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sábado, 12 de abril de 2014

PRENSA CULTURAL. Sobre los cuentos de José Hierro

Autorretrato de José Hierro, realizado en 1992. ("El País")

   En "El País":
EL LIBRO DE LA SEMANA

Atención: un cuentista

La reunión de los relatos de José Hierro sitúa a un poeta canónico entre los narradores significativos de los años cincuenta, una época de esplendor del cuento español

 13 JUL 2013

Hasta la aparición de este volumen, apenas sabíamos nada de los cuentos de José Hierro, y ello a pesar de que entre 1941 y 1963 hubiera escrito o publicado 17 narraciones, y luego una más, siete de las cuales permanecían inéditas. Por tanto, sorprende su ausencia en todas las antologías que se editaron a lo largo de la posguerra, pues ni siquiera aparece en la de Francisco García Pavón.
Buena prueba del interés que José Hierro mostró siempre por la narrativa es que en una entrevista realizada en 1981, tras diversos alegatos en favor de la novela, afirmara que lo mejor que había escrito fuera el cuento ‘Quince días de vacaciones’, opinión difícil de compartir. A su manera, José Hierro fue un narrador realista (aunque no falten en sus relatos diálogos absurdos, espacios simbólicos, escenas grotescas o alegatos en pro de la fantasía), y aun cuando no guarde semejanza con los narradores de las dos primeras décadas de posguerra, debió de sentirse más cerca de los neorrealistas por su cuidada prosa y su manera a veces oblicua de encarar la realidad. De hecho, sus mejores relatos los escribe en los cincuenta. Unos cuantos parecen esconder un significativo componente autobiográfico, según se observa en ‘Ciudad Lineal’, sobre todo por la presencia y los efectos de la Guerra Civil,como se aprecia en ‘Quince días de vacaciones’. E incluso en ‘Parábola del viejo, el sol y la gaviota’ alguno de sus baqueteados personajes que han pasado por la cárcel, sorprendentemente la añoran, quizá porque en la calle estaban peor si cabe. Y aunque sus historias nunca tengan un componente estrictamente político, sí nos muestran situaciones que los censores no hubieran tolerado, tal como sucede en ‘Intimidad de ayer’. Acaso por ello el autor descartara recogerlos en un volumen.

A su manera, José Hierro fue un narrador realista
Las narraciones, que a veces recurren al desenlace sorprendente (‘El teniente coronel o quien mal anda mal acaba’), a menudo se valen del planteamiento clásico y de tipos inamovibles. Al igual que en su obra lírica, aquí encontramos, junto a componentes documentales, ciertos ribetes poéticos, aunque en distinta proporción en cada caso (‘El rival’ se halla más cerca del testimonio que de la mera ficción), adoptando a veces las hechuras del refrán, de los “cuentecillos románticos” o de la parábola. Así ocurre tanto en ‘Fresas de Aranjuez’ como en ‘El parque’. Este último cuento, uno de los mejores del conjunto, transcurre en un simbólico parque cuidado por un jardinero que, en ‘un instante irreal’, lo encuentra cambiado; no en vano durante la noche anterior ha habido una guerra. El resultado: han desaparecido árboles, estatuas y fuentes; al tiempo que surgían cráteres en la tierra, cuerpos mutilados, armas ensangrentadas y jirones de banderas... Entre los despojos halla dos cuerpos aparentemente intactos que entierra juntos, con sus correspondientes banderas. Pero al llegar el amanecer, acuden al lugar partidarios de ambos bandos, quienes se dirigen a sus difuntos empleando las mismas palabras. Al fin, unos niños descubren entre risas que el jardinero había trastocado las banderas. Y sin embargo, el protagonista se siente satisfecho porque así “estos hombres han rezado al muerto que no querían. Gracias a él una indescifrable armonía ha sido creada”. El relato cuestiona de manera simbólica el sentido de la guerra entre españoles, y puesto que el texto se publica en 1958, podemos pensar que el autor apoyaba la política de reconciliación nacional que el PCE defendía desde 1956.
Los cuentos de José Hierro muestran los avatares de la vida cotidiana, a la que el autor concede suma importancia, aunque siempre acabe surgiendo el conflicto, debido a la desconfianza, la ambición o el dinero, según puede observarse en ‘La esfinge’. Así, su literatura transmite la inutilidad de la rebeldía, ya que los personajes nunca alcanzan sus aspiraciones. Y aunque el conjunto resulte desigual, también destacaría ‘El obstinado’, una especie de poética en defensa de la imaginación, cercano en el tono a los relatos que componen Los niños tontos, de Ana María Matute. En él se cuenta la historia de una venganza, la que lleva a cabo el ángel que protege a los niños de los señores obstinados incapaces de entender los juegos infantiles, el mundo plagado de fantasía de los hijos.
Confío en que, a partir de ahora, primero los lectores, pero también los estudiosos de la narrativa breve y los de la obra de José Hierro tengan en cuenta estas notables narraciones que habría que comparar con su poesía, pues no sería extraño que compartieran formas expresivas, fraseos e inquietudes vitales. La aparición de este libro debería convertirse en un acontecimiento literario, al situar a un poeta canónico entre los narradores significativos de los años cincuenta, allá cuando el cuento español vivía una época de esplendor.
 Cuentos reunidos. José Hierro. Prólogo de Santos Sanz Villanueva. Universidad Popular. San Sebastián de los Reyes (Madrid), 2013. 214 páginas.16 euros

jueves, 2 de septiembre de 2010

POESÍA. "Noviembre", de José Hierro (1922-2002)

José Hierro

NOVIEMBRE

Frente a la playa desierta,
oyendo caer la lluvia,
es como si hubiera vuelto
a llorar sobre mi tumba.

Baten las alas (las olas).
Arden sus llamas de espuma.
Aprisionan en sus dedos
la plata que las alumbra.

Todo está fuera del tiempo.
Pasan las nubes oscuras.
La arena, como una carne
sin tiempo, llora desnuda.

Los ojos ya no ven: sueñan.
No atinan con lo que buscan.
Las cosas están enfrente,
mas tienen el alma muda.

Se vertió el vino del ánfora
celeste de la aventura.
Ay alma, por qué volaste
con alas que no eran tuyas.

(De Quinta del 42 -1952-)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

POESÍA. "El libro", de José Hierro (1922-2002)

José Hierro

EL LIBRO

Irás naciendo poco
a poco, día a día.
Como todas las cosas
que hablan hondo, será
tu palabra sencilla.

A veces no sabrán
qué dices. No te pidan
luz. Mejor en la sombra
amor se comunica.

Así, incansablemente,
hila que te hila.

(De Quinta del 42 -1952-)

martes, 31 de agosto de 2010

POESÍA. "Epitafio para la tumba de un héroe", de José Hierro (1922-2002)

José Hierro

EPITAFIO PARA LA TUMBA DE UN HÉROE

Se creía dueño del mundo
porque latía en sus sentidos.
Lo aprisionaba con su carne
donde se estrellaban los siglos.
Con su antorcha de juventud
iluminaba los abismos.

Se creía dueño del mundo:
su centro fatal y divino.
Lo pregonaba cada nube,
cada grano de sol o trigo.
Si cerraba los ojos, todo
se apagaba, sin un quejido.
Nada era si él lo borraba
de sus ojos o sus oídos.

Se creía dueño del mundo
porque nunca nadie le dijo
cómo las cosas hieren, baten
a quien las sacó del olvido,
cómo aplastan desde lo eterno
a los soñadores vencidos.

Se creía dueño del mundo
y no era dueño de sí mismo.

(De Quinta del 42 -1952-)

lunes, 30 de agosto de 2010

POESÍA. "Para un esteta", de José Hierro (1922-2002)

José Hierro

PARA UN ESTETA

Tú que hueles la flor de la bella palabra
acaso no comprendas las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua que corre transparente
no has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte -agua y fuego- hermanadas
van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raíces ("Mi Obra", dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar,
"que es el morir", dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo ("Mi Obra", dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas.

(De Quinta del 42 -1952-)

domingo, 29 de agosto de 2010

PRENSA (1). 29 agosto 2010

En "El País":

1. ¿Periodismo sin periodistas? Reportaje de Mariangela Paone y Cristina Galindo. La publicación de los 'papeles de Afganistán' por Wikileaks abre debates sobre la información sin filtros - Poner vidas en riesgo es uno de los tabúes rotos.

2. "El nacionalismo es la peor construcción del hombre". Entrevista. Mario Vargas Llosa ha dedicado tres años a reconstruir la vida de Roger Casement, pionero defensor de derechos humanos, que protagoniza 'El sueño del celta'. Por Íker Seisdedos.

3. No me cuentes el final. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos.

4. En la penumbra de José Hierro. Artículo de Fanny Rubio, catedrática de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid.

5. Vivir en México: un daño colateral. Artículo del escritor Juan Villoro. Hace cuatro años el presidente Calderón inició la guerra contra la criminalidad vinculada a la droga. En esta escalada de violencia surgió el narcoterrorismo que ataca a la población civil y ha dejado más de 23.000 muertos.

jueves, 1 de julio de 2010

POESÍA. "El Muerto", de José Hierro (1922-2002)

José Hierro
El muerto
Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
no podrá morir nunca.

Yo lo veo muy claro en mi noche completa.
Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo,
muchos siglos de olvido y de sombra constante,
muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido
a la hierba que encima de mí balancea su fresca verdura.
Ahora el aire, allá arriba, más alto que el suelo que pisan los vivos,
será azul. Temblará estremecido, rompiéndose,
desgarrado su vidrio oloroso por claras campanas,
por el curvo volar de los gorriones,
por las flores doradas y blancas de esencias frutales.
(Yo una vez hice un ramo con ellas.
Puede ser que después arrojara las flores al agua,
puede ser que le diera las flores a un niño pequeño,
que llenara de flores alguna cabeza que ya no recuerdo,
que a mi madre llevara las flores:
yo quería poner primavera en sus manos.)

¡Será ya primavera allá arriba!
Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría
no podré morir nunca.
Pero yo que he tocado una vez las agudas agujas del pino
no podré morir nunca.
Morirán los que nunca jamás sorprendieron
aquel vago pasar de la loca alegría.
Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos
no podré morir nunca.

Aunque muera mi cuerpo, y no quede memoria de mí.

                                                                              De "Alegría". 1947