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domingo, 17 de enero de 2010

MARÍA MARTÍNEZ BURGOS (1º bachillerato) comenta la novela "Desde mi cielo", de Alice Sebold






María Martínez Burgos, alumna de 1º de bachillerato, ha leído Desde mi cielo, novela de Alice Sebold que pronto veremos en los cines.
Éste es su comentario:

Es diferente
Para mí, este libro ha resultado diferente a todo lo anteriormente leído. No es la típica historia sobre unos personajes a los que les ocurren cosas imposibles, interesantes o misteriosas. No es la típica novela de ficción ni de crítica, cómica o de culebrón; es simplemente una historia para que cada uno la haga suya.
Apenas tienen lugar acciones durante el libro, y aun así se llenan las más de 300 páginas. Tampoco es un libro exageradamente descriptivo, de esos que te aburres de leer, lo que no quita para que te sientas exactamente en el lugar narrado. Y por último tampoco es un relato que transcurra en un solo paisaje o muchas ciudades, sino que transcurre en un gran escenario que comprende el mundo entero.
¿Interesante? Pues bien, tan solo os diré que es una historia narrada en primera persona, sobre una dulce niña de 14 años, inteligente, sensata y buena, que está descubriendo lo que es el amor, lo que es el mundo cuando su vecino la viola y la mata.
En esta historia no se va tras el asesino, en esta historia no se busca venganza. Esta historia tan solo transmite el dolor de unos padres, los añicos de lo que fue una familia y cómo un hecho así puede cambiar tan radicalmente las vidas de tantas personas.
Susie, desde su personal “cielo”, seguirá los movimientos de su familia y amigos deseando estar con ellos, tocarlos, hablarles y sin poder hacer otra cosa que contemplar su impotencia y rabia.
Una niña que nunca supo lo que es el amor, una niña que tan solo fue tocada por las sucias manos de un asesino, una niña que sueña con repetir un beso, el único que tuvo y que jamás tendrá, una niña que nos cuenta su historia.
¿De verdad os lo vais a perder?

GRACIAS, MARÍA, POR TU COMENTARIO.

lunes, 4 de enero de 2010

BIBLIOTECA. "Desde mi cielo", de Alice Sebold



Cuando conocemos a Susie Salmon, sabemos que ya está en el cielo, en su nuevo hogar. Desde allí nos va a relatar, con la inconfundible voz de una adolescente de catorce años, una historia tan inquietante como alentadora: la de su propio asesinato a manos de un vecino y el proceso de recuperación por el que van a tener que pasar sus seres queridos.
Mientras Susie contempla cómo la vida continúa sin ella, también debe adaptarse a ese lugar llamado cielo, un refugio mágico donde halla todo lo que desea excepto lo más importante: reencontrarse con las personas a las que ama y viven en la Tierra.
Desde mi cielo es una historia asombrosa y de extraordinaria ternura que parte de una de las pruebas más dolorosas a las que, desgraciadamente, a veces tenemos que enfrentarnos: la pérdida de un ser querido. Pero es, también, un relato lleno de esperanza que nos habla del poder curativo del amor.

"Poética. Tierna. Terrorífica. Una novela que segrega de principio a fin un atmósfera mágica". LA VANGUARDIA
(Textos de la contracubierta)

Editada por Randon House Mondadori en su colección "DEBOLSILLO", tiene 327 páginas y está en la BIBLIOTECA.

En una entrada de este blog, del 1 de enero, podemos ver el tráiler de la película que va a estrenarse próximamente ("The Lovely Bones") y el principio del primer capítulo de la novela.
Añadimos aquí las líneas que anteceden a ese comienzo:

Dentro de la bola de nieve del escritorio de mi padre había un pingüino con una bufanda a rayas rojas y blancas. Cuando yo era pequeña, mi padre me sentaba en sus rodillas y cogía la bola de nieve. La ponía al revés, dejaba que la nieve se amontonara en la parte superior y le daba rápidamente la vuelta. Los dos contemplábamos cómo caía la nieve poco a poco alrededor del pingüino. El pingüino estaba solo allí dentro, pensaba yo, y eso me preocupaba. Cuando se lo comenté a mi padre, dijo: "No te preocupes, Susie; tiene una vida agradable. Está atrapado en un mundo perfecto".

viernes, 1 de enero de 2010

CINE. LITERATURA. "Desde mi cielo", novela de Alice Sebold




Dentro de unas semanas, se estrenará en nuestras pantallas "The Lovely Bones", película dirigida por Peter Jackson, y basada en la novela Desde mi cielo, de la escritora estadounidense Alice Sebold.

Aquí podemos ver el tráiler:



Además, éstas son sus primeras páginas:

Me llamo Salmón, como el pez; de nombre, Susie. Tenía catorce años cuando me asesinaron, el 6 de diciembre de 1973. Si veis las fotos de niñas desaparecidas de los periódicos de los años setenta, la mayoría era como yo: niñas blancas de pelo castaño desvaído. Eso era antes de que en los envases de cartón de la leche o en el correo diario empezaran a aparecer niños de todas las razas y sexos. Era cuando la gente aún creía que no pasaban esas cosas.
En el anuario de mi colegio yo había escrito un verso de un poeta español por quien mi hermana había logrado interesarme, Juan Ramón Jiménez. Decía así: "Si te dan papel rayado, escribe de través". Lo escogí porque expresaba mi desdén por mi entorno estructurado en el aula, y porque, al no tratarse de la tonta letra de un grupo de rock, me señalaba como una joven culta. Yo era miembro del Club de Ajedrez y del Club de Químicas, y en la clase de ciencias del hogar de la señorita Delminico se me quemaba todo lo que intentaba cocinar. Mi profesor favorito era el señor Botte, que enseñaba biología y disfrutaba estimulando a las ranas y los cangrejos que teníamos que diseccionar, haciéndoles bailar en sus bandejas enceradas.
No me mató el señor Botte, por cierto. No creáis que todas las personas que vais a conocer aquí son sospechosas. Ése es el problema. Nunca sabes. El señor Botte estuvo en mi funeral (al igual que casi todo el colegio, si se me permite decirlo; nunca he sido más popular) y lloró bastante. Tenía una hija enferma. Todos lo sabíamos, de modo que, cuando se reía de sus propios chistes, que ya estaban pasados de moda mucho antes de que yo lo tuviera como profesor, también nos reíamos, a veces con una risa forzada, para dejarlo contento. Su hija murió un año y medio después que yo. Tenía leucemia, pero nunca la he visto en mi cielo.
Mi asesino era un hombre de nuestro vecindario. A mi madre le gustaban las flores de sus parterres, y mi padre habló una vez de abonos con él. Mi asesino creía en cosas anticuadas como cáscaras de huevo y granos de café, que, según dijo, había utilizado su madre. Mi padre volvió a casa sonriendo y diciendo en broma que su jardín tal vez fuera bonito, pero que el tufo llegaría al cielo en cuanto hubiera una ola de calor.
Pero el 6 de diciembre de 1973 nevaba y yo atajé por el campo de trigo al volver del colegio a casa. Estaba oscuro porque los días eran más cortos en invierno, y me acuerdo de que los tallos rotos me hacían difícil andar. Nevaba poco, como el revoloteo de unas pequeñas manos, y yo respiraba por la nariz hasta que me goteó tanto que tuve que abrir la boca. A menos de dos metros de donde se encontraba el señor Harvey, saqué la lengua para probar un copo de nieve.
—No quiero asustarte —dijo el señor Harvey.
En un campo de trigo y en la oscuridad, por supuesto que me dio un susto. Una vez muerta, pensé que en el aire había flotado la débil fragancia de una colonia, pero entonces me había pasado desapercibida o había creído que venía de una de las casas que había más adelante.
—Señor Harvey —dije.
—Eres la mayor de los Salmón, ¿verdad?
—Sí.
—¿Cómo están tus padres?
Aunque yo era la mayor de la familia y siempre ganaba los concursos de preguntas y respuestas de ciencias, nunca me había sentido cómoda entre adultos.
—Bien —respondí.
Tenía frío, pero la autoridad que proyectaba su edad, y el hecho añadido de que era un vecino y había hablado de abonos con mi padre, me dejó clavada en el suelo.
—He construido algo allí detrás —dijo—. ¿Te gustaría verlo?
—Tengo frío, señor Harvey —respondí—, y mi madre quiere que esté en casa antes de que se haga de noche.
—Ya es de noche, Susie —replicó él.
Ojalá hubiera sabido que eso era raro. Yo nunca le había dicho cómo me llamaba. Supongo que mi padre le había contado una de las vergonzosas anécdotas que él veía sólo como amorosos testamentos para sus hijos. Era la clase de padre que llevaba encima una foto tuya a los tres años desnuda en el cuarto de baño de abajo, el de los huéspedes. Eso se lo hizo a mi hermana pequeña, Lindsey, gracias a Dios. Yo al menos me ahorré esa humillación. Pero le gustaba contar que cuando nació Lindsey yo tenía tantos celos que un día, mientras él hablaba por teléfono en la otra habitación, me bajé del sofá —él me veía desde donde estaba— y traté de hacer pis encima de la canasta. Esa historia me avergonzaba cada vez que él la contaba al pastor de nuestra iglesia, a nuestra vecina la señora Stead, que era terapeuta y cuyo parecer le interesaba, y a todo aquel que alguna vez exclamaba: "¡Susie tiene muchas agallas!".
"¡Agallas! —decía mi padre—. Deja que te hable de agallas", e inmediatamente se lanzaba a contar la anécdota de Susie-orinándose-sobre-Lindsey.
Cuando, más tarde, el señor Harvey se encontró a mi madre por la calle, dijo:
—Ya me he enterado de la terrible tragedia. ¿Cómo dice que se llamaba su hija?
—Susie —respondió mi madre, fortaleciendo su ánimo bajo el peso de lo ocurrido, peso que ingenuamente esperaba que algún día se aligerara, sin saber que sólo seguiría doliendo de nuevas y variadas formas el resto de su vida.
El señor Harvey dijo lo habitual:
—Espero que cojan a ese malnacido. Lo siento mucho.
Por aquel entonces yo estaba en el cielo reuniendo mis miembros, y no podía creerme su audacia.
—Ese hombre no tiene vergüenza —le dije a Franny, la consejera que me asignaron al entrar.
—Exacto —respondió ella, y dijo lo que quería decir sin más. En el cielo no se pierde el tiempo con tonterías.
El señor Harvey dijo que sólo sería un momento, de modo que lo seguí un poco más por el campo de trigo, donde había menos tallos rotos porque nadie atajaba por allí para ir o venir del colegio. Mi madre había explicado a mi hermano pequeño, Buckley, que el trigo de ese campo no era comestible cuando él le preguntó por qué nadie del vecindario lo comía.