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miércoles, 6 de abril de 2016

POESÍA. "Un artista en el norte". Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura (1931-2015)



UN ARTISTA EN EL NORTE


Yo, Edvard Grieg, me movía como un hombre libre entre hombres, 
bromeaba habitualmente, leía los periódicos, viajaba y marchaba. 
Yo dirigía la orquesta. 
El auditorio con sus lámparas temblaba de triunfo como balsa del ferrocarril 
en el momento de atracar. 

Me transporté hasta aquí para ser corneado por el silencio. 
Mi cabaña de trabajo es pequeña. 
El piano de cola está aquí tan apretado como la golondrina 
bajo la teja. 

En general, los bellos acantilados a pique callan. 
No hay ningún pasaje 
pero hay una compuerta que a veces se abre 
y una peculiar luz que mana directamente del duende. 

¡Disminuir! 

Y los golpes de martillo en la montaña llegaron 
llegaron 
llegaron 
llegaron una noche de primavera a nuestra habitación 
disfrazados de latidos de corazón. 

El año anterior a mi muerte, enviaré cuatro salmos para rastrear a Dios. 
Pero eso empieza aquí. 
Una canción de aquello que está cerca. 

Lo que está cerca. 

Campos de batalla dentro de nosotros 
donde los Huesos de los Muertos 
luchan para volverse vivos. 


Traducción de Roberto Mascaró

viernes, 1 de abril de 2016

POESÍA. "Nueve haikus". Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura (1931-2015)



NUEVE HAIKUS


(Nueve haikus del hospicio de jóvenes Hällby, 1959) 

Se juega al fútbol; 
confusión, la pelota 
va sobre el muro. 



Ruido se hace 
para espantar el tiempo, 
para apurarlo. 



Vidas mal escritas: 
la belleza persiste 
como un tatuaje.



Ladrón cazado: 
con los bolsillos llenos 
de setas frescas. 



Ruidos de taller, 
torres de pesado andar 
al bosque asombran. 



Se abre la puerta; 
en el hospicio estamos, 
en nueva era. 


La luz se enciende: 
el aviador ve manchas 
de luz irreal. 



Noche: un camión 
pasa, los internados 
sueñan temblando.



Él bebe leche 
y se duerme en su celda, 
madre de piedra. 


Traducción de Roberto Mascaró

lunes, 28 de marzo de 2016

POESÍA. "En el delta del Nilo". Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura (1931-2015)


En el delta del Nilo
La joven esposa lloró sobre su comida
en el hotel, después de un día en la ciudad,
donde vio a los enfermos que se arrastraban y yacían
y niños que debían morir fatalmente.
Ella y el marido subieron a su cuarto
donde esparcieron agua para ocultar la roña.
Se fueron a sus camas sin muchas palabras.
Ella cayó en un sueño pesado. Él se quedó despierto.
Fuera, en la oscuridad, pasó un gran ruido.
Murmullos, pasos, gritos, vagones, cantos.
Andaban necesitados. No cesaban nunca.
Y él se durmió enredado en un “no”.
Llegó un sueño. Él viajaba por mar.
En el agua gris hubo un movimiento
y una voz dijo: “Hay uno que es bueno.
Hay uno que puede verlo todo sin odiar”.
Traducción de Roberto Mascaró

jueves, 3 de marzo de 2016

POESÍA. "Siesta". Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura (1931-2015)



SIESTA


Pentecostés de piedras. Y con lenguas crujientes...
La ciudad ingrávida en el espacio del mediodía.
Sepultura en luz hirviente. El tambor que acalla
los palpitantes puños de la eternidad cautiva. 

El águila sube y sube sobre los que duermen.
Un sueño en que la piedra del molino se vuelve como el trueno.
Pasos del caballo con la venda en los ojos.
Los palpitantes puños de la eternidad cautiva. 

Los que duermen cuelgan como péndulos en el reloj del tirano.
El águila planea, muerta, en las cascadas que fluyen del sol.
Y resonando en el tiempo -como el ataúd de Lázaro-
el ombligo que late, de la eternidad cautiva. 


Traducción de Roberto Mascaró

domingo, 28 de febrero de 2016

POESÍA. "Después de una larga sequía". Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura (1931-2015)



DESPUÉS DE UNA LARGA SEQUÍA


Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas. 
La lluvia se desliza desde el cielo 
y en calma aterriza 
como si se tratase de sorprender a alguien que duerme. 

Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada 
y es la única superficie que hay 
-lo otro es altura y profundidad, 
ascender y hundirse. 

Dos troncos de abeto 
emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor. 
Lejos están las ciudades y el sol. 
El trueno está en la hierba alta. 

Es posible llamar a la isla de los espejismos. 
Es posible oír esa voz gris. 
Para el rayo, el hierro es miel. 
Uno puede vivir con su código. 


Traducción de Roberto Mascaró

martes, 26 de enero de 2016

POESÍA. "De un diario africano". Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura (1931-2015)


De un diario africano
En los cuadros del pintor callejero congolés
las siluetas se mueven finas como insectos, extraída
                          su energía humana.
Es el difícil pasaje entre dos maneras de vivir.
El que ha llegado tiene un largo trecho por andar.
Un joven encontró al extranjero que se había perdido
                         entre las chozas.
No supo si quería tenerlo como amigo o como
                       objeto de chantaje.
La duda lo inquietó. Se separaron confundidos.
Los europeos se mantienen por lo general cerca del coche, como
                        si fuese la Mamá.
Las cigarras suenan fuerte, como maquinillas de afeitar.
                        El coche conduce a casa.
Pronto llega la agradable oscuridad que se ocupa de
                        la ropa sucia. Duerme.
El que ha llegado tiene un largo trecho por andar.
Tal vez ayude una línea de pájaros migratorios hecha de
                        apretones de manos.
Tal vez ayude liberar la verdad de los libros.
Continuar es necesario.
El estudiante lee en las noches, lee y lee para liberarse
y después del examen se transforma en un escalón para el próximo.
Un pasaje difícil.
El que ha llegado tiene un largo trecho por andar.

Traducción de Roberto Mascaró

jueves, 17 de noviembre de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". "El poeta en el mundo", por Antonio Muñoz Molina. (Sobre el Nobel de Literatura 2011, Tomas Tranströmer)

Tomas Tranströmer

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
El poeta en el mundo

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 12/11/2011

   La gran ventaja de la ignorancia es que permite de vez en cuando la alegría del descubrimiento. Yo escribo ahora mismo urgido por esa alegría, por el asombro de haber encontrado una escritura de la que hasta hace unos días no sabía nada y que ahora va conmigo como una voz nueva y fiel, con esa suprema cualidad portátil que tiene la poesía, gracias a la cual uno puede llevar en el bolsillo la obra completa de una vida. El mes pasado, cuando oí o leí el nombre del ganador del Nobel de Literatura, me encogí de hombros, casi como todo el mundo, con ese instinto de recelo o indiferencia hacia lo desconocido del que no está libre nadie. Un poeta sueco. Un poeta sueco con un nombre que uno nunca ha escuchado y que no se le queda en la memoria. Tomas Tranströmer. Uno, aunque no lo quiera, es tan provinciano que automáticamente considera falto de mérito o poco importante a un escritor por el simple hecho de que nunca ha escuchado su nombre. Como si uno lo supiera todo.
   Pero encontré aquí y allá opiniones favorables de personas de las que me fío y me despertó simpatía la imagen de ese hombre reducido al silencio y paralizado a medias que tenía en las fotos una cara de inteligencia y bondad y que sigue tocando el piano aunque apenas pueda hablar. Me prometí que leería algo, aun con la expectativa limitada de la traducción. Leer poesía traducida es aceptar que uno está perdiéndose en el mejor de los casos entre la cuarta parte y la mitad de lo que hay en el original. Leer poesía traducida de una lengua que uno ignora por completo es saltar al vacío. Poesía, argumentan algunos derrotistas, es precisamente aquello que se pierde al ser traducido.
   Hay poetas, poemas, que resisten bien la traducción. Antonio Machado y Federico García Lorca, que nunca faltan en las secciones de poesía de las buenas librerías americanas, se leen con una claridad magnífica en inglés. Una buena parte de la gran poesía americana, su naturalidad expansiva, viaja bien al español: incluso la solemnidad visionaria de Wallace Stevens, o el fraseo fingidamente coloquial de William Carlos Williams, que tradujo por cierto a Miguel Hernández, y que a veces tiene un ritmo entrecortado como de Jorge Manrique. Y hay fenómenos prodigiosos como las traducciones que ha hecho Edith Grossman de los sonetos que a uno le parecen más intraducibles de Quevedo o de Góngora, o el más difícil todavía de las Soledades, que cuando Edith las recita en inglés parece que se escribieron en esa lengua y también que preservan intactos los retorcimientos y los relumbres de Góngora.
   Pero cómo sería posible trasladar al español la cantinela de metrónomo o de redoble fúnebre de Baudelaire o de Mallarmé, o esa música sofisticada que dicen que hay en la poesía rusa. O la tensión sintética de la poesía latina, que une entre sí las palabras con una fuerza recóndita tan poderosa como la que une los protones y los neutrones en el núcleo de un átomo.
   Tengo la intuición de que Tomas Tranströmer sí puede ser razonablemente bien traducido. Hace unos días, en la primera librería de Nueva York en la que entré con algo de hambre atrasada después de meses de ausencia, vi de nuevo su nombre que había olvidado y un volumen austeramente editado en blanco y negro por New Directions que contiene toda su obra poética en prosa y verso en poco más de doscientas cincuenta páginas. Se titula The Great Enigma, y el traductor al inglés es Robin Fulton. Uno a veces compra los libros no porque tenga verdadero interés sino por la simple gula de comprarlos. Pero New Directions es la editorial que publicó originalmente a William Carlos Williams, y también a mi muy admirada Denise Levertov, y parece que sus libros tienen una astucia sutil para deslizarse entre los dedos del lector aturdido o abrumado por un exceso de posibilidades. No puedo imaginar cómo sonarán en sueco los poemas de Tomas Tranströmer. Pero en inglés, en un banco en un parque al sol de noviembre, en un vagón de metro, en una noche silenciosa de insomnio, junto a una ventana en una tarde en la que ha cambiado la hora y se hace de noche inesperadamente, esa poesía desconcierta un poco primero como una música que uno no ha escuchado nunca y después se impone, gradualmente, hasta un punto parecido a la intoxicación, o a lo que llamó Claudio Rodríguez el don de la ebriedad.
   La mejor literatura tiene un efecto físico. Provoca una inundación de vehemencia, como la inundación de endorfinas de una carrera o de una caminata larga y sostenida. Es el efecto físico de Whitman, o del Antiguo Testamento, el de Campos de Castilla o Poeta en Nueva York, el de Las flores del mal, el de Moby Dick o ciertos capítulos de Ulises. Yo he salido a caminar durante dos horas a lo largo de la orilla del río Hudson y he llevado conmigo los poemas de Tomas Tranströmer. Hay que encontrar el ritmo de la caminata, lo primero de todo. Hay que adaptar el oído: como cuando uno se familiariza despacio con una música rara y poco a poco arrebatadora, los cuartetos de cuerda de Béla Bartók, la música de cámara de Elliott Carter, los Preludios de Ligeti. Al principio la voz de Tranströmer es así de chocante. No la hemos escuchado nunca. No se parece a ninguna otra. Lo cotidiano y lo visionario se superponen en el mismo poema, los paisajes de la naturaleza y los de los sueños, la pesadumbre sórdida de la soledad y la franca alegría del amor. Unas veces la forma se contiene hasta la concisión de un haiku: otras se expande en anchas corrientes narrativas, a la manera de Eliot en los Cuatro cuartetos o de los encabalgamientos de Whitman o las amplitudes épicas de Derek Walcott, con su confianza casi insolente en la potestad de la poesía para abarcar el mundo.
   Pero en Tranströmer hay, junto a la posibilidad de la desmesura, una contención probablemente escandinava. Es un Whitman o un Walcott metido para adentro, un Eliot sin solemnidades litúrgicas, aunque con una intuición severa de lo sagrado. Me paro a descansar en mi caminata frente al río y abro de nuevo el libro de Tranströmer. Qué mezquindad, qué apocamiento que la literatura se mida con la literatura, el arte con el arte. Con lo que la literatura y el arte tienen que medirse es con el mundo, con la misma vida, como se miden las manos extendidas de hierro de Eduardo Chillida con el mar Cantábrico, o los enanos de Velázquez y los fusilados de Goya con nuestra pobre condición humana. Frente a la anchura del Hudson leo Bálticos, el poema más largo de Tomas Tranströmer, que arranca hablando de su abuelo materno cuando pilotaba buques en la bruma incierta del mar, y la poesía, incluso traducida, resiste la confrontación con ese paisaje desmedido.
   En cuanto termine de escribir y haya mandado esta crónica seguiré leyendo.

   The Great Enigma. Tomas Tranströmer. Traducción de Robin Fulton. New Directions, 2007. 288 páginas. ndbooks.com/book/the-great-enigma. Tomastranstromer.net. En español, la obra de Tomas Tranströmer está publicada en Nordicalibros, Hiperión y bid & co editor, y en catalán en Periféric. antoniomuñozmolina.es

sábado, 8 de octubre de 2011

PRENSA CULTURAL. Entrevista a Tomas Tranströmer, premio Nobel de Literatura 2011

Tomas Tranströmer en 2006.- LAURENT DENIMAL (OPALE). ("El País")


   En "El País":
"La poesía es algo parecido a un sueño en la vigilia"

J. ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS 07/10/2011

   El autor sueco fue galardonado ayer con el gran premio de las letras universales. Días antes había conversado por correo electrónico para EL PAÍS con el poeta Juan Antonio González Iglesias. Desde 1990 sufre una afasia que le impide hablar.

   Parece fácil decir que a los poetas todo se les convierte en acontecimientos, pero es así. Hace unas semanas recibí una llamada de Babelia -el suplemento cultural de este periódico- proponiéndome entrevistar a Tomas Tranströmer. Un diálogo de poeta a poeta, así me lo dijeron. Ajusté la idea, pensando que al menos un poeta grande iba a ser entrevistado por uno de sus lectores.
   Nacido en Estocolmo en 1931, puede asegurarse de él, sin que suene anacrónico, que es un poeta. También traductor, músico, y psicólogo en instituciones penitenciarias suecas. Es uno de los poetas suecos más influyentes en las letras universales, traducido a más de cuarenta idiomas y galardonado con importantes premios internacionales. Aun así, el Nobel me parecía difícil, porque no deja de ser sueco y la paradoja persigue especialmente a los poetas.
   Tomas Tranströmer responde mis preguntas por escrito. No por la moda electrónica de nuestra época, sino porque hace dos décadas que se comunica así con el mundo. Él mismo hará alusión en la entrevista al ictus que sufrió hace unos años. Aquello lo privó del habla, y dejó paralizada la mitad derecha de su cuerpo. Sus lectores siguen asombrados y desconcertados porque el propio poeta había publicado varios años antes unos versos que anunciaban una hemiplejia. Está reconocido internacionalmente como alguien que pone absolutamente al día las antiguas funciones del poeta. Hemos intercambiado correos electrónicos con la ayuda de su traductor, el poeta uruguayo Roberto Mascaró.

   Pregunta. Pocos poetas actuales han dejado tan claro que Horacio se encuentra en su principio. En su primer libro, escrito en plena juventud, guardó usted un torrente poético vanguardista en las serenas formas horacianas.
   Respuesta. En la década de los cuarenta, el estudio del verso clásico, además de la lectura y la traducción de Horacio, estaban incluidos en los estudios secundarios. Los alumnos tenían 17 o 18 años, y fue por ese tiempo que empecé a escribir poesía. Sentíamos a Horacio tan contemporáneo como René Char y los otros surrealistas. Realmente, era "tan ingenuo que se transformó en sofisticado", es decir, se confundió lo que para mí era algo cotidiano y normal (recibir influencia de Horacio) con un gesto de "vanguardia".

   P. Veo, por cierto, muy horaciana su percepción del hielo y la nieve, en la medida en que propician el apartamiento. ¿Sigue usted reclamando diez minutos de soledad poética para inaugurar el día y clausurarlo?
   R. Ahora, ya cumplidos los 80, tengo tiempo de sobra para satisfacer mi necesidad de soledad. Hoy son otras las dificultades para mi ejercicio de la escritura.

   P. La sonoridad de su poesía es un placer. Por ejemplo barkborrarnas protokoll suena también rotundo en la traducción: "El protocolo de la termita".

   R. ¡El sonido de las palabras me proporciona una inmensa alegría!

   P. Hablemos también de la metáfora, el recurso al que un poeta recurre con la mayor naturalidad del mundo, y que a veces es rechazada, especialmente por parte de los jóvenes. Es preciosa la sencillez de esta metáfora: "Un kilo pesaba apenas setecientos gramos". No hay modo mejor de expresar la ligereza proporcionada por la luz de la nieve.

   R. Para mí, el pensamiento en forma de imágenes es una base fundamental para la poesía. Los jóvenes, y en general todos nosotros, somos hoy inundados de información, imágenes y un perpetuo fotografiarlo todo que, sin duda, embota nuestro pensamiento en imágenes. Sin embargo, tengo la sensación de que el rechazo a la metáfora que se notaba claramente en Suecia hace como un lustro se ha modificado; y la metáfora no es algo que produzca hoy rechazo.

   P. Usted ha escrito: "Esta tarde se refleja la belleza del mundo". Quizá los poetas y sus lectores sean los más sensibles al bien y al mal en estado puro. Es apasionante esa voz que usted guarda en un poema, la que dijo "Hay uno que es bueno / hay uno que puede verlo todo sin odiar".
   R. Esas últimas líneas pertenecen a un poema que se llama "En el delta del Nilo", y que está basado en un hecho auténtico y en un sueño que tuve cuando viajaba por Egipto con mi esposa. La zona rural de Egipto era, hace 50 años, parte del mundo subdesarrollado, y el encuentro con esta realidad fue para nosotros muy provocador. En el sueño llegó esta voz, que no sé qué representaba, pero sé que me dio una especie de consuelo; no provocó una aceptación pasiva a esa realidad, sino más bien brindó un sentimiento de esperanza y de la posibilidad de transformación.

   P. Imagino que haberse formado y haber ejercido su profesión fuera de la literatura le ha permitido mayor libertad. Me refiero tanto a la creación misma de los textos como a su independencia personal.
   R. Siendo joven, reconocí que no podía mantenerme ni alimentar a una familia con la escritura de poesía; de modo que elegí una profesión que no perturbase la escritura, sino que le agregase experiencia. Por esto elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he arrepentido.

   P. Es muy valiosa la poesía que circula fuera de los libros. Usted envió algunos de sus primeros haikus como felicitación de Año Nuevo para su amigo Åke Nordin. ¿Fueron escritos también pensando en ese formato más breve, más poético que literario?
   R. Åke Nordin, que era también poeta y psicólogo, trabajaba como director de una prisión para jóvenes. Fue a través de Nordin que yo también comencé a trabajar en la prisión de Roxtuna. Los nueve haikus fueron escritos como agradecimiento de una visita a la prisión. Fueron enviados en forma de carta. Eso fue en 1960, sin que tuviese planes de publicarlos. Cuarenta años después, alguien descubrió la carta y los haikus se publicaron hace poco, junto con mis poemas completos.

   Estamos conversando sobre el mapa de Europa, de norte a sur, como si nada. Pero quizá haya algo que matizar ahí. La Europa profunda que Tranströmer ha detectado en sus libros va más allá de las descripciones: "La catedral ennegrecida, pesada como una luna, hace flujo y reflujo". En esas líneas se contiene una definición simbólica de Europa. Cosa que no debe desdeñarse, porque es actualidad pura.

   P. Ante la fragilidad económica de Europa, ¿podemos pensar en una poesía europea, con independencia de los idiomas?
   R. El poema va a depender siempre de la lengua en que nació. Pero tal vez en el futuro va a ser más fácil para el poema atravesar fronteras.

   P. El sueño (de dormir) y los sueños (de soñar) son constantes en su obra. No ha tenido miedo a ver en el despertar una resurrección. ¿Es el poeta el que mejor puede convertir el sueño o los sueños en lenguaje?
   R. Un poema no es otra cosa que un sueño que yo realizo en la vigilia. El sueño y el poema vienen de la misma persona. Tienen algunas leyes compartidas. Tengo una relación de mucho amor con el sueño. Me voy a la cama como si fuese a una fiesta. El despertar es casi siempre una desilusión.

   P. A un poeta tan cercano a la música, que también es músico, atento a la escultura, a la pintura, le pregunto: ¿corresponde a la poesía ser el arte que contiene todas las demás artes?
   R. Si la poesía contiene todas las otras artes, eso no lo sé. Pienso a menudo en imágenes, y la música es una parte importante de mi vida. Esto se expresa, naturalmente, en mi escritura de poemas.

   P. Convierto en pregunta una afirmación suya. No le pido más que un monosílabo. ¿Todo canta?
   R. Le respondo con tres sílabas españolas: ¡a veces!

   Tomas Tranströmer contesta de tres modos muy distintos, y en los tres se aprecia su trato poético con el lenguaje. Normalmente "responde respondiendo", si se me permite la obviedad (y se nota al poeta en su amor al sonido, a las sílabas, en las metáforas, como la de la fiesta). Sin embargo, también se ha explayado por su cuenta, fuera de lo que le propongo, en una excursión por las cosas que también es propia de un artista. A raíz de la última pregunta, que le obligaba a sujetarse a un monosílabo, ha querido desbordarse añadiendo una serie de preciosos comentarios sobre la música, lo que da la clave de la enorme importancia que este arte tiene para él: "A menudo me preguntan qué significa para mí la música. Hoy podría responder que la música significa si no todo, una inmensidad de cosas. No tengo oído absoluto y tampoco una buena memoria musical, pero la música me mueve de una manera muy intensa. En mi temprana adolescencia, yo creía que la música sería mi profesión. Mi camino hacia la música fue entonces el piano. Comencé a tocar en serio a los 16 años, y el pasaje por mi primera crisis vital lo hice martilleando el piano. Más tarde en la adolescencia, la escritura de poemas fue lo dominante, pero la música ha sido siempre mi refugio durante toda mi vida, y he tocado el piano diariamente. Después del stroke que me afectó en 1990, he seguido tocando con la mano izquierda. La música para la mano izquierda era para mí entonces un territorio desconocido, y fue con asombro que fui descubriendo todas las obras que se han escrito. He dedicado mucho tiempo, en los últimos años, a buscar esas obras, con mayor o menor éxito. También se han escrito algunas piezas para mi mano izquierda; como aficionado que soy, esto lo he sentido como un gran honor".
   Y, casi a modo de compensación, hay varias preguntas a las que no ha respondido, después de tomarse tiempo para pensarlo. Tal como está el mundo, y siendo el tipo de poeta que es, estos silencios resultan tan significativos como las respuestas, si no más.
   No ha respondido nada a una cuestión sobre los mitos, él, que sentenció hace años que "el círculo interior es el del mito". Tampoco a la posibilidad de que el poeta fuera un mediador entre la naturaleza y los ciudadanos, cuando nos ha invitado a fluir "con el arroyo". Y en fin, destaco aquí sus dos intensos silencios, que lo dicen todo, ante estas dos preguntas:
   -No sé si quiere añadir algo nuevo sobre la vieja cuestión del compromiso político. No sé si quiere añadir algo a estas palabras de uno de sus versos: "El funcionario del Partido...".
   -Usted ha anotado que Dios escribe en la arena y lo ha sentido como un soplo de viento. ¿Dónde queda, después de que estas dos líneas suyas "Y la energía de Dios / arrollada en la oscuridad"?

   Estos silencios probablemente no sean una omisión o una negativa explícita a contestar, sino algo mucho más fino: generalmente los grandes poetas no tienen nada que añadir a lo que ya dijeron en verso. Prefieren no incurrir en declaraciones que podrían alcanzar la categoría de ocurrentes o actuales, pero siempre serán inferiores a lo que dijeron en un poema. Por no hablar de que los asuntos muy delicados -mitos, Dios, naturaleza, ciudadanos, compromiso- requieren la precisión máxima del lenguaje, y esta se logra en el lenguaje poético. Así que los versos citados quizá sean respuestas dadas con antelación. Quizá las únicas posibles.

   El séptimo sueco
   - "Porque, a través de sus imágenes condensadasy translúcidas, nos da un acceso fresco a la realidad". Esas son las razones de la Academia Sueca para premiar a Tomas Tranströmer.
   - El poeta, nacido en Estocolmo en 1931, es el séptimo autor sueco premiado en los 110 años de historia del Nobel. Los últimos habían sido, en 1974 y ex aequo, Eyind Johnson y Harry Martinson.
   - Aunque Herta Müller (2009) ha publicado poesía, ningún poeta a tiempo completo había ganado el premio desde la polaca Wislawa Szymborska (1996). Según Peter Englund, secretario de la academia, tanto ella como Seamus Heaney o el fallecido Joseph Brodsky fueron años atrás los grandes valedores de la candidatura de Tranströmer.