad, uno de los primeros en pregonar, aunque fuera elípticamente, sus problemas de tránsito intestinal y lo bien que le iba cierto yogur con bífidos fue un galán, José Coronado, a finales de los ochenta. La campaña de Bio —“te renueva por dentro”— fue una apuesta de alto riesgo para Danone —“había que decirle a la gente que el yogur tenía bichitos vivos, y eso, entonces era anatema”, recuerda un histórico de la casa—, pero el recurso al entonces símbolo sexual que era Coronado resultó tal bombazo de notoriedad, y ventas, que la estrategia de fichar a celebridades como vendedores de la marca continua.
Solo que ahora —salvo excepciones como Manolo Escobar y Vicente del Bosque, imagen ambos de Danacol, un lácteo anticolesterol—, la escuadra de prescriptores Danone es abrumadoramente femenina. A Carmen Machi, con Activia, se han ido añadiendo Verónica Forqué (“con la menopausia siento el cuerpo un poco loco”), la veterana Lola Herrera (“¿han desayunado tus defensas?”) y, el último fichaje, la comunicadora estrella Ana Rosa Quintana (“mujeres fuertes, huesos fuertes”), flamante imagen de Densia, un yogur que promete prevenir la osteoporosis tradicionalmente asociada a la menopausia.

Ana Rosa Quintana: “Me gusta dar visibilidad a mujeres de esta edad”
“Para nada. Al revés, me gusta esa idea de mujeres fuertes, y de darle visibilidad a las mujeres de esta edad, y de todas” responde Quintana, de 56 años, madre de dos niños pequeños, a la pregunta de si dudó en aceptar la oferta por el supuesto riesgo de asociar su imagen con un estadio vital, como la menopausia, considerado casi un tabú social por muchos, y muchas, hasta no hace tanto. “En eso soy una militante. Siempre animo a mi audiencia a que la vida no se acaba ahí, porque además creo que las mujeres, hoy, envejecemos mejor que ellos en todos los sentidos. Y ni es sexismo esto que digo, porque es una evidencia, ni es sexismo constatar que las que compramos este y otros productos somos nosotras”.
“El objetivo de una marca es conseguir que el consumidor se identifique con ella, le tenga cariño y aspire a formar parte de su aura. En ese sentido, los personajes con tirón popular son imbatibles”, arguye Carlos Bosch, director de Medios de Danone. “Si aciertas con la celebrity y el producto funciona, porque la gente no es tonta, la apuesta es perfecta. Las mujeres, además, son más abiertas a la hora de hablar de ciertas cosas y probar ciertos productos. No es sexismo. El 90% de las decisiones de compra en el supermercado las toma la mujer, por eso nos dirigimos a ellas a través de otras”, concluye el responsable de las campañas de esta firma, la segunda que más se anuncia en televisión. Teniendo en cuenta los millones de espectadoras del Programa de Ana Rosa, y los miles de lectoras de AR, su revista homónima, que acaba de cumplir 11 años en el mercado, ese efecto multiplicador parece asegurado.
Que la venta de este tipo de productos alimentarios y farmacéuticos y, por tanto, su publicidad, mueve mucho dinero es un hecho. Las llamadas especialidades farmacéuticas publicitarias (EFP) —medicamentos que no necesitan receta— son, a las farmacias y parafarmacias, como los productos de gran consumo a los supermercados. Género de salida diaria. Con sustanciosos márgenes de beneficio en toda la cadena. Y más ahora que el Gobierno ha excluido alguno de los correspondientes genéricos —como los laxantes— de la lista de productos subvencionados por Sanidad. Son, admite Lourdes de Pablo, de Ogilvy, cuentas muy golosas para una agencia. “En absoluto es un marrón para un creativo abordar una campaña de este tipo”, niega la mayor De Pablo. “Al revés, es un reto. Lo que sucede es que es una publicidad muy regulada por Sanidad, que, a la mínima, no te da el preceptivo Código Publicitario Sanitario”. Ese hecho, y no otras consideraciones escatológicas, o sexistas, podría estar detrás, sostiene, de la, digamos, escasa elegancia de algunos anuncios.

José Coronado fue pionero al anunciar un yogur para “el tránsito intestinal”
Para Belén Cambronero, experta en comunicación y salud de la Universidad de Alicante que firma, entre otros, un estudio de la Sociedad Española de Salud Pública que concluye que la imagen de los roles de la mujer en la publicidad de medicamentos se mantienen invariable en los últimos 30 años, el sesgo sexista es incuestionable. “Es cierto que el Código de Buenas Prácticas para la Promoción del Medicamento es exigente. Pero no dice una palabra sobre la sobreutilización de la imagen de la mujer, considerada exclusivamente como nicho de consumo y prescripción, independientemente de la prevalencia que tenga la afección entre ellas”.
La directora de la Cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos, Laura Nuño, entona, sin dejar de constatar el hecho, un cierto nostra culpa al respecto. “Estamos tan acostumbradas a ser ofendidas que ni nos lo tomamos mal. Hasta a nosotras nos chocaría ver un anuncio de dos tíos hablando de su estreñimiento, o de su próstata. Nos ocupamos de nuestras pérdidas, y de las suyas. De nuestra sequedad vaginal, y de su impotencia. Este es un sexismo de baja intensidad. Ya no es la rubia despampanante desnuda sobre un cochazo, pero cala, es una lluvia fina, que socializa y eterniza estereotipos”.
Cuenta una histórica socióloga y feminista española, hoy en la sesentena y casada desde hace décadas con su novio de toda la vida, que, de jovencita, la única forma de conseguir preservativos —prohibidos por el franquismo— en Madrid era acudir a determinados establecimientos que los vendían bajo cuerda sin más publicidad que el boca a boca: “A mí me daba corte, pero a él todavía más, así que me tenías que ver, toda moderna y feminista, yendo muerta de la vergüenza a 'Gomas La Discreta' de la calle Jardines, a comprar condones para mi chico”.

sábado, 19 de noviembre de 2011

PRENSA. "Boca-oreja, la mejor promoción", reportaje


   En Domingo, suplemento de "El País":
REPORTAJE: LECTURA

Boca-oreja, la mejor promoción

   Algunos de los trucos publicitarios más eficaces se basan en la recomendación personal o la emulación de alguien a quien admiramos. Extracto del libro de un experto en 'marketing'.

13/11/2011

   Lo que iba a ocurrir las próximas ocho semanas fue una de las operaciones más arriesgadas y poco convencionales que mi equipo y yo preparamos jamás. Si una sola persona del vecindario descubría lo que íbamos a hacer, todo el proyecto (que habíamos estado planificando y preparando durante los últimos seis meses) estaría en peligro. ¿Por qué? Porque las familias de este selecto vecindario no debían tener la más remota idea de que iban a convertirse en participantes involuntarios de un gran experimento social de tres millones de dólares cuyos resultados revelarían una cara del comportamiento de los consumidores que pocos de ellos habrían imaginado.
   Inspirado en The Joneses, una película de Hollywood de 2009 sobre una familia de vendedores encubiertos que se muda a un vecindario de clase media-alta para vender sus artículos a los confiados vecinos, mi plan era sencillo, pero ambicioso: estudiar el poder del marketing tipo boca-oreja. Crearíamos una versión real de la película, con una auténtica familia californiana ubicada en un vecindario real, y luego les filmaríamos durante el día mientras trataban de convencer de manera encubierta a amigos, colegas y seres queridos de que compraran una serie de marcas seleccionadas con cuidado.
   Los resultados demostraron, más allá de cualquier duda, que los vendedores, los anunciantes y las grandes empresas no tienen nada en comparación con la influencia que nosotros, como consumidores, tenemos los unos sobre los otros. Quería evaluar y validar de forma empírica nuestros descubrimientos. En consecuencia, ChatThreads analizó los datos, lo cual reveló un par de tendencias interesantes.
   La primera fue que tanto si Gina hablaba a sus amigas de un fabuloso spa donde había pasado una semana o simplemente tomaba una nueva marca de café delante de ellas, los amigos de los Morgenson se mostraban mucho más susceptibles a la publicidad de guerrilla por las mañanas, sobre todo entre las ocho y las diez. ¿Por qué? Porque después de dormir, la mañana es cuando solemos presentar más vulnerabilidad ante la influencia, la persuasión y las sugerencias. Mi hipótesis es que por las mañanas tampoco hemos estado expuestos a mensajes de marketing. Por tanto, nuestros filtros todavía no se han activado. Del mismo modo, cabe destacar que ninguna de las personas con quien hablamos en el programa recordaba ni un solo anuncio de televisión que hubiera visto durante el último mes. ¡Ni uno! Sin embargo, cuando pedimos a los amigos de los Morgenson que recitaran algunas marcas al azar, casi todos mencionaron las marcas que habían recomendado Eric y Gina. Fue como si hubieran almacenado estas marcas "aprobadas por los Morgenson" en un lugar "personal" de sus cerebros en el que fueran fáciles de recordar (en contraposición a una región corporativa o comercial que pone a la defensiva a nuestro cerebro).
   Las marcas que recomendaron los Morgenson tuvieron otro efecto: se propagaron más rápido, de forma viral. Y lo que quizá sea más importante, tuvieron también un "efecto halo" (lo que significa que se volvieron fiables, preaprobadas e inmunes a cualquier posible crítica). Por consiguiente, aproximadamente un tercio de los amigos de los Morgenson empezaron a promocionar e incluso a alardear de las mismas marcas ante sus amigos y conocidos. (...) Me dejó alucinado el hecho de que los amigos de los Morgenson compraron una media de tres marcas por persona de las recomendadas por nuestros protagonistas. ¿Algo más sorprendente? El impacto que tuvo el experimento en los hábitos de compra de la propia familia Morgenson. Cuando nuestro reality finalizó, Eric, Gina y sus hijos continuaron usando y comprando seis de las 10 marcas que habían estado promocionando durante un mes. Hubo algunas cosas más que me desconcertaron. Me sorprendió averiguar que, según el análisis de ChatThreads, incluso fuera de cámara, más del 50% de las conversaciones cotidianas de la gente giran en torno a las marcas. Me llamó la atención hasta qué punto la gente "presume" de las marcas en sus casas (tanto consciente como inconscientemente). Como me dijo una mujer, "imagino que quería alardear de la marca porque me daba algo sobre lo que hablar con mis amigos". También me sorprendió que cuando contamos a los amigos y conocidos de Eric y Gina que todo era un montaje y un reality, nadie se enfadó ni molestó, ni les importó lo más mínimo que les hubiéramos engañado.
   En comparación con la publicidad convencional de televisión o prensa, en el momento en que otras personas nos recomiendan un coche, un libro, un grupo, un maquillaje o un vino, en nuestro cerebro tiene lugar un proceso muy curioso. Las regiones racionales, ejecutivas, se cierran, mientras un torbellino de actividad tiene lugar en la ínsula -la región responsable de las "emociones sociales" como el deseo, el asco, el orgullo, la humillación, la culpa, la empatía e incluso el amor-. Además, los escáneres mostraron que las recomendaciones de nuestros amigos estimulan las regiones sensoriales de nuestro cerebro, generando una sensación parecida a los deseos biológicos descritos en el capítulo sobre la adicción. Es decir, es como si las promociones tipo boca-oreja se grabaran en varias pistas del cerebro; y sé por mis experimentos para Buyology que a cuantas más pistas del cerebro afecta un producto o una marca, más atraídos y en sintonía estamos con estos, y es más probable que la recomendación se implante.
   De nuevo, el funcionamiento interno del cerebro explica por qué la publicidad tipo boca-oreja permanece en nuestra memoria durante semanas, mientras que somos incapaces de recordar los anuncios de televisión que vimos por la mañana. Y lo que es más interesante, explica por qué parecemos tener una tendencia innata a propagar estas promociones tipo boca-oreja. Una reciente investigación sobre las raíces evolutivas del cotilleo (si pensamos en ello, una forma de marketing tipo boca-oreja) ha revelado que siempre que alguien nos dice algo bueno (como "es un vino delicioso" o "este maquillaje te hace cinco años más joven"), y lo repetimos, nuestro cerebro nos recompensa con una dosis de dopamina, el neurotransmisor "de la felicidad" asociado con todo lo que va de la adicción a la búsqueda de sensaciones. Resumiendo, siempre que alguien que nos gusta y admiramos nos habla de una marca, y luego difundimos el secreto entre los demás, nuestros cerebros no solo están emocionalmente comprometidos, sino que también se empapan de una recompensa química que, como dice la expresión, "sigue y sigue". En resumen, si uno consigue influencia tipo boca-oreja para su marca, esa influencia multiplica el poder de la marca de forma exponencial.
   Es la razón por la que predigo que la premisa detrás de los Morgenson pronto se convertirá en una realidad; que en el futuro, las empresas contratarán e implantarán miles de familias tipo Morgenson en toda clase de comunidades, cuya misión será promocionar una marca o una serie de marcas. Quizá lleguemos al punto de que ciertas familias acepten puestos retribuidos como vendedores encubiertos. (Pensemos en estos miles de hogares como "células durmientes de marketing" que se pondrán en marcha cuando una empresa lance un producto nuevo o, por el contrario, cuando una marca sufra una racha de mala publicidad). Seguro, al principio encontrarán resistencia, pero las empresas tienen mucho que ganar. Por tanto, consumidores, cuando recibáis recomendaciones y consejos de productos de esa próspera y atractiva familia que vive a la vuelta de la esquina, ¡cuidado! Recordad que para las empresas, sus palabras están valoradas en unos 10.000 dólares al mes en poder de marketing.

   Así se manipula al consumidor, de Martin Lindstrom. Editorial Gestión 2000. Precio: 19,95 euros. Se publica el 22 de noviembre.

viernes, 25 de febrero de 2011

PRENSA. 25 febrero 2011

   En "El País":

1. En marcha. Columna de Juan José Millás.

2. Apropiación. David Trueba, sobre la publicidad.

3. Si concilia el jefe concilias tú. Reportaje de Joaquina Prades. Los empleados más satisfechos sobre la compatibilidad con la vida personal son los que responden ante directivos con familia - Concentrar la jornada es la medida más efectiva: mejora la productividad y ahorra gastos a la empresa.

4. El crecimiento del nivel del mar del Mediterráneo se acelera. Reportaje de Diego Narváez. El agua subió 20 centímetros durante el siglo XX y lo hará otros 35 en el XXI - El Instituto de Oceanografía alerta de las consecuencias del cambio climático.

5. La trama civil del 23-F. Artículo de Bonifacio de la Cuadra.

6. Artistas no invitados. Artículo de José María Ridao. En esta esperanzadora ola revolucionaria no se han levantado los "musulmanes", sino los ciudadanos de las dictaduras del Magreb y Oriente Próximo. Su rasgo definitorio no es la religión, sino sus regímenes políticos.

7. La Doctrina Zero. José Ignacio Torreblanca, sobre la revuelta popular en Libia.

8. Un nuevo panarabismo. Por Javier Valenzuela.

9. CINE. Crítica de cine. La familia homoparental (Los chicos están bien, de Lisa Chodolenko. Por Javier Ocaña). Un temazo sin letra (Chico y Rita, de Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Herrando. Por Javier Ocaña).

jueves, 24 de junio de 2010

PRENSA. 24 junio 2010

En "El País":

1. Los otros episodios nacionales. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Almudena Grandes editará en septiembre su obra más ambiciosa - 'Inés y la alegría' es la primera novela de un ciclo de seis sobre la resistencia antifranquista.

2. Manuel Vicent y el placer prohibido. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla. El escritor desvela en Santillana del Mar los cinco sentidos que alimentan su literatura - Su intervención clausuró ayer el ciclo 'Lecciones y maestros'.

3. El oficio de tirarse por la ventana. Columna de Vicente Verdú.

4. Es la guerra mundial publicitaria. Reportaje de David Fernández. La copa de Sudáfrica es el mayor escaparate para los anunciantes - Las marcas que no son socios oficiales de la FIFA se las ingenian para imponer su presencia.

5. Licio Gelli y la mordaza de Berlusconi. Artículo de Concita de Gregorio, periodista y escritora italiana; directora de L'Unità. Traducción de Carlos Gumpert.

6. Dudo si dudar de que tengo dudas. Artículo de José María Izquierdo. Los ricos a los que salvamos con dinero público imponen hoy recortes a los pobres, aunque, eso sí, que a nadie se le ocurra subirles los impuestos o tocar sus paraísos fiscales. ZP baila la 'yenka' y Rajoy... ¿Existe Rajoy?