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martes, 17 de febrero de 2015

PRENSA. "La idea del segundo hijo pierde atractivo en China"


   En "El País":

La idea del segundo hijo pierde atractivo en China

Menos parejas de lo que esperaba el Gobierno han solicitado tener un segundo vástago



“¿Tener otro hijo más? Ni se me pasa por la cabeza... Uno ya es suficiente responsabilidad”, asegura tajantemente Yao Yi, de 32 años, gerente de una escuela infantil de kung-fu en el noreste de Pekín y madre de una niña de ocho años. Su hija asiste a una selecta escuela pública y los días libres recibe clases extras de pintura, música y kung-fu, un gasto de dinero y tiempo considerables. “No lo podría hacer con otro hijo”, dice Yi.
Yao Yi y su esposo, un hombre de negocios, son una de las parejas jóvenes de clase media de las que el Gobierno chino esperaba que el año pasado solicitaran tener un segundo niño, después de que en 2013 se relajara de manera significativa la política de un solo hijo implantada en los años 80. Con las nuevas normas, pueden solicitar permiso las parejas en los que uno de sus miembros es hijo único. Hasta entonces tenían que serlo los dos.

Un exceso de 34 millones de varones

MACARENA VIDAL LIY, PEKÍN
Pese a que la diferencia se ha reducido en los últimos seis años consecutivos, la proporción de nacimientos anuales de hombres con respecto a los de mujeres sigue siendo anormalmente alta. En 2014 nacieron en China 116 niños por cada 100 niñas. Una década antes, esa proporción era de 121,2 varones por cada 100 mujeres. La proporción natural es de aproximadamente 105 niños por cada 100 niñas.
Ello se debe a una combinación de la política del hijo único con la preferencia tradicional por los descendientes varones, sobre todo en el medio rural. El personal sanitario tiene vetado informar del sexo del feto y los abortos selectivos están prohibidos, pero no es imposible encontrar maneras de saltar esa prohibición. Según el autor He Yafu, “si no hubiera existido la política del hijo único, aunque la mentalidad tradicional está aún muy arraigada en algunas zonas, la gente hubiera podido cumplir su deseo de tener un varón simplemente teniendo varios hijos”.
El desequilibrio, acumulado a lo largo del tiempo, ha creado una “bolsa” de 34 millones de varones más que mujeres, más que toda la población de Canadá, o las de Portugal, Grecia y Bélgica juntas. La televisión estatal CCTV la ha calificado de “épica” y “la más seria y prolongada del mundo”. En un país donde la soltería es casi un anatema, esos “hombres sobrantes” suscitan preocupación sobre posibles problemas de violencia sexual o el incremento de lacras que ya son muy reales, como el tráfico de mujeres procedentes de otros países vecinos más pobres.
En su informe de 2014 sobre tráfico de personas en el mundo, el Departamento de Estado de EE UU señala que la desproporción entre varones y mujeres “puede servir para aumentar la demanda tanto de prostitución como de mujeres extranjeras como novias para los hombres chinos, y ambas pueden procurarse por la fuerza o por la extorsión”, de países como Birmania, Vietnam, Mongolia, Camboya, Laos y Corea del Norte.
Pero en su primer año, la relajación no ha dado los resultados esperados. De los 11 millones de parejas que cumplen el nuevo requisito, tan solo en torno a un millón, o el 9%, han pedido los permisos necesarios, según las cifras de la Comisión de Planificación Familiar. El Gobierno esperaba 2 millones. En Pekín, una urbe de 20 millones de habitantes, solo 30.000 parejas solicitaron la autorización. En Shanghái fueron 16.000, únicamente el 4,6 % de los candidatos potenciales.
En parte porque la idea de un solo descendiente ya está arraigada tras 30 años de política del hijo único, y en parte porque la sociedad china está cada vez más desarrollada, “hoy día la gente ya no desea tanto tener hijos, especialmente en las ciudades. Incluso los que solicitan permiso para un segundo niño no es seguro que vayan a acabar teniéndolo”, dice el demógrafo He Yafu, autor del libro El Incontrolable Control de la Población.
En una sociedad cada vez más competitiva, el gasto para que el único vástago llegue lo más lejos posible puede obligar a que padre, madre y los dos pares de abuelos le dediquen sus recursos económicos. Una encuesta que publicaba el diario Qiangjiang Evening Post cifra en 100.000 yuanes (14.328 euros) el gasto de criar un hijo hasta los 12 años, en un país en el que la renta disponible media es de 20.167 yuanes (2.887 euros) anuales. En otros casos, como puede ocurrir en otras economías desarrolladas, las parejas no quieren volver a pasar las complicaciones de criar un bebé o no quieren sacrificar su carrera laboral.
Esta escasez de nacimientos abre la puerta a una bomba de relojería –un rápido envejecimiento de la población combinado con un desequilibrio anormal en el número de hombres y mujeres, debido a la preferencia tradicional por un hijo varón– que el Gobierno chino contempla con espanto.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas china, la población total del país creció en 2014 un 0,52%, para quedar en 1.370 millones de personas. Pero la población activa descendió por tercer año consecutivo y perdió 3,7 millones de personas, para quedar en 915,83 millones. Esa tendencia crecerá aún más en el futuro, con consecuencias negativas en la demanda interna, la capacidad de producción y la competitividad, según los expertos.
La ONU calcula que para 2035 el país contará con casi 400 millones de jubilados, más del 25% de la población. Dada la muy limitada infraestructura de la Seguridad Social china, no es de extrañar que instancias como el Gobierno local de Shanghái hayan lanzado un llamamiento directo a las parejas cualificadas para que tengan ese segundo hijo.
Pekín confía en que a medida que pase el tiempo y se conozca más la nueva política, las parejas se animen a tener otro bebé. La Comisión de Planificación Familiar espera un aumento significativo en el plazo de dos a tres años. Mientras tanto, el Gobierno ha endurecido las normas contra los abortos selectivos por razón del sexo del feto. Aunque ya estaba prohibido informar del sexo del niño en las ecografías, las parejas no podrán enviar muestras de sangre al extranjero para conocer de esa manera si esperan un varón o una niña. Aunque no es suficiente.

La población total de China creció en 2014 un 0,52 %, pero la población activa descendió por tercer año consecutivo
Según el experto en población Yi Fuxian, de la Universidad de Wisconsin-Madison, a la vista de los problemas que se perfilan el Gobierno chino acabará permitiendo “pronto, quizá en dos o tres años” que cualquier pareja tenga dos hijos. También sugiere medidas complementarias, como “rebajar el alto coste de la vivienda o conceder incentivos fiscales a las parejas que tengan más de un hijo”.
Algunos funcionarios de la Comisión de Planificación Familiar parecen estar de acuerdo. Según cita el diario hongkonés South China Morning Post, el subdirector de ese organismo en la provincia de Shanxi, Mei Zhiqiang, propuso en una reunión esta semana la abolición por completo de esa política: “Debemos asegurarnos de que nuestro sistema y nuestra política permiten a nuestros hijos tener dos hijos... y deben tener dos hijos”.
Aunque está por ver si esas medidas darían resultado. Yao Yi lo tiene muy claro: “Un hijo no es un juguete. No voy a tener otro porque alguien quiera que lo tenga”.

martes, 6 de mayo de 2014

PRENSA. "Los retos de un país envejecido"

   En "El País":

Los retos de un país envejecido

La crisis y la pérdida de población generan tensiones en la estructura demográfica

El gran desafío será la jubilación masiva de la generación del ‘baby boom’


El problema no son tanto las personas mayores como el paro de los más jóvenes. / SAMUEL SÁNCHEZ
España envejece mientras pierde población, y todo ello a un ritmo que rompe estadísticas en un contexto de aguda crisis económica. En tres años habrá más fallecimientos que nacimientos (solo ha sucedido en la Guerra Civil y la pandemia de gripe de 1918). No es este el único hito demográfico sobre el que ha advertido el Instituto Nacional de Estadística (INE). El avance del padrón a fecha de enero de 2014 muestra la mayor caída de población extranjera en un año: 545.980 (el 9,9%). En parte por quienes han adquirido la nacionalidad española, pero sobre todo por los expulsados por la crisis, una tendencia que ha marcado el retroceso de población de los últimos dos años, que la ha dejado en 46,7 millones. Y que, según los últimos cálculos estadísticos del INE a largo plazo, apuntan a una pérdida de 4,6 millones hasta 2051 para caer por debajo de los 42 millones de habitantes.


PROYECCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.  / MARIANO ZAFRA / EL PAÍS
¿Hay motivos para preocuparse? Sí, si a todo ello se suman los efectos de una profunda recesión, con una caída del empleo e ingresos de la Administración menguantes (impuestos, cotizaciones...) para sostener a una población cada vez más envejecida (pensiones, gasto sanitario), como trasladan demógrafos y economistas consultados por este diario. Un problema que se agudizará en las próximas décadas a medida que las generaciones de jubilados estén más pobladas y mengüe en las de activos.
En buena parte, el problema que tiene España sobre la mesa tiene que ver con la gestión de un éxito. Por una parte, por haber alcanzado una de las tasas de esperanza de vida más altas del mundo (con datos de 2012, las españolas son las mujeres más longevas de Europa con 85 años de expectativa al nacer). Por otra, debido a la reducción de la natalidad, en buena medida, por la incorporación de la mujer a la actividad laboral.

Un hijo menos por motivos económicos

La evolución de la población de un país responde a los nacimientos (que suman habitantes) menos las muertes (que restan) y el saldo migratorio (que suma o resta). Los mayores cambios en el perfil demográfico de España de los últimos años han llegado de la mano de estos últimos movimientos demográficos, el factor más imprevisible de todos ellos, ya que está ligados a los vaivenes económicos (igualmente impredecibles).
Las tendencias de mortalidad y natalidad son bastante más rígidas. Las mejoras en las condiciones de vida y en la medicina han tenido un impacto que se ha traducido en una mayor expectativa de vida. Pero a pesar de la pérdida de población y la mayor longevidad, el número de defunciones seguirá creciendo por el envejecimiento poblacional.
A este respecto, hay poco que hacer. Aunque quizás no en el tercer factor de la ecuación: la natalidad. Es cierto que España sigue la tendencia de los países desarrollados de bajas tasas de nacimientos. Pero hay países de nuestro entorno que mantienen cifras de hijos por mujer superiores a las españolas. La media en España fue de 1,37 hijos en 2010, a la cola de Europa frente a los 2,2 de Islandia, o los dos hijos de las francesas, suecas, británicas, noruegas. Para encontrar tasas similares en España hay que retroceder a 1981, cuando la media por mujer fue de 2,03 hijos.
¿A qué responden estas diferencias? “Es difícil incidir en el número de nacimientos, decidir tener hijos responde a la suma de muchas decisiones individuales”, apunta la investigadora del CSIC Margarita Delgado. “Aunque quizás el ejemplo esté en los países nórdicos”, añade. Delgado destaca la utilidad que tienen medidas de apoyo “estructuradas y de largo alcance” (ayudas económicas directas, escolares, red de guarderías públicas, bajas remuneradas, reserva del puesto de trabajo de la madre...). “Según las encuestas, en España hay un déficit de fecundidad deseada y no satisfecha de un hijo más, de promedio, que no se tiene por razones de tipo económico u organizativo”, concluye.
Estos dos factores, que entraron en juego hace años, ya llevan tiempo dibujando un escenario de envejecimiento progresivo de la sociedad. Pero el inesperado aluvión de inmigrantes de la pasada década maquilló una situación que la acelerada vuelta a casa de extranjeros expulsados por la crisis, más la salida de nacionales en edad laboral, está dejando en evidencia en estos momentos.
España pierde población y se tendrá que acostumbrar a contar con menos habitantes. ¿Es malo perder población? Ni bueno ni malo, responde Margarita Delgado, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “¿Qué más da un millón más o menos? Lo que importa es la estructura demografica de un país”, responde. Es decir, contar con población suficiente para sostener el gasto de sus generaciones más ancianas.
La gran paradoja que se da en este momento es que, de no sufrir España la crisis tan cruenta que mantiene a casi seis millones de personas en el paro, el país no debería de tener problemas para sostener a la población pensionista, según los demógrafos. La generación del baby boom (la explosión demográfica que se produjo en España entre los años 1958 y 1977) está (o debería estar) en pleno ejercicio profesional, con el pico de población entre la treintena y los 50 años, como refleja la pirámide de población. “España nunca ha tenido tanta gente en disposición de trabajar y tan formada”, apunta Antonio Abellán, especialista en envejecimiento del CSIC. Pero la crisis, al apartar a buena parte de ellos del mercado laboral, ha limitado su capacidad de generar riqueza y aportar recursos para el mantenimiento del sistema con garantías (social, sanitario).
Por ello, demógrafos como Andreu Domingo, subdirector del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autonoma de Barcelona, rechazan que se emplee la estructura demográfica como excusa para los recortes. “Los principales riesgos, que los hay, tanto en el sistema de pensiones o los cuidados de larga duración, no se deben al envejecimiento, sino a la falta de actividad económica, de crédito o la ausencia de políticas de empleo”, comenta Abellán, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.
Con todo, lo peor (en cuanto a la estructura demográfica) está por llegar. Y este escenario se planteará a partir de la década de 2030, y sobre todo de las de 2040 y 2050, cuando empiecen a jubilarse en masa losbabyboomers. Será entonces cuando las generaciones más pobladas vayan dejando el mercado laboral mientras, por debajo, unas cohortes sensiblemente más reducidas deban soportar el coste de la atención de las pensiones y sus cuidados sociosanitarios. “Los más vulnerables son el grupo entre los 40 y quienes rebasan los 50 años, apunta Andreu Domingo. “Lo más complicado lo vamos a tener a partir de los próximos 20 años”, insiste Abellán. “Si los políticos son razonables, tendrán que tomar medidas. Los próximos años avanzaremos hacia un desequilibrio mayor”, añade Delgado, “y la relación entre la cúspide y la base será más desfavorable”.
Ese será el momento de mayor tensión en la estructura demográfica, hasta que a medida que vayan falleciendo las generaciones más pobladas, se imponga una estructura de población, que no será ni piramidal ni con forma romboide sino una especie de árbol con un ancho tronco que va perdiendo la copa. Y en el que apenas habrá diferencias en el número de habitantes de las diferentes cohortes de edad.
Esto es lo que apuntan las predicciones a largo plazo, unas proyecciones estadísticas que se elaboran a partir de las tendencias demográficas del momento. Y que podrían variar, no tanto en los aspectos relativos a las tendencias de natalidad o mortalidad, las más rígidas y previsibles, sino en el saldo migratorio, mucho más volátil y directamente ligado al desarrollo económico.
Por ello, pese a lo “complicado de saber lo que sucederá en los próximos años”, según Domingo, la pérdida de población parece clara. “Habrá que acostumbrarse a poblaciones decrecientes”, comenta. El aumento de habitantes solo podrá llegar de la atracción de población extranjera, aunque será cada vez más complicado. “La idea de que los inmigrantes son un yacimiento infinito de empleo desaparecerá. De hecho, ya hay elevada competencia por captar los de mayor grado de formación en el mundo”, añade.
Esta complejidad dificulta las medidas a tomar. Pese a ello, Abellán lanza algunas ideas. Por ejemplo, incrementar la edad laboral. “Hasta ahora, los años ganados a la muerte se los damos a la juventud —formación— y la vejez —ocio— , no a la etapa adulta”. Abellán apuesta por incrementar la edad laboral por coherencia demográfica “y no solo por la sostenibilidad del sistema”.
No es el primero en hacerlo. Una tesis similar la defiende el exresponsable del programa de envejecimiento de la ONU, Andre Kalache, que incluso ha patentado una palabra para definir esta etapa de envejecimiento activo (y contributivo, en lo que se refiere a las arcas públicas): la gerontolescencia.
Otra de las fórmulas que propone Abellán es dejar de compartimentar las etapas vitales de forma que se asigne a la juventud la formación; a la edad adulta el trabajo; y a la jubilación el ocio. “Ganaremos fuerza de trabajo si los jóvenes pueden empezar a trabajar antes y permitimos que se puedan seguir formando años después”, algo que, como él mismo admite, parece complicado de aplicar en un momento como el actual, con tasas de desempleo juvenil que rondan el 50%. Esta entrada temprana en el mercado laboral lo combina el investigador con la mejora de la productividad que se deriva de esta formación continua, “la medida sobre la que más ha incidido la Unión Europea”, explica. “Cuanto más preparada esté la gente, más capaz será de producir riqueza, por lo que con menos gente trabajando se podrá sostener a mayor número de personas no activas”, relata este demógrafo.
Algunas de estas medidas ya se han tomado. Por ejemplo, el progresivo retraso de la edad de jubilación. Ángel de la Fuente, director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), destaca también el hecho de que en la reforma de las pensiones “se haya adaptado lo que se puede pagar a la situación económica” lo que considera, “un buen paso para que el sistema aguante”. De la Fuente cree que las ratios entre la primera pensión y el último sueldo descenderán con el paso de los años. Aunque confía en que, a medio plazo, las pagas de jubilación seguirán yendo al alza.
La sensación que hay en la sociedad es otra. El Eurobarómetro de abril de 2012 mostraba que el 68% de los españoles está muy o bastante preocupado por no poder vivir con dignidad durante su jubilación.

jueves, 19 de diciembre de 2013

PRENSA. Corea del Norte, "El país de las castas de desafectos"

Norcoreanos en un autobús, este viernes en Pyongyang. / DAVID GUTTENFELDER (AP) ("El país")

 En "El País":

El país de las castas de desafectos

La población norcoreana está clasificada según un estricto sistema de control ideológico con tres rangos y 51 subcategorías, según su lealtad al régimen

 Madrid 13 DIC 2013 

Ser norcoreano, como ser indio, es mucho más que ser un ciudadano de una parte del mundo. Ser norcoreano implica —como en el caso de un indio, aunque con marcadas diferencias en el sistema de castas— ser sujeto de un determinismo social —y político— que decide el destino, la clase y las oportunidades de alimentarse, recibir educación, encontrar un empleo o simplemente vivir.
El rígido sistema de castas conocido como songbun marca de por vida a todos los norcoreanos según hayan nacido —o progresado, o descendido, como en el probable caso de la familia del ejecutado Jang Song-thaek— en uno de los tres escalones en que, según su lealtad o desapego al régimen de Pyongyang, se clasifican todos los norcoreanos.
Son los siguientes: “leales”, la aristocracia, el entorno del poder; “vacilantes” o dudosos, todos aquellos sospechosos de desafección, los tibios o no suficientemente entusiastas con el líder, esa fina línea gris que puede oscilar entre la salvación y el ostracismo; y, por último, los “hostiles”, sobre los que no cabe duda alguna y que acarrean de por vida una existencia arrastrada.
Como explica el investigador Robert Collins en el informe Songbun, marcados de por vida, publicado por el Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte, con base en Nueva York, los tres rangos o castas, que se distribuyen a su vez en 51 categorías casi gremiales, clasifican de manera hereditaria a los 23 millones de norcoreanos.
En el songbun la movilidad social, o ideológica, resulta tan escasa que progresar desde una de las dos castas inferiores resulta casi imposible. No lo es, sin embargo, descender de la primera a la última, pues el ascensor social funciona a toda velocidad en la bajada.
Los leales descienden de quienes lucharon contra los japoneses desde 1910 hasta la II Guerra Mundial (es decir, los 35 años de dominio nipón en la península); los combatientes de la guerra de Corea (1950-1953) y los correligionarios de Kim Il-sung, presidente eterno del país y creador de este sistema de castas. Sus privilegios incluyen poder vivir en Pyongyang y un trato preferente en el acceso a la vivienda, alimentos, sanidad, educación y empleo.
La franja intermedia o “vacilante” es fundamentalmente menestral y se nutre de familias de artesanos o comerciantes, retornados de China o los intelectuales (profesiones liberales) educados bajo el dominio japonés. Desempeñan trabajos poco cualificados y no son considerados enemigos, pero sí sospechosos.
Los parias del sistema de castas son los “hostiles”, entre los que se engloban los descendientes de colaboracionistas con Japón o los enemigos confesos de Kim Il-sung; también los familiares de todos cuantos han huido a Corea del Sur o tienen lazos de cualquier tipo con surcoreanos. Condenados casi a trabajos forzados —a tareas peligrosas o duras en las zonas más remotas del país—, tienen racionado el acceso a la alimentación.
El sistema de castas songbun es “el método de control social más elaborado e intruso [en la vida del ciudadano]” de cuantos utiliza el régimen totalitario de Pyongyang, según el informe de Collins; “una forma de asegurar la propia supervivencia del régimen” y, además, una garantía de “castigo sistemático” para todos los hostiles que va mucho más allá de la adscripción ideológica y que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, o la supervivencia al menos, en ámbitos como el del acceso a la alimentación. En un discurso pronunciado en 1958, el entonces jefe de Estado, Kim Il-sung —abuelo del actual líder, Kim Jong-un—, cifró en un 25% el número de miembros de la casta aristocrática; en el 55%, el de la intermedia, y en el 20%, la de los parias u hostiles al régimen. La distribución se corresponde, subraya el informe, con los estragos de la gran hambruna de los noventa: de menos a más según se descendía en la escala social.

martes, 5 de febrero de 2013

PRENSA. "Genes contra el hambre". Reportaje

Unas manos sujetan un puñado de arroz. / JOSEP LLUIS SELLART ("El país")

   En "El País":

Genes contra el hambre

La biotecnología es una herramienta clave para asegurar el futuro alimentario del planeta. La cooperación con los países pobres no debe ser solo económica, sino sobre todo científica

 1 FEB 2013 

El proverbio oriental se ha quedado muy antiguo —es lo que tienen los proverbios—. El dilema ya no está en si hay que dar un pez a una persona para que coma o en si hay que enseñarle a pescar. Ahora hay que darle el pez y la caña, pero no un pez cualquiera: tiene que ser de una especie autóctona, criado en condiciones de sostenibilidad, a ser posible estéril para que si escapa del estanque no altere el ecosistema; tiene que tener una determinada composición de grasas y proteínas, y por supuesto estar libre de metales pesados o de otros contaminantes. Y que se conserve lo mejor posible, para que se pueda transportar o guardar. ¿Y la caña? Que no esquilme, que sea reciclable, que la puedan usar igual de fácilmente hombres y mujeres, que tenga un cebo específico para el pez que se quiere capturar... La lucha contra el hambre es una constante en la historia de la humanidad, pero los métodos deben adaptarse al conocimiento.
No se trata de ponerse exigente. Con 7.000 millones de habitantes en el planeta y una previsión de crecimiento imparable —se espera que seamos más de 9.000 millones en 2050— hay que poner todos los medios para que las soluciones que se tomen no sean, y nunca mejor dicho, pan para hoy y hambre para mañana. Y de todo el conocimiento disponible, la biotecnología se perfila como una de las herramientas más potentes para usar. El título de las jornadas organizadas por la Fundación Ramón Areces y la Asociación EuroBioLatina que han tenido lugar en Madrid el 29 y 30 de enero, Cooperación en biotecnología contra el hambre, no es más que un reflejo de esta necesidad de usar la mejor ciencia para el mejor resultado.
“La producción de alimentos es una de las grandes prioridades a nivel mundial”, lanzó como pistoletazo de salida Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco, presidente de honor de BioEuroLatina y presidente del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces. Pero no solo se trata de producir “una mayor cantidad, sino, sobre todo, una mayor calidad”. El problema del hambre “no es nuevo; es un genocidio diario” de 65.000 personas, “pero siempre se ha obviado”, añadió Mayor Zaragoza.
La diferencia, para los reunidos, es que ahora se tiene la ciencia para afrontar definitivamente el problema. La ONU lo tenía claro cuando estableció el primero de sus Objetivos de Desarrollo del Milenio: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”. Pero el tiempo pasa, y la fecha final de este propósito, 2015, está demasiado cerca como para relajarse.

La población mundial pasará de 7.000 a 9.000 millones en 40 años
Y el asunto puede ir a peor. “El aumento de población va a suponer producir un 70% más de alimentos”, afirmó en una intervención grabada el presidente de la fundación, Albert Sasson. Y todo ello en condiciones adversas: el calentamiento amenaza la base de la nutrición mundial, que es la agricultura. “Nos enfrentamos a un entorno no predecible”, señaló Juan María Vázquez Rojas, director general de Investigación del Ministerio de Economía y Competitividad. “Con el cambio climático cambiarán los vectores de las enfermedades de las plantas y los animales; España va a estar sometida a un estrés hídrico importante”. Y, aunque parezca una contradicción, el desarrollo de gran cantidad de población aumenta la presión sobre los recursos básicos. “Entre 1993 y 2020 el consumo de carne va a aumentar un 14% en los países desarrollados, pero va a hacerlo un 50% en los emergentes, como China y el sureste asiático”, dijo Vázquez. Y esto supondrá que habrá que aumentar la cosecha de cereales para alimentar a los animales, y, con ello, el consumo de agua. “Solo desde la eficiencia podremos afrontarlo”, dijo.
Pero la tecnología no lo es todo. “El problema del hambre no es científico; es político”, afirmó Alfredo Aguilar, exdirector de la Unidad de Biotecnología de la Comisión Europea. “Hace falta un capital político”, coincidió Carlos Malpica, vicepresidente de la Fundación BioEuroLatina. Y ahí entra en juego la cooperación internacional. Pero no en un sentido unidireccional, de rico a pobre, matiza Sasson. Malpica pone el ejemplo del papel que puede desempeñar España. Pese a su nombre, la fundación ha abierto sus proyectos a África, sobre todo a la occidental. “A diferencia que en América, España no tiene ahí una imagen de antigua potencia. Y eso puede ayudar a abrir la cooperación”. Y, “cuando se habla de hambre, África es el gran desafío”, sentenció Sasson.
Eso sí, significativamente, esta fundación ha buscado la colaboración del Ministerio de Economía y Competitividad, que es el encargado actualmente de la investigación e innovación, y no del de Exteriores, que alberga la ayuda al desarrollo tradicional. Aparte de que esta se haya desplomado (su dotación ha pasado de cinco millones a 300.000 euros), si se quiere afrontar el problema del hambre de una manera eficaz, hay que apuntar con precisión.
Ya no sirven los grandes proyectos, tirar con fuego graneado. España hizo en los años de vacas gordas un esfuerzo importante para acercarse al famoso 0,7% del PIB dedicado al desarrollo, pero, como critican muchas organizaciones —por ejemplo, ISGlobal, una dedicada a temas sanitarios— para ello se hicieron importantes aportaciones a grandes programas que permitían incrementar la ayuda sin necesidad de hacer un seguimiento detallado proyecto a proyecto. En cambio, la labor que se plantea este tipo de organizaciones es más de francotirador, de cirujano de precisión. Se podría decir que la biotecnología, por su naturaleza, va a lo más pequeño, a las células y, sobre todo, a sus genes, y que su manejo e investigación pide también una precisión que da también la pequeña escala.

Las necesidades de comida crecerán un 70%. Y se pedirá más carne
Sasson enumeró múltiples aplicaciones: microorganismos que fijen nitrógeno en el suelo; cultivos enriquecidos con antioxidantes, minerales (cinc, hierro), vitaminas; semillas que aguanten sequías o suelos salinos; plantas que soporten la inmersión; producir nuevas variedades que incluyan esas características. Todo ello supone trabajar, directa o indirectamente, con los componentes fundamentales de la vida: los genes. Estas partes del ADN contienen las instrucciones para los procesos biológicos: elimina sal, cierra poros y bombea agua, almacena hierro, crea vitaminas, fabrica defensas, aumenta la cantidad de proteínas, la de fibra...
Esto no es radicalmente nuevo. Sin saberlo, los agricultores y ganaderos del mundo han trabajado sobre ellos. Es el tradicional proceso de mejora de las especies, el que hizo que una espiga de menos de una decena de granos sea ahora una mazorca con centenares de ellos (o, en un plano menos práctico, que una rosa de cinco pétalos evolucione hasta las frondosas flores actuales). La ventaja de la biotecnología es que puede acelerar el proceso. Sasson lo explica así: “Usar marcadores genéticos reduce el tiempo para conseguir una nueva variedad de 10 o 15 años a siete u ocho”. Las nuevas técnicas que permiten secuenciaciones rápidas de genes son una ayuda vital en este proceso. Pero esto, además, tiene la ventaja de que hasta países con un menor desarrollo científico pueden incorporarse, básicamente porque tienen lo fundamental: el conocimiento sobre el terreno y las variedades.
Es el caso, por ejemplo, de la investigación sobre la yuca que se realiza en el Centro de Investigaciones Agrícolas que dirige Adolphe Adjanohoun en Benin. Este cultivo es el quinto del mundo, y clave en la alimentación de África. “Pero tiene muchas plagas y enfermedades”, admite Adjanohoun. De ellas hay una, la producida por un virus, el mosaico africano, transmitido por la mosca blanca, que “no tiene control mediante productos fitosanitarios y produce una caída del rendimiento del 40% al 50%” de un producto vital para los agricultores más pobres. La lucha contra esta amenaza se ha basado en escoger las variedades más resistentes. “En los ochenta se seleccionaron 160, pero solo tres fueron aceptadas por los agricultores”, explica el investigador. El problema es que las plantas se reproducen como otros tubérculos, replantando uno, y eso ha llevado a un “envejecimiento” de las plantas, lo que las hace más vulnerables. Por tanto, urge, primero, “sanear” las cepas que ya existen. E, idealmente, conseguir nuevas variedades resistentes.

Un obje

Otro de los proyectos discutidos en las jornadas —y que, como el de la yuca, va a ser presentado para recibir financiación de la Fundación Areces o europea— se refiere a animales. En concreto, a las alpacas andinas. Mientras en España la muerte de crías de rumiantes está entre el 5% y el 10%, dijo María Dolores Vázquez, del Departamento de Sanidad Animal de la Universidad Complutense de Madrid, en estos camélidos llega al 50%. Seleccionar los animales más resistentes —por el método que sea— sería una solución, pero combinarlo con las vacunas específicas (más biotecnología) y tratamientos contra parásitos puede ayudar a solventar el bache, porque con esa mortalidad los animales cada vez están más envejecidos y producen fibra de peor calidad. Tanto, que solo el 5% de la recogida es aceptada por las empresas.
Pero, quizá, donde la biotecnología puede entrar con más fuerza es en la acuicultura. El mar (el 70% de la superficie del planeta) es visto por los expertos como la gran fuente futura de proteínas. Actualmente, según la FAO, se capturan unos 60 millones de toneladas, y otros 20 millones se obtienen ya de granjas marinas. Pero estas son muy complejas y necesitan mucho control. “Energéticamente, son más eficientes que las terrestres, porque se trata de animales de sangre fría”, dijo Fernando Torrent, de la asociación Apromar. Además, como explicó Pere Piferrer, del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, muchos peces son animales cuya diferenciación sexual depende del entorno, y conseguir los más grandes (machos o hembras) ayuda a la rentabilidad. Que sean estériles es clave para evitar problemas si hay fugas, añadió Alberto Díaz, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina. Y para todo ello, no hace falta decirlo, la biotecnología es clave.
También lo es para el ser humano. Otro de los proyectos presentados consiste en la creación de un producto alimenticio para embarazadas en países de extrema pobreza. No hace falta insistir en sus beneficios. Pero su composición ideal sería una pura fórmula: cuántas grasas, proteínas, azúcares, minerales o incluso probióticos, que ayudan a controlar infecciones, como dijo Daniel Ramón Vidal, de la empresa Biópolis (un spin off del CSIC). El resultado sería similar a las barritas que se usan con niños malnutridos. Que las materias primas sean locales, que se pueda conservar a temperatura ambiente y que sea aceptado social y culturalmente es clave para su éxito.
Como se ve, todo es biotecnología. Quizá porque, parafraseando a la Iglesia, genes somos, y en genes nos convertiremos.

Un objetivo a medio camino

E. B.
  • La propuesta de la ONU. En 2000, en la denominada Cumbre del Milenio, la ONU se fijó ocho objetivos para conseguir en 2015. El primero era “erradicar la pobreza extrema y el hambre”. En concreto, para 2015 se quería reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre.
  • Los hambrientos. Los datos de la ONU muestran que la cifra de personas que pasan hambre está, de manera casi constante desde 1990, en 800 millones de personas (lo que los activistas redondean en 1.000 millones). Como la población mundial ha aumentado, estos suponen un 11%.
  • Mal alimentados. Otros 1.000 millones están mal alimentados en el mundo. Esta cifra, sin embargo, incluye también al grupo de los que comen de más. Son personas que consumen recursos perjudicándose ellas mismas y, quizá, impidiendo que lleguen a quienes los necesitan.
  • Acceso al agua. Otros 1.000 millones no tienen acceso al agua potable, con lo que esto implica para su salud.
  • Desechos y desperdicio. Aproximadamente entre el 30% y el 40% de los alimentos que se producen se tiran antes de llegar a los destinatarios. Esta proporción es similar en países ricos y pobres, aunque por distintos motivos, indica Albert Sasson, presidente de EuroBioLatina.


La frontera de la manipulación genética

Hablar de biotecnología y sus aplicaciones supone mentar uno de los demonios de los ecologistas: los transgénicos. Pero en un foro como el de la Asociación BioEuroLatina, centrada en la cooperación y con patrocinadores de empresas, el asunto no levantó ampollas. “En cientos de laboratorios que los están estudiando, muchos financiados por la Unión Europea, nunca se ha encontrado jamás un efecto negativo para la salud”, dijo tajantemente Alfredo Aguilar, exdirector de la Unidad de Biotecnología de la Comisión Europea.
Aguilar no quiso hacer sangre, pero mencionó, siquiera de pasada, el último estudio al respecto, el del francés Gilles-Eric Séralini, que afirmaba que en un tipo de ratones alimentados con maíz modificado había más cáncer. “La EFSA [Agencia Europea de Seguridad Alimentaria] lo ha rechazado por falto de rigor”.
Esta postura fue casi unánime en las sesiones organizadas en la Fundación Ramón Areces. Pero el hecho es que Europa se mantiene como una isla ajena a los transgénicos, que ya “suponen el 10% de la superficie cultivable del mundo, unos 170 millones de hectáreas”, dijo Albert Sasson, presidente de BioEuroLatina. “Son precisamente los agricultores de países en desarrollo, como China, India, Argentina o Filipinas, los que, detrás de los estadounidenses, más se están beneficiando”, añadió Sasson.
Y esta postura se nota fuera. “En un viaje a India los responsables me dijeron que ellos no tenían ningún problema con los transgénicos, que el problema era nuestro”, señaló Aguilar. Lo que pasa es que, por ese recelo, los indios dudan de usarlos más por miedo a que sus exportaciones sean rechazadas por el mercado europeo.
Aparte de la salud, el asunto tiene otras implicaciones. Adolphe Adjanohoun, director del Centro de Investigaciones Agrícolas de Benin, admitió que hablar de biotecnología en su país tiene un peligro: que se asocia a los transgénicos y, estos, a la situación preponderante de multinacionales extranjeras.
Ramón Clotet, secretario de la Fundación Triptólemos (llamada así por el rey que recibió el don de la agricultura según la mitología griega), también se refirió a que precisamente los recelos ante estos productos habían creado unas legislaciones complicadas que dificultaban su uso y el de otras prácticas.

martes, 1 de noviembre de 2011

PRENSA. "La población mundial alcanza hoy los 7.000 millones de habitantes", reportaje

Bebé nacido ayer en Tegucigalpa (Honduras), cuando el planeta alcanza su récord de población.- E. GARRIDO (REUTERS). ("El País")


   En "El País":
La población mundial alcanza hoy los 7.000 millones de habitantes

   La ONU vaticina que el umbral del crecimiento demográfico más vertiginoso de la historia se cruzará en alguna de las zonas desfavorecidas del planeta.

DAVID ALANDETE - Washington - 31/10/2011

   Hoy nacerá, en algún lugar del planeta, la persona número 7.000 millones. Así lo vaticina la ONU, que asegura que, llegado noviembre, la población mundial cruzará ese umbral, en el crecimiento más vertiginoso de la historia. En sólo 12 años la Tierra ha pasado de 6.000 a 7.000 millones de habitantes. Cada año nacen 83 millones de personas. Puede que ese niño llegue al mundo en India, donde, cada minuto, hay 51 nacimientos. Puede que lo haga en el África subsahariana que, con 883 millones, es el lugar donde más ha crecido la población en las pasadas tres décadas. Si es así, el habitante 7.000 millones llegará en países subdesarrollados o en vías de desarrollo, donde semejantes crecimientos de población se dan entre una profunda pobreza.
   El mundo occidental cruzará hoy el umbral de los 7.000 millones arrastrado por otras áreas, ya que Europa y Norteamérica viven cierto estancamiento demográfico. Según la ONU, la estimación para España, este año, es de 46,2 millones de habitantes. De aquí a 2050, esa cifra sólo aumentará hasta los 49,1 millones. El país crece al ritmo del continente: en los últimos 30 años, Europa ha pasado de 693 a 740 millones de habitantes. Francia es la excepción, alimentada por los flujos migratorios y los nuevos nacimientos asociados con ellos: crecerá en nueve millones en los próximos 39 años.
   "Desde 1980, el mayor crecimiento de población se ha concentrado en los países más pobres, lo que dificulta la erradicación de la pobreza", asegura Wendy Baldwin, presidenta del Buró de Referencia de Población de la ONU, responsable del informe que sitúa hoy la llegada a los 7.000 millones de habitantes. En el África subsahariana, la población se ha multiplicado en los pasados 30 años: de 390 millones a 883. Es probable, según la ONU, que en los próximos 40 años, esa zona alcance por sí misma los 2.000 millones. Un 48% de la población mundial vive con menos de dos dólares (1,4 euros) al día.
   En el año primero de la era cristiana, la población mundial era solo de 200 millones de personas. Aquella cifra creció de forma muy lenta a lo largo de los siglos, hasta llegar al hito de los 1.000 millones en 1804. En los pasados 200 años, sin embargo, el incremento de población en el planeta ha sido vertiginoso, según reflejan las cifras de la ONU. Entre 1930 y 2011, nacieron 5.000 millones de seres humanos. La ONU achaca ese crecimiento a los avances científicos y a la generalización del acceso a la medicina.
   Hoy se vive más que nunca. La esperanza de vida se sitúa en 70 años (68 para hombres, 72 para mujeres). Aunque puede no sorprender en Occidente, es un avance insólito. En 1900 era de 31 años. A mediados del XX creció tímidamente hasta los 48 años.
   Los países desarrollados tienen las poblaciones más longevas. Japón rompe todas las marcas, con una esperanza de vida de 83 años, la mayor del planeta. Los países de Europa occidental y del sur van también a la cabeza, con 80, 5 años. Entre ellos, destaca España, con 82 años de esperanza de vida, al nivel de Francia y Suiza. En EE UU, es de 78 años.
   En el África subsahariana, sin embargo, cae a los 55 años, 53 para los hombres y 56 para las mujeres. Naciones arrasadas por guerras civiles e invasiones extranjeras caen dramáticamente en las clasificaciones. De las siete naciones cuya esperanza de vida es menor de 50 años, seis son africanas. Pero es Afganistán, después de tres décadas de conflictos,(44 años) la peor del planeta.

   Cinco ejemplos de superpoblación incontrolada en el mundo

   - LAGOS. La ciudad más poblada del África negra
   Un tráfico infernal, con coches destartalados y pasajeros que se hacinan en los taxis compartidos, son la imagen de Laos, la antigua capital de Nigeria. Pegajosa y polvorienta, Lagos alberga a más de 10 millones de almas, lo que la convierte en la ciudad más poblada de África y con un imparable crecimiento demográfico. Pobreza, corrupción, violencia, paro y falta de oportunidades abocan a muchos a buscar un futuro mejor en Europa.

   - BOMBAY. Chabolas junto a edificios coloniales
   Es la capital financiera de India, una ciudad que genera el 40% del PIB y muestra contrastes extremos: chabolas míseras se alzan junto esplendorosos edificios coloniales. Bombay es también un foco de inmigración. Cada día se instalan en sus calles 1.500 familias procedentes del resto del país y de Estados vecinos, como Nepal y Bangladesh. Ruido, contaminación y sobrepoblación trazan el perfil de esta megaurbe que alcanza los 24 millones de habitantes.

   - SHANGHÁI. Enorme presión demográfica.
   De los 1.341 millones de habitantes que China alcanzó el año pasado, 23 millones se concentraban en Shanghái, el foco financiero del país. Sufre una presión demográfica difícil de digerir. Muestra del desmesurado crecimiento es que en 1900 tenía un millón de habitantes y a finales de 2009 se habían multiplicado por 20. La política del hijo único implantada por el Gobierno ha evitado el nacimiento de otros 400 millones de personas en todo el país.

   - LOS ÁNGELES. La más contaminada de EE UU
   La polución ha hecho del Gran Los Ángeles (88 ciudades agrupadas sobre 10.000 kilómetros cuadrados) uno de los territorios más contaminados de Estados Unidos, hasta el punto de que sus 10 millones de habitantes sufren temperaturas cada vez más elevadas. Los Ángeles concentra también el mayor porcentaje de millonarios y de sin techo de EE UU. El 44% de sus habitantes (legalmente censado) se declaran de procedencia hispana.

   - MÉXICO. Un distrito federal colapsado
   Más de 20 millones de habitantes conviven en el distrito federal y en su zona metropolitana. Una riada de gente que se extiende por una superficie de 7.850 kilómetros cuadrados. La gigantesca urbe obliga a los ciudadanos a recorrer enormes distancias para llegar, por ejemplo, al trabajo. Muchos ciudadanos mexicanos invierten dos horas y media de ida y otro tanto de vuelta. El metro, principal medio de transporte, es un caos ordenado.