lunes, 14 de enero de 2013

PRENSA. MALOS LUGARES PARA SER MUJER. India. "Abusadas desde la cuna hasta la tumba".

Protesta en Nueva Delhi (India), el pasado 30 de diciembre, por la violación y asesinato de una jove / ANDREW CABALLERO- REYNOLDS  (AFP) ("El país")

   En "El País":

Abusadas desde la cuna hasta la tumba

El país emergente es el que trata peor a la mitad femenina de la población

 12 ENE 2013

“Las mujeres somos abusadas desde la cuna hasta la sepultura”, decía un cartel en las iracundas manifestaciones en Nueva Delhi por la brutal violación en grupo y posterior muerte por las heridas de Amanat, estudiante de 23 años. Un suceso que conmovió India, donde ayer se conocía otro caso similar: una mujer de 29 años que regresaba a su pueblo fue víctima de una violación múltiple. El conductor y el revisor del autobús en el que viajaba la secuestraron y la llevaron a una casa donde fue agredida por otros cinco hombres más, según informó la prensa india. Los hechos ocurrieron en la región de Punjab. Las mujer, que fue abandonada por sus agresores ayer por la mañana, acudió a la policía, que ha detenido a cinco de los siete agresores.
Aunque cada vez hay más mujeres en altos cargos en India y la situación de ellas mejora, la discriminación en una sociedad dominada por una mentalidad patriarcal sigue siendo rampante. Empieza desde antes de que nazcan, desde los abortos selectivos, explican los expertos. En India, por cada 1.000 varones de hasta seis años hay solo 914 niñas, según revelaciones del último censo en 2011.
“La gente prefiere tener hijos a hijas: cree que ellos son los que mantendrán a sus padres cuando crezcan y que ellos no pueden perder el honor de la familia. Así que en muchos casos los fetos femeninos son abortados”, afirma Rekha Bezboruah, directora de Ekrata, una ONG para la igualdad de las mujeres.
Cuando una familia pobre no tuvo dinero para hacer una ecografía en el embarazo que determine el sexo del bebé (una práctica penada por la ley) y nace una niña, a veces se deshacen de ella tirándola en la basura o enterrándola viva, dice Shemeer Padinzjharedil, editor de la web maps4aid que mapea los casos de violencia en India. “Es muy común que los recursos de la familia estén destinados a la crianza de los hijos varones: reciben mejor educación, están mejor alimentados y en general se les cuida más”, añade.
Criados como superiores, muchos niños desarrollan una mentalidad machista, en donde caben los abusos ante sus inferiores, coinciden los entrevistados. En su informe sobre adolescentes de 2012, Unicef encontró que más de la mitad de los adolescentes (el 57% de ellos y el 53% de ellas) encuentran justificable que un marido golpee a su esposa. “La discriminación sigue a lo largo de toda la vida”, prosiguePadinzjharedil.
India es el peor país del G-20 para las mujeres, según un estudio de la Fundación Thomson Reuters. “Las mujeres y las niñas siguen siendo vendidas como objetos, casadas a los 10 años, quemadas vivas por peleas sobre las dotes o explotadas como esclavas domésticas”, señaló en una entrevista para ese trabajo Gulshun Rehman, asesora de Save the Children.
Las oportunidades de las mujeres también son truncadas al ser casadas jóvenes. “Más del 40% de los matrimonios infantiles del mundo son en India. En ocho Estados del país, más de la mitad de las mujeres son casadas antes de los 18 años”, según un documento de la ONU presentado al Gobierno en octubre pasado. El matrimonio le niega a las niñas su infancia, las priva de su educación y las hace más vulnerables en salud, entre otros riesgos, dice la ONU.
La dote que la familia de la novia debe regalar a la del novio es un claro ejemplo de que las mujeres son vistas como una carga. Aunque hay una ley que la prohíbe, sigue siendo común. “Si no se da o no se considera suficiente, muchas mujeres sufren el acoso de sus familias políticas”, explica Reni Jacob, exdirectora de la Comisión para la Mujer de Nueva Delhi. En muchos casos los chantajes llevan a las mujeres al suicidio.
En India hay poco espacio para que las mujeres decidan no casarse o no tener hijos, coinciden los expertos.
Al quedar viudas pierden su espacio en la sociedad. Se cree que han dado mala suerte al marido. Por ello, deben de vivir en luto el resto de sus vidas.

LA MUJER EN MÉXICO
LA MUJER EN CHINA
LA MUJER EN ÁFRICA
LA MUJER EN EL MUNDO ÁRABE

PRENSA CULTURAL. "Superhéroes para salvar los clásicos del olvido".

Ilustración para 'La historia de Cyrano de Bergerac' de Miguel Tanco. ("El País")

   En "El País":

Superhéroes para salvar los clásicos del olvido

Alessandro Baricco enrola a Vargas Llosa, Eggers o Eco para reescribir obras maestras que enganchen a los niños de hoy

“Son historias maravillosas que de pequeño no puedes leer. Y alguien tiene que contárselas", remarca el autor de 'Seda'

 12 ENE 2013

Los superhéroes tienen por norma salvar al mundo de la injusticia, la violencia o el robo. Pero el escritor italiano Alessandro Baricco (Turín, 1958) se ha propuesto con la colección Save the Story —que se empieza a editar en España— crear un nuevo perfil de héroe que rescate para los niños a los grandes clásicos de la literatura. Y para ello recluta superhéroes entre renombrados autores, a los que encarga apropiarse de las escenas favoritas de alguna gran obra para volver a contarla a su manera a través de un texto ilustrado de un centenar de páginas. La nómina de este proyecto, amparado desde 2010 por la escuela Holden para futuros escritores que fundó y dirige Baricco, no para de aumentar con compatriotas como Umberto Eco, Andrea Camilleri o Stefano Benni, junto a anglosajones —Ali Smith, Dave Eggers o Yiyun Li— y hasta a un Nobel: “El número 11 es de Mario Vargas Llosa, que ha reescrito La cruzada de los niños, de Marcel Schwob. No es un gran clásico, pero sí una historia muy bella en la que todos los niños se pierden en la nada”, sostiene Baricco en una librería de Madrid.

La idea es que una persona te cuente esa historia, aunque cometa errores porque no la recuerde exactamente
“Los clásicos no han sido escritos para niños. Son historias maravillosas que de pequeño no puedes leer. Y alguien tiene que contárselas, escribirlas de nuevo, porque sus autores ya no están”, continúa Baricco. “Se las puede acortar, usar un vocabulario más simple… pero eso no funciona. La idea de Save the Storyes que, en vez de tu padre o tu abuelo, sea otra persona la que te cuente esa historia, aunque cometa errores porque no la recuerde exactamente. Tú buscas en esta historia el amor de tu padre, que te mira con los ojos grandes mientras la narra. La historia pasa a ser parte de ti y luego tienes toda la vida para ir al teatro y ver Don Juan (que él ha versionado), o para leer Los novios”, sostiene el autor de Seda. “Con los años puedes reencontrarte con una historia que tienes ya en alguna parte de ti”.
“Los viajes de Gulliver es uno de los libros más profundos que se han escrito jamás. Uno de los pocos que se plantea cuestiones fundamentales sobre qué significa ser humano”, cuenta el británico Jonathan Coe (Birmingham, 1961) sobre su clásico elegido. Responde por correo electrónico, como el resto de autores de este reportaje. “He intentado preservar la seriedad de la visión de Swift, reteniendo los elementos de fantasía de la historia que encantan en la infancia. Eso sí, todo con un lenguaje simple que puedan entender”, cuenta el autor de El club de los canallas, que de niño no fue muy lector. “Tenía los libros de Swift, Dumas o Verne, pero encontraba demasiado complicado su lenguaje. Por eso encuentro que Save the Story es una interesante solución”.


Ilustración para 'La historia de Los novios' de Marco Lorenzetti.
“Para mí, El rey Lear habla sobre todo de lo difícil que es convertirse en adulto. Por eso en esta reescritura he recalcado la perspectiva contraria, la juventud, y eso me ha dado el suficiente valor para aceptar el reto”, explica Melania Mazzucco (Roma, 1966) sobre su peculiar versión del clásico de Shakespeare. “La cuestión crucial en esta reescritura ha sido preguntarme: ¿quién cuenta esta historia? Para mí es evidente que el narrador no es Lear o el tonto, es Edgar”.
Dave Eggers (Boston, 1970) conoció al capitán Nemo, protagonista de su versión, a través de Disney. “Tuvo un efecto indeleble en mí y me hizo interesarme por Verne. Hacía décadas que no leía el libro, pero siempre conservó un lugar en mi imaginación”. Al releerlo concluyó que estaba lleno de explicaciones científicas que a veces imposibilitaban seguir el argumento. “La ciencia que aparece era novedad entonces, pero ahora nos resulta más familiar. Fue un reto recortar la maraña científica. Creo que ha permitido que la historia emerja con más fuerza y claridad”. En sus primeros años Eggers leía “como la media”: “Me atraían los libros que casaban bien arte y texto. Por eso Save the Story, que une una historia con ilustraciones, es una gran idea”.
“Había leído a los niños en la escuela parte de Cyrano de Bergerac y les gustó mucho. Así que pensé en hacer toda una versión para ellos que pudiese gustarle también a los grandes”, explica Stefano Benni (Bolonia, 1947). La suya era una tarea laboriosa y arriesgada. “La mayor dificultad han sido las baladas y las poesías, reproducir la rima y el ritmo. Y cualquier corte he tenido que pensarlo con cuidado”.
“Antígona es una de mis historias favoritas y nunca dejará de ser relevante. Tiene una heroína muy joven y su juventud es parte de la historia”, sostiene, por su parte, la británica Ali Smith (Inverness, 1962). Le costó contar la tragedia Antígona de forma que resultase real a los niños, “y confiar en ellos, sin ser condescendiente al tratar cuestiones muy difíciles y sangrientas”. Recurrió a sus recuerdos de infancia: “Leí mucho porque fui la última de cinco hermanos y disponía solo de clásicos que no eran para niños. A los 10 años leía muy bien a Swift, Orwell y Joyce. Tuve suerte”.


Ilustración de Maja Celija para 'La historia de La nariz'.
Los derechos de Save the Story se han vendido a 14 países y La historia de Los novios, de Eco, ha entrado en el programa escolar en Brasil. Es también una producción de teatro en la que un actor o actriz declama el texto íntegro con música e ilustraciones proyectadas. “La respuesta de los lectores es buena. Pero no hay que olvidar que es un objeto extraño. La gente no entiende enseguida de qué se trata. ¿Eco y Los novios?, se preguntan. Pero han confiado en nosotros”, subraya Baricco. “Hemos trabajado duro porque era difícil, pero estamos contentos”.
Apasionado de los clásicos, Benni, que trabaja ahora la Salomé de Oscar Wilde, ha pulsado en el teatro también la “calurosa” acogida de los espectadores. “La próxima lectura será en Nápoles con la Scalzabanda, que es una banda formada por niños de un barrio de Nápoles con algún problema familiar. Pienso que será divertidísimo, porque son entusiastas e improvisan. Hemos acuñado el eslogan: ‘Los feos no existen, somos todos bellos como Cyrano”.
La historia de Don Juan. Alessandro Baricco. Ilustraciones de María Nacar. La historia de Cyrano de Bergerac. Stefano Benni. Ilustraciones de Miguel Tanco. La historia de La nariz. Andrea Camilleri. Ilustraciones de Maja Celija. La historia de Los novios. Umberto Eco. Ilustraciones de Marco Lorenzetti. Todos estos libros traducidos por Javier González Rovira. Anagrama. Barcelona, 2012. 104 páginas. 14,90 euros. En los próximos meses se publicará: La historia de Los viajes de Gulliver (Jonathan Coe); La historia de Antígona (Alli Smith) La historia del Capitán Nemo (Dave Eggers); La historia de Crimen y castigo (Abraham B. Yehoshua) y La historia de El rey Lear (Melania Mazzucco).

PRENSA. Viñeta de Forges

   En "El País" (12 enero 2013):

viernes, 11 de enero de 2013

POESÍA. "La muerte al otro lado de la cámara", de Aurora Luque (Almería, 1962)

Aurora Luque

La muerte al otro lado de la cámara

Acodada en la barra o la terraza
me miro desde lejos como dicen
que se miran los que han estado muertos:
un fulgor en el vaso
me resume lo helado de los años.
Vértigo de un rodaje discontinuo,
fotogramas vacíos que huyen.
                                                               Eso sí,
gastó el maquillador tiempo y pericia.
Desde esta muerte actriz y fingidora,
la vida es un depósito en penumbra
de máscaras usadas hacia dentro.

PRENSA. "Asfixia". Juan José Millás

Juan José Millás

   En "El País":

 28 DIC 2012
Desesperado, entro en la Fnac a la caza de un libro que me salve la vida. Arrastro la desesperación desde la Casa del Libro y sigo con ella hasta La Central, la nueva tienda de los alrededores de Callao. Un libro que me salve la vida, pero del que no me haya hablado nadie todavía, que no haya salido en los periódicos, que no se encuentre entre los diez mejores del año, quizá que ni siquiera se haya publicado, aunque misteriosamente esté ahí, para mí, y nos reconozcamos al instante. Con la desesperación intacta, abandono la zona y bajo al metro donde una pareja de adolescentes, junto a la máquina expendedora de billetes, se salvan la vida el uno al otro a cuchilladas, si sus lenguas fueran dos cuchillos. Eso es salvarse la vida con desesperación, me digo, mientras la máquina me da un sablazo. Ya en el tren, una mujer ecuatoriana observa con desasosiego la pantalla del móvil a la espera de una llamada, de un mensaje, de un whatsApp que le salve la vida. Y estos que ahora entran a tocar la guitarra están pidiéndonos en realidad que les salvemos la vida. Arriba la gente hace cola frente a los establecimientos de Apuestas y Loterías del Estado para adquirir un décimo, otro, ahora el del Niño, que les salve la vida. Sálvame la vida, suplican a la lotera, pobre, que despacha la suerte ella misma con el agua al cuello, sin atreverse a gritar socorro por si el socorro estuviera contemplado en la Reforma Laboral como causa objetiva de despido. Hasta los maniquíes de los escaparates, asmáticos perdidos, te piden con desesperación que les salves la vida. Me salve usted la vida, por favor, gritan disimulando el ventolín. Llevamos aquí desde las siete, dice alguien, sin especificar si de la mañana o de la noche, desde la siete, insiste, y no me salva nadie de esta jodida ciudad de un millón de muertos, que decía el poeta.

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (28 diciembre 2012):

PRENSA CULTURAL. Sobre 'Pensar el siglo XX', de Tony Judt.

Tony Judt, coautor de 'Pensar el siglo XX': / JAMES LEYNSE/CORBIS ("El país")
   En "El País":

El rescate del siglo XX

'Pensar el siglo XX', testamento intelectual del historiador británico Tony Judt, es el libro del año para los críticos de 'Babelia'

 29 DIC 2012

Pensar el siglo XX

Tony Judt con Timothy Snyder. Traducción de Victoria Gordo del Rey. Taurus

Nadie de los que han votado Pensar el siglo XX como el mejor libro del año lo ha hecho por considerar las tristes circunstancias en las que se produjo y fue escrita esta conversación de Tony Judt, un enfermo de esclerosis lateral amiotrófica que tenía pocas oportunidades de verla impresa, y su colega y admirador Timothy Snyder. En esa misma época angustiosa había surgido también un breve pero intenso panfleto sobre la crisis de civilización que todavía nos aqueja, Algo va mal (2010), y una sugestiva autobiografía ordenada por ámbitos temáticos, El refugio de la memoria (2010), ambos dictados por el autor y transcritos por manos amigas. Lo que sucedió es que todos reconocimos en estos libros la lucidez, la libertad y la inteligencia que nos habían deslumbrado en los dos inmediatamente anteriores, la síntesis histórica sobre la historia europea posterior a 1945, Posguerra (publicado en 2005, traducido en 2006), con enorme éxito internacional, y los brillantes ensayos de Sobre el olvidado siglo XX (2008), escritos casi todos para las exigentes páginas de The New Yorker.

En la conversación se habla a menudo de la doble condición de'insider' y 'outsider'como formas de socialización y disposiciones de ánimo
Leer algo que se ha escrito con la contumaz voluntad de un testamento impresiona por fuerza. Pero, desde un comienzo, Tony Judt había observado la experiencia de su propia vida como un objeto de historia y en estos libros postreros se aprecian las dotes intelectuales que siempre tuvo: la vehemencia y la brillantez expresivas, la capacidad de evocación de lo concreto y revelador, la legítima soberbia de quien puede ser osado o impertinente, pero sin rozar la autosuficiencia o la pedantería. En la conversación con Snyder se habla a menudo de la doble condición de insider y outsider como formas de socialización y disposiciones de ánimo, y se infiere que Judt se sabía beneficiario de las ventajas de ambas: como historiador fue un insider con resabios de outsider (formado en Cambridge, enseñó muy tempranamente en Reino Unido y en Estados Unidos, pero siempre fue bastante rebelde a consejos, actitudes y supersticiones académicas) y como ser humano fue un outsider con voluntad de insider (fue un judío británico de clase media que cursó estudios gracias al excelente sistema de becas, que siempre echó de menos, y supo lo que debía a las tradiciones pedagógicas británicas). En El refugio de la memoria, el precioso capítulo dedicado a ‘Joe’, su primer profesor de alemán, deja muy claro el orgullo por el propio esfuerzo. Y otro apartado, ‘Palabras’, consigna la deuda con la retórica y la exactitud verbal que aprendió en el King’s College. Y nunca se sintió incómodo por haber sido —como sus compañeros becarios— “al mismo tiempo radicales y miembros de una élite. Es la incoherencia de la meritocracia: dar a cada uno su oportunidad y luego privilegiar a los que tenían talento”. Tampoco resulta fácil clasificarle en virtud de otras decisiones vitales. Se dedicó temprana y brillantemente a la historia intelectual de la Francia moderna, pero nunca estuvo cómodo en el mundo ceremonioso y mandarinesco de las grandes Écoles, donde tuvo la oportunidad de completar su formación. Por edad vivió la conmoción de 1968, pero no sintió el atractivo de la revolución, ni militó en el comunismo, porque en esos años prefirió ser sionista. Y, de hecho, su gran descubrimiento intelectual se produjo, ya en los noventa, cuando empezó a leer (y logró hacerlo en sus lenguas de origen) a pensadores disidentes polacos y checos a los que sus coetáneos anglosajones y franceses habitualmente desdeñaban.

no le quita el sueño la querella de hogaño entre la Historia profesional y la Memoria histórica
El análisis de esta trayectoria marca el sistema conjuntivo que pactaron Snyder y Judt para la escritura de Pensar el siglo XX. El arranque de cada capítulo es un memorándum autobiográfico de Judt que plantea lo sustancial del tema y que va dando paso a las matizaciones, apostillas o sugerencias de su colega y, al cabo, a un diálogo animado entre dos hombres de distinta edad (el entrevistador es veinte años más joven) y biografía (Snyder es un norteamericano de Ohio), aunque ambos compartan el mismo interés por la cultura centroeuropea y la misma aversión a los dos totalitarismos del siglo XX, el fascismo y el comunismo. Snyder escribe al frente de su prólogo que “este es un libro de historia, una biografía y un tratado de ética”, porque recuerda, sin duda, que la definición de historiador que más complacía a Judt era aquella que los hacía “filósofos que enseñan mediante ejemplos”. En las páginas de los capítulos 7 (‘Unidades y fragmentos: historiador europeo’) y 8 (‘La edad de la responsabilidad: moralista estadounidense’), que se refieren respectivamente a la escritura de Posguerra y a la participación en los debates políticos de las revistas norteamericanas de los últimos diez años, encontraremos a un defensor del concepto clásico de la historia (“la historia es un relato moral”), que prefiere como arrimo la referencia de las Humanidades a la de las llamadas Ciencias Sociales y que se confiesa poco amigo de las corrientes poshistóricas de patente francesa, o de las surgidas al calor de los Cultural Studies. Y a quien no le quita el sueño la querella de hogaño entre la Historia profesional y la Memoria histórica, concebida como una suerte de democratización de la primera: “Son hermanastras que se odian —apunta en sus conversaciones— y son inseparables porque comparten una herencia indivisible”. El objetivo de la Historia es la dilucidación de la verdad y no un acto personal de reconciliación o de querella con el pasado: la “verdad de la autenticidad”, le cuenta a Snyder, “es distinta de la verdad de la honestidad. Del mismo modo, la verdad de la caridad es diferente de la verdad de la crítica”.

Pero en los artículos de ese libro no había tenido inconveniente en manifestar su antipatía por la megalomanía obstinada de Juan Pablo II,
No le gustaba que la Historia se haya arrogado la función de corregir el presente, mediante la lectura masoquista del pasado. Como historiador de los acontecimientos del siglo XX, pudo tener la tentación de hacerlo pero la conjuró porque no creyó (como escribió en el prefacio a Sobre el olvidado siglo XX) que aquella centuria fuera solamente “una Cámara de los Horrores Históricos de utilidad pedagógica cuyas estaciones se llaman Múnich o Pearl Harbor, Auschwitz o Gulag, Armenia o Bosnia o Ruanda, con el 11 de septiembre como especie de coda excesiva, una sangrienta posdata”. Pero en los artículos de ese libro no había tenido inconveniente en manifestar su antipatía por la megalomanía obstinada de Juan Pablo II, por la fatuidad vana de Tony Blair, por la soberbia de Jean-Paul Sartre, por los silencios del gran historiador Eric Hobsbawn, a la vez que exponía su consideración negativa de la sociedad belga de hoy y de los errores que parecen presidir los rumbos de la historia israelí después de 1967 y de la rumana de los últimos cien años. En las conversaciones con Snyder, leemos que lo esencial del legado del último siglo no fueron las guerras y los conflictos de identidad nacional, sino que “durante gran parte del siglo nos dedicamos a debatir, implícita o explícitamente, sobre el surgimiento del Estado”, algo que, en puridad, fue herencia del fecundo siglo XIX y desembocó en la opción por “Estados democráticos y constitucionales fuertes, con una fiscalidad alta y activamente intervencionistas, que podían abarcar sociedades de masas complejas sin recurrir a la violencia o la represión”. Y, a despecho de su proclamada renuncia a aleccionar, Judt concluye: “Seríamos unos insensatos si renunciáramos alegremente a ese legado”.
Estas briosas afirmaciones y la nostalgia del pensamiento de quien las dijo es lo que —a mí, cuando menos— me han llevado a considerar estas conversaciones de Judt y Snyder como el mejor libro del año pasado. Hubo otros excelentes, sin duda, pero ninguno nos habla tan claramente de la estirpe rahez del poder financiero y de la estupidez de sus corifeos políticos y periodísticos, dedicados al resignado masoquismo (los sacrificios nos harán dignos de la felicidad futura) y al cuidadoso desmantelamiento de aquello que, desde hace más de cien años, tanto ha contribuido a la libertad y la dignidad de los seres humanos.

jueves, 10 de enero de 2013

POESÍA. "Interior", de Aurora Luque (Almería, 1962)

Aurora Luque

INTERIOR

A menudo converso con mis sueños.
Los invito a salirse de la noche
y se sientan, con trajes neblinosos,
junto a mi mesa sucia de papeles.
Y les pregunto sobre su sintaxis
porque se ofenden si hablo de semántica.
Hoy he recuperado de sus manos
un fragmento de ti tan exquisito
como una noche de junio en Gil de Biedma,
un otoño de Keats o aquel sabor a polo de naranja
de las viejas mañanas de domingo.

PRENSA. "Cuéntame la crisis", reportaje

Periodistas, políticos y economistas comparten el interés por lo libros sobre la crisis. / GORKA LEJARCEGI 
("El país")

   En "El País":

Cuéntame la crisis

La recesión ha propiciado un auge de los libros dedicados a la materia

El interés por la economía va más allá de la coyuntura y las editoriales aprovechan para reeditar obras clásicas

 7 ENE 2013

Cuando estalló la crisis argentina, en diciembre de 2001, que derivó en el corralito financiero y la suspensión de pagos del país, desde España llamaba la atención el elevado grado de conocimiento de la terminología financiera manejada por los ciudadanos de aquel país, estuvieran o no relacionados profesionalmente con la materia. La misma soltura en el uso de ese lenguaje que hoy se puede escuchar en cualquier charla de café o en un corrillo de barrio en esta España en crisis: rescate financiero, prima de riesgo, diferencial con la deuda alemana, deuda pública… Es uno de los efectos de la crisis económica: de repente, una materia temida por muchos se convierte en foco de interés universal. “Hay demanda, no se trata de una moda. Una moda son los libros eróticos que se están publicando al hilo del éxito de 50 sombras de Grey. Pero con los libros de economía lo que pasa es que hay mucha demanda”, explica Roger Domingo, director del sello editorial Deusto, de Planeta.
La gente necesita entender qué ha pasado, por qué ha pasado, qué puede hacer para afrontar su situación financiera personal y para ello recurre, incluso, a la literatura clásica económica en busca de explicaciones y teorías en torno a la crisis. Muchas de las obras de John Maynard Keynes, Friedrich Hayek, Carl Marx o Milton Friedman, entre otros autores, han sido reeditadas en los últimos años, libros que hasta hace poco resultaban difíciles de conseguir. “La Historia del análisis económico de Joseph Schumpeter acaba de ser reeditada y llevaba 10 años agotada”, apunta Enrique Pascual, de la librería Marcial Pons en Madrid. “Hay más demanda también porque las editoriales arriesgan más”, explica.
Hasta hace unos años, las secciones de Economía de las librerías estaban, básicamente, dedicadas a los profesionales de la empresa y muchos de los títulos tenían que ver más con la gestión y los textos de las escuelas de negocios que con la macroeconomía. Los grandes títulos de éxito internacional difícilmente se veían en las librerías españolas y había que aprovechar el viaje de algún conocido al extranjero para encargar esos textos. Eso era, claro, antes de la era Amazon. “Es cierto que se producía poco en español y también se traducía poco”, asegura Enrique Pascual. Y las editoriales, efectivamente, se han puesto las pilas. “Los títulos que antes publicábamos de Economía apenas eran el 10% o el 15% del total. Ahora suponen el 50%. Publicamos tanto títulos de éxito internacional, como Los señores de las finanzas, de Liaquat Ahamed, o Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglou, pero, sobre todo, ahora publicamos títulos de autores nacionales, como José María Gay de Liébana, que varias semanas ha sido número uno en ventas de Economía en Amazon con su libro España se escribe con E de endeudamiento. Especialmente, después de salir en el programa de televisión Salvados”.
No solo las grandes editoriales y los autores conocidos han encontrado un filón con la economía en estos tiempos tan convulsos. Pasos Perdidos es una editorial nueva, con apenas un año de vida y ya son tres los libros de economía que llevan publicados, todos del colectivo francés Economistas Aterrados, en formato de bolsillo y a bajo precio. “En nuestro caso no hicimos un cálculo comercial primero, aunque luego los libros han funcionado bien. Fue una decisión previa porque teníamos buena relación y proximidad con los autores franceses. Claro que, sin ese éxito, no sé si habríamos seguido publicando sus libros. Incluso han venido a dar conferencias en el Liceo francés y en la Universidad”, asegura Fernando Sánchez Pintado, de la editorial.

Las editoriales arriesgan más y apuestan por autores españoles
Pero el interés suscitado por la economía va más allá de la crisis propiamente dicha. “Nosotros observamos tres fases”, explica Marcelino Elosúa, de LID Editorial, una editorial con 19 años de existencia especializada en libros de economía y gestión. “El año pasado los libros trataban sobre la crisis e iban dirigidos más bien a profesionales, eran textos especializados. Este año ha sido el de los libros de divulgación para el gran público, como Economía de andar por casa o Ten peor coche que tu vecino. Ahora preparamos una nueva batería de libros para 2013 sobre expatriados, la gente que se marcha a trabajar fuera de España o que quiere hacerlo y cómo es eso de trabajar o buscar trabajo a través de Internet. No es lo que me gustaría publicar, pero es lo que el público demanda”. Hasta el mes de noviembre, las ventas de LID en librerías se habían disparado un 26% respecto al periodo enero-noviembre del año pasado.
El creciente interés por la economía se refleja en las listas generales de libros más vendidos, que empiezan a incluir títulos relacionados con la materia. “En los años de bonanza lo que se vendía muy bien eran los libros relacionados con la Bolsa. Ahora eso ha desaparecido, claro. Pero la crisis le ha venido bien a la literatura económica para llegar al segmento de los no entendidos”, apunta Enrique Pascual. Sin ir más lejos, los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz se han convertido también en superventas en España.
En las últimas semanas, la lista de libros de no ficción más vendidos en Amazon.es incluía el libro del famoso televisivo Risto Mejide, de profesión especialista en marketing, con el título #Annoyomics: El arte de molestar para ganar dinero, dirigido en principio a profesionales del ramo, y No sé dónde está el límite pero sí sé dónde no está del operador de Bolsa y ultrafondista Josef Ajram. Dos títulos más relacionados con la gestión y la microeconomía pero que han logrado colarse en las listas de libros generalistas. La fama y el reconocimiento mediático también han llegado a los autores de libros económicos y han contribuido, en parte, a generar mayor interés por parte del gran público.
“Muchísima gente compra mi último libro por lo de las dos tardes, no lo puedo negar”, admite Jordi Sevilla, economista, exministro y autor —aunque con matices— de la conocida frase que le soltó al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero sobre sus conocimientos en la materia: “Lo que tú necesitas saber para esto son dos tardes”. Una frase que da pie al título de su último libro, La economía en dos tardes. Un manual para todos, incluidos presidentes del Gobierno, con el que pretende acercar al gran público los términos económicos más utilizados.

“Tenía varias ofertas y abrí una subasta”, admite José Carlos Díez
“Siempre me ha sorprendido que la economía, que forma parte de la vida diaria de las personas, no se haya estudiado más. En el bachillerato se estudia a Platón, se estudia la ley de fluidos y gases y no cómo funciona el Impuesto sobre la Renta, que tarde o temprano tendrás que pagar”, explica Sevilla. “Este es un país muy raro. Las obras de Platón, de Kant o de Aristóteles las encuentras en el quiosco y están ahí porque se venden. Pero hasta hace poco en economía no se iba más allá de Keynes. Eso ha cambiado. La economía ha dejado de ser la hermana pobre. Esperemos que dure y que siga los pasos de los libros de física, por ejemplo”, recalca.
Otro de los economistas habituales en tertulias, entrevistas, televisiones, radios y periódicos es José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, que actualmente se encuentra en el proceso de elaboración del que será su primer libro. “Varias editoriales contactaron conmigo para que escribiera un libro sobre la crisis con ellos. A la vista del interés, abrí una subasta, contraté a un agente literario y gestionó un total de cinco ofertas. Al final, voy a publicar con Random House Mondadori, líder mundial del sector. Espero terminar el libro a tiempo porque lo quieren llevar a la feria del libro de Fráncfort [octubre de 2013]”. Una confesión que, sin duda, constituye la mejor prueba del auge que atraviesan los libros de economía en España.
Los libros escritos por periodistas dedicados a la información económica son otro de los filones que explotan las editoriales a la hora de elegir qué libros publican y cuáles no. “Recibimos", dice Domingo, "muchas propuestas, de tipos diversos de profesionales porque para muchos es un factor a añadir al currículum. Pero mayoritariamente a los autores que acaban publicando nos acercamos nosotros. Y entre ellos hay varios periodistas. Estamos trabajando, por ejemplo, con Íñigo de Barrón”, periodista de EL PAÍS, que acaba de publicar El hundimiento de la banca, con la editorial Catarata.
No en vano, los periodistas son profesionales que llevan muchos años tratando de acercar un tema complejo a un lenguaje más sencillo y accesible, aunque a veces no sean tan precisos como los economistas. “Tienen mucho tirón los libros escritos por Ramón Muñoz, periodista de EL PAÍS, España destino tercer mundo y por Mariano Guindal, periodista de La Vanguardia, que ha publicado últimamente Los días que vivimos peligrosamente”, señala el responsable de Marcial Pons. “Pero sin duda hay más demanda de gente conocida mediáticamente como Leopoldo Abadía, Juan Ramón Rallo, Carlos Rodríguez Braun o Ernesto Ekaizer”, afirma.

La crisis ha dado a conocer al gran público a periodistas y economistas
En el caso de Rodríguez Braun, catedrático de Historia del Pensamiento Económico de la Universidad Complutense de Madrid, lleva publicando libros desde 1989 y percibe como pocos ese cambio. “Tengo más demanda para escribir libros después del estallido de la crisis y estoy vendiendo más que antes, aunque el título más vendido —Economía para andar por casa, junto a los periodistas de Onda Cero Ignacio Rodríguez Burgos, Olvido Macías y Pedro Pablo González— no tiene que ver propiamente con la crisis”, señala.
La propia evolución del país explica el mayor interés por una materia que a mucha gente le resulta compleja y ante la que surgen muchas prevenciones. “Al principio, la demanda procedía de los profesionales”, admite Elosúa. “Hace 40 años, cuando yo entré a trabajar en Aceites Elosúa Carbonell, había tres licenciados en toda la empresa. No en Economía, solo licenciados. Eso da idea de lo que ha cambiado esta sociedad en poco tiempo”, apunta el presidente de LID Editorial.
El nivel educativo del país al que aludía Jordi Sevilla es el factor que ayuda a generalizar los libros de economía y también el hecho de que los autores “hayan abandonado el lenguaje oscuro, difícil y abstracto que utilizaban antes y hayan empezado a contar cosas cercanas”, dice el exministro. “También se han incorporado otro tipo de lectores, como los lectores de ensayo que ahora demandan títulos de divulgación económica. Pero los profesionales de la economía normalmente compran mucho en inglés y las nuevas tecnologías ayudan mucho a que puedan acceder a títulos que aquí no se publican”, aclara Enrique Pascual, de Marcial Pons.
Precisamente, son los lectores de libros de economía los que más han empezado a consumir libros electrónicos y eso ha obligado a las editoriales especializadas en la materia a acelerar esta parte del negocio, aunque por ahora las ventas son pequeñas. “En Estados Unidos el libro electrónico representa entre un 22% o un 23% del total de las ventas; en España apenas es el 1% o el 2% del total. Cuando se trata de algún autor relacionado con la tecnología sube más, pero no más allá del 10% de media”, aclara Roger Domingo, de Planeta. “Creo que va a haber un cambio gradual en la forma de leer, que se irá a una suscripción a bases de datos donde se combinarán tanto recursos editoriales como informaciones”, apuesta Marcelino Elosúa, de LID Editorial.

El nivel educativo es el factor que eleva el interés por la economía
Ese futuro está aún por escribir y se presenta tan incierto como el escenario económico. Aparentemente, los cambios en los hábitos de los lectores en favor de la economía han llegado para quedarse, aunque la crisis marcará su futuro más inmediato. Carlos Rodríguez Braun cita a Juan Carlos de Pablo, un economista argentino, que solía decir que “a determinado nivel de inflación —uno de los graves problemas estructurales de Argentina— todo el país se vuelve una Facultad de Económicas”. En España, aparentemente, la frase resulta aplicable a determinado nivel de prima de riesgo... y de publicación de libros de Economía.

PRENSA CULTURAL. "Fervor de Ulises". Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina

   En "El País":

Fervor de Ulises

Soy más sensible a la gran burla de Joyce contra el nacionalismo irlandés: contra su victimismo y narcisismo.

Tenía una vocación festiva para la parodia de cada una de las retóricas y las pomposidades y las tonterías de los lenguajes

 5 ENE 2013

No te sumergirás dos veces en el mismo libro. Aunque no haya pasado mucho tiempo desde la última lectura, el libro que uno tenía ya la sensación de conocer bien le revela vetas nuevas en las que hasta ahora no había reparado, y siendo el mismo ya es tan otro como el río de Heráclito. Lo asombroso de releer no es la confirmación de lo que ya se sabía sino el caudal de lo nuevo, la sorpresa de todo lo que quedaba aún por descubrir. Después de tentativas diversas espaciadas a lo largo de muchos años, interrumpidas o fracasadas casi siempre, yo completé la lectura de Ulises hace seis veranos, en la quietud de unas vacaciones. Llegué al final y me gustó tanto que hice lo mismo que hacía cuando en otros veranos antiguos se me acababa La isla misteriosa: empecé de nuevo, sobre todo con la intención de saborear ahora más detalladamente el comienzo, que es algo que se debe hacer con las novelas si se quiere aprender cómo están construidas. Pero esa vuelta me despertó el apetito en vez de saciarlo, y la segunda lectura completa fue todavía mejor que la primera, exactamente por el mismo motivo por el que no hay gran pieza de música que no se disfrute mucho más en la segunda audición.
Ulises amedrenta por culpa de un malentendido en el que colaboran con igual eficacia sus detractores y una parte grande de sus defensores: que es sobre todo un experimento verbal, un juego de palabras o un laberinto de juegos de palabras, un despliegue de refinamientos técnicos cuyo atractivo principal es el regocijo antipático de los entendidos, y el consiguiente rechazo de esos palurdos que no están a la altura de las audacias de la vanguardia, los anclados en el gusto vulgar del realismo, palabra esta que suele llevar añadido entre nosotros un calificativo que certifica la antigualla: decimonónico; realismo decimonónico.

Como Cervantes, Joyce tenía un oído glorioso para las vulgaridades y las bellezas del habla
Hay juegos de palabras en Ulises, desde luego, y parodias lingüísticas, pero no muchos más que en elQuijote. Como Cervantes, Joyce tenía un oído glorioso para las vulgaridades y las bellezas del habla, y también una vocación festiva para la parodia de cada una de las retóricas y las pomposidades y las tonterías de los lenguajes escritos, literarios o no: el del periodismo, el de la política, el de la publicidad, el de las novelas sentimentales y las novelas pornográficas. Como en el Quijote, el texto narrativo no está hecho de un empeño de estilo sino de una metamorfosis permanente de formas de lenguaje, de voces habladas y de parodias sucesivas que se corresponden con los mundos por los que van pasando sus dos héroes errantes, o con las conciencias y las hablas de los personajes secundarios que habitan en ellos: en la redacción de un periódico el charloteo de un grupo de conversadores queda entreverado con titulares en mayúsculas; cuando el centro del relato es una muchacha sentimental que mira al horizonte soñadoramente en la playa, el lenguaje se transmuta en palabrería de novelilla romántica; la noche deriva hacia un mareo de borrachera por los callejones siniestros de los prostíbulos y la escritura narrativa se interrumpe para dar paso a un retablo teatral, un esperpento de máscaras que tiene una truculencia como de Valle-Inclán o Gutiérrez Solana. A lo que se parece Ulises en esa errancia nocturna de héroes caídos y disgregación de las conciencias y de los lenguajes es nada más y nada menos que a Luces de bohemia, como ha subrayado con imaginación filológica e instinto literario Darío Villanueva.


James Joyce.
También se parece en algo que me ha llamado más la atención en esta nueva lectura: en su furia política. James Joyce es tan descaradamente panfletario como Valle-Inclán, en el sentido en que fue panfletario Goya en Los desastres de la guerra o Buñuel en La edad de oro, o Hasek en Las aventuras del buen soldado Svejk, o Cervantes en el Retablo de las maravillas: en la denuncia y el escarnio sin miramientos de la tiranía de los poderosos sobre los débiles y de la imbecilidad sobre la inteligencia, en la ira sarcástica contra las pompas embusteras del mundo. Joyce no muestra ninguna simpatía hacia los ocupantes británicos, pero le espanta por igual la intransigencia oscurantista de los patriotas irlandeses. Quizás por vivir en un país en el que los nacionalismos identitarios parecen haber infectado y colonizado sin remedio la cultura política, soy más sensible a la gran burla de Joyce contra el nacionalismo irlandés: contra su victimismo, su narcisismo, su propensión a los consuelos baratos de la mitología y la mala literatura, su servilismo hacia la Iglesia católica. El monstruo Polifemo de la Odisea es en Ulises el personaje llamado el Ciudadano, nacionalista intransigente que no conoce mejor alimento para su identidad que el odio y el rechazo; el ojo único del Cíclope es la idea única y machacona en virtud de la cual no hay nada más que el nosotros o el ellos. El Ulises de Homero logra burlar al Cíclope clavándole en ese ojo una estaca con la punta al rojo vivo: Leopold Bloom, el judío de pertenencia dudosa a quien el Ciudadano quiere fulminar, esgrime frente a su ira un cigarro encendido, y frente a su palabrería cerril una templanza igualitaria y universalista, basada, explícitamente, en la razón y la bondad.

en cada lectura Bloom se vuelve más próximo, más verdadero, mejor perfilado
De Leopold Bloom suele hablarse como de un don Nadie, un mediocre que sería el reverso burlesco de un héroe de la mitología, un símbolo del anonimato y la alienación del ser humano en el siglo XX, etcétera. Comprendo que se quede bien diciendo esas cosas, sobre todo cuando se ha de teorizar sobre una novela sin haberla leído. Pero en cada lectura Bloom se vuelve más próximo, más verdadero, mejor perfilado, con esa presencia rotunda que sólo tienen los personajes de la literatura cuando parecen vivir más allá de las novelas en las que se originaron. Bloom es una silueta reconocida, una voz, un murmullo, una forma de caminar, una suma de hábitos, un traje oscuro, un abrigo ligero, una conciencia ética escrupulosa que se detiene a considerar todos los matices de una situación o de una persona antes de emitir un juicio sobre ellas, un varón que desde hace mucho tiempo no se ha llevado ninguna alegría sexual, que fantasea distraídamente y se permite algún desahogo solitario y secreto, que se abstiene por principio de toda violencia hacia las personas o los animales, que mira con indulgencia las debilidades de sus semejantes y está convencido de las mejoras que la racionalidad, el sentido común, la observación empírica, la voluntad de concordia, pueden deparar a los seres humanos, que añora a su padre, muerto a los setenta años, y al hijo que vivió nada más que once días, que sigue amando a su mujer aunque sabe que lo engaña con otro, que protege en la noche de Dublín al extraviado Stephen Dedalus.
En Ulises hay una pululación de personajes como en Galdós o en Dickens: su ruptura es tan fértil porque es también una culminación. Más allá de sus dificultades parciales, cualquiera que se acerque con determinación a ella encontrará uno de los grandes festines de la literatura.
Ulises, de James Joyce. Debolsillo. Madrid 2011. 976 páginas, 12,95 euros.
www.antoniomuñozmolina.es

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (8 enero 2013):

miércoles, 9 de enero de 2013

POESÍA. "Sola en casa", de Aurora Luque (Almería, 1962)

Aurora Luque

SOLA EN CASA

Ya sólo soy fragmentos, piezas sueltas de mí,
pero no soy la mano que me une.
En la pantalla el mundo
me grita cuarteado,
feliz, amargamente,
cítricamente luminoso
con su necia alegría de refresco.
Sólo soy mis fisuras.
También el mundo es sólo sus fisuras.

PRENSA. "Por caridad". Elvira Lindo

Elvira Lindo

   En "El País":

 2 ENE 2013

Cómo no te va a partir el corazón esa pobre mujer que acude a la tele pidiendo asistencia para un hijo enfermo; cómo no va a provocar compasión quien cuenta a cámara que no trabaja desde hace años, tantos, que ya se le pasó la edad de resultar atractivo a una empresa; cómo no conmoverse si a un programa acude toda una familia que muestra su desgracia como un último recurso de salvación antes de que todo se derrumbe definitivamente. Tras una primera reacción de empatía y comprensión, hay una segunda, de rabia, no relacionada con los que movidos por una situación angustiosa acuden donde sea, sino con los que supuestamente animados por la bondad les empujan a convertirse en protagonistas de espacios televisivos cuyo objetivo es mostrar la cara de la desgracia.
Los entrevistados suelen mostrarse tímidos al principio, pero el conductor del programa se las apaña para ir hurgando en la herida hasta que se derrumban y lloran, a veces delante de una criaturilla de cinco o seis años que, con la seriedad propia de los niños que presencian a diario cómo sus padres sufren, se arrima aún más a ellos para aliviar su dolor. Es entonces cuando el entrevistador anuncia que hay una llamada, la llamada de alguien que está dispuesto a socorrer al hambriento, ofrecer trabajo al parado o un tratamiento al hijo enfermo. Llegados a este punto, los pobres desgraciados lloran aún más, el público aplaude conmovido esas lágrimas y este cuento navideño de Andersen acaba con un final feliz. El presentador añade, "ya nos gustaría hacer esto por todo el mundo".
Mal vamos si nos acostumbramos a la caridad y no a la justicia. La solidaridad, lo saben los voluntarios, es un parche. Los parados quieren trabajar; los enfermos, ser atendidos; los sincasa, un techo. Pero no gracias a la piedad de los desconocidos, sino porque tienen derecho. Lo tienen.

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (7 enero 2013):