En "El País":
1. Judt y los otros. Columna de Rosa Montero.
2. "Bianca, estoy vivo de milagro". Reportaje de Miguel Mora. Textos inéditos y una exposición recuerdan a Primo Levi en vísperas del Día de la Memoria. Turín reconstruye los años de juventud como partisano del autor de 'Si esto es un hombre'. TEXTO DE REFERENCIA: Katowice, 6 junio de 1945."Quedamos nosotros seis": (carta inédita de Primo Levi a Bianca Giudetti Serra).
3. "La lucha de clases se ha trasladado al interior de cada trabajador". Entrevista al filósofo Sidi Mohamet Barkat. Por J. M. Martí Font.
4. Internet también crea marginados. Reportaje de David Alandete. La brecha digital se ceba con pobres, mayores y población rural. No tienen acceso a gestiones que se han mudado al 'ciberespacio'.
5. Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma. Artículo del escritor Vicente Molina Foix.
6. Los dos Méxicos. Artículo del escritor Jorge Volpi. La democracia mexicana tenía uno de los regímenes laicos más sólidos del planeta. Ahora su derecha pretende devolverle a la Iglesia católica el papel de guardián de las conciencias y árbitro de los asuntos públicos.
martes, 26 de enero de 2010
PRENSA. 26 enero 2010
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lunes, 25 de enero de 2010
MÚSICA. DIBUJOS ANIMADOS. "El concierto del gato", de Tom y Jerry
En una entrevista digital hoy en el diario "El Mundo", el pianista Lang Lang dice que la manera más fácil para que los niños se sientan atraídos por la música es que vea dibujos animados de 'Tom y Jerry', concretamente un episodio llamado 'Concierto de gatos'. Eso fue lo que me atrajo a mí hacia la música clásica.
Aunque la imagen y la música son un poco deficientes, aquí tenemos el llamado "El concierto del gato", en el que suena la Rapsodia húngara nº 2, de Franz Liszt:
Aunque la imagen y la música son un poco deficientes, aquí tenemos el llamado "El concierto del gato", en el que suena la Rapsodia húngara nº 2, de Franz Liszt:
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PRENSA. 25 enero 2010
En "El País":
1. Juan Palomo. Columna de Almudena Grandes sobre Haití.´
2. Té y whisky con María Zambrano. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Dos libros retratan en la intimidad a la única española con el Premio Cervantes.
3. El oficio de la solidaridad. Reportaje de Josep Garriga. La profesionalización de las ONG ha mejorado la eficacia de la ayuda. España se vuelca con los desastres, pero está lejos de Europa en donaciones regulares. Análisis del tema por Ricardo de Querol, en Eficacia antes que heroísmo.
4. Una veterinaria entre las balas. Reportaje de Anaís Berdié. La primatóloga Carmen Vidal trabaja en una zona de conflicto en Congo.
5. ¿Dónde están los inmigrantes? Columna de José Ignacio Torreblanca.
6. Las mujeres aún mueren por el seísmo. Por Francisco Peregil. Los médicos se quejan de que muchas embarazadas no acuden a los hospitales por falta de dinero y de información. Los abusos y violaciones son silenciados.
1. Juan Palomo. Columna de Almudena Grandes sobre Haití.´
2. Té y whisky con María Zambrano. Reportaje de Javier Rodríguez Marcos. Dos libros retratan en la intimidad a la única española con el Premio Cervantes.
3. El oficio de la solidaridad. Reportaje de Josep Garriga. La profesionalización de las ONG ha mejorado la eficacia de la ayuda. España se vuelca con los desastres, pero está lejos de Europa en donaciones regulares. Análisis del tema por Ricardo de Querol, en Eficacia antes que heroísmo.
4. Una veterinaria entre las balas. Reportaje de Anaís Berdié. La primatóloga Carmen Vidal trabaja en una zona de conflicto en Congo.
5. ¿Dónde están los inmigrantes? Columna de José Ignacio Torreblanca.
6. Las mujeres aún mueren por el seísmo. Por Francisco Peregil. Los médicos se quejan de que muchas embarazadas no acuden a los hospitales por falta de dinero y de información. Los abusos y violaciones son silenciados.
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domingo, 24 de enero de 2010
PRENSA. PSICOLOGÍA. "Trucos para cuidar la mente", por Francesc Miralles
Francesc Miralles
Trucos para cuidar la mente
Francesc Miralles
Mantener activo el cerebro con desafíos intelectuales y unos buenos hábitos nos permite pensar como jóvenes con el valor añadido de la experiencia.
Demasiadas veces se relaciona la madurez con la pérdida de facultades mentales. Pero especialistas en el funcionamiento del cerebro como Tony Buzan aseguran que no tiene por qué ser así.
Las pruebas de coeficiente intelectual que comparan el rendimiento de mayores y jóvenes suelen dar una puntuación más alta a estos últimos por una simple cuestión de entrenamiento: los estudiantes están más habituados a resolver pruebas de este tipo que los que dejaron la escuela o la universidad hace varias décadas.
Sí es cierto que un cerebro joven tiende a resolver los ejercicios con más rapidez que uno adulto. Pero eso no es necesariamente negativo, ya que la lentitud está motivada por una experiencia que ha enseñado a la persona a filtrar más posibilidades antes de llegar a una respuesta.
A partir de cierta edad, sin embargo, un cerebro apelmazado por una actividad sedentaria, con muchas horas frente al televisor, empieza a ralentizarse y a tener problemas de memoria. Así como a los pacientes con una larga hospitalización les cuesta volver a caminar, porque han perdido tono muscular, también las facultades intelectuales requieren un entrenamiento diario. Para lograrlo, vamos a cuidar de nuestro centro de operaciones con un plan de antiaging.
Las monjas de Mankato
“Una mente perezosa es el taller del diablo” (Proverbios)
En su manual Tu cerebro más joven, Tony Buzan pone como ejemplo de longevidad intelectual una comunidad de monjas de un recóndito lugar de Minnesota (EE UU) llamado Mankato. Desde hace tiempo interesa a los investigadores del envejecimiento cerebral, ya que muchas de estas mujeres superan los 90 años y hay una cuantas centenarias, la mayor parte de ellas con una asombrosa agilidad mental.
Una monja de esta comunidad, Marcella Zachman, fue portada de la revista Life porque impartió clases hasta los 97 años. Otra hermana, Mary Esther Boor, no se jubiló de su trabajo hasta los 99 años.
El profesor David Snowdon, de la Universidad de Kentucky, investigó por qué entre estas mujeres hay un índice de demencia senil y otras enfermedades mentales muy inferior a la media. La respuesta es que las monjas de Mankato hacen todo lo posible para mantener la mente ocupada en su vida cotidiana. Compiten en concursos, resuelven pasatiempos y mantienen debates, además de escribir en sus publicaciones, dirigir seminarios y dar clases. Según Snowdon, el estímulo diario revitaliza los conectores del cerebro, que tienden a atrofiarse con la edad, haciendo que se ramifiquen y creen nuevos vínculos.
Estudiosos del cerebro humano han demostrado que la red neuronal del cerebro nunca es la misma, ya que, dependiendo de nuestra actividad, fortalecemos unas conexiones a la vez que debilitamos otras. Cada experiencia enciende su propio patrón de neuronas, por lo que el mapa cerebral cambia sin cesar.
Ésa es la buena noticia: puesto que el buen estado de los circuitos del cerebro depende de lo que hacemos con él, podemos evitar la pérdida de facultades mentales tonificando nuestra materia gris con retos y estímulos de calidad.
La regla de las 10.000 horas
“Lleva mucho tiempo llegar a ser joven” (Pablo Picasso)
En un libro del que se ha hablado mucho recientemente, Fueras de serie, Malcolm Gladwell postula la regla de las 10.000 horas. Según las estadísticas recogidas por el autor, es el tiempo que necesita aplicarse a una misma actividad cualquier persona para alcanzar la maestría.
Contrariamente a lo que se cree, el cerebro de un genio no es diferente del de alguien común y corriente, tal como se comprobó en la disección del de Einstein. Todos tenemos más talento para unas disciplinas que para otras, pero lo que distingue a la persona brillante del resto son esas 10.000 horas que ha dedicado a una misma cosa, sea el violín, la informática o la gestión de un negocio.
Esta regla también se aplica al rendimiento del cerebro. Según los neurólogos, cuando lo mantenemos ocupado a través de la lectura, la creación artística o el juego, aumenta la llamada memoria automática, que es la que nos permite hacer cosas sin pensar en ellas.
Es el caso del ajedrecista que, en los primeros compases de la partida, mueve sus piezas sin tener que cavilar. O el de un pianista de nivel que interpreta una compleja partitura mientras habla con alguien. Su esfuerzo y constancia les han procurado un seguro de vida para sus facultades intelectuales, que operan incluso sin que intervenga la conciencia.
Algunos ejemplos de que la agilidad mental no está reñida con la edad fueron Miguel Ángel, que dio luz a sus mejores obras de los 60 a los 89 años, hasta su último día de vida. Goethe terminó su obra maestra Fausto a los 82 años. Y un escritor más cercano a nosotros, José Saramago, sigue manteniendo a los 87 años una más que envidiable actividad literaria.
Su secreto tiene dos ingredientes básicos: trabajo e ilusión.
Las 7 claves de un cerebro joven
“Envejecer es un mal vicio que no se pueden permitir los que andan muy ocupados” (André Maurois)
Como no todo el mundo tiene tiempo o ganas de escribir novelas o de tocar el violín, vamos a ver las claves para mantener el cerebro joven a cualquier edad. Según el divulgador William Speed, hay siete cosas que todo el mundo debería hacer para que su centro de operaciones no vea menguado su rendimiento:
1. Ejercicio. Según los especialistas en terapias antiaging, el mejor tonificador del cerebro son las zapatillas de deporte, ya que mejora el ritmo cardiaco y, por tanto, la circulación de la sangre. Un cerebro bien irrigado mantiene en buen estado las conexiones entre las neuronas, que son esenciales para el pensamiento. Por tanto, el ejercicio suave suministra más sangre y oxígeno a nuestro tejido cerebral, evitando que se deteriore.
2. Buena alimentación. El consumo de alimentos ricos en antioxidantes –frutas y verduras, legumbres, frutos secos, té verde– no sólo ayuda a prevenir el cáncer, sino que neutraliza los temidos radicales libres que envejecen el cerebro. Una dieta demasiado grasa, además, puede derivar en presión arterial alta, diabetes, obesidad o colesterol, los cuales dificultan el riego sanguíneo también en el cerebro.
3. Aprender siempre. Aunque nuestra materia gris empieza a envejecer a los 30 años, un aprendizaje constante permite mantener la agilidad. Para ello debemos procurar a la mente ejercicios y nuevos desafíos.
4. Mantener la calma. Jeansok Kim, un investigador de la Universidad de Washington, asegura que el estrés puede dañar los procesos cognitivos como el aprendizaje y la memoria. En especial, el estrés crónico debilita la región del cerebro denominada hipocampo, donde se forma y consolida la memoria.
5. Dormir suficiente. Un estudio llevado a cabo en Harvard con estudiantes de matemáticas demostró que un buen descanso nocturno duplicaba la capacidad de los participantes para resolver problemas planteados el día antes. Esto se debe a que, mientras dormimos, el cerebro se mantiene activo y tiene tiempo de sintetizar lo que ha aprendido con anterioridad. La expresión “voy a consultarlo con la almohada” tiene, por tanto, mucho sentido.
6. Reír. El humor estimula la generación de dopamina, una hormona y neurotransmisor que nos hace “sentir bien”. La risa nos ayuda a relativizar nuestras preocupaciones, con lo que evitamos que nuestra mente se ancle.
7. Aprovechar la experiencia. Lo bueno de hacerse mayor es que atesoramos un archivo con millones de situaciones que nos proporcionan criterio. Esta información podemos aprovecharla para afrontar problemas –nuestros o de otras personas– para los que una persona joven no está preparada.
Juegos para el cerebro
“Los seres humanos no dejan de jugar porque envejecen; envejecen porque dejan de jugar” (Oliver Wendell Holmes).
En las farmacias se venden sofisticados complementos vitamínicos para nutrir nuestro músculo pensante, y las tiendas de productos naturales recomiendan ginseng para la vitalidad y gingko biloba para reforzar la memoria. Sin embargo, la mayoría de especialistas coinciden en que el juego es el protector número uno de las facultades mentales. La terapeuta Amber Hensley aconseja incorporar a nuestra rutina diaria alguna de estas actividades para mantener bien lubricada nuestra red neuronal:
• Juegos de mesa como el ajedrez, las damas, el dominó o las cartas, incluyendo los solitarios.
• Puzzles, mecanos y otros juegos de construcción.
• Crucigramas, sudokus o cualquier pasatiempo.
Para los que se aburren con esta clase de pasatiempos, aprender un idioma es una excelente manera de engrasar todos nuestros circuitos cerebrales, ya que implica ejercitar la memoria, entender nuevas estructuras y sintetizar reglas gramaticales.
Por supuesto, dos actividades como leer y escribir también resultan una gimnasia mental de primer orden, al igual que aprender a tocar algún instrumento musical.
Una actitud optimista será el complemento imprescindible para que nuestro cerebro sea un generador de creatividad en lugar de un pozo de lamentos. Alimentar la curiosidad y celebrar cada día que pasamos en el mundo es todo lo que hace falta para no retirarnos nunca del lado soleado de la vida. Como reza un proverbio irlandés, “nunca lamentes que te estás haciendo viejo, porque a muchos les ha sido negado este privilegio”.
Para mantener la mente fresca
1. Libros
– ‘Tu cerebro más joven’, Tony Buzan (Urano).
– ‘Fueras de serie’, Malcolm Gladwell (Taurus).
2. Películas
– ‘Ahora o nunca’, Rob Reiner (Warner Home).
– ‘Space cowboys’, Clint Eastwood (Warner Home).
3. Discos
– ‘At my age’, Nick Lowe (Proper Records).
– ‘Buena Vista Social Club’, Ry Coder (World Circuit).
Seguir siendo niños
“La única forma de mantenerse joven mentalmente es no dejar nunca de jugar. Independientemente de la edad, debemos vivir como si estuviéramos poniendo a prueba el mundo, es decir, seguir siendo niños. Cuando observamos a grandes artistas como Matisse, Picasso o Miró, entendemos que en esencia continuaron haciendo lo mismo que en su infancia: jugar, divertirse, ponerse nuevos retos. Mantener la ilusión cada día y no renunciar a los valores de la infancia es el elixir de la juventud. También para el cerebro, pues en cuanto empiezas a pensar como un viejo ya has perdido la batalla. Por eso es bueno que los abuelos estén cerca de sus nietos y les vean jugar e imaginar. Los niños son nuestros mejores maestros” (Gerard Rosés, pintor).
LECTURA. "En este país", artículo de Larra
Mariano José de Larra
En este país
Hay en el lenguaje vulgar frases afortunadas que nacen en buena hora y que se derraman por toda una nación, así como se propagan hasta los términos de un estanque las ondas producidas por la caída de una piedra en medio del agua. Muchas de este género pudiéramos citar, en el vocabulario político sobre todo; de esta clase son aquellas que, halagando las pasiones de los partidos, han resonado tan funestamente en nuestros oídos en los años que van pasados de este siglo, tan fecundo en mutaciones de escena y en cambio de decoraciones. Cae una palabra de los labios de un perorador en un pequeño círculo, y un gran pueblo, ansioso de palabras, la recoge, la pasa de boca en boca, y con la rapidez del golpe eléctrico un crecido número de máquinas vivientes la repite y la consagra, las más veces sin entenderla, y siempre sin calcular que una palabra sola es a veces palanca suficiente a levantar la muchedumbre, inflamar los ánimos y causar en las cosas una revolución.
Estas voces favoritas han solido siempre desaparecer con las circunstancias que las produjeran. Su destino es, efectivamente, como sonido vago que son, perderse en la lontananza, conforme se apartan de la causa que las hizo nacer. Una frase, empero, sobrevive siempre entre nosotros, cuya existencia es tanto más difícil de concebir, cuanto que no es de la naturaleza de esas de que acabamos de hablar; éstas sirven en las revoluciones a lisonjear a los partidos y a humillar a los caídos, objeto que se entiende perfectamente, una vez conocida la generosa condición del hombre; pero la frase que forma el objeto de este artículo se perpetúa entre nosotros, siendo sólo un funesto padrón de ignominia para los que la oyen y para los mismos que la dicen; así la repiten los vencidos como los vencedores, los que no pueden como los que no quieren extirparla; los propios, en fin, como los extraños.
"En este país...", ésta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido. "¿Qué quiere usted?" -decimos-, "¡en este país!". Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: "¡Cosas de este país!", que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos.
¿Nace esta frase de un atraso reconocido en toda la nación? No creo que pueda ser éste su origen, porque sólo puede conocer la carencia de una cosa el que la misma cosa conoce: de donde se infiere que, si todos los individuos de un pueblo conociesen su atraso, no estarían realmente atrasados. ¿Es la pereza de imaginación o de raciocinio que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza en tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descarga sobre el estado del país en general? Esto parece más ingenioso que cierto.
Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido. Sucédele lo que a una joven bella que sale de la adolescencia; no conoce el amor todavía ni sus goces; su corazón, sin embargo, o la naturaleza, por mejor decir, le empieza a revelar una necesidad que pronto será urgente para ella, y cuyo germen y cuyos medios de satisfacción tiene en sí misma, si bien los desconoce todavía; la vaga inquietud de su alma, que busca y ansía, sin saber qué, la atormenta y la disgusta de su estado actual y del anterior en que vivía; y vésela despreciar y romper aquellos mismos sencillos juguetes que formaban poco antes el encanto de su ignorante existencia.
Éste es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerlo, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos para dar a entender a los que nos oyeron que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso.
Este medio saber nos impide gozar de lo bueno que realmente tenemos, y aun nuestra ansia de obtenerlo todo de una vez nos ciega sobre los mismos progresos que vamos insensiblemente haciendo. Estamos en el caso del que, teniendo apetito, desprecia un sabroso almuerzo con la esperanza de un suntuoso convite incierto, que se verificará, o no se verificará, más tarde. Sustituyamos sabiamente a la esperanza de mañana el recuerdo de ayer, y veamos si tenemos razón en decir a propósito de todo: "¡Cosas de este país!".
Sólo con el auxilio de las anteriores reflexiones pude comprender el carácter de don Periquito, ese petulante joven, cuya instrucción está reducida al poco latín que le quisieron enseñar y que él no quiso aprender; cuyos viajes no han pasado de Carabanchel; que no lee sino en los ojos de sus queridas, los cuales no son ciertamente los libros más filosóficos; que no conoce, en fin, más ilustración que la suya, más hombres que sus amigos, cortados por la misma tijera que él, ni más mundo que el salón del Prado, ni más país que el suyo. Este fiel representante de gran parte de nuestra juventud desdeñosa de su país fue no ha mucho tiempo objeto de una de mis visitas.
Encontrele en una habitación mal amueblada y peor dispuesta, como de hombre solo; reinaba en sus muebles y sus ropas, tiradas aquí y allí, un espantoso desorden de que hubo de avergonzarse al verme entrar.
-Este cuarto está hecho una leonera -me dijo-. ¿Qué quiere usted? En este país... -y quedó muy satisfecho de la excusa que a su natural descuido había encontrado.
Empeñose en que había de almorzar con él, y no pude resistir a sus instancias: un mal almuerzo mal servido reclamaba indispensablemente algún nuevo achaque, y no tardó mucho en decirme:
-Amigo, en este país no se puede dar un almuerzo a nadie; hay que recurrir a los platos comunes y al chocolate.
"Vive Dios -dije yo para mí-, que cuando en este país se tiene un buen cocinero y un exquisito servicio y los criados necesarios, se puede almorzar un excelente beefsteak con todos los adherentes de un almuerzo à la fourchette; y que en París los que pagan ocho o diez reales por un appartement garni, o una mezquina habitación en una casa de huéspedes, como mi amigo don Periquito, no se desayunan con pavos trufados ni con champagne".
Mi amigo Periquito es hombre pesado como los hay en todos los países, y me instó a que pasase el día con él; y yo, que había empezado ya a estudiar sobre aquella máquina como un anatómico sobre un cadáver, acepté inmediatamente.
Don Periquito es pretendiente, a pesar de su notoria inutilidad. Llevome, pues, de ministerio en ministerio: de dos empleos con los cuales contaba, habíase llevado el uno otro candidato que había tenido más empeños que él.
-¡Cosas de España! -me salió diciendo, al referirme su desgracia.
-Ciertamente -le respondí, sonriéndome de su injusticia-, porque en Francia y en Inglaterra no hay intrigas; puede usted estar seguro de que allá todos son unos santos varones, y los hombres no son hombres.
El segundo empleo que pretendía había sido dado a un hombre de más luces que él.
-¡Cosas de España! -me repitió.
"Sí, porque en otras partes colocan a los necios", dije yo para mí.
Llevome en seguida a una librería, después de haberme confesado que había publicado un folleto, llevado del mal ejemplo. Preguntó cuántos ejemplares se habían vendido de su peregrino folleto, y el librero respondió:
-Ni uno.
¿Lo ve usted, Fígaro? -me dijo-: ¿Lo ve usted? En este país no se puede escribir. En España nada se vende; vegetamos en la ignorancia. En París hubiera vendido diez ediciones.
-Ciertamente -le contesté yo-, porque los hombres como usted venden en París sus ediciones.
En París no habrá libros malos que no se lean, ni autores necios que se mueran de hambre.
-Desengáñese usted: en este país no se lee -prosiguió diciendo.
"Y usted que de eso se queja, señor don Periquito, usted, ¿qué lee? -le hubiera podido preguntar-. Todos nos quejamos de que no se lee, y ninguno leemos".
-¿Lee usted los periódicos? -le pregunté, sin embargo.
-No, señor; en este país no se sabe escribir periódicos. ¡Lea usted ese Diario de los Debates, ese Times!
Es de advertir que don Periquito no sabe francés ni inglés, y que en cuanto a periódicos, buenos o malos, en fin, los hay, y muchos años no los ha habido.
Pasábamos al lado de una obra de esas que hermosean continuamente este país, y clamaba:
-¡Qué basura! En este país no hay policía.
En París las casas que se destruyen y reedifican no producen polvo.
Metió el pie torpemente en un charco.
-¡No hay limpieza en España! -exclamaba.
En el extranjero no hay lodo.
Se hablaba de un robo:
-¡Ah! ¡País de ladrones! -vociferaba indignado.
Porque en Londres no se roba; en Londres, donde en la calle acometen los malhechores a la mitad de un día de niebla a los transeúntes.
Nos pedía limosna un pobre:
-¡En este país no hay más que miseria! -exclamaba horripilado.
Porque en el extranjero no hay infeliz que no arrastre coche.
Íbamos al teatro, y:
-¡Oh, qué horror!- decía mi don Periquito con compasión, sin haberlos visto mejores en su vida- ¡Aquí no hay teatros!
Pasábamos por un café.
-No entremos. ¡Qué cafés los de este país! -gritaba.
Se hablaba de viajes:
-¡Oh! Dios me libre; ¡en España no se puede viajar! ¡Qué posadas! ¡Qué caminos!
¡Oh, infernal comezón de vilipendiar este país que adelanta y progresa de algunos años a esta parte más rápidamente que adelantaron esos países modelos, para llegar al punto de ventaja en que se han puesto!
¿Por qué los don Periquitos que todo lo desprecian en el año 33, no vuelven los ojos a mirar atrás, o no preguntan a sus papás acerca del tiempo, que no está tan distante de nosotros, en que no se conocía en la Corte más botillería que la de Canosa, ni más bebida que la leche helada; en que no había más caminos en España que el del cielo; en que no existían más posadas que las descritas por Moratín en El sí de las niñas, con las sillas desvencijadas y las estampas del Hijo Pródigo, o las malhadadas ventas para caminantes asendereados; en que no corrían más carruajes que las galeras y carromatos catalanes; en que los "chorizos" y "polacos" repartían a naranjazos los premios al talento dramático, y llevaba el público al teatro la bota y la merienda para pasar a tragos la representación de las comedias de figurón y dramas de Comella; en que no se conocía más ópera que el Marlborough (o "Mambruc", como dice el vulgo) cantado a la guitarra; en que no se leía más periódico que el Diario de Avisos, y en fin... en que...
Pero acabemos este artículo, demasiado largo para nuestro propósito: no vuelvan a mirar atrás porque habrían de poner un término a su maledicencia y llamar prodigiosa la casi repentina mudanza que en este país se ha verificado en tan breve espacio.
Concluyamos, sin embargo, de explicar nuestra idea claramente, mas que a los don Periquitos que nos rodean pese y avergüence.
Cuando oímos a un extranjero que tiene la fortuna de pertenecer a un país donde las ventajas de la ilustración se han hecho conocer con mucha anterioridad que en el nuestro, por causas que no es de nuestra inspección examinar, nada extrañamos en su boca, si no es la falta de consideración y aun de gratitud que reclama la hospitalidad de todo hombre honrado que la recibe; pero cuando oímos la expresión despreciativa que hoy merece nuestra sátira en bocas de españoles, y de españoles, sobre todo, que no conocen más país que este mismo suyo, que tan injustamente dilaceran, apenas reconoce nuestra indignación límites en que contenerse.
Borremos, pues, de nuestro lenguaje la humillante expresión que no nombra a este país sino para denigrarle; volvamos los ojos atrás, comparemos y nos creeremos felices. Si alguna vez miramos adelante y nos comparamos con el extranjero, sea para prepararnos un porvenir mejor que el presente, y para rivalizar en nuestros adelantos con los de nuestros vecinos: sólo en este sentido opondremos nosotros en algunos de nuestros artículos el bien de fuera al mal de dentro.
Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: "¡Cosas de España!", contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo.
Revista Española, n.º 51, 30 de abril de 1833. Firmado: Fígaro.
(Fuente: Biblioteca Virtual Cervantes)
En este país
Hay en el lenguaje vulgar frases afortunadas que nacen en buena hora y que se derraman por toda una nación, así como se propagan hasta los términos de un estanque las ondas producidas por la caída de una piedra en medio del agua. Muchas de este género pudiéramos citar, en el vocabulario político sobre todo; de esta clase son aquellas que, halagando las pasiones de los partidos, han resonado tan funestamente en nuestros oídos en los años que van pasados de este siglo, tan fecundo en mutaciones de escena y en cambio de decoraciones. Cae una palabra de los labios de un perorador en un pequeño círculo, y un gran pueblo, ansioso de palabras, la recoge, la pasa de boca en boca, y con la rapidez del golpe eléctrico un crecido número de máquinas vivientes la repite y la consagra, las más veces sin entenderla, y siempre sin calcular que una palabra sola es a veces palanca suficiente a levantar la muchedumbre, inflamar los ánimos y causar en las cosas una revolución.
Estas voces favoritas han solido siempre desaparecer con las circunstancias que las produjeran. Su destino es, efectivamente, como sonido vago que son, perderse en la lontananza, conforme se apartan de la causa que las hizo nacer. Una frase, empero, sobrevive siempre entre nosotros, cuya existencia es tanto más difícil de concebir, cuanto que no es de la naturaleza de esas de que acabamos de hablar; éstas sirven en las revoluciones a lisonjear a los partidos y a humillar a los caídos, objeto que se entiende perfectamente, una vez conocida la generosa condición del hombre; pero la frase que forma el objeto de este artículo se perpetúa entre nosotros, siendo sólo un funesto padrón de ignominia para los que la oyen y para los mismos que la dicen; así la repiten los vencidos como los vencedores, los que no pueden como los que no quieren extirparla; los propios, en fin, como los extraños.
"En este país...", ésta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido. "¿Qué quiere usted?" -decimos-, "¡en este país!". Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: "¡Cosas de este país!", que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos.
¿Nace esta frase de un atraso reconocido en toda la nación? No creo que pueda ser éste su origen, porque sólo puede conocer la carencia de una cosa el que la misma cosa conoce: de donde se infiere que, si todos los individuos de un pueblo conociesen su atraso, no estarían realmente atrasados. ¿Es la pereza de imaginación o de raciocinio que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza en tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descarga sobre el estado del país en general? Esto parece más ingenioso que cierto.
Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido. Sucédele lo que a una joven bella que sale de la adolescencia; no conoce el amor todavía ni sus goces; su corazón, sin embargo, o la naturaleza, por mejor decir, le empieza a revelar una necesidad que pronto será urgente para ella, y cuyo germen y cuyos medios de satisfacción tiene en sí misma, si bien los desconoce todavía; la vaga inquietud de su alma, que busca y ansía, sin saber qué, la atormenta y la disgusta de su estado actual y del anterior en que vivía; y vésela despreciar y romper aquellos mismos sencillos juguetes que formaban poco antes el encanto de su ignorante existencia.
Éste es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerlo, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos para dar a entender a los que nos oyeron que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso.
Este medio saber nos impide gozar de lo bueno que realmente tenemos, y aun nuestra ansia de obtenerlo todo de una vez nos ciega sobre los mismos progresos que vamos insensiblemente haciendo. Estamos en el caso del que, teniendo apetito, desprecia un sabroso almuerzo con la esperanza de un suntuoso convite incierto, que se verificará, o no se verificará, más tarde. Sustituyamos sabiamente a la esperanza de mañana el recuerdo de ayer, y veamos si tenemos razón en decir a propósito de todo: "¡Cosas de este país!".
Sólo con el auxilio de las anteriores reflexiones pude comprender el carácter de don Periquito, ese petulante joven, cuya instrucción está reducida al poco latín que le quisieron enseñar y que él no quiso aprender; cuyos viajes no han pasado de Carabanchel; que no lee sino en los ojos de sus queridas, los cuales no son ciertamente los libros más filosóficos; que no conoce, en fin, más ilustración que la suya, más hombres que sus amigos, cortados por la misma tijera que él, ni más mundo que el salón del Prado, ni más país que el suyo. Este fiel representante de gran parte de nuestra juventud desdeñosa de su país fue no ha mucho tiempo objeto de una de mis visitas.
Encontrele en una habitación mal amueblada y peor dispuesta, como de hombre solo; reinaba en sus muebles y sus ropas, tiradas aquí y allí, un espantoso desorden de que hubo de avergonzarse al verme entrar.
-Este cuarto está hecho una leonera -me dijo-. ¿Qué quiere usted? En este país... -y quedó muy satisfecho de la excusa que a su natural descuido había encontrado.
Empeñose en que había de almorzar con él, y no pude resistir a sus instancias: un mal almuerzo mal servido reclamaba indispensablemente algún nuevo achaque, y no tardó mucho en decirme:
-Amigo, en este país no se puede dar un almuerzo a nadie; hay que recurrir a los platos comunes y al chocolate.
"Vive Dios -dije yo para mí-, que cuando en este país se tiene un buen cocinero y un exquisito servicio y los criados necesarios, se puede almorzar un excelente beefsteak con todos los adherentes de un almuerzo à la fourchette; y que en París los que pagan ocho o diez reales por un appartement garni, o una mezquina habitación en una casa de huéspedes, como mi amigo don Periquito, no se desayunan con pavos trufados ni con champagne".
Mi amigo Periquito es hombre pesado como los hay en todos los países, y me instó a que pasase el día con él; y yo, que había empezado ya a estudiar sobre aquella máquina como un anatómico sobre un cadáver, acepté inmediatamente.
Don Periquito es pretendiente, a pesar de su notoria inutilidad. Llevome, pues, de ministerio en ministerio: de dos empleos con los cuales contaba, habíase llevado el uno otro candidato que había tenido más empeños que él.
-¡Cosas de España! -me salió diciendo, al referirme su desgracia.
-Ciertamente -le respondí, sonriéndome de su injusticia-, porque en Francia y en Inglaterra no hay intrigas; puede usted estar seguro de que allá todos son unos santos varones, y los hombres no son hombres.
El segundo empleo que pretendía había sido dado a un hombre de más luces que él.
-¡Cosas de España! -me repitió.
"Sí, porque en otras partes colocan a los necios", dije yo para mí.
Llevome en seguida a una librería, después de haberme confesado que había publicado un folleto, llevado del mal ejemplo. Preguntó cuántos ejemplares se habían vendido de su peregrino folleto, y el librero respondió:
-Ni uno.
¿Lo ve usted, Fígaro? -me dijo-: ¿Lo ve usted? En este país no se puede escribir. En España nada se vende; vegetamos en la ignorancia. En París hubiera vendido diez ediciones.
-Ciertamente -le contesté yo-, porque los hombres como usted venden en París sus ediciones.
En París no habrá libros malos que no se lean, ni autores necios que se mueran de hambre.
-Desengáñese usted: en este país no se lee -prosiguió diciendo.
"Y usted que de eso se queja, señor don Periquito, usted, ¿qué lee? -le hubiera podido preguntar-. Todos nos quejamos de que no se lee, y ninguno leemos".
-¿Lee usted los periódicos? -le pregunté, sin embargo.
-No, señor; en este país no se sabe escribir periódicos. ¡Lea usted ese Diario de los Debates, ese Times!
Es de advertir que don Periquito no sabe francés ni inglés, y que en cuanto a periódicos, buenos o malos, en fin, los hay, y muchos años no los ha habido.
Pasábamos al lado de una obra de esas que hermosean continuamente este país, y clamaba:
-¡Qué basura! En este país no hay policía.
En París las casas que se destruyen y reedifican no producen polvo.
Metió el pie torpemente en un charco.
-¡No hay limpieza en España! -exclamaba.
En el extranjero no hay lodo.
Se hablaba de un robo:
-¡Ah! ¡País de ladrones! -vociferaba indignado.
Porque en Londres no se roba; en Londres, donde en la calle acometen los malhechores a la mitad de un día de niebla a los transeúntes.
Nos pedía limosna un pobre:
-¡En este país no hay más que miseria! -exclamaba horripilado.
Porque en el extranjero no hay infeliz que no arrastre coche.
Íbamos al teatro, y:
-¡Oh, qué horror!- decía mi don Periquito con compasión, sin haberlos visto mejores en su vida- ¡Aquí no hay teatros!
Pasábamos por un café.
-No entremos. ¡Qué cafés los de este país! -gritaba.
Se hablaba de viajes:
-¡Oh! Dios me libre; ¡en España no se puede viajar! ¡Qué posadas! ¡Qué caminos!
¡Oh, infernal comezón de vilipendiar este país que adelanta y progresa de algunos años a esta parte más rápidamente que adelantaron esos países modelos, para llegar al punto de ventaja en que se han puesto!
¿Por qué los don Periquitos que todo lo desprecian en el año 33, no vuelven los ojos a mirar atrás, o no preguntan a sus papás acerca del tiempo, que no está tan distante de nosotros, en que no se conocía en la Corte más botillería que la de Canosa, ni más bebida que la leche helada; en que no había más caminos en España que el del cielo; en que no existían más posadas que las descritas por Moratín en El sí de las niñas, con las sillas desvencijadas y las estampas del Hijo Pródigo, o las malhadadas ventas para caminantes asendereados; en que no corrían más carruajes que las galeras y carromatos catalanes; en que los "chorizos" y "polacos" repartían a naranjazos los premios al talento dramático, y llevaba el público al teatro la bota y la merienda para pasar a tragos la representación de las comedias de figurón y dramas de Comella; en que no se conocía más ópera que el Marlborough (o "Mambruc", como dice el vulgo) cantado a la guitarra; en que no se leía más periódico que el Diario de Avisos, y en fin... en que...
Pero acabemos este artículo, demasiado largo para nuestro propósito: no vuelvan a mirar atrás porque habrían de poner un término a su maledicencia y llamar prodigiosa la casi repentina mudanza que en este país se ha verificado en tan breve espacio.
Concluyamos, sin embargo, de explicar nuestra idea claramente, mas que a los don Periquitos que nos rodean pese y avergüence.
Cuando oímos a un extranjero que tiene la fortuna de pertenecer a un país donde las ventajas de la ilustración se han hecho conocer con mucha anterioridad que en el nuestro, por causas que no es de nuestra inspección examinar, nada extrañamos en su boca, si no es la falta de consideración y aun de gratitud que reclama la hospitalidad de todo hombre honrado que la recibe; pero cuando oímos la expresión despreciativa que hoy merece nuestra sátira en bocas de españoles, y de españoles, sobre todo, que no conocen más país que este mismo suyo, que tan injustamente dilaceran, apenas reconoce nuestra indignación límites en que contenerse.
Borremos, pues, de nuestro lenguaje la humillante expresión que no nombra a este país sino para denigrarle; volvamos los ojos atrás, comparemos y nos creeremos felices. Si alguna vez miramos adelante y nos comparamos con el extranjero, sea para prepararnos un porvenir mejor que el presente, y para rivalizar en nuestros adelantos con los de nuestros vecinos: sólo en este sentido opondremos nosotros en algunos de nuestros artículos el bien de fuera al mal de dentro.
Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: "¡Cosas de España!", contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo.
Revista Española, n.º 51, 30 de abril de 1833. Firmado: Fígaro.
(Fuente: Biblioteca Virtual Cervantes)
PRENSA (4). 24 enero 2010
En "El Día de Córdoba":
1. El vértigo ilustrado. Artículo de Manuel Gregorio González sobre Larra y la publicación de sus Obras completas en la editorial Cátedra.
En "magazinedigital":
2. El rictus del miedo. La Camorra napolitana, denunciada por Roberto Saviano en Gomorra, es la mafia más violenta de Italia y posiblemente de Europa, aunque sus integrantes se ven a sí mismos como hijos no deseados de un mal padre. El barrio español es un vivero sin ley de clanes, desde donde el crimen organizado extiende sus acciones al resto del mundo. Por Jordi Mumbrú.
En "El País":
3. Vida y muerte en la capital de las tinieblas. Crónica de A. Jiménez Barca, P. Ordaz y F. Peregil. En Haití hubo rapiñas y ejecuciones, pero también se vio la dignidad y lucha de un pueblo por sobrevivir.
1. El vértigo ilustrado. Artículo de Manuel Gregorio González sobre Larra y la publicación de sus Obras completas en la editorial Cátedra.
En "magazinedigital":
2. El rictus del miedo. La Camorra napolitana, denunciada por Roberto Saviano en Gomorra, es la mafia más violenta de Italia y posiblemente de Europa, aunque sus integrantes se ven a sí mismos como hijos no deseados de un mal padre. El barrio español es un vivero sin ley de clanes, desde donde el crimen organizado extiende sus acciones al resto del mundo. Por Jordi Mumbrú.
En "El País":
3. Vida y muerte en la capital de las tinieblas. Crónica de A. Jiménez Barca, P. Ordaz y F. Peregil. En Haití hubo rapiñas y ejecuciones, pero también se vio la dignidad y lucha de un pueblo por sobrevivir.
PRENSA (3). 24 enero 2010
En "El País Semanal":
1. La odisea del doctor Balmis. Reportaje de Luis Miguel Ariza. Una aventura de altísimo riesgo. En 1803 partió de Galicia la expedición del doctor Xavier Balmis, con niños huérfanos a bordo, para llevar a América y Asia la vacuna de la viruela. Rescatamos a tan fascinante y desconocido personaje.
2. Quiero mi sexo. Reportaje de Luz Sánchez-Mellado. Una chica de 16 años de Barcelona nacida varón ha sido la primera menor en someterse a una operación de cambio de sexo en España. Pidió autorización judicial y la obtuvo. La noticia saltó la semana pasada. Mientras los médicos debaten, la nueva generación de transexuales tiene más información. También más prisa. Piden ayuda, cada vez más, cada vez antes, para empezar a vivir como sienten. Cinco de ellos nos cuentan su historia.
3. Sesión de películas monstruosas. Reportaje de José Luis Sanz. Cuando Spielberg despertó, los monstruos prehistóricos ya habían protagonizado cientos de películas… no siempre fieles a la ciencia. Del cartón piedra de Griffith a Parque Jurásico, repasamos la relación entre el séptimo arte y la paleontología.
4. Trucos para cuidar la mente. Reportaje de psicología, por Francesc Miralles. Mantener activo el cerebro con desafíos intelectuales y unos buenos hábitos nos permite pensar como jóvenes con el valor añadido de la experiencia.
5. El paraíso de los canallas. Reportaje de Laura Esquivel. Guatemala significa ‘lugar de muchos árboles’, pero entre el follaje se esconden asesinos, violadores y delincuentes. Este país, conocido por la dulzura de sus habitantes, es refugio de hienas. Contabiliza 15 asesinatos al día y las violaciones se multiplican. Sexta entrega de esta serie de reportajes de autor sobre los conflictos olvidados.
6. La ciudad soñada. Reportaje de Anatxu Zubalbeascoa. Brasilia se ideó como una utopía de igualdad y modernidad. cuando se cumplen 50 años de su inauguración y Brasil alza su propia voz en el mundo, se sigue viviendo como un milagro.
7. Amar a un animal. Artículo de Rosa Montero.
8. Los matones protegidos. Artículo de Javier Marías sobre comportamientos fascistas.
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PRENSA (2). 24 enero 2010
En Domingo, suplemento de "El País":
1. Más, más y más 'Avatar'. Reportaje de Toni García. La película de Cameron bate récords de taquilla mientras se enfrenta a denuncias por plagio.
2. "Europa tiene que empezar a pedalear porque el mundo no se detiene". Entrevista a Emma Bonino, senadora italiana. Por Juan Cruz.
3. Revolucionarios. Activo, pese a la tetraplejia que él mismo describía en su texto 'Noche' del pasado domingo, Tony Judt hace un alarde de brillantez y humor en este relato, a modo de memorias, en el que da un repaso a los años sesenta, su época juvenil, marcada por los Beatles, la minifalda, la guerra de Vietnam o la primavera de Praga. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
4. En defensa de Benedicto XVI. Artículo de Bernard-Henri Lévy. Desde el momento de su elección, el Papa, que ha retomado de forma irrevocable el diálogo judeocatólico, ha sido víctima de un juicio mediático y ha sufrido la continua manipulación de sus textos.
5. Violencia digital. Artículo de Elvira Lindo.
1. Más, más y más 'Avatar'. Reportaje de Toni García. La película de Cameron bate récords de taquilla mientras se enfrenta a denuncias por plagio.
2. "Europa tiene que empezar a pedalear porque el mundo no se detiene". Entrevista a Emma Bonino, senadora italiana. Por Juan Cruz.
3. Revolucionarios. Activo, pese a la tetraplejia que él mismo describía en su texto 'Noche' del pasado domingo, Tony Judt hace un alarde de brillantez y humor en este relato, a modo de memorias, en el que da un repaso a los años sesenta, su época juvenil, marcada por los Beatles, la minifalda, la guerra de Vietnam o la primavera de Praga. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
4. En defensa de Benedicto XVI. Artículo de Bernard-Henri Lévy. Desde el momento de su elección, el Papa, que ha retomado de forma irrevocable el diálogo judeocatólico, ha sido víctima de un juicio mediático y ha sufrido la continua manipulación de sus textos.
5. Violencia digital. Artículo de Elvira Lindo.
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PRENSA. 24 enero 2010
En "El País":
1. Lágrimas. Columna de Manuel Vicent.
2. Revive el Rimbaud canario. Reportaje de Elsa Fernández-Santos. La novela 'El don de Vorace' recupera al poeta Félix Francisco Casanova, fallecido en 1976 en Tenerife a los 19 años y en extrañas circunstancias. En Un viento helado, Juan Cruz analiza su figura.
3. Padrón: no es 'buenismo', es un medio de control. Reportaje de Fernando Garea. El sistema de empadronamiento español no genera derechos y es sólo una foto estadística de la realidad. Es clave para planificar los servicios y medir la financiación que reciben los municipios.
4. Un mundo de mujeres. Artículo de Monika Zgustova, escritora; su última novela es Jardín de invierno.
5. Chile, Ucrania y Massachussets. Columna de Moisés Naím sobre los resultados de las elecciones celebradas en estos territorios.
6. Copias. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.
1. Lágrimas. Columna de Manuel Vicent.
2. Revive el Rimbaud canario. Reportaje de Elsa Fernández-Santos. La novela 'El don de Vorace' recupera al poeta Félix Francisco Casanova, fallecido en 1976 en Tenerife a los 19 años y en extrañas circunstancias. En Un viento helado, Juan Cruz analiza su figura.
3. Padrón: no es 'buenismo', es un medio de control. Reportaje de Fernando Garea. El sistema de empadronamiento español no genera derechos y es sólo una foto estadística de la realidad. Es clave para planificar los servicios y medir la financiación que reciben los municipios.
4. Un mundo de mujeres. Artículo de Monika Zgustova, escritora; su última novela es Jardín de invierno.
5. Chile, Ucrania y Massachussets. Columna de Moisés Naím sobre los resultados de las elecciones celebradas en estos territorios.
6. Copias. Columna del escritor Luis Manuel Ruiz.
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sábado, 23 de enero de 2010
PRENSA CULTURAL. "Libros que no acabé de leer", artículo de Santiago Gamboa
Santiago Gamboa
En Babelia, este artículo del escritor Santiago Gamboa:
Libros que no acabé de leer
Existen diferentes y muy variadas razones para no acabar un libro. Desde la muy salvaje de perderlo o que nos sea sustraído durante su lectura, como me pasó con Viaje al fin de la noche, de Céline, en una pensión de Lisboa, hasta el que dejamos de lado voluntariamente, con pleno conocimiento de causa. La razón más extraña que conozco le pasó a un viejo colega: tuvo que dejar inacabada Plataforma, de Houellebecq, porque se le quemó, ¿y cómo se puede quemar un libro? Pues sí, dormía en un balcón, el libro cayó al primer piso sobre una estufa y se convirtió en ceniza.
También puede uno dejar un libro por considerar que ya se acabó, aun cuando falten por leer cien páginas, como me pasa con frecuencia, la última vez con América, de James Ellroy. Estos libros, por lo general llenos de retruécanos, lo muestran todo en la primera mitad y el resto ya es sólo seguir y seguir, entre episodios similares y frases ingeniosas, pero sin un motivo preciso. Los hay también de extrema densidad que se resisten a ser leídos de un tirón, y entonces uno los deja por un tiempo y vuelve y avanza otro poco, y los deja de nuevo; esto me pasa con novelas como La decisión de Sofía, de William Styron, que voy leyendo hace como diez años y nunca termino, o con El Maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, que leo en dosis pequeñas, y sobre todo con las obras de Osvaldo Lamborghini, que son tan salvajes, duras y atroces que sólo puedo avanzar una página o página y media al mes, máximo. ¿Para qué sentir urgencia de acabarlas en los libros si, al fin y al cabo, en la vida las historias no tienen principio ni fin?, como recuerda Graham Greene al principio de El fin del romance
Tampoco es necesario acabar de leer ciertos libros. Uno lee un poco y ya se da cuenta de qué es lo que hay dentro. Como en la cocina: con un plato de sopa basta, no es necesario tomarse la olla entera para disfrutarla a fondo. Esto me pasa con las extraordinarias narraciones de Philipe Sollers, uno de mis autores favoritos del que jamás he terminado un libro. Más que una historia, lo que hay es precisamente un sabor, una temperatura especial o un estado de ánimo, y uno recurre a él para eso, para tomarse un plato. Da lo mismo leer ciento veinte o doscientas páginas, el sabor es el mismo. Igual me ocurre con Thomas Bernhard. Su dureza con la vida, su malestar al borde del cabreo con todo lo humano, contienen ese sabor áspero que por un tiempo nos hace ver el mundo con frialdad, como si se tratara de un gigantesco hormiguero. Son novelas sin historia. No es una prosa que corre en sentido horizontal y por ello no es necesario leerlas hasta el final para estar en ellas.
Releo y noto que no me he referido a los libros malos. En mi experiencia de lector hay dos tipos de libros malos: los que son, por decirlo así, intrínsecamente malos e insuficientes, y los que lo son de un modo correcto, con una estructura bien apuntalada. Hay libros malos que están muy bien escritos y éstos a la larga son los peores, pues suelen tener muchos lectores que creen que la lectura fácil es la verdadera literatura. Los editores los llaman "literatura comercial de calidad". Estos libros, más que no acabarlos, lo que se debe hacer es jamás empezarlos.
Santiago Gamboa (Bogotá, 1965) es autor de Necrópolis, V Premio de Novela La Otra Orilla. La Otra Orilla. Barcelona, 2009. 464 páginas. 20 euros.
En Babelia, este artículo del escritor Santiago Gamboa:
Libros que no acabé de leer
Existen diferentes y muy variadas razones para no acabar un libro. Desde la muy salvaje de perderlo o que nos sea sustraído durante su lectura, como me pasó con Viaje al fin de la noche, de Céline, en una pensión de Lisboa, hasta el que dejamos de lado voluntariamente, con pleno conocimiento de causa. La razón más extraña que conozco le pasó a un viejo colega: tuvo que dejar inacabada Plataforma, de Houellebecq, porque se le quemó, ¿y cómo se puede quemar un libro? Pues sí, dormía en un balcón, el libro cayó al primer piso sobre una estufa y se convirtió en ceniza.
También puede uno dejar un libro por considerar que ya se acabó, aun cuando falten por leer cien páginas, como me pasa con frecuencia, la última vez con América, de James Ellroy. Estos libros, por lo general llenos de retruécanos, lo muestran todo en la primera mitad y el resto ya es sólo seguir y seguir, entre episodios similares y frases ingeniosas, pero sin un motivo preciso. Los hay también de extrema densidad que se resisten a ser leídos de un tirón, y entonces uno los deja por un tiempo y vuelve y avanza otro poco, y los deja de nuevo; esto me pasa con novelas como La decisión de Sofía, de William Styron, que voy leyendo hace como diez años y nunca termino, o con El Maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, que leo en dosis pequeñas, y sobre todo con las obras de Osvaldo Lamborghini, que son tan salvajes, duras y atroces que sólo puedo avanzar una página o página y media al mes, máximo. ¿Para qué sentir urgencia de acabarlas en los libros si, al fin y al cabo, en la vida las historias no tienen principio ni fin?, como recuerda Graham Greene al principio de El fin del romance
Tampoco es necesario acabar de leer ciertos libros. Uno lee un poco y ya se da cuenta de qué es lo que hay dentro. Como en la cocina: con un plato de sopa basta, no es necesario tomarse la olla entera para disfrutarla a fondo. Esto me pasa con las extraordinarias narraciones de Philipe Sollers, uno de mis autores favoritos del que jamás he terminado un libro. Más que una historia, lo que hay es precisamente un sabor, una temperatura especial o un estado de ánimo, y uno recurre a él para eso, para tomarse un plato. Da lo mismo leer ciento veinte o doscientas páginas, el sabor es el mismo. Igual me ocurre con Thomas Bernhard. Su dureza con la vida, su malestar al borde del cabreo con todo lo humano, contienen ese sabor áspero que por un tiempo nos hace ver el mundo con frialdad, como si se tratara de un gigantesco hormiguero. Son novelas sin historia. No es una prosa que corre en sentido horizontal y por ello no es necesario leerlas hasta el final para estar en ellas.
Releo y noto que no me he referido a los libros malos. En mi experiencia de lector hay dos tipos de libros malos: los que son, por decirlo así, intrínsecamente malos e insuficientes, y los que lo son de un modo correcto, con una estructura bien apuntalada. Hay libros malos que están muy bien escritos y éstos a la larga son los peores, pues suelen tener muchos lectores que creen que la lectura fácil es la verdadera literatura. Los editores los llaman "literatura comercial de calidad". Estos libros, más que no acabarlos, lo que se debe hacer es jamás empezarlos.
Santiago Gamboa (Bogotá, 1965) es autor de Necrópolis, V Premio de Novela La Otra Orilla. La Otra Orilla. Barcelona, 2009. 464 páginas. 20 euros.
PRENSA. 23 enero 2010
En "El País":
1. Chulazo. Columna de Carlos Boyero sobre Obama.
2. Tributo a los 'rescatadores' del Prado. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla. El Gobierno español salda su deuda con los museos que salvaron de la guerra los tesoros de la pinacoteca. Les condecora con la Orden de las Artes y las Letras.
3. Aporías de la nueva década (y 3). Columna de Vicente Verdú sobre los jóvenes y la educación.
4. Dos cabalgan juntos. Artículo de Fernando Savater sobre Albert Camus y George Orwell.
5. ¿Aún queda presidencia? Columna de Francisco G. Basterra sobre Obama.
6. Damas de la caridad. Columna de Luis García Montero sobre las campañas de solidaridad con Haití.
1. Chulazo. Columna de Carlos Boyero sobre Obama.
2. Tributo a los 'rescatadores' del Prado. Reportaje de Jesús Ruiz Mantilla. El Gobierno español salda su deuda con los museos que salvaron de la guerra los tesoros de la pinacoteca. Les condecora con la Orden de las Artes y las Letras.
3. Aporías de la nueva década (y 3). Columna de Vicente Verdú sobre los jóvenes y la educación.
4. Dos cabalgan juntos. Artículo de Fernando Savater sobre Albert Camus y George Orwell.
5. ¿Aún queda presidencia? Columna de Francisco G. Basterra sobre Obama.
6. Damas de la caridad. Columna de Luis García Montero sobre las campañas de solidaridad con Haití.
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viernes, 22 de enero de 2010
CUENTO. "El poder de la infancia", de Tolstoi
El poder de la infancia
-¡Que lo maten! ¡Que lo fusilen! ¡Que fusilen inmediatamente a ese canalla...! ¡Que lo maten! ¡Que corten el cuello a ese criminal! ¡Que lo maten, que lo maten...! -gritaba una multitud de hombres y mujeres, que conducía, maniatado, a un hombre alto y erguido. Éste avanzaba con paso firme y con la cabeza alta. Su hermoso rostro viril expresaba desprecio e ira hacia la gente que lo rodeaba. Era uno de los que, durante la guerra civil, luchaban del lado de las autoridades. Acababan de prenderlo y lo iban a ejecutar.
"¡Qué le hemos de hacer! El poder no ha de estar siempre en nuestras manos. Ahora lo tienen ellos. Si ha llegado la hora de morir, moriremos. Por lo visto, tiene que ser así", pensaba el hombre; y, encogiéndose de hombros, sonreía, fríamente, en respuesta a los gritos de la multitud.
-Es un guardia. Esta misma mañana ha tirado contra nosotros -exclamó alguien.
Pero la muchedumbre no se detenía. Al llegar a una calle en que estaban aún los cadáveres de los que el ejército había matado la víspera, la gente fue invadida por una furia salvaje.
-¿Qué esperamos? Hay que matar a ese infame aquí mismo. ¿Para qué llevarlo más lejos?
El cautivo se limitó a fruncir el ceño y a levantar aún más la cabeza. Parecía odiar a la muchedumbre más de lo que ésta lo odiaba a él.
-¡Hay que matarlos a todos! ¡A los espías, a los reyes, a los sacerdotes y a esos canallas! Hay que acabar con ellos, en seguida, en seguida... -gritaban las mujeres.
Pero los cabecillas decidieron llevar al reo a la plaza.
Ya estaban cerca, cuando de pronto, en un momento de calma, se oyó una vocecita infantil, entre las últimas filas de la multitud.
-¡Papá! ¡Papá! -gritaba un chiquillo de seis años, llorando a lágrima viva, mientras se abría paso, para llegar hasta el cautivo-. Papá, ¿qué te hacen? ¡Espera, espera! Llévame contigo, llévame...
Los clamores de la multitud se apaciguaron por el lado en que venía el chiquillo. Todos se apartaron de él, como ante una fuerza, dejándolo acercarse a su padre.
-¡Qué simpático es! -comentó una mujer.
-¿A quién buscas? -preguntó otra, inclinándose hacia el chiquillo.
-¡Papá! ¡Déjenme que vaya con papá! -lloriqueó el pequeño.
-¿Cuántos años tienes, niño?
-¿Qué van a hacer con papá?
-Vuelve a tu casa, niño, vuelve con tu madre -dijo un hombre.
El reo oía ya la voz del niño, así como las respuestas de la gente. Su cara se tornó aún más taciturna.
-¡No tiene madre! -exclamó, al oír las palabras del hombre.
El niño se fue abriendo paso hasta que logró llegar junto a su padre; y se abrazó a él.
La gente seguía gritando lo mismo que antes: "¡Que lo maten! ¡Que lo ahorquen! ¡Que fusilen a ese canalla!".
-¿Por qué has salido de casa? -preguntó el padre.
-¿Dónde te llevan?
-¿Sabes lo que vas a hacer?
-¿Qué?
-¿Sabes quién es Catalina?
-¿La vecina? ¡Claro!
-Bueno, pues..., ve a su casa y quédate ahí... hasta que yo... hasta que yo vuelva.
-¡No; no iré sin ti! -exclamó el niño, echándose a llorar.
-¿Por qué?
-Te van a matar.
-No. ¡Nada de eso! No me van a hacer nada malo.
Despidiéndose del niño, el reo se acercó al hombre que dirigía a la multitud.
-Escuche; máteme como quiera y donde le plazca; pero no lo haga delante de él -exclamó, indicando al niño-. Desáteme por un momento y cójame del brazo para que pueda decirle que estamos paseando, que es usted mi amigo. Así se marchará. Después..., después podrá matarme como se le antoje.
El cabecilla accedió. Entonces, el reo cogió al niño en brazos y le dijo:
-Sé bueno y ve a casa de Catalina.
-¿Y qué vas a hacer tú?
-Ya ves, estoy paseando con este amigo; vamos a dar una vuelta; luego iré a casa. Anda, vete, sé bueno.
El chiquillo se quedó mirando fijamente a su padre, inclinó la cabeza a un lado, luego al otro, y reflexionó.
-Vete; ahora mismo iré yo también.
-¿De veras?
El pequeño obedeció. Una mujer lo sacó fuera de la multitud.
-Ahora estoy dispuesto; puede matarme -exclamó el reo, en cuanto el niño hubo desaparecido.
Pero, en aquel momento, sucedió algo incomprensible e inesperado. Un mismo sentimiento invadió a todos los que momentos antes se mostraron crueles, despiadados y llenos de odio.
-¿Saben lo que les digo? Deberían soltarlo -propuso una mujer.
-Es verdad. Es verdad -asintió alguien.
-¡Suéltenlo! ¡Suéltenlo! -rugió la multitud.
Entonces, el hombre orgulloso y despiadado que aborreciera a la muchedumbre hacía un instante, se echó a llorar; y, cubriéndose el rostro con las manos, pasó entre la gente, sin que nadie lo detuviera.
PRENSA. 22 enero 2010
En "El País":
1. Cacas y frases. Columna de Juan José Millás.
2. Europa ha vuelto al cine. Reportaje de Rocío García. El auge del 3D, los superéxitos y una oferta variada explican el repunte de las taquillas. El espectador acepta pagar más por un espectáculo avanzado.
3. La (des)afección eterna. Artículo del periodista y cineasta Albert Solé. Mitificamos el pasado y despreciamos el presente. Decimos que los políticos de hoy no tienen la altura de los de la Transición. Pero aquéllos, incluido Jordi Solé Tura, también fueron muy denostados en su día.
4. Oscuridad. Columna de David Trueba.
5. Pacto educativo y contrato social. Columna de Fernando Vallespín.
6. CINE. Críticas de cine:
Up in the air, de Jason Reitman (por Carlos Boyero); además, un reportaje sobre la película: Historia del cazador cazado, por Gregorio Belinchón; Jason Reitman habla de 'Up in the air', donde retrata a un profesional del despido. George Clooney protagoniza la nueva película del director de 'Juno'.
Nine, de Rob Marshall (por Javier Ocaña).
Ricky, de François Ozon (por Jordi Costa).
La herencia Valdemar, de José Luis Alemán (por Javier Ocaña).
1. Cacas y frases. Columna de Juan José Millás.
2. Europa ha vuelto al cine. Reportaje de Rocío García. El auge del 3D, los superéxitos y una oferta variada explican el repunte de las taquillas. El espectador acepta pagar más por un espectáculo avanzado.
3. La (des)afección eterna. Artículo del periodista y cineasta Albert Solé. Mitificamos el pasado y despreciamos el presente. Decimos que los políticos de hoy no tienen la altura de los de la Transición. Pero aquéllos, incluido Jordi Solé Tura, también fueron muy denostados en su día.
4. Oscuridad. Columna de David Trueba.
5. Pacto educativo y contrato social. Columna de Fernando Vallespín.
6. CINE. Críticas de cine:
Up in the air, de Jason Reitman (por Carlos Boyero); además, un reportaje sobre la película: Historia del cazador cazado, por Gregorio Belinchón; Jason Reitman habla de 'Up in the air', donde retrata a un profesional del despido. George Clooney protagoniza la nueva película del director de 'Juno'.
Nine, de Rob Marshall (por Javier Ocaña).
Ricky, de François Ozon (por Jordi Costa).
La herencia Valdemar, de José Luis Alemán (por Javier Ocaña).
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jueves, 21 de enero de 2010
CONCURSO LITERARIO: "Narrativa en el aula"
VIII MUESTRA PROVINCIAL DE NARRATIVA DESDE EL AULA. ORGANIZADA POR EL I.E.S. LA FUENSANTA Y PATROCINADA POR LA DELEGACIÓN DE CULTURA DE LA DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA.
El Departamento de Lengua Castellana y Literatura del I.E.S. La Fuensanta os invita a participar en la VIII MUESTRA PROVINCIAL DE NARRATIVA DESDE EL AULA, patrocinada por la Delegación de Cultura de la Diputación Provincial de Córdoba.
El objetivo fundamental de esta convocatoria es promover la creatividad literaria del alumnado de la provincia de Córdoba, así como incentivar su capacidad para crear y recrear historias. Las normas de participación y el calendario de la muestra son los siguientes:
Puede participar el alumnado de ESO (preferentemente de segundo ciclo) y Bachillerato.
Cada centro podrá seleccionar y enviar tres relatos y cuatro microrrelatos como máximo, indistintamente de alumnado de ESO o de Bachillerato. Todas las composiciones deberán ser inéditas y originales. El tema es libre para ambas modalidades.
La extensión máxima del relato será de tres folios y la del microrrelato alrededor de quince líneas. Es conveniente que en ambos conste el título del escrito.
Los textos deben presentarse escritos con letra Arial (tamaño 12). Los jóvenes autores seleccionados presentarán una breve biografía y una fotografía de tamaño carné (formato jpg). Todo ello deberá entregarse en un CD en el que se encuentren grabados los relatos o microrrelatos y las biografías, junto con las fotografías. Los trabajos se enviarán, antes del 15 de abril de 2010, al Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES “La Fuensanta” (a la atención de Fernando Álvarez Jurado), Avda. Calderón de la Barca, s/n. 14010 Córdoba, indicando en el sobre “VIII Muestra Provincial de Narrativa desde el aula”. El profesor encargado de coordinar la actividad en su centro debe incluir los datos del mismo, un teléfono de contacto y una dirección de correo electrónico.
Es preferible, para agilizar el procedimiento, enviar, dentro del mismo plazo, tanto los textos como las biografías y fotografías, a la dirección de Internet muestradenarrativa@yahoo.es, en cuyo caso no es necesario enviar el CD.
El premio consistirá en la publicación de los mejores textos seleccionados por cada centro y la participación de los jóvenes narradores en un acto literario que tendrá lugar en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Córdoba en fecha por decidir. Los alumnos leerán en dicho acto los microrrelatos completos y deberán seleccionar unas 15 o 20 líneas de los relatos, para que así todos puedan intervenir. Un novelista invitado presentará el acto, además del Diputado de Cultura.
Los autores de los relatos premiados serán obsequiados con un lote bibliográfico compuesto por publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Córdoba y un diploma. Cada I.E.S. participante recibirá varios ejemplares del volumen publicado con los textos incluidos en la VII Muestra.
Animamos a todos los centros a participar en este certamen, que tiene como protagonistas a los jóvenes narradores de los institutos de Córdoba y provincia. No dudéis en consultarnos cualquier duda escribiendo a la dirección de correo electrónico arriba indicada o llamando al teléfono 957750888.
Un cordial saludo.
Córdoba, 2 de diciembre de 2009
Fdo.: Soledad Contreras Gutiérrez Fdo.: Fernando Álvarez Jurado
Dpto. Lengua Castellana y Literatura del IES La Fuensanta
Aquí tenéis algunos de los microrrelatos escritos por alumnos de distintos IES de Córdoba y provincia que participaron en ediciones anteriores de la Muestra:
De pequeña solía ir al parque por las tardes. Me columpiaba durante horas y a veces sentía que podía volar. Ahora tan solo soy una de las más de seis mil millones de aves que pueblan este planeta. Algunas, las más seguras, saben adónde van, o eso creen, otras se limitan a seguir a las que van delante, sin cuestionarse nada. Yo simplemente no sé dónde voy.
El aire del mundo en el que vivo ya sólo huele a dióxido de carbono, codicia y etnocentrismo estúpido. Mis pulmones están hartos de respirar tanta porquería y mis ojos se han cansado de ver tanta indiferencia. Me he cansado de volar. No puedo, no quiero seguir preocupándome por el tráfico aéreo, ni por las tormentas. Pero he tomado una decisión: me retiro del mundo macroscópico para seguir volando en el mundo de las moléculas inorgánicas.
Ya no hay marcha atrás, mientras la vida me abandona, el alegre canto del apareamiento del gorrión se va haciendo cada vez más lejano, casi imperceptible, hasta que por fin dejo de volar.
P. Servián Vives. IES “Juan de Aréjula”. Lucena.
Pequeño diálogo literario
La clase terminó como siempre: un timbre entre bostezos.
Los alumnos salieron contentos, pues era por fin viernes. La clase se sumió en ese silencio tan poco habitual por las mañanas y tan cotidiano por las tardes.
El somnoliento libro de Filosofía se acercó al de Lengua:
─¡Menos mal que ya es viernes! Por fin puedo descansar, estoy hasta el epílogo de temas tan densos.
El libro de Lengua, tan pedante como siempre, respondió:
─Tú mismo, yo voy a disfrutar del fin de semana. He quedado con el libro de Biología en la biblioteca. Dice que va a enseñarme Anatomía...
Ana María Pineda López. IES Ángel de Saavedra. Córdoba
De un bocado engullí media magdalena mientras chateaba. Cuál fue mi sorpresa cuando al teclear estuve a punto de aplastar sobre la tecla “F” a una pequeñísima hormiga apenas más grande que un guión. La hormiga entablaba una dura batalla por apropiarse de una miga que duplicaba su tamaño, pero parecía querer llevarse ese trozo de la magdalena costara lo que costara. Subió con dificultad sobre la “U”. Una vez arriba, la agarró con fuerza y la arrastró con decisión hasta que llegó a la “K” en la que ya estaba agotada, pero decidió no rendirse, le pegó un mordisquito a la magdalena con su pequeña mandíbula y prosiguió su viaje. La arrastró de espaldas hasta que llegó a la “Ѩ” en la que parecía que todo estaba perdido, porque estaba agotada; pero sacó fuerzas de donde no las tenía para proseguir su camino, después se deslizó a la tecla “ctrl”, y llegó a la inmensa “Enter” que se extendía ante ella como inmensa llanura gris y cuando parecía que se había alzado con su trofeo me puse a teclear y, sin querer, la aplasté con mis grandes dedos.
Jesús Ayala Jiménez. IES “Luis de Góngora”. Córdoba
Cuando vio la carta debajo de la puerta supo que algo debía haber pasado. Las cartas se escriben con la intención de comunicar algo a alguien: espero que estés bien, le cortaremos el agua si no paga los recibos, te juro que te he echado de menos…. Sin embargo, aquella carta de la puerta era extraña, tan sumamente extraña que mirándola no pudo evitar contener el aliento. Otra carta, otra más que se sumaba al enorme montón de cartas de encima del armario. ¿Qué sería esta vez?, se preguntó. “Ojalá contestes”, “ojalá que vuelvas”, “ojalá que sigas vivo”. Ojalá, ojalá…. pensó él. Lo único que sabía aquel fantasma a ciencia cierta era que no estaba vivo. Tampoco estaba muerto. Estaba justo en la línea que separa ambos estados. “Y ella está decidida a decidirme a tomar uno”, pensó aquel hombre que, pese a su esfuerzo, no había olvidado.
Lucía López Zurita. IES “Séneca”·
Estos textos los escribió Joaquín Pérez Azaustre, el escritor invitado al acto celebrado en la Diputación en pasadas ediciones de la Muestra (2008 y 2009). Fueron publicados en El Día de Córdoba Tras su lectura, seguro que os animáis aún más a participar con vuestros alumnos en la Muestra de este año.
Más narrativa desde el aula
Narrativa desde el Aula es una expresión de plenitud, una muestra viva, imprescindible, de cómo la auténtica vocación docente, amparada por el acertado baluarte institucional, puede dar al día unos frutos henchidos de sabor. No hay mejor sabor para la narrativa andaluza, y para la juventud cordobesa de toda la provincia, que asistir a este deslumbramiento anual que significa la muestra de Narrativa desde el Aula. La fórmula, no por conocida deja de ser sencilla y eficiente: un grupo de profesores de distintos institutos trabajan, a lo largo del curso y su cansancio, entre el agotamiento y la eficacia lírica, los relatos cortos de los chicos, que en un acto final, ya fin de fiesta, leen sus textos en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Córdoba. Allí, asistirán a la presentación del libro en el que se publican los textos de los muchachos participantes en la edición de Narrativa desde el Aula del año anterior, recibirán un diploma como recuerdo y también una bolsa de libros. Pero, en realidad, lo que han disfrutado estos muchachos y muchachas de la provincia de Córdoba es su primera experiencia literaria, en forma de tertulia compartida, poliédrica y coral, oyéndose entre ellos, porque pertenecen a distintos institutos de todas las latitudes cordobesas y, sobre todo, porque su edad oscila entre los 12 y los 17 años, y resulta increíble comprobar cómo esta juventud en la escritura lleva ya el instinto narrador, el olfato nervudo de una historia.
Así, chicos y chicas de los institutos Blas Infante, Fuensanta, Séneca o Colonial de Fuente Palmera, entre otros tantos, se han encontrado en la Diputación, después de un curso de trabajo en el tallado exacto de los textos, en la minucia activa en el relato breve, no sólo para leerlos a los otros, sino también, y quizá más importante, para escucharse. Para quienes vivimos nuestra primera adolescencia soñando con encontrar un profesor parecido lejanamente al Keating de El Club de los Poetas Muertos, conocer a estos maestros no sólo del idioma y la gramática, sino también de la pura creación y su argamasa, es una redención frente al futuro.
El miércoles, en la Diputación, cuando José Mariscal, diputado de Cultura, evocó de manera honda y conmovida el terrible accidente de Villaviciosa, donde había muerto un niño como ellos, se hizo más palpable que otras veces cómo la palabra modelada, lanzada hacia los otros y esgrimida no es que nos aísle del dolor, sino que nos amansa las heridas de cualquier expresión de la tragedia. Estos jóvenes narradores escriben sobre todo, y todo lo hacen bien: relato fantástico, gótico, superheroico, negro, mafioso, aventurero, realista, social, documental, risa y lágrima. Enhorabuena a los profesores y a los directores de los centros por saber impulsar, con entusiasmo y generosidad, esta vocación de exquisitez.
JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
MUESTRA DE NARRATIVA
Narrativa desde el Aula es una vocación, pero también una actividad sostenida en el tiempo que ha ido generando una corriente de verdaderos escritores jóvenes. Para quienes creemos en el poder redentor de la literatura, poder asistir un año más a la reunión de todos estos chicos talentosos en la Diputación y comprobar no sólo que cada año escriben mejor que el anterior, sino también que cada curso siguen renovando sus propuestas y alcanzando un mayor calado íntimo, es una celebración honrada de la Capitalidad Cultural y del verdadero amor a la enseñanza libre. Así, durante todo un curso, un grupo de profesores entusiastas dedican su energía a tutelar esta inspiración de los alumnos, que en el taller de Narrativa desde el Aula cultivan el relato breve y largo, de manera que la docencia se convierte así en matriz resplandeciente de una nueva remesa de escritores, pero también de ciudadanos lúcidos.
Luego, en un acto en la Diputación, los chavales que han participado en esta actividad reciben un diploma y una bolsa de libros. No se trata de un concurso, como ha dicho José Mariscal, el diputado de Cultura, sino de una gran tertulia literaria en la que por primera vez todos estos chicos y chicas escritoras se escuchan entre sí, pueden calibrar la multiplicidad de voces y registros que viven entre sí, que son pluralidad en la mirada exacta de la prosa. Ayer pude escuchar, de labios de sus propios autores, relatos de alumnos de los institutos Fuensanta, La Escribana, Felipe Solís de Cabra, Colonial de Fuente Palmera, también de Rute, el Ángel de Saavedra, Medina Azahara, Séneca y Blas Infante, de entre un total de trece institutos de toda la provincia que han engrosado, este año, el presente curso de Narrativa desde el Aula. Las propuestas de todos estos escritores y escritoras tan bisoños son una plenitud de lo posible, desde las absolutamente realistas, de objetivismo periodístico y hasta fotográfico, hasta la fantasía más despampanante, más jugosa y plástica: así, están presentes como siempre el realismo social, la literatura de denuncia, el drama doméstico de la violencia contra las mujeres, y también la huida adolescente, además del miedo sostenido a la pérdida del paraíso de la infancia. Hay relatos que remiten a Benet y Unamuno, con el lago que oculta una verdad mítica, y también la mejor narración social de los 50, Martín Santos y Juan García Hortelano. Son escritores niños, son escritoras niñas, pero ya conocen el valor de la sugerencia por encima de la información explícita. Conocen el valor del claroscuro, y del desdoblamiento en varios personajes, y hasta La mujer del cuadro de Fritz Lang o Laura, de Otto Preminger, han encontrado eco en un maravilloso relato titulado El cuadro. Fue la fiesta grande de la narrativa joven cordobesa, que está viva.
JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
Desde aquí se nos invita a visitar el blog LA HORA DEL LECTOR. Su objetivo es fomentar la lectura entre los alumnos de la ESO. La dirección es:
http://horadelector.blogspot.com/
El Departamento de Lengua Castellana y Literatura del I.E.S. La Fuensanta os invita a participar en la VIII MUESTRA PROVINCIAL DE NARRATIVA DESDE EL AULA, patrocinada por la Delegación de Cultura de la Diputación Provincial de Córdoba.
El objetivo fundamental de esta convocatoria es promover la creatividad literaria del alumnado de la provincia de Córdoba, así como incentivar su capacidad para crear y recrear historias. Las normas de participación y el calendario de la muestra son los siguientes:
Puede participar el alumnado de ESO (preferentemente de segundo ciclo) y Bachillerato.
Cada centro podrá seleccionar y enviar tres relatos y cuatro microrrelatos como máximo, indistintamente de alumnado de ESO o de Bachillerato. Todas las composiciones deberán ser inéditas y originales. El tema es libre para ambas modalidades.
La extensión máxima del relato será de tres folios y la del microrrelato alrededor de quince líneas. Es conveniente que en ambos conste el título del escrito.
Los textos deben presentarse escritos con letra Arial (tamaño 12). Los jóvenes autores seleccionados presentarán una breve biografía y una fotografía de tamaño carné (formato jpg). Todo ello deberá entregarse en un CD en el que se encuentren grabados los relatos o microrrelatos y las biografías, junto con las fotografías. Los trabajos se enviarán, antes del 15 de abril de 2010, al Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES “La Fuensanta” (a la atención de Fernando Álvarez Jurado), Avda. Calderón de la Barca, s/n. 14010 Córdoba, indicando en el sobre “VIII Muestra Provincial de Narrativa desde el aula”. El profesor encargado de coordinar la actividad en su centro debe incluir los datos del mismo, un teléfono de contacto y una dirección de correo electrónico.
Es preferible, para agilizar el procedimiento, enviar, dentro del mismo plazo, tanto los textos como las biografías y fotografías, a la dirección de Internet muestradenarrativa@yahoo.es, en cuyo caso no es necesario enviar el CD.
El premio consistirá en la publicación de los mejores textos seleccionados por cada centro y la participación de los jóvenes narradores en un acto literario que tendrá lugar en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Córdoba en fecha por decidir. Los alumnos leerán en dicho acto los microrrelatos completos y deberán seleccionar unas 15 o 20 líneas de los relatos, para que así todos puedan intervenir. Un novelista invitado presentará el acto, además del Diputado de Cultura.
Los autores de los relatos premiados serán obsequiados con un lote bibliográfico compuesto por publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Córdoba y un diploma. Cada I.E.S. participante recibirá varios ejemplares del volumen publicado con los textos incluidos en la VII Muestra.
Animamos a todos los centros a participar en este certamen, que tiene como protagonistas a los jóvenes narradores de los institutos de Córdoba y provincia. No dudéis en consultarnos cualquier duda escribiendo a la dirección de correo electrónico arriba indicada o llamando al teléfono 957750888.
Un cordial saludo.
Córdoba, 2 de diciembre de 2009
Fdo.: Soledad Contreras Gutiérrez Fdo.: Fernando Álvarez Jurado
Dpto. Lengua Castellana y Literatura del IES La Fuensanta
Aquí tenéis algunos de los microrrelatos escritos por alumnos de distintos IES de Córdoba y provincia que participaron en ediciones anteriores de la Muestra:
De pequeña solía ir al parque por las tardes. Me columpiaba durante horas y a veces sentía que podía volar. Ahora tan solo soy una de las más de seis mil millones de aves que pueblan este planeta. Algunas, las más seguras, saben adónde van, o eso creen, otras se limitan a seguir a las que van delante, sin cuestionarse nada. Yo simplemente no sé dónde voy.
El aire del mundo en el que vivo ya sólo huele a dióxido de carbono, codicia y etnocentrismo estúpido. Mis pulmones están hartos de respirar tanta porquería y mis ojos se han cansado de ver tanta indiferencia. Me he cansado de volar. No puedo, no quiero seguir preocupándome por el tráfico aéreo, ni por las tormentas. Pero he tomado una decisión: me retiro del mundo macroscópico para seguir volando en el mundo de las moléculas inorgánicas.
Ya no hay marcha atrás, mientras la vida me abandona, el alegre canto del apareamiento del gorrión se va haciendo cada vez más lejano, casi imperceptible, hasta que por fin dejo de volar.
P. Servián Vives. IES “Juan de Aréjula”. Lucena.
Pequeño diálogo literario
La clase terminó como siempre: un timbre entre bostezos.
Los alumnos salieron contentos, pues era por fin viernes. La clase se sumió en ese silencio tan poco habitual por las mañanas y tan cotidiano por las tardes.
El somnoliento libro de Filosofía se acercó al de Lengua:
─¡Menos mal que ya es viernes! Por fin puedo descansar, estoy hasta el epílogo de temas tan densos.
El libro de Lengua, tan pedante como siempre, respondió:
─Tú mismo, yo voy a disfrutar del fin de semana. He quedado con el libro de Biología en la biblioteca. Dice que va a enseñarme Anatomía...
Ana María Pineda López. IES Ángel de Saavedra. Córdoba
De un bocado engullí media magdalena mientras chateaba. Cuál fue mi sorpresa cuando al teclear estuve a punto de aplastar sobre la tecla “F” a una pequeñísima hormiga apenas más grande que un guión. La hormiga entablaba una dura batalla por apropiarse de una miga que duplicaba su tamaño, pero parecía querer llevarse ese trozo de la magdalena costara lo que costara. Subió con dificultad sobre la “U”. Una vez arriba, la agarró con fuerza y la arrastró con decisión hasta que llegó a la “K” en la que ya estaba agotada, pero decidió no rendirse, le pegó un mordisquito a la magdalena con su pequeña mandíbula y prosiguió su viaje. La arrastró de espaldas hasta que llegó a la “Ѩ” en la que parecía que todo estaba perdido, porque estaba agotada; pero sacó fuerzas de donde no las tenía para proseguir su camino, después se deslizó a la tecla “ctrl”, y llegó a la inmensa “Enter” que se extendía ante ella como inmensa llanura gris y cuando parecía que se había alzado con su trofeo me puse a teclear y, sin querer, la aplasté con mis grandes dedos.
Jesús Ayala Jiménez. IES “Luis de Góngora”. Córdoba
Cuando vio la carta debajo de la puerta supo que algo debía haber pasado. Las cartas se escriben con la intención de comunicar algo a alguien: espero que estés bien, le cortaremos el agua si no paga los recibos, te juro que te he echado de menos…. Sin embargo, aquella carta de la puerta era extraña, tan sumamente extraña que mirándola no pudo evitar contener el aliento. Otra carta, otra más que se sumaba al enorme montón de cartas de encima del armario. ¿Qué sería esta vez?, se preguntó. “Ojalá contestes”, “ojalá que vuelvas”, “ojalá que sigas vivo”. Ojalá, ojalá…. pensó él. Lo único que sabía aquel fantasma a ciencia cierta era que no estaba vivo. Tampoco estaba muerto. Estaba justo en la línea que separa ambos estados. “Y ella está decidida a decidirme a tomar uno”, pensó aquel hombre que, pese a su esfuerzo, no había olvidado.
Lucía López Zurita. IES “Séneca”·
Estos textos los escribió Joaquín Pérez Azaustre, el escritor invitado al acto celebrado en la Diputación en pasadas ediciones de la Muestra (2008 y 2009). Fueron publicados en El Día de Córdoba Tras su lectura, seguro que os animáis aún más a participar con vuestros alumnos en la Muestra de este año.
Más narrativa desde el aula
Narrativa desde el Aula es una expresión de plenitud, una muestra viva, imprescindible, de cómo la auténtica vocación docente, amparada por el acertado baluarte institucional, puede dar al día unos frutos henchidos de sabor. No hay mejor sabor para la narrativa andaluza, y para la juventud cordobesa de toda la provincia, que asistir a este deslumbramiento anual que significa la muestra de Narrativa desde el Aula. La fórmula, no por conocida deja de ser sencilla y eficiente: un grupo de profesores de distintos institutos trabajan, a lo largo del curso y su cansancio, entre el agotamiento y la eficacia lírica, los relatos cortos de los chicos, que en un acto final, ya fin de fiesta, leen sus textos en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Córdoba. Allí, asistirán a la presentación del libro en el que se publican los textos de los muchachos participantes en la edición de Narrativa desde el Aula del año anterior, recibirán un diploma como recuerdo y también una bolsa de libros. Pero, en realidad, lo que han disfrutado estos muchachos y muchachas de la provincia de Córdoba es su primera experiencia literaria, en forma de tertulia compartida, poliédrica y coral, oyéndose entre ellos, porque pertenecen a distintos institutos de todas las latitudes cordobesas y, sobre todo, porque su edad oscila entre los 12 y los 17 años, y resulta increíble comprobar cómo esta juventud en la escritura lleva ya el instinto narrador, el olfato nervudo de una historia.
Así, chicos y chicas de los institutos Blas Infante, Fuensanta, Séneca o Colonial de Fuente Palmera, entre otros tantos, se han encontrado en la Diputación, después de un curso de trabajo en el tallado exacto de los textos, en la minucia activa en el relato breve, no sólo para leerlos a los otros, sino también, y quizá más importante, para escucharse. Para quienes vivimos nuestra primera adolescencia soñando con encontrar un profesor parecido lejanamente al Keating de El Club de los Poetas Muertos, conocer a estos maestros no sólo del idioma y la gramática, sino también de la pura creación y su argamasa, es una redención frente al futuro.
El miércoles, en la Diputación, cuando José Mariscal, diputado de Cultura, evocó de manera honda y conmovida el terrible accidente de Villaviciosa, donde había muerto un niño como ellos, se hizo más palpable que otras veces cómo la palabra modelada, lanzada hacia los otros y esgrimida no es que nos aísle del dolor, sino que nos amansa las heridas de cualquier expresión de la tragedia. Estos jóvenes narradores escriben sobre todo, y todo lo hacen bien: relato fantástico, gótico, superheroico, negro, mafioso, aventurero, realista, social, documental, risa y lágrima. Enhorabuena a los profesores y a los directores de los centros por saber impulsar, con entusiasmo y generosidad, esta vocación de exquisitez.
JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
MUESTRA DE NARRATIVA
Narrativa desde el Aula es una vocación, pero también una actividad sostenida en el tiempo que ha ido generando una corriente de verdaderos escritores jóvenes. Para quienes creemos en el poder redentor de la literatura, poder asistir un año más a la reunión de todos estos chicos talentosos en la Diputación y comprobar no sólo que cada año escriben mejor que el anterior, sino también que cada curso siguen renovando sus propuestas y alcanzando un mayor calado íntimo, es una celebración honrada de la Capitalidad Cultural y del verdadero amor a la enseñanza libre. Así, durante todo un curso, un grupo de profesores entusiastas dedican su energía a tutelar esta inspiración de los alumnos, que en el taller de Narrativa desde el Aula cultivan el relato breve y largo, de manera que la docencia se convierte así en matriz resplandeciente de una nueva remesa de escritores, pero también de ciudadanos lúcidos.
Luego, en un acto en la Diputación, los chavales que han participado en esta actividad reciben un diploma y una bolsa de libros. No se trata de un concurso, como ha dicho José Mariscal, el diputado de Cultura, sino de una gran tertulia literaria en la que por primera vez todos estos chicos y chicas escritoras se escuchan entre sí, pueden calibrar la multiplicidad de voces y registros que viven entre sí, que son pluralidad en la mirada exacta de la prosa. Ayer pude escuchar, de labios de sus propios autores, relatos de alumnos de los institutos Fuensanta, La Escribana, Felipe Solís de Cabra, Colonial de Fuente Palmera, también de Rute, el Ángel de Saavedra, Medina Azahara, Séneca y Blas Infante, de entre un total de trece institutos de toda la provincia que han engrosado, este año, el presente curso de Narrativa desde el Aula. Las propuestas de todos estos escritores y escritoras tan bisoños son una plenitud de lo posible, desde las absolutamente realistas, de objetivismo periodístico y hasta fotográfico, hasta la fantasía más despampanante, más jugosa y plástica: así, están presentes como siempre el realismo social, la literatura de denuncia, el drama doméstico de la violencia contra las mujeres, y también la huida adolescente, además del miedo sostenido a la pérdida del paraíso de la infancia. Hay relatos que remiten a Benet y Unamuno, con el lago que oculta una verdad mítica, y también la mejor narración social de los 50, Martín Santos y Juan García Hortelano. Son escritores niños, son escritoras niñas, pero ya conocen el valor de la sugerencia por encima de la información explícita. Conocen el valor del claroscuro, y del desdoblamiento en varios personajes, y hasta La mujer del cuadro de Fritz Lang o Laura, de Otto Preminger, han encontrado eco en un maravilloso relato titulado El cuadro. Fue la fiesta grande de la narrativa joven cordobesa, que está viva.
JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE
Desde aquí se nos invita a visitar el blog LA HORA DEL LECTOR. Su objetivo es fomentar la lectura entre los alumnos de la ESO. La dirección es:
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CUENTO. "Un caballo amarillo", de Ednodio Quintero
Ednodio Quintero
Un caballo amarillo
Si yo soñara que soy algo más que un caballo amarillo: despojado de resabios y relinchos, reducido a la infeliz condición de bípedo pensante, enfilaría mis pasos rumbo a la ciudad más cercana, aquella que se vislumbra allá en el extremo sur de la llanura, y en la cual afloran altas chimeneas oscuras manchando de hollín el cielo sin nubes de esta mañana de septiembre.
Me confundo entre la multitud sudorosa que sale del estadio. A empujones y codazos logro abordar un destartalado autobús repleto de escolares macilentos y ancianas desdentadas. A través de la ventanilla contemplo el desfile de árboles raquíticos que bordean la avenida. Un desconocido de rostro patibulario se me acerca sonriendo y me da una feroz patada en la espinilla. En silencio lo maldigo mientras me retuerzo como un gusano fulminado por un rayo de sol.
Desciendo en la esquina del mercado y me envuelve el olor a pescado podrido mezclado al vaho que asciende del fondo de las alcantarillas. Las moscas oscurecen el aire, y una rata asoma el hocico desde el bolsillo del saco de un mendigo ciego. Más allá, sentada en el umbral de una puerta rosada, una anciana prostituta se asolea las rodillas. Siento hambre, escarbo inútilmente en mi faltriquera, y me alejo poco a poco sin darme cuenta del sosegado ritmo de mis pasos.
Por un rato ando extraviado entre el humo de las fábricas, el ruido de los autos, el bullicio de los chicos que juegan al fútbol, las piernas rollizas de una mujer alta y rubia que arrastra un perro de pelaje oscuro. Y un viejo amigo que me saluda llorando. Otra vez escapo y creo refugiarme en la silenciosa intimidad de una iglesia. Me aturde la voz afeminada e irritante de un joven sacerdote, ojos azules y mejillas recién rasuradas, que agita un cristo con cara de perro regañado y vocifera en un idioma extraño, mezcla de latín; sánscrito y arekuna. Me escurro sigilosamente y vomito en la acera.
Casi sin interrupción me veo ahora sentado en un sofá, en la sala de unos parientes idiotas. Celebran mi visita con cuchicheos y sonrisas sesgadas. Me ofrecen café o té o limonada. Revolotean a mi alrededor como pájaros bobos. Recuerdan a la abuela asesinada durante una fiesta de carnaval de los años cincuenta y a la tía Margarita atacada de sarna perruna. Asqueado me despido, y con el golpe de la puerta comienzan, por turno, torpemente, a enterrarme en la espalda los puñales que ocultaban entre sus vestiduras.
Afuera la tarde es una flor anaranjada desgajándose lentamente. Las puntas de mis zapatos mellados señalan el camino de regreso. Me resisto a pensar. Mi cerebro es una cueva blanquecina, limpia y desolada, en la que, a intervalos muy breves, se desliza una sombra. Apenas una sombra y el obstinado revolcarse del viento entre los árboles. Tarareo una melodía triste y desafinada, y desciendo por el callejón pateando una lata de cerveza.
Al llegar a mi casa me aguardan los gritos de mi mujer y el llanto de nuestros hijos. Mi mujer ha enflaquecido y los senos le cuelgan como una piltrafa. Los chicos tienen hambre. Patalean y me saltan encima y se me suben por todas partes como hormigas. Me derriban, aúllan y pisotean mi cuerpo fatigado. Entonces me despierto y libre ya de pesadillas me afinco en mis patas traseras, de un salto me levanto, relincho de contento, galopo y el viento sacude mis crines amarillas.
Un caballo amarillo
Si yo soñara que soy algo más que un caballo amarillo: despojado de resabios y relinchos, reducido a la infeliz condición de bípedo pensante, enfilaría mis pasos rumbo a la ciudad más cercana, aquella que se vislumbra allá en el extremo sur de la llanura, y en la cual afloran altas chimeneas oscuras manchando de hollín el cielo sin nubes de esta mañana de septiembre.
Me confundo entre la multitud sudorosa que sale del estadio. A empujones y codazos logro abordar un destartalado autobús repleto de escolares macilentos y ancianas desdentadas. A través de la ventanilla contemplo el desfile de árboles raquíticos que bordean la avenida. Un desconocido de rostro patibulario se me acerca sonriendo y me da una feroz patada en la espinilla. En silencio lo maldigo mientras me retuerzo como un gusano fulminado por un rayo de sol.
Desciendo en la esquina del mercado y me envuelve el olor a pescado podrido mezclado al vaho que asciende del fondo de las alcantarillas. Las moscas oscurecen el aire, y una rata asoma el hocico desde el bolsillo del saco de un mendigo ciego. Más allá, sentada en el umbral de una puerta rosada, una anciana prostituta se asolea las rodillas. Siento hambre, escarbo inútilmente en mi faltriquera, y me alejo poco a poco sin darme cuenta del sosegado ritmo de mis pasos.
Por un rato ando extraviado entre el humo de las fábricas, el ruido de los autos, el bullicio de los chicos que juegan al fútbol, las piernas rollizas de una mujer alta y rubia que arrastra un perro de pelaje oscuro. Y un viejo amigo que me saluda llorando. Otra vez escapo y creo refugiarme en la silenciosa intimidad de una iglesia. Me aturde la voz afeminada e irritante de un joven sacerdote, ojos azules y mejillas recién rasuradas, que agita un cristo con cara de perro regañado y vocifera en un idioma extraño, mezcla de latín; sánscrito y arekuna. Me escurro sigilosamente y vomito en la acera.
Casi sin interrupción me veo ahora sentado en un sofá, en la sala de unos parientes idiotas. Celebran mi visita con cuchicheos y sonrisas sesgadas. Me ofrecen café o té o limonada. Revolotean a mi alrededor como pájaros bobos. Recuerdan a la abuela asesinada durante una fiesta de carnaval de los años cincuenta y a la tía Margarita atacada de sarna perruna. Asqueado me despido, y con el golpe de la puerta comienzan, por turno, torpemente, a enterrarme en la espalda los puñales que ocultaban entre sus vestiduras.
Afuera la tarde es una flor anaranjada desgajándose lentamente. Las puntas de mis zapatos mellados señalan el camino de regreso. Me resisto a pensar. Mi cerebro es una cueva blanquecina, limpia y desolada, en la que, a intervalos muy breves, se desliza una sombra. Apenas una sombra y el obstinado revolcarse del viento entre los árboles. Tarareo una melodía triste y desafinada, y desciendo por el callejón pateando una lata de cerveza.
Al llegar a mi casa me aguardan los gritos de mi mujer y el llanto de nuestros hijos. Mi mujer ha enflaquecido y los senos le cuelgan como una piltrafa. Los chicos tienen hambre. Patalean y me saltan encima y se me suben por todas partes como hormigas. Me derriban, aúllan y pisotean mi cuerpo fatigado. Entonces me despierto y libre ya de pesadillas me afinco en mis patas traseras, de un salto me levanto, relincho de contento, galopo y el viento sacude mis crines amarillas.
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PRENSA. 21 enero 2010
En "El País":
1. Tintín, a la conquista de China. Reportaje de José Reinoso. El cómic más vendido junto con Astérix desembarca en el gigantesco mercado asiático. El Gobierno veta uno de los álbumes por anticomunista.
2. Melancolía del fin. Columna de Vicente Verdú sobre los jóvenes y la cultura.
3. La pobreza de hoy tiene un rostro joven. Reportaje de Carmen Morán. El perfil del nuevo pobre se aleja del anciano y dibuja a un trabajador precario con niños pequeños. El reto es doble: crear empleo y fortalecer una red social que impida heredar la exclusión.
4. Haití, un desafío internacional. Artículo del escritor Carlos Fuentes.
5. Suiza, Italia, Vic: xenofobia institucionalizada. Escriben Abdelhamid Beyuki, representante del ECRI (Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia) en España; y Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia.
6. La segunda mitad de la era del petróleo. Artículo de Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona. La producción mundial debería aumentar mucho para satisfacer la demanda de las economías emergentes. Pero la extracción tiene crecientes problemas técnicos y geopolíticos. Se acerca el fin, la hora del relevo.
1. Tintín, a la conquista de China. Reportaje de José Reinoso. El cómic más vendido junto con Astérix desembarca en el gigantesco mercado asiático. El Gobierno veta uno de los álbumes por anticomunista.
2. Melancolía del fin. Columna de Vicente Verdú sobre los jóvenes y la cultura.
3. La pobreza de hoy tiene un rostro joven. Reportaje de Carmen Morán. El perfil del nuevo pobre se aleja del anciano y dibuja a un trabajador precario con niños pequeños. El reto es doble: crear empleo y fortalecer una red social que impida heredar la exclusión.
4. Haití, un desafío internacional. Artículo del escritor Carlos Fuentes.
5. Suiza, Italia, Vic: xenofobia institucionalizada. Escriben Abdelhamid Beyuki, representante del ECRI (Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia) en España; y Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia.
6. La segunda mitad de la era del petróleo. Artículo de Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona. La producción mundial debería aumentar mucho para satisfacer la demanda de las economías emergentes. Pero la extracción tiene crecientes problemas técnicos y geopolíticos. Se acerca el fin, la hora del relevo.
miércoles, 20 de enero de 2010
PRENSA. 20 enero 2010
En "El País":
1. Sospechosos. Columna de Elvira Lindo.
2. Quiero y (no) leo. Columna de Manuel Rodríguez Rivero.
3. Tres Obamas y un año presidencial. Artículo de Norman Birnbaum, catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
4. Haití en el corazón. Artículo del escritor Sergio Ramírez.
5. Calabria, la mafia y los subsaharianos. Artículo de Antonio Nicaso, periodista y escritor, autor junto con Nicola Gratteri de Hermanos de sangre (Debate). La agresión en Rosarno a dos africanos dio paso a una revuelta y a un estallido de racismo comandados por las bandas mafiosas que dominan el lugar. Son inmigrantes, la gente del hambre, que ya no son necesarios.
6. La 2ª muerte del general. Artículo de M. Á. Bastenier sobre las recientes elecciones en Chile.
1. Sospechosos. Columna de Elvira Lindo.
2. Quiero y (no) leo. Columna de Manuel Rodríguez Rivero.
3. Tres Obamas y un año presidencial. Artículo de Norman Birnbaum, catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
4. Haití en el corazón. Artículo del escritor Sergio Ramírez.
5. Calabria, la mafia y los subsaharianos. Artículo de Antonio Nicaso, periodista y escritor, autor junto con Nicola Gratteri de Hermanos de sangre (Debate). La agresión en Rosarno a dos africanos dio paso a una revuelta y a un estallido de racismo comandados por las bandas mafiosas que dominan el lugar. Son inmigrantes, la gente del hambre, que ya no son necesarios.
6. La 2ª muerte del general. Artículo de M. Á. Bastenier sobre las recientes elecciones en Chile.
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martes, 19 de enero de 2010
PRENSA. 19 enero 2010
En "El País":
1. Así va. Columna de Rosa Montero.
2. Orhan Pamuk: "Hay que ser libre para recordar". Por J. M. Martí Font. El escritor turco montará una muestra sobre Estambul en Barcelona.
3. El regreso de Mecenas. Artículo de Fernando Savater.
4. El mundo entero envejece. Reportaje de Mónica Ceberio Belaza. La ONU prevé que en 2045 los mayores de 60 años superen a los menores de 14. Los países en desarrollo siguen las pautas de crecimiento de los desarrollados.
5. El progreso. Artículo de Francisco Bustelo, catedrático emérito de Historia Económica y rector honorario de la Universidad Complutense.
6. ¡Mueran los 'heditores'! Artículo de Luisgé Martín, escritor; su última novela es Las manos cortadas (Alfaguara). Sufrimos un bombardeo de mensajes que predican, con voz epifánica, que Internet libera a la cultura de la tiranía de los editores y otros empresarios. ¿Estamos seguros de que, de ser así, represente un claro progreso?
7. Un balón de materia oscura rodea la Vía Láctea. Reportaje de Malen Ruiz de Elvira. Los astrónomos ponen forma por primera vez al 70% de la masa de la galaxia. Su orientación causa sorpresa: "Ahora no sabemos cómo se generó la espiral".
1. Así va. Columna de Rosa Montero.
2. Orhan Pamuk: "Hay que ser libre para recordar". Por J. M. Martí Font. El escritor turco montará una muestra sobre Estambul en Barcelona.
3. El regreso de Mecenas. Artículo de Fernando Savater.
4. El mundo entero envejece. Reportaje de Mónica Ceberio Belaza. La ONU prevé que en 2045 los mayores de 60 años superen a los menores de 14. Los países en desarrollo siguen las pautas de crecimiento de los desarrollados.
5. El progreso. Artículo de Francisco Bustelo, catedrático emérito de Historia Económica y rector honorario de la Universidad Complutense.
6. ¡Mueran los 'heditores'! Artículo de Luisgé Martín, escritor; su última novela es Las manos cortadas (Alfaguara). Sufrimos un bombardeo de mensajes que predican, con voz epifánica, que Internet libera a la cultura de la tiranía de los editores y otros empresarios. ¿Estamos seguros de que, de ser así, represente un claro progreso?
7. Un balón de materia oscura rodea la Vía Láctea. Reportaje de Malen Ruiz de Elvira. Los astrónomos ponen forma por primera vez al 70% de la masa de la galaxia. Su orientación causa sorpresa: "Ahora no sabemos cómo se generó la espiral".
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