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viernes, 26 de agosto de 2011

PRENSA CULTURAL. CÓMIC. "Todo americano lleva dentro su Superhéroe", por José Abad


   En "El Día de Córdoba":
Todo americano lleva dentro un SUPERHÉROE


   El estreno de la espectacular adaptación 'Capitán América' ha puesto de actualidad un personaje ideado en 1941 como parte de la propaganda de EEUU contra el nazismo.

José Abad
25.08.2011

   Según la historia oficial, 'Marvel Comics' nació en noviembre de 1961 coincidiendo con el lanzamiento de las aventuras de los 4 Fantásticos. Como toda versión oficial, ésta es parcial y tendenciosa. Antes del cuarteto fantástico y Spiderman, antes de Hulk y Thor, antes de los mil y un mutantes de X-Men, la empresa llevaba dos décadas bregando en las turbulentas aguas del mercado (de hecho, unos años antes del boom, en 1957, a punto estuvo de declararse en bancarrota). La compañía, fundada por Martin Goodman a finales de los 30, pasó por varios nombres hasta consolidarse; el definitivo lo tomó de su primer éxito editorial, la revista 'Marvel Comics', lanzada en octubre del 1939. El primer número de ésta presentaba a dos superhéroes de distinto signo: Antorcha Humana, un personaje reciclado posteriormente para incorporarlo a los 4 Fantásticos, y Namor, príncipe de un imperio en las profundidades del océano. Un par de años después, la casa completó su particular Santísima Trinidad con la llamada a filas de su primer icono duradero.
   El Capitán América, una creación del guionista Joe Simon y el dibujante Jack Kirby, vino al mundo en marzo de 1941 en una coyuntura muy concreta; baste decir que en la portada de su primera historieta el campeón yanqui aparecía arreándole un puñetazo a Adolf Hitler. El detalle es revelador pues, según esa historia oficial que decíamos, los EEUU habrían entrado en guerra en diciembre de ese año y a la fuerza. Como digo, las versiones oficiales son siempre interesadas e incompletas. Este nuevo paladín era tanto o más patriota que Superman de la DC Cómics, el espejo en el cual se miraron el resto de editoriales hasta la década de los 60: no contento con servirse de los colores de la bandera, el diseño del traje del capitán incluía también las barras y estrellas. La ficción, hija de la propaganda, apelaba al héroe que todo americano lleva dentro. Debido a las privaciones de la Gran Depresión, Steve Rogers, el protagonista, era un joven debilucho y enfermizo. Al ser rechazado por el ejército, Rogers se presta a cierto experimento militar; de allí saldrá convertido en un hombretón cuadriculado, un guerrero superdotado que combatirá el nazismo en todos los frentes.
   La estrella del Capitán América empezó a declinar con el final de la contienda. En los años 50, adaptándose a los tiempos, devino un implacable perseguidor del comunismo, un voto de fidelidad obligatorio para todos los superhéroes en tanto duró la Guerra Fría. El incombustible Stan Lee, que había colaborado como guionista en los primeros álbumes de Captain America Comics, repescó al personaje en 1964 para integrarlo en una nueva formación, Los vengadores, la respuesta de Marvel a la famosa Liga de la Justicia de DC. Cuando cambiaron los vientos, el buen patriota sufrió un último remodelado para convertirse en adalid de la lucha contra las injusticias sociales. Estas transformaciones serían un óptimo indicador para estudiar los cambios habidos en el establishment norteamericano desde la II Guerra Mundial hasta hoy. La editorial anunció oficialmente su muerte en 2007, pero ya saben el valor tan relativo que damos a eso de "oficial". El Capitán América no tardó en volver de entre los muertos con más ganas de jaleo que nunca.
   Últimamente, el superhéroe ha participado en varias iniciativas interesantes, pienso en El Proyecto Marvels, una serie de ocho entregas publicada entre octubre de 2009 y julio de 2010 que conmemora el septuagésimo aniversario de la empresa. El editor Tom Brevoort ofreció la idea al guionista Ed Brubaker y al dibujante Steve Epting, ya fogueados en anteriores aventuras del personaje. Se trataba de revisar los tebeos de los años 40, de actualizar y adecentar la crónica fundacional, de trenzar las tramas de antaño en una nueva al gusto de hogaño. La propuesta se asemeja poderosa, quizás inevitablemente, a Watchmen: la historieta se fusiona con la Historia para crear un tiempo alternativo. Una ucronía: el Proyecto Marvels habría sido un programa secreto respaldado por el presidente Roosevelt. ¿El objetivo? Diseñar supersoldados que pudieran enfrentarse a las huestes de Hitler, quien, a su vez, respaldó un programa afín: el Proyecto Nietzsche. ¿Su objetivo? Diseñar supersoldados con los que meter el mundo en un puño.
   Presten atención al detalle: el superhéroe yanqui se parece como una gota de agua a otra al superhombre ario por quien brindaban los jerarcas nazis mientras en la gramola retumbaban los épicos acordes de Richard Wagner, una banda sonora válida asimismo para las milicias Marvel. Si los autores repararon en este detalle, optaron por pasar de puntillas. La historia oficial se atraganta con ciertas verdades.

miércoles, 17 de agosto de 2011

PRENSA CULTURAL. Crítica de "El capitán América". Tráiler


   En "El Día de Córdoba":
El superhéroe que nació para derrotar a Hitler

Carlos Colón
Actualizado 11.08.2011

   Aventuras, EEUU, 2011, 124 min. Dirección: Joe Johnston. Guión: Christopher Markus, Hawk Ostby. Intérpretes: Chris Evans, Sebastian Stan, Hayley Atwell, Hugo Weaving, Tommy Lee Jones, Stanley Tucci.

   El Capitán América dándole un puñetazo a Hitler es uno de los iconos de la cultura norteamericana. Este dibujo fue la portada del primer número del cómic protagonizado por el personaje. Era marzo de 1941.
   Ocho meses más tarde Pearl Harbor era bombardeado y los Estados Unidos entraban en la Segunda Guerra Mundial. Pero cuando nació el Capitán América ya estaba claro que Norteamérica no podía seguir ignorando el conflicto que arrasaba Europa. En marzo de 1941, cuando el superhéroe llegó a los quioscos, la mayor parte de Europa Occidental y gran parte del norte de África estaban en manos de los nazis. Dos meses más tarde empezaba la invasión de la Unión Soviética. En un momento de auge de los casi recién nacidos superhéroes -Superman en 1938, Batman en 1939- parece lo natural que la poderosa editorial Marvel se sumara al esfuerzo propagandístico creando por mano de Joe Simon y Jack Kirby un personaje cien por cien americano, vestido con los símbolos y colores de la bandera, que se enfrentara a un mal más absoluto y desgraciadamente más real que los enemigos de sus súper compañeros: la Alemania Nazi.
   En la ola, al parecer interminable, de adaptaciones cinematográficas de cómics, iniciada por el Superman de Donner en 1978 y proyectada hacia su auge actual por el Batman de Burton en 1989, le ha llegado el turno al patriótico Capitán América. Por suerte el encargado de dirigir la película ha sido Joe Johnston, un excelente e injustamente infravalorado artesano formado en la factoría de George Lucas que ha creado éxitos de enorme influencia en la historia del cine fantástico (Cariño, he encogido a los niños, Jumanji), fue uno de los pioneros en la adaptación de cómics (Rocketeer), ha revisado mitos del cine de terror (El hombre lobo) y ha demostrado su capacidad para variar de registro con la tierna e intimista Cielo de octubre, gran pequeña película a la que el tiempo está haciendo justicia.
   En manos de Johnston el Capitán América adquiere un aire nostálgico, camp o retro se diría en los 60, que da a la película un especial encanto y hace justicia a la verdad histórica: nacido como instrumento de propaganda en una concreta coyuntura histórica, el personaje sucumbió con ella y languideció a partir de 1945, integrándose en otras cuadrillas de superhéroes, luchando contra los comunistas durante la Guerra Fría o convirtiéndose en una encarnación a la vez del New Deal de Roosevelt y del ideario de Kennedy en los años 60, fiel siempre a representar los valores americanos. Ello le valió, por cierto, convertirse en uno de los blancos preferidos del antiamericanismo primario.
   Los guionistas han hecho bien al limitarse a la Segunda Guerra, que fueron los años de oro del personaje, y mejor aún al desarrollar pormenorizadamente su vida anterior en la Norteamérica de la Gran Depresión, ligándolo al ideario rooseveltiano y humanizando al superhéroe. También han acertado al incorporar episodios críticos evidentemente influidos por el Cartas desde Iwo Jima de Eastwood y al hacer guiños a clásicos populares del cine bélico como las incombustibles Los cañones de Navarone o El desafío de las águilas. Este material ha servido a Johnston para rodar su mejor película -esperemos que sea la que definitivamente le haga justicia: en los Estados Unidos ha destronado en recaudación a Harry Potter- y alcanzar las cotas de las mejores adaptaciones de cómics firmadas por Tim Burton, Ang Lee o Sam Raimi.
   Johnston recrea con sorprendente -por inusual en este subgénero- sutileza y elegancia fílmica tanto el aire del cine bélico de los años 50 y 60 como el sabor retro del cómic de los 40. No se trata de una falsificación, sino de una recreación que tiene en cuenta fuentes, además de las cinematográficas y el cómic, fotográficas (Walter Evans) y pictóricas (Norman Rockwell) para revivir desde dentro el espíritu una época. Ello le permite abordar visualmente lo que tal vez sea el logro mayor de esta película: contar cómo se fabrica, se explota y hasta se manipula un superhéroe con intenciones políticas a la vez que transmitir el inocente encantamiento que sus jóvenes seguidores sentían al leer sus aventuras mientras otros héroes reales -sus padres- luchaban contra un mal -el nazismo- que ni el más retorcido urdidor de ficciones hubiera podido imaginar.

   El tráiler: