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lunes, 16 de julio de 2012

PRENSA CULTURAL. Ian Gibson y su novela sobre el asesinato del general Prim

El hispanista Ian Gibson, conversando en una tasca de Lavapiés. / CLARA NAVASCUÉS ("El País")

   En "El País":

Ian Gibson mete acción literaria a la Gloriosa en ‘La berlina de Prim’

El hispanista juega al ‘thriller’ político en su nueva novela ambientada en la Primera República

El libro obtuvo el premio Fernando Lara

 Madrid 11 JUL 2012 

Hay paralelismos inconscientes que son recurrentes entre los hispanistas que se admiran entre sí. Ian Gibson llegó un día a España tras los pasos que Gerald Brenan marcó buscando el lugar donde podría reposar difícilmente en paz Federico García Lorca. Eso dio lugar a una exhaustiva investigación sobre aquella vergüenza aún hoy con sombras. También Brenan comenzó a explicar las causas de la Guerra Civil desde la restauración en esa obra maestra que es El laberinto español. Hoy Gibson ha escrito La berlina de Prim, una novela sobre lo que dio lugar a aquello, el fracaso de la revolución Gloriosa, con la que ha conseguido el Premio Fernando Lara.
Lo que Gibson no quisiera para sí para seguir con los paralelismos es que le conservaran años en formol. Es lo que hicieron con Brenan en la universidad después de que él decidiera donar su cadáver a la ciencia. “Lo tenían ahí, entero. ‘Está mejor que nunca’, me dijeron una vez que fui a ver su cuerpo. No se atrevían a hacer nada con él. ¡Era Gerald Brenan!”. Hasta que lo enterraron en el cementerio de Málaga.
Allí también murió fusilado Robert Boyd, un irlandés pelirrojo y liberal que se comprometió con Torrijos contra la mugre de Fernando VII. Gibson le atribuye un hijo ilegítimo nacido en Gibraltar, Patrick Boyd, que 40 años después regresará a España como curtido periodista londinense a investigar la muerte de su admirado Prim.


El fusilamiento de Torrijos' del pintor español Antonio Gisbert en 1888. El pelirojo que está en el centro del cuadro es Robert Boyd.
Fueron muchas las razones y sinrazones que llevaron al asesinato de Juan Prim, aquel general altivo a quien no le dolían prendas en decir: “Todavía no se ha inventado la bala capaz de matarme a mí”. Una no, pero ocho, que fueron las que se le trabaron en el cuerpo hasta llevarle a la muerte tras una emboscada en la calle del turco –hoy Marqués de Cubas-, resultaron suficientes. El hecho fue uno de los enigmas más recurrentes en la historia de España, algo que intrigó a historiadores, políticos, ejército, intelectuales y ciudadanos en toda Europa.
El país en la época de la Gloriosa era un nido de arpías y conspiradores. “Prim había promovido una revolución para derrocar a Isabel II, pero quería instaurar una monarquía”. El elegido fue Amadeo de Saboya. Eso desató todas las conspiraciones por parte de quienes quedaban sin opciones. “Esto era un polvorín de inestabilidad como describe John Hay, el diplomático de Lincoln en España, en su libro ‘Castillian days”. Para Gibson es una pena que no esté traducido. “Su análisis es fascinante. Entonces, como en cierto sentido pasó también con Alfonso XIII en los días previos a la II República, cuenta Hay que los Borbones actuaban de manera frívola”.

El país en la época de la Gloriosa era un nido de arpías y conspiradores
Pero entre conspiradores y nostálgicos también había espacio para gentes nobles, como el joven Benito Pérez Galdós, que aparece en el libro tratando de dar pistas a Boyd. “Está claro que Galdós no lo veía claro en aquella etapa…”, comenta Gibson. O el señor Machado Nuñez, gran defensor de Darwin, representante de una España moderna y anticasposa que fue, entre otras cosas, abuelo de don Antonio Machado, el poeta eterno a quien Gibson dedicó una exhausta biografía.
Pesa un poco el rigor del historiador frente al novelista. No ha podido dejar volar su imaginación Gibson sin antes encerrarse a husmear una pila de documentos. “La próxima vez me desmelenaré más”, promete. Pero ha descubierto cosas fascinantes. “El sumario fue una vergüenza, está en el despacho del decano de los juzgados de Plaza de Castilla, sin digitalizar”.
Sólo espera Gibson levantar algo más la liebre sobre un asunto del que quedan incógnitas. “Fue un episodio crucial que explica muchas cosas de nuestro presente y aún se desconoce. Solo quiero llamar algo la atención sobre el tema”.

viernes, 14 de octubre de 2011

PRENSA CULTURAL. Entrevista a José Calvo Poyato, por la publicación de su nueva novela, "Sangre en la calle del Turco"

José Calvo Poyato

   En "El Día de Córdoba":
"Prim fue un personaje poliédrico, pero, sobre todo, un héroe político"

   El egabrense relata en 'Sangre en la calle del turco', su recién publicada novela, la trama contra el general, que acabó con su asesinato en una de las épocas más complejas de la historia de España.

Patricia Godino
13.10.2011

   Conspiraciones en despachos. Rituales satánicos. Reuniones masónicas. Los voceros interesados del papel periódico. El ansia de poder y la traición. La turbulenta España de mitad del siglo XIX enmarca la trama de Sangre en la calle del Turco (Plaza & Janés), el nuevo título del prolífico historiador José Calvo Poyato (Cabra, 1951), con el que da un salto a diciembre de 1870 para novelar uno de lo grandes misterios de la historia de España, el asesinato del general Prim.

   -La opacidad en el proceso judicial y las múltiples hipótesis sobre el asesinato hacen de éste un material complejo. ¿De dónde parte su tesis para abordar este episodio?
   -En España, en prácticamente un siglo fueron asesinados cinco presidentes de Gobierno, y mi punto de partida es: ¿por qué se ha dado con culpables en los otros magnicidios -Cánovas del Castillo, Canalejas, Eduardo Dato y Carrero Blanco- y en el caso de Prim seguimos en las brumas de la historia? Si bien no hubo una sentencia judicial, hay pruebas abrumadoras. Si a los asesinos de Prim no se les ha descubierto es porque nos encontramos con personajes con poder, capaces de controlar los procesos que les habrían llevado a un juicio y a una sentencia condenatoria.

   -¿Cómo era su personalidad?
   -Fue un personaje poliédrico, un conspirador nato, pero, sobre todo, era un héroe político. Ante la masa popular despertó una simpatía enorme porque fue quien venció a los moros en la Batalla de los Castillejos [en la Guerra de África], no tanto por ser un político como por ser un militar al que se le reconocen unos valores. La política en España siempre ha estado denostada: la diferencia es que una veces lo ha estado más y otras menos.

   -Su apoyo al reinado de Amadeo de Saboya le granjeó enemigos con mucho poder. Pero, ¿quiénes querían matarlo?
   -Tenía un enemigo declarado: José Paúl y Angulo, un diputado republicano de Jerez, que dirigió el periódico El combate, del que sólo se tiraron 55 números. En una de esas ediciones, afirmó: "A Prim hay que matarlo como a un perro, en la calle". En el último número de El Combate, que salió el día de Navidad, 48 horas antes del atentado, el titular de portada fue: "Cambiamos la pluma por el fusil". El ayudante del presidente reconoció su voz como quien dio la orden de disparar.

   -Pero esta pista se esfumó.
   -Se marchó y nunca volvió a España [falleció en París en 1892]. En cualquier caso, en el lecho de muerte [las balas le alcanzaron la mano, el codo y el hombro], Prim dice: "No me matan los republicanos". ¿Había unos autores intelectuales y Paúl y Angulo sólo fue el brazo ejecutor del atentado? Un diputado republicano, Moraita, masón como Prim, quiso desviar de su camino al general aquella noche porque sabía lo que iba a ocurrir. Era la crónica de una muerte anunciada.

   -La pista sobre la autoría del atentado apunta también a Sevilla.
   -Hay varios datos importantes: Antonio María de Orleans, duque de Montpesier, casado con la infanta Luisa, quería ser rey y el gran obstáculo para su objetivo es Prim, monárquico pero contrario a los Borbones. Prim quiere un rey que desempeñe un papel moderador, una corona moderna... Le doy un dato: del sumario se perdió una cartulina clave para llegar a una sociedad, La Internacional, que tenía como objetivo utilizar cualquier procedimiento que permitiese al duque de Montpesier convertirse en rey de España. Esa cartulina se perdió y el juez no pudo seguir indagando por ahí. Otro dato: ¿quién financiaba el periódico El combate? El duque de Montpesier: es decir, un candidato a la corona financia un periódico republicano. Eso pasa en España. Años más tarde, el fiscal del Estado recibirá la orden de sobreseer el caso. En ese momento, se ha restaurado la monarquía de los Borbones, y es rey Alfonso XII, casado con su prima sevillana, María de las Mercedes, hija del duque de Montpesier. Probablemente, no era bueno que un juez anduviera investigando en los turbios asuntos del suegro del rey.

   -¿Cómo se levantó Madrid al día siguiente del atentado?
   -"Se van a desatar las pasiones", tituló la prensa. Se temía una revolución porque Prim era el hombre fuerte de la política en un contexto complejo: una monarquía que lleva dos años de provisionalidad, tras la caída de Isabel II. De hecho, el rey Amadeo I pisa suelo español y la primera noticia que recibe es que su principal valedor ha sido asesinado unos días antes.

   -El periodismo, el ejercicio de la profesión y su lugar en la sociedad también protagonizan el relato. Háblenos de ese papel.
   -Entonces había unos 30 o 40 periódicos en Madrid, muchos con una vida muy efímera. Era habitual fundar un periódico en apoyo a la campaña electoral de un político -especificándolo, incluso, en la cabecera- y, pasadas las elecciones, cerrarlo para abrir luego otro. En los periódicos se vivía también una vida literaria muy intensa como catapulta para entrar en la literatura.

   -El protagonista se ve inmerso en la trama contra Prim a partir de una investigación sobre rituales satánicos. ¿Eran habituales en la época?
   -Se pusieron muy de moda las sociedades secretas, el ocultismo... Que haya transitado por ese camino no es sólo un recurso para la ficción.

   -En ese sentido, ¿qué separa una novela histórica de lo que no lo es?
   -Ésta es por encima de todo una novela y como tal una ficción. Para que sea histórica debe situar el relato en el espíritu de una época: la gente come unos determinados alimentos, se viste de una manera, el dinero tiene un valor específico...