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jueves, 28 de enero de 2010

PRENSA. LECTURA. Juan José Millás, premio "Don Quijote" de periodismo


Juan José Millás

En "elpais.com", esta información:
Juan José Millás gana el premio Don Quijote de Periodismo


El novelista, colaborador de EL PAÍS, ha sido galardonado por su artículo 'Un adverbio se le ocurre a cualquiera'
EFE

El periodista y novelista Juan José Millás ha sido galardonado hoy con el Premio Don Quijote de Periodismo por un trabajo publicado en la revista Interviú. Un adverbio se le ocurre a cualquiera es el título del artículo que le mereció el premio, en su VI edición, del que el jurado reconoce "la originalidad, la inteligencia y el humor que el trabajo ganador conjuga, para hacer un homenaje a los hispanohablantes, a la escritura y a las palabras en su totalidad".
El Don Quijote, que distingue al trabajo mejor escrito, está patrocinado por el Gobierno de Castilla-La Mancha y se convoca anualmente conjuntamente con los Premios Internacionales de Periodismo Rey de España por la Agencia Efe y la Agencia española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Sobre el trabajo premiado, el propio Millás cuenta que siendo niño imaginó que ponía una tienda de palabras, en la que lo más cotizado eran los sustantivos, se regalaban conjunciones para "fidelizar" a la clientela y tenía un apartado de palabras inexistentes.
No puso la tienda, pero acabó viviendo de las palabras, de los artículos de periodismo. "El problema es que se cotizan por igual un sustantivo que un adverbio y un adverbio se le ocurre a cualquiera", sostiene. Juan José Millás nació en Valencia a finales de enero de 1946 y reside en Madrid desde el año 1952.
Ha recibido el Premio Planeta en 2007, por su novela El mundo, que fue asimismo galardonada con el premio Nacional de Narrativa y de la revista Qué leer al mejor libro español del año. Anteriormente, obtuvo el Premio Nadal, en 1990, por La soledad era esto, obra que fue llevada al cine en el año 2002 por el director argentino Sergio Renán.
También recibió el Premio Primavera de novela en 2002 por Dos mujeres en Praga. Fue asimismo galardonado con varios premios de periodismo, entre otros el Mariano de Cavia, en 1998, por un trabajo titulado Lo real , publicado en EL PAÍS; el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, en 2002, por el artículo Errores; y en 2005, el Francisco Cerecedo, que concede la Asociación de Periodistas Europeos.
Su primer premio literario lo recibió en 1974, el Sésamo, por su relato Cerbero son las sombras, escrito en 1972 y publicado en 1975. Millás considera que la novela, el cuento y el periodismo son "territorios que se complementan", por los que él transita "llevando materiales de unos a los otros". El Premio Don Quijote está dotado con 9.000 euros.

 
Reproducimos a continuación el citado artículo (aparecido, como se señala, en la revista Interviú):
 
Un adverbio se le ocurre a cualquiera
Hemingway cobraba los artículos por palabras. A tanto el término, lo mismo daba que fueran adjetivos que sustantivos, preposiciones
que adverbios, conjunciones que artículos. No recuerdo de dónde saqué esa información, hace mil años (cuando ni siquiera sabía quién era Hemingway), pero me impresionó vivamente. En mi barrio había una tienda de ultramarinos, una mercería, una droguería, una panadería, una lechería… Pero no había ninguna tienda de palabras. ¿Por qué, tratándose de un negocio tan lucrativo, como demostraba el tal Hemingway? Para vender leche o pan, pensaba yo, era preciso depender de otros proveedores a los que lógicamente había que pagar, mientras que las palabras estaban al alcance de todos, en la calle o en el diccionario.
Imaginé entonces que ponía una tienda de palabras a la que la gente del barrio se acercaba después de comprar el pan. Sólo que yo las vendía a precios diferentes. Las más caras eran los sustantivos, porque sustantivo, suponía yo, venía de sustancia. Si la sustancia de una frase dependía de esta parte de la oración, lo lógico era que valiera más. Después del sustantivo venía el verbo y, tras el verbo, el adjetivo. A partir de ahí, los precios estaban tirados. Cuando un cliente, en mis fantasías, compraba tres sustantivos, le regalaba cuatro o cinco conjunciones, para fidelizarlo. Mi padre, que era agente comercial, utilizaba mucho el verbo fidelizar. ¿De dónde, si no, iba a sacar yo esa rareza gramatical? En mi tienda imaginaria había también un apartado de palabras inexistentes, para gente caprichosa o loca. Aún recuerdo algunas: copribato, rebogila, orgáfono, piscoteba, aguhueco, escopeja…
El negocio imaginario iba bien. Todo el mundo necesitaba mis palabras. Al poco de inaugurar la tienda tuve que contratar dos empleados porque no daba abasto. Luego compré el piso de arriba para ampliar el negocio, pues llegó un momento en el que la gente me pedía también frases. Puse en el sótano un taller con cuatro gramáticos que se pasaban el día construyendo oraciones. Las había de muchos precios, claro. Las frases hechas eran las más baratas. Recuerdo, entre las que tuvieron más éxito, en boca cerrada no entran moscas y no rascar bola, pero a mí me gustaban mucho también leerle a alguien la cartilla, ser un hueso duro de roer, chupar cámara, pelillos a la mar, o mi sastre es rico. El precio de las frases aumentaba a medida que resultaban menos comunes, o más raras. Por alguna razón que no llegué a entender, había mucha demanda de frases absurdas. Me duelen los zapatos, por ejemplo, los espejos fabrican harina orgánica, o las cremalleras son menos sentimentales que los botones. Con el tiempo tuve que crear un departamento dedicado de manera exclusiva a la construcción de frases absurdas.
La idea de la tienda de palabras y frases me resultó muy liberadora, pues siempre pensé que ganarse la vida era condenadamente difícil. El mayor miedo de mi infancia era el de acabar en una esquina, vendiendo pañuelos de papel. Un día que mi madre, tras suspirar con expresión de lástima, se preguntó en voz alta qué iba a ser de mí, le dije que no se preocupara, pues había decidido que iba a poner una tienda de palabras. Tras meditar unos instantes, me dijo que eso era un disparate y que debía poner mis energías en cuestiones prácticas. Ahí acabó mi sueño de vender palabras. Luego, de mayor, comprobé que los anuncios por palabras constituían un capítulo muy importante en la cuenta de resultados de los periódicos. Pero no le dije nada a mamá, para que no se sintiera culpable.
De todos modos, acabé viviendo de las palabras. No tengo una tienda abierta al público, tal como soñaba entonces, pero me levanto por las mañanas, las ordeno en un papel, las envío al periódico o a la editorial y me pagan por ellas. A tanto la pieza. Una pieza es un artículo. El término pieza se utiliza también entre los cazadores para denominar a los animales abatidos. La semejanza es correcta, pues escribir un texto se parece mucho a cazarlo. De hecho, con frecuencia se nos escapa. La otra noche, en la cama, con los ojos cerrados, pasó volando por mi bóveda craneal un artículo estupendo. Me levanté, cogí un cuaderno que tengo en la mesilla, apunté con el bolígrafo, pero la pieza había desaparecido. Desde la utilización masiva de los ordenadores, contamos los artículos por palabras. Éste que están ustedes leyendo tendrá unas 4.700. Puedo calcular a cuánto me sale la palabra y decir que cobro en plan Hemingway. Pero me sigue pareciendo mal que me paguen lo mismo por un sustantivo que por un adverbio. Un adverbio se le ocurre a cualquiera.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

PRENSA. 30 septiembre 2009


En "El País":

1. Un puente entre las dos Españas. Muere al filo de los 100 años Muñoz Rojas, último gran poeta de la generación del 36. Por Javier Rodríguez Marcos. El escritor Andrés Trapiello nos traza su perfil, en Hombre de campo.

2. Muérdago y negocio. Columna de Manuel Rodríguez Rivero.

3. Alumbrar lo valioso. Breve de Muñoz Molina sobre la importancia del periodismo cultural. Con motivo de la concesión del Premio Nacional de Periodismo Cultural a Jacinto Antón, al que Catalina Serra entrevista en "Es obligatorio apasionarse".

4. Clase de Religión, o de nada. Reportaje de Joaquina Prades. El Concordato y la LOE impiden dotar de contenido a la asignatura alternativa para no dar ventaja a los laicos. Los pedagogos denuncian este limbo educativo.

5. Irán nuclear y Palestina. Artículo de M.Á. Bastenier.

lunes, 9 de febrero de 2009

BIBLIOTECA. QUÉ LEER. REVISTA



Selección de artículos: en la revista Qué leer de febrero, nº 140:

1. "Es que hay guerra, ojo. Por eso disparan". El polaco Wojciech Jagielski encontró en el Cáucaso Un buen lugar para morir (editorial Debate); desde allí envió las crónicas bélicas que se pueden leer en el libro (incluida la que acompaña al reportaje) (págs. 32-36).

2. ¿Cómo será el mundo del libro en el 2020? Seis expertos predicen el futuro. Reportaje: los e-books, los dispositivos de lectura digital, las bibliotecas virtuales y otras tendencias editoriales indican una evidente transformación de la industria. (Págs. 38-45).

3. Periodismo cultural muy particular. Coinciden dos libros (Revolución en el jardín, de Jorge Ibargüengoitia; y Pilotos, reptiles y otras crónicas, de Jacinto Antón), que recopilan las crónicas de dos periodistas con un océano y un par de generaciones de por medio, pero unidos en su pasión por la lectura y por la crónica periodística cultural escrita con ironía y una personalidad muy propia. (Págs. 47-51).

4. Clásicos negros. Perderse estos libros sería un crimen. Selección de novelas publicadas ahora mismo por RBA y Mondadori. (Págs. 52-55).

5. Pluma y pincel. ¿Escritores pintores o viceversa? En el libro de Donal Friedman Y además saben pintar. Escritores, creadores de palabras, creadores de imágenes (editorial Maeva), se recogen más de doscientas pinturas y dibujos. En el reportaje, una breve muestra. (Págs. 56-59).

6. Los amos del mundo. 6.000 personas rigen nuestras vidas. En El club de los elegidos (Tendencias), David Rothkopf analiza ese 0,0001% de la población mundial que controla el destino de los restantes 6.000 millones. (Págs. 60-62).

7. Eric Frattini. Así hizo "El laberinto de agua". Este experto en terrorismo y servicios secretos se ha servido de todos sus conocimientos y experiencia para redactar este libro, una intriga de testamentos y asesinatos vaticanos, publicado por Espasa. (Págs. 64-68).

8. El arte de no hacer nada. Tom Hodgkinson defiende en este ensayo que la buena es barata y conduce a la felicidad. Aparece, junto con otros, en Disfruta la vida sin cargarte el planeta (Los Libros del Lince). (Págs. 70-72).

9. Alaa Al Aswany. El egipcio más internacional. Este autor sigue mostrándonos los diversos rostros del Egipto actual gracias a un grupo de emigrantes que aman y odian en Chicago (Maeva). (Págs. 74-75).

10. Amélie Nothomb. El abrazo del samurái. La escritora belga regresa al Tokio de su juventud para relatar la historia de amor que vivió con un joven japonés, en Ni de Eva ni de Adán (Anagrama). Entrevista. (Págs. 82-87).

11. Lorenzo Silva. De profesión, abogado del Diablo. Entrevista, a propósito de la publicación de El blog del Inquisidor (Destino). (Págs. 88-91).

12. Ford Madox Ford. Un moderno de raíces victorianas. Semblanza del escritor británico, que ve publicada en Lumen su gran teatrología, El final del desfile. (Págs. 96-99).

13. Además, informaciones y críticas de las publicaciones más recientes.

ESTÁ EN LA BIBLIOTECA.