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miércoles, 6 de enero de 2016

EDUCACIÓN. Entrevista a José Antonio Marina

   En "revistamercurio" (enero, 2016):


José Antonio Marina:“No estamos en la era del conocimiento, sino en la era del aprendizaje”

ENTREVISTA DE TOMÁS VAL  |  MERCURIO 177 · TEMAS - ENERO 2016

José Antonio Marina. © Ricardo Martín
José Antonio Marina. © RICARDO MARTÍN
José Antonio Marina es el gran investigador español de la inteligencia, esa facultad humana cuyo propósito es la felicidad y la dignidad. El recurso que utiliza la inteligencia es el aprendizaje y para lograrlo plenamente, José Antonio Marina propone en Despertad al diplodocus, su último libro, publicado por Ariel, una especie de conspiración educativa que implique a toda la sociedad; una hoja de ruta que, en solo cinco años, nos dotaría de una educación de alta calidad, muy alejada de la realidad actual. Si Despertad al diplodocus es un llamamiento a la sociedad, su Libro blanco sobre la profesión docente,encargado por el Ministerio de Educación, es una propuesta para el debate. Y, a juzgar por la polémica que ha suscitado en la profesión docente, ese debate promete ser apasionante.
Despertad al diplodocus ha provocado un gran alboroto mediático.
El momento está maduro para tratar temas educativos, tal vez por la crisis, que ha hecho que todo el mundo se haya vuelto hacia la educación y vea que es la solución a muchos de nuestros problemas—El momento está maduro para tratar temas educativos, tal vez por la crisis, que ha hecho que todo el mundo se haya vuelto hacia la educación y vea que es la solución a muchos de nuestros problemas. La educación siempre ha ido acompañada de un discurso de la impotencia y he pretendido con este libro liberarnos de esa tentación tan española de convertir en crónicos todos los problemas. Tiene solución en mucho menos tiempo de lo que pensábamos, se puede conseguir una educación de alto rendimiento en cinco años y con el mismo presupuesto que teníamos antes de la crisis.
—La polémica está muy impregnada de ideología. Nos resulta difícil debatir de educación solo con criterios técnicos.
—La educación está ideologizada en España desde el siglo XIX. Política, económica o religiosamente. Y la ideología es a la educación lo que la mixomatosis al conejo. De lo que tenemos que hablar es de cómo hacemos un cambio educativo. Gestionar el cambio es complicado y no podemos esperar a que vengan otras generaciones que lo hagan. Tienen que hacerlo quienes están ya en la escuela y cualquier cambio genera unos mecanismos de autodefensa fortísimos.
—¿Son los profesores y sindicatos quienes más resistencia oponen a ese cambio?
—Una parte de los profesores. Los sindicatos no están teniendo una postura muy sensata en este asunto. La función de un sindicato no es mejorar la educación, sino mejorar las condiciones laborales de sus afiliados. Me gustaría contar con todos los agentes sociales, porque de lo que se trata es de lograr una movilización cuanto más grande, mejor. En España no tenemos asociaciones profesionales fuertes en el campo de la docencia, como ocurre en los países anglosajones. Son ellos los que dirigen los temas de contenidos, la mejora de la profesión, las escuelas, los currículos…
—Asegura que se puede lograr en cinco años, el tiempo necesario para que de la universidad salga una nueva hornada de licenciados. Parece que el principal objetivo es formar adecuadamente a los profesores.
Nunca, nadie, se ha tomado en serio la formación de los educadores. Así no puede funcionar un sistema. Hay que estudiar muy bien la selección de los docentes, su formación inicial y su formación permanente. Y la constante evaluación—En España hay buenos profesores, pero todos son autodidactas. Nunca, nadie, se ha tomado en serio la formación de los educadores. Así no puede funcionar un sistema. Hay que estudiar muy bien la selección de los docentes, su formación inicial y su formación permanente. Y la constante evaluación. Ha escandalizado mi propuesta, absolutamente evidente, de que hay que evaluar al docente para ver si lo está haciendo bien o mal. No confundir evaluación con sentencia penal. La evaluación es un proceso imprescindible para saber si lo hacemos bien o mal.
—¿Y cómo evaluamos la educación? Manejamos una materia muy delicada en la que influyen multitud de factores y también muy diferentes posibilidades de valoración.
—Yo no me estoy inventando nada. El sistema educativo español no se da cuenta de lo que se hace a nuestro alrededor, en otros países. La OCDE está diciendo que la evaluación es el problema central en este momento y que tenemos que evaluar a los alumnos, a los docentes, a los centros, a todo el sistema educativo. Y en cada uno de los niveles tenemos que aplicar métodos transparentes, imparciales y objetivos de evaluación.
—Muchos dicen que en aquellos institutos situados en lugares pobres o conflictivos es casi imposible lograr altos objetivos educativos.
—Un buen sistema consigue el éxito educativo de todo el mundo. Una buena escuela compensa las dificultades de origen que tienen los alumnos. Es el gran factor compensatorio. Y al evaluar la educación, hay que premiar el que lo hagan bien en un centro conflictivo, para intentar que los mejores profesores vayan a esos colegios. A los centros más complicados van los recién llegados y así es muy difícil que los mejoren.
—Me recuerda a la Institución Libre de Enseñanza y su deseo de que el mejor maestro llegara al pueblo más perdido.
Cuando en España se empezó a valorar la educación fue con la República, un movimiento que despertó entusiasmo en muchos intelectuales como Ortega y del que deberíamos aprender. Esa ambición educativa se ha perdido—Cuando en España se empezó a valorar la educación fue con la República, un movimiento que despertó entusiasmo en muchos intelectuales como Ortega y del que deberíamos aprender. Esa ambición educativa se ha perdido.
—Hubo un momento en que la educación dejó de ser vocacional y se convirtió en una profesión refugio.
—Hablamos de un sistema educativo que contaba con 700.000 profesores y había una gran oferta de empleo. Hemos tenido siempre un mercado laboral muy precario y mucha gente acudió a esa oferta sin ningún tipo de formación. Hay países, como Finlandia, con unos criterios de selección previos muy altos. Pretenden que solo aquellos que estén en el tercio alto de mejores expedientes se dediquen a la educación. Y además, por medio de entrevistas personales, demuestren que tienen vocación y capacidad de comunicación, que son capaces de enseñar. En algún momento tendremos que hacer esa selección. Tener la carrera no capacita para enseñar. Una de las cosas que propongo es que la capacitación para la docencia se haga a través de un curso parecido al MIR de los médicos, que sea práctico, pagado, al que solo lleguen quienes hayan pasado una fuerte selección. Todos los docentes tendrán que pasarlo. Y es que aquí tenemos una estructura un poco peculiar, un 25% de los docentes no son funcionarios. Pertenecen a la enseñanza concertada y, puesto que los está pagando el Estado, tenemos que asegurarnos de su valía. La docencia está regulada por el Estado y ha de ser él quien fije los requisitos.
—¿Qué contempla para la enseñanza concertada su Libro blanco?
—Que la Ley de Conciertos Educativos se cumpla escrupulosamente, cosa que no se hace. La ley dice que los centros concertados no pueden introducir ninguna selección, en absoluto, de los alumnos y que no pueden cobrar nada por la educación.
—Ordenanzas legales que no se cumplen.
—¿Y por qué ningún gobierno ha hecho que se cumpla esa ley? Porque los gobiernos tienen un sentimiento de culpabilidad, ya que la enseñanza pública les sale casi un 40% más cara que la concertada. Por eso permite que los colegios busquen financiación adicional a través de extraescolares, del comedor… En teoría, un niño no tiene por qué ir a extraescolares o al comedor, pero ya se produce una especie de selección. Lo que hay que hacer es exigir escrupulosamente lo mismo y veríamos qué funciona mejor, si el sistema funcionarial o un sistema más libre. Pero tiene que ser en igualdad de condiciones.
—¿Qué dice ese Libro blanco sobre la religión en las escuelas?
—No se ocupa de los contenidos. Me gusta el modelo inglés, un modelo laico, en donde no hay religión confesional. En la escuela hay que transmitir lo universal. Las confesiones pueden estar en la escuela, pero no dentro de los currículos oficiales.
—En Despertad al diplodocus repite la idea de que las sociedades son más ricas cuanto mayor es su conocimiento. Y, al mismo tiempo, el ministro de Educación opina que tenemos demasiados universitarios.
—Esa es otra cuestión. Este libro busca dejar claro que ya no estamos en la era del conocimiento o de la innovación, sino en la era del aprendizaje. Es de sentido común: para saber y para innovar, primero tengo que aprender. Y tengo que aprender a lo largo de toda la vida porque aprender es el recurso que tiene la inteligencia para amoldarse al entorno y progresar dentro de él. Cuando los entornos eran muy estables, como ha sucedido a lo largo de casi toda la Historia, con un periodo de formación corto era suficiente. Pero el mundo ha cambiado rápidamente y va a hacerlo aún más rápido, por lo que tenemos que disponer de las estructuras necesarias para aprender y no quedarnos fuera. Resulta muy curioso que gente como Steve Jobs, Bill Gates, Pennac… hayan sido fracasos escolares. Son gente que entró y salió del sistema universitario porque no le interesaba estar allí una carrera entera. Una especie de estudio a la carta, algo que ahora se empieza a popularizar. La gente va a empezar a hacerse su currículo particular, con asignaturas de aquí y de allá. Yo me reúno mucho con directores de Recursos Humanos y cada vez dan menos importancia a las titulaciones.
—¿Tenemos exceso de universitarios?
—En España hay un porcentaje muy grande de personas que no ha seguido sus estudios después de la enseñanza obligatoria. Y además en otros países de Europa los cursos de posgrado no se hacen todos en la universidad, sino también en la formación profesional de grado superior. Un recorrido bastante frecuente es terminar el bachillerato, hacer formación profesional y luego ir o no a la universidad, dependiendo de los intereses, porque la formación profesional está más sintonizada con el mundo laboral.
—Pero no hay hijos de ministros ni de directores generales que estudien formación profesional.
—No. Y con razón, porque en España está absolutamente desprestigiada. Hay que prestigiar esos estudios porque España sigue siendo una sociedad ferozmente clasista y el único modo de ascenso social es un título universitario. El sociólogo Víctor Pérez Díaz hizo un estudio muy curioso. En España tenemos grandes científicos y, a la vez, un número bajísimo de patentes. Hacemos buena ciencia que no tiene enlace con la industria ni con la técnica. Víctor Pérez comprobó que, en la OCDE, el número de patentes no se correlaciona con el número de doctores, sino con el número de estudiantes de formación profesional superior.
Despertad al diplodocus acusa a la escuela española de estar muy encerrada en sí misma, de no salir de los muros que la rodean.
—La escuela tiene que hacer dos cosas: salir fuera para explicar lo que hace, para enterarse de lo que hay, y coger a la gente de fuera y meterla en la escuela. Hay que lograr una mayor permeabilidad con la sociedad. Una de las cosas que odian los profesores españoles es que alguien entre en su clase, que un profesor visite otra clase para ver cómo se trabaja. Eso es muy normal en otros sitios, pero aquí hay una especie de pudor, de miedo…
—Usted repite que “para educar a un niño hace falta toda la tribu”. ¿Está esta tribu nuestra preparada o en su mejor momento para educar?
—Las cosas de la educación necesitan mucha paciencia y hay que ir convenciendo, integrando, sumando… Ahora sucede una cosa curiosa. Los padres suelen ponerse de parte de los niños y en contra de los profesores. Eso no es de sentido común y sucede porque los padres son conscientes de que tienen gran influencia en la educación de sus hijos. Cuando un profesor llama la atención a su hijo, el padre siente que se la está llamando a él y se rebela. Si actuamos todos juntos, aumenta la probabilidad de que el niño mejore. Hay que trabajar juntos y es la escuela la que tiene que tomar la iniciativa para lograr esa sociedad del aprendizaje. En algunas empresas se está implantando un puesto, dependiente del consejero delegado, que se llama director general de aprendizaje. Se considera que el aprendizaje es vital, el mayor activo de la empresa. Desgraciadamente, muchas empresas son más conscientes de la importancia del aprendizaje que el sistema educativo. La escuela reflexiona menos sobre sí misma que la empresa. Al fin y al cabo, parece pensar, es inmortal, durará siempre haga lo que haga. Hay escuelas muy estúpidas, universidades estúpidas, facultades estúpidas y hay que convertirlas en organizaciones que aprendan.
—El objetivo final de la educación es la felicidad, pero nuestros niños no son muy felices en las escuelas o institutos.
—No. Tenemos un tipo de escuela no amistosa. Pero eso se puede resolver fácilmente. Richard Gerver, el educador inglés, lo primero que dijo a sus profesores que había que hacer para mejorar el centro era conseguir que los niños fueran contentos a la escuela.
—¿Qué le hace pensar que su Libro blanco será aceptado, valorado y puesto en práctica por los políticos? ¿Peca de ingenuidad?
—Con muchos tanteos, la humanidad ha ido avanzando. La altura ética de este momento es mucho mayor que en el pasado. Se mejora a base de tenacidad, de alguna gente que se ha empeñado, de pequeños progresos que se van implantando, de pequeñas aportaciones. Lo del vuelo de la mariposa… Max Aub dejó escrito su epitafio: Hice lo que pude. Por eso hago el Libro blanco, por hacer lo que pueda. Y bueno, de momento se está hablando mucho de educación y a lo mejor se logra algo.

martes, 3 de noviembre de 2015

PRENSA. "Marina pide condicionar el sueldo de los docentes a la evaluación del centro"

   En "El País":

Marina pide condicionar el sueldo de los docentes a la evaluación del centro

El experto al que Méndez de Vigo ha encargado el 'Libro blanco de la función docente' dice que "los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos"

 /  Madrid 1 NOV 2015  

  • Una profesora con alumnos de primero de la ESO, en Barcelona en 2010. / J. M. TEJEDERAS


    El filósofo y pedagogo José Antonio Marina, al que el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, ha encargado el Libro blanco de la función docente, considera que una parte de la retribución del profesorado "podría estar relacionada con la evaluación del centro entero, de manera que se fomente la implicación de todos los profesores en un proyecto educativo". "Ha de evaluarse a los alumnos, pero también a los profesores y a los centros", defiende Marina.
    "Los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos", indica este experto en su reciente libro Despertad al diplodocus. Una conspiración educativa para transformar la escuela.. Y todo lo demás. Marina reclama la formación del docente (y de toda la sociedad) a lo largo de la vida. "Nos parecería criminal que los médicos no actualizaran sus conocimientos, pero somos más condescendientes con los docentes que no lo hacen", escribe en el libro, en el que propone distintas medidas para mejorar el sistema educativo español en un plazo de cinco años. "Hay que evaluar también al profesorado (viéndole actuar dentro del aula), a los directores, a los inspectores, y también a los responsables de la administración que deben comprometerse con objetivos educativos o dimitir", apunta el autor.
    Los profesores españoles son los docentes que pasan menos controles externos, junto con los italianos, según un informe de la OCDE sobre la función docente, el informe Talis publicado en 2014. Un 36% nunca ha sido sometido a una evaluación docente formal y externa de su labor.

    Los inspectores "no son policías"

    Marina reclama cambiar la selección y formación de los inspectores, para que sean un cuerpo de "élite", compuesto por profesionales con gran experiencia. Su papel "no es fiscalizar" porque "no son policías educativos". A su juicio, la tarea de estos profesionales tiene que ir encaminada a "ayudar a los profesores españoles a mejorar sus competencias".
    Este pedagogo indica que le corresponde también al Gobierno fijar el currículo, con la ayuda "imprescindible" de expertos, y advierte de que los currículos españoles, en general, han sido siempre demasiado extensos.
    Como ejemplo, Finlandia. Según Marina, el país nórdico, tras sufrir una crisis educativa hace cuarenta años, creó un currículo muy variado que incluye artes, ciencias, humanidades, idiomas, matemáticas y educación física; dio mucha libertad a las escuelas y distritos para hacerlo; priorizó los estudios profesionales y prácticos; valoró la creatividad; animó a profesores y directores a colaborar; y abrió las escuelas a la comunidad y a las familias de los alumnos.

    Los ministros deben saber de educación

    Asimismo, señala que el Ejecutivo tiene que fijar los criterios de evaluación, aunque reconoce que éste es el tema "más complejo y difícil", pues el sistema educativo español "carece de una cultura de la evaluación" y cuando ha querido implantarla, la ha "confundido" con el aumento de exámenes.
    Para el autor del libro, todos los ministros deberían tener nociones básicas acerca de la educación y del papel que ésta va a jugar en el futuro, independientemente de la cartera que ostenten. "Enviaré este libro a los ministros del gobierno que salga después de las elecciones", asegura. El actual titular de la cartera, Méndez de Vigo, admitió en una entrevista con este diario que no sabía lo suficiente de educación. "Estudio por las noches. Tengo un equipo de colaboradores que se lo saben bien", señaló el ministro.
    Marina también hace mención en este libro al 'pacto de Estado por la educación' y advierte de que "seguirá siendo meramente político" y no tendrá "repercusiones reales" si se ciñe a los partidos políticos y no tiene en cuenta a los grupos sociales "cada vez más amplios". A su entender, el acuerdo debería contemplar presupuesto, objetivos, marco básico de organización escolar, tratamiento del profesorado y acuerdo básico sobre el currículo.

    domingo, 26 de abril de 2015

    PRENSA. EDUCACIÓN. "Objetivo 5 años: 'El sistema educativo se salva por la generosidad de los profesores'". José Antonio Marina

       En "elconfidencial.com":


    A
    Nuestras cartas están sobre la mesa: tenemos la convicción de que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento en cinco años. Y tenemos también la convicción de que, si la sociedad no presiona, no lo vamos a tener ni en cinco, ni en diez, ni en quince. Buscando abrir el debate, estamos planteando tres preguntas a expertos y agentes sociales educativos para saber si están de acuerdo o no con el objetivo cinco años. Hoy nos visitan Mariano Fernández Enguita, profundo conocedor del mundo de la educación, y los secretarios generales de los tres sindicatos de educación más importantes –UGT, CCOO, y ANPE–.
    Mariano Fernández Enguita ha sido profesor e investigador invitado en las universidades de Stanford, Wisconsin-Madison, Berkeley, el London Institute of Education, la London School of Economics, Lumière-Lyon II y la Universidad Sophía (Tokio).
    PREGUNTA. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?
    RESPUESTA. Los requisitos del cambio son a) el compromiso del profesorado, que pasa por modificar radicalmente su formación y selección y b) el funcionamiento integrado de los centros, que requiere direcciones más profesionalizadas y más fuertes y mayor apertura a la comunidad, pero a) y b) no serán posible sin c) iniciativas atrevidas de las Administraciones, que deben perder el miedo al profesorado (y en particular a los sindicatos) y de la sociedad civil, que tiene poco papel en la educación en España.
    P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?
    R. Creo que es posible eso y más, pero también que algunas cosas son más importantes que otras. La más importante es reducir el fracaso y el abandono a cifras marginales, e hitos imprescindibles en el camino serían eliminar la repetición de curso y proporcionar la diversificación y el apoyo necesarios para que ningún niño ni adolescente se quede descolgado.
    P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?
    R. En cierto modo está respondido en las primeras preguntas, pero cabe señalar algunas medidas que, creo, podrían sacudir el sistema. La primera es la transparencia, porque es tremendamente opaco. La segunda es la responsabilidad: hay que restructurar la carrera docente de modo que la formación inicial (que hay que hacer mucho más exigente), la inserción profesional (prácticum, PIR o MIR docente e interinidad, que han de dar lugar a un aprendizaje guiado y evaluado) y el desempeño a largo plazo en el puesto (que ha de desfuncionarizarse en alguna medida) constituyan una trayectoria de desarrollo profesional, de aprendizaje de los errores y fracasos y también, cuando esto no sea suficiente, de salida de la profesión. Todo esto deja fuera otra cuestión: la de qué aprender, y cómo (y dónde) en el nuevo entorno digital, global y transformacional, pero esa es otra historia.
    Francisco García. (Efe)Francisco García. (Efe)
    Francisco García es secretario general de FE CCOO, profesor de Primaria y licenciado en Historia Contemporánea.
    PREGUNTA. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?
    RESPUESTA. El cambio educativo no puede hacerse de espaldas a la comunidad educativa ni a la sociedad, algo que, lamentablemente, ha sucedido con la LOMCE. Al contrario, debe ser fruto de un amplio debate en la comunidad educativa (familias, profesorado) y la sociedad y de un consenso en torno a los fines de la educación y a los medios que hay que poner a disposición del sistema educativo para alcanzar esos fines. La Administración educativa debe facilitar los cauces para que ese debate se lleve a cabo y recoger las aspiraciones de la comunidad educativa y de la sociedad, que luego han de ser plasmadas en los textos legales correspondientes.
    Rechazamos la idea de que sean el partido del Gobierno y la Administración de turno los que lleven a cabo reformas que son modificadas por la siguiente Administración y que tienen más que ver con el ideario político que con las necesidades educativas.
    Sin duda, el principal objetivo del sistema educativo en nuestro país es mejorar en calidad sin perder en equidad.
    P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?
    R. Claro que sí. Los resultados de nuestro sistema educativo no son inexorables y tienen que ver con nuestra historia reciente y con las políticas educativas que se han venido aplicando. Si atendemos a la primera cuestión, nuestra historia reciente, nuestro atraso educativo hunde sus raíces en un sistema educativo raquítico que ha estado muy por detrás de los países de nuestro entorno en cuanto a la importancia y el esfuerzo que se hacía en educación. Quitando el paréntesis de la II República, que apostó con mucha intensidad por ella, el siglo XX es la historia de un abandono de la educación. Sólo tras la Transición política se comenzó a hacer un esfuerzo para recuperar el terreno perdido. Desde entonces, hemos ido consiguiendo superar nuestro atraso histórico y, paulatinamente, aproximar nuestros resultados escolares a la media de los indicadores de los países de nuestro entorno. Y aproximar también paulatinamente la inversión educativa a la media de los países de la UE. Es preciso decir que ni en un caso ni en otro hemos conseguido alcanzarla, pero parece que íbamos por el buen camino.
    Los durísimos recortes educativos de los últimos años han quebrado esta tendencia y sumen a nuestro sistema educativo en una crisis de consecuencias muy negativas en el futuro. Las leyes educativas que, como la LOMCE, apuestan por la segregación temprana van en la dirección contraria a lo que se necesitaría.
    En cinco años sería posible poner las bases para todo ello, aunque habría que cambiar radicalmente el tenor de las políticas educativas.
    P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?
    R. Considerar la educación una política de Estado antes que una política de partido. Esto significa dotar a nuestro sistema educativo de los medios y recursos necesarios, aproximar nuestra inversión educativa a la media de los países de la Unión Europea y garantizar un consenso educativo básico que dé a nuestra legislación educativa un horizonte de estabilidad. Significa también alcanzar un gran consenso social y político entorno a este objetivo.
    Como decía antes, hay que conseguir mejorar en calidad sin perder en equidad, es decir, un sistema educativo capaz de garantizar el éxito escolar de todo el alumnado desplegando las medidas de atención a la diversidad necesarias para tal fin.
    Por último, creo que el profesorado es la clave de bóveda en el sistema educativo y que, por lo tanto, invertir en profesorado y recuperar los miles de profesores perdidos a consecuencia de los recortes sería una de las mejores inversiones que podríamos hacer.
    Todo esto hay que hacerlo con la participación de la comunidad educativa y como fruto de un amplio debate.
    Carlos López Cortiñas. (Efe)Carlos López Cortiñas. (Efe)
    Carlos López Cortiñas es secretario general de FETE-UGT. Miembro del Comité Sindical Europeo de la Educación, del Consejo Escolar del Estado, del Consejo Social de la Universidad de Zaragoza y del Comité Confederal de UGT. Es maestro de Educación Primaria, especialista en Geografía e Historia y en Educación Física.
    P. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?
    R. El cambio educativo es necesario después de la política educativa del Gobierno del PP, ha de basarse en el mayor consenso posible y para ello un acuerdo de mínimos que contemple: la financiación suficiente del sistema educativo, la lealtad institucional entre las administraciones que gestionan la educación y fijar las prioridades para mejorar el rendimiento escolar, será suficiente para ir estabilizando la educación. El cambio lo tienen que liderar los partidos políticos en el ámbito parlamentario pero en connivencia con la comunidad educativa.
    P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?
    R. En educación, que intervienen muchos factores (ambiente familiar, relación con los compañeros de clase, ambiente del aula, superación de las dificultades...), es complicado conseguir rendimiento a corto plazo. La política educativa debe orientar las directrices para conseguir mejorar los resultados, así como fijar las prioridades educativas a largo plazo. En un análisis comparativo de los diferentes sistemas educativos que obtienen excelentes resultados podemos observar que unos se basan en la exigencia y en la competencia escolar y otros buscan la excelencia sin renunciar a un sistema comprensivo e inclusivo. El PP busca la excelencia, pero rebajando en un punto el PIB dedicado a la educación, lo que conlleva que el alumnado que más necesita de la solidaridad de los PGE se encuentre sin los apoyos necesarios. Sirva como ejemplo que para el año 2015 el programa de compensatoria se ha visto mermado en un 90%. Tenemos que mejorar, ya que es una evidencia los resultados de los alumnos en las evaluaciones PISA pero sin renunciar a lo ya conseguido. En este sentido nuestro sistema educativo está bajando en equidad, como se manifiesta en los últimos informes PISA.
    P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?
    R.  Para conseguir mejorar los resultados se debe personalizar lo más posible la educación y para poder atender al alumnado de una forma más individualizada tienen que bajar las ratios y dotar a los centros de los programas de refuerzo y compensación necesarios, pero también apoyar a través de programas específicos a los alumnos excelentes. El profesorado es una pieza clave (junto a la familia) para mejorar la calidad del sistema y para ello la formación inicial y el ingreso a la función pública docente es determinante para elegir al buen profesorado. La motivación y la incentivación son claves y para ello la carrera profesional es imprescindible. El trabajo bien hecho en clase y la promoción profesional deben ser reconocidos para homologarnos con los países de nuestro entorno y por necesidad para el propio sistema educativo.
    Nicolás Fernández Guisado. (ANPE)Nicolás Fernández Guisado. (ANPE)
    Nicolás Fernández Guisado es presidente nacional de ANPE  (Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza). Maestro y Licenciado en Derecho.
    PREGUNTA. Todo el mundo está de acuerdo en que la educación española debe cambiar: ¿quién cree que debe gestionar el cambio educativo?
    RESPUESTA. El cambio educativo es tarea de todos. Todos estamos implicados en la mejora de la educación y sin la colaboración de TODOS es difícil lograr avances sustantivos.
    Ahora bien, el cambio debe venir procedido de un pacto o acuerdo social de mínimos IMPULSADO DESDE EL GOBIERNO. Pacto político y social: el  primero entre partidos políticos y administraciones educativas y el pacto social referido a organizaciones de la comunidad educativa.
    Pero para ello hay que ponerse de acuerdo en unos puntos mínimos básicos:
    1. Modelo y estructura del sistema educativo.
    2. Vertebración y organización del sistema.
    3. Los centros educativos, conciliando libertad de creación, derecho a la formación moral y religiosa de los padres y programación general de enseñanza.
    4. Situación del profesorado.
    5. Financiación.
    En estos puntos hay aspectos técnicos profesionales y otros de marcado carácter político y social pero es necesario llegar a un acuerdo básico para asegurar la pervivencia y estabilidad del sistema y luego el desarrollo será cuestión de los gobiernos y administraciones correspondientes.
    P. ¿Cree que el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento (reducir el abandono escolar, mejorar 35 puntos en PISA, aumentar el número de alumnos excelentes) en el plazo de cinco años?
    R. El plazo de cinco años tal vez sea corto pero creo que en diez años se puede dar un impulso impresionante, sobre todo una vez que se logre un pacto o acuerdo y se desarrollen las cuestiones concretas: el modelo educativo, autonomía de los centros, el profesorado (ingreso y acceso), carrera profesional, función directiva, inspectora...  Naturalmente que hay que empezar desde el minuto uno.
    P. ¿Qué cree que debería hacerse para conseguirlo?
    R. Para conseguirlo hay que asegurar la estabilidad del sistema y trabajar sobre certezas y sin tantas incertidumbres.
    Hablo con frecuencia de que los cambios deben ser globales y de conjunto, porque no hay nada peor que los parches. La situación del profesorado sigue sin abordarse y esto es prioritario y esencial.
    El profesorado se forma y se recluta por los mismos mecanismos del siglo pasado y eso no puede ser. Si el sistema se salva es por la generosidad de muchos profesores que son autodidactas y con un carácter voluntarista se preparan y adaptan para los nuevos tiempos. Esto hay que regularlo profesionalmente, por eso reclamo un Estatuto docente que regule todas las cuestiones profesionales y sea incentivador y motivador para permitir el mejor desarrollo profesional de los docentes.
    En definitiva, si se tiene un marco común es fácil desarrollarlo siendo además flexible,  porque en la sociedad actual y la del futuro hay que estar preparados para la adaptación continua. Por eso el sistema no puede ser rígido.

    domingo, 29 de marzo de 2015

    PRENSA. EDUCACIÓN. "Movilización educativa: objetivo 5A". José Antonio Marina

       En "elconfidencial.com":


    En estas últimas semanas he tenido reuniones con docentes, inspectores de educación, representantes de Administraciones educativas, medios de comunicación, fundaciones, y familias. Hay un extendido sentimiento de desánimo e irritación respecto a la situación de nuestro sistema educativo. Pero no reaccionamos. Pasan los años y todo sigue igual. Y lo malo es que no se avizora ningún cambio. La nueva ley ha paralizado la escuela durante una legislatura, ha provocado confusión con sus improvisaciones y desajustes, nadie sabe si va a haber dinero para implantarla el año que viene, y, por si fuera poco, la oposición en bloque ha dicho que la va a cambiar, con lo que comenzaremos otra vez el círculo perverso en el que giramos desde hace decenios. Nuestro sistema es mediocre y está estancado. Los resultados de las evaluaciones internacionales así lo atestiguan. Y me temo que va a seguir así, si ponemos nuestra esperanza en los gobiernos de turno, porque ninguno lo ha hecho bien. El problema de España en los últimos años –hasta la llegada de los recortes– no ha sido de presupuestos, sino de gestión. Ahora se han unido los dos, pero la gestión sigue siendo el problema primordial.     
    Sin embargo, no podemos resignarnos a la queja y al discurso depresivo, que al final acaba siendo cómodo. Creo que es el momento de iniciar una movilización educativa de la sociedad. Tenemos que saber que el mundo va muy rápido, que nuestros niños y adolescentes no pueden perder más tiempo, que estamos jugando con su futuro, y eso es indecente, y también con el nuestro, y eso es suicida. En el fondo, a pesar de las múltiples declaraciones, nadie se cree que esto de la educación es serio. Basta comprobar que nunca aparece en las encuestas sobre las preocupaciones de los españoles. Y, sin embargo, de ella depende nuestro futuro.
    Nuestro primer objetivo es rebajar las cifras de abandono escolar al 10%, la tasa media europea
    ¿En qué consiste la movilización educativa que impulsamos desde la Fundación UP? En primer lugar, pretende llamar la atención de la ciudadanía hacia la importancia de la educación. En segundo lugar, aspira a liberarla de la resignación, señalando un objetivo claro y viable. Tenemos que saber lo que podemos esperar y lo que debemos exigir. La propuesta que hacemos es la siguiente: el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento en el plazo de cinco años, con el presupuesto que tenía antes de los recortes, aproximadamente el 5% del PIB. No hay excusas para no conseguirlo y, sin embargo, todo hace prever que no se conseguirá si no exigimos a los políticos que se comprometan a hacerlo antes de las elecciones. El hecho de que se nos avecina un año electoral me anima a hablar ahora de la movilización. Entre todos debemos conseguir que la educación sea un tema prioritario en las campañas.
    ¿En que se concretaría ese objetivo de la movilización? Hay algunas metas claras. La primera, rebajar las cifras de abandono escolar a las tasas medias europeas, alrededor del 10%. Otra es mejorar la calidad en las aulas. A pesar de sus defectos, me referiré al índice PISA porque nos permite una comparación internacional, y nos proporciona una serie temporal desde el año 2000. No es la Biblia y, por lo tanto, se puede mejorar con otros índices que tenemos (PIRLS, TIMSS, CIVICS,TEDS-M, TALIS, ETC.). El BBVA utiliza en sus estudios el “Índice de desarrollo educativo”, que maneja otras variables. Y UNICEF publica el interesantísimo índice de “Bienestar educativo y bienestar infantil”, en el que, por cierto,  estamos descendiendo vertiginosamente. Pero a efectos orientadores, me referiré al PISA. El objetivo sería acercarnos en cinco años a los primeros puestos de la OCDE.
    No hay que olvidar que siete comunidades autónomas españolas superan la media de la OCDE, y que algunas se acercan a las cifras finlandesas
    Ya saben que PISA se ha realizado en 65 países, de los cuales 35 son de la OCDE. En el ranking global, el primer puesto lo ocupa Shangai con 613 puntos. Finlandia, nuestro referente preferido, obtuvo 519, que es un nivel alcanzable por España, que obtuvo 484. De hecho, no hay que olvidar que siete comunidades autónomas españolas superan la media de la OCDE, y que algunas se acercan a las cifras finlandesas. Entre las comunidades españolas hay una diferencia de hasta 55 puntos. Hay una tercera meta indispensable: organizar y prestigiar una educación profesional de calidad. Proponemos, por lo tanto, que el objetivo a cinco años podría ser triple: rebajar al 10% la tasa de abandono escolar, subir 35 puntos en PISA y organizar una educación profesional de calidad.
    Un progreso a cinco años vista
    ¿Por qué mantenemos que se puede hacer en cinco años? Porque así lo han hecho otras naciones, como los informes McKinsey señalan. Además, en España algunas comunidades han tenido progresos parecidos. En tres años, Navarra pasó de 480 a 500 puntos. Por último, la mejora de los centros puede hacerse en un plazo menor, y estos son el fundamento del sistema.
    Lo que tenemos que hacer es aplicar a nuestro país lo que ha funcionado en otras naciones
    En educación no hay milagros, pero tampoco enigmas. Lo que tenemos que hacer es aplicar a nuestro país lo que ha funcionado en otras naciones. Los Gobiernos españoles han creído que las leyes bastaban para cambiar un sistema, lo que es un tipo de superstición como otra cualquiera. La única forma de hacerlo es con una gestión educativa eficaz y brillante. Lo principal para cambiar un sistema educativo es conseguir excelentes equipos directivos, formar y seleccionar a los profesores –atrayendo a la gente más valiosa mediante el diseño de una carrera profesional–, la atención inmediata a los alumnos que se retrasan, la evaluación y la publicación de resultados, y la autonomía de los centros. Ninguna de estas medidas es especialmente cara y, por lo tanto, no vale la excusa económica..
    ¿Es esto suficiente? No, porque la escuela no es una burbuja, está influida por muchos factores sociales y económicos. Los programas que han tenido más éxito en la prevención de la marginación escolar han estado dirigidos a familias en riesgo, lo que exige la colaboración de los servicios sociales y de salud. Tampoco basta con esto. La educación formal –la escuela– se da en un entorno de educación informal, en el que todos participamos. Por eso, para educar a un niño hace falta la tribu entera. Y para educar bien a un niño hace falta una buena tribu. Si iniciamos esta movilización desde la Fundación Universidad de Padres, es porque queremos contar con ellos, porque son la mayor fuerza social. Tenemos ocho millones de alumnos no universitarios, lo que convierte a las familias en la mayor fuerza social. Pero no sólo los padres, sino el resto de la sociedad está implicada en la educación, porque de ella depende no sólo el bienestar, sino el futuro económico de las naciones.
    La revolución puede comenzar en el aula. (Efe)La revolución puede comenzar en el aula. (Efe)
    ¿Quién debe iniciar el cambio educativo?  Los cambios importantes siempre han sido de abajo arriba y de arriba abajo. No siempre en este orden. La movilización educativa implica que se puede empezar a muchos niveles. Un profesor puede comenzar el cambio en su aula. Los centros pueden emprender proyectos de mejora, como están haciendo muchos. Los municipios, aunque no tienen competencias escolares, pueden ser agentes educativos prioritarios en algunas circunstancias. Por eso, pueden diseñarse proyectos educativos para ciudades. Las comunidades, que tienen transferidas las competencias educativas, deben tener el máximo protagonismo. La diferencia que hay entre comunidades demuestra que hay Gobiernos más y menos eficientes en educación. Por último, el Gobierno de la nación puede fomentar, incentivar, organizar, financiar, toda esta movilización.
    Los sindicatos deben pensar en la calidad de la educación, y no sólo en defender intereses corporativos
    Hay, por supuesto, otros agentes educativos con los que hay que contar. En primer lugar, las familias, que deben cumplir sus tareas educativas, colaborar con la escuela, y exigir a los políticos. Después, muchas instituciones de la sociedad civil. De hecho, muchas ya lo hacen. Acabo de leer que la Guardia Civil ha dado 35.000 charlas este año en colegios sobre la seguridad en internet. Papel importante tienen las fundaciones de carácter educativo, a las que animamos a elaborar un plan conjunto de ayuda a la educación. Mención especial merecen los sindicatos, que deben pensar en la calidad de la educación, y no sólo en defender intereses corporativos, y, por supuesto, los medios de comunicación.
    Ante un problema social, lo más fácil es decir “¡A ver si lo arreglan!”. Sin embargo, lo más eficaz es preguntarse: “¿Qué puedo hacer yo para arreglarlo?”. Estoy seguro de que la iniciativa que les presentamos es conveniente viable. Por eso necesitamos su ayuda. Aquí, en El Confidencial, intentaremos proporcionar información, hablar con expertos, y animar a los ciudadanos para que la educación sea el tema estrella de la cadena de elecciones políticas que se avecinan. ¿Contamos con usted?