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jueves, 23 de abril de 2015

POESÍA. DÍA DEL LIBRO. Un elogio de la lectura. Quevedo


Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Josef!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora; 
pero aquélla el mejor cálculo cuenta, 
que en la lección y estudios nos mejora.

lunes, 14 de febrero de 2011

POESÍA. Poemas de amor. "Soneto V", de Garcilaso de la Vega (¿1498?-1536)

SONETO V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

viernes, 3 de abril de 2009

LECTURA. POESÍA. Blas de Otero



(Fotografía de Blas de Otero)
A punto de comenzar la Semana Santa, unos sonetos de Blas de Otero:


HOMBRE

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,

al borde del abismo, estoy clamando

a Dios. Y su silencio, retumbando,

ahoga mi voz en el vacío inerte.


Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte

despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo

oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando

solo. Arañando sombras para verte.


Alzo la mano, y tú me la cercenas.

Abro los ojos: me los sajas vivos.

Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.


Esto es ser hombre: horror a manos llenas.

Ser —y no ser— eternos, fugitivos.

¡Ángel con grandes alas de cadenas!



TÚ, QUE HIERES

Arrebatadamente te persigo.

Arrebatadamente, desgarrando

mi soledad mortal, te voy llamando

a golpes de silencio. Ven, te digo


como un muerto furioso. Ven. Conmigo

has de morir. Contigo estoy creando

mi eternidad. (De qué. De quién). De cuando

arrebatadamente esté contigo.


Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo

a golpes de agonía. Ven. No quieres.

Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo


a besos de ansiedad y de agonía.

No quieres. Tú, que vives. Tú, que hieres

arrebatadamente el ansia mía.



UN RELÁMPAGO APENAS

Besas como si fueses a comerme.

Besas besos de mar, a dentelladas.

Las manos en mis sienes y abismadas

nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,


me declaro vencido, si vencerme

es ver en ti mis manos maniatadas.

Besas besos de Dios. A bocanadas

bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,


tiras de mi raíz, subes mi muerte

a flor de labio. Y luego, mimadora,

la brisas y la rozas con tu beso.


Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte

bastara un beso, un beso que se llora

después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.