Mostrando entradas con la etiqueta derechos mujer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derechos mujer. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de marzo de 2015

PRENSA. "El coraje de ir a la escuela". Malala Yousafzai

Malala
   En "El País":

El coraje de ir a la escuela

Los Gobiernos deben considerar la educación secundaria de las niñas una de sus prioridades


¿Quién te inspira? En el curso del año pasado tuve el honor de viajar y conocer niñas excepcionales; jóvenes mujeres que no dejan que nada se interponga en el camino de su educación. Ellas me sirven de inspiración.
Amina es una de esas niñas. Conocí a Amina el verano pasado, cuando viajé a Nigeria. Su casa, ubicada en el norte de Nigeria, está en un lugar donde la educación se encuentra bajo el ataque de Boko Haram. A pesar de la omnipresente amenaza de la violencia y del hecho de que las niñas casi nunca asisten a la escuela secundaria, Amina persistió: luchó por su derecho a la educación. Sé de primera mano que el simple acto de presentarse en la escuela es peligroso. Se necesita mucho coraje.
No obstante, para Amina, presentarse en la escuela fue apenas el principio. Amina destacó y, después de graduarse, recibió una beca del Centro para la Educación de las Niñas, al tiempo que trabajaba como mentora de otras niñas. Me sentí tan inspirada con todo esto, que el Fondo Malala hoy apoya al Centro para la Educación de las Niñas.
La combinación de mi propia experiencia en Pakistán y el haber conocido a Amina y a niñas como ella en los campamentos de refugiados de Jordania, me han enseñado una lección importante: si bien la educación básica inicia el proceso de desbloqueo de nuestros potenciales, es la educación secundaria la que proporciona las alas que permiten a las niñas volar. La educación secundaria ayuda a convertir a una joven valiente y brillante, como Amina, en una lideresa fuerte y confiada, capaz de generar cambios en su comunidad y en su país.
Para muchas de mis hermanas, una educación integral es un sueño lejano. Los líderes tienen un estándar para sus propios hijos y otro estándar para sus ciudadanos. Como padres y madres, nunca se sentirían contentos con 5 o 6 años de escolarización para sus hijos. Una educación de 12 años debería ser un derecho de todo joven. Es momento de generar un cambio.
Cuando yo tenía apenas tres años, los líderes mundiales acordaron un histórico plan de 15 años para enfrentar la pobreza, que se denominó Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). El ODM ha tenido un impacto positivo en muchas áreas, tales como la educación. No obstante, presa del prejuicio y la falta de imaginación y capacidad de liderazgo, los dirigentes consideraron que la educación básica era suficiente.
Este año, los Gobiernos pueden poner las cosas en su sitio, ya que deben decidir en torno a un nuevo conjunto de objetivos de lucha contra la pobreza: los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta es nuestra oportunidad de hacer las cosas bien, pero debemos tener grandes aspiraciones, ser más ambiciosos.

Tenemos ansias de aprender y de dirigir. Lo único que necesitamos son líderes con valentía, audacia y visión que nos acompañen
Los Gobiernos están considerando ampliar los objetivos de educación mundial más allá de la enseñanza primaria. Esto es muy buena noticia, pero esto sólo ocurrirá si hacemos de la educación de las niñas una de sus principales prioridades.
Eso es posible. Las naciones ricas y muchos países pobres han logrado ofrecer educación secundaria gratuita. Por esa razón pedimos a los líderes del mundo que hagan lo correcto al decidir en torno al siguiente conjunto de objetivos mundiales en materia de educación. Hoy sólo se habla de elevar el objetivo a nueve años de escolaridad en lugar de establecer 12 años de educación gratuita como la norma para todos los niños. Esto es un error.
¿Cómo pueden los líderes del mundo decirles a los niños que sólo pueden esperar nueve años de educación, mientras sus propios hijos esperan por lo menos 12 años de educación en las mejores escuelas? Los estándares que fijen para sus propios hijos deben ser los mismos que apliquen para sus ciudadanos y para el resto de los jóvenes del mundo.
Cuando los líderes mundiales se reúnan en septiembre en la sede de Naciones Unidas en Nueva York deben prometer que para 2030 todos los niños podrán recibir por lo menos 12 años de educación de calidad de forma gratuita. Tenemos que ayudar a las niñas, que son las más perjudicadas.
Quién sabe cuánta lucidez ha perdido el mundo en virtud de los millones de niñas que no tuvieron acceso a la educación secundaria. Quizás hubo una lideresa transformadora en una generación, una motivadora escritora, una científica que pudo haber resuelto los problemas más acuciantes del mundo. Mi dolor no conoce límites cuando pienso en todo el potencial desaprovechado.
“Mi alegría no conoce límites”, fue la respuesta de Amina al recibir la noticia de que yo, junto con Kailash Satyarthi, otro promotor de la educación, había sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz el año pasado. A mi viaje a Oslo para recibir el premio invité a Amina y a otras cuatro niñas que habían sido una gran motivación para mí. Se trata de niñas que, a pesar de todos los obstáculos, han dado la cara. Tenemos ansias de aprender y de dirigir. Lo único que necesitamos son líderes con valentía, audacia y visión que nos acompañen.
Para algunos, Amina y yo seremos unas adolescentes ingenuas, pero conocemos de primera mano el poder de la educación secundaria, y nadie podrá disuadirnos. Cuando imaginamos el poder de todas nuestras hermanas marchando juntas, dueñas de una educación de calidad, nuestra alegría no conoce límites.
Malala Yousafzai es estudiante, cofundadora del Fondo Malala y premio Nobel de la Paz 2014.

lunes, 9 de marzo de 2015

PRENSA. "Traficadas. el negocio de la trata de mujeres en México"

   En "El País":

Traficadas. El negocio de la trata de mujeres en México

México es el país americano con más mujeres desaparecidas que son convertidas en esclavas sexuales. El tráfico de mujeres es un negocio en alza


Barrio de la Merced, uno de los tradicionales de prostitución de México D.F. donde trabajan unas 1500 mujeres. / NURIA LÓPEZ TORRES

Diana Angélica era una niña alegre y optimista. De cuerpo menudo, ojos grandes almendrados, y cara angelical. El 7 de septiembre de 2013 su madre se despidió de ella como cada mañana cuando se iba al colegio… Y nunca más la volvió a ver.
Historias como esta engrosan cada día la enorme lista de niñas y mujeres desaparecidas en todo México. Un drama silenciado que desgarra a la sociedad del país. Estas desapariciones forman parte de un entramado de tráfico de personas con fines de explotación sexual. Los feminicidios de Ciudad Juárez son solamente una parte de este gravísimo problema que golpea profundamente a millares de familias.
Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, han desaparecido en sólo nueve estados del país 9.200 mujeres y niñas. Entre junio de 2011 y junio de 2012 sólo en el estado de México fueron 955, de las que el 60% eran menores de 17 años. María de la Luz Estrada Mendoza, presidenta de esta organización, puntualiza, sin embargo, que no existe una cifra oficial fiable de desaparecidas, porque los gobiernos, dice, maquillan los datos. El estado de Veracruz reconoció de forma extraoficial que en su territorio hay 6.000 desaparecidas. El resto de estados, sin embargo, se niegan a dar información al respecto y los pocos números que aportan a las estadísticas de las entidades son ridículos, muy inferiores a las que estas mismas manejan. Es este un problema invisibilizado social y políticamente.
En los últimos años, el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual ha pasado a ser el segundo negocio más lucrativo en México, después de las drogas. Así lo indica un informe sobre las condiciones de vulnerabilidad que propician la trata de personas en México, elaborado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social. Pero lo que más preocupa a los autores es que algunos militares han entrado a formar parte de la red de secuestros y explotación sexual, así como los narcotraficantes, que ven en este rentable negocio una forma de diversificar sus ingresos. Al sur del país, en el estado de Oaxaca, la persona que controla el negocio de la trata y la explotación sexual es un “militar de alta graduación”, asegura Elvira Madrid, presidenta de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, A.C, una ONG que trabaja en favor de los derechos de las prostitutas y en contra del tráfico de mujeres.

Levantones sexuales

Existen diferentes formas de captar a las mujeres y niñas. Una de ellas es la conocida como levantón. El crimen organizado tiene a hombres que controlan determinadas zonas o barrios, se fijan en una posible víctima —casi siempre muy jóvenes y de complexión delgada—, la vigilan unos días para conocer su rutina y, cuando pueden, la suben de forma violenta a una camioneta. Y desaparece. A veces, no hay ni vigilancia previa. Simplemente ven una muchacha que les gusta, paran el vehículo y la suben en el acto.
Otro de los sistemas es a través de falsos anuncios de empleo. “Mi hija Fabiola vio un anuncio enganchado a una farola en el que se buscaba a una mujer para cuidar a una persona mayor. Llamó por teléfono y la citaron al día siguiente a las diez de la mañana, en el mismo lugar donde lo había encontrado. Ella me pidió que la acompañara y así lo hice, pero no se presentó nadie. Fabiola volvió a llamar y le dijeron que había surgido un problema con la persona que tenía que ir y la volvieron a citar al día siguiente. En esta ocasión, no la pude acompañar porque tenía que ir al médico…y ya nunca más volvió”, relata Rosa María, madre de una víctima. Fue el 10 de enero de 2012.

Impunidad e indefensión

Es sabido por todas las organizaciones y activistas que trabajan en contra del tráfico de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, que algunos miembros de la policía municipal de Ecatepec —donde desaparecen gran cantidad de mujeres— controlan este negocio. Son las prostitutas que ejercen de forma libre las que denuncian extorsiones de los agentes que quieren deshacerse de ellas porque son testigos incómodos de sus turbios negocios. Así lo cuenta Elvira Madrid, directora de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez A.C.
Según su relato, cada noche, la policía lleva en sus coches a niñas a los diferentes puntos de prostitución de este municipio. Ellas deben conducir a los clientes a un lugar acordado con los policías, para que estos puedan extorsionarles por estar con una menor de edad.
Rosa María Reyes, madre de la desaparecida Fabiola, tiene muy claro por qué no se resuelve el caso de su hija: “Es por la incompetencia de la policía que hasta ahorita no ha hecho nada. Se le han entregado infinidad de pruebas para que actúen y no han hecho nada. Incluso han llegado al sarcasmo. A veces les he dicho pues que me maten ya para que me quiten este dolor”.
Muchas de las familias de las desaparecidas argumentan las mismas carencias en las actuaciones policiales y órganos encargados de las investigaciones. Coinciden en señalar que se encuentran con unos niveles altísimos de ineptitud. Las sensaciones de impotencia y desesperación son compartidas. En la mayoría de los procesos, las familias van por delante en las investigaciones y aportan pistas que, en muchos casos, son ignoradas. En el peor de los casos, incluso reciben amenazas para que cejen en sus indagaciones, como les ha pasado a algunas madres.
María Soledad vive bajo amenaza de muerte porque salvó a su hija de 14 años de las redes de la explotación sexual. Durante seis meses trabajó como prostituta para llegar hasta ella y al hombre que la retenía, conocido como el Bombacho. Esta mujer pequeña, de expresión dura y con un valor infinito, cuenta con serenidad su historia. “Mi orgullo es que se la quité con vida, porque él nunca las deja escapar con vida. Ahora, mi cabeza tiene precio y yo sigo esperando a ver qué me va a hacer. Por lo que yo le hago penalmente responsable de lo que me pase… Ahorita él está en la cárcel por cortesía mía… pero saldrá en tres años. Leestán abriendo otros procesos y espero que no salga nunca porque sus crímenes son muy grandes”, zanja.
La impunidad, sin embargo, viene cimentada por décadas de crímenes y delitos sin resolver en México. Ésta dinámica es la generadora de sociedades endémicamente enfermas, que afecta a los cimientos y pilares de la democracia, generando una sociedad incapaz de defender los derechos básicos de sus ciudadanos. La trata de seres humanos con fines de explotación sexual es una de las mayores violaciones de los Derechos Humanos, una forma de esclavitud moderna, y una de las caras más amargas de la violencia de género.
Fabiola es del municipio de Ecatepec, uno de los lugares de donde más mujeres desaparecen de todo el Estado de México, como coinciden en afirmar la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desparecidos A.C., la Coalición Contra El Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y El Caribe, y la Brigada Callejera de Ayuda a la mujer Elisa Martínez A.C. Estas organizaciones que trabajan contra el tráfico de personas y la explotación sexual tienen claras evidencias de que algunos policías locales del municipio participan en estas redes. La familia de Fabiola sabe con certeza, por diferentes pistas y testigos, que ella está siendo explotada como esclava sexual. Sin embargo, la negligencia, desidia y en algunos casos la connivencia de la policía, hace que el caso de la joven se encuentre en una vía muerta.
“Vivos se los llevaron y vivos los queremos”, gritaba Rosa María durante la manifestación que tuvo lugar en México DF el día de la madre, organizada por las diferentes asociaciones de familiares de desaparecidos, y que convocó a personas llegadas desde todos los estados del país. A su lado estaba Tadeo, hijo de Fabiola de siete años de edad, quien, con un gran cartel de su madre colgado en el pecho, repartía incansablemente folletos en los que se ofrecía una recompensa de 300.000 pesos (unos 17.500 euros), a la persona que aportara información útil para encontrarla. Su expresión de esperanza mientras corría como un loco de un lado a otro, dando impresos a todo el mundo, no dejaba indiferente a los asistentes.
Semanas más tarde, en casa de su abuela, preguntado por qué diría a las personas que tienen retenida a su mamá, el pequeño respondió así: “Me llamo Tadeo. A las personas que se la llevaron, devuélvanmelas. Porque a mí me hace más falta que a ustedes, así que devuélvanmelas. Es lo que yo tengo dentro de mi corazón, que nada más que tengo a mi papá. Que cuando veo a todas las familias juntas, me pongo triste porque mi familia todavía no está junta. Y decirles que si me pueden dar su dirección para que vaya a por ella”.
El tercer sistema de captación de mujeres es más sofisticado y retorcido. Es el de los llamados padrotes, hombres que se dedican a enamorar a las menores de edad, hasta que consiguen alejarlas de sus familias —tienen estipulado un tiempo de tres meses de media para conseguirlo—, para posteriormente llevárselas a otro estado. Es allí cuando su novio cambia radicalmente y le muestra la cruda realidad. Inmediatamente, la pone a trabajar. Algunos incluso las dejan embarazadas y, cuando nace el niño, se lo quitan para chantajearlas con la vida de la criatura. Para los padrotes las mujeres son objetos de su propiedad que deben proporcionarles beneficios. Así lo ha corroborado Elvira Madrid, socióloga con 27 años de experiencia en el trabajo de campo con víctimas. Muchos de estos hombres no consideran que esto sea un delito, sino simplemente una forma de ganarse la vida. La cultura machista tiene aquí su máximo exponente como se desprende de los testimonios de las mujeres explotadas entrevistadas.

Víctimas de explotación sexual

Alejandra fue vendida con 10 años a la dueña de uno de los muchos tables dance (locales de baile erótico) que existen en México. Ella fue a parar a la ciudad de Toluca, Estado de México. Sus tías, que se dedicaban al tráfico de drogas y otras actividades ilegales, llegaron un buen día y le dijeron: "Tú ya estás buena para trabajar". A su madre le aseguraron que la llevaban a trabajar a una fábrica. Agobiada por las deudas, no dio crédito a las quejas de su hija pensando que eran excusas para no ir a trabajar.
“Trabajaba de lunes a domingo, de nueve de la noche a siete de la mañana, todos los días, todos los días, todos los días…”, relata, ahora ya liberada, Alejandra. Durante dos años la obligaron a bailar y prostituirse. Hasta que fue violada por un tío abuelo y se quedó embarazada. Su madre la forzó a tener a la criatura y, después de dar a luz, la niña huyó y nunca más volvería a ver al bebé. Con 12 años llegó a Michoacán, donde conoció a un padrote que la enamoró y la dejó embarazada. Tuvo un niño que el padre le arrebató para chantajearla (y al que nunca pudo criar). Tiempo después tendría una niña.
Cuando su hija tenía un año, Alejandra intentó escapar, pero su explotador la encontró y la amenazó a punta de pistola con matar a la niña. Durante 18 años trabajó para el padre de sus hijos y la familia de este como una esclava sexual. Finalmente, reunió las fuerzas necesarias para huir con su hija, aunque lamentablemente tuvo que renunciar a su otro hijo. Alejandra continua ejerciendo la prostitución, ahora de forma libre, en el barrio de la Merced de México DF, el barrio tradicional de prostitución de la ciudad. Como ella, allí trabajan unas 1.500 prostitutas en la calle, pero la cantidad podría ser mayor porque no están contabilizadas las que están en locales internos, subrayan desde la ONG Brigada Callejera de Ayuda a la Mujer Elisa Martínez, A.C.
El caso de Rebeca no es muy distinto. Ella fue explotada con 11 años por su padre y tres socios de este que tenían una red de tráfico de mujeres en Estados Unidos (Miami y Tampa, Florida). Su abuela la envió con su progenitor para que escapara de los abusos de los que era víctima por parte de su padrastro en México. Pero no sabía que la estaba enviando al infierno. Con 17 años consiguió escapar y regresar a su país. Llegó a la capital y, desesperada por encontrar un trabajo, pensó que la fortuna por fin se había acordado de ella, al encontrar un anunció en la estación de autobuses, en el que solicitaban chicas jóvenes como asistentes domésticas.
Rebeca acudió a la cita con el empleador. Se encontró montada en una camioneta con otras 17 chicas, pero nunca sospechó que su destino final sería un edificio en el barrio de prostitución de la Merced, ni que durante tres años y medio estaría encerrada sin ver la luz del día, siendo explotada sexualmente otra vez. “Me tocó ver cómo mataban a golpes a una muchacha porque no dio todo el dinero que había ganado un día. Me tocó ver que a otra la asesinaron porque no quiso salir a trabajar a la calle, a esa sí a sangre fría. La mataron”, recuerda. “Si trabajabas más, te tocaban dos comidas; si no, no comías… Si no sacabas suficiente [dinero] a veces te dejaban con la misma vestimenta y no te bañaban hasta que volvías a trabajar bien; si estabas con la regla, te ponían un tapón y así tenías que seguir trabajando. Si un cliente se quejaba de que no te habías dejado hacer algo, entraba la mujer o el hombre encargados y te daban de golpes”, continúa ahondando en su memoria.
Rebeca fue rescatada por un policía federal que durante tres meses estuvo investigando qué pasaba en aquel hotel. Cada ocho días, la visitaba haciéndose pasar por cliente fijo. Ella le facilitó toda la información que pudo. El federal acogió a Rebeca y su compañera de cuarto en su casa los primeros días, hasta que ellas hicieran sus declaraciones y reconocimiento de los detenidos. Su esposa les facilitó comida y ropa. Pero el segundo día, a las siete de la tarde, llamaron a la casa del agente para notificarle a su mujer que él había sido asesinado. Rebeca rememora aquel trágico momento que presenció.
Rebeca sigue ejerciendo la prostitución tras ser liberada Tiene a su cargo a su madre y dos sobrinos pequeños, que abandonó uno de sus hermanos tras quedarse viudo. Rebeca es una luchadora nata: tiene muchas ganas de dejar esta vida y, gracias a Brigada Callejera de Ayuda a la Mujer Elisa Martínez, y muy especialmente a Elvira Madrid, está estudiando para enfermera. Es uno de sus sueños.
Mientras contaba su truculenta historia, su rostro redondo esbozaba en todo momento, una hermosa sonrisa de serenidad. Relataba su historia como si fuera la de otra persona. Se esforzaba por mostrar fortaleza, sus ojos negros se llenan de lágrimas y se le quiebra la voz al decir: “Es difícil cuando ves que pudiste tener otro tipo de familia y no es así. Pero aprendes que cuando estás más abajo es cuando te debes de sentir más arriba. Cuanto más te pisoteen, más debes de salir adelante. Y si sigo aquí es porque tengo algo que hacer y tengo que superarme”.

miércoles, 18 de febrero de 2015

PRENSA. "Desafíos globales" Melinda Gates

   En "El País":

Desafíos globales

La cofundadora e impulsora de la Gates Foundation, dedicada a la solidaridad y el desarrollo, analiza cómo a través del apoyo a las mujeres se puede lograr un mundo mejor



Cada 15 años, la comunidad internacional se reúne para planificar la lucha contra la pobreza extrema, las enfermedades y los retos que continúan asolando a los países en vías de desarrollo. En el año 2000, líderes de todo el mundo se reunieron en la sede de Naciones Unidas para declarar los Objetivos del Milenio, y el año que viene lo harán de nuevo para debatir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una ambiciosa lista para los próximos 15 años. Son reuniones de una importancia increíble, pero no constituyen más que una pequeña parte de la vía para avanzar. En realidad, la mayoría de las decisiones que impulsan el desarrollo mundial no son las que se toman en alguna reunión de Naciones Unidas. Tampoco las que se ­toman en la sede del Banco Mundial en Washington DC, ni en la Organización Mundial de la Salud, en Ginebra. Son las decisiones que se toman cada día —en este mismo momento— en los hogares de los lugares más pobres del mundo.
En el caso de mujeres como Anna, que vive en una pequeña granja en Tanzania, es la decisión de utilizar el dinero que le han prestado sus amigos para poner en marcha un pequeño negocio de venta de huevos y obtener unos ingresos extra para su familia. En el caso de Sharmila, que vive en el norte de India, es la apuesta por empezar a usar anticonceptivos, pese a que con esa acción se opone a los deseos de su suegra. En el caso de Sebsebila, que vive en Etiopía, es la de vacunar a su hija contra las enfermedades infantiles.
El impulso para que el mundo progrese no empieza en una reunión de dirigentes políticos. Empieza en las vidas cotidianas de mujeres corrientes en todo el mundo. Cuando mujeres como Anna, Sharmila y Sebsebila tienen la capacidad de tomar decisiones cruciales sobre su vida y su futuro –y cuando, cosa también importante, tienen la capacidad de llevar esas decisiones a la práctica–, todos resultan beneficiados.
En todos los países a los que voy contemplo que las mujeres son el factor más importante para construir un futuro más sano y próspero. Por desgracia, también observo que en muchas partes del mundo no se las trata en consecuencia. Lo mismo en los países ricos que en los pobres, las mujeres se enfrentan a barreras específicas debido a su sexo, en forma de políticas públicas, expectativas culturales y reglas sociales. Esa situación impide el progreso no solo de las mujeres, sino de toda la población. Cuando a las mujeres se les niega la posibilidad de construir sus vidas y su futuro, el mundo pierde un arma crucial para combatir la pobreza y la enfermedad. Por eso es tan importante empezar a abordar de forma sistemática las desigualdades de género. Y, para organizaciones como la Gates Foundation, ha llegado la hora de que nos comprometamos a que las mujeres y las niñas sean el objetivo fundamental de nuestra labor de desarrollo.

Argumentos para invertir en las mujeres y las niñas

Mi formación académica es informática y económica, pero he hecho del desarrollo global mi segunda vocación. Hace 15 años, mi marido, Bill, y yo decidimos crear una fundación con el fin de devolver a la sociedad lo que hemos obtenido con Microsoft. Reflexionamos largo y tendido sobre qué forma de invertir nuestros recursos nos permitiría causar el mayor efecto posible y mejorar el mayor número de vidas posibles.
Desde el principio tuvimos algo claro: queríamos dedicarnos a los problemas de los más pobres del mundo. Para mí era una cuestión de justicia social, un valor que había aprendido en el colegio, en mi casa y a través de mi educación católica. Pero además era para los dos la oportunidad de poner en práctica un principio que nos enseñaron nuestros padres: que todas las vidas tienen el mismo valor. Queríamos que nuestra fundación contribuyera a crear un mundo en el que todos los niños tengan la oportunidad de vivir una vida sana y productiva, que les permita hacer realidad todas sus aspiraciones.
Poner esto en marcha era abrumador. Los dos somos informáticos, de modo que estamos acostumbrados a desentrañar un código línea a línea, a descomponer un gran problema en todos sus elementos. En la fundación empezamos por estudiar todos los datos posibles sobre los problemas de los más pobres del mundo y después utilizamos nuestras conclusiones para decidir a qué dedicar el dinero.
Una de nuestras primeras inversiones fue una organización que ayudaba a los países pobres a comprar vacunas para proteger a los niños de enfermedades prevenibles, porque las pruebas demostraban que existía una gran necesidad y que la repercusión sería inmensa.
Es un proceso analítico que hemos repetido una y otra vez, a medida que nuestra fundación crecía y se expandía en nuevas direcciones. Hoy, ese proceso nos ha llevado a la conclusión de que, para causar el máximo efecto, debemos centrar nuestros esfuerzos en las mujeres y las niñas.
Por supuesto, invertir en las mujeres es algo justo. Pero además es lo más inteligente. Durante la mayor parte de la historia, las mujeres han vivido infravaloradas, con pocos recursos y escaso apoyo en todas las economías del mundo. Ninguna sociedad puede hacer realidad todas sus aspiraciones si mantiene a la mitad de su población marginada.
Las pruebas demuestran de manera inequívoca que la desigualdad entre los sexos es un obstáculo para el progreso general. Por ejemplo, si se equiparara la presencia de hombres y mujeres en el mercado de trabajo en Estados Unidos, el PIB del país aumentaría un 5%. En otros países, las posibilidades son aún mayores, y ese aumento podría ser incluso de hasta un 27%.
Cuando invertimos en las mujeres y las niñas estamos dando dinero a unas personas que invierten en los demás. Se ha descubierto que cuando las mujeres tienen la capacidad de ganar y controlar su propio dinero, tienden a invertir una mayor parte de lo que ganan en el bienestar familiar: hasta 10 veces más que los hombres. Asimismo, las mujeres gastan el dinero de forma distinta que los hombres. Dan prioridad a aspectos como la salud, los alimentos y la educación; por eso, cuando la madre controla el presupuesto de la familia, sus hijos tienen un 20% más de probabilidades de sobrevivir. En otras palabras, invertir en las mujeres es una decisión que sigue dando frutos en la generación siguiente, puesto que unos niños más sanos y mejor educados hoy crearán unas comunidades más sanas y prósperas mañana.
Este círculo virtuoso es posible, pero no está garantizado. La única forma de iniciarlo es hacer unos esfuerzos sistemáticos y deliberados para desmontar la desigualdad de género en todos los países. Y no es una tarea sencilla. Es un tema muy complicado, que depende enormemente del contexto cultural y de cómo percibimos nuestra propia identidad. Sin embargo, hay varios elementos que las mujeres de todo el mundo tienen en común. Antes de empezar a desarrollar el potencial de las mujeres como agentes del cambio, debemos empezar por colaborar con ellas para satisfacer tres necesidades básicas.

Salud

Es la primera necesidad. Independientemente de quiénes sean o dónde vivan, todas las mujeres necesitan un sistema de salud del que se puedan fiar. El embarazo y el parto son todavía las principales causas de muerte e incapacitación de las mujeres en edad fértil, en parte porque muchas de las más pobres del mundo siguen dando a luz lejos de instalaciones médicas y sin la presencia de personal cualificado.
Las mujeres de los países en vías de desarrollo tienen tres veces menos probabilidades de contar con un profesional en el momento del parto que las de los países ricos. Ese es un problema que podemos y debemos solucionar: hay que aumentar el número de profesionales sanitarios de atención primaria y conseguir que lleguen a más rincones. Pero también podemos ayudar a salvar las vidas de las madres y los recién nacidos de otras maneras.
Por ejemplo, en las zonas rurales de Ghana, la Grameen Foundation, uno de los socios de nuestra fundación, colabora estrechamente con las mujeres locales para elaborar y perfeccionar una maravillosa iniciativa llamada MOTECH. En una región en la que la mortalidad materno-infantil es una amenaza constante, MOTECH utiliza los teléfonos móviles para transmitir información sanitaria esencial a las embarazadas.
Ahora bien, una gran idea, por sí sola, no basta para garantizar un gran programa. Como las vidas de las mujeres en unos sitios y otros son tan diferentes, hemos aprendido que, para aumentar la eficacia de los programas dirigidos a ellas, lo mejor es contar con su propia ayuda a la hora de elaborarlos. En lugar de ver a las mujeres y las niñas como objetivos de la ayuda, debemos considerar que son nuestras socias y trabajan con nosotros en la cooperación al desarrollo.
¿Qué quiero decir con esto? El plan inicial de la Grameen Foundation era enviar la información sobre salud a las mujeres a través de mensajes de texto. Pero cuando los responsables preguntaron a estas mujeres su opinión, descubrieron que muchas no sabían leer y preferían recibir la información en el buzón de voz. También descubrieron que los maridos solían controlar el teléfono durante gran parte del día, así que se pusieron de acuerdo con ellas con el fin de averiguar los mejores momentos para enviar esos mensajes.
Gracias a considerar a las mujeres como socias y colaborar con ellas, la ­Grameen Foundation consiguió que el programa MOTECH fuera muchísimo más eficaz. Los ajustes de este tipo, incluso tan pequeños como el de este caso, pueden suponer la diferencia crucial entre vivir o morir para una mujer y su bebé. Y cuando se van sumando una y otra vez, pueden acabar provocando un cambio trascendental.

Oportunidades económicas

Además de la salud, las mujeres necesitan también tener acceso a las oportunidades económicas, la posibilidad de ganar dinero y controlar sus ingresos. Por desgracia, en la mayor parte del mundo siguen existiendo barreras culturales, legales y de otros tipos que impiden la plena participación económica de las mujeres. En muchos países africanos, por ejemplo, las pequeñas campesinas producen siempre mucho menos que los hombres que trabajan en condiciones similares. Los motivos son complejos. A veces es porque las mujeres tienen más responsabilidades en el cuidado de los hijos y, por consiguiente, menos tiempo para trabajar el campo. Otras mujeres tienen un menor acceso a ciertos avances como las semillas mejoradas o los fertilizantes, porque disponen de menos dinero para comprarlas. Y en otros casos las mujeres no son dueñas de la tierra que trabajan.
Esta desigualdad persistente acarrea un coste enorme para la sociedad. Si las mujeres campesinas tuvieran el mismo acceso a la tierra, la mano de obra, la información, la tecnología, el fertilizante y el agua –además de las mismas oportunidades para utilizar eficazmente esos recursos–, la producción agraria en toda África se incrementaría un 20%. Por el contrario, la gente está pasando hambre mientras tratamos de descubrir cómo acabar con esas diferencias.
Nuestra fundación ha visto que, incluso cuando logramos que las campesinas de pequeña escala mejoren su productividad, puede seguir habiendo desigualdades. Una consecuencia del aumento de la productividad es que, al llegar la época de la cosecha, es frecuente que los maridos se queden con los beneficios del trabajo de sus mujeres. Por ejemplo, la organización humanitaria CARE [siglas que corresponden a Cooperative for Assistance and Relief Everywhere, Cooperativa para la Ayuda y el Auxilio en todo el Mundo], que trabaja con campesinos africanos, calcula que solo tres de cada diez mujeres consiguen hacerse cargo del dinero obtenido de las cosechas de gandul [un tipo de guisante africano] que plantan. Para solucionarlo, CARE ha empezado a reunirse con matrimonios y a organizar diálogos sobre el gasto doméstico y las responsabilidades familiares para asegurar que lo obtenido con el trabajo de las mujeres redunde en beneficio de ellas y de todos los miembros del hogar. Como muestra este ejemplo, ayudar a las mujeres a tener acceso a las oportunidades económicas es una cuestión con muchas facetas que es preciso abordar, pero si se colabora con ellas para diseñar formas de actuación que tengan en cuenta la compleja realidad de sus vidas, es posible hacer grandes avances.

Poder de decisión

Sin embargo, aunque las oportunidades económicas son importantes, no bastan por sí solas. Para controlar su futuro, las mujeres necesitan contar con la capacidad de tomar decisiones sobre sí mismas, sus familias y sus recursos. También este es un problema complicado y no existe una solución sencilla. Pero es posible dar pasos en la dirección adecuada.
Un programa que me parece admirable es la iniciativa Bolsa Familia de Brasil. Se trata de un programa de transferencias de dinero en efectivo que asigna unos subsidios mensuales en metálico a las mujeres de las familias más pobres de Brasil. Aunque las cantidades son pequeñas, el programa pretende algo más que prestar ayuda monetaria inmediata: su objetivo es otorgar a esas mujeres el poder de tener voz y tomar decisiones en sus familias. Las investigaciones han demostrado que cuando las mujeres tienen acceso a los recursos y pueden controlarlos, su capacidad de decisión en el hogar se incrementa.
Lo mejor de todo es que este es un proceso que se retroalimenta. Una vez que las mujeres tienen la oportunidad de controlar las finanzas familiares, empiezan a sentirse poderosas también en otros ámbitos de la vida. Las que participan en Bolsa Familia en áreas urbanas de Brasil dicen que se sienten más dueñas de sus decisiones personales, como usar o no anticonceptivos o cómo abordar los gastos sanitarios y la educación de sus hijos.
El resultado es que incluso la pequeña cantidad de dinero que reciben las beneficiarias cada mes ofrece a las mujeres más pobres de Brasil una posibilidad de romper el ciclo de pobreza. Hoy día, países de todo el mundo están estudiando el programa brasileño con la esperanza de poder adaptarlo a sus propias circunstancias, un paso mínimo, pero importante, para lograr que mujeres como Anna, Sharmila y Sebsebila lleguen a tener la capacidad de actuar en interés de ellas mismas, sus familias y sus comunidades.

Por qué soy optimista

Al pensar en cómo van a ser los próximos 15 años, me siento más optimista que nunca. En función de prácticamente cualquier criterio que utilicemos, el mundo no ha estado jamás tan bien como ahora. La gente tiene vidas más sanas y plenas. Nunca ha habido tantos niños como ahora que sobrevivan hasta más allá de los cinco años. Ni tantas madres que sobrevivan al parto. Hemos dado la vuelta a la situación en ­enfermedades como la malaria, la tubercu­losis y el sida, y estamos a punto de erradicar la polio. Hemos sido testigos inequívocos de que es posible progresar.
No obstante, ahora que los líderes mundiales se reúnen para planificar los próximos 15 años, les pido que recuerden que esos progresos no se logran por sí solos. El mundo avanza en la buena dirección gracias a que mujeres como Anna, Sharmila y Sebsebila están empujando. Si unimos nuestras fuerzas y las organizaciones mundiales de desarrollo las apoyan, el mundo irá aún más allá y avanzará más deprisa, y los progresos que hemos visto en nuestro tiempo no serán más que el principio.

domingo, 14 de diciembre de 2014

PRENSA. "La condena de nacer niña"

FOTORRELATO: Seis jóvenes comparten sus historias de discriminación y lucha. / Claudio Álvarez 
   En "El País":

La condena de nacer niña

Ser mujer en algunos países significa estar destinada a la discriminación y la violencia

Una de cada cuatro adolescentes en el mundo ha sufrido algún tipo de maltrato

Cada tres segundos una niña es obligada a casarse en el mundo antes de haber cumplido los 18, la de edad en que se las considera adultas (como a los chicos) según la Convención de los Derechos del Niño. Casi una de cada cuatro adolescentes de entre 15 y 19 años del planeta —70 millones— han sido víctimas de violencia física; cada diez minutos, muere una por este motivo. En los países en desarrollo, la principal causa de fallecimientos de chicas de jóvenes de ese grupo de edad es por complicaciones derivadas del embarazo y el parto: 50.000 pierden la vida cada año. Se estima, además, que 140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina. Un número que aumenta en dos millones cada año. Estos son solo un puñado de datos de los muchos recogidos en el informe Estado Mundial de las Niñas 2014 de Plan Internacional con datos de la ONU que describen la condena que supone para muchas personas del mundo haber nacido mujeres.
"Estas cifras indican que existe una mentalidad que tolera, perpetúa e incluso justifica la violencia. Y deben servir de alarma para todos en todas partes". Lo dice Geeta Rao Gupta, directora adjunta de Unicef con motivo de la celebración (11 de octubre) del Día Internacional de la Niña. Los datos del organismo sostienen esta afirmación: "En todo el mundo, cerca de la mitad de las niñas de 15 a 19 años cree que está justificado que un hombre golpee a su mujer o compañera bajo determinadas circunstancias, como por ejemplo si rechaza tener relaciones sexuales, si abandona la casa sin permiso, si discute, si descuida a los niños o si quema la cena".
La solución principal para evitar que niña sea sinónimo de víctima, coinciden las organizaciones especializadas en infancia y mujer, pasa por la educación, tanto en su entorno como, sobre todo, para ellas. La formación les dará el poder para decidir, decir no, conocer sus derechos y hacerlos valer. Aunque, en ocasiones, esto entraña un importante riesgo. La recién premiada con el Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, fue dispara en la cabeza por los talibanes en 2012 por defender la escolarización de las mujeres,
Para Concha López, directora de Plan Internacional en España, el acceso a la educación "no es solo una cuestión de derechos", sino también económica. "Si ellas estudian, estarán más formadas y tendrán herramientas para acceder a un empleo digno; aumentarán el PIB de sus países", aseguró durante la presentación en España del informe.
Pese a los avances en el Objetivo del Milenio de lograr la enseñanza primaria universal, no se logrará en 2015 como se había fijado. En gran parte por la elevada tasa de abandono, sobre todo entre las niñas, como advierte el informe de seguimiento de 2014, principalmente porque se casan y son madres, pero también por la falta de recursos familiares. "En África subsahariana, solo el 23% de las pequeñas pobres de zonas rurales finalizaron la educación primaria", destaca el documento.

140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina
Ellas son víctimas de una espiral de discriminación tan difícil de romper como lo es intentar cambiar la mentalidad, las tradiciones o las costumbres. Ni siquiera la aprobación de leyes para la protección de las menores consigues, por sí solas, este objetivo. "Sucede con la mutilación genital en muchos países. Hay que trabajar comunidad por comunidad, con los líderes y los ancianos para erradicar esta práctica. Solo con legislación que la prohíba no vale, porque luego se hace a escondidas", explica Marta Arias, responsable de sensibilización de Unicef España. Con todo, el reto, opina, no es imposible. "Son procesos muy lentos. Se trata de crear entornos protectores y para ello hace falta que estén implicados los políticos, los sistemas judiciales, la policía, las comunidades", detalla.
Ramatou Kane, trabajadora de Plan Internacional en Níger conoce bien el círculo de pobreza, discriminación, violencia y falta de oportunidades. Males que se retroalimentan menoscabando los derechos de las menores, aunque estos estén protegidos por ley. "En el país tenemos el porcentaje más alto de matrimonios infantiles. El 75% de las chicas se casan antes de cumplir los 18. La primera razón es que dejan la escuela. Vuelven a casa de sus padres y como no saben qué hacer con ellas o cómo protegerlas de que se queden embarazas para deshonor de la familia, las casan. El segundo motivo es económico en tanto que enlazarlas con alguien bien posicionado supone una ayuda para la familia", explica la experta nigeriana durante una visita en España.
La realidad que expone Kane no es exclusiva de Níger. En todo el mundo, 700 millones de mujeres vivas se casaron antes de alcanzar la mayoría de edad. De ellas, 250 millones tenían menos de 15 cuando se enlazaron. La mayoría matrimonios forzados. Según denuncia la ONG Plan, 14 millones de menores son obligadas a casarse al año, 39.000 cada día. La tradición explica, en parte, esta práctica. En India, Bangladesh o Nepal, es común que los progenitores elijan un varón para que sus hijas se desposen durante la adolescencia.
Sherin Akther nació hace 16 años en Bangladesh. Cuando tenía 12 sus padres acordaron su matrimonio con un primo nueve años mayor que ella. "Mi historia es representativa de la de las demás niñas de mi país", dice. Ella, sin embargo, esquivó la estadística. "Les dije a mis padres que no me quería casar, que quería estudiar", recuerda. Su madre fue difícil de convencer. De hecho, la pequeña tuvo que acudir a Plan Internacional para que fueran ellos quienes persuadieran a su madre de romper el compromiso. Sherin sigue en la escuela y quiere llegar a la universidad para ser arquitecta como su tío. "Quiero ser como él", dice. Con todo, la joven no tiene inconveniente en casarse en el futuro con quien sus padres elijan. "Yo me podría equivocarme. Ellos harán una mejor elección que yo", razona. Pero eso será cuando finalice su formación y tenga un trabajo, zanja.

14 millones de menores son obligadas a casarse cada año
Una de las consecuencias de los casamientos tempranos son los embarazos adolescentes, que suponen un alto riesgo para la vida de las chicas. Aunque detrás de estos hay múltiples causas como las violaciones, la falta de formación en salud sexual y reproductiva así como la imposibilidad de acceder a métodos anticonceptivos. Unicef estima que 120 millones de jóvenes de menos de 20 años en el mundo han sido víctimas de abusos sexuales. El 50% de las agresiones, añade Plan, las sufren menores de 16.
Jenniffer Rossana Carranza ha vivido a sus 17 años una historia que engrosa varias de estas estadísticas. Sin titubear relata cómo ha sido víctima de la violencia doméstica de niña, sufrió un intento de violación de su padrastro y se marchó del hogar materno, se casó con 14 años con un chico de 18 que la pegaba hasta que su suegro, voluntario de Plan, medió y amenazó con denunciar a su propio hijo. Con 15 tuvo una hija. Desde entonces, ayudada por la ONG, su afán es estudiar. "Hago Derecho porque quiero ser abogada para defender a las mujeres, no a una, a todas", dice. En Ecuador, su país, un 30% de las adolescentes están o han estado embarazadas. "En dos décadas ha aumentado un 80% el porcentaje", denuncia María Antonia López, especialista de la organización en derechos de la mujer.
Entre las amenazas que enfrentan muchas niñas por ciertas tradiciones arraigadas en el lugar donde nacen o la situación de pobreza, la mutilación genital femenina es, sin duda, una de las prácticas considerada más agresiva contra la mujer. Plan denuncia que cada año aumenta en dos millones el número de mujeres a las que se les practica la extirpación del clítoris. La ONU estima que entre 130 y 140 millones en el mundo han pasado por la operación en los 29 países de África y Oriente Medio donde está arraigada. Halaa El Din Mohamed Abdel, egipcia de 14 años, se libró del bisturí gracias a su determinación para convencer a sus padres de que no le practicaran a ella y sus hermanas la ablación. Por su cuenta, se fue a pedir consejo a los trabajadores de Plan en su comunidad para que le dieran argumentos que persuadieran a sus progenitores. Lo consiguió.

Pude decir no a una tradición que menoscababa mis derechos", Halaa, 14 años. Egipto
"Pude decir no a una tradición que menoscababa mis derechos", dice orgullosa Halaa, quien ha estado en Madrid en compañía de otras seis chicas de otros países en el marco de la campaña Por ser Niña de Plan España, que reclama educación gratuita para todas las niñas del mundo, al menos durante nueve años (6 de primaria y 3 de secundaria). Como Halaa, son cada vez más las mujeres que rechazan esta práctica para ellas o sus hijas. En 2011, Unicef publicaba que más de 6.000 comunidades en África ya habían abandonado esta práctica. Pero no se puede bajar la guardia, alertan las organizaciones.
En la Cumbre de la Niña, celebrada el pasado julio en Londres bajo el auspicio de la ONU, se alertó de que, en caso de que se mantengan las tasas de disminución de matrimonios infantiles y mutilación genital femenina, "el mero crecimiento demográfico determinará que el número de mujeres casadas en la infancia (más de 700 millones) se mantendrá al mismo nivel hasta 2050, y que el número de niñas sometidas a la ablación aumentará en 63 millones en ese mismo lapso". Así, para proteger los derechos de las pequeñas no queda más remedio que pisar el acelerador.