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jueves, 1 de noviembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Sobre "Nueva guía del Museo del Prado", poemas de José Ovejero

El escritor madrileño José Ovejero. / GORKA LEJARCEGI ("El país")

   En "El País":

Mil palabras valen más que una imagen

José Ovejero presenta ‘Nueva guía del Museo del Prado’, un poemario en el que convierte en versos obras de El Bosco, Goya o Rubens

 Madrid 23 OCT 2012

Existen mil y una maneras de visitar un museo como el Prado: solo o acompañado, con audioguía o sin ella, dando un paseo por sus salas o desde el sofá gracias a las posibilidades que ofrecen ya las webs de los museos... El escritor José Ovejero propone la fórmula número mil dos: hacer la visita a ritmo de poesía. Nueva guía del Museo del Prado es un paseo por la pinacoteca a través de la lectura sonetos, de métricas adaptadas y personales, de reflexiones profundas unas, con tintes de humor otras.
El recorrido que ofrece Ovejero abarca 21 obras que elegidas por el criterio personal del autor, y dos salas del museo (la de los bufones y los bodegones). “Primero empecé con un cuadro que me gusta mucho, El tránsito de la Virgen, pero lo hice como algo lúdico, nunca creí que fuera a terminar escribiendo un libro”, explica. Apenas cuatro meses después de la publicación de La ética de la crueldad, que le valió el Premio Anagrama de Ensayo, el madrileño asegura estaba cansado de escribir novela y ensayo, y decidió lanzarse con la poesía. Primero por curiosidad, después por placer: “Cuando me puse a escribir el primer poema me di cuenta de que lo estaba pasando tan bien que no dudé en ir a por un segundo, y fue para otra obra que me entusiasma, Perro semihundido, de Goya". Ese salto de géneros en la creación de Ovejero tiene una explicación simple: "Me da aire. Me permite respirar, me saca de esta profesión de escribir una novela después de otra novela, utilizar técnicas distintas me permite no repetirme, escribir de otra manera, pensar de otra manera... Me permite renovar las maneras de acercarme a la realidad, y no pasar siempre el mismo camino".
¿Pero qué conexión existe entre la pintura y la poesía? Ambas se centran y profundizan en un momento muy concreto de la realidad, explica el autor: “Ninguna de las dos disciplinas trabaja por expansión contando una larga historia, ni dando miles de detalles sobre lo que rodea lo que se quiere contar. Es, por el contrario, una manera muy condensada y muy extensa de trabajar. El cuadro cuenta un momento de la historia, y yo me centro en esa parte”. En otro de los cuadros que analiza en este libro, El fusilamiento de Torrijos, fue la mano que se ve en el borde inferior lo que llevó al poeta a pensar que el poema estaba en aquella mano, la del héroe o el revolucionario que no tiene nombre ni cara, al que nunca pintarán un cuadro, “Y así voy descubriendo detalles, cuadros pequeños que nunca había visto, o que no habían llamado tanto mi atención”.
Los ritmos, las longitudes, la métrica de los poemas son cambiantes en cada una de las 65 páginas de esta Nueva guía, editada por Demipage,que se venderá, cómo no, en la librería del museo. “Son bastante distintas, he intentado adaptar los poemas al tipo de cuadro. No es lo mismo hacer un poema sobre El jardín de las delicias, que sobre Susana y los viejos, que sobre Saturno devorando a sus hijos”, apunta. Ovejero encuentra en esta variedad “lo divertido” de esta última obra, en la que ha encontrado 21 maneras distintas de hablar de 21 cuadros.
A pesar de haber vivido media vida fuera de España, el Prado supone para este madrileño una conexión sentimental con su aprendizaje estético. "Es el museo al que he ido de niño, es el museo con el que he ido creciendo y que ha hecho cambiar mi manera de mirar los cuadros, de ver ciertas cosas, de entender ciertos temas…". 
"No habrá segunda ni tercera parte de esta guía", sentencia el poeta, rotundo. Ovejero no se quiere repetir. "Podría contar otras historias de amor frustrado, de ambición y de poder como la de Saturno. Pero no tengo la impresión de poder aportar más, ¿para qué?", se pregunta José Ovejero. ¿Y qué vendrá después?, se pregunta la periodista. "Una historia de amor", aunque nada es definitivo para este poeta, novelista, cuentista y ensayista, "luego empiezas a escribir una historia de amor y te sale una cosa escabrosa, pero tengo la impresión de que voy a hacer algo distinto".

lunes, 28 de junio de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia":"Jesucristo en un McDonald's", por José Ovejero

José Ovejero
En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Jesucristo en un McDonald's

J0SÉ OVEJERO 26/06/2010

En un cuadro de Alexander Kosolapov se ve el rostro de Jesucristo y, bajo el logo de una famosa cadena de comida rápida el lema "this is my body". ¿Es un comentario sobre los iconos de la cultura de masas? ¿Una reflexión sobre la mercantilización de las creencias? No sé qué pretendía el artista con ese cuadro, pero sí sé que esta fue una de las obras retiradas de una exposición en Moscú porque podían herir susceptibilidades religiosas. Y cuando dichas obras se mostraron en la exposición Arte prohibido, una asociación religiosa interpuso una denuncia contra los responsables.
Situaciones así se dan en numerosos países, y no me refiero sólo a aquellos con regímenes teocráticos o dictatoriales, sino también a las democracias en cuyas constituciones está anclada la libertad de expresión. En muchas legislaciones se sancionan la blasfemia o la ofensa a los dogmas e instituciones religiosas. También en un Estado laico como el francés, aunque no haya un párrafo explícito en su código penal, a menudo grupos de presión religiosos se aferran a aquel que sanciona la difamación y el escarnio de grupos de personas por razones de raza, tendencia sexual o religión, y se querellan para evitar la proyección de películas como La última tentación de Cristo o para imponer la retirada de carteles publicitarios que ofenden la sensibilidad de los creyentes, como el de la película Amén, en el que se fundían la cruz gamada y la cristiana.
¿Por qué no puedo criticar y caricaturizar dogmas, creencias e instituciones? ¿Por qué Javier Krahe debe ir a juicio por un vídeo en el que se prepara un Cristo al horno? ¿Por qué está prohibido rebasar las barreras del buen gusto cuando se trata de asuntos religiosos? La respuesta, en el caso de España, es clara: el artículo 525.1 del Código Penal sanciona a quienes ofendan los sentimientos religiosos mediante el "escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican". Mientras que el 525.2 castiga el escarnio a quienes no profesan creencia alguna, pero no se mencionan sus ideas. Que las personas estén protegidas de la difamación parece razonable, pero ¿qué lleva a proteger las creencias y no las opiniones o los valores no religiosos?
Últimamente hay grupos dispuestos a utilizar la vía judicial para amedrentar a quien ose atacar o ridiculizar creencias y dogmas. Mejor es desde luego que el uso de piedras y palos contra el impío, a los que aún se recurre a veces. Pero precisamente una sátira vigorosa contra todo tipo de instituciones y de valores intocables es un buen termómetro para la salud de una democracia. Vivir en democracia significa aceptar que otras personas encuentren mis valores o creencias ridículos y censurables. A mí me ofende que desde los púlpitos algún prelado haga valoraciones para mí misóginas o amenace con el fuego eterno a quien piensa como yo; pero, ni aunque fuese posible, se me ocurriría presentar una querella. ¿Por qué no voy a pintar a un Jesucristo en un McDonald's? ¿O va la Iglesia católica a destruir los frescos en los que se ve a Mahoma y a Lutero en el infierno? Los insultos a nuestras creencias nos parecen insoportables, a las ajenas una cuestión menor. Sería preferible reservar los tribunales para aquello que no es meramente un asunto de opinión... o de fe.

José Ovejero (Madrid, 1958) ha publicado recientemente la novela La comedia salvaje (Alfaguara. Madrid, 2009. 408 páginas. 19,50 euros).