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martes, 5 de mayo de 2015

PRENSA. DOCUMENTAL. "Las voces censuradas de la Guerra de los Seis Días"

   En "El País":

Las voces censuradas de la Guerra de los Seis Días

Un documental recupera las entrevistas que en 1967 hizo el escritor israelí Amos Oz


Soldados israelíes dan de beber a un compañero en la Guerra de los Seis Días, en 1967. /REUTERS

Hatikva (Esperanza), el himno nacional de Israel, se cierra con estos dos versos: “Ser un pueblo libre en nuestra tierra: la tierra de Sión y Jerusalén”. “¿Libres?”, grita angustiada la voz de un chaval, un lamento que sale de una vieja casete de cinta abierta, la grabación de un soldado israelí que dos semanas antes luchó en la Guerra de los Seis Días, en la que en junio de 1967 Israel se anexionó la península del Sinaí, los altos del Golán, Jerusalén Este, la franja de Gaza y Cisjordania derrotando a los ejércitos de Egipto, Jordania, Irak y Siria. El Estado judío propagó la imagen de un conflicto rápido y limpio, pero quienes participaron en él descubrieron la crueldad. Al acabar la campaña relámpago, dos soldados que querían ser periodistas fueron de kibutz en kibutz entrevistando a sus compañeros de armas durante los 15 días siguientes a la batalla. Las cintas de aquellas charlas fueron censuradas por el Ejército israelí, que solo dejó que se publicaran el 30% de su contenido en un libro redactado por uno de esos dos incipientes escritores, Abraham Shapira, que guardó las grabaciones en un armario. El otro periodista se convertiría en uno de los escritores más prestigiosos de su país y en la conciencia de la izquierda de su pueblo: Amos Oz.
Pasados 45 años, las grabaciones fueron desclasificadas, pero Shapira no estaba seguro de hacerlas públicas. Hasta que la directora Mor Loushy y su marido, el productor y montador Daniel Sivan, lo convencieron. Así nace Censored voices, documental que se puede ver hoy y mañana en el festival Documenta Madrid, tras su paso por los certámenes de Sundance y Berlín. Loushy y Sivan dejan que las voces narren la brutalidad de sus acciones y ponen a esos mismos entrevistados a escuchar sus historias 46 años más tarde: ellos vuelven a recordar el dolor infligido sin añadir comentarios, mientras en la pantalla el público ve imágenes de archivo de la guerra y las crónicas del corresponsal de la cadena de televisión de EE UU ABC. Sivan, en Madrid, recuerda del proceso: “Los veteranos se sumaron rápidamente al proyecto. Oz, por ejemplo, nos dijo que sí a la segunda llamada”.
Oz aparece al principio y al final del documental. Medio siglo antes pregunta y deja que sus compañeros confiesen sus miedos y sus vivencias. Él cuenta que nació en Jerusalén, creció “en sus calles angostas”, se educó en el “nacionalismo”, formó parte de los soldados que tomaron la parte vieja de la ciudad de las tres religiones. “Descubrí que aquello no eran solo piedras, que allí vivía gente, árabes a quienes echamos y humillamos”.
Otro soldado clama: “Todos nosotros no éramos criminales. En la guerra nos convirtieron en asesinos”. Más voces se lamentan: “Éramos soldados contra civiles”. En un convoy separaron a 15 hombres de las mujeres y los niños, y mataron a los primeros. Un chaval, tras ver morir a su mejor amigo, asegura: “Ni una sola piedra de Jerusalén merece una vida humana. El judaísmo no santifica los sitios”.


El escritor Amos Oz, en el documental 'Censored voices'.
En la península del Sinaí, “los soldados egipcios eran sombras humanas. En sus cantimploras guardaban su propio pis para tener algo que beber”. Otro joven ahonda en el dolor: “Soy un niño de la diáspora, un judío, con todo lo que eso comporta: no somos soldados, guerreros, sino sastres, comerciantes”. “Vi a los refugiados árabes saliendo de Jericó y me identifiqué con ellos, con aquellos padres llevando en brazos a sus hijos. Los árabes habían tenido experiencias similares a las nuestras en la Segunda Guerra Mundial. Me vi haciendo algo no muy distinto a lo que nos hicieron los nazis”. Como dijo Oz a Sivan y a Loushy fuera de pantalla, “la tragedia es ganar una guerra, porque nadie quiere oír entonces quejas de sus militares vencedores”.
Amos Oz confiesa tras escuchar todas las cintas: “Dijimos la verdad”. Censored voices se emitirá en televisión y se proyectará en cines en junio. Pero Oz no quiere hablar de aquellos años. Volvió entonces a ser profesor de literatura, no quiso responder a las preguntas de sus alumnos o amigos. “Oz recuerda aún los cuerpos de los árabes y de sus amigos muertos. Pero por eso le importaba tanto que se hiciera esta película”, dice Silvan. “Para que se oyeran aquellas voces”.

jueves, 7 de julio de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "La Colina del Mal Consejo", relatos de Amos Oz. Primeras páginas

El escritor Amos Oz.- ULF ANDERSEN / GETTY IMAGES ("El País")


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Vísperas de la independencia

FRANCISCO SOLANO 02/07/2011

   Aunque compuesto por tres relatos, cabe considerar este libro de Amos Oz, escrito a mediados de los años setenta, una obra tan unitaria como una novela. La semejanza del tono que comparten, la ubicación temporal en los últimos meses del Mandato Británico, la preeminencia de la ciudad de Jerusalén, admirablemente descrita, con las trazas de un personaje dramático, dotan al libro de una singular cohesión, y sería desacertado leerlos aisladamente. También colabora a la coordinación la suma de sus puntos de vista. En el primero, 'La Colina del Mal Consejo', situado un año después de la victoria de los aliados, el relato es pretendidamente objetivo, con un clima de altas esferas políticas y predominio de la diplomacia, confrontando así la presión de la administración política -militares británicos, respetables árabes, dirigentes de la Agencia Judía, banqueros con melancólicas damas inglesas- con los inmigrados recientes de Europa; el segundo relato, 'El señor Levi', cuenta la amistad de un muchacho por Efraim, hijo del poeta Nejamkin, al que le atribuye una vida heroica de resistencia a los ingleses, mientras el padre lanza profecías poéticas que para su entusiasmo patriótico son de obligado cumplimiento; el tercero, 'Nostalgia', se construye con las cartas que un médico anciano y enfermo escribe a su antigua amante, donde la evocación del tiempo del amor se solapa con la crónica de los preparativos para la guerra, cuya urgencia, a pesar de su enfermedad terminal, lo mantiene en una activa colaboración que no le permite abandonarse a la nostalgia: "Y qué sentido tiene esta larga carta, de qué trata, cuál es el tema, para qué me dirijo a ti; tampoco lo sé. Lo lamento".
   Los relatos de La Colina del Mal Consejo pertenecen al periodo más comprometido de Amos Oz con la propaganda de la necesidad de la construcción del Estado de Israel, lo que no empaña, en absoluto, la revelación de la complejidad que supuso la independencia y la exploración del ingrediente de fanatismo de un posicionamiento político excluyente. En este libro resulta especialmente valioso el tratamiento sesgado, con su punto de recriminación, que recibe el ansia belicosa, y por lo mismo atolondrada, del adolescente impregnado de impetuoso patriotismo. En esto se aprecia, también, la inteligencia narrativa de Amos Oz, al contrastar las generaciones emergentes, nacidas en Palestina, con los ancianos llegados de Centroeuropa, acogidos a un crepúsculo de esperanza que pacifica la tierra con la mirada, discordancia que salpica sus páginas de una melancólica fatalidad. Amos Oz vivió de niño la época que reflejan estos relatos, y acaso no sea del todo impertinente leerlos como una transcripción de su experiencia.
   Hay que insistir en que Jerusalén, en cuanto ciudad de la luz y la tribulación, se proyecta en estas páginas con una prodigiosa materialidad. El escritor deja intervenir, en muchas ocasiones, más al poeta que al narrador, sin reducir la eficacia de la prosa. Al describir el toque de queda, hace notar que esa imposición produce "la extrañeza del metal hacia la piedra, el lento estrechamiento de las montañas alrededor". Todo el libro brilla con joyas de idéntica precisión. No en vano Amos Oz ha contribuido también con sus propias manos a la construcción de Israel.

La Colina del Mal Consejo
Amos Oz
Traducción de Raquel García Lozano
Siruela. Madrid, 2011
292 páginas. 21,95 euros

miércoles, 6 de julio de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista al escritor israelí Amos Oz

El escritor Amos Oz.- ULF ANDERSEN / GETTY IMAGES ("El País).


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Fuego cruzado

ENRIC GONZALEZ 02/07/2011

   En la obra de Amos Oz, hombre de paz, profético y polémico, se lee la historia de Israel. Sus relatos de los años setenta reunidos en La Colina del Mal Consejo abordan los últimos meses del mandato británico. El gran escritor habla de su vida, su país y la literatura.

   AMOS OZ (Jerusalén, 1939) es un gran escritor israelí y desde hace años se le propone para el Premio Nobel.
   Marwan Barghouti (Ramala, 1959) es el más popular dirigente palestino y cumple cinco cadenas perpetuas por asesinato. Hace tres meses, Oz envió a Barghouti la traducción al árabe de su obra autobiográfica Una historia de amor y oscuridad (Siruela), con la siguiente dedicatoria: "Esta historia es nuestra historia. Espero que la lea y nos comprenda mejor, como nosotros intentamos comprenderles a ustedes. Con la esperanza de encontrarnos pronto en paz y libertad, Amos Oz".

   PREGUNTA. ¿Ha recibido alguna respuesta de Marwan Barghouti?
   RESPUESTA. No. Ni siquiera estoy seguro de que Barghouti recibiera el libro. Yo se lo entregué a un amigo que le visita de vez en cuando, y mi amigo tuvo que entregar el libro a un carcelero. Ignoro qué hizo el carcelero.
   La entrevista con Amos Oz se desarrolla en su apartamento de Tel Aviv, un lugar de paso porque el escritor vive en el desierto del Neguev, cerca del mar Muerto. La única lengua materna de Oz es el hebreo, pero su inglés resulta extremadamente limpio y exacto, tal vez por herencia genética: su padre hablaba unos 15 idiomas; su madre 12 o 13. Parecía apropiado comenzar con la anécdota del libro dedicado, porque refleja en cierta forma el papel de Amos Oz en Israel: además de ser un gigante literario tiene algo de profeta y algo de polemista.

   P. Esa dedicatoria provocó un enorme escándalo en gran parte de la sociedad israelí. ¿Lo esperaba?
   R. Sí, por supuesto. Estoy acostumbrado a que me ataquen desde la extrema derecha y desde la izquierda radical. Suelo verme en medio del fuego cruzado, lo cual, creo, tiende a confirmar que voy por el buen camino. Esperaba una auténtica explosión de rabia por la dedicatoria. Muchos israelíes no le ven como un luchador por la libertad ni como el Mandela palestino, sino como un asesino de masas.

   P. Le envió Una historia de amor y oscuridad, considerada de forma casi unánime su obra maestra, que cuenta su infancia bajo el mandato británico, la guerra, el suicidio de su madre. Es una obra narrada por un niño, usted, que idolatraba a la derecha sionista y esperaba que el futuro Israel ocupara todo el territorio palestino. ¿Qué habría pensado ese niño al leer la dedicatoria?
   R. Se habría enfurecido. El pequeño Amos era un tremendo chovinista. Pero también sentía fascinación por comunicarse con los otros, con los británicos, con los árabes. Quizá ese niño estaría enfadado y a la vez interesado, a la espera de respuesta.

   P. Su familia procedía de Rusia y Polonia y en los años treinta se instaló en un barrio pobrísimo de Jerusalén, Karem Abraham. Usted escribió con sarcasmo: "¿Tendrá este lugar algún día alguien que lo añore?". En realidad, ha escrito casi siempre sobre Karem Abraham. ¿Lo añora?
   R. Sí, claro. Añoro aquel Karem Abraham, un gigantesco campo de refugiados. Todo el mundo mantenía una relación de amor frustrado con su país de origen y todo el mundo quería iniciar aquí algo completamente nuevo. Por supuesto, nadie consiguió iniciar nada completamente nuevo. El Karem Abraham de hoy no me interesa [ahora es un barrio de religiosos ultraortodoxos], como no me interesa Jerusalén, una ciudad de fanáticos.

   P. ¿Cuál era el ambiente entonces?
   R. Acababa de ocurrir el Holocausto. La incertidumbre era absoluta. Mucha gente pensaba que, cuando los británicos se fueran, los árabes nos matarían a todos. Al mismo tiempo había grandes expectativas, de nivel mesiánico: todo iba a cambiar si un día existía el Estado judío; todo iba a ser más elevado, más noble.

   P. Y usted, el niño ultranacionalista, ¿qué expectativas tenía?
   R. Esperaba a que se fueran los británicos para que llegara la guerra. Me parecía muy excitante. Imagínese: no ir a la escuela, pasar los días entre tanques y cañones...

   P. ¿Cuándo descubrió lo que es realmente la guerra? ¿En 1948, cuando la vivió de niño? ¿En 1967 y 1973, cuando la vivió como soldado?
   R. Entendí para siempre lo que era la guerra en 1948, cuando la Legión Árabe de Jordania cercó la zona judía de Jerusalén. Fueron meses de hambre y sed, bajo constantes bombardeos. Entonces vi por primera vez un cadáver en la calle, y otro, y otro...

   P. En España se publica ahora La Colina del Mal Consejo, un libro de relatos que usted escribió en 1974 y que aborda, desde la ficción, la misma época y los mismos acontecimientos que Una historia de amor y oscuridad (2003). ¿Pensaba entonces que algún día iba a ser capaz de relatar su infancia en primera persona?
   R. Sólo pude escribir Una historia de amor y oscuridad hacia los 60 años. Sólo entonces pude hacer las paces con mis padres. Durante mucho tiempo sentí demasiada furia contra ellos. Pero llegó el momento en que, por edad, podían haber sido mis hijos. Y logré contar mi historia.

   P. La Colina del Mal Consejo [así se llamaba el lugar donde tenían su cuartel general los británicos] es ficción; aunque el pequeño Uri que enlaza los tres relatos es casi idéntico al pequeño Amos Klausner [el escritor cambió su apellido al romper con su padre] y ambos hacen las mismas cosas, por alguna razón parecen personas distintas.
   R. Son niños con idéntica biografía que viven en el mismo barrio y hacen las mismas cosas, pero no son el mismo niño.

   P. Escribió La Colina del Mal Consejo poco después de combatir en la guerra de 1973. ¿Influyó la guerra al pensar los relatos?
   R. No, creo que no. Lo que ocurrió fue que al volver a mi vida como civil percibí que el recuerdo de los años treinta y cuarenta se estaba perdiendo. La mayoría de la población estaba formada por jóvenes e inmigrantes recientes que no vivieron aquella época. Y sentí la necesidad de hablar sobre esos años, de hablar sobre una Jerusalén que ya no existía. Me dedico a eso, a contar historias.

   P. El tercer relato del libro, 'Nostalgia', es profundamente triste.
   R. El protagonista es un hombre que va a morir, justo en vísperas de un momento histórico. Sabe que algo grande va a ocurrir y sabe que él no lo verá. Era muy importante para mí describir la vida desde el punto de vista de alguien que está a punto de perderla. Un hombre amable, filosófico, un doctor rural. No es fácil escribir sobre un buen hombre. Los grandes personajes literarios son perversos.

   P. Don Quijote no es perverso.
   R. De acuerdo, pero está loco. Corrijo mi afirmación: es muy difícil escribir sobre hombres buenos y cuerdos de forma convincente, sin caer en el sentimentalismo o la moralina.

   P. El protagonista de 'Nostalgia' es un judío llegado de Viena que acaba de asistir a la destrucción de su mundo.
   R. Es un europeo furioso con Europa que intenta mantener un pequeño enclave europeo en medio de Jerusalén, en el corazón de Oriente Próximo. Eso es lo tragicómico del personaje: que cuando Europa enloqueció, él trató de preservar un pedacito de ella en un lugar tan imposible como Jerusalén. Mis padres eran como él. Los judíos tuvieron la desgracia de sentirse europeos cuando nadie más lo hacía. Ahora es común, los europeos se sienten europeos. Hace 80 años eso no ocurría. Sólo eran europeístas los judíos, y por esa razón se les acusaba de cosmopolitas y antipatrióticos. Fue una triste historia de amor. Los europeos expulsados violentamente de Europa en los años treinta tuvieron más suerte que los que se quedaron, porque a esos se les exterminó en los cuarenta.

   P. Sus padres hablaban ruso, polaco y yídish entre ellos. Con usted, en cambio, sólo hablaban hebreo. ¿Cómo se siente uno cuando se le considera uno de los creadores de un lenguaje, el hebreo moderno?
   R. Ese honor corresponde a la generación anterior a la mía. Cuando yo empecé a escribir, el hebreo moderno era ya un instrumento utilizable.

   P. Utilizable, pero envarado: era un idioma religioso.
   R. Admito tener la sensación de que puedo legislar sobre el idioma. Incluso a veces me permito inventar nuevas palabras, cierto.

   P. Y ahora existe una generación de jóvenes escritores que...
   R. Que va más allá, que construye una lengua aún más coloquial, más ágil, más popular. La evolución del hebreo clásico al moderno es rapidísima. Lo que en otras lenguas ha supuesto un proceso de varios siglos, para el hebreo han sido unas pocas generaciones. La distancia entre Miguel de Cervantes y Gabriel García Márquez, en términos hebreos, es de 120 años.

   P. Usted ha contribuido de forma fundamental a esa evolución acelerada. Pero también ha vivido toda la historia de Israel, y esa historia, llena de virajes imprevistos, se percibe en su propia biografía: del niño derechista y belicista al adulto fundador de una organización como 'Paz Ahora'. ¿Se refleja eso en su literatura?
   R. Por fuerza. Cuando nací, la comunidad judía en este país era de apenas 400.000 personas. Ahora está cercana a los seis millones. Cuando nací el hebreo era hablado por muy pocos. Ahora lo hablan todos los israelíes. Cuando era un niño, el futuro era absolutamente incierto. También ahora lo es, pero de forma distinta. El futuro, antes, era muy amenazante. Cuando era un muchacho, nadie en el mundo reconocía el derecho de los judíos a tener un Estado propio. Ahora ese derecho está reconocido por una gran mayoría; con reservas, con críticas justas y con las que yo en parte me identifico. Cuando era un niño flotaba un gran interrogante sobre nuestra propia supervivencia. Sí, he vivido historia. He luchado en dos guerras, en la de 1967 y la de 1973. Fueron experiencias amargas para un hombre de paz como yo. He visto el primer tratado de paz, con Egipto, algo que consideraba casi imposible. Pero no escribo sobre la historia de Israel. Yo escribo siempre sobre familias. Muy a menudo sobre mi propia familia. Si me pide que defina sobre qué escribo en una sola palabra, diré "familias". Si me permite dos palabras, diré "familias infelices".

   P. Pero a través de esas familias vemos Israel.
   R. Porque entendemos la historia a través de la literatura. Para entender la Inglaterra isabelina no leemos documentos oficiales, sino a Shakespeare. Para entender la Rusia del siglo XIX leemos a Tolstói o Dostoievski o Chéjov.

   P. Ya existe Israel. Es un país fuerte y reconocido. ¿Aún hace falta sionismo?
   R. El término "sionismo" puede significar cosas muy diversas. Para mí significa algo muy simple: que los judíos que se consideran parte de un pueblo tienen un país propio. Ese es mi sionismo y no ha cambiado desde que era un niño. Entonces era maximalista en cuanto al territorio, creía que necesitábamos mucha tierra, y ahora ya no. Cuando era un niño creía en la necesidad de derrotar al enemigo, ahora quiero hacer la paz con él. Pero lo básico permanece igual.

   P. El proyecto sionista está cumplido.
   R. Sí, y precisamente por eso resulta decepcionante. Los países nacen por la historia, por la geografía, por la política, por la demografía. Este país, en cambio, nació de un sueño. Y cualquier cosa soñada está condenada a decepcionar. Cualquier sueño se estropea cuando se hace realidad.

   P. Entonces, ¿por qué sigue usted proclamándose sionista?
   R. Mientras exista alguien en el mundo que cuestione el derecho de Israel a la existencia, hará falta sionismo. Cuando se nos acepte como se acepta que los holandeses pueden vivir en Holanda y los noruegos en Noruega, podremos hablar de otras cosas.

   P. ¿Cree que es común en el mundo cuestionar la existencia de Israel?
   R. Israel es como un hombre que camina por una cuerda floja a más de cien metros de altura. Una multitud mira desde abajo, esperando en secreto que el hombre caiga. La multitud que mira puede considerar el espectáculo terrible, emocionante o magnífico, pero nadie cree que vaya a durar mucho. Creo que el subconsciente del mundo, tanto amigos como enemigos, nos contempla de esa forma.

   P. Al menos usted estará convencido de que Israel durará.
   R. No, no estoy convencido. La historia es caprichosa. Mucho depende de que seamos inteligentes y realistas. Por fortuna para los judíos, por primera vez en miles de años nuestro destino depende de nosotros. Si los alemanes de Hitler querían matarnos, nos mataban; si los españoles de los reyes Católicos querían expulsarnos, nos expulsaban. Durante muchos siglos fuimos objetos, ahora somos sujetos: una gran diferencia. Evidentemente, eso no significa que no podamos buscarnos la ruina. Lo que significa es que, si eso ocurre, será nuestra responsabilidad, no de otros.

   P. ¿Se siente usted confortable en una sociedad como la israelí?
   R. Me cuesta decir "nosotros" cuando hablo de los israelíes, pero por alguna razón me siento confortable aquí. Me gusta Israel incluso cuando no me gusta. Esto no es un país, es una colección de discusiones feroces. Ocho millones de ciudadanos, ocho millones de primeros ministros, ocho millones de profetas y mesías. Todo el mundo conoce las respuestas, todos gritan, nadie escucha. Yo escucho a veces, es mi forma de ganarme la vida. La gente de fuera tiende a pensar que los israelíes están divididos por el futuro de los territorios ocupados, o por los asentamientos en los territorios. No, los israelíes están divididos por todo.

jueves, 3 de junio de 2010

PRENSA. 3 junio 2010

En "El País":

1. Algo bueno. Columna de Maruja Torres.

2. "¿Jubilarme? Yo sólo me jubilaré cuando me llame el de arriba".  Entrevista a B. B. King, por Lino Portela. El rey del 'blues' está de vuelta en la carretera. ¿De vuelta? Nunca se fue. A sus 84 años, esta leyenda de la guitarra sale de gira por cuatro ciudades españolas (Madrid, Valladolid, Granada y Murcia) y rinde homenaje a Nelson Mandela. Su majestad el 'blues'. Por Diego A. Manrique.

3. La muerte o la lucidez mortal. Columna de Vicente Verdú sobre la escultora Louise Bourgeois.

4. Contra el 'burka' (que da votos). Reportaje de Jesús García. Grupos políticos agitan el rechazo al velo integral pese a que su uso es marginal - Los expertos apoyan limitarlo, pero temen una prohibición contraproducente. ¿Hacia una sociedad de excepciones? Por Jordi Moreras, profesor de Sociología de la Universitat Rovira i Virgili.

5. Si yo fuera fumador. Artículo del escritor Vicente Molina Foix.

6. La flotilla de Gaza y los límites de la fuerza. Artículo de Amos Oz, escritor israelí, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007. Su último libro publicado en España es Escenas de la vida rural (Ediciones Siruela). © Amos Oz, 2010. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.