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jueves, 20 de noviembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Emilio Lledó, la vida desde lo más alto". Manuel Cruz


Emilio Lledó
 En "El País":
Como tantas otras cosas, con los años la expectativa se va desvaneciendo —o se va tornando más modesta, díganlo como quieran— y el filósofo en edad madura ya no aspira, como cuando él mismo era joven, a alcanzar aquel imaginario lugar privilegiado que le habría permitido una contemplación panorámica de la totalidad de lo existente, sino que tiende a pensar que la razón de ser de su actividad debe entenderse bajo otra clave. Su nuevo convencimiento bien podría enunciarse así: el sentido de la tarea del filósofo ya no consiste tanto en proponerse dar cuenta de la realidad por completo, como en describir lo mejor posible cómo se ve dicha realidad desde el concreto lugar en el que se encuentra situado.
Pero, claro, hay lugares y lugares. Y el que ocupa Emilio Lledó es, en un determinado sentido, un lugar privilegiado desde más de un punto de vista. Poseedor de un vastísimo conocimiento tanto de la filosofía griega como de la tradición germánica moderna y contemporánea, su manera de entender la ocupación del filósofo ha estado siempre alejada de las oscuridades abstrusas a las que tradicionalmente han sido proclives sus colegas, de las referencias eruditas o de cualquiera de los tics academicistas habituales en el medio filosófico. Cuando en cierta ocasión le pregunté por qué no reeditaba un texto juvenil inencontrable sobre Platón del que era autor, me respondió, con desarmante humildad, que porque era un escrito lleno de citas y referencias, y que, a determinadas alturas de la vida, “ya no se trata de eso”.
Se trata, en efecto, de otra cosa. Se trata, como decíamos, de hacerles saber a los demás lo que uno ve. Y uno ve, en gran medida, lo que sabe. Y sabe lo que ignora. Emilio Lledó está convencido de que lo que más importa contar está en un sitio distinto a aquel en el que todos se empeñan en buscar: no se encuentra en un rincón escondido, sino a la vista de todos (como decía Wittgenstein, recurriendo a la imagen de la mosca y el frasco, aunque también nos serviría para lo mismo aludir a la carta robada de Poe). Su secreto, pues, es un secreto a voces: es esa casi milagrosa capacidad que atesora para asombrarse cada día, como si la vida empezara de nuevo con cada amanecer, y no hubiera mejor tarea a la que aplicarnos que saborear los regalos que nos trae la luz de la mañana. Por eso continúa escribiendo con pasión, por eso le brillan los ojos cuando se le ocurre una idea, por eso es capaz de narrar, con emocionada admiración, la llamada telefónica de un Gadamer centenario, entusiasmado por haber entendido el fragmento de un presocrático. De este fuste es también Emilio Lledó. Un filósofo sencillo, que se limita a asombrarse ante lo que pasa y que tiene la generosidad de contarnos cómo se ve el mundo desde donde él está. Desde lo más alto del pensar y de la vida.

PRENSA CULTURAL. "Emilio Lledó, el universo es la palabra"

Emilio Lledó

   En "El País":

Emilio Lledó, el universo es la palabra

El lenguaje y la literatura a través de la mirada de Emilio Lledó en sus diferentes artículos y conferencias

Voz, lenguaje, palabra, diálogo, literatura, libro, lectura, imaginar… La evolución del ser humano en ocho pasos que conforman su ADN esencial para en el pensar y en su manera de conformar la realidad y ver el mundo, la vida. El ADN de ese rastro lo recuerda y explora constantemente Emilio Lledó, que ha obtenido hoy el Premio Nacional de las Letras Españolas. Es parte de su propio ADN como filósofo, intelectual y escritor atento a la manera como las personas modelan el mundo a través del lenguaje oral o escrito. “En el mundo de la realidad, estamos; pero en el mundo del lenguaje, de los libros, somos”, dijo hace unos meses en la Feria del Libro de Madrid.
Y la concepción de ese ciudadano y ese mundo en sus palabras ya escritas es:
Habla: Lo primero fue el habla. Una necesidad de sentir la compañía de los otros, de arrancarse de la originaria soledad, de emitir sonidos que la lengua fue articulando, modulando, convirtiendo en palabra.
Lenguaje: El lenguaje es ya un universo cuyas constelaciones, cuyo ritmo y movimiento, se ha transformado en el ser que somos, en las manos con que amasamos el mundo de las relaciones humanas, de las verdades y mentiras que podríamos fabricar con él: un inmenso espacio intermedio entre cada individuo, entre el mundo de la consciencia y el mundo de las cosas”.
Palabras: Las palabras que miramos, que leemos, nos bañan en sus sentidos porque las vemos discurrir mientras nuestras manos las sienten pasar, y acarician su paso en el tiempo desde el que son nuestras. El libro se convierte así en una morada, en un espacio que habitamos y que, como nuestras casas, más allá de los determinados tiempos en los que las vivimos, prestan una forma de continuidad, de reencuentro y pervivencia a cada existir.
Literatura: La literatura no es sólo principio y origen de libertad intelectual, sino que ella misma es un universo de idealidad libre, un territorio de la infinita posibilidad. Los libros son puertas que nadie podría cerrarnos jamás, a pesar de todas las censuras.
Lectura: La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y escudriñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración, frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro.
Vivir: Las silenciosas páginas que esperan a sus lectores muestran, entre otras cosas, que vivir es dialogar, entender, soñar, interpretar.

viernes, 30 de noviembre de 2012

PRENSA CULTURAL. Sobre Rodríguez Adrados. Carlos García Gual

Rodríguez Adrados
   En "El País":

 26 NOV 2012

Es extremadamente difícil resumir en breves líneas la trayectoria de Francisco Rodríguez Adrados, no solo por su amplísima producción científica y literaria (de unos 50 libros y centenares de artículos a lo largo de los últimos 60 años), sino también por el carácter poliédrico de la misma. Helenista, filólogo de muy amplios horizontes, traductor de clásicos griegos, defensor perenne e incansable de los Estudios Clásicos y la formación humanística, ha sido un formidable investigador en Lingüística General y en diversas lenguas indoeuropeas e historiador de la lengua griega y sus influencias en la española, y en los últimos años un intelectual comprometido y muy crítico respecto a la deriva de la cultura europea.
Todo ello unido a su incesante actividad como profesor universitario en Madrid, y como conferenciante en foros y congresos internacionales. Ya que me resulta imposible dar no ya una idea exhaustiva, sino tampoco cuenta cabal de esa inmensa obra investigadora, quiero ahora recordar, al pronto, algunos de sus títulos más resonantes: Ilustración y política en la Grecia clásica (1966), Fiesta, comedia y tragedia (1972), Lingüística indoeuropea (1975), Historia de la fábula greco-latina (1977), El mundo de la lírica griega (1981), Historia de la lengua griega (1999), De Esopo al Lazarillo (2005) y El reloj de la historia: Homo sapiens, Grecia antigua y mundo moderno (2006).
Son, evidentemente, unos pocos libros espigados en su vasta obra, pero dan una idea, creo, de la variedad de sus enfoques, en los que la originalidad crítica prima sobre la erudición, pero siempre están en la avanzada de la Filología más actual. Añadamos su enorme labor como director del monumental Diccionario griego-español y claras versiones de Tucídides, Líricos, Aristófanes e innumerables introducciones y prólogos. La obra del profesor Rodríguez Adrados goza de un amplio reconocimiento internacional y es académico no solo de la RAE, sino también de algunas otras academias. Pero, con todo, lo que sigo admirando más, todavía, en el profesor Rodríguez Adrados, maestro y amigo durante muchos años, es su inagotable frescor intelectual, su actitud abierta a nuevos enfoques, su audacia crítica para avanzar más allá de los límites de cualquier cómodo reducto del especialismo. En fin, su talante inquieto y batallador, que rejuvenece sus casi 90 años, y que no se verá alterado por tantos y tantos honores y premios, como el de ayer.

PRENSA CULTURAL. Rodríguez Adrados, Premio Nacional de las Letras

Francisco Rodríguez Adrados, Premio Nacional de las Letras 2012. / ÁLVARO GARCIA (EL PAÍS)

   En "El País":

Contra la deriva de las humanidades

Experto en filología griega, el jurado destaca del profesor salmantino sus valiosas incursiones en la lingüística y en el estudio indoeuropeo

El académico se une a otros autores como Rafael Sánchez Ferlosio, Francisco Ayala, Caballero Bonald o Miguel Delibes

 Madrid 26 NOV 2012

“El ministro Wert debe saber que es importante que los jóvenes sepan de dónde venimos”. El tono de la voz de Francisco Rodríguez Adrados se habrá suavizado como consecuencia de sus 90 años recién cumplidos, pero la beligerancia en las dos batallas que libra desde hace seis décadas sigue intacta: la lucha por la permanencia del estudio de las lenguas clásicas en el colegio y el respeto al español como lengua oficial de España. Una lucha que ahora el filólogo, helenista y académico de la Lengua y de la Historia reactiva con el Premio Nacional de las Letras, concedido ayer por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Un reconocimiento que Rodríguez Adrados decidió convertir en altavoz privilegiado para combatir el derrumbe de las humanidades. Con dos destinatarios claros: el Gobierno de la nación y los diferentes Gobiernos de las comunidades donde hay lenguas cooficiales.
Esa es la lucha de un hombre que ha sido premiado, según el jurado, por sus aportaciones lingüísticas (lexicografía y gramática) “mundialmente reconocidas”, así como por “sus rigurosos ensayos literarios sobre la tragedia, la fábula y otros géneros de raíz helénica. Su obra es también la de un humanista que bebe en las mejores fuentes y que es, a la vez, una de las voces más autorizadas en Europa como defensor de las Humanidades clásicas”
Motivos por los cuales el primer mensaje del académico tiene que ver con el anteproyecto de reforma educativa que contempla la eliminación de la enseñanza de lenguas clásicas. Una lucha que el autor de Ilustración y política en la Grecia clásica viene librando desde el franquismo, al ser testigo de la manera en que disminuye y se rebaja la calidad de la enseñanza hasta llegar a lo que él llama “los tristes momentos de hoy”. Un estado que él resume en una imagen: “Es como quitar las raíces a una planta”. Y que continúa con una idea más terrenal: “Su eliminación causa un daño increíble e incalculable”. Este estudioso salmantino, ahijado intelectual y emocional de Esquilo y Tucídides, se lamenta del descenso cultural que se vive en todo el mundo. Una tragedia porque, afirma, los políticos quieren simplificar, rebajar las dificultades de la enseñanza y quitar importancia al estudio de las lenguas clásicas olvidando que “si no se tiene esa base se desdeña uno de los aspectos esenciales y ejemplares para aprender a razonar”.

Obra esencial

  • Diccionario griego-español(Director)
  • Ilustración y política en la Grecia clásica (1996)
  • Lingüística indoeuropea(1975)
  • El mundo de la lírica griega(1981)
  • Historia de la lengua griega(1999)
  • El reloj de la historia: Homo sapiens, Grecia antigua y mundo moderno (2006)
  • Hombre, política y sociedad en nuestro mundo (2008)
El ganador del Nacional de las Letras ha pedido al Gobierno de Mariano Rajoy que rectifique. Ha querido explicar, por ahora infructuosamente, al ministro de Cultura, José Ignacio Wert, por qué es importante que los estudiantes reciban esa enseñanza porque de lo contrario, asegura, “ese edificio de la formación del estudio y del individuo se viene abajo”. Por lo menos desde la Sociedad Española de Estudios Clásicos, que él fundo y de la cual es presidente honorario, han empezado una campaña que les ha permitido reunirse con tres delegados de Rajoy. En cambio, el ministro no los ha recibido. “No ha querido, esa es la verdad. Me lo he encontrado alguna vez y me dice: ‘Hablaremos’, pero es un futuro imperfecto. ¡Que nos reciba, caramba! Debe saber que es importante que los jóvenes sepan de dónde venimos”, explica.
Su segundo frente de batalla es un combate personal por el respeto al idioma español como lengua oficial. Y lo dice el ganador de un premio que “distingue el conjunto de la labor literaria de un autor español cuya obra esté considerada como parte integrante del conjunto de la literatura española actual escrita en cualquiera de las lenguas españolas".
Esta segunda batalla de Rodríguez Adrados es sobre todo por los acontecimientos de los últimos años, donde ha visto con preocupación la deriva del uso de la lengua como un arma incendiaria en el ámbito social y por parte de algunos políticos. “Las lenguas”, insiste en varias ocasiones, “están hechas para entenderse y no para dividir: con el español nos entendemos todos. Es respetable la presencia de otras lenguas que se puedan heredar en diferentes regiones, pero no se deben imponer. Una cosa es la libertad y otra la imposición, a veces, violenta y arbitraria”.
Nadie impide que la gente hable sus lenguas locales, recuerda el académico y helenista, algo que, según él, tiene sus limitaciones. Advierte que tratar de apartar o eclipsar el español es perjudicial para esas comunidades. Por eso le parece “repugnante que algunas comunidades intenten imponer esas lenguas a la fuerza, ya no solo con la enseñanza en los colegios, sino de manera indirecta al exigir su conocimiento y práctica para un empleo, por ejemplo”. Para él, se trata de actos anticonstitucionales. Se lamenta y denuncia lo ocurrido durante varios años porque, afirma, “los Gobiernos han permitido la violación de la Constitución”.