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miércoles, 18 de mayo de 2016

LITERATURA. "Cela en crudo"

   En "cuartopoder.es":

Cela en crudo

DAVID TORRES | Publicado: 


Camilo_Jose_Cela_Padrón_Galicia_2006
Imagen de la estatua en homenaje a Camilo José Cela en su lugar de nacimiento, Padrón. / Wikipedia
De toda la galería de pedigüeños, rameras, muertos de hambre, funcionarios mezquinos, paletos, tontos de pueblo y señoras jamonas que forman la abigarrada fauna novelística de Cela, el más memorable sigue siendo él mismo. Ninguno de sus personajes llegó a alcanzar la talla mitológica de aquel escritor con cara de moái de la Isla de Pascua ataviado de gafas y retranca, una efigie tan característica que hasta unos navajeros le pidieron perdón una noche que le asaltaron en un callejón oscuro.
– Usted perdone, don Camilo.
– De nada. A mandar.
En un país virtualmente analfabeto, alérgico a los libros, Cela era famoso como ningún otro escritor, tan familiar como un futbolista o un político, y había gente que repetía sus ocurrencias de memoria, sin haber leído siquiera una novela suya. Más de uno todavía cree que en aquella célebre refriega televisiva con Mercedes Milá se bajó los pantalones y absorbió un litro de agua de una palangana con un solo golpe de nalgas. Nunca lo hizo, le bastó con la amenaza. En los últimos años, entre las anécdotas escatológicas y las frases brutales con las que iba salpimentando sus apariciones -contra los homosexuales, contra las mujeres, contra los jubilados-, el personaje terminó por devorar al novelista en una vorágine de chascarrillos.
Don Camilo censor. Don Camilo delator de rojos tras la Guerra Civil. Don Camilo yudoka. Don Camilo en un banquete echando un cuesco monumental y, ante el silencio espantado de una mujer, su comentario gentil: “No se preocupe, señora: diremos que he sido yo”. Don Camilo declarándose “machista-leninista”. Todas esas anécdotas son ciertas, pero no menos cierta que aquella tarde en la que interrumpió la frívola tertulia de Jesús Hermida para decir que era una vergüenza que Gabriel Celaya, uno de los poetas más grandes del país, se estuviera muriendo de hambre. No menos cierto que el modo en que ayudó a tantos escritores disidentes hasta el punto de que un día le llamó el coronel Francisco Rodríguez a la Dirección General de Seguridad:
– ¡Oiga usted, Cela! ¡A ver qué pasa, que no hace más que avalar rojos!
– Hombre, don Francisco, no pretenderá usted que me ponga a avalar coroneles de Estado Mayor.
– Coño, tiene usted razón. Pero vaya con ojo.
Del mismo modo que trabajó siempre como un burro en busca de la frase perfecta, Cela se empeñó desde muy joven en alcanzar la fama, desde aquel día en que llegó por primera vez a Madrid con una maleta y fue a pedir que anunciaran por megafonía que acababa de llegar el famoso escritor don Camilo José Cela. Esa persecución obsesiva y enfermiza de la gloria culminó el día en que aterrizó en Estocolmo para recoger el premio Nobel, se bajó de una limusina en precario equilibrio sobre el asfalto cubierto de hielo y apartó a los hijos de unos emigrantes españoles que acudieron a recibirlo con unas flores con otra frase para la historia:
– Quita, niño, que me escoño.
En ocasión del premio, un periódico francés tituló: ‘Cela, un novelista con un murciélago colgado del corazón’, un sintagma arrancado de una novela recién publicada entonces, Mazurca para dos muertos, el cual servía para caracterizar a Fabián Minguela, un canalla que también presentaba “las nueve señales del hijoputa”. Fue, tal vez, su última obra maestra, la que clausuraba una peculiar cordillera narrativa que dio comienzo en La colmena y que prosiguió en la espléndida San Camilo 1936, tres acercamientos indirectos a la Guerra Civil por donde pululaba un hormiguero de criaturas capturadas en el ámbar de su prosa.
La mar no se paró nunca desde que Dios inventó el tiempo hace ya todos los años del mundo, Dios inventó el mundo al mismo tiempo que el tiempo, el mundo no existía antes del tiempo, la mar no se cansa nunca, el tiempo no se cansa nunca, ni el mundo, que cada día es más viejo pero tampoco se cansa nunca, la mar se traga un barco o cien barcos, se lleva un marinero o cien marineros y sigue murmurando con su voz afónica, con su voz de borracho triste y pendenciero, amargo y peleón.(‘Madera de boj’)
Desde aquella memorable primera frase de La familia de Pascual Duarte (“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”), quedaba claro que la suya era la pintura en claroscuro, una carnicería de Solana, aquelarres y caprichos de Goya, un lenguaje que olfateaba sus raíces en El Buscón y en el Guzmán de Alfarache, una música que venía de Quevedo y de Valle, no de los auténticos maestros de la novela, Cervantes o Galdós. De ahí que a Cela le importaran muy poco la psicología, la trama o la estructura, mucho menos la forma convencional de narrar una historia, un modelo que agotó en Pabellón de reposo. Probó la técnica conductista a lo John Dos Passos en La colmena, el modelo epistolar en Mrs. Caldwell habla con su hijo, el monólogo delirante en Oficio de tinieblas 5, hasta encontrar ese tono maravilloso entre salmodia y letanía, entre lirismo y sátira, entrecortado por tacos y breves diálogos, con que se abre Mazurca para dos muertos:
Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color que el cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya del monte lleva ya mucho tiempo borrada.– ¿Muchas horas?– No; muchos años. La raya del monte se borró cuando la muerte de Lázaro Codesal, se conoce que Nuestro Señor no quiso que nadie volviera a verla.Lázaro Codesal murió en Marruecos, en la posición de Tizzi-Azza; lo mató un moro de la cabila de Tafersit, según lo más probable. Lázaro Codesal se daba muy buena maña en preñar mozas, también tenía afición, y gastaba el pelo colorado y el mirar azul. A Lázaro Codesal, que murió joven, no llegaría a los veintidós años, ¿para qué hubo de valerle manejar el palo como nadie, en cinco leguas a la redonda o más? A Lázaro Codesal lo mató un moro a traición, lo mató mientras se la meneaba debajo de una higuera, todo el mundo sabe que la sombra de la higuera es muy propicia para el pecado en sosiego; a Lázaro Codesal, yéndole de frente, no lo hubiera matado nadie, ni un moro, ni un asturiano, ni un portugués, ni un leonés, ni nadie. La raya del monte se borró cuando mataron a Lázaro Codesal y ya no se volvió a ver nunca más.
Hace cien años que nació Cela en Padrón y, más allá de los homenajes póstumos, el anecdotario truculento, los títulos nobiliarios, la leyenda rancia, la gloria televisada, las flatulencias y los chistes más o menos apócrifos, lo que que nos queda son unos cuantos libros descomunales, un montón de páginas donde retrató con mano firme y despiadada la lúgubre tristeza de España. El problema es que nos seguimos pareciendo mucho.

viernes, 13 de mayo de 2016

LITERATURA. "El censor censurado, cien años de Camilo José Cela"

   En "eldiario.es":

El censor censurado, cien años de Camilo José Cela

En la conmemoración de los cien años del nacimiento del Nobel de Literatura, repasamos algunas de las facetas más contradictorias del escritor que ejerció como censor durante la dictadura de Franco
Reediciones de sus obras, textos inéditos y conferencias, entre los eventos marcados en el calendario de actividades para recordar este año al escritor
ALBA ARAGÓN ÁLVAREZ    11 MAYO 2016
La Fundación Cela colabora en los actos conmemorativos del 300 aniversario de la RAE
El premio Nobel de Literatura Camilo José Cela EFE
Un 11 de mayo de 1916 nacía en el municipio coruñés de Padrón Camilo José Cela. Este miércoles cumpliría cien años. Y pronto harán quince desde su desaparición. La pluma de Cela, que maduró entre los albores del régimen franquista, no se libró del bolígrafo rojo ni de la mirada voraz del censor. Hoy se cumplen cien años de Celas, cien caras del escritor y del Nobel censurado. Pero también del censor.
Mano y tijera. Pero a cuatro brazos. Así vivía Camilo José Cela en los primeros años de una posguerra que se cobraba sus años más grises. Confidente confeso del régimen durante 1938, Cela se ganaría cinco años más tarde un puesto como censor en el ministerio de represión. Mano y tijera en revistas. Mano y tijera en boletines. Mano y tijera en "algunas hojas volanderas, periodiquillos sin importancia que no necesitaban ni siquiera ser censurados", decía. Pero a cuatro brazos. El rico universo blasfemo desplegado por Cela en La Colmena no dejaría página sin rectificación.
Como pollo en el matadero presentaba un jovencísimo Cela que apenas rozaba la treintena su manuscrito a la censura. Era un siete de enero de 1946. Los responsables de Ediciones del Zodíaco, conscientes del alto contenido erótico de la novela, avanzaban al censor que el texto había sufrido recortes: "A petición de los editores, el autor ha suprimido algún que otro trozo del texto original". Pero ni con esas.
La colmena, de Camilo José Cela, con tachaduras en rojo de la censura
La colmena, de Camilo José Cela, con tachaduras en rojo de la censura BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA
Irónicamente, en una de las misivas que envió a su primera mujer, Rosario Conde, el escritor lamentaba: "Hoy, la censura me ha tachado entero el artículo de Informaciones; la broma, como verás, es bastante pesada. En fin, paciencia, porque incomodarse, la verdad, no me merece la pena". Firma un 5 de julio de 1948.
La Colmena cruzaría el charco y vería la luz en la Argentina peronista apenas unos años más tarde. Pero, en España habría que esperar a 1963 a que el por entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, autorizara la primera edición de la novela.
Transcurrido medio siglo desde la primera impresión y aprovechando el centenario de su nacimiento, la Real Academia Española de la Lengua publicará este año el manuscrito completo, incluyendo las páginas apartadas inicialmente por el escritor y que fueron donadas por la hija del hispanista francés Noël Salomon a la Biblioteca Nacional. Según cuenta, encontró el manuscrito de La Colmena hace unos años, tras vaciar los cajones de un viejo mueble de una casa de campo.
Camilo José Cela. Escritor y premio Nobel de literatura
Camilo José Cela. Escritor y premio Nobel de literatura ARTURO ESPINOSA | FLICKR
Ahora, el único hijo del Nobel, Camilo José Cela Conde, lidera una campaña de promoción aprovechando el centenario del nacimiento de su padre. "A mí siempre me había producido una especie de estupor el hecho de cómo se podía ser censor con Franco y escribir La Familia de Pascual Duarte a la vez", ha reconocido en declaraciones a Efe.
"Pero vi que se puede cuando tu cabeza está metida en una espiral de contradicciones, de deseos insatisfechos y de dificultades para salir adelante y te agarras a cualquier clavo ardiendo que aparezca, y esas contradicciones están en la literatura de mi padre".

Fastos para recordar a Cela hasta 2017

Una conferencia del hermano menor del escritor, Jorge Cela, en Padrón dará este miércoles el pistoletazo de salida al calendario de actividades, a la que seguirá una mesa redonda en la que participarán tres generaciones de Cela: "Mi tío, mi hija, Camila y yo mismo", ha precisado Cela Conde.
Los actos de conmemoración se prolongarán hasta principios de 2017 e incluirán reediciones de sus obras fundamentales. La editorial Destino recoge dos de ellas: una revisión de La Familia de Pascual Duarte, ya en la calle, y una recopilación inédita de las cartas cruzadas entre Cela y su esposa Charo en Cela, piel adentro.
Una mirada personal, literaria, nueva y profunda, sobre Cela que incluye documentos inéditos como algunas de las cartas de las mil que estaban el caja que descubrió Cela Conde tras la muerte de su madre, y entre las que se intercala algún poema. Otra de las novedades que traerá esta centenario es el descubrimiento de una comedia inédita del Cela, una comedia de cine.
Todo ello para "recuperar su faceta más importante: la de escritor", ha confesado Cela Conde.
La colmena, de Camilo José Cela. Diseño de la portada para la editorial Zodiaco
La colmena, de Camilo José Cela. Diseño de la portada para la editorial Zodiaco BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

jueves, 12 de mayo de 2016

LITERATURA. Sobre Camilo José Cela

   En "El Día de Córdoba":

Un siglo de un artista de la palabra

Camilo José Cela, uno de los grandes del XX, Premio Nobel y autor de 'La colmena' o 'La familia de Pascual Duarte, la novela española más traducida tras el 'Quijote', habría cumplido hoy 100 años
CARMEN SIGÜENZA (EFE) MADRID | ACTUALIZADO 11.05.2016 
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Camilo José Cela, uno de los grandes del siglo XX, hubiera cumplido hoy cien años. Artista de la palabra, vanguardista, bravucón, deslenguado, generoso y tierno a la vez, fue muchos Celas con distintas pieles, pero por encima de todo fue un artista con tinta en las venas que vivió para escribir. 

Un destino, el de escritor, al que se aplicó con tesón y disciplina y que lo llevó a transitar, con muchas contradicciones, por el camino del éxito: fue académico y recibió el Premio Nobel, el Cervantes o el Príncipe de Asturias de las Letras entre innumerables galardones y reconocimientos, entre los que se contó también su nombramiento como senador por designación del Rey. 

Nacido el 11 de mayo de 1916 en la población gallega de Iria Flavia (Padrón, La Coruña), Cela tuvo una infancia dorada y feliz, como el mismo relató en La rosa, el primer volumen de sus memorias. "Tuve una niñez dorada. De pequeño era tan feliz que, cuando las visitas me preguntaban qué quería ser de mayor, me echaba a llorar porque no quería ser nada, ni siquiera deseaba ser mayor. Me hubiera apuntado a ser niño siempre". 

Un bienestar de juventud -sus padres le apoyaban en todo- que lo llevó a caminar firme y seguro en sus propósitos para la vida, acompañado de su tesón y del lema que reza en el escudo familiar: "El que resiste gana". Escritor, actor, poeta, pintor, torero, cineasta, vagabundo, andarín, editor, animador cultural, cartero, judoka, marqués de Ira Flavia... Camilo José Cela fue muchos, y tuvo, casi, una cara pública para cada ocasión. Un Cela que vivió en Galicia, Madrid y Mallorca, que comenzó varias carreras y no terminó ninguna, pero que poseía 20 distinciones como doctor honoris causa, tanto nacionales como internacionales. 

Escribió su primer libro de poesía cuando ya había estallado la Guerra Civil, Pisando la dudosa luz del día, en un Madrid asediado. En los años 40, enfermo, escribió La familia de Pascual Duarte, la novela en castellano más traducida en todo el mundo después del Quijote. La obra fue publicada en 1942 y su segunda edición fue censurada, como ocurriría luego con otra de sus cumbres, La colmena

Censuras que sufrió un Cela que a su vez fue censor en la dictadura de Franco. El hijo del Nobel, Camilo José Cela Conde, se refiere así a este hecho: "Cuando tu cabeza está metida en una espiral de contradicciones, de deseos insatisfechos y de dificultades para salir adelante y te agarras a cualquier clavo ardiendo que aparezca. Unas contradicciones que están en la literatura de mi padre". 

En 1944 Cela se casó con Rosario Conde. Luego vendría Viaje a la Alcarria. La pareja se trasladó después, en 1951, a Mallorca. La idea era alejarse del mundo literario madrileño. Comenzó en la isla otra fructífera etapa del escritor, donde dirigió la revista de pensamiento Papeles de Son Armadans

Obsesionado con Picasso, de quien decía que era la persona que más le había impactado y a quien admiraba profundamente, Cela publicó en 1962 Gavilla de fábulas sin amor, con ilustraciones del pintor malagueño. El afán experimentador unía a estos dos creadores. "Picasso decía que en el arte sólo tiene interés si abre nuevos caminos y así lo he entendido yo: el escritor debe abrir nuevos horizontes y tener las tres facultades del alma: la memoria, el entendimiento y la voluntad", manifestó en una entrevista en 2001. 

Y es que la escritura de Cela también tiene mucho de obra plástica y de música. Pabellón de reposoMrs. Caldwell habla con su hijoSan CamiloOficio de tinieblasMazurca para dos muertosCristo versus ArizonaEl asesinato del perdedorLa cruz de San Andrés y su última novela, Madera de boj, escrita en 1999, son los títulos de las novelas de Cela. Por ellas transita su búsqueda oceánica, primero desde el costumbrismo y el tremendismo de posguerra hasta llegar a la vanguardia y la innovación con el lenguaje. 

En 1991, el ya Nobel de Literatura -lo recibió en 1989- se casó con la periodista Marina Castaño. Después inauguró la Fundación que lleva su nombre en su localidad natal, Iria Flavia. 

Divertido, grotesto, malhumorado, Cela protagonizó muchas anécdotas y broncas memorables, como el navajazo que decía tener en el trasero por una bronca que él mismo provocó en un viaje a la ciudad marroquí de Casablanca o sus famosas disertaciones televisivas sobre flatulencias al borde la piscina de su domicilio. 


A Camilo José Cela se le apagó la voz el 17 de enero de 2002, sin "arrepentirse de nada", como él mismo dijo en una ocasión, porque había logrado lo que se propuso: "Mostrar mi verdad con palabras".

martes, 1 de marzo de 2016

LITERATURA. "Cela en toda su dimensión literaria"

   En "El País":

Cela en toda su dimensión literaria

El centenario del escritor abordará un universo donde caben sus múltiples facetas

Camilo José Cela, en una fotografía de 1997.
Camilo José Cela, en una fotografía de 1997. 

sábado, 30 de enero de 2016

LITERATURA. "El Cela que se buscaba la vida"

   En "El País":

El Cela que se buscaba la vida

‘La forja de un escritor’ rastrea mediante una serie de artículos escritos por el Nobel, la primera etapa del autor



Camilo José Cela, protagonista de la película 'El sotano' en 1949

Las épocas de balbuceos y primeros pasos en un escritor, suelen estar llenas de arenas movedizas, despistes y palos de ciego. A pesar de que Camilo José Cela pareciera haber nacido convencido de que ganaría el Premio Nobel, no se libró de aquel periodo, donde se toma conciencia y se busca una voz. La forja de un escritor (Fundación Banco Santander), nos desvela todo eso con una selección de artículos escritos entre 1943 y 1952, seleccionados por Adolfo Sotelo Vázquez, gran experto en el autor de La colmena.
“Refleja la época en la que Cela se buscaba la vida”, asegura. Los años en que escribía a destajo y por unos duros colaboraciones en todo tipo de prensa. Con la perspectiva que da el tiempo, compilados, debidamente seleccionados para esta colección de Cuadernos de Obra Fundamental en el año de su centenario, nos hablan de un periodo fundamental, ya publicados los trallazos de La familia de Pascual Duarte y La colmena, aunque esta última no superara la censura y apareciera en Buenos Aires. “Hablan de la obsesión del joven Cela por encontrar una voz propia apoyada en dos pilares: la mirada y la memoria, esa fuente del dolor, como él la calificaba”, afirma Sotelo Vázquez.
Sobre esas dos columnas, Cela edificó su obra hasta el final. “Si desde la primera frase de La colmena –“No deberíamos perder la perspectiva”- hallamos toda una estructura en la primera, en Madera de boj, su última obra, encontramos, aparte de una enorme preocupación por el tema familiar, la segunda. Son temas que siempre han marcado el paso de los grandes autores y, en eso, Cela prueba ser muy deudor de dos fundamentales, como son Faulkner y Flaubert”.

Hablan de la obsesión del joven Cela por encontrar una voz propia apoyada en dos pilares: la mirada y la memoria"

Los artículos reunidos en La forja de un escritor han sido estructurados en tres partes: “Una que refleja experiencias vitales, otra sobre el oficio de la escritura y otra sobre la pintura y otras artes”. El último apartado se justifica,  además, por sus propios escarceos con la pintura. “Coqueteó con la idea de convertirse en artista plástico aquellos años”.
Una obsesión que reflejó a lo largo de toda su obra y de su faceta de animador cultural. “La revista Papeles de Son Armadans, aparte de ser una gran iniciativa en la que, además de publicar textos en gallego o catalán y acoger a los autores del exilio en pleno franquismo, aborda la relación de la literatura con otras artes, y concretamente, en gran medida, con la pintura”.
Muchos jóvenes escritores acudían a él en sus últimos años en busca de consejo. Se mostraba esquivo e incómodo para darlos. A veces soltaba: Lo mejor es que se equivoquen solos. Otras daba guías así cuando le pedían que planteara el argumento de una buena novela: “Un hombre y una mujer se aman. Punto final. Con talento le sale a usted La cartuja de Parma”. La forja de un escritor bien puede ser, a juicio de Sotelo Vázquez, un excelente manual para echar a andar vocaciones.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

LITERATURA. "Cuando Camilo José Cela entró en crisis"

   En "El País":

Cuando Camilo José Cela entró en crisis

El centenario del autor de ‘La colmena’, en 2016, traerá aportaciones y cartas inéditas, como la de su renuncia al trabajo en un Ministerio franquista para dedicarse a escribir


Fragmento del comienzo de la carta con la que Cela renunció a su trabajo en el Ministerio de Información, bajo la dictadura de Franco. / EL PAÍS

Existió un Camilo José Cela bendecido por la luz de una genética literaria. También otro de sombra farandulera y ditirámbica, pasto de revistas del corazón, entregado al ataque y al mandoble de fiera acorralada, coleccionista de enemigos y tendente a recostarse en las nanas tras el Premio Nobel, que recibió en 1989.
Conocimos un día al escritor solidario con las aflicciones del exilio, que dio cobijo al talento de la España perdedora en su revista Papeles de Son Armadans y también al censor, al superviviente que, por necesidad —no cabe pensar que por convencimiento—, se acercó demasiado al poder de un Estado ilegítimo.
Supo mantenerse, en parte por su grandioso talento, en parte por su viveza para aclimatarse a los focos, a flote desde que irrumpiera en el desierto literario de los años cuarenta con La familia de Pascual Duarte. Pero, probablemente, jamás imaginó que tras su, un tanto carnavalesco, entierro —con luchas por la herencia y rifirrafes familiares— se dejaría languidecer su legado hasta el desprecio.
Es algo que ahora su hijo, Camilo José Cela Conde, tras ganar su derecho sobre la herencia después de un largo y complejo litigio con la viuda del escritor, Marina Castaño, se ha propuesto enmendar junto con la Real Academia Española, diversas instituciones del Estado e influyentes sectores editoriales y literarios, con vistas al centenario del nacimiento del escritor: en Iria Flavia, cerca de Padrón (A Coruña), el 11 de mayo de 1916.

  El escritor Camilo José Cela en una imagen de 1948. / EFE



Un aspecto que servirá de ayuda será La forja de un escritor. Se trata de un volumen que con artículos referentes al oficio de la literatura, mediante una cuidada edición a cargo de Adolfo Sotelo Vázquez, catedrático de la Universidad de Barcelona (UB), publicará la prestigiosa colección Cuadernos de Obra Fundamental (Fundación Banco Santander) para abrir el centenario.
“En la década que abarcan estas piezas, Cela utilizó el artículo periodístico como écriture du jour. Aborda miradas al mundo en torno, memoria de su infancia y adolescencia, diálogo con las artes, meditaciones sobre la escritura y, en algunas ocasiones, reseñas críticas de libros que le parecían oportunos por su calidad”, comenta el decano de Filología de la UB.
O las revelaciones que se desprenden de la correspondencia con su primera esposa, Rosario Conde. Su hijo Camilo piensa reeditar Cela, mi padre en mayo con una nueva versión que introduce el estudio de dichas cartas. En ellas descubrimos a un ser humano asustado, frágil, muy sensible, con muchas dudas sobre su condición de escritor, tremendamente desconcertado.
Un ser alejado de aquella imagen del escritor que podía atacar a todo el mundo sin ton ni son. “Es un hombre que a los 26 años ya ha hecho una guerra, ha pasado por varios hospitales y diversas facultades, ha conocido a María Zambrano, a Pablo Neruda y a Miguel Hernández, ha ejercido de censor y ha escrito La colmena, la novela de más peso e influencia en la literatura española de todo el siglo XX”, comenta su hijo. Pero no lo hizo solo. “La mayoría de los acontecimientos de entonces y, más aún, de los que vendrían después, salidos todos ellos de los papeles que vuelven a la luz tras décadas de encierro, cuentan, no sólo la historia de ese hombre, sino también de la mujer que está a su lado: Charo”, añade.
Un superviviente que renuncia a su trabajo en el Ministerio de Información tras una carta a la que ha tenido acceso EL PAÍS, que muestra su determinación a encerrarse para perseverar, tras diversos batacazos en la literatura y alejarse de un horario de oficina. Va dirigida a Juan Aparicio, director general de prensa: “El oficio de escritor, es un oficio que da tristeza y requiere soledad”, comienza escribiendo antes de renunciar un tanto teatralmente a su trabajo. “Hoy veo esto con mayor claridad que nunca y me refugio entre mis cuatro paredes a trabajar, que es lo único que me distrae y me hace olvidar los hondazos de los malintencionados, los pusilánimes, los puritanos y los pescadores en río revuelto”.


Carnet de prensa de Camilo José Cela.
La misiva continúa con un lamento en el que se muestra tan deprimido como lleno de resquemor. No se considera reivindicado ni seguro, pero al tiempo se revela ambicioso y resuelto a seguir: “Estoy lleno de dolor por muchas cosas...”. Es el Cela situado en la disyuntiva vital de alejarse de un seguro de vida, con trabajo cómodo, o lanzarse a la soledad de una incierta carrera literaria con la que, pobremente, subsistir: “No me encuentro con fuerzas para una lucha que no me interesa. La desorientación intelectual es en nuestra pobre y querida España de tal magnitud, que todo lo que no sea encerrarnos en nuestra propia cáscara como caracoles asustados, redunda en nuestro mismo perjuicio”.
Se trata de la época en la que, como ha comprobado su hijo, aparece un hombre sumido en las dudas. “En la angustia, en la desconfianza ante su propio talento. Un hombre que cae en la depresión y lo dice. El personaje aquel que se suponía un nietzschiano impenitente se siente solo. El temor a la soledad le hace pensar en el suicidio. Qué curioso que ese mismo hombre sea quien diseña un ex-libris con el lema: ‘un libro y toda la soledad. Soy de CJC”.

Nueva edición de ‘La colmena’ de la RAE para 2016

Ese enjambre de soledades, perdedores y derrotados que Camilo José Cela tituló La colmena verá la luz con fundamentales anexos en una nueva edición a cargo de la Real Academia Española. Darío Villanueva, director de la RAE y experto en el autor gallego, comenta que será en otoño de 2016, para conmemorar en esas fechas la entrega del Premio Nobel que consiguió en 1989.
Contará con una novedad. “En una anexo, no dentro del texto, ya que la versión definitiva del mismo es la que Cela dejó en 1966 después de múltiples luchas con la censura, incluiremos los pasajes que por su fuerte contenido sexual, decidió no agregar convencido de que no pasarían la criba”, comenta Villanueva.
Estos se encontraban en el archivo de su amigo y estudioso francés Noel Salomon. “Fue su hija, tras su muerte, quien los dio a conocer. Pero respetaremos la voluntad del autor de no incluirlos finalmente, como se desprende de lo que expresó en la edición final”. La colmena fue examinada por dos censores españoles: el poeta Leopoldo Panero, que aconsejó su publicación, "si el autor atenuaba, ciertas escenas". Andrés de Lucas Casla, un cura de ánimo inquisidor, realizó por su parte un informe demoledor que prevaleció. Por lo tanto, la obra vio la luz por primera vez en Buenos Aires.
En la nueva edición de la RAE, que formará parte de sus publicaciones especiales donde han aparecido, entre otras, El Quijote, Cien años de soledad, La región más transparente o ahora, en marzo, una antología de Rubén Darío con vistas al congreso de la lengua en Puerto Rico, se incluirán además de prólogos y anexos, el glosario de términos y el índice onomástico que realizó en su día José Manuel Caballero Bonald.