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lunes, 23 de marzo de 2015

PRENSA. "Cinco síntomas de que el proyecto educativo de Wert vuelve al siglo XIX"

   En "Publico.es":

Cinco síntomas de que el proyecto educativo de Wert vuelve al siglo XIX

Los planteamientos de la Escuela Moderna, fundada en 1901, lograron desmontar una enseñanza catolicista y desigual que el actual Ministerio de Educación está resucitando. La pedagogía libertaria de Francesc Ferrer i Guàrdia es el telón de fondo de la última novela de Màrius Mollà, 'El maestro'.

Wert
El ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, en el Congreso./ EFE


MADRID.- Hace más de un siglo, en el año 1901, nació en un piso de la calle Bailén de Barcelona un centro educativo de enseñanza mixta y anticlerical. Hasta 1909, la Escuela Moderna promovida por el pedagogo y librepensador Francesc Ferrer i Guàrdia escolarizó a más de un centenar de niños y niñas. Instauró la coeducación y cambió las enseñanzas religiosas por las científicas y humanistas. En esta revolución educativa y laica se enmarca la última novela de Màrius Mollà, El Maestro (Ediciones B), que cuenta la historia de un profesor recién instalado en una comunidad de leñadores del Montseny que pone en práctica los principios pedagógicos de la Escuela Moderna.

Los sectores políticos y católicos más conservadores, temerosos al sentir amenazados sus intereses, no pararon hasta que vieron cerradas las aulas del centro. Sin embargo, los postulados de Ferrer i Guàrdia siguieron vivos incluso después de su muerte (fue fusilado acusado sin pruebas de haber instigado la Semana Trágica de Barcelona) en escuelas de Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada, Mallorca y en centros de Portugal, Suiza y Brasil. Incluso corrientes pedadógicas como Montesori en Italia o Waldorf en Alemania bebieron de sus ideas.

Ferrer i Guàrdia quiso romper con una "vieja enseñanza",como él decía, que sentía alejada de las necesidades de la sociedad. Hoy, superados los programas educativos de entonces —enfrentados con la ciencia y centrados en dogmas y figuras supranaturales— también existe "una vieja enseñanza" que, según Mollà, "hay que replantearse".

Público analiza cinco logros de la Escuela Moderna —referente de futuros y reputados pedadagogos— que el sistema que fomenta el ministro José Ignacio Wert está poniendo en riesgo.

1. La coeducación de ricos y pobres
Ferrer i Guàrdia abogaba por "la inocente igualdad de la infancia por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional" con el objetivo de acabar con la dominación de clase. Sin embargo, ahora se reproduce algo parecido: "El tipo de escuela está fijando el tipo de alumno y de familia, dependiendo de la ubicación geográfica y de la confesionalidad", sostiene Mollà. Además, el aumento de ayudas estatales a los centros concertados (a los que asiste el 25% de los escolares) va en detrimento del apoyo a la escuela pública. "Parece que la casta nos distingue, estamos dentro o fuera", sigue Mollà, quien sostiene que estas "trabas" demuestran que la coeducación de clases es todavía un reto. 
Ferrer i Guàrdia.
​2. La educación mixta
Los colegios que separan a niños y niñas no sólo siguen existiendo, sino que reciben financiación pública, a pesar de que el Tribunal Supremo haya emitido seis sentencias en contra de estas subvenciones. Wert apuntala su defensa de la educación segregada en la Convención de la UNESCO, que no la considera discriminadora en ningún caso. Aun así, ese documento data de 1960. "Es un sinsentido que esa idea antipatriarcal que la Escuela Moderna promulgó para romper con las desigualdades entre hombres y mujeres siga teniendo representación e incluso el beneplácito del sistema", lamenta Mollà.

3. La religión, fuera de las aulas
La Escuela Moderna no era contraria a que la religión estuviera en la base de la enseñanza, pero consideraba que debía estar fuera de la escuela. Tras la dictadura franquista y la Transición, los crucifijos empezaron a descolgarse de las paredes de las aulas mientras entraban en ellas los libros de Educación para la Ciudadanía, una materia troncal que enseñaba valores sociales como la igualdad, la solidaridad o la defensa de los derechos humanos. La reforma de Wert eliminó esta asignatura y la convirtió en la alternativa a la resucitada clase de Religión durante la Primaria y la ESO. Su contenido, evaluable y publicado en el BOE hace unas semanas, no ha sido elaborado por el Gobierno, sino por la Iglesia. "Es un paso atrás clarísimo porque volvemos a mezclar lo que ya habíamos conseguido separar", valora Mollà. "La Iglesia ya tiene herramientas para llegar a la sociedad, no debe meterse en la educación", considera.

4. Educación sin premios, castigos ni exámenes
"En la Escuela Moderna no hay premios, ni castigos, ni exámenes en los que hubiera alumnos ensoberbecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se conformaran con la vulgarísima nota de aprobado ni infelices que sufrieran el oprobio de verse despreciados por incapaces". Es el 11º principio básico de la Escuela Moderna, aunque Mollà puntualiza que de lo que huía la pedagogía de Ferrer i Guàrdia era de las calificaciones relacionadas con exámenes de pura memorísitica, que "estresan al alumno y le predisponen al fracaso". La Escuela Moderna, cuenta, puntuaba cuestiones distintas, como la "responsabilidad individual, la responsabilidad colectiva, la ética o el interés del alumno por aprender".
El Maestro
Actualmente, y con la excepción de Infantil y Primaria, los profesores viven sometidos a los currículos por la presión de evaluaciones externas como la Selectividad o PISA. Y por si estas no fueran suficientes, la ley Wert ha implantado una prueba de evaluación final que recuerda a las reválidas y que servirá para conseguir el título de cada ciclo no universitario. Lejos de estas pruebas queda el lema de la Escuela Moderna "Ayúdame a pensar" y su convencimiento de que "la educación no es saber hacer cosas, sino entenderlas".

5. Profesores formados y con un sueldo digno
Al margen de los recortes en Educación, que según los sindicatos han dejado a la escuela pública con 20.000 profesores menos, Mollà advierte con preocupación de que otro problema es que España aún no ha conseguido hacer "ambicionable" la profesión de maestro. "Somos tan incapaces de buscar profesores buenos como de castigar a los malos", opina el autor de El Maestro, que señala la necesidad de "renovar todo el patio de profesores". Mollà insiste en que si no cambia la educación, tampoco cambiará la sociedad y, aunque celebra la movilización de gran parte de la comunidad educativa contra la deriva del sistema, lamenta: "Todavía hay más gente que dice que hay que cambiar las cosas que gente que las esté cambiando".

viernes, 3 de octubre de 2014

PRENSA. "Gobierno que provoca soledades". Luis García Montero


  En "blogs.publico.es":
Gobierno que provoca soledades
Luis García Montero. 2 octubre 2014

Los presupuestos de este Gobierno para el año 2015 confirman que sus políticas se basan en un solo concepto: la desigualdad. Incluso cuando intenta hacer electoralismo, sus rebajas de impuestos, sus ahorros y congelaciones apuntan siempre a una misma brecha. Los más ricos disfrutan un trato de favor mientras que la mayoría de la población pierde poder adquisitivo y se ve desamparada. Aparece la desigualdad como único presupuesto.
Este Gobierno provoca soledades.
Es verdad que sólo un parado sabe lo que es el paro. Sólo un parado vive por dentro el desgaste de no tener trabajo, la incertidumbre que anida en el futuro, la corrosión de la propia autoestima, los injustos sentimientos de culpa, vergüenza, inutilidad y fracaso que suenan cada mañana cuando el despertador no marca el rumbo de los horarios laborales. Eso es verdad. Pero también es verdad que una cobertura decente y unas políticas sociales de empleo acompañan la soledad de los parados. Convierten su angustia en una responsabilidad de todos.
Es verdad que sólo una persona desahuciada sabe lo que es un desahucio. Sólo se comprende por dentro la crueldad de este sistema de bancos y especuladores cuando uno mismo se ve expulsado de su casa y mira en la calle la desolación de unos hijos o de unos padres enfermos. Nada hay más radical que un colchón desnudo y abandonado a la intemperie. Eso es verdad. Pero también es verdad que una política social de vivienda y una denuncia colectiva de la ley hipotecaria acompañan la soledad de los que se ven en peligro de desahucio por culpa de sus cuentas particulares.
Es verdad que sólo un estudiante sin matrícula en las asignaturas que desea cursar sabe lo que es una vocación rota. Sólo se comprende la impotencia del destino cancelado cuando uno mismo sufre la falta de profesores, la beca que no llega, el máster para ricos, la reducción de plazas en una educación degradada. Eso es verdad. Pero también es verdad que una inversión seria en los colegios, institutos y universidades públicas acompaña la soledad de los padres y los estudiantes a la hora de imaginar el futuro decente en una realidad difícil.
Es verdad que sólo un viejo sabe lo que es la vejez. Sólo comprendemos el deterioro del cuerpo y el desamparo con la fortuna envenenada de cumplir años. Porque la suerte de vivir significa también que los escalones son más altos, las distancias más largas, las llamadas de teléfono más cortas y la vida cotidiana más, mucho más asustadiza y necesitada. Eso es verdad. Pero también es verdad que una pensión digna da compañía, hace que la edad no sea un paredón, sino la consecuencia aplaudida, justa, serena, de los trabajos y los días.
Y es verdad que los dependientes, los enfermos, los salarios congelados, la degradación laboral, los niños malnutridos, la cultura abandonada, los idiomas maltratados, las despensas vacías, los finales de mes, los comedores sociales, la caridad, los laboratorios muertos… Todo eso es verdad, y todo supone matices, nombres distintos de la soledad. Pero también es verdad que unos presupuestos pensados para la igualdad dan calor, ofrecen compañía, comprensión de la palabra nosotros y conciencia de lo que significa la vida humana.
Este Gobierno provoca con sus presupuestos un abismo de soledad para los enfermos, los estudiantes, los dependientes, las personas mayores, los investigadores, los funcionarios. Este Gobierno tiene la desigualdad como único principio y único fin. Es su presupuesto.
¿Qué interesa a una sociedad? En las soledades que se extienden por España, por toda España, sólo oigo un grito: ¡la cuestión social! ¡Que nada nos distraiga de la cuestión social! No confundamos la soledad con otros sentimientos, otras identidades, otras discusiones. Este Gobierno nos condena con sus presupuestos no sólo a una vida cada vez más pobre, sino también a unas discusiones cada vez más solitarias y egoístas. Nos condena a la inercia de sálvese quien pueda.
Y este tipo de soledades sólo se combaten con una apuesta decisiva por la cuestión social. Nos están explotando sin misericordia. Me atrevo a gritarlo como poeta, como experto en los laberintos de la intimidad.

viernes, 11 de abril de 2014

PRENSA. "La soberbia de la señora". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "infolibre.es":

La soberbia de la señora

Actualizada 06/04/2014 a las 10:38  
Soberbia: altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. Vanidad: arrogancia, presunción. La soberbia se define por el desprecio a los demás. La vanidad tasa los méritos propios de manera excesiva. El populismo dicharachero de Esperanza Aguirre siempre ha tenido más que ver con la soberbia que con la vanidad. La simpatía y desenvoltura de esta política madrileña no se fundan en la confianza que le merecen sus virtudes o en la necesidad de defender de manera rotunda y sin pelos en la lengua sus convicciones. Más bien se trata de una soberbia natural, esa que siente la dueña de un cortijo cuando habla con sus criados.

Esperanza Aguirre es una mujer literal, no genera incertidumbre, no se escuda en la pátina mentirosa de la política. Sus actitudes se acercan en cada momento a una definición palpable de la realidad. Si abandona el disfraz de la solemnidad es porque vive con la energía secular de una estirpe que no necesita justificar el origen de su poder. España y Madrid son un cortijo. España y Madrid pertenecen por nacimiento a una casta, a una élite. Cualquier alternativa a lo establecido por la tradición es un atentado injustificable que no se debe tolerar. ¿Ustedes qué se han creído? Cuando la señora Ama de un latifundio da explicaciones, no necesita argumentos, excusas, motivos. Basta con la propia desfachatez de su existencia.

España es un cortijo. Nunca se ha visto razonable que una pareja de guardias civiles le pidan a un cacique la licencia de caza cuando pasea la escopeta nacional por sus propiedades. ¿Qué es la autoridad legítima? El orgullo civil de un pueblo que quiere vivir en condiciones de igualdad. La autoridad puede convivir con la vanidad, con la fatuidad ridícula de algunos padres de la patria (expolíticos, experiodistas, financieros…). Abundan en esta Corte de los milagros. Pero la autoridad democrática es incompatible con la soberbia de los que se creen dueños de una nación por derecho de nacimiento y de clase.

Recuerdo Los santos inocentes (1981), la maravillosa novela de Miguel Delibes, un retrato perfecto de la vida de cortijo en la Extremadura de los años 60. Mario Camus hizo en 1984 un peliculón con Alfredo Landa, Terele Pávez, Paco Rabal y Juan Diego. El señorito Iván hace y deshace a su antojo en la vida de Paco y Régula. Convierte las reglas en algo muy parecido a un capricho. Bajo la aparente cercanía, bajo las declaraciones de afecto, no hay más que soberbia y derecho de posesión. Con una buena peluca rubia, Juan Diego clavaría a Esperanza Aguirre.

Doña Esperanza es una mujer literal. Pone en evidencia lo que sus compañeros de partido ocultan con la solemnidad desparramada y silábica de su hipocresía. Doña Esperanza se lleva la moto de la autoridad por delante. Cuando Mariano Rajoy afirma ante el Parlamento que no tiene nada que ver con las cuentas de su tesorero de toda la vida, se lleva también por delante la moto de la dignidad democrática de un país. Cuando Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal o Ignacio González no dimiten, después de visto lo visto y oído lo oído, se llevan muchas motos por delante y convierten a España en una monarquía bananera donde la política no tiene pudor y la vida pública se instala en la indecencia.

El mérito de doña Esperanza es que arrolla de forma literal la moto del guardia que se atreve a ponerle una multa por aparcar en un carril bus y en plena Gran Vía de Madrid. Y no es que luego se dé a la fuga con la policía detrás, es que cambia de olivo y de sombra en su cortijo.La calle, la ciudad y la nación forman parte de sus propiedades. A cualquier ciudadano se le pediría la prueba del alcohol por haber actuado así. Un cacique –digo yo- no necesita estar bebido para actuar de esa manera. Si los criados no aceptan el arreglo de la simpatía, aflora la soberbia.

Una mujer literal lo hace todo evidente. Esa ha sido la historia de Esperanza Aguirre. Llegó a la Presidencia de la Comunidad de Madrid porque dos diputados socialistas vendieron su voto para cambiar la decisión popular. Si las discusiones teóricas meditan sobra la privatización de la política en manos de los intereses económicos y sobre la pérdida de la soberanía popular, doña Esperanza aporta el ejemplo.

Ahora se discute también sobre una ley de seguridad ciudadana que humilla a la Justicia y sobre unas fuerzas del orden que parecen marionetas manipuladas por el poder. La soberbia de Esperanza Aguirre evidencia de forma clara qué significan la ley y la policía para el PP. Un último ejemplo de literalidad: la estrategia de criminalizar a las víctimas. La derecha española degrada la educación y convierte en culpables a los maestros, procura hundir la sanidad pública y acusa a los médicos, liquida los derechos laborales y responsabiliza de la situación a los trabajadores y a los sindicalistas. Pues bien, doña Esperanza humilla a unos guardias, arremete contra un moto, sale pitando en acto de clara desobediencia a la autoridad y dice luego que los pobres guindillas eran prepotentes y machistas.

Pese a las tristezas, Los santos inocentes es una novela que acaba bien. El señorito Iván se había pasado mucho al matar a la milana bonita, la grajilla de Azarías. El PP está matando muchas grajillas. Espero que las urnas den respuesta a su soberbia. 

lunes, 3 de marzo de 2014

PRENSA. "Córdoba piropea a 'un golpista' en una guía turística"

   En "público.es":

Córdoba piropea a "un golpista" en una guía turística

El Ayuntamiento (PP) edita una guía de arquitectura en la que califica a Antonio Cañero Baena como "benefactor" de la ciudad pese a su participación en la "limpieza de marxistas" de la sierra de la provincia andaluza.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 28/02/2014 07:00 Actualizado: 28/02/2014 14:04


Imagen de la Guerra Civil tomada en Azuaga (Badajoz).

Imagen de la Guerra Civil tomada en Azuaga (Badajoz).


Desmemoria, término que según la Real Academia de la Lengua implica "la falta de memoria". Eso es, precisamente, lo que parece afectar al Ayuntamiento de Córdoba que acaba de publicar una guía turística, de apenas 90 páginas, sobre la arquitectura de la ciudad en los últimos dos siglos. En este pequeño libro, el Consistorio hace un repaso de la cultura arquitectónica de la Córdoba contemporánea y encuentra hueco, también, para mencionar una serie de personajes importantes en el pasado reciente de la historia de la ciudad. Es en este espacio donde aparece una mención especial para el rejoneador y concejal franquista Antonio Cañero (1885-1952).
Para el Ayuntamiento de Córdoba, Antonio Cañero es una figura importante de la ciudad que supo combinar "su maestría en el rejoneo con su actividad pública como concejal y benefactor de la ciudad, dejando su nombre a un barrio edificado sobre terrenos de su propiedad que donó al obispo Fray Albino". Para la RAE, benefactor es lo mismo que bienhechor, concepto que describe como persona "que hace bien a otra persona".
Es precisamente el "bien" realizado por Cañero a sus conciudadanos de Córdoba lo que ponen en duda asociaciones de memoria histórica y diversos historiadores como Francisco Espinosa o Francisco Moreno Gómez, autor de, entre otros libros, 1936: El genocidio franquista en Córdoba; Morir, matar, sobrevivir: la violencia en la dictadura de Franco (con Francisco Espinosa, Julián Casanova y Conxita Mir); y La Guerra Civil en Córdoba, 1936-1939. De hecho, Moreno califica de "desvergüenza histórica" el intento de limpiar la imagen de Cañero por parte del Consistorio.
"Antonio Cañero fue todo un protagonista del fascismo cordobés, organizando el 'Escuadrón Cañero', con todos los caballistas, capataces y señoritos de la capital, cuya misión era colaborar con las columnas militares, en las primeras semanas, en sus excursiones a los pueblos, que terminaban en un baño de sangre", explica el historiador Francisco Moreno a Público.

La participación de Cañero en la Guerra Civil

Francisco Moreno, de hecho, detalla las actuaciones del "Escuadrón Cañero". La primera actuación de este "Escuadrón" se produjo en la localidad de Almodóvar del Río, el 23 de julio de 1936, después pasaría por los municipios de Castro del Río, Baena, Carlota y Fernán Nuñez, entre otros. "Una de las expediciones más sangrientas fue en Baena. Es conocido que en esta localidad las fuerzas fascistas hicieron una masacre pública en la plaza del pueblo. En Fernán Nuñez, también se hizo otra masacre. Alrededor de 60 personas, incluidas el alcalde legítimo de la localidad, fueron fusilados en una cuneta", explica Moreno.
A finales del mes de julio de 1936, el "Escuadrón" de Cañero recibió otra misión: "Limpiar la sierra de marxistas". Por lo que su función pasó entonces a realizar "razzias por las Ermitas, El Brillante, etc.". "Otra misión que recibió el 'Escuadrón Cañero' fue recorrer a caballo las cercanías de Córdoba en busca de los fugitivos y llevarlos a la capital para ser, posteriormente, fusilados", señala Moreno, que añade que sólo en Córdoba capital fueron fusilados 4.000 republicanos cuyos restos descansan en los dos cementerios de la ciudad.
En el 36, se encargó al "Escuadrón" de Cañero "Limpiar la sierra de marxistas"Los servicios prestados por Cañero a la causa nacional y su fama como rejonero le valieron para ocupar un puesto de concejal en el Ayuntamiento de Córdoba de la dictadura franquista. Cargo, que la guía de arquitectura editada por el Consistorio cordobés reconoce, pero que olvida mencionar que ese cargo le fue concedido durante los primeros años de la dictadura franquista. Porque no es lo mismo ser concejal en una dictadura que concejal tras unos comicios libres en democracia "La guía es un dislate. Se nos oculta gran parte de la información biográfica de Cañero para presentarlo como benefactor de una ciudad. Es como si nos presentaran a Franco como benefactor de España por los pantanos que construyó", sentencia Francisco Moreno.
Este medio ha contactado con el Ayuntamiento de Córdoba para tratar de recabar su versión sobre la polémica guía y la definición de Antonio Cañero. No obstante, a la hora del cierre de esta edición, Público aún no ha recibido ninguna respuesta por parte del Consistorio cordobés.

"La derecha, lanzada a la recuperación de su memoria"

Llama la atención la desmemoria del actual Consistorio de Córdoba respecto a la biografía de Cañero, sobre todo, cuando la información sobre el rejonero se puede encontrar también en la información oficial que facilita la Junta de Andalucía.
Así, la Dirección General de Memoria Democrática de la Junta señala en su página web: "Los caballistas de la capital, capataces y aperadores de las grandes fincas, se agruparon bajo el mando del rejoneador Antonio Cañero y crearon el Escuadrón de Cañero, que actuaron en Almodóvar del Río. Desde el segundo día de la sublevación se enviaron tropas a localidades vecinas para dominar la zona, como fue el envío a Alcolea, La Carlota, Santa Cruz, Espejo, Castro del Río, Baena, Nueva Carteya, La Victoria, Cerro Muriano, Villarrubia, Pedro Abad..."
"La derecha española no ha roto con el franquismo"Para el historiador Francisco Espinosa el repentino olvido del pasado de Cañero en la guía de Córdoba no es un hecho aislado. Se enmarca dentro de un movimiento de la derecha para tratar de recuperar su propia memoria histórica. "La derecha está tratando de rescatar figuras del fascismo español y no sucede solamente en Córdoba, también en el resto del país. Este movimiento se ha puesto de relieve, por ejemplo, en Sevilla cuando han intentado quitar el nombre de calles a destacados fascistas y el Ayuntamiento lo que ha hecho ha sido dejar el nombre añadiendo su profesión. Un ejemplo fue con Ruiz de Alda, a quien añadieron 'aviador' o con José María Pemán, al que le añadieron 'poeta'", explica Espinosa.
"La derecha española no ha roto con el franquismo. En Europa, la derecha rompió con el fascismo a raíz de su derrota en la II Guerra Mundial. Aquí no. Ningún partido de derecha en Europa puede sostener las barbaridades que aquí dice la derecha sobre el franquismo", opina Espinosa, que sentencia con una ironía: "Cualquier día nos encontraremos una plaza dedicada a Franco resaltando su condición de poeta, de artista, o de lo que sea".

Poema dedicado a Cañero

La fama de Antonio Cañero y su escuadra, así como sus andanzas a lomos de sus caballos, llegaron a la zona republicana. Un poeta anónimo, que firma como Pepe Tito, le dedicó este poema que, a continuación, Público reproduce:
Cañero,
ya que has caído tan bajo,
ponle una moña a Cascajo
en lo alto del lucero.
Entre los cuernos fascistas
Cañero rejonea.
Entre cornudos de pista
la jaca caracolea.
Capitán de chulería,
señorito picador,
si afino la puntería,
no habrá rejoneador.
Llena las calles de Córdoba
con regodeos de los finos;
fascistas de a caballo
entre escuadrón de asesinos.
Majadero de cuatro patas,
caballista de tronío,
comandante de las ratas,
traidor de mucho sonío.
Todo lo debes al pueblo;
hasta tu nombre, Cañero.
Prepárate a devolverle
nombre y vida, majadero.
Pepe Tito, uno de Caballería, Venceremos, Jaén, 30-8-36).

viernes, 22 de noviembre de 2013

PRENSA. "Ahogar la protesta política con el rigor de las multas"

Manifestantes se enfrentan a un nutrido despliegue policial al lado de Congreso de los Diputados. / BERNARDO PÉREZ. ("el país")

   En "El País":

Ahogar la protesta política con el rigor de las multas

Expertos constitucionalistas advierten de que la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana puede invadir derechos fundamentales

 Madrid 21 NOV 2013 

El año que está a punto de acabar ha popularizado en España la palabra escrache (protestas de los ciudadanos ante las viviendas de representantes políticos) y ha estado marcado por un flujo incesante de mareas: la marea blanca en defensa de la sanidad pública, la verde (educación), la naranja (servicios sociales)... Una avalancha de protestas, concentraciones y manifestaciones que el Gobierno piensa atajar con la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana que tiene previsto sacar del horno en el Consejo de Ministros de este viernes. La reforma impondrá elevadas multas y castigos a quienes protesten fuera del camino marcado por las autoridades. Y los expertos advierten de que bordea peligrosamente los límites que delimitan algunos derechos fundamentales.
La propuesta convertirá los escraches, la grabación y difusión de imágenes de policías en acto de servicio, las protestas sin permiso ante el Congreso, el Senado, los parlamentos autonómicos y los tribunales en faltas administrativas “muy graves”, multadas con hasta 600.000 euros, de acuerdo con el borrador que manejaba esta semana el Ministerio del Interior. Alterar el orden público con capucha o insultar a un policía en el transcurso de una manifestación será considerado falta “grave” y conllevará una sanción de 1.000 a 30.000 euros.
La oposición no ha tardado en apodar la norma como la ley de la patada en la boca en referencia, 20 años después, a la ley de la patada en la puerta, que contenía el precepto del código de seguridad ciudadana del ministro José Luis Corcuera, tumbado por el Tribunal Constitucional en 1993. “Es un absoluto disparate y parece un código disciplinario para militarizar la sociedad”, resume el magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, que alerta de que recurrir una multa de estas dimensiones por la vía del contencioso administrativo puede suponer 2.000 euros solo en tasas, mientras que por lo penal es gratis.
Con este giro hacia la vía administrativa, más rápida y ejecutiva, el ciudadano tiene que demostrar su inocencia ante el tribunal, en lugar de ser el Estado el que pruebe la culpabilidad. “Es más fácil sancionar administrativamente que llevar el caso ante el juez”, explica el catedrático de Derecho Administrativo Juan Cruz Alli, que piensa que esta fórmula de penalizar a los manifestantes “es algo menos gravosa para los afectados —les evita el proceso judicial—, pero es más conveniente para la Administración porque es muy difícil ganar un recurso contra el Estado”. Cruz Alli considera que las faltas que prevé la nueva ley pueden ser difíciles de probar. En su opinión, se trata de una reforma reclamada por la propia policía y que “obedece a la realidad de los últimos años, en los que se ve impotente para multar a los manifestantes que provocan disturbios”.

Otras in

Uno de los aspectos de la reforma es la prohibición de manifestarse en determinados espacios públicos. Algo que convertirá en innecesarias las vallas que llevan más de un año amontonadas en las aceras de las calles colindantes al Congreso de los Diputados. Desde la convocatoria de la protesta Rodea el Congresoel 25 de septiembre de 2012, están permanentemente preparadas para fortificar la Cámara Baja ante eventuales protestas. La reforma prohibirá las manifestaciones y escraches en determinados perímetros urbanos en los que la policía podrá establecer “zonas de seguridad”, y el epicentro será el Congreso de los Diputados, incluso cuando no esté en actividad.
Este es el punto que más alerta a los constitucionalistas. “Habrá que ver cómo se desarrolla la ley pero, efectivamente, tiene puntos conflictivos que pueden entrar en colisión con derechos fundamentales como el de asociación o reunión. La redacción tendrá que ser bastante fina para no invadir libertades básicas”, apunta Yolanda González, constitucionalista de la UNED y catedrática Jean Monnet de la Comisión Europea. “Prohibir que una manifestación tenga un recorrido puede hacerse ad hoc, en condiciones reales de fecha, hora y circunstancias de la protesta, pero me parece más discutible excluir absolutamente un radio de la ciudad a las protestas. Especialmente las residencias privadas”, apunta. Y añade que no ve “nada excéntrico” en que el pueblo quiera protestar ante los representantes de su soberanía.
Javier García Roca, catedrático de la Universidad Complutense y vocal de la Asociación de Constitucionalistas de España, matiza sin embargo que “la restricción de las protestas en torno a los Parlamentos tiene lógica histórica. Durante la Revolución Francesa se prohibió porque los revolucionarios increpaban a la Asamblea desde los balcones”. En su opinión, “el derecho a manifestación conlleva unas molestias inevitables, pero deben ser ponderadas y no anular otros derechos como el funcionamiento normal de la Cámara o el derecho a la privacidad del domicilio, en el caso de los escraches”. El Código Penal ya castiga la concentración ante el Parlamento “si se altera el normal funcionamiento de la Cámara” y otros comportamientos previstos en la nueva del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, cuando son constitutivos de delito, pero no en todos los casos.
El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, por ejemplo, consideró en abril que las concentraciones ante las viviendas de los políticos son una “perturbación desproporcionada”, pero asume que “el derecho a reunión no puede ser limitado a priori por disposiciones administrativas” y que, por tanto, no se puede blindar un perímetro antes de recibir una propuesta de recorrido de una manifestación. El fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, declaró en esta línea que no debe “criminalizarse” cualquier reunión o manifestación, y que la fiscalía solo analizará los escraches que tengan “trascendencia penal”.
El blindaje de las instituciones políticas y policiales responde, según los expertos, a su distanciamiento de la ciudadanía. Justo en el ecuador de la legislatura, el PP ha perdido 14 puntos de intención de voto desde que llegó al poder, el 20 de noviembre de 2011. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está valorado con un 2,45 en una escala de 0 a 10, según el CIS. “El Gobierno está utilizando la policía para protegerse de las acusaciones de corrupción. Una ley así les blinda más que un coche oficial”, exclama Manuel Ballbé, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Autónoma de Barcelona.
La ley de seguridad ciudadana sustituirá a la ley Corcuera de 1992, pero para algunos analistas es más retrógrada. “La ley nos llevaría al corcuerismo, al autoritarismo dentro de la democracia”, espeta Ballbé, también experto en seguridad ciudadana y en el proceso de desmilitarización de la Policía Nacional durante la Transición. El Tribunal Constitucional anuló el punto de la ley Corcuera conocido como “la patada en la puerta”, que permitía a la policía entrar en los domicilios de los sospechosos de tráfico de drogas sin orden del juez, al considerar que vulneraba la inviolabilidad del domicilio. Durante el año en que estuvo en vigor la normativa, la policía detuvo a unas 800 personas que tuvieron que ser absueltas tras la sentencia.
Interior “intenta remilitarizar la seguridad y radicalizar a los manifestantes con métodos provocadores de la policía”, apunta Ballbé. En su opinión, el objetivo no es otro que “poder criminalizar los movimientos ciudadanos”. “La prohibición de manifestaciones pacíficas en las cercanías del Congreso no tiene parangón en los países democráticos”, insiste.
En Europa, el país más restrictivo con el derecho a manifestación es Alemania, aunque en los últimos años han proliferado normas represivas con las protestas para controlar el orden público en varios países. Berlín estableció en 2008 unos permisos especiales para las manifestaciones que se organicen en las franjas de seguridad que rodean las sedes de tres de los llamados “órganos constitucionales”: amplias zonas anejas a las dos Cámaras legislativas federales y el Tribunal Constitucional. En Italia, pese a no estar prohibido por ley, la policía blinda las Cámaras durante las protestas. Solo Reino Unido está preparando una normativa similar a la ley Fernández. La policía británica ya tiene amplios poderes para modelar o prohibir manifestaciones y las restringe particularmente en las cercanías del Parlamento. El Gobierno está tramitando, además, una ley que reforzará los poderes de las autoridades locales para prevenir el gamberrismo y denegar los permisos de protestas si consideran que pueden molestar al vecindario. Prevé también multar a los asistentes a manifestaciones ilegales, aunque cada permiso seguirá siendo analizado caso a caso.
En Francia, las manifestaciones ante el Congreso de los Diputados requieren una autorización idéntica a cualquier otra protesta, aunque durante el último año han proliferado las manifestaciones a las puertas del Congreso, legales o espontáneas, en contra de la ley del matrimonio homosexual. Fueron toleradas en un principio y disueltas después.
A juicio de Ballbé, la ley Fernández recuerda a las primeras medidas sobre seguridad ciudadana del expresidente francés Nicolas Sarkozy, en su primera etapa de ministro de Interior entre 2002 y 2004, muy criticadas por criminalizar la pobreza. Bajo el paraguas de la lucha contra el terrorismo, el tráfico de armas y drogas, acabó focalizado en los disturbios callejeros. Dos años después, Sarkozy amplió los poderes de la policía y la gendarmería y llegó a penalizar las reuniones de jóvenes en las escaleras de los edificios.
España se caracteriza por su elevado índice de seguridad humana, un concepto de Naciones Unidas que, según Ballbé, “no se protege con policía, sino con intangibles como la seguridad social, la educación o la integración de la inmigración”. Con más de un 50% de paro, los jóvenes “se están comportando de una manera increíble. En otros países del mundo, en estas condiciones, el índice de criminalidad es muchísimo más elevado”, concluye el catedrático.
Con información de Miguel MoraWalter OppenheimerJuan Gómez y Pablo Ordaz.

Otras infracciones en la ley

Muy graves. Multas de 30.001 a 600.000 euros
  • Deslumbrar con dispositivos tipo láser a conductores de tren, metro o pilotos.
  • Las protestas no comunicadas o prohibidas ante infraestructuras críticas como centrales nucleares o pistas de aeropuerto.
Graves. Multas de 1.001 a 30.000 euros
  • Ofrecer, solicitar, negociar o aceptar servicios de prostitución cerca de colegios, parques o lugares donde se ponga en peligro el tráfico.
  • Poseer de manera ilícita, transportar, abandonar droga o los útiles para prepararla. También plantar cultivar estupefacientes como la marihuana aunque no sea para traficar.
  • Conducir cundas o taxi de las drogas que trasladan a drogadictos.
  • El botellón cuando perturbe la tranquilidad ciudadana.
  • Los daños a mobiliario urbano como marquesinas, papeleras o contenedores.
  • Obstaculizar la vía pública con neumáticos u otros enseres que impidan la normal circulación.
  • Escalar como acción de protesta edificios públicos o precipitarse desde los mismos.

PRENSA. "Buenos días, fascismo". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "Público.es":
Buenos días, fascismo
Luis García Montero. 21 noviembre 2013
Guardo dos sensaciones precisas del tiempo que me tocó vivir bajo la dictadura del caudillo, nuestro generalísimo Francisco Franco: el miedo a la Policía y el trato cotidiano con la mentira. Ya sé que la realidad española fue suavizándose conforme nos alejábamos de la sangría provocada por el golpe militar de 1936, pero en el aire de los años cincuenta, sesenta y setenta que yo respiré podía percibirse con facilidad el olor del miedo y de la mentira.
Los periódicos mentían tanto por lo que callaban como por lo que decían. La retórica sobre el imperio, la raza, la patria, la gloria que nos enseñaban en las clases de Formación del Espíritu Nacional no resistía las primeras miradas sobre el mundo. Un país pobre, menesteroso, humillado, sin ciencia, sin una economía sólida, sin cultura pública, sin repercusión internacional, sufría bajo las alas del águila. Más bien una gallina. Los colores de la bandera solo servían para ponerse rojos de vergüenza y amarillos de envidia cada vez que íbamos descubriendo lo que era la vida.
Los políticos mentían. Y no me refiero a las verdades a medias y las manipulaciones propias del electoralismo. Mentían de verdad y hasta el fondo, como yo de adolescente cuando me obligaban a confesar los curas del colegio. Éramos herederos de un Régimen basado en la instauración oficial de mentira. A Miguel Compins,  Comandante Militar de Granada, fueron a buscarlo los golpistas a su despacho, en donde estaba tan tranquilo cumpliendo órdenes del Gobierno y de la superioridad, y lo fusilaron por ayudar a la rebelión. No fue el único caso. El legal era el sublevado, en invierno hacía calor, en verano frío, los peces volaban por las nubes y los pájaros nadaban por las profundidades del mar si así lo afirmaba la autoridad.
Nadie, claro está, confundía la verdad oficial con la realidad. Eso creaba una separación tajante entre el Estado y la calle. Hoy somos herederos de esa división impuesta por la costumbre de mentir. Lo que empezó siendo la mentirijilla electoral en la España democrática desemboca hoy en el regreso a la desvergonzada mentira fascista. Rajoy  jura que no conocía las actividades corruptas de su tesorero más íntimo y no pasa nada. Ana Botella dice que la Reforma Laboral ha salvado los puestos de trabajo de los trabajadores de la limpieza en Madrid y no pasa nada. Se miente sobre la economía, el paro, la política internacional, la honradez de la familia real, y no pasa nada. Las instituciones –véase el poder judicial- son una mentira en funcionamiento. Ha vuelto a hacer calor en el mes de enero. La moda de las memorias políticas en nuestro país y la apertura de la Fundación Felipe González se deben  a que está vigente una veda infinita para las mentiras. Aquí el error propio es una enfermedad descatalogada en las conciencias.
También hemos vuelto al grito de “la calle es mía”. Lo lanzó Fraga Iribarne para recordarnos en 1976 la norma número uno de la dictadura a la que había servido. Respondiendo a su origen, el Gobierno del PP ha dado forma de ley al grito de Fraga.  En vez de respetar y solucionar los problemas graves de los ciudadanos, criminaliza sus protestas con multas desmedidas y con estrategias de impunidad para la represión. La ley hipotecaria nos deja sin casas, la ley mordaza sin calle, dos formas de desahucio. A la Policía española deberemos tratarla con miedo. Se acabó la confianza. Las Fuerzas de Seguridad tienen como enemigo al ciudadano. La patria produce otra vez extranjeros en su propio país. Atreverse a poner el pie fuera de la mayoría silenciosa es un acto de rebeldía intolerable. Exigir y practicar los derechos constitucionales puede convertirnos en cómplices de la sublevación.
Buenos días, fascismo. Los españoles volvemos a vivir en una realidad cotidiana fascista. Podemos discutir si se trata de prefascista,  posfascista, parafascista o cuasifascista, pero la evidencia es que nos hemos instalado en el cartón piedra de la mentira y en una plaza de armas que sólo pertenece a la autoridad. Entre nuestros derechos no está la calle. Convivir es obedecer bajo el absolutismo de unos diputadísimos y unos ministrísimos que son herederos del caudillo.
Podrán decirme que han llegado al Gobierno por las urnas. Llegar por las urnas al fascismo no es algo nuevo, ni resta gravedad, sobre todo cuando se incumplen los contratos electorales de forma desvergonzada. Podrán decirme que la gente volverá a votarlos. Eso no significará que dejen de ser fascistas, sino que el fascismo se ha instalado en los procedimientos democráticos. En una realidad fundada en la mentira, con una división tajante entre la España oficial y la España real, entre los mundos virtuales y la experiencia de carne y hueso, los votos pierden su vinculación con la calle y pasan a ser una parte más del videojuego de las supersticiones. Sin patrimonio legal democrático, podrá haber votos, pero no habrá democracia.
Ni soberanía popular, ni instituciones representativas, ni participación. Mentira y represión policial. Buenos días, fascismo.

martes, 15 de octubre de 2013

PRENSA. "Cine español. La extinción". Pedro Almodóvar

   En "Infolibre.es":
LA DRAMÁTICA SITUACIÓN DE NUESTRO CINE

Cine español. La extinción


  • PEDRO ALMODÓVAR. 14-X-2013
  • "Desde nuestro 'No a la guerra', el cine español se convirtió en la bestia negra de los gobiernos del PP. Los recortes y el desprecio actual son el resultado de aquel “No”, del que nunca me arrepentiré aunque no quede un solo cine abierto", denuncia el cineasta
  • El director de cine defiende que "manifestarse sobre temas políticos debería entenderse como un acto cívico y un síntoma de salud democrática, lo contrario evoca épocas pasadas"
  • "En Francia viven en la misma era que nosotros y la gente sigue yendo al cine", destaca Almodóvar
(El director de cine Pedro Almodóvar denuncia, en este artículo escrito para infoLibre, que el Gobierno del PP ha puesto en marcha "un riguroso plan de exterminio del cine español". El cineasta reacciona así a las últimas palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien aseguró que la crisis del cine español se debe a “la calidad de las películas”, no al incremento del IVA o a los brutales recortes).
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Hace pocos días el ministro Cristóbal Montoro descalificaba al cine español y le culpaba, por su baja calidad, del desplome de la asistencia a las salas y del cierre de muchas de ellas, a la vez que reafirmaba la inocencia del aumento del IVA. Alguien debería decirle a este ministro y a su compañero José Ignacio Wert que en Francia el IVA cultural está en el 7% y que el año próximo lo bajarán al 5%; que en Italia es del 10% y en Alemania del 11% frente al 21% en España. Pero todo sea por recaudar más.

Pocas horas después de las declaraciones del Sr. Montoro en el programa Hoy por hoy, los medios de comunicación las rebatieron utilizando datos accesibles para todo el mundo (que el ministro demostraba desconocer), según los cuales el recorte actual al cine español provocaría impagos a películas ya garantizados por el propio Estado a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO), al amparo de la Ley del Cine de 2007, actualmente en vigor, lo cual supondría un auténtico desastre sistémico que afectaría a entidades financieras, empresas de producción y entidades públicas de crédito. En fin, el horror. Al día siguiente alguien del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), o de Cultura, o de su propio ministerio de Hacienda, le diría que había metido la pata y el Sr. Montoro se desdijo. A mí esto no me tranquiliza, al contrario, me pregunto si los criterios que el Gobierno ha seguido para recortar en sectores vitales como sanidad, enseñanza, dependencia, etc. son tan carentes de fundamento como los que afectan al sector cinematográfico.

El Sr. Montoro, el Sr. Wert y, en general, todo el Gobierno, deberían sentirse frustrados al comprobar que lo que recaudarán por taquilla, después del brutal aumento del IVA, es sensiblemente menos que antes de adoptar esta medida. En una crisis como la que vivimos, el cine no es un artículo de primera necesidad, es algo de lo que las familias pueden prescindir aunque sus vidas sean mucho más tristes y menos emocionantes.

Foto 1

Se han cumplido todas las previsiones que se hicieron cuando se anunció la subida (que la gente dejaría de ir al cine, que muchas salas cerrarían) excepto las del Gobierno de aumentar sus recaudaciones de impuestos: esas no se han cumplido. En Madrid, por ejemplo, hay barrios tan populosos como Cuatro Caminos cuyos vecinos no disponen de ningún cine, y ciudades muy cinéfilas como Zaragoza están condenadas a ver cine doblado porque los de versión subtitulada han cerrado. Si el resultado niega sus previsiones, ¿por qué los ministros del sector, y el Gobierno en general, se muestran tan eufóricos? Solo se me ocurre una respuesta: porque están castigando al cine español hasta que no quede nada de él. Porque todo esto obedece a un riguroso plan de exterminio.

El año 2003 el cine español se manifestó con ingenio y rotundamente contra la guerra de Irak y contra el ardor bélico de Aznar y acabó granjeándose la hostilidad de los sucesivos gobiernos del PP. No importa que el 90% de los españoles estuvieran en contra de la guerra, como demostraron en las calles de todo el país. En contra de la mayoría del pueblo al que representaba, el Sr. Aznar se embarcó en la guerra de Irak a título personal, arrastrando a todo el país con él, desgraciadamente para nosotros. Perdón por recurrir a circunstancias por todos conocidas, pero es necesario insistir en ellas. Desde nuestro “No a la guerra”, el cine español se convirtió en la bestia negra de los gobiernos del PP. Los recortes y el desprecio actual son el resultado de aquel “No”, del que nunca me arrepentiré aunque no quede un solo cine abierto.

Cuando escucho en alguna tertulia televisiva que los trabajadores de la cultura no deberíamos manifestar nuestras ideas políticas (sin embargo el presidente del Tribunal Constitucional pudo estar afiliado al PP, algo que incluso la señora Margarita Robles encuentra correcto) me entran escalofríos. ¿Significa eso que no tenemos los mismos derechos que cualquier ciudadano a expresar lo que pensamos? Como nos dedicamos a la ficción, ¿nuestra vida debería ser y sonar también irreal?

Todo el mundo habrá visto alguna foto de Bruce Springsteen dando conciertos en apoyo de Obama, o a George Clooney dejándose esposar justo para que su foto recorra el mundo entero y de paso nos enteremos de los problemas de Darfur. ¿Alguien pensará que estas dos megaestrellas han perdido un solo admirador por sus implicaciones políticas? Manifestarse sobre temas políticos debería entenderse como un acto cívico y un síntoma de salud democrática, lo contrario evoca épocas pasadas dominadas por el pensamiento único y donde cualquier otra forma de pensamiento se consideraba delito y por lo tanto se castigaba.

Pero volviendo a Montoro, un personaje que improvisa mucho y sin el menor pudor, el problema no es que los espectadores no vayan a ver cine patrio, sino que han dejado de ir al cine. Entre estos espectadores menguantes un gran porcentaje elige justamente ver películas españolas. Si echara un vistazo a las 10 películas más taquilleras de la semana pasada encontraría que ¡CUATRO son españolas! El problema no es del cine español, sino que afecta a todas las cinematografías. Es cierto que vivimos una nueva era, cuyos hábitos respecto al ocio han cambiado, pero en Francia viven en la misma era que nosotros y la gente sigue yendo al cine.

Las películas americanas, antiguas dueñas del mercado español, hacen la mitad de espectadores que cinco años antes. Por poner un ejemplo, si El Hormiguero quiere contar con una estrella norteamericana para su programa, aprovechando la promoción en España de alguna superproducción de Hollywood, tiene que desplazarse a Londres, porque España ya no es un mercado interesante para los grandes estudios. 

Foto 2

Pero más allá de las cifras y del negocio y de la supervivencia de todo un tejido social que va desde los actores, directores, guionistas, peluqueros, maquilladores, sastras, chóferes, escayolistas, pintores… todo un mundo, más allá de tanta destrucción hay algo que me perturba cuando una sala de cine se cierra. Soy un chico de provincias. En el mundo en que vivía las películas nos daban vida. Hay un tipo de fascinación, placer y emoción que se le está arrebatando a muchos espectadores que no pueden ir al cine. Pueden bajarse las películas de Internet, pueden comprarlas o piratearlas, sus dosis necesarias de ficción probablemente estén cubiertas, pero el poder de hipnosis que tiene la gran pantalla no es comparable a ningún otro formato. No concibo qué hubiera sido de mi vida si hubiera tenido que racionarme el cine (y no lo digo porque después me convirtiera en director); para la modista donde mis hermanas iban a aprender a coser también era esencial, y para todas las compañeras de mis hermanas; para los amigos raros del colegio que solo encontraban reflejo en esas películas raras que ahora muy pocos distribuidores compran porque no disponen de una red de cines donde exhibirlas (además del miedo a que nadie vaya a verlas); para todos ellos el cine era algo esencial. El cine es vida, una vida secreta que alienta, acompaña, reafirma y sacude de emoción al espectador. Amputar esta emoción considero que es lo peor de todo esto. 

Actualmente, por superabundancia y abuso, la narración a base de imágenes en movimiento acompañadas de sonidos está muy devaluada. Para la mayoría de los jóvenes no es vital ir al cine, poseen multitud de aparatos con los que divertirse y relacionarse entre ellos, pero conozco algunos jóvenes tocados por la terrible enfermedad de la cinefilia. Para todos ellos y muchos otros de generaciones adultas, también cinéfilas, estas medidas no solo recortan su economía sino que les hacen sentirse desahuciados de sí mismos. 

Si el Sr. Montoro leyera este texto, que no creo, supongo que pensará que está escrito en chino.