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viernes, 2 de mayo de 2014

PRENSA. "No importa q este scrito asi"

   En "El País":

No imprta q este scrito asi

El desaliñado texto de los mensajes de móvil no es más que un uso lúdico y rebelde

Un estudio en Francia indica que no influye en la ortografía


Un grupo de niñas se afanan con los mensajes en sus teléfonos móviles. / GETTY / KEVIN DODGE
Mi hijo escribe mal. Sus whatsapp son casi ininteligibles: sin vocales, sin tildes, sin haches, con todo tipo de emoticonos que sustituyen a las palabras. ¿Está empeorando su escritura?
Tranquilidad. No significa que por eso vaya a cometer más faltas de ortografía cuando se enfrente a un texto formal. Incluso puede que domine mejor las reglas del lenguaje que los que no manipulan tanto las palabras en sus mensajes cortos. Un estudio de tres universidades francesas, auspiciado por el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) francés y publicado este martes, concluye que los hábitos de escritura de los alumnos en sus mensajes no cambian lo que saben (o no) de ortografía. Los mensajes por el móvil SMS, sostiene, no les influyen. Una conclusión aplicable, por extensión, a los mensajes de WhatsApp, que han sustituido progresivamente a los SMS. Los expertos (la mayoría, porque también hay voces en contra) añaden: su hijo juega con el lenguaje y sabe distinguir cuándo (y con quién) puede jugar y cuándo no. Y revelan: la escritura ininteligible es una diferencia generacional que hace a propósito. Que usted no le entiende porque él no quiere que le entienda, vaya.
Los adolescentes se hacen con un teléfono móvil a edades cada vez más tempranas, así que aprenden a escribir en la escuela casi al mismo tiempo que a escribir mensajes cortos de texto. La forma en la que se comunican mediante aplicaciones de mensajería preocupa a los padres y a los educadores, constata el estudio de las Universidades de Poitiers (CeRCA-CNRS), Paris Ouest Nanterre y Toulouse II y, a veces, “es señalada como la causa de las dificultades de aprendizaje”. La investigación, titulada ¿Cómo escriben mensajes de texto las personas dotadas y menos dotadas para la ortografía? y publicada en la revista especializada en educación y tecnología Journal of computer assisted learning, ha analizado 4.542 mensajes enviados a lo largo de un año en situaciones cotidianas por 19 estudiantes de 11 y 12 años de edad.

Los SMS no suponen un peligro en la escuela sino un aliado
Ninguno de los participantes había usado antes del estudio un teléfono móvil. Los alumnos fueron clasificados según su nivel de competencia en la escritura convencional, para lo cual se usaron pruebas de evaluación estándar y las notas de la escuela. Después se analizaron los mensajes móviles que enviaron durante 12 meses para verificar si había variado su nivel de escritura y ortografía después de incorporar a sus hábitos diarios los mensajes de texto.
Los alumnos que participaron en el estudio eran todos de clase media y de lengua francesa nativa (lo cual podría suponer un sesgo de representación frente a alumnos de familias inmigrantes o de diferentes estratos sociales) y, para mejorar la fiabilidad de la investigación, recibieron móviles con la opción de texto predictivo desactivada (las sugerencias de escritura) y sin acceso al diccionario online.
¿Cuál fue el resultado? Los investigadores franceses concluyen que los alumnos no modificaron su nivel de competencia en ortografía en el periodo analizado, con independencia de sus hábitos de escritura de mensajes (mayor o menor cantidad de mensajes y de uso de textismos o palabras en lenguaje whatsapp o SMS). Y citan tres “implicaciones académicas” del estudio: “Los profesores no tienen motivos para percibir la mensajería como un peligro. Las evaluaciones de clase de lengua francesa fueron consistentes con independencia de la producción de mensajes por parte de los alumnos”; los mensajes son “una manera novedosa para practicar la escritura” para los preadolescentes, y los SMS pueden ser entendidos como un aliado del aprendizaje en la escuela, por el entusiasmo que le ponen, el bajo coste de la herramienta y el hecho de que “ningún estudio ha demostrado un vínculo negativo entre los SMS y el dominio de la escritura tradicional”.
“Vincular cualquier empeoramiento de la competencia lingüística a la escritura de mensajes de texto es un error”, sostiene Josie Bernicot, investigadora de la Universidad de Poitiers y coordinadora del estudio. Es más, ella señala que, según las observaciones de su equipo, los alumnos con mayor nivel ortográfico fueron “los que más faltas creativas de escritura cometieron”, entendiendo como tales las que requieren de una cierta inventiva o capacidad de abstracción y de manipulación del lenguaje. “Hace falta tener una buena capacidad cognitiva”, dice, para dominar determinados usos creativos de la escritura móvil.
Bernicot forma parte también de un proyecto internacional de 15 universidades llamado sms4science que estudia los usos comunicativos de los SMS y su impacto en la comunicación. Esa iniciativa recogió 90.000 SMS en diferentes países para su estudio desde diferentes enfoques de las humanidades y las ciencias sociales. Los resultados de ese estudio sociolingüístico y el corpus de mensajes serán difundidos en 2014.

No es economía de tiempo, lo que gana el que escribe se pierde al descifrar”
En la misma línea que los investigadores franceses opina José Antonio Millán, lingüista experto en comunicación digital y autor de Manual de urbanidad y buenas maneras en la Red, donde reflexiona sobre el lenguaje online. “Observo el fenómeno sin gran preocupación”, apunta. “Es absurdo pensar que los alumnos que usan abreviaturas o juegos hagan lo mismo con otro tipo de textos. Los hablantes saben diferenciar los distintos registros”. Millán relativiza las normas del lenguaje en todo tipo de situaciones: “¡Viva la libertad ortográfica!”, exclama. “Lo importante es el contexto. Me parecería horrible que EL PAÍS se escribiera con esas reglas, porque lo que hace es comunicación pública, pero la comunicación privada no está sujeta a las mismas normas. En situaciones de juego, amistad, afectividad, esas variantes son válidas porque utilizan recursos expresivos y afectivos”.
El lingüista hace referencia a su colega y divulgador irlandés David Crystal, que publicó, en 2008, un libro titulado Txtng: The Gr8 Db8 (que en castellano whatsapp podría traducirse como: L grn dbat) con una investigación sobre el uso de los mensajes en la que sostenía que no hay pruebas de que estos enseñen a la gente a escribir con mala ortografía. “Más bien la investigación muestra que es más probable que los chicos que mandan SMS frecuentemente sean los más letrados y los que más habilidades ortográficas tienen, porque saben cómo manipular la lengua. Si no sabes escribir una palabra, no sabes realmente si mola escribirla mal. Los chicos tienen una idea muy precisa del contexto: ninguno de aquellos con los que he hablado soñarían en escribir como SMS en un examen, saben que les bajaría la nota”, explica Millán, que añade que estas variantes del lenguaje son también un “signo de vitalidad” de la lengua escrita. “Las reglas de la RAE no son las tablas de la ley”, apunta. “En Cataluña, por ejemplo, se ha hecho ostentación de las abreviaturas que utilizan los jóvenes en catalán como una muestra de la buena salud de su lengua, porque con una lengua muerta no juega nadie”.
Otro estudio, elaborado en 2010 en el departamento de Psicología de la Universidad de Coventry (Reino Unido), avanzaba que el registro whatsapp podría tener efectos positivos. Según sus autores, “la escritura de SMS no tiene efectos adversos en el desarrollo de habilidades de escritura” en los niños de entre 9 y 10 años, pero, además, ”el uso de textismos a la hora de intercambiar mensajes tiene una relación proporcional con las mejoras en dichas habilidades, en especial en la ortografía”.
La investigadora francesa Bernicot reflexiona sobre el papel de los educadores respecto al fenómeno: los docentes, cree, deben reapropiarse del medio, y cita el estudio realizado por la UNESCO, en 2010, sobre las oportunidades de aprendizaje en plataformas mLearning (aprendizaje en entornos móviles). “Para los adolescentes es una forma natural de comunicarse, y no debemos estigmatizar esa práctica”, asegura. “Si insertamos esa forma de comunicación en las prácticas pedagógicas, podríamos obtener resultados sorprendentes”. “Lo que tiene que hacer el sistema educativo es reforzar el aprendizaje de en qué contextos se debe usar un tipo de lenguaje u otro”, añade Millán.

Los alumnos de más nivel son los que más juegan con este lenguaje
Pero no todos se apuntan al entusiasmo por el lenguaje whatsapp. Leonardo Gómez Torrego, investigador del CSIC y miembro del consejo asesor de Fundéu, discrepa del estudio francés, y de la que parece la corriente mayoritaria entre los lingüistas. Diferencia dos grupos de variantes del lenguaje en la escritura de mensajes de texto. Por un lado, sitúa a las abreviaturas, que se han hecho siempre (al tomar apuntes de clase, por ejemplo), junto con la fórmula de eliminar partículas, como vocales, para ahorrar caracteres (mañana por mñn) y el uso de elementos lúdicos, como números (salu2). En ese grupo no ve problemas. Pero en el otro lado coloca las faltas de ortografía. “Cuando se confunden las letras, se escribe con ye lo que debe ir con elle, o con be en lugar de uve, se eliminan las tildes, las haches…”, resume. “En ese caso no estoy de acuerdo con que no ocurra nada, esa idea de que todo vale... pues no”.
Gómez Torrego, que ha sido también profesor de Lengua en secundaria y en la universidad, cree que los mensajes que se escriben los adolescentes sí tienen repercusiones en su aprendizaje. “El problema es para los que tienen la ortografía vacilante, esto es, sin asentar, porque están aprendiendo, como los adolescentes de 12 o 13 años, que el 80% de lo que leen es ese tipo de textos”, señala. “La memoria visual es muy fuerte en el aprendizaje de la ortografía, si todo el rato están leyendo textos mal escritos están interiorizando fórmulas que les va a costar no asumir”, indica. “Tengo mis dudas de que no les afecte todo este desaliño que hay en el mundo de los móviles, es nocivo sobre todo para el que recibe el mensaje”.
¿Cuándo se entiende que la ortografía está asentada? “Es un proceso paulatino, se está aprendiendo hasta llegar a la universidad; yo me he encontrado alumnos de cuarto curso de carrera que cometen faltas de ortografía”, contesta el asesor de la Fundéu. “Creo que es necesario enseñar en la escuela a escribir en los móviles, que se esmeren en los acentos, en los signos de puntuación, porque si no no van a aprender nunca”.
El lingüista también aboga por cuidar el lenguaje: “La comunicación es mucho más rica cuando está mejor escrita. No se trata solo de recibir la idea fundamental, sino de percibir los matices”. Y no cree que todo sean ventajas en las fórmulas SMS. “Se dice que se escribe así por economía de tiempo; con este lenguaje tal vez gane tiempo el que escribe, pero lo pierde el que lee, que tiene que descifrar lo que le dicen si es confuso”.

Se ha vuelto al sujeto, verbo y predicado”, alaba un experto
El castellano, además, evoluciona con el uso de los mensajes y la escritura en redes sociales. Lo constataron en la Fundéu en un estudio que dirigió el periodista especializado en medios digitales Mario Tascón, titulado Escribir en Internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales.“Por ejemplo, con la tendencia cada vez mayor a escribir de forma sintética. Se vuelve a la oración de sujeto, verbo y predicado, que se estaba perdiendo, porque los usuarios eliminan las subordinadas para ahorrar espacio”, relata Tascón. Otros fenómenos: “Se ha producido un resurgir de las onomatopeyas, de las mayúsculas, de los signos de exclamación…”. Y las palabras se incorporan antes a la lengua (“como tuitear, que la RAE aceptó muy rápido porque enseguida vio consenso”, apunta el periodista) y se extienden a toda prisa por los países hispanohablantes: “Escrache es una palabra argentina que entró y se instaló rapidísimo en España”. Al mismo tiempo, suceden otras cosas a las que no prestamos atención. “Toda la escritura por ordenador o por dispositivos está acabando con la caligrafía”, resalta Tascón. “Antes era importante para el mundo laboral, ahora ha dejado de ser una disciplina vital”.
Los adolescentes, al final, no hacen más que traducir su periodo de rebeldía en la escritura. “La ka es una letra reivindicativa, un signo para diferenciarse”, dice Tascón. Los docentes también le quitan hierro al asunto. Pep Hernández, profesor de Lengua en secundaria en el colegio El Valle, en Madrid, escucha las quejas de muchos padres. “Mi hijo habla mal, me dicen. Y yo les contesto: no, está jugando a poner diferencias generacionales. Lo que quieren, al fin y al cabo, es mantener una jerga que les diferencie de los adultos”.

La ortografía esmirriada

ÁLEX GRIJELMO
El estudio elaborado por los investigadores franceses sobre la ortografía de los mensajes de móvil viene a demostrar lo que muchos intuían. Pero no por intuirse algo deja de resultar importante que se demuestre.
Los personajes relacionados con la palabra han sido preguntados hasta la saciedad en estos últimos años sobre la influencia de la ortografía de los móviles en el idioma general. Ya se tratase de académicos, escritores o filólogos, solían responder con escepticismo sobre esa cuestión: no creían que el protagonista de una novela acabase diciendo “t. q.” en vez de “te quiero”.
La gigantesca telaraña construida ahora por nuestras comunicaciones no guarda parangón con ningún sucedido anterior, pero aun así contábamos con precedentes interesantes para imaginar estas conclusiones. Las personas se comunican de una forma o de otra a tenor de cada situación, y saben que unos registros se consideran prestigiosos y otros no.
Las abreviaturas y los símbolos han existido siempre entre quienes participaban de un código común: las equis que significaban besos al final de una carta; las equis que significaban “por” en los apuntes académicos…, incluso las equis que siguen significando “empate” en las quinielas.
Y además tuvimos la taquigrafía. Cuando esta técnica se inventó y se extendió entre los amanuenses de la época, podría haberse pensado que estaba naciendo un lenguaje especial, destinado a modificar la escritura conocida hasta entonces. Había argumentos, desde luego, pues esa ortografía aventajaba a la tradicional en rapidez y permitía una descodificación certera. La taquigrafía del español fue difundida a principios del siglo XIX (a partir de 1803) por el sabio Francisco de Paula Martí (1761-1827), cuyo hijo, Ángel Ramón, colaboraría más tarde en la transcripción de los debates de las Cortes de Cádiz. Aquel tratado de taquigrafía llevaba el siguiente título: Tachigrafía Castellana, o Arte de escribir con tanta velocidad como se habla y con la misma claridad que la escritura común. Su autor, el citado Martí, pensaba, pues, que aquellos signos se podían leer con toda comodidad. Y así puede suceder ahora con esas palabras esmirriadas que van de un teléfono a otro como si estuvieran en ayunas.
También tuvieron su lenguaje propio los viejos telegramas del siglo XX, de mayor difusión aún que la taquigrafía. Con telegramas se felicitaba y se daba un pésame, con telegramas se despedía a un trabajador o se le comunicaba su admisión. Obligados como los mensajes de hoy a una economía de palabras (por el precio), propiciaron un extendido lenguaje sin artículos ni preposiciones, en el que los pronombres enclíticos vivieron su época de grandeza: los textos reiteraban “comunícole”, “infórmesenos”, “apréciola”... para que dos vocablos contasen por el precio de uno. Incluso se cambiaba cada punto y seguido por la anglicada fórmula “stop”. Sin embargo, ese tipo de escritura se vio también reducida al registro adecuado, sin saltar a ningún otro lugar; como sucedió con los antiguos radioaficionados que se comunicaban diciendo “cambio” cada vez que terminaban una parrafada, a fin de dar paso a su interlocutor.
Esos lenguajes adaptados o creados por un sistema de comunicación se quedaron en él. Y corrieron su suerte. Todo hace presumir que ocurrirá lo mismo algún día con ese ejército de esqueletos que pueblan las comunicaciones de nuestro tiempo. Pero así como una taquígrafa podía transcribir un debate con signos famélicos y después escribir una carta personal con todas las letras, muchos jóvenes que se comunican hoy mediante abreviaturas y horrores ortográficos presentarán cuando lo deseen informes académicos impolutos. Y si no lo consiguen, no habrá que echarle la culpa al sistema de comunicación, sino al sistema educativo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

PRENSA. Sobre la tecnología como instrumento de control.

Funciones como el 'doble check' del 'whatsappa' alimentan la especulación y la desconfianza entre las parejas. (Corbis). ('El Confidencial')

   En "elconfidencial.com":
LA TECNOLOGÍA COMO INSTRUMENTO DE CONTROL

"¿Pero qué hacías conectado hasta las tres?" Las parejas y la nueva 'prueba' del Whatsapp

El control entre los miembros de una pareja o, al menos, la posibilidad de ejercerlo, se intensifica a medida que aparece un nuevo avance de las tecnologías de la información y la comunicación. El ciberespacio está cambiando la forma en la que nos comunicamos (y vigilamos), y sus efectos en las relaciones de pareja no siempre tienen un cariz positivo. Como dicta la sabiduría popular: “todo en exceso es malo” y, precisamente, las herramientas digitales sirven para potenciar actitudes censurables en el mundo real, como es el caso del cyberbullying o el sexting.
La violencia de género es otra de esas lacras que pueden encontrar nuevos y más potentes modos de expresión a través de las redes sociales. “Si a través de WhatsApp te pregunta todo el tiempo dónde estás y con quién, si se enfada cuando no contestas inmediatamente a sus mensajes, si en sus mensajes a veces hay insultos, si te pide que le mandes una foto para controlar cómo vas vestida, si dice sentir celos y te acusa de provocárselos… No creas que te quiere, lo que quiere es controlar tu vida, son síntomas de un machismo que puede ser peligroso, sal de ahí o busca ayuda”. Esta era la advertencia que la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, dirigía ayer a las jóvenes aprovechando el Día Internacional contra la Violencia de Género.
La posibilidad de control puede generar desconfianza y convertirse en una peligrosa obsesión que será fuente de conflictos en la pareja“La red es una gran oportunidad para la libertad de las mujeres, pero también puede ser una auténtica cárcel. Hay que aprender a detectar los síntomas de la violencia psicológica que, muchas veces, se convierte en violencia física”, explicaba a renglón seguido la socialista en su cuenta de Facebook. Para Enrique Dans, considerado uno de los mejores gurús de las nuevas tecnologías y profesor de Sistemas de Información en el IE Business School, “internet no genera nuevos problemas, sino que maximiza los que ya teníamos, hasta el punto de convertirlos en situaciones absurdas y cada día más insostenibles”. Una reflexión que se aleja de las visiones apocalípticas de las tecnologías, y llama la atención sobre el diagnóstico que provoca su mal uso: la condición humana.
"Hasta que el WhatsApp nos separe"
En este sentido, la educación sigue siendo básica para construir una sociedad mejor y, por ende, para erradicar la violencia de género. Un tipo de violencia que suele comenzar en el plano psicológico, y es aquí donde la hipervigilancia consustancial a las redes se convierte en un terreno abonado para ejercerla. WhatsApp es quizá una de las herramientas que más visible hace esta perniciosa tendencia entre las parejas, pues se puede saber con exactitud cuándo se está online, cuál es la hora y minuto a la que se recibe un mensaje y cuándo se deja de estar conectado.
Luis Muiño, psicólogo y colaborador de El Confidencial, explicaba en un artículo divulgativo, titulado Cariño, a mí no me engañas, sé bien lo que estás haciendo, que “la hipercomunicación y la hipervigilancia son los fenómenos que más impacto están teniendo en las relaciones amorosas”.
Las herramientas digitales pueden potenciar actitudes que en el mundo real son totalmente reprobablesDiversas investigaciones han relacionado el uso de redes sociales, principalmente Facebook, con un aumento de los problemas de celos entre las parejas jóvenes. Cuanto más tiempo pasan los miembros de la pareja en la red, más paranoicos se vuelven con respecto a lo que pudiera estar haciendo el otro.
“Esta red social nos permite seguir todas las relaciones de nuestra pareja: sabemos si siguen hablándose con sus ex, cómo es aquel amigo con el que se supone que nunca ha habido nada y en qué fotos (incluso anteriores al inicio de nuestro romance) está etiquetada”, apunta Muiño. Una situación a partir de la cual, añade, “viene lo peor: las especulaciones”. Como resultado, surge la obesión por incrementar el control y la vigilancia. Actitudes ambas que son fuente constante de conflictos en la pareja.
Educación para la convivencia en el cibermundo
La especulación es la base de la desconfianza mutua, que se puede potenciar, por ejemplo, con la famosa función del del doble check de WhatsApp, cuyos riesgos para las parejas describe a la perfección el cortometraje de “Rebúscame TV” que se reproduce a continuación.


Las especulaciones son una de las actitudes más insalubres para una relación de pareja. El “¿qué haciendo conectada a las 3 de la mañana?” o el “¿por qué no me responde al mensaje si estoy seguro de que lo ha recibido y leído?” pueden dinamitar la confianza mutua y ser perjudiciales para las relaciones amorosas. Sobre todo, cuando la desconfianza se convierte en un problema endémico y uno de los miembros de la pareja se obsesiona por controlar la hora a la que se conecta o se desconecta el otro, el tiempo de demora en las respuestas o la conexión a una cierta hora en la que se presuponía que estaba ocupado. Es entonces cuando acecha la paranoia por la infidelidad y se deteriora la relación de pareja hasta acabar en ruptura.
Como concluía Muiño en su reflexión, “en estos momentos de cambio, nosotros seguimos llevando las riendas. Nosotros decidimos estar o no estar en ellas (las redes sociales) y qué nivel público queremos mantener. Lo característico del mundo moderno es la posibilidad de diversidad: podemos montar el modelo de pareja que más nos llene, algo que en otras épocas más encorsetadas resultaba imposible”. Educarse, y formarse en las redes y en la cibercultura que moldea el mundo de hoy en día, se vuelve imprescindible para que, al menos, internet no maximice los problemas que ya teníamos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

PRENSA. "Sexismo a golpe de WhatsApp".

Las nuevas tecnologías también sirven para vigilar y recortar la libertad en las relaciones de pareja, sobre todo entre los jóvenes. / SANTI BURGOS. ("El país")

   En "El País":

Sexismo a golpe de WhatsApp

Los adolescentes replican los patrones machistas que pueden conducir a situaciones de violencia

Las redes y el móvil facilitan las situaciones de control

 19 NOV 2013

Un 21% de los adolescentes españoles está de acuerdo con la afirmación de que los hombres no deben llorar. Uno de cada cinco cree que está bien que los chicos salgan con muchas chicas, pero no al revés. El 12,8% no considera maltrato amenazar —o recibir amenazas— en caso de que su pareja quiera romper la relación. El sexismo y los estereotipos de género perviven entre los adolescentes españoles. Y el retrato robot de cómo son y cómo viven sus relaciones muestra que, además, no son conscientes de ello. Conocen el discurso y la información sobre violencia de género, pero no la trasladan a su vida. La radiografía es llamativa: el 4% de las adolescentes de entre 14 y 19 años han sido agredidas por el chico con el que salen o salían; y casi una de cada cuatro confiesa que su novio o exnovio las controla hasta el punto de fiscalizar con quién hablan o como visten. Control, relatan, a golpe de Tuenti y WhatsApp.
Los adolescentes españoles, como muestra el estudio Evolución de la adolescencia española sobre la igualdad y la prevención de la violencia de género, empiezan sus relaciones sentimentales cada vez antes. Las inician a los 13 años frente a los 13,5 de hace tres. Y mantienen y alimentan sus relaciones, sobre todo, gracias al contacto a través de las redes sociales o por teléfono. El plan común ya no es bajar a la calle, sino quedar en la Red. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid con las entrevistas online a 8.000 menores, muestra que efectivamente se ven menos. Y eso, apunta María José Díaz-Aguado, coordinadora del estudio, les hace estar menos satisfecho con sus relaciones. Y mucho más inseguros.

Un 25% de las chicas dice que su novio o exnovio la vigila a través del teléfono
Esa forma de vivir el noviazgo, creen psicólogos y educadores, unida a que los estereotipos que dibujan al hombre dominante y agresivo como alguien con atractivo y a la mujer como la sumisa, puede derivar en un incremento de las situaciones de control y, con el tiempo, de violencia.

Casos que, a la larga, los chavales terminan normalizando. “Los adolescentes no perciben las relaciones de alarma que muestran esas relaciones abusivas y ese patrón termina alimentándose”, apunta Ana Bella Estévez, presidenta de una fundación de supervivientes a la violencia de género que lleva su nombre. La realidad se percibe en las cifras: el 25% de las chicas asegura que su novio o exnovio la controla a través del móvil; el 23,2% confiesa que su pareja la ha tratado de aislar de sus amistades. Comportamientos y situaciones que Estévez asegura encontrarse muy habitualmente. Su fundación imparte desde hace 10 años talleres en colegios e institutos de Andalucía, y esos seminarios son un buen termómetro para medir el problema. De ahí que esta mujer, que sufrió desde la adolescencia los malos tratos de la que fue su pareja, estime que se ha dado pocos pasos a la hora de frenar la violencia de género en adolescentes.
El estudio de la Complutense, encargado por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género y hecho público ayer, le da la razón. La investigación, que es la continuación de otra realizada en 2010, muestra que en tres años, la situación no ha mejorado. El porcentaje de chicas que afirma haber sufrido agresiones físicas se mantiene. Sin embargo, aumenta en un 7% el número de adolescentes que afirman haber sufrido situaciones de control extremo por parte de su novio o exnovio. Algo más preocupante aún si se analiza que más de un 12% de los adolescentes (chicos y chicas) no consideran como maltrato conductas como que un chaval le diga a su novia con quien puede hablar, dónde ir o qué hacer. También es esclarecedor que a los chicos les cueste más reconocer que ejercen estas acciones y que no las vean tan censurables.

“No identifican estas formas de control como violencia de género hasta que llegan a un punto grave”, explica Susana Martínez, presidenta de la Comisión de Estudios de Malos Tratos a Mujeres. Y la percepción del riesgo o del carácter nocivo de estas acciones es aún menor cuando este comportamiento se mantiene a través de las redes sociales. “Cuando se utilizan mal y de manera inconsciente, las nuevas tecnologías son un elemento de riesgo, porque hay casos en los que, inconscientemente, las víctimas están permitiendo actitudes que se pueden llegar a convertir en armas contra ellas”, sigue Martínez.
Naida S. se ve reflejada en ese caso. Esta joven de 18 años cuenta que hace un año y medio mantuvo una relación con un chico de su barrio. Relata, como muchas otras mujeres que se ven envueltas en la espiral de la violencia o el acoso, que al principio era “la relación ideal”. “Después, cuando los celos y la agresividad me tiraron para atrás y quise dejarlo las cosas se pusieron feas”, relata. Cuando lo dejó, él entró en su cuenta de una red social y se dedicó a mandar mensajes insultantes a conocidos y amigos. “Yo le había dado mis claves, pero nunca pensé que me haría esto. Tampoco que enviaría a gente las fotografías algo comprometidas que nos habíamos hecho”, se lamenta. Finalmente, Naida pidió ayuda a su madre. “Habló con los padres de él y la cosa está calmada, pero yo sigo muy mal”, dice. Ahora participa en un taller de jóvenes que han vivido situaciones similares. No son pocas: el 14,8% de las adolescentes afirma que su novio o exnovio utilizó sus contraseñas para acciones similares.

Pero si la percepción del riesgo es baja cuando se trata de situaciones vividas con las parejas o exparejas, no es mucho mayor si los insultos o amenazas proceden de fuera de la relación; incluso de desconocidos. Un ejemplo: uno de cada cuatro adolescentes no considera arriesgado responder a un mensaje de alguien que no conocen y les ofrece cosas; tampoco ven peligro en responder a un mensaje insultante. Además, un 4,9% de las chicas y un 16,1% de los chicos no creen que haya riesgo en colgar en la Red una fotografía suya de carácter sexual. Es más, el 1,1% de ellas y el 2,2% de ellos afirman haberlo hecho en dos ocasiones o más, según una investigación sobre ciberacoso también hecho público este martes.
La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, reconoció ayer el problema y apuntó que las nuevas tecnologías son “un arma de doble filo”. “Ayudan a combatir la violencia de género [el Ministerio ha puesto en marcha una aplicación especial para ello: Libres] pero también pueden promoverla”, apuntó. Mato, sin embargo, evitó en la presentación de ambos informes entrar en detalles sobre la radiografía social de los adolescentes. No ofreció ningún dato. Tampoco la comparación de la evolución en la sociedad.

Uno de cada cuatro jóvenes publicaría una foto que no aprueben sus padres
Una evolución, sin embargo, que no ha conseguido en absoluto erradicar los estereotipos que alimentan las situaciones de abuso y de maltrato. Siguen justificando la violencia. Casi el 8% de los adolescentes creen, por ejemplo, que si una mujer es maltratada por su compañero y no le abandona es porque no le disgusta del todo esa situación. Y el 12,4% se muestra algo o muy de acuerdo con la afirmación de que para tener una buena relación de pareja es deseable que la mujer evite llevar la contraria al hombre. “Los estereotipos que creíamos superados se reiteran. Los patrones alimentados por la televisión, la literatura, el cine o las relaciones que ven en el entorno, terminan por sumir a muchas adolescentes en el papel de la mujer sumisa y al hombre en el de alguien dominante que debe hacer oír su voz por encima de las de los demás”, analiza la psicóloga Rosa López. “Y eso construye relaciones desequilibradas y nocivas”, concluye. López realiza terapias con adolescentes que han vivido maltrato. También ella cuenta que, desde hace unos años, las nuevas tecnologías juegan un papel de protagonismo creciente en las conversaciones de sus grupos. “Las chicas cuentan por ejemplo que sus novios les leían todos los mensajes del móvil o el correo para saber con quien hablaban o que vigilaban su cuenta de redes sociales”, apunta. “Algunos llegan hasta un punto tal que le piden a su pareja que les hagan una videollamada para ver dónde están o les envíen un localizador de donde se encuentran”, incide. Es lo que los propios menores llaman pruebas de amor. Dar al otro la llave de la vida y la intimidad.
Para la presidenta de la Comisión de Malos Tratos a Mujeres lo peor de esta realidad es que los propios menores no la ven nociva. “Cuando hablamos y tratamos a jóvenes percibimos que si las haces reflexionar te pueden hacer un discurso bien armado sobre por qué no consideran correcto estos comportamientos sexistas, controladores o violentos. Sin embargo, después observamos que de manera inconsciente están asumiendo esos roles”, dice.
Los propios adolescentes explican que los mensajes sexistas les llegan desde su entorno. El 54,3% de los chicos y chicas de entre 14 y 19 años afirman haber escuchado a menudo o muchas a los adultos de su entorno la idea de que para tener una buena relación de pareja deben encontrar a su media naranja para “llegar a ser como una sola persona”. Es decir, la idea de amor romántico que, según los expertos, contribuye a crear relaciones de dependencia. Además, el 36,3% asegura que los adultos de su entorno les han dicho con frecuencia que los celos son “una expresión de amor”.
Ana Bella Estévez se revuelve con la idea. “Hay que ser tajante. Los celos no son amor, son lo contrario al amor”, dice. Esta mujer, que se define como una “agente del cambio para acabar con la violencia machista” apunta que hay que observar, además, los celos en su amplio sentido. “Puede haber celos de las relaciones con los amigos, la familia. Todo ello va conformando una situación de abuso emocional”, explica. ¿Cómo? De nuevo a través del control: de la ropa que las chicas se ponen, de si van a hacer deporte, de qué estudian, de cuánto tiempo dedican a los demás.

“Le di mis claves, pero no pensé que me haría esto”, dice una chica acosada
A Estévez y el resto de expertos les preocupa la radiografía que muestra el comportamiento adolescente. También que se alimenten de mensajes que les llegan de su entorno. Desde los adultos que les rodean hasta las películas o las series de televisión que contribuyen a perpetuar el estereotipo de género. “Muchas veces, las madres o los padres no nos hemos educado en igualdad y somos los primeros que inconscientemente contribuimos a que los roles sexistas permanezcan. Es importante que analicemos qué pasa en nuestra familia, que hablemos con nuestros hijos abiertamente del amor, de las relaciones, de las amistades”, dice.
Todos hablan de la importancia de la educación para frenar el fenómeno. Pero los jóvenes revelan que reciben pocos mensajes en la escuela. El 55,7% afirma que nunca ha trabajado en clase contenidos relacionados con cómo corregir el machismo; el 55,2% cuenta que nunca o casi nunca ha analizado en el instituto las relaciones entre hombre y mujer y cómo resolverlos. Y eso, apunta la presidenta de la Comisión de Malos Tratos a Mujeres, es un paso atrás. “Puede existir un retroceso ideológico o educacional en el combate de la violencia machista, porque lo cierto es que no hay ninguna asignatura que compile contenidos de igualdad. Algo importantísimo”, dice. Lo cierto es que algunas Administraciones e instituciones —como el Instituto de la Mujer— tienen proyectos. Pero o son minoritarios y ceñidos a una determinada región —como los de Andalucía— o están dando sus primeros pasos.
La catedrática de Psicología María José Díaz-Aguado considera que una de las herramientas para erradicar estos comportamientos es hacer un diagnóstico de lo que ocurre para determinar dónde se puede actuar y con qué medios. “La violencia de género no es una fatalidad biológica con la que nos tenemos que conformar. Podemos cambiarla”, añade.