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domingo, 27 de junio de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia": "Pasiones de Monsiváis", por Carlos Fuentes

Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 1938-2010), fotografiado en 2008 en Casa de América, en Madrid.- ULY MARTÍN ("El País")


En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Pasiones de Monsiváis


CARLOS FUENTES 26/06/2010

"Ingenio rápido, cultura profunda, mirada penetrante, referencia oportuna, melancolía escondida, regocijo siempre". De esta forma describe Carlos Fuentes en este artículo a Carlos Monsiváis, fallecido el pasado día 19. El escritor mexicano rememora la estrecha relación que ambos mantuvieron durante décadas, y sus intereses y amigos comunes.

Religiosa, sexual, culturalmente, era excéntrico a las normas de la tradición mexicana. Pero su genio consistió en violar la tradición acrecentándola, dándole nuevos caminos a nuestra vida religiosa, sexual, cultural.
Lo había oído, siendo niño Monsiváis, en el programa de Los niños catedráticos. Lo conocí más tarde. Yo estudiaba en la Facultad de Derecho en San Ildefonso. Monsiváis y José Emilio Pacheco eran alumnos de la vecina Preparatoria Nacional. Ambos se acercaron, por ese proceso de imantación que llamamos "simpatía", a los alumnos de jurisprudencia que publicábamos, amparados por el maestro Mario de la Cueva, la revista Medio Siglo. Allí aparecieron, si no me equivoco, textos primeros de Monsiváis y Pacheco. Los unía a nosotros la amistad compartida con Sergio Pitol quien (como yo, más que yo) se acomodaba mal a los estudios y prácticas juristas.
Monsiváis, en cambio, tenía clara la visión de sí mismo. Podíamos, él y yo, parearnos en literaturas contemporáneas. Pero Monsiváis tenía un conocimiento asombroso de la poesía mexicana de los siglos diecinueve y veinte. Competía con Gabriel García Márquez en recitar de memoria a los poetas grandes y pequeños. Añado "pequeños" no por insignificantes, sino porque formaban parte del vasto mundo del acontecer cotidiano, cuyo porvenir desconocemos. Acaso por una suerte de simpatía a la vez anticipada y, por si acaso, histórica, Monsiváis reunía con inmenso interés y cariño letras de boleros, periódicos antiguos, revistas desaparecidas, caricaturas políticas, monos y monerías. Todo lo que cobró presencia histórica en su personal museo de El Estanquillo.
Me inquietaba siempre la escasa atención que Carlos prestaba a sus dietas. La Coca-Cola era su combustible líquido. No probaba el alcohol. Era vegetariano. Su vestimenta era espontáneamente libre, una declaración más de la antisolemnidad que trajo a la cultura mexicana, pues México es, después de Colombia, el país latinoamericano más adicto a la formalidad en el vestir. Creo que jamás conocí una corbata de Monsiváis, salvo en los albores de nuestra amistad.
Compartimos una pasión por el cine, como si la juventud de este arte mereciera memoria, referencias y cuidados tan grandes como los clásicos más clásicos, y era cierto. La frágil película de nuestras vidas, expuesta a morir en llamaradas o presa del polvo y el olvido, era para Monsiváis un arte importantísimo, único, pues, ¿de qué otra manera, si no en el cine, iban a darnos obras de arte Chaplin y Keaton, Lang y Lubitsch, Hitchcock y Welles? Y no se crea que el "cine de arte" era el único que le interesaba a Carlos. Competía con José Luis Cuevas en su conocimiento del cine mexicano y con el historiador argentino Natalio Botana en películas de los admirables años treinta de Hollywood.
Juntos, presentamos hace un año diez películas que juzgamos las mejores de todos los tiempos -del Amanecer de Murnau a Cantando bajo la lluvia de Kelly y Donen-. Pero enseguida nos dimos cuenta de la injusticia e insuficiencia de tal selección. ¿Dónde quedaban Antonioni y Bergman, Rogers y Astaire, el cine de gánsteres, los westerns que Alfonso Reyes calificaba como "la épica contemporánea"? ¿Y dónde, Juan Orol y Rosa Carmina; dónde las cejas actuantes y activas de María Félix y Dolores del Río; dónde los parlamentos inescrutables de Arturo de Córdoba y la inventiva popular de Clavillazo?
Recuerdo estas pasiones de Monsiváis porque formaban parte de su vasto apetito, su fantástica asimilación de todo, añado, lo que el mundo "oficial" desconocía o desdeñaba. Curioso hasta las cachas de lo que sucedía en el mundo político, Monsiváis separaba muy bien la autenticidad de las apariencias y de éstas se burlaba con un humor que desnudaba a los pomposos, desmentía a los mentirosos y señalaba a los criminales. Creo que nadie, en la sociedad mexicana contemporánea, escapó a la mirada, irónica, solidaria, burlona, camarada, de Carlos Monsiváis. La ridícula respuesta de Vicente Fox a la muerte del escritor lo comprueba.
En 1970, estrené una obra mía, El tuerto es rey, en el teatro An-der-Wien de la capital austriaca. Monsiváis, hilarante, me dijo en el intermedio que había en la sala dos o tres espías del presidente Gustavo Díaz Ordaz porque el mandatario imaginaba que el título se refería a él. Típico error de la presunción política, que causó una risa incontenible cuando se lo conté a la actriz María Casares y al director Jorge Lavelli. Con mi amiga Caroline Pfeiffer, que era representante de gente de teatro y cine, viajamos a Italia y presenciamos la filmación de La muerte en Venecia de Thomas Mann. Dirigía Luchino Visconti y, después de saludarlo, Monsiváis miró al Adriático y prometió no lavarse más la mano. Seguimos a Milán, donde una confusión enredó a Carlos con una manifestación de comunistas, y a París, donde lo invité a vivir en el apartamento que yo ocupaba en la Isla St. Luis. Juntos fuimos, guiados siempre por Caroline, a la casa de campo de Alain Delon, quien nos sentó dos días a ver el Mundial de fútbol en la tele y, de regreso a París, fuimos juntos también a visitar a Pablo Neruda en el hotel del Quai Voltaire.
Neruda estaba en cama, empijamado, fatigado tras asistir al entierro de Elsa Triolet, la mujer de Louis Aragon. La conversación Neruda-Monsiváis fue muy singular.
-¿Cómo se encuentra? -le preguntó Neruda a Monsiváis.
-Sucede que me canso de ser hombre -contestó Carlos.
Al principio, Neruda no registró la cita.
-¿Y qué hace en París? -continuó Pablo.
-Juego todos los días con la mar del universo. -Citó Monsiváis, y Neruda, cayendo en el juego, se rió y decidió continuarlo, hasta la pregunta a Carlos:
-¿Y qué escribe ahora?
-Los versos más tristes.
-¿Cuándo?
-Esta noche.
Ingenio rápido, cultura profunda, mirada penetrante, referencia oportuna, melancolía escondida, regocijo siempre.
¡Qué falta nos harán todas estas características del grande y único Carlos Monsiváis!

domingo, 20 de junio de 2010

CARLOS MONSIVÁIS, "in memoriam". Artículo sobre los feminicidios de Ciudad Juárez

Carlos Monsiváis
Los feminicidios de Ciudad Juárez
"Ni una más"

La consigna se dispersa entre bailarines, actores, actrices, cantantes, artistas plásticos, escritores. El tema de la pandemia criminal en Ciudad Juárez, con 10 años de existencia inocultable, penetra en los sectores artísticos y culturales del país, y se vuelca en la solidaridad específica y en las frustraciones ante el avance limitadísimo o nulo de las investigaciones. Todo lo acumulado: las protestas, las versiones artísticas de los hechos, las movilizaciones de las madres y los familiares, las marchas en Juárez, las denuncias de organismos internacionales, comisiones de Derechos Humanos y de ONG, las imágenes estrujantes de jóvenes muertas o desaparecidas, el crecimiento exponencial de artículos y ensayos de denuncia; todo lo desatado en respuesta a la pandemia criminal es muy efectivo al humanizar la protesta, y es todavía mínimo, porque los asesinatos aunque disminuidos continúan, persisten la intolerancia y la agresividad del gobierno de Chihuahua, y se robustece la ineficacia del gobierno federal. Falta ver si hechos recientes como la renovación de la Fiscalía Especial y el alud de exigencias de justicia modifican el panorama, y aclaran el hecho delincuencial más terrible y extremo de la historia de México.
¿Cuáles son las consecuencias del fenómeno criminal de Ciudad Juárez? Entre las más relevantes encuentro las siguientes:
El fracaso de la política. Dos gobernadores sucesivos, Francisco Barrio y Patricio Martínez, y sus respectivos procuradores de Justicia han desplegado una incapacidad descollante. Declaraciones en abundancia, enojos ante los medios, emisión cíclica de cifras engañosas y falsas, discusiones vacuas sobre la soberanía del estado de Chihuahua, etcétera, etcétera, marcan el nivel de los funcionarios, alborozados ante su demagogia, sus promesas e, incluso, su fabricación de culpables. A esto debe añadirse la ineptitud de los partidos políticos que, o defienden con vulgaridad a sus gobernadores (PAN y PRI), o carecen de la presencia suficiente como para decidir los cambios necesarios (PRD).
El desarrollo de las perspectivas de género. Los crímenes han vigorizado las tesis y reclamaciones feministas en lo tocante a la violencia contra las mujeres. Las estadísticas son categóricas. Así, por ejemplo, en cerca de 50% de los hogares mexicanos, hay episodios de violencia machista; y cunden los feminicidios en Reynosa, Nogales, Guadalajara, Querétaro, el Distrito Federal (y en América Latina). A algunos de estos señalamientos respondió hace unos meses el procurador de Justicia de Chihuahua: "En la entidad hay más hombres asesinados que mujeres". Sí, pero las cifras admiten un complemento: en México, una de cada nueve víctimas de asesinato es mujer, en Ciudad Juárez son cuatro de cada 10. Por lo demás, en Ciudad Juárez se intensifica la conciencia feminista, tanto en las expresiones de quienes reclaman justicia como en la sociedad en general.
La tardanza de los medios. Durante varios años, los medios informativos reaccionaron tarde y mal a la secuela de cadáveres, y a las constancias de torturas y violaciones, y se propusieron a ocultar el fenómeno en la sección de nota roja, o simplemente no lo registraron. Ante la continuidad de la tragedia y la intensificación de la protesta internacional, tal estrategia dejó de ser posible. Sin embargo, el análisis mediático es todavía parcial o defectuoso, aunque ya no se ocultan los hechos ni los disminuye, y alcanza parcialmente a la televisión.
Las deficiencias de la legislación. Bajo presión se han modificado las leyes, aumentándose las penas en caso de violación o asesinato; sin embargo, no hay todavía la legislación específica sobre desapariciones, como anota Jenaro Villamil. Ante la presión de las familias, lo común es la displicencia de la policía: "Cuando pasen dos semanas empezaremos a buscar a su hija. Es un plazo prudente". Debe atenderse en la ley la urgencia de las reclamaciones.
El peso de la semántica. A partir de la insistencia de algunas madres, se usa ya feminicidio, al ser homicidio, obviamente, algo que sólo afecta a los hombres. Sin embargo, feminicidio, expresión política y lingüísticamente correcta, es descriptiva y no connotativa, y por eso convendría acudir al término crímenes de odio, incorporado hace unos años a la legislación estadounidense. El crimen de odio se dirige contra una persona que el asesino no conoce previamente, y que le resulta destruible por su género (las mujeres), su orientación sexual (los gays), o su condición étnica (los indígenas). Lo determinante es el carácter indiferenciado de la persona asesinada, y el criterio a fin de cuentas siempre racista: en el momento del crimen, la víctima pertenece a una raza "inferior".
Creo que los feminicidios corresponden estrictamente a los crímenes de odio, expresión jurídica cuya aplicación ayudaría jurídica, política y étnicamente a señalar el rechazo estatal y social del prejuicio, y sus consecuencias mortíferas.
La comprobación de la ineficacia y las corrupciones del Poder Judicial. Sobre esto no hace falta extenderse y basta señalar los desaciertos (fórmula muy benévola) de las procuradurías de Justicia.
La amplitud de la solidaridad civil. Es notable la variedad de apoyos a las ONG de Ciudad Juárez y a las madres y las parientes de las víctimas. Al verse afectadas en lo central, las madres en especial participan con denuedo porque, en sus palabras, "lo fundamental ya lo hemos perdido, nuestras hijas, y podemos ganar la justicia". En esto, continúan el ejemplo de las madres de la Plaza de Mayo y del Comité Eureka de Rosario Ibarra. En conjunto, las ONG, no obstante sus pleitos internos y sus contradicciones, son un elemento significativo en la tarea de reconstruir o construir el estado de derecho.
El debate sobre la destrucción del tejido social. A diario, es posible oír o ver debates sobre lo de Ciudad Juárez, con la sentencia inapelable: asistimos a la destrucción del tejido social. Posiblemente, pero es también adecuado señalar la centralidad del narcotráfico y el ímpetu de los privilegios del capitalismo salvaje. Lo innegable es la serie de consecuencias negativas (las más) y positivas de la pandemia criminal. En el caso de las segundas, se encuentran la reconsideración del valor de la vida humana, la implantación de una mentalidad feminista y el arraigo de la solidaridad. Por lo demás, el tejido social comienza a desintegrarse cuando la sociedad ratifica su impotencia absoluta, ante la impunidad, el otro nombre del poder.
El desarrollo de la ecología del miedo. Como elemento poderoso, el miedo, la incertidumbre cotidiana, sobre la seguridad personal se ha entronizado en Ciudad Juárez, donde muchos protestan contra la demonización de su hábitat. Tienen razón: ninguna ciudad es asesina en sí misma. Sin embargo, las comprobaciones del miedo o el pavor influyen tristemente en la cultura urbana y en la desconfianza generalizada hacia Ciudad Juárez (si no queremos hablar de satanización).
¿A quién se dirige la protesta, la cólera? En primer término, a los asesinos, pero al carecer éstos de rostro y ubicación, se encauzan a los gobernadores, la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua, los cuerpos de seguridad pública, el gobierno federal, la Secretaría de Gobernación, la frivolidad de los medios, la frialdad o la lejanía de las instituciones religiosas. ¿De qué sirve todo esto? ¿Y qué es lo dominante: la certeza de la impunidad o la misoginia criminal? Creo que lo primero, por las señas de identidad de la pandemia. Lo que más se propaga es el gozo de matar sin consecuencias, y al garantizarse la impunidad, la misoginia desata su dimensión frenética.
Con todo, observo un gran avance: los hallazgos de la fosa común ya se incorporan a la conciencia social de modo irreversible.

Carlos Monsiváis

26 de octubre de 2003

PRENSA (1). 20 junio 2010

En "El País":

1. Asfixia. Columna de Manuel Vicent.

2. Portugal llora y el Vaticano ataca. Por Francesc Relea y Miguel Mora. José Saramago recibe el homenaje de sus compatriotas - El diario oficial de la Santa Sede denuncia con dureza el "marxismo" y la "ideología antirreligiosa" del Nobel. Cuando la atmósfera tiembla, por Manuel Rivas. Agujero sin fondo, por Juan Gelman.

3. Historia de una cara 'Cabeza'. Reportaje de Antonio Jiménez Barca. Un coleccionista asiático compra por 43 millones una de las pocas esculturas de Modigliani - La obra se exhibió en el Salón de Otoño de París de 1912. 

4. DOSSIER CARLOS MONSIVÁIS. Muere el cronista Carlos Monsiváis. Por Salvador Camarena. México pierde una de las voces más lúcidas e implacables de su literatura. Los gatos y la libertad, por Pablo Ordaz. Antología de su obra, por Jordi Soler. Conciencia crítica, por José Emilio Pacheco.

5. Corre, corre... pero no hacia la nevera. Reportaje de Lola Galán. El ejercicio físico está cada vez más de moda, para satisfacción de los médicos, pero, ¿sirve para adelgazar? - Los expertos discrepan.

6. La izquierda del siglo XXI. Artículo de Ignacio Urquizu, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Intervención en el seminario What's left? Next left, organizado por la Fundación 'Rafael Campalans' y la 'Fundación Europea de Estudios Progresistas'.

7. Paradojas de la política moderna. Artículo de Norman Birnbaum, catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de Juan Ramón Azaola.

8. Turquía: la encrucijada de caminos. Artículo del escritor Juan Goytisolo. La UE sigue cerrándole sus puertas a un país indispensable como puente hacia el mundo musulmán. Pese a ello, su crecimiento económico y una activa política en Oriente Próximo ya lo hacen una potencia emergente.

9. Verano Santo. Columna del escritor Justo Navarro.