jueves, 28 de agosto de 2014

PRENSA CULTURAL. "Varios autores responden cuáles son los libros de nuestro tiempo" (5)


   En la revista "Letras Libres".

Encuesta

Julio Hubard

Enrique Krauze

Rafael Lemus

Mario Bellatin

Brenda Lozano
De la pregunta inicial me surgieron algunas preguntas. ¿Cómo delimitar las últimas décadas? ¿Mayor influencia cómo? ¿Una lista de los libros más importantes? ¿Importantes cómo? ¿Qué es lo importante? Cada pregunta me llevaba a otra, alejándome de las respuestas. Creo que allí, lejos de las respuestas, me la paso bien. Quizás en las aulas se puede llegar a respuestas, pero a mí me gustan las galletas, el café cortado y leer en cafeterías, así que esta lista tiene el espíritu de una servilleta. Lejos de un canon, pienso en obras que comparten rasgos, en una especie de familia de libros, algo así como capítulos de un libro imposible. Quizás Eurípides, entre los tres trágicos, tiró la primera piedra en las anécdotas que viajan al fondo del personaje. Oblómov, desde la inmovilidad, tiró otra piedra. Chéjov, atendiendo héroes comunes y corrientes, otra. Proust, Virginia Woolf y Robert Walser, tres grandes obras en las que la acción es un asunto secundario. El viaje al fondo del personaje, la no acción, los héroes de la vida diaria, los géneros llevados al límite de la confusión, lo fragmentario: la consagración de lo secundario. Quizás lo que queda es cómo decirlo. Me parece que el arte, el cine y la literatura que se hacen hoy comparten rasgos con algunos de estos libros. ~

Valeria Luiselli
Esta lista se hizo a lo largo de una sobremesa en el pueblo de Fosdinovo, entre amigos de distintas nacionalidades, edades y profesiones, con más vino y desparpajo que convicción por los cánones. Mientras hacíamos la lista, era cada vez más claro que lo más interesante del ejercicio estaba en su espacio negativo –es decir, en aquello que dejábamos fuera a pesar de que, en la mayoría de los casos, apelara más a nuestro gusto individual que aquello que decidíamos incluir.
Estuvimos de acuerdo, por ejemplo, en que Pedro Páramo de Juan Rulfo y El Aleph de Borges son mucho mejores libros que Cien años de soledad; en que Youth o Waiting for the Barbarians, de J. M. Coetzee,nos marcaron más como lectores que Disgrace; o en que faltaban, entre muchos otros que recordamos, Yourcenar, Duras, Perec, Salinger, Levi, tal vez Carver, Calvino y Cortázar, y definitivamente Kawabata y Pessoa, cuyo Livro do desassossego no se publicó sino hasta 1982. (La lista de verdad, la más interesante, está en el espacio negativo de estas omisiones.)
Faltan, además, libros de historia, antropología, ciencia, economía y libros para niños. La lista tampoco incluye más que un poemario, y eso es imperdonable, aunque también creo que la mayoría de los poemas más importantes del siglo se escribieron antes de 1945: The Waste LandResidencia en la TierraTrilce“A”The Cantos, por nombrar solo algunos.(The Cantos es un caso raro, pues los poemas fueron escritos a lo largo de seis décadas, empezando en 1914 o 15, y publicados de forma fragmentaria hasta su edición completa en los años sesenta.)
El criterio que reúne los títulos que sí están en lista, entonces, no es su “superior” calidad literaria o conceptual respecto de otros, sino la manera en que fueron absorbidos y el papel que jugaron como catalizadores de cambios en los discursos culturales globales de la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI. En todos los casos, creo, los libros de la lista han rebasado el espacio de su disciplina y lenguaje original, para convertirse en moneda de corriente de otras lenguas y disciplinas humanísticas. En unos casos, novelas como Cien años de soledad o Desgracia, y no otros tal vez mejores,están presentes porque pusieron sobre la plataforma de la lectoría internacional realidades y regiones antes ajenas al interés literario. Finalmente, está el caso del Libro de los pasajesde Benjamin o El maestro y Margarita de Bulgákov, ambos publicados con muchos años de diferencia respecto de su fecha de escritura. Su presencia en la lista, más allá del valor intrínseco de cada uno, está justificada porque ambos son testimonio de una época anterior del siglo XX, silenciada y reprimida brutalmente.

Finalmente, no creo que una lista, o una lista de listas, “tome el pulso” de nada más que del contexto específico y las personas que la produjeron. Una antología siempre dice más del antologador que de los antologados. Tal vez una lista como esta se deba leer simplemente como una lista de supermercado en un país extranjero: con desconcierto, curiosidad y resignación anticipada.

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