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jueves, 22 de octubre de 2015

PRENSA. "La invasión del neoespañol". Javier Marías

 
Javier Marías
 En "El País Semanal":

La invasión del neoespañol

Es demasiada la gente que ya no domina la lengua, sino que la zarandea y avanza por ella a tientas


En pocos días he oído o leído, en prensa o en libros, las siguientes expresiones inexistentes y por tanto difícilmente comprensibles: “Le echaron el pato encima”; “Se desvivía en elogios de ella”; “Le dio a la sin lengua”; “Es una mujer-bandera”. Uno trata de “traducir”, y supone que en la primera hay una mezcla de “pagar el pato” y “cargarle el muerto”; en la segunda, de “desvivirse por ella” y “deshacerse en elogios”; en la tercera, una metamorfosis (a la lengua se la llama castizamente “la sin hueso”); en la cuarta, lo que siempre se dijo “una mujer de bandera” ha quedado comprimido en una extraña figura: mujeres que se llevan en un asta, para dolor de ellas. Escribí bastantes artículos comentando estas corrupciones y absurdos, hasta que di la batalla por clamorosamente perdida. Alertar de los imparables maltrato y deterioro del castellano, en España como en Latinoamérica (hay la fama de que allí se habla mejor que aquí, pero es falsa: cada lado del Atlántico, simplemente, destruye a su manera), carecía de sentido cuando los embates son constantes y sañudos y además contradictorios entre sí, no obedecen a un plan ni a un esquema. Los anglicismos superfluos, por supuesto, campan a sus anchas (hoy muchos dicen “campean”). Las concordancias han saltado por los aires: “Quiero decirle a los españoles”, se oye en boca del Presidente del Gobierno y también del último mono, ya que a nadie le importa que el plural “españoles” exija “les” en esa frase. Los modismos son “creativos” y no hay dos personas que coincidan en ellos: el antiguo e invariable “poner la carne de gallina” admite todas las variantes, desde “la piel” hasta “los vellos” hasta “la carne de punta”.

El problema de esta guía es que sólo puede ser descriptiva, porque ¿cómo puede aprenderse a manejar lo que en modo alguno es manejable?
Hice bien en abandonar la lucha, porque la magnitud del desastre es aún mayor de lo que creía, según compruebo en un libro que me llega,Guía práctica de neoespañol, de Ana Durante, veterana profesional de la edición que se ha pasado años observando anomalías, analizándolas y recopilándolas, para llegar a la conclusión de que, sin que nos percatemos mucho, hay una “neolengua” o “Idioma Aproximado” (de ambas formas lo llama) que está suplantando al español tradicional que todavía muchos hablamos y escribimos. Esto no sería demasiado grave si no fuera porque este “neoespañol” no está organizado ni hay acuerdo alguno entre sus usuarios: cada cual dice o escribe lo que le parece; todo vale con tal de que sea incorrecto o inexistente o inventado; cada uno se expresa –en solitario– como le viene en gana. Y aunque la autora se abstiene de identificar sus ejemplos con títulos, nombres y apellidos, para no perjudicar a nadie, tiene razón cuando señala que “bajo ninguna circunstancia tendría imaginación suficiente como para inventar algo ni remotamente parecido” a dichos ejemplos. (Nadie la tendría, en efecto.) Al recorrerlos uno, además, a menudo los reconoce: los ha visto u oído antes, o cosas muy similares. Pero probablemente los ha visto u oído sueltos, sin calibrar la dimensión del destrozo. Al encontrárselos agrupados en los diferentes capítulos de esta Guía de neoespañol, la carcajada es casi continua (para los que aún empleamos el idioma “no aproximado”) y también la desolación (de nuevo para los que preferimos que la lengua sea algo sólido y firme y comprensible para todos, y no una especie de papilla que salpica de diversas maneras a cuantos meten la cuchara en ella).
Sus delirantes, tronchantes y a la vez tristísimos ejemplos están sacados de prensa escrita y hablada, pero también de obras literarias, tanto originales como traducidas. Uno va leyendo, y casi a cada página le da la risa y se lleva las manos a la cabeza, desesperado: “Esa camisa le profería un aire chulesco”, o “Dijo el rey propiciándole un beso en la frente”, o “El religioso ahorcó los hábitos”, o “Habían fletado todo el hotel” son muestras de cómo los verbos se permutan alegremente y de que cualquiera les sirve hoy a muchos hablantes y escritores. Claro que esto no es nada al lado de las “creaciones” enigmáticas: “Su trato a veces puede aminorarse difícil”, o “Lo miró atusando las pestañas”, o “La oyó desertar hondos suspiros”, o “Pifió ella, mirándolo a los ojos”. Hay que ser muy sagaz para traducir todo eso. La autora no pretende serlo. Trata de descifrar lo indescifrable, y reconoce a veces su fracaso, es incapaz de “traducir” de una neolengua cuyos códigos desconocemos, seguramente porque se caracteriza por no tenerlos. Tampoco se rasga las vestiduras, no dice que esta extraña suplantación del español sea en sí buena ni mala, tan sólo da cuenta de ella. Lo hace con resignación y humor: ante la frase “Tan pronto le quitó el ojo, la joven salió corriendo”, se limita a apostillar: “Lo que no es de extrañar, cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo”. Apenas se inmuta al leer: “El viento cambió de dirección sin cita previa” o “Intentó besarle los labios de él con los suyos”. Yo maldije, en cambio. Para mí el conjunto es aterrador, pese a lo mucho que me he divertido. Es demasiada la gente (incluidos renombrados autores y traductores) que ya no domina la lengua, sino que la zarandea y avanza por ella a tientas y es zarandeada por ella. Hubo un tiempo en el que podía uno fiarse de lo que alcanzaba la imprenta. Ya no: es tan inseguro y deleznable como lo que se oye en la calle. El problema de esta Guía de neoespañol es que sólo puede ser descriptiva, porque ¿cómo puede aprenderse a manejar lo que en modo alguno es manejable?

sábado, 4 de octubre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Siete errores comunes que cometemos en español"

   En "El País":

Siete errores comunes que cometemos en español

María Irazusta, autora de un bestiario de desafueros linguísticos, selecciona un puñado de frecuentes patadas al diccionario

¿Por qué la RAE acepta aberraciones como almóndiga y asín y, sin embargo, destierra negrísimo para defender nigérrimo? Esta es una de las cuestiones que se plantea la periodista María Irazusta en el libro Las 101 cagadas del español (Espasa). A lo largo de sus páginas, la madrileña repasa, a menudo con humor, asuntos de este tipo, pero sobre todo incide en los errores que conforman nuestros bestiario de desafueros linguísticos. Le pedimos que seleccione para ICON las meteduras de pata más frecuentes en castellano, hoy que es el Día del Libro y alguno se puede ver impelido a escribir su primera obra literaria. Tomen nota.
1. La coma de nuestros saludos epistolares. "La modalidad de poner coma para terminar los encabezamientos de cartas, correos electrónicos y similares, es anglosajona (Dear Peter,). En nuestro idioma, las fórmulas de saludo van seguidas de dos puntos y no de coma, tanto si se trata de documentos formales como informales. Y si se pone un nombre al ser vocativo, debe añadirse una coma. Ejemplo: Hola, Lola:".
2. Este agua que nunca deberíamos beber. "Nunca digas De este agua no beberé, porque además de arriesgado es incorrecto. En cambio, sí puedes decir: El agua que no has de beber, déjala correr. Este extraño fenómeno de travestismo tiene una explicación: los sustantivos femeninos que van precedidos de un determinante masculino (el agua, el arma…) cumplen dos requisitos: comienzan por ‘a’ y el acento recae sobre la primera sílaba".
3. Adolece. "Su uso incorrecto como sinónimo de carecer está muy extendido. Pero su verdadera acepción es tener o padecer algún defecto o enfermedad. Si alguien asegura que la Unión Europea adolece de liderazgo o que José María adolece de simpatía, lo que en realidad está asegurando es que esta o aquel no son más que defectos o enfermedades".
4. En base a, un error sin base ni perdón. "En base a que, a pesar de figurar en los ficheros de las incorrecciones comunes más buscadas, sigue campando a lo largo y ancho de nuestras conversaciones y escritos. En español (hablamos de la lengua de 500 millones de personas, no solo del castellano de España) para expresar que aquello de lo que se habla tiene su fundamento en algo, hay muchas posibilidades: sobre la base de, en función de, basándose en, a partir de, de acuerdo con, con base en o según".
5. Preveer. "Es un verbo tan difundido como inexistente. Es un engendro producto de la mezcla de prever y proveer".
6. Esas redundancias. "Al escribir o hablar, sobre todo en los medios de comunicación, caemos en el empleo enfático de términos similares: nexo de unión, aterido de frío, accidente fortuito, ambos dos, deambular sin rumbo, puños cerrados… Cuidado".
7. Manda uebos. "Contra lo que pudiera parecer, los huevos no tienen nada que ver con el origen de esta expresión tan mal utilizada. Proviene del latín, mandat opus, y significa la necesidad obliga. Opus derivó en uebos".

lunes, 16 de diciembre de 2013

PRENSA CULTURAL. "La Real Academia se echa a la calle"

El académico Gregorio Salvador, entrando ayer en el salón de actos de la RAE. / SANTI BURGOS. ("El país")

   En "El País":

La Real Academia se echa a la calle

La RAE busca una relación más estrecha con el usuario y aprovechar el ‘tirón’ popular del idioma

‘El buen uso del español’, presentado ante 300 estudiantes

 Madrid 12 DIC 2013 

Como nacientes estrellas del rock&roll, micrófono en mano y cruzando el estrado con esa energía propia de los subidones de adrenalina, los académicos de la Real Academia Española coquetean sin complejos con un lenguaje nuevo y quizá algo impropio: el del espectáculo de masas. Imposible no invocar ayer en la presentación del libro El buen uso del español (Espasa) la emoción de Bola de fuego, esa obra maestra de 1941 de Howard Hawks que celebraba el feliz cruce de dos mundos al poner a un grupo de anticuados y tranquilos profesores bajo el mismo techo que una pícara cabaretera, aquella inolvidable Barbara Stanwyck que tumbaba a golpe de vida y habla coloquial todo el saber enciclopédico.
Evidentemente, las lentejuelas no han tomado las salas del viejo edificio de la calle Felipe IV pero ayer 300 jóvenes llegados en autobuses desde León y Madrid asistieron a un acto que pretendía no solo anunciar al nuevo bebé de la casa sino una nueva fórmula de comunicación entre los científicos de la lengua y los usuarios de la calle: el ciclo Conversaciones en la Academia. José Manuel Blecua, director de la RAE, Salvador Gutiérrez, académico responsable del nuevo volumen, y tres escritores-académicos, Soledad Puértolas, Luis Mateo Díez y José María Merino, ofrecieron un aperitivo sobre cómo se puede compartir la norma, su juego y sus reglas, con el gran público. “Los creadores somos francotiradores”, explicó Luis Mateo Díez al referirse a cómo a veces no queda más remedio que traicionar la hoja de ruta para encontrase a uno mismo. “Nuestra relación con la lengua es desatada”, aseguró.
Pero la lengua, y lo confirmó la directora general de Espasa, Ana Rosa Semprún, es hoy el verdadero best seller. “Los libros de la RAE lo son siempre. Con El buen uso del español salimos con una tirada de 20.000 pero llegaremos pronto a la segunda edición. De la Ortografía vendimos más de 60.000 solo en España y de la Gramática más de 40.000”. Un interés sorprendente pero que se ilustraba bien con la caras de atención de los jóvenes llegados de la Universidad de León, del Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo y de los institutos Ágora, Ramiro de Maeztu, Cervantes, Margarita Salas, Atenea, Severo Ochoa, Luis Vives, Ortega y Gasset y Luis García Berlanga, todos de Madrid. Desde el estrado arengaban a las filas: el futuro de palabras como pagafantas o after está en sus manos. Vigilantes, descubrían una deliciosa anécdota del fallecido José Hierro. Al salir de la cárcel le preguntaron: “Y usted ¿de qué vive?” y el viejo poeta y académico respondió: “De milagro”.
Imposible no contagiarse de la electricidad de las palabras. Tres estudiantes de filología (dos de hispánica y una de inglesa) explicaban que a la “cruzada” por el español que capitanea desde hace años la RAE se suman hoy gran parte de profesores y estudiantes. “En primero de carrera, nosotros y los de las otras facultades de letras tenemos una nueva asignatura que se llama Español Correcto y que se encarga de enseñarnos las reglas básicas. La verdad es que muchos llegamos a la universidad con las típicas dudas sobre el leísmo pero sin saber que hablamos bastante peor que eso”, admiten sobre una asignatura común y obligatoria en la que, sin ir más lejos, están aprendiendo a usar correctamente un diccionario.

Los libros de la RAE lo son siempre 'best sellers", afirma la editora Ana Rosa Semprún
Pero percatarse de lo que ocurre intramuros de la RAE no se limita al mundo académico y una rueda de prensa con su director, José Manuel Blecua, y uno de sus miembros, Salvador Gutiérrez, puede resultar sorprendentemente vibrante. A bordo de eufemismos se habla del mal uso del lenguaje por parte de las supuestas élite sociales en sus correspondencias privadas (“internet no te hace despreciar las normas de le lengua sino no haberlas aprendido en su día”, apunta Salvador Gutiérrez); de la maltratada educación (“el gran problema es que quien no sabe leer de manera profunda con 13 y 14 años ya no aprenderá nunca”) o de ese apasionante pulso entre el léxico y lo políticamente correcto. Llegados a este punto Blecua echó mano de Marx. “Una sociedad antiesclavista de Uruguay nos ha pedido que quitemos la expresión trabajar como un negro. ¿Para qué? ¿Para poner trabajar como un chino? Hay que tomarse las cosas con más calma y relativismo. Las sociedades no se modifican desde el léxico. Si vivimos, como decían los marxistas, en la contradicción, tenemos que asumir esa contradicción. El diccionario no es un remediador social y querer que lo sea es una utopía”.
Blecua, defensor de los principios lexicográficos, recordó el complejo equilibrio de un futuro diccionario que, acabado desde el pasado mes de julio, con 20 millones de matrices y 200.000 definiciones, está ahora en pleno proceso de revisión para llegar a manos editoriales la próxima primavera, y al público, seguramente, en un año. Justo a tiempo para poder repetir lo que Salvador Gutiérrez, micrófono en mano, aclamó ayer con entusiamo publicitario: “Aunque estamos en la primera semana de adviento, en la Academia tenemos una nueva criatura y por eso en la Academia ya es Navidad”.