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jueves, 11 de junio de 2015

PRENSA. "El reciclaje de la ropa que ya no queremos·

   En "El País":

El reciclaje de la ropa que ya no queremos

Europa desecha cerca de seis millones de toneladas de textiles al año. Solo un 25% de esa ropa es reutilizada

En la planta de reciclaje de Wolfen, Alemania, intentan darles una segunda oportunidad, mientras que el discurso de la sostenibilidad cobra relevancia en la industria de la moda


Almacén en el que se guardan las prendas que se revenden sobre todo en Europa del Este y África. / MATIAS SAUTER

Detrás de una camiseta hay entre 2.000 y 2.900 litros de agua. Es la cantidad necesaria para cultivar y procesar el algodón para confeccionarla. A la mezcla hay que añadirle una buena dosis de pesticidas y la emisión de partículas contaminantes a la atmósfera que acarrea el transporte de la prenda desde los lejanos países en los que se suele confeccionar. ¿Cuál es su expectativa de vida? Tres años… de media. La atracción de los consumidores occidentales por la moda rápida, alentada por una incombustible maquinaria de fabricación barata en China y otros países, se ha traducido en un incremento cada vez mayor de la cantidad de prendas que se compran y que, tras pasar un tiempo olvidadas en el fondo del armario, acaban en la basura.
En Europa, se desechan seis millones de toneladas de textiles al año. Solo un 25% son reutilizados, la mayoría tras pasar por plantas de reciclaje como la de la multinacional suiza Soex en Wolfen (Alemania). Aquí, la ropa que nadie quiere se clasifica para venderse en el mercado de segunda mano o transformarse en bayetas para limpieza y aislante para la construcción y el automóvil. “Salvamos a millones de prendas de morir incineradas”, explica Paul Dörtenbach, que trabaja para la empresa. “Buscamos el mejor destino posible para la ropa usada”.
Cada día llegan a esta nave 350 toneladas de prendas procedentes de toda Europa, recogidas en contenedores o en tiendas. Las ONG venden las que no necesitan a empresas de reutilización textil a cambio de un donativo (alrededor de dos euros por kilo) que destinan a financiar otros fines sociales. Las empresas también son clientes. Es el caso del grupo sueco H&M. En 2013 lanzó un programa de recogida y reciclaje de ropa con Soex para premiar a los clientes: por cada bolsa de ropa usada que llevan a la tienda, se les hace un descuento para comprar prendas nuevas. La firma de moda ha invitado a cuatro periodistas europeos a un recorrido por la planta, a unas dos horas en coche de Berlín, en territorio de la antigua RDA.

70 millones de toneladas de ropa se consumen cada año en todo el mundo, según Naciones Unidas
El proceso es laborioso. Los 800 empleados miran y clasifican, una y otra vez, las prendas. Las colocan según el tipo en diferentes cajones: pantalones, jerséis, camisetas, vestidos... Luego comprueban las que pueden ser usadas de nuevo y las que no. “Nos concentramos en separarlo todo para seleccionar lo que podemos reutilizar y vender en tiendas de segunda mano y lo que acabará en la trituradora”, explica Dörtenbach. La ropa siempre viaja en bolsas amarillas suspendidas en el aire y controladas por un ordenador que sabe en todo momento en qué etapa se encuentran.
La mitad de las prendas acabarán siendo reutilizadas. Un grupo de mujeres —“con sentido del estilo”, en palabras del ejecutivo— las escoge. “Esta parte de la planta es clave y las personas que trabajan aquí reciben dos meses de formación sobre moda y calidad de los tejidos: son todas mujeres, pero es por casualidad”, aclara. La ropa que puede tener salida en el mercado vintage es la más buscada. Es la más rentable, la que deja más margen y compensa el escaso retorno de otras vestimentas con menos personalidad. Al final, todo el textil recuperado se apretuja en grandes paquetes en un almacén gigante. Está listo para exportar, principalmente a las tiendas de Europa del Este y los grandes mercados de África (ropas de blancos muertos, como las llaman en Nigeria, Kenia y Tanzania).
El resto se somete a la trituradora. Los tejidos son descuartizados primero en una máquina grande y luego en otra más pequeña. Se mezclan y cortan a medida de las necesidades: fibra para la industria del automóvil, utilizada como aislante; una pelusa gris que se aprieta hasta formar una especie de ladrillo para forrar los techos de las casas; e incluso una mezcla que puede ser reutilizada para confeccionar ropa nueva. Un ejemplo muy directo: los vaqueros de Henrik Lampa, responsable de Sostenibilidad Medioambiental de H&M. Los pantalones forman parte de una pequeña colección de la firma sueca realizada en un 20% con algodón reciclado. “Los expertos siguen investigando y estoy convencido de que, en no mucho tiempo, ese porcentaje podrá aumentar sin mermar la calidad del tejido”, explica a los periodistas.


En esta máquina gigante, las prendas son totalmente destruidas. / MATIAS SAUTER
Como muchas otras empresas del sector, H&M se ha subido a la ola de lo ecológico o, por utilizar un término aún más de moda, lo sostenible. Primero fueron varias líneas de ropa orgánica y después el programa de reciclaje. La compañía, que se ha hecho famosa en el mundo por vender camisetas y vestidos a 10 euros, lo interpreta como un paso adelante para concienciar a los compradores de la importancia de preservar el medio ambiente. Para algunos críticos, se trata de una estrategia para vender más ropa y mejorar su imagen. “La decisión de comprar es del consumidor”, se defiende Lampa. “Queremos a nuestros clientes y somos una empresa rentable que tiene como objetivo hacerlo mejor que la competencia”, añade, “y creo que, además, podemos ayudar al medio ambiente”.
H&M ha recogido para el reciclaje 13.000 toneladas de ropa (un millar en España), volumen equivalente a 65 millones de camisetas, desde que hace dos años se lanzó el programa en 55 mercados, según los cálculos de Carola Tembe, que también forma parte del equipo de sostenibilidad de la empresa. “Queremos que sea fácil para el cliente encontrar moda sostenible. Un 45% de los consumidores busca activamente ropa respetuosa con el medio ambiente”, afirma. El grupo sueco, al igual que otras grandes cadenas de moda como Zara, su gran rival, ha estado en varias ocasiones en el punto de mira por las denuncias sobre las condiciones en las que trabajan los empleados de algunos de sus proveedores, especialmente en Asia. “Estamos haciendo grandes esfuerzos para controlar las fábricas a través de 70 auditores”, recuerda Tembe.
El discurso ecológico está cobrando cada vez más relevancia en la industria de la moda, ya sea por cubrir una demanda real, por cuestiones de imagen o por una combinación de ambos factores. “En los últimos diez años se ha convertido en una tendencia cada vez más popular, y va en ascenso. Ya no solo se trata de pequeñas marcas aisladas. Los consumidores son cada vez más exigentes en este sentido”, opina Franziska Schmid. Trabaja para uno de los grandes blogs de moda ecológica de Alemania, Lesmads, y es experta en lo que se conoce como moda vegana. Una prenda es vegana si no contiene material procedente de animales, como piel, pelo, lana, seda y plumas. “Una camiseta de algodón de H&M es vegana, como también los son las zapatillas Roshe Run de Nike; por accidente, siempre ha existido la moda vegana”, afirma Schmid. “Para mí hay tres factores importantes en cuanto a la moda: que sea un material orgánico o sostenible, que venga de comercio justo y que sea vegano”.

El cultivo de algodón es intensivo en agua. Para fabricar una camiseta de 250 gramos se necesitan 2.700 litros. Para unos vaqueros de un kilo se requieren más de 11.800 litros
La lista de empresas que se apuntan a esta tendencia crece. Puma y The North Face también tienen programas de reciclaje con Soex. El grupo español Inditex ofrece productos de algodón orgánico y detalla anualmente en su memoria de sostenibilidad (H&M hace lo mismo) los avances en su estrategia medioambiental, como por ejemplo la eficiencia energética. Además, se ha asociado con la cooperativa catalana Roba Amiga para mejorar la gestión de los residuos textiles y la construcción de una planta de reciclaje en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), inaugurada en enero de 2013. “Por las instalaciones pasan 4.000 kilos de ropa al año y 44 de los 59 empleados están en riesgo de exclusión social”, afirma su gerente, Chema Elvira.
El fenómeno no es nuevo. En la década de los setenta, el diseñador norteamericano Roy Halston Frowick creó un vestido realizado en un tejido sintético no biodegradable tipo ante, ultrasuede, que podría tomarse como ejemplo de moda sostenible y perdurable en el tiempo. Es poco probable que Halston tuviera en cuenta la preservación del medio ambiente cuando diseñó su popular modelo, pero el material era tan resistente que, aún hoy, se puede comprar uno de sus vestidos en el mercado vintage como si fuera nuevo. Pocos años después, el diseñador belga Martin Margiela empezó a realizar piezas únicas a partir de viejas prendas de vestir y otros objetos: jerséis hechos de retales de jerséis, vestidos confeccionados con cordones de zapatos…
El concepto de duradero suele estar en conflicto con uno de los grandes principios de la moda: moverse de forma compulsiva entre tendencias y estilos. “Normalmente, lo ecológico y el reciclaje se hacen por puro marketing. En el corazón mismo de la moda hay componentes antiecológicos, porque esta es intrínsecamente fugaz”, explica el sociólogo Pedro Mansilla. “Las marcas nos seducen para que compremos más y más. El ‘lo quiero’ acaba prevaleciendo en la gran mayoría de los casos, por mucha conciencia ecológica que tengan algunos consumidores. Lo que está calando más es el concepto de moda sostenible, también en el mundo del lujo. Ser sostenible está bien, porque no contaminamos, no explotamos a niños y, además, nos permite seguir siendo consumistas”, remata con ironía Mansilla.


Trabajadoras de Soex clasificando ropa. / MATIAS SAUTER
En el caso de la tendencia vintage se hace una excepción: “Es un fenómeno que se produce por una reacción frente a la gran mancha unificadora de las grandes cadenas, pero no creo que detrás esté la protección del medio ambiente”. Un caso similar puede ser la venta de objetos de lujo de segunda mano, como bolsos clásicos de grandes marcas, con descuentos. No parece que lo que impulse al comprador sea su amor por la naturaleza.
Sentado en la sala de reuniones de la planta de Wolfen, Henrik Lampa defiende la conciencia ecológica de H&M. No dispone de datos sobre cuántas prendas de la colección reciclada se han vendido. “Lo importante es que, poco a poco, se vea que esta ropa es también de calidad”, afirma presumiendo de nuevo de sus vaqueros, cuya fabricación requiere un 50% menos de agua y energía que unos normales. “Creo que debemos demostrar a los clientes que estas prendas pueden ser, además, divertidas”. Él parece convencido.

miércoles, 8 de abril de 2015

PRENSA. ÁFRICA. "Mujeres protagonistas de su cambio"

   En "El País":

Mujeres protagonistas de su cambio

Hay iniciativas, como los microcréditos, que las africanas de todo el continente saben aprovechar bien y usar para fortalecerse y sacar de la pobreza a sus familias. Como ejemplo, este programa en Uganda, Tanzania y Kenia

Un grupo de beneficiarias revisa sus microcréditos.
Un grupo de beneficiarias revisa sus microcréditos. / ÁFRICA DIRECTO

Emily recibió un microcrédito con el que empezó a envasar agua para vender. Luego pudo ampliar el negocio y comenzó con refrescos. Pagó el primer crédito y tuvo acceso a un segundo con el que compró ropa de segunda mano para ofrecerla en el mercado. Con la tercera ayuda que ha recibido ha comenzado a vender comestibles: judías, patatas, yuca…
Emily nos habla a través de Skype desde Yumbe, una población del norte de Uganda, cerca de la frontera con Sudán del Sur, en la presentación del proyecto PrestAD de la ONG África Directo que tuvo lugar en Madrid el pasado 25 de marzo.
Otra de sus compañeras cuenta que, gracias al primer microcrédito que recibió, pudo comprar pescado y cosas para la casa que empezó a vender en el mercado y, poco a poco, a medida que devolvía los préstamos, ha ido obteniendo otros para mejorar su actividad. Ahora, comenta, puede pagar el colegio de sus hijos y la familia come tres veces al día, no una como ocurría anteriormente.
El proyecto PrestAD se pudo en marcha hace cuatro años y desde entonces ha empoderado a decenas de mujeres dándoles la oportunidad de sacar adelante sus negocios y, con ello, la posibilidad de mejorar de forma sostenible sus condiciones de vida y la de sus familias.
José María Márquez, director de la ONG, comenta que en Yumbe han invertido ya 22.000 euros que proporcionaron varios donantes. "Esa cantidad ha sido devuelta junto a un pequeño interés y se ha vuelto a prestar, por lo que ahora hay 65.000 euros prestados. Hasta el momento se han concedido más de 1.000 créditos a unas 500 mujeres. ¿Por qué 1.000 con 500? porque algunas ya han repetido o incluso tripitido. Cuando tienen un crédito de 50 euros y lo devuelven ya pasan al siguiente que pueden ser 80 euros para aumentar el negocio".


Asamblea en una aldea de Yunde, Uganda. / ÁFRICA DIRECTO
Dice Márquez que en Uganda tienen un repago demasiado alto porque ha sido del 100 %, "lo cual a mí me asusta porque, por ejemplo, la última vez que estuve allí me decían que en una de las mujeres de un grupo de había muerto. Que esas cosas pasan, por supuesto, per en el momento en que falleció esta mujer, las otras cinco, como todas son garantes, han tenido que pagar el crédito de la sexta con lo que sacaban de su negocio. A mí me parece una exageración. No es eso lo que queremos pero los misioneros con los que trabajamos, de la congregación local Marian brothers,  dicen que es el modo en que ellas vean que se hacen responsables y que esto sigue porque cuando devuelven se lo podemos facilitar a otra persona que no ha tenido todavía acceso a un préstamo".
Una de las características de África Directo es que trabaja con voluntarios tanto en España como sobre el terreno, por eso el 100 % de las donaciones que recibe va a los proyectos. Junto a la financiación, la ONG proporciona a sus contrapartes locales voluntarios, que en este caso son jóvenes que terminan el Máster de Microcréditos para el desarrollo que organiza la Universidad Autónoma de Madrid en colaboración con la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (AECID) y el Instituto de Comercio Exterior (ICO). Los alumnos que se gradúan acuden a los proyectos de África Directo para hacer las practicas. "Todos los años hay un grupo de unos 20 estudiantes que terminan el máster y hacen sus prácticas o con nosotros en Madrid o sobre el terreno. Así tenemos estudiantes que van allí a apoyar el proyecto, a hacer la evaluación de impacto en un determinado lugar, un cuestionario para ver cuáles son los indicadores de pobreza y decidir a quién apoyar o a desarrollar programas en Excel para ver por dónde vamos…", comenta Márquez.
El programa de microcréditos tuvo sus inicios en Yumbe, donde la contraparte local son, como ya se ha señalado anteriormente, los Marian Brothers, y en estos cuatro años se ha extendido a Lamu, en Kenia, donde está dirigido, principalmente, a mujeres refugiadas procedentes de Somalia y la ONG Anidan actúa como contraparte local; y en Dar es Saalam, Tanzania, donde las religiosas de la congregación de Daughters of Mary Inmaculate supervisan el día a día del programa.

Presentación del proyecto que tuvo lugar el 25 de marzo en el Centro de innovación del BBVA.
Últimamente, también han comenzado un macro proyecto en Luri, en Sudán del Sur. El beneficiario es  un grupo de 100 familias a las que se les está ayudando a poner en marcha un proyecto agrícola. Ellas pagarán el crédito recibido con semillas que servirán para ayudar a nuevos grupos en la zona. En esta ocasión también cuentan con la colaboración de las Daughters of Mary Inmaculate.
La ventaja de trabajar con socios locales es que ellos están sobre el terreno, conocen el idioma, las costumbres y a las personas de la zona y por eso pueden hacer un seguimiento más eficaz y personalizado. Consecuentemente, el impacto del proyecto de microcréditos será mayor y más provechoso para los beneficiarios.
El director de AD ve los microcréditos "como forma, como utensilio, de lucha contra la pobreza". Por eso, comenta que trabajan sobre todo "con mujeres que tienen a su cargo una familia y que están bajo el umbral de pobreza, que son emprendedoras y que para sacar adelante sus familias, para poder mandar a sus hijos al colegio y tener por lo menos dos comidas al día, necesitan sacar adelante un pequeño negocio que va desde una tienda de frutas, o montar una peluquería o poner en marcha una pequeña farmacia".
Cuando se le pregunta que por qué dirigen el proyecto mayoritariamente a mujeres, Márquez no duda: "la mujer es madre, es la que se encarga de la familia. El hombre puede hacerlo también, pero tiene mucho más riesgo, sobre todo en África, donde no está preparado para encargarse de los suyos”.


Una mujer con su micro negocio de pescado ahumado y con su libreta del préstamo detiene una bici para dirigirse a más mercados donde vender sus productos. / ÁFRICA DIRECTO
Este proyecto se pudo lanzar gracias a las aportaciones de grandes empresas que donaron el capital inicial, pero ahora se abre a donantes individuales que pueden aportar pequeñas, o grandes, cantidades para ayudar a muchas más mujeres a ser protagonistas de sus vidas y de las de sus familias a través de microcréditos que les permiten poner en marcha un pequeño negocio. Se puede hacer entrando en la página de PrestAD donde, además, es posible conocer a muchas de las mujeres que son parte del proyecto.