Mostrando entradas con la etiqueta Bonnett Piedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bonnett Piedad. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de octubre de 2013

POESÍA. "Señales". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Señales
La luna brilla con ese furor ciego
que es señal inequívoca
de que ha llegado el tiempo fértil del sacrificio.
Huele a la piel rayada de los tigres,
a orquídea que se abre,
al humus que comienza a oscurecer la lluvia.
En un sueño de ríos y serpientes
naufraga la muchacha envuelta en llanto
y sus pechos recientes se estremecen
con un temblor antes desconocido.
La muñeca que abraza tiene los ojos muertos.
Y el ángel de la guarda
marca una cruz con sangre sobre sus muslos blancos.

viernes, 25 de octubre de 2013

POESÍA. "Canción". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Canción

Nunca fue tan hermosa la mentira
como en tu boca, en medio
de pequeñas verdades banales
que eran todo
tu mundo que yo amaba,
mentira desprendida
sin afanes, cayendo
como lluvia
sobre la oscura tierra desolada.
Nunca tan dulce fue la mentirosa
palabra enamorada apenas dicha,
ni tan altos los sueños
ni tan fiero
el fuego esplendoroso que sembrara.
Nunca, tampoco,
tanto dolor se amotinó de golpe,
ni tan herida estuvo la esperanza.

miércoles, 23 de octubre de 2013

POESÍA. "El forastero". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

El forastero
Otra vez ha llegado el arrogante amor sin anuncio
y se ha instalado aquí
donde tu nombre comienza a ser un árbol
que me da sombra con sus siete letras
sin permiso sin prisa -con un rostro tan nuevo
que no conocí sus ojos antiquísimos
sus garras de milano
su paciencia-
ha dado órdenes para que el sol alumbre
y ha clavado su espuela
aquí donde tus ojos me pierden y me ganan
aquí donde tu voz
donde tu mano
lustra la piel de este animal que tiembla
hirsuto y tan hermoso
que ahora es guerrero el sueño al que despierto
mientras la muerte huye
de nuevo estoy a salvo

martes, 22 de octubre de 2013

POESÍA. "Confesión". Piedad Bonnett (Amalfi, Anrioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Confesión
Para tus ojos
quisiera yo beber el agua dulce azogue,
y amanecer cubierta de polvos de metales
como una joven faraona muerta.
Robarle su color a los almendros,
y hundiéndome en el lodo feroz de los pantanos
lustrar mi desnudez
para tus ojos.
Recuperar la luz de las espadas
y hacerla batallar en mis pupilas.
Tornarme espléndida
como una esclava etrusca cuya cabeza calva
perturba el sueño de los mercaderes,
como iracunda araña al sol del mediodía,
como la dentadura feroz de los guerreros,
como el líquido
despertar matutino de las dianas.

(Pero todo esto no es sino literatura
y debo resignarme a sonreírte
sin existir, quizá para tus ojos).

lunes, 21 de octubre de 2013

POESÍA. "Desde la ventanilla...". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Desde la ventanilla del viejo bus
veo el mundo correr,
los árboles correr,
correr el viento,
el niño que dice adiós correr,
el postigo, la alambrada, el camino.
¿Son ellos
los que se van
son ellos los que huyen?
Mi hermana y yo llevábamos abrigos:
ella rojo y yo azul,
mi hermano duerme.
No lloren,
madre,
padre,
el llanto de un adulto es una piedra
en la espalda de un niño silencioso.

viernes, 18 de octubre de 2013

POESÍA. "Miserias de la palabra". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

MISERIAS DE LA PALABRA
Cuando
irremediablemente debo detenerme
en tu umbral,
allí donde comienzas, donde acabas,
donde quiere
sembrar mi fuego un incendio indomable,
la palabra es apenas una muleta rota,
una pobre agonía aleteando.
Y si en la plana miseria de los días
entra a saco la muerte,
abrupta siempre, como un toque a la puerta
en una madrugada,
y sin embargo
el sol cumple su cita sin hacer aspavientos
y el estornino canta sobre el árbol,
como un puño que pega a una pared
inútil nace la palabra, y sorda.
Y si de pronto
un viejo olor inaugura la tarde
y ese niño que eras te saluda
azul desde su eterno paraíso,
y no logras saber cómo era el rostro
de tu padre, en su siesta o en su hora,
la palabra
cómo tartamudea, cómo tiembla
como una brújula que ha perdido el norte.
Si la luna es tan luna
que sube la marea del corazón,
naufraga la palabra.
Si la mirada
roza la piel y hace nacer el deseo,
se quema la palabra.
Si Dios tira sus ases,
trampea alegremente en tus narices,
escapa la palabra.
Y sin embargo,
para llamar la luna,
para hablar del deseo,
para llorar a Dios,
como una vieja meretriz desnuda
impúdica se ofrece la palabra.

jueves, 17 de octubre de 2013

POESÍA. "Rosas". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Rosas

Con el estiércol que arrojan a mi patio
abono yo mis rosas.
Aéreas en sus tallos, de la luz se alimentan
aunque lleven la muerte dormida en sus corolas.
Y su belleza, inútil como toda la belleza,
sus espinas inocuas, hacen cerco
al corazón, guerrean
con la bestia que acecha en la tiniebla.

miércoles, 16 de octubre de 2013

POESÍA. "Nocturno". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Nocturno

La noche, oscura loba, golpea las ventanas
con una lluvia airada.
A lo lejos
un monótono ruido de motores
recuerda la ciudad que se desvela.
Duermen los niños
y se puebla la casa con sus sueños
de campos y caminos soleados.
En el cristal mi rostro indiferente
me devuelve impasible la mirada.
Todo se ha detenido:
el mundo afuera,
las sombras misteriosas y en el libro
el llanto de la pálida muchacha.
Noche inmensa,
noche sin bordes como un mar eterno.
Un pensamiento leve: aquí alguien falta.
Un estremecimiento.
Allá, a lo lejos,
una bocina suena
y en el libro
vuelve a llorar la pálida muchacha.

martes, 15 de octubre de 2013

POESÍA. "Tu boca viene a mí...". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Tu boca viene a mí, solo tu boca...

Tu boca viene a mí, solo tu boca.
Viene volando,
libélula de sangre, llamarada
que enciende esta mi noche de ceniza.
Toda la sal del mar habita en ella,
todo el rumor del mar,
toda la espuma.
Boca para los besos dibujada,
donde duerme tu lengua tentadora.
Todo el vino del mundo está en tu boca,
todo el pecado
y la inocencia toda.
Boca que calla y cuando dice, oculta.
Capaz de toda la verdad tu boca,
de toda la verdad y la mentira.
Ríe tu boca y se despierta el día.
(Relámpagos de nieve hay en tu risa).
Como un tropel de potros me atropellan
los besos de tu boca deliciosa;
tu boca, mariposa equivocada,
tu boca ajena que se desdibuja
en mi noche de círculo y ceniza.

lunes, 14 de octubre de 2013

POESÍA. "Tareas domésticas III". Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía -Colombia-, 1951)

Piedad Bonnett

Tareas domésticas III
Tan tuyas y tan mías,
-el gallito
de Portugal, la caja de madera-
tan de nadie en su estar
en su abandono a la eterna costumbre de los días,
con su leve capa de polvo,
de ese polvo
que cae sobre tus hombros, sobre mis hombros,
sobre el pecho y la espalda de las horas.
El tintero, la piedra azul,
-¿De dónde la sacaste?-
puestos por Dios ahí, desde el principio,
en la repisa aquella que compraste
en los tiempos del siempre, del relámpago.
Pesadas como un sueño antes del alba,
inútiles, ligeras, como aquellas
mentiras que me dices a veces, atediadas
por siempre, inexistentes,
no oyen crecer la extensión del silencio,
ni el roce indiferente de las manos,
no oyen la lluvia afuera y tus bostezos,
ni el trabajo del tiempo en su materia,
en el hierro, en el lino,
en la madera,
en el alma porosa de los años.

martes, 8 de octubre de 2013

PRENSA CULTURAL. "¿Hasta dónde puede llegar la literatura?" Luis García Montero

Piedad Bonnett
   En "Infolibre.es":

¿Hasta dónde puede llegar la literatura?

LUIS GARCÍA MONTERO
El 14 de mayo de 2011 sonó el teléfono en casa de la escritora colombiana Piedad Bonnett. Llegaba desde Nueva York la peor de las noticias. Su hijo Dani, que estaba cursando una maestría de arte en la Universidad de Columbia, acababa de suicidarse. En un instante el horror se hizo vida cotidiana y recuerdo hiriente. La memoria de una larga enfermedad mental, sobrellevada por Dani con inteligencia y coraje, se mezcló con la necesidad de viajar, desmontar una habitación de estudiante y sostenerse en el rito del funeral y los pésames. Como Dani era un muchacho pudoroso de 28 años, dejó ordenados en su mesa la billetera, el teléfono y otros objetos personales antes de saltar al vacío. Pero no dejó ninguna carta.

En medio del duelo, Piedad Bonnett empezó a leer y releer libros sobre el suicidio. Intentaba llenar la ausencia de esa carta. Si toda muerte es una interpelación, el suicido multiplica la nada, el dolor, la culpa y el deseo de encontrar sentido. Aunque el consuelo resulta imposible en esta experiencia, la decisión de dialogar con la verdad puede convertirse en una forma de resistencia. Algunas voces hablaban de accidente para evitar el tabú de la palabra suicidio. Pero ella no podía cerrar los ojos y empezó a escribir sobre la verdad, sobre su hijo, sobre la realidad de una existencia que tenía, pese a la muerte joven, su razón propia y cumplida. El resultado de muchas horas obsesivas de redacción y corrección fue un libro despiadado y sereno: Lo que no tiene nombre(Alfaguara, 2013).

Refugiarse en la escritura durante un tiempo de duelo tiene mucho que ver con la concepción del hecho literario que Piedad Bonnett asume. Su obra es una de las más importantes de la poesía hispánica contemporánea. Los versos consiguen que la intensidad sentimental nazca de la lucidez y que la inteligencia objetiva se llene de quiebros emocionantes capaces de alcanzar los pliegues más íntimos, las fronteras y las debilidades de una mirada individual. La idea de que el poema es el lugar de la verdad alejó pronto a Piedad Bonnett de la retórica sobrante y el hermetismo cobarde. Estableció en sus libros un pacto de honestidad con el lector.

Lo que no tiene nombre es un libro honesto con la literatura y con la vida. Una madre cuenta, se cuenta, el suicidio de su hijo. Necesita volver a darle sangre, volver a traerlo al mundo. Las palabras son también una forma de cuidado. Primero se descubre que lo más cercano puede ser un enigma y después la imaginación nos lleva hasta el lugar del otro, nos sitúa dentro de su experiencia, nos ayuda a conocerlo por dentro. Piedad se atreve a descubrir las cosas que desconocía de Dani y, al mismo tiempo, en el mismo proceso, se enfrenta con su propia personalidad, se mira en el espejo iluminador de una experiencia tan dura que no permite ser esquivo con la verdad.

Sí, el relato es parte de los cuidados. Le cambiamos los pañales a un hijo, lo apretamos contra el pecho desnudo, le ponemos un pijama limpio, lo metemos en la cama y le contamos un cuento. Las palabras son físicas, extienden el cuerpo. Ir hacia el otro descubre nuestro rostro, porque el que nos oye forma parte de nosotros. Necesitamos hablarnos, contarnos.

Este libro le ha recordado a Piedad Bonnett que la literatura, por encima de todas las elaboraciones intelectuales, surgió de la necesidad de contar la vida y confesar algunas emociones importantes. Lo que no tiene nombre se ha convertido en un acontecimiento en Colombia, ha despertado el deseo de hablar entre muchos lectores condenados al silencio. El miedo, el tabú y la soledad imponen la incomunicación, impiden y ocultan el reconocimiento de nuestras debilidades. Y es precisamente ese reconocimiento el que sostiene desde sus orígenes el impulso de hablar, relatar, dialogar y convivir.

Piedad Bonnett cita a Paul Auster: “Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”. Piedad Bonnett nos ha contado su vida y la vida de Dani. La buena literatura convierte la historia personal en una experiencia humana colectiva. Por eso este libro habla de la fragilidad de cualquier vida y de la necesidad de seguir viviendo, de seguir conviviendo. 
Luis García Montero


miércoles, 2 de octubre de 2013

PRENSA CULTURAL. "Autorretrato del dolor innombrable"

La escritora colombiana Piedad Bonnett. / ELIZABETH REYES LE PALISCOT (EL PAÍS)

   En "El País":

Autorretrato del dolor innombrable

Piedad Bonnett da testimonio del suicidio de su hijo en Lo que no tiene nombre.

El libro aborda un tema tabú y crea un diálogo lleno de preguntas con el lector

 Madrid 29 SEP 2013

…Y Daniel sube corriendo por las escaleras mientras su madre se gira desde el escritorio para verlo antes de que él desaparezca. Una y otra vez. Es como si toda la vida Piedad Bonnett hubiera caminado hacia este dolor que no tiene nombre, incluso dando los pasos con los que creía evitarlo. Pero el joven pintor ya no está, se suicidó a los 28 años. Ya no es.
Todo son preguntas, “como mariposas enloquecidas revoloteando” alrededor de su cabeza. De allí surgió un relato en el que a medida que desteje el amor materno en busca de respuestas, teje el de la vida con preguntas. Lo que no tiene nombre (Alfaguara) le puso por título. Aún hoy, Piedad Bonnett (Antioquia, 1951), que estuvo el fin de semana en el Hay Festival de Segovia, lidia “tercamente con las palabras para tratar de bucear en el fondo de la muerte, de sacudir el agua empozada, buscando, no la verdad, que no existe, sino que los rostros que tuvo en vida (su hijo) aparezcan en los reflejos vacilantes de la oscura superficie”.
No es que quiera resucitar a Daniel, sino que busca saber quién era en realidad. Lo que no tiene nombre es un relato testimonial que aborda el tabú del suicidio y establece un diálogo con el lector del que brotan preguntas, preguntas. La autora de títulos como El hilo de los días y Para otros es el cielo empezó a ver la historia cuando, inmersa en el duelo, viajó con su familia para apaciguar la devastación. De la madre dolida emergió la escritora. Lo recuerda en su casa de Bogotá…

La literatura está para conmover, en el mejor sentido, no para hacer llorar”
“Es el libro más misterioso desde el punto de vista del proceso. La palabra no es tanto dolor en ese momento, sino terrible desconcierto; desconcierto con la vida, no es desconcierto de que él se matara, pero si preguntándome ¿me pasó esto?, ¿cómo me pasa esto con este muchacho y después de todo lo que hicimos?, porque hicimos todo y no pudimos detener el destino, que fue la idea que hizo generar el libro”.

Letras d

Entre las preguntas que revolotean como mariposas enloquecidas se cuela el arte como refugio, el arte como reconciliador, la literatura como catalizadora…
 “Nunca había comprobado de manera tan impresionante cómo literatura y yo somos una sola cosa. Lo primero que se me ocurrió fue escribir. A partir de ahí aparecieron preguntas sobre otras cosas: qué es un duelo o que significa perder a alguien. En ese viaje llevaba libros en los que esperaba hallar alguna aclaración ante la incertidumbre. Entre ellos El Dios salvaje, de Al Álvarez, y de pronto comprendí la potencia dramática de esta historia que es como una tragedia griega: todos los pasos eran para que todo fuera exitoso y, como en Edipo rey, todo lo que iba pasando estaba mal. La decisión de escribir fue tremenda. Fue lo que me permitió sortear el duelo. Siempre hice un movimiento de lo puramente emotivo, que me arrasaba, a un movimiento intelectual. Una de las preguntas más inquietantes era la que me había hecho Daniel, que estaba en tratamiento psiquiátrico: ‘¿Me ayudarías a llegar al final?’... El amor de una mamá es de tal naturaleza que prefiere el hijo muerto que el hijo sufriendo. Cuando me hizo esa pregunta yo pensé sí, si este niño me dice: ‘Mamá, estoy sufriendo, no puedo vivir así, ayúdame a morir’, yo lo ayudo. Esa es la dimensión del amor de la mamá”.
 Él moriría en Nueva York, donde estudiaba, mientras ella estaba en Bogotá. Ahí empieza la historia.131 páginas en las que el lector es testigo de cómo ella “miraba vivir a Daniel con un secreto temblor”. La reacción de la gente ha sido cálida y le ha descubierto otras verdades…

Si alguna reflexión sale del libro es que solo es bueno lo que nos hace felices”
 “Se nos olvidó que la literatura está para conmover en el mejor sentido del término, no para hacer llorar, ni como algo sentimental. Pero sí para conectar con el alma del lector. La literatura se nos volvió una cosa muy intelectual. Yo estaba incluida dentro del paquete de los intelectuales haciendo maromas. Y recordé que cuando entré a la literatura, a los 15 años, me ayudaba a vivir, a soñar”.
 Una ligera y triste sonrisa se vislumbra en su cara al recordar que los lectores han señalado caminos equivocados que han tomado ciertos intelectuales y la sociedad…
 “Hay mucho pudor. Les da pena expresar el sentimiento; no es que no sientan, pero niegan manifestaciones efusivas. Es resultado de la sobredimensión de la razón. Desde Descartes lo que hemos hecho es adorar y rendir un culto a la racionalidad, a costa de cosas tan importantes como la intuición y los afectos. Aunque hay unas corrientes que han tratado de recuperar eso pero siempre dentro de una mesura”.
 Habla emocionada de las docenas de emails que recibe y que, también, le han descubierto otros desvíos de la sociedad, la enorme presión de éxito sobre las personas, la competitividad que horada todo…
 Si alguna reflexión sale de este libro sería que solo es bueno lo que nos hace felices. Lo digo yo que duré 30 años en una universidad viendo a la gente joven, que es cuando se define la vida, haciendo cosas que no querían”.
 Lo siguiente es una exposición de la obra de Daniel y el catálogo que Piedad Bonnett editará con el dinero del premio Casa de América de Poesía que le concedieron la víspera de la muerte de su hijo, en uno de cuyos poemas dice: “y la literatura, ya sabemos / está hecha por dioses pequeños e impacientes / y a menudo rabiosos / que adoran lo que existe y sin embargo / viven de consagrar lo que no existe”.

Letras de duelo en primera persona

De la madre: Richard Ford, Mi madre(Anagrama).
Del padre: Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos (Seix Barral).
Del padre: Marcos Giralt Torrente, Tiempo de vida (Anagrama).
Del marido: Joyce Carol Oates, Memorias de una viuda (Alfaguara)
De la esposa: Francisco Goldman, Di su nombre(Anagrama).
De la hija: Isabel Allende, Paula (Plaza y Janés).
Del marido y la hija: Joan Didion, El año del pensamiento mágico y Noches azules (Global Rhythm y Mondadori).
Sobre la inminencia de la propia muerte:Christopher Hitchens, Mortalidad (Debate).

jueves, 24 de junio de 2010

POESÍA. "Ahora que ya no soy más joven", de Piedad Bonnett (Colombia, 1951)

Piedad Bonnett
Ahora que ya no soy más joven
Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?