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miércoles, 23 de marzo de 2016

PRENSA. "No creas todo lo que dicen de los ODM". Jan Vandemoortele

   En "El País":
RED DE EXPERTOS PLANETA FUTURO

No creas todo lo que dicen de los ODM

Se pretende hacernos creer que el mundo ha conseguido varios de los objetivos, como reducir a la mitad la pobreza extrema. Sin embargo, tal afirmación es incorrecta


LUSMORE DAUDA

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio están actualmente en el punto de mira. Los ODM contienen unas 20 metas que el mundo tiene que lograr este año. Los líderes de cada país se comprometieron, entre otros, a reducir a la mitad el hambre, la pobreza y la proporción de la gente sin agua potable entre 1990 y 2015. También a reducir la mortalidad infantil de dos tercios y la mortalidad materna de tres cuartos; y a asegurar que todos los niños del mundo estuvieran en la escuela primaria a finales de 2015.

Estadísticas bajo esteroides

Ahora, se afirma que un número de estas metas han sido alcanzadas. Supuestamente, se pretende que el mundo ha reducido a la mitad la cantidad de personas en situación de pobreza extrema, así como el número de personas sin acceso a agua potable. Sin embargo, estas afirmaciones son incorrectas. Si un universitario quisiera probar estos teoremas, nunca obtendría el diploma, simplemente porque los datos disponibles no le permitirían justificar tales afirmaciones. El discurso de que el mundo ha logrado algunas metas se repite seguido, incluso por personas que deberían saber mejor la realidad.
¡Es tan tentador abusar de las estadísticas para defender posiciones políticas o por propio interés! Ya hace más de un siglo, el poeta escocés Andrew Lang (1844-1912) entendió este peligro cuando escribía: “Ellos usan las estadísticas como los borrachos utilizan una farola, para apoyarse y no para alumbrarse”. En aquella mima época, el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) lo expresó de la siguiente manera: “Hay tres tipos de mentiras: mentiritas, mentiras y estadísticas”.

Progreso, sí. Metas alcanzadas, no

Según los datos disponibles y fiables, el mundo logrará una sola meta al final de 2015. Es el objetivo de que haya tantas niñas como niños en la escuela primaria. Y esta es sólo media victoria. La triste realidad es que unos 50 millones de niños en el mundo todavía no están matriculados en la escuela y que la calidad de la educación sigue siendo pobre.
Esto no quiere decir que no se hayan logrado avances desde 1990, ni mucho menos. Hoy en día, hay menos pobreza, hambre y analfabetismo en el mundo que hace 25 años. La mortalidad infantil y materna ha bajado. Más personas tienen acceso a agua potable, mosquiteras y medicamentos contra el sida. Pero esto no es una justificación para dar un panorama color de rosa a los ODM. Sobre todo cuando sabemos que el progreso fue acompañado por la creciente desigualdad, de manera que las personas más pobres gozan de poco o nada de ese progreso.

¡Es tan tentador abusar de las estadísticas para defender posiciones políticas o por propio interés!
Los objetivos supuestamente alcanzados tienen una cosa en común: no son objetivamente observables. Dado que aquellos en materia de pobreza y agua potable son difíciles de medir, es imposible determinar con algún grado de exactitud cuántas personas escaparon de la miseria o a cuántos se les ha dado acceso al agua potable. Echemos un vistazo a cómo las estadísticas pueden conducir a afirmaciones sin fundamento.

Pobreza

El Banco Mundial publica estadísticas sobre el número de personas pobres en los países en desarrollo. Esto se hace basándose en la línea de pobreza de vivir con menos de 1,25 dólares al día, expresada en el poder adquisitivo de un dólar en EE UU en el año 2005. El hecho de que estas estadísticas se citen a menudo podría sugerir que son robustas. Pero no lo son. Hace unos años, el Banco Mundial revisó sus estimaciones, lo que resultaba en un aumento de más del 40% de pobres en el mundo. Una corrección de esa amplitud no puede ser considerada como un refinamiento estadístico. Por el contrario, confirma que la medición de la pobreza en el mundo es muy difícil, si no imposible. Varios expertos de universidades de renombre han demostrado de manera convincente que las estadísticas de la pobreza mundial son poco fiables; y, de hecho, pueden ser hasta engañosas.
Las estadísticas de la pobreza mundial son problemáticas porque no se basan en observaciones directas. La desnutrición, por ejemplo, se puede determinar directa y objetivamente, midiendo la estatura, el peso y la edad del niño. Pero la observación directa no permite determinar si ese niño vive por debajo del umbral de la pobreza extrema de 1,25 dólares al día. Eso requiere una gran cantidad de información, cálculos detallados, modelos complejos y numerosos supuestos. Por ejemplo, conocer el valor de la producción para uso propio, el alquiler de la casa propia auto-ocupada, la distribución nacional del ingreso, la paridad del poder adquisitivo de la moneda nacional; y así sucesivamente. En última instancia, todas las estimaciones obtenidas contendrán los errores y las suposiciones falsas que se hacen en el proceso de cálculo. Ya que se basan en la suposición ingenua de que los hogares asignan sus recursos en partes iguales entre los miembros de la familia y que el ingreso familiar puede aumentar debido a más trabajo infantil. Lo que hace que estas estadísticas no solamente sean incorrectas sino también engañosas.
La afirmación de que la pobreza mundial se redujo a la mitad tiene que ver más con la forma en que se mide la pobreza que con lo que se puede observar directamente. Todo esto se hace para poder afirmar una posición deseada o llegar a una conclusión preconcebida. Esto confirma lo que el economista británico Ernst Schumacher argumentó en su libro Small is Beautiful (1973): “La medición de lo inconmensurable es un método complicado para llegar a conclusiones predeterminadas”.

Agua Potable

Otra afirmación basada en suposiciones erróneas es que el mundo ha alcanzado la meta sobre el agua potable. El acceso se mide a través de encuestas a las familias. Pero estas no comprueban la calidad del agua. Las preguntas sólo distinguen dos categorías de fuentes de suministro de agua: las fuentes mejoradas y las fuentes tradicionales. La primera incluye agua por tubería, grifos y bombas de titularidad pública, pozos protegidos y sistemas de recolección de agua de lluvia. Las tradicionales son los pozos sin protección, aguas superficiales y agua de camiones. Se supone que todas las fuentes mejoradas proveen agua potable porque, supuestamente, estas protegen el agua de la contaminación desde el exterior.
Hasta hace poco, no había datos disponibles sobre la calidad del agua que la gente consume. El Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) van cerrando esta brecha de información. Sus datos demuestran que la contaminación microbiológica del agua se da con mucha frecuencia; sucediendo también en la obtenida de fuentes mejoradas.

El progreso en la reducción de la pobreza y el acceso al agua potable no es tan de color de rosa como se pinta
Si las estadísticas globales sobre el acceso a fuentes mejoradas de agua se corrigen por la mala calidad del agua, bajaría considerablemente el porcentaje de la población mundial con acceso a agua potable. Estos datos niegan la afirmación de que el mundo ha logrado la meta, pero la historia que prevalece ignora que muchas fuentes de suministro de agua potable dan agua contaminada, para poder fabricar el falso argumento del éxito de este objetivo.
En definitiva, el progreso en la pobreza y el agua potable (y otros ODM) no es tan de color de rosa como se afirma. Debemos ser honestos y admitir que no todas las estadísticas son suficientemente robustas; y que algunas son muy imperfectas. Afirmar que el mundo ha alcanzado varios objetivos puede ser tranquilizador para algunos, pero es irresponsable.

África

El discurso predominante afirma que el progreso en África subsahariana va a la zaga. Esto también es una verdad a medias. No es menos rápido que en otras partes del mundo; todo lo contrario. En muchas áreas, la situación en África ha mejorado más rápidamente que en otros lugares. Desde 1990, por ejemplo, la tasa de matriculación en la escuela primaria ha aumentado 2,5 veces más velozmente en África que en otras parte del planeta.
Por supuesto, África no alcanzará los ODM, ya que la región comenzó a partir de un nivel de desarrollo humano mucho más bajo. Sin embargo, echar la culpa a este continente de que el mundo no va a alcanzar todos los ODM es totalmente injustificado.
La pregunta que debe plantearse no es si África va a lograr o no los ODM, sino si África ha contribuido proporcionalmente, con su parte, al progreso mundial. Y ese es, ciertamente, el caso. De hecho, los Objetivos de Desarrollo del Milenio son colectivos, para ser alcanzados por todos los países juntos. No están diseñados para ser conseguidos por cada país individualmente. Que África no logre los ODM no quiere decir para nada que el mundo no pueda. En Inglés suena así: Africa is not missing the targets, we are missing the point. El punto es: no es que África no esté alcanzando las metas, es que nosotros no llegamos a entenderlas de una manera correcta.
Jan Vandemoortele es doctor en Economía y es considerado padre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

viernes, 12 de junio de 2015

PRENSA. Sobre los objetivos de desarrollo sostenible

   En "El País":

El futuro se oculta tras los hombres y mujeres que lo hacen hoy

¿Seremos capaces de erradicar esos males de la desigualdad que hoy perviven y nos avergüenzan y de construir un mundo mejor para 2030?


SONIA MACKAY


Lo mejor sería no preocuparse tanto del futuro y pelear todo lo que se pueda en el presente, decía el pacífico Gandhi. Aun así, muchas veces no es posible arrancar en el presente sin marcarse unos objetivos para el futuro, por lo menos un futuro abarcable de unos pocos lustros. Se intentó con los Objetivos del Milenio, con la lista de deberes que debían cumplir los países miembros de la ONU antes de 2015, y se intentará otra vez para 2030, bajo la fórmula de Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se discutirá y aprobará el próximo mes de septiembre.
15 años es justo el espacio que lleva a un niño o niña a convertirse en hombre o mujer: el tiempo suficiente para que un adulto se plantee si ha valido la pena su esfuerzo, si lo que hace tiene algún sentido y si lo que ve a su alrededor justifica la esperanza o el pesimismo. Tres lustros para que en 2030 comprobemos, como comunidad internacional, si se ha logrado avanzar realmente, de manera consistente y definitiva, en la erradicación de males que ya hoy, 15 años antes, sabemos que son superables y que, por ello, nos avergüenzan: la pobreza extrema, la no escolarización, la discriminación de las niña y mujeres, el imposible acceso a un sistema sanitario que garantice una vida sana, sociedades inseguras en las que la justicia no existe o esta corrompida y en las que la prosperidad se basa en estructuras económicas tan injustas que resultan insultantes para la dignidad. 15 años para hacer frente a lo que ya sabemos, que el cambio climático es un hecho y que los ecosistemas no pueden ser destruidos de balde.
Anatole France escribió que el futuro está oculto detrás de los hombres y mujeres que lo hacen. El autor no era un hombre optimista, pero, precisamente porque creía en eso, podría haberlo sido. Porque si el futuro está oculto detrás de los hombres y mujeres que lo hacen, que lo están haciendo, cabe la esperanza, hoy precisamente, más que hace 20 o 30 años, porque esos hombres y mujeres son hoy más críticos, están más abiertos a la discusión y a la novedad, más convencidos de que existen los instrumentos necesarios para hacer posible esos cambios y que todo estriba en la voluntad, en el deseo político inquebrantable de que las cosas lleven a una vida decente, una palabra que implica un magnifico objetivo, para el conjunto de la humanidad.
El futuro está, pues, oculto detrás de las mujeres que, por primera vez en la historia de Afganistán, llevaron a hombros el féretro con los restos de Farkhunda, en los pocos cientos de hombres y mujeres que se manifestaron en las calles de Kabul exigiendo que se castigue a sus linchadores. El futuro está oculto detrás de las decenas de miles de mujeres y de hombres que han iniciado en India un movimiento imparable contra la brutal discriminación de las niñas y mujeres y contra la impunidad de la violación. ¿Quién hubiera hablado de ello hace diez años?, ¿Quién dejara hoy de hablar de ello? India, una extraña democracia en la que se consiente la vejación y humillación de la mitad de la población con total impunidad, comienza a removerse, no por presiones de una comunidad internacional que permaneció siempre cruelmente impasible, sino por la acción de sus propios ciudadanos, de sus mujeres, especialmente, pero también de hombres que no pueden soportar ya tanta atrocidad machista.

No es tanto observar el mundo con ojos optimistas, como estar atento al cambio, escuchar cuidadosamente el runrún que suena delante nuestro
El futuro está también en algunas sentencias, como la emitida por el Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos, que mantiene que nada puede eximir a una compañía de responsabilidad en los casos en los que se vulnere el derecho de gentes. El fallo, que está considerado como uno de los más importantes en el campo del derecho internacional, se emitió el año pasado en el llamado Doe vs.Nestlé USA, inc, y establece que la compañía multinacional tuvo responsabilidad en la explotación de mano de obra esclava en plantaciones de cacao en Costa de Marfil, incluso si Nestlé USA no era la dueña de las plantaciones ni controlaba directamente las condiciones laborales locales. Horatia Muir Watt, directora del Global Governance Studies de la Universidad de Paris, explica que esa sentencia es fundamental y que “debe ser interpretada en términos de responsabilidad social, acceso de las víctimas a la justicia y de un horizonte político en el que la búsqueda del beneficio y de la eficiencia del mercado debe quedar equilibrada con otros valores”.
¿Los tres jueces de la Corte de Apelaciones son tres personas tras la que se ocultó el futuro? Seguramente. Lo está también tras los primeros dirigentes chinos que afrontan los problemas ecológicos que plantea el despegue económico-industrial del país más poblado del mundo. Se dice que el futuro de todos depende de la estabilidad de China en los próximos 15 años, pero la estabilidad de su progreso económico no será posible sin esos hombres y mujeres que han empezado ya a luchar para, en un horizonte de 15 años, promover un sistema de protección social más satisfactorio, unos sindicatos poderosos y una reglamentación que haga que el medio ambiente soporte los cambios de forma sostenible. Afortunadamente, esos hombres y mujeres están ahí, peleando en el presente y ocultando tras sus espaldas el futuro de todos nosotros.
No es tanto una cuestión de observar el mundo con ojos optimistas, como de estar atento al cambio, de escuchar cuidadosamente el runrún que suena delante y al lado nuestro. Si nos atenemos a las cifras, la vida es algo más decente que lo era en 1990, ha disminuido a la mitad la pobreza extrema (aunque hay bastante polémica sobre la interpretación de esos datos), más personas tienen acceso a agua potable, ha bajado la mortalidad infantil, más niños y niñas reciben educación primaria, más mujeres son conscientes de que tienen derechos, se han hecho avances en la cura de enfermedades que antes no merecían la menor atención. Todos estos datos son positivos, pero tan insuficientes, que difícilmente pueden marcar la pauta. Es otra cosa lo que alienta la esperanza: los hombres y mujeres que piensan y actúan. Están ahí. Y cada día son más.