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sábado, 12 de marzo de 2016

PRENSA. "Un planeta con el agua al cuello"

   En "publico.es":

Un planeta con el agua al cuello

Los efectos de la subida del nivel del mar por el cambio climático ya son palpables. Las últimas investigaciones científicas creen que las predicciones "se han quedado cortas", mientras países en riesgo se preparan ya para adaptarse o desaparecer.


Se estima que el nivel del mar seguirá subiendo a un ritmo de 4 mm al año.
Se estima que el nivel del mar seguirá subiendo a un ritmo de 4 mm al año.

Cuando el Gobierno de Maldivas decidió poner en marcha un megaproyecto de islas artificiales flotantes, lo hizo pensando en dos cosas: lo primero, exprimir el turismo de lujo que alimenta la economía del archipiélago asiático desde finales de los años 70; lo segundo, luchar contra su propia extinción.
A este paraíso en mitad del Índico, con una altitud máxima de 2,3 metros sobre el nivel del mar (es el país más bajo del mundo), le preocupa ser engullido por el océano y desaparecer para siempre bajo una masa de agua que no deja de crecer. Por eso tiene puestas parte de sus esperanzas de supervivencia en dos holandeses, Paul van de Camp y Koen Olthuis (calificado por la revista Time en 2012 como una de las personas más influyentes del año). Especializados en estructuras sobre el agua, sus construcciones son capaces de desafiar uno de los efectos más impactantes del cambio climático: la subida del nivel del mar. Su empresa será la que se ocupe de esta aventura arquitectónica para el disfrute de ricos extranjeros, pero a cambio deberán construir otra isla para dar salida a la creciente población local, amenazada por el agua.
Proyecto de isla flotante en las Maldivas. DUTCH DOCKLANDS
El caso de las islas Maldivases tal vez uno de los más evidentes en una tendencia en auge, pero desde luego no es el único. En Venecia, por ejemplo, un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) estimó que los episodios de ‘aqua alta’ (las inundaciones de la ciudad a consecuencia de la subida de las mareas) se multiplicarían drásticamente a finales de siglo, pasando de 1,4 a 18,5 veces al año. Otro trabajo del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados pronosticaba que dentro de unos 80 años las áreas inundables de la costa de Vizcaya se triplicarían, siendo la mitad de ellas terrenos residenciales o industriales. Miami, señalada por la OCDE como una de las ciudades en mayor riesgo de EEUU, ya ha asignado una partida de 400 millones de dólares en sistemas de bombeo para evitar inundaciones en la costa. Y en países caribeños como Costa Rica, más de un 40% de las playas presentan erosión.

Es algo sobre lo que la comunidad científica viene alertando desde hace años. “Hay pruebas contundentes de que el nivel del mar mundial se elevó gradualmente en el siglo XX y de que continúa elevándose a un paso intensificado”, señala el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), la mayor red científica sobre la materia. Según sus estimaciones, durante el siglo XX el nivel medio mundial del mar creció a un ritmo de 1,7 mm por año. Pero a partir de 1990, observaciones vía satélite permitieron elevar esa cifra hasta los 3 mm por año, casi el doble del promedio observado anteriormente. Y va a más. El IPCC calcula que, para el decenio de 2990, el nivel del mar estará entre 0,22 y 0,44 metros por encima de los niveles de 1990, subiendo a un ritmo de unos 4 mm al año.
Gráfico del IPCC con estimaciones sobre la subida del nivel del mar.
Gráfico de estimaciones sobre la subida del nivel del mar. IPCC
Aún así, nada es seguro. Este fenómeno soporta todavía incertidumbres importantes porque depende, en gran parte, de las emisiones de dióxido de carbono que se expulsen a la atmósfera en el futuro. Además, según apuntan últimas investigaciones, sus consecuencias se podrían estar subestimando. “Lo que la ciencia nos está dejando vislumbrar es que nos estamos quedando cortos”, explica a Público Carlota Escutia, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra.
Escutia fue una de las investigadoras que participó en 2010 en un estudio internacional que analizó por primera vez muestras de lodo obtenidas a más de tres kilómetros de profundidad en la costa del este antártico, una capa de hielo del tamaño de Australia que se formó hace 34 millones de años y que, en teoría, presenta gran estabilidad frente a los cambios del clima. “Nuestra conclusión es que hay deshielo y pérdida de casquete. Hasta ahora se pensaba que esta capa era muy estable, pero no es tan difícil que se derrita, eso es lo que decimos”, señala.
“Lo que la ciencia nos está dejando vislumbrar es que nos estamos quedando cortos”
La investigación, liderada por la Universidad Imperial de Londres, toma como referencia la época del Plioceno (hace 2,58 millones de años) cuando la Tierra tenía unos niveles de CO2 similares a los de hoy en día y una temperatura entre 2 y 3 ºC superior a la actual. La combinación de ambos factores supuso una subida del nivel del mar de 10 metros por el deshielo de Groenlandia y del oeste antártico. Por lo menos eso es lo que se sabía hasta ahora. Pero estos investigadores consideran que el deshielo de la placa oriental pudo añadir otros 10 metros más. Es decir, de alcanzarse una temperatura similar a la de entonces, el nivel del mar podría aumentar hasta 20 metros a final de este siglo. “Encendemos una luz roja porque los modelos actuales de medición se están quedando cortos. Esto se tendría que tener en cuenta”, advierte desde el otro lado del teléfono.
Un grupo de turistas en la Antártida. AFP
También Michael Mann, director del Earth System Science Center de Pensylvania y uno de los científicos sobre clima más relevantes del mundo, alzó la voz de alarma a finales del año pasado al afirmar que los modelos de medición actuales habían subestimado la velocidad a la que se derrite el hielo en Groenlandia y en el oeste antártico. Los datos le avalan:la extensión de hielo en el Ártico se redujo en 2012 un 18% con respecto a 2007, batiendo un record histórico sin precedentes.
No afecta a todos igual

La subida del nivel del mar se explica fundamentalmente por dos causas: la pérdida de hielo terrestre por el derretimiento de los glaciares y la expansión del agua a consecuencia del calentamiento de los océanos, un fenómeno que se denomina como expansión térmica. Se cree que cada uno de estos efectos es responsable, aproximadamente, de la mitad de la elevación observada del nivel del mar. Pero el agua no aumenta de manera uniforme en todo el mundo. Mientras en algunas zonas los océanos pueden llegar incluso a retroceder, en otras subirá varias veces por encima del promedio estimado.
Holanda, Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, España e Italia se verán especialmente afectados de Europa
Según alerta Greenpeace, las zonas expuestas a mayor riesgo desde el punto de vista del número de personas afectadas son Asia meridional y sudoriental, África oriental y occidental y el Mediterráneo, desde Turquía hasta Argelia. También las islas del Pacífico, del océano Índico y del Caribe son especialmente vulnerables. Y, como es lógico, son las más preocupadas, o casi las únicas. En la cumbre del clima que tuvo lugar el pasado diciembre en Lima, sólo medio centenar de países firmaron una petición para eliminar totalmente las emisiones de CO2 en 2050. La práctica totalidad de los firmantes son insulares o con grandes proporciones de costa en su territorio.
"En algunas localizaciones, una retirada controlada se va a convertir en la respuesta necesaria”, dice el IPCC
Sin embargo, los impactos económicos y sociales que se prevén en todo el mundo no desmerecen la atención del conjunto del planeta. De acuerdo con un estudio publicado por Proceedings of the National Academy of Science en 2013, los costes por los daños provocados por las mareas y tempestades podrían aumentar de los 10 a 40 millones de dólares que suponen en la actualidad, hasta los 100.000 millones de dólares a finales de este siglo si no se toman medidas de adaptación adecuadas, muy especialmente, estrategias a largo plazo.
Recreación de Greenpeace sobre los efectos que tendría la subida del mar en San Sebastián.
Recreación de Greenpeace sobre los efectos que tendría la subida del mar en Donosti.
Las inundaciones, la erosión de la costa, los daños en infraestructura o la salinización de las aguas dulces son también consecuencias que Europa vivirá muy de cerca y sobre las que el IPCC ha instado a tomar medidas, en especial a Holanda, Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, España e Italia, países –asegura- con un “absoluto alto coste por daños”.
"Va a ser muy difícil despoblar la costa, estamos hablando de migraciones extraordinarias"
En cualquier caso, incluso proyectos como el que los arquitectos holandeses pretender levantar en Maldivas podrían caer en saco roto. “Adaptar los edificios de las comunidades costeras y mejorar las defensas pueden reducir significativamente los impactos de la subida del nivel del mar, pero no pueden eliminar el riesgo, especialmente cuando el nivel del mar va a seguir subiendo a lo largo del tiempo. En algunas localizaciones, una retirada controlada se va a convertir en la respuesta necesaria”, dice elquinto informe del Panel de Expertos.
“La Tierra ha soportado temperaturas mucho mayores, sin hielo y con un nivel de mar mucho más alto, pero el problema son nuestros asentamientos humanos. Y va a ser muy difícil despoblar la costa, estamos hablando de migraciones extraordinarias”, sentencia Escutia.

viernes, 9 de enero de 2015

PRENSA. Sobre el cambio climático

   En "El País":

El control del cambio climático exige renunciar a un tercio de las reservas de petróleo y al 80% de las de carbón

Un estudio asegura que la tendencia de los políticos a explotar todos los recursos es contradictoria con los objetivos de evitar un calentamiento superior a dos grados a finales de siglo


La temperatura no debería subir más de dos grados hasta finales de siglo. / CARLES RIBAS
Si durante décadas el mundo ha temido el agotamiento de las reservas de combustibles fósiles, el riesgo del cambio climático ha cambiado de orientación de los temores. Un tercio de las reservas de petróleo, la mitad de las de gas y más del 80% de las de carbón no deben tocarse en los próximos 40 años para tener al menos un 50% de probabilidades de controlar el cambio climático, es decir, de evitar que la temperatura media del planeta suba más de dos grados, la frontera estimada por los científicos a partir de la cual los impactos del calentamiento global pueden ser realmente graves. Esta conclusión alcanzan dos investigadores del Reino Unido que han calculado la cantidad de CO2 máxima que admite la atmósfera para no superar el límite de peligro, la distribución regional de reservas y recursos disponibles de dichos combustibles en todo el planeta y las emisiones que provocarían.
“Las reservas de combustibles fósiles tienen el potencial de generar tres veces más dióxido de carbón de lo permitido si el calentamiento global no ha de superar los dos grados”, resume la revista Nature, donde Christophe McGlade y Paul Ekins exponen su investigación y resultados. Además, dicen, las nuevas explotaciones de combustibles, como las del Ártico, “son incompatibles con los esfuerzos para limitar el cambio climático”.
Según las estimaciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que recogen como punto de partida de su investigación McGlade (University College, Londres) y Ekins (Instituto de Recursos sostenibles, Reino Unido), las emisiones acumuladas de CO2 entre 2011 y 2015 no deben superar una horquilla de entre 870 y 1.240 gigatoneladas para tener ese 50% de probabilidades de no superar, a mediados de siglo, la barrera de los dos grados sobre la temperatura media preindustrial. Pero la quema de las reservas de combustibles fósiles generaría unas 2.900 gigatoneladas de dióxido de carbono.
McGlade y Ekins diferencian entre recursos y reservas, refiriéndose con los primeros a la cantidad total de petróleo, gas y carbón obtenible con las tecnologías actuales y las futuras, independientemente de las condiciones económicas, mientras que las reservas son la parte de los recursos recuperables con la técnica y la economía presentes. La combustión de los recursos generaría 11.000 gigatoneladas de CO2. Las reservas estimadas son 1,294 billones de barriles de petróleo, 192 billones de metros cúbicos de gas, 728 gigatoneladas de carbón bituminoso y 276 gigatoneladas de lignito.

Solo un acuerdo climático global que compense a los perdedores y que sea percibido como equitativo por todos"
“Nuestro resultados muestran que la intención de los responsables políticos de explotar rápida y completamente sus combustibles fósiles territoriales son, en conjunto, inconsistentes con sus compromisos con el límite el temperatura [dos grados]”, escriben McGlade y Ekins en Nature. “Si se pusieran en marcha esos compromisos políticos serían innecesarias las sustanciales y constantes inversiones en la exploración de combustibles fósiles porque cualquier nuevo descubrimiento no podría traducirse en más producción”. Además, recalcan que “la explotación de recursos en el Ártico y cualquier incremento de la producción no convencional de petróleo son incompatibles con los esfuerzos de limitar el calentamiento medio a dos grados”.
Los escenarios de futuro investigados también tienen en cuenta el efecto de la tecnología de secuestro de carbono. Los resultados muestran que su efecto sería relativamente pequeño, permitiendo un incremento del 6% en la quema de carbón y un 2% tanto para el gas como para el petróleo. McGlade y Ekins, además, advierten que es secuestro de carbono, debido sobre todo a su alto coste, no entraría efectivamente en funcionamiento hasta 2025.
Michael Jakob y Jerome Hilaire, del Instituto Postdam de Investigación sobre Impacto Climático, comentan en Nature el estudio y resaltan la distribución regional (16 zonas del mundo) con diversas categorías sobre los combustibles fósiles que abarcan factores como el tipo de carbón, gas y petróleo, las reservas utilizables o los costes de producción y comercialización. La información detallada, afirman, es importante en relación con los pactos internacionales para controlar el calentamiento porque la limitación del uso de combustibles fósiles tendrá efectos desiguales entre los países. “Solo un acuerdo climático global que compense a los perdedores y que sea percibido como equitativo por todos los participantes puede imponer límites estrictos sobre el uso de combustibles fósiles a largo plazo”, concluyen Jakob e Hilaire.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

PRENSA. MEDIOAMBIENTE. "El hielo de Groenlandia se desvanece"

   En "El País":
MEDIO AMBIENTE

El hielo de Groenlandia se desvanece

Unas 243.000 millones de toneladas de su capa de hielo acaban en el mar cada año, según el último análisis de sus glaciares


Científicos de la Operación IceBridge, este verano, frente al muro de hielo que es el frente del glaciar Great Land. NASA / Michael Studinger
El gigantesco cubo de hielo que cubre la mayor parte de Groenlandia, con casi cinco veces la extensión de España, se está derritiendo a un ritmo acelerado. Un estudio muestra que su masa helada pierde tantos kilómetros cúbicos como para, una vez aguados, llenar 110 millones de piscinas olímpicas cada año y así, desde hace 20.
Groenlandia es, tras la Antártida, la mayor reserva de agua dulce del planeta. Se ha estimado que si todo el hielo que cubre la gran isla del norte se derritiera de repente, el nivel del mar se elevaría más de seis metros. No sería tan rápido, pero un grupo de investigadores estadounidenses y europeos ha realizado la mayor estimación de la evolución de sus glaciares hecha hasta la fecha y sus resultados son abrumadores.
Hasta ahora, las estimaciones sobre el casquete helado de Groenlandia se basaban en la evolución de cuatro de sus mayores glaciares, cada uno muriendo en un punto cardinal de la isla. El grosor, cambios en su altura, ritmo de avance hacia el mar y deshielo de estos ríos a cámara lenta era después extrapolado a todo la capa de hielo. El problema es que en la isla hay al menos 242 grandes glaciares, cada uno con su propia evolución.

El estudio usa datos de altitud de 100.000 puntos de la isla obtenidos por altimetría láser
Para seguir la dinámica de los glaciares, los científicos han recurrido a los datos de dos misiones de la NASA complementarias. Por un lado, dentro de su programa ICESat, concluido en 2009, un sistema de altimetría por láser calculaba la altura de la capa de hielo a cada paso que realizaba sobre la isla. Para completarlo, un avión de la Operación IceBridge, también usaba pulsos de luz para, midiendo su rebote, determinar la altura del hielo. Combinadas, ambas misiones mapearon la isla en 100.000 puntos. Los registros se inician en 1993, lo que ha permitido a los investigadores, comprobar la deriva de los glaciares año a año.
La capa de hielo de Groenlandia ha perdido, de media, unos 243.000 millones de toneladas métricas cada año desde hace 20. En volumen, esa ingente masa ocuparía unos 277 kilómetros cúbicos. Lo peor es que, según publican en la revista PNAS, esta dinámica de adelgazamiento se está acelerando en los últimos años.
"El adelgazamiento dinámico se debe a la aceleración de los glaciares", dice la profesora de geología de la Universidad de Buffalo (Estados Unidos) y principal autora de la investigación, Beata Csatho. "A medida que la velocidad aumenta, más hielo llega al mar, provocando que el glaciar adelgace. Es como si estiraras un chicle", añade. Ese estiramiento, que implica una menor concentración de la masa de hielo, lo hace más vulnerable a la acción de la temperatura o el agua del mar.
El estudio muestra que el 48% de la pérdida neta de masa de hielo se debe a esta aceleración del movimiento de los glaciares. Y casi la mitad de este porcentaje se ha producido en el sureste de la isla. El otro 52% del deshielo de Groenlandia se debería a la reducción de las nevadas y al deshielo provocado por el calentamiento tanto global como local.


La mayor reducción de la altura de los glaciares (en morado) se ha producido en el sureste de la isla. NASA's Goddard Space Flight Center
La importancia ambiental de los glaciares es mucho mayor que la del llamado deshielo ártico. El casquete polar presenta un ciclo anual de congelación y descongelación del océano. Aunque la extensión del mar helado es cada año menor que el anterior, su impacto sobre el nivel del mar sería nulo. "El mar de hielo está formado de agua oceánica congelada por lo que, las variaciones en el mar helado no tienen un impacto directo en la elevación del nivel del mar, de la misma manera que un cubito de hielo no eleva el nivel de agua del vaso", recuerda Csatho.

El deshielo de Groenlandia eleva el nivel del mar 0,68 mm al año
Pero el deshielo de los glaciares sí aporta una cantidad neta de agua al mar. Según sus estimaciones, desde 1993, el hielo de Groenlandia convertido en agua habría elevado el nivel del mar en unos 0,68 milímetros cada año. Además, los dos tipos de deshielo se refuerzan. "La reducción del mar helado tiene un impacto en el clima global modificando la circulación oceánica y permitiendo a la superficie del océano absorber mayor cantidad de radiación solar y, por tanto, elevando la temperatura de la región ártica", recuerda la investigadora estadounidense.
Ese aumento de la temperatura, en endemoniada combinación, acelera el deshielo de la masa helada de la isla y la bajada de los glaciares. Tampoco es desdeñable la reducción del efecto albedo, la capacidad que tiene el hielo de rebotar buena parte de la radiación solar.
Pero, para poner las cosas en perspectiva, conviene recordar que aún queda mucho hielo en Groenlandia. Si se han perdido unos 277 Km3, todavía hay otros 2,8 millones de Km3. El problema es que el fenómeno del deshielo además de que podría acelerarse, podría llegar a un punto de no retorno. Como dice Csatho: "Algunos estudios predicen cambios irreversibles en Groenlandia en unos pocos siglos o incluso antes. Nuestros resultados ayudarán a mejorar los modelos de la capa de hielo para dar una mejor respuesta a esta cuestión".

lunes, 1 de diciembre de 2014

PRENSA. Sobre el cambio climático

    En "El País":

El tiempo se agota

Reducir emisiones a cero para 2100. Es el objetivo marcado por la ONU tras escuchar a 830 científicos. Mañana arranca la cumbre del clima de Lima


Una planta de carbón en el distrito de Datong Shanxi. Julio-agosto de 2013 fue el periodo más caluroso en la zona central y oriental de China desde 1951. / FOTO: J. LEE (REUTERS)
El cielo de Pekín puede ser azul. Eso es lo que acaban de descubrir los habitantes de la capital china. Y todo gracias al decidido plan que emprendieron las autoridades locales a principios de noviembre para recibir en el mejor de los ambientes posibles a Putin, Obama, Bachelet y demás líderes de la cumbre Asia Pacífico (APEC, según rezan sus siglas en inglés). Se restringió el tráfico de coches privados, el 70 % de los vehículos públicos dejaron de circular, se frenaron las obras, se paró la producción de las fábricas más contaminantes que rodean la ciudad. ¿Resultado? Desaparición de esa niebla eterna que flota sobre las cabezas de los pekineses y aparición de un cielo límpido que ya ha recibido un nombre: APEC blue.

Se fueron los líderes, el foro de cooperación económico se cerró con un acuerdo entre Estados Unidos y China —calificado de histórico, por unosde escaso, por otros, al no ser vinculante— para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y volvió la polución, sí. Pero los pekineses ya no son los mismos de antes: han descubierto que conseguir un cielo azul es solo cuestión de voluntad. Cuestión de adoptar medidas firmes. De no quedarse en gestos para la galería.
Algo similar le está pasando al planeta. Que necesita de medidas firmes, rápidas, ya se ha parcheado suficiente, el tiempo se agota. Lo ha dejado bien claro la ONU, que se expresó a principios de mes por boca del IPCC, Panel Intergubernamental Para el Cambio Climático, formado por 830 científicos de la comunidad internacional. Hay que recortar emisiones de gases efecto invernadero entre un 40 % y un 70 % para el año 2050. Para finales de siglo, las emisiones deberán ser cero. Si no, los efectos serán graves —y aquí los científicos analizan toda una panoplia de escenarios posibles— para el medioambiente, la seguridad alimentaria y la pobreza.
“Todavía hay tiempo, aunque muy poco tiempo”. Así se expresó en la presentación del informe en Copenhague, el pasado 2 de noviembre, Rajendra Pachauri, presidente del IPCC. “Estamos a tiempo si nos metemos en una senda de mitigación de emisiones”, añade José Manuel Moreno,  vicepresidente del Grupo II del IPCC, encargado de evaluar impactos, adaptación y vulnerabilidad. Moreno, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha, es uno de los 13 científicos españoles que forman parte de este organismo auspiciado por la ONU.
Estamos a tiempo, dicen los expertos, y el cronómetro echará a correr mañana mismo, cuando arranque la cumbre climática de Lima, la llamada COP 20, vigésima Conferencia de las Partes organizada por la ONU. De allí podría salir un borrador de cara a la cumbre decisiva, la del año que viene en París, la cita en la que se han depositado todas las esperanzas, de la que deberían salir ambiciosos objetivos de reducción de emisiones, un tratado que sustituya al de Kioto, una cita que debería romper el sabor amargo que dejó el fracaso de Copenhague hace cinco años, que consiga implicar por fin a los principales actores, China y Estados Unidos.
¿Nos estamos tomando en serio la lucha contra los efectos del cambio climático? “Nos lo estamos tomando mucho menos en serio de lo que es preciso”, afirma, contundente, Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de Cambio Climático en el último gobierno de Rodríguez Zapatero que ahora trabaja como consejera en un think tank francés, el Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (según sus siglas en francés, IDDRI). “No lo hacemos ni con la velocidad ni con la intensidad que requiere la situación. Más pronto que tarde, se evaluará a los líderes políticos por esta cuestión”.


Una mujer china, con una máscara para protegerse del aire contaminado, el pasado 20 de noviembre en Pekín. /KEVIN FRAYER (GETTY IMAGES)
La cantidad de gases de efecto invernadero enviados a la atmósfera alcanzó un nuevo máximo histórico en 2013. Así lo reveló a principios de septiembre la Organización Meteorológica Mundial. El dióxido de carbono ha aumentado su concentración a un ritmo que no se observaba desde hace casi treinta años.
Los niveles de nieve y hielo descienden. La temperatura de los océanos y de la atmósfera sigue subiendo. El nivel del mar se eleva. El cambio climático ya es una realidad, y está causado por la mano del hombre, afirman los científicos de la ONU. Altera las estaciones, los ciclos de la naturaleza; favorece los fenómenos meteorológicos extremos. Un vídeo distribuido por la ONU, destinado a que el mundo tome conciencia, muestra una Islandia con un clima similar a la Toscana; una Alaska como lugar perfecto para celebrar unos juegos olímpicos de verano.

O cambiamos o nos estampamos”, señala Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de Cambio Climático
El informe científico del IPCC plantea varios escenarios de futuro en función de cómo reaccione el mundo. Si no se hace nada, si no se recortan emisiones, las temperaturas podrían subir hasta en 4,8 grados, con lo cual el volumen de los glaciares se reduciría en un 85 % y el nivel del mar podría subir hasta 0,82 metros, afectando gravemente al equilibrio de los ecosistemas. Si se toman las medidas de mitigación que propone esta biblia del cambio climático, y se consiguen emisiones nulas a finales de este siglo, se podría limitar el aumento de la temperatura a dos grados. Este es el objetivo.
“Hay que aplicar el principio de precaución. Decir que será una catástrofe general no es correcto, las generalizaciones son peligrosas”, afirma Miquel Canals, catedrático de Geología Marina y director del departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona. Canals sostiene que una de las claves del futuro será el papel que puedan desempeñar los océanos en la absorción del exceso de temperatura atmosférica.
El mundo se enfrenta a un cambio de modelo energético. Reducir emisiones a cero de aquí a final de siglo significa renunciar a petróleo, gas y carbón progresivamente. “Hace falta un proceso de transformación profunda”, declara la exsecretaria de Estado. “O cambiamos o nos estampamos”. Ribera dice que no basta con conseguir una cifra de reducción de emisiones. “Debemos cambiar el modelo energético, económico y financiero”, afirma. “No sabemos cómo abordar un cambio de época porque la inercia es muy fuerte”.

Es fundamental que los países desarrollados reduzcan el consumo material”, sostiene el ensayista Hervé Kempf
El giro hacia un nuevo modelo significa apostar por otras fuentes. El geólogo Miquel Canals afirma que, en este contexto, no se puede prescindir de la energía nuclear. “Lo que no es contemplable es un regreso a la Edad de Piedra”, sostiene. Afirma que no hay fórmula perfecta, y que las renovables no son la panacea porque requieren de subsidios. “El camino pasa por un cóctel de fuentes de energía en el que habría que favorecer a las energías menos contaminantes”.
Desde Suecia, Lennart Bengtsson, exdirector del Departamento de Meteorología del Instituto Max Planck, que por un tiempo perteneció a una organización escéptica con el cambio climático, sostiene en conversación telefónica que no se deben abordar cambios abruptos para no dañar a la economía. “No hay una urgencia inmediata”, dice. “Hay que desarrollar modelos energéticos robustos”.
Los ecologistas, por su parte, apuestan por un modelo basado al 100 % en las energías renovables. “Hace falta una revolución energética”, manifiesta Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace en España: “La probabilidad de un accidente es catastrófica en términos humanos y económicos”. Nuño señala que el informe del IPCC muestra que, con el objetivo de mantener el calentamiento en dos grados, los costes sin energía nuclear no son muy superiores a los que se generarían con su uso. “La opción nuclear no es necesaria”.
La cuestión de fondo es si el estilo de vida de los países ricos (al que acceden progresivamente los que emergen), con sus elevados niveles de consumo de energía, es compatible con un planeta sano. Y si las nuevas fuentes cubrirán las necesidades que genera ese estilo de vida. Cuadrar este sudoku abre la puerta a múltiples vías. ¿Es nuestro modo de vida, sustentado en el confort, un despropósito o una conquista?


En 2013 se registraron las lluvias más intensas en 100 años en el norte de India, afectaron a 100.000 personas. En la foto, un grupo de viajeros espera a ser rescatado. / M. VATSYAYANA (AFP)
Fue en el año 2006 cuando el economista británico Nicholas Stern dio un giro al debate. Planteó que los costes de no combatir el cambio climático son muy superiores a los de reducir emisiones. “No se trata de una carrera de caballos entre crecimiento por un lado y responsabilidad climática en el otro; esa es una falsa dicotomía”, señala desde Londres en conversación telefónica Stern, presidente del Instituto Grantham de Investigación del Cambio Climático. El economista, que en 2011 ganó el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático, sostiene que la transición a una economía de bajo consumo de carbono ofrece nuevas oportunidades de crecimiento.
El reto de la transformación del modelo energético-productivo se topa con la resistencia de grandes empresas del petróleo, gas y carbón, que perderían gran parte de su negocio si no se reinventan.Un estudio publicado el año pasado por el investigador Richard Heede, del Climate Accountability Institute de Colorado, señala que la crisis climática ha sido causada fundamentalmente por 90 empresas que son las que han producido cerca de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero desde la era industrial. Entre ellas, Chevron, Exxon, Shell, Repsol y Gazprom.


El año pasado fue el más cálido en el este del país desde que hay registros (1910). Arriba, el rastro de un incendio en Coonabarabran, al noreste de Sydney. / JOSH SMITH (REUTERS)
Stern señala que algunas de estas compañías, como Shell, ya han dicho que están dispuestas a asumir transformaciones. “Este es un proceso de cambio que tiene que llegar si queremos un mundo más seguro. No te puedes rendir y destrozar el mundo simplemente porque el proceso de transición va a involucrar a unos pocos que van a tener que realizar grandes ajustes; la gran mayoría de la gente saldrá ganando”.
Teresa Ribera ahonda en la cuestión: “Se están privatizando los beneficios de no combatir el cambio climático y socializando los costes: los beneficios son para los grandes operadores y son las poblaciones las que tienen que afrontar las sequías, los huracanes y la mala calidad del aire”.
Para algunos, la cuestión de fondo reside en los insostenibles niveles de consumo que acarrea un estilo de vida que se generaliza conforme los países se desarrollan. “Es fundamental que los países desarrollados reduzcan el consumo material”, sostiene el ensayista francés Hervé Kempf, autor del libro Cómo los ricos destruyen el planeta, que esta semana pasó por Madrid para pronunciar una conferencia sobre La crisis ecológica en La Casa Encendida. “Los que están en la cumbre de la pirámide proyectan una imagen de sobreconsumo y arrastran a los demás: todo el mundo quiere el coche caro, viajar en avión, la pantalla plana de televisión. El incremento de los gases de efecto invernadero está ligado al crecimiento económico, hay que cambiar el sistema económico”, asegura. Kempf, redactor jefe de la web Reporterre, especializada en medioambiente, sostiene que “hay que abrazar una lógica global de sobriedad”.
Otro de los frentes que se abre al debate es cómo conducir esa transición de modo que sea equitativa, que no lastre las opciones de desarrollo de los países más desfavorecidos, o de las economías emergentes. “No podemos pretender que todos nos subamos al carro en las mismas condiciones”, asume Susana Magro, directora de la Oficina Española de Cambio Climático —que antes tenía rango de Secretaría de Estado—, dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Magro acudirá a la cumbre de Lima, que empieza mañana y acaba el día 12. “Habrá que hacer transferencias de tecnología a bajo coste o sin coste para que los países menos desarrollados puedan dar el salto directamente”, dice. El mundo occidental lleva años desarrollándose a base de quemar combustibles fósiles y son muchos los que señalan que no sería justo que los más desfavorecidos, que ahora despegan, carguen con el lastre de un problema del que no son los responsables. “El acuerdo de París va a ser muy complejo”, afirma Magro, “las necesidades de los 195 países son muy distintas”. Cada nación debería fijar en esa cumbre su contribución al proceso de cambio.
El giro que el planeta requiere, como se deduce del análisis de la comunidad científica, podría conducir a otro mundo. La transformación del mapa energético, la reducción de la dependencia del gas y del petróleo, podría alterar sustancialmente el tablero geopolítico.
Mientras tanto, los pekineses seguirán mirando al cielo. El miércoles pasado, Xie Zhenhua, vicepresidente de la Comisión Reformadora del Desarrollo Nacional, anunció que la polución se puede combatir de aquí a 2030 en China. Y añadió: “Los días de APEC blue también son alcanzables”.