Mostrando entradas con la etiqueta surrealismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta surrealismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2015

PRENSA. "El surrealismo dejó de ser un juego". Manuel Vicent

   En "El País":

El surrealismo dejó de ser un juego

Dalí, Lorca y Buñuel vivían jugando a inventar gansadas que hoy no harían la menor gracia


Buñuel da a beber de un porrón a Dalí en una playa de Cadaqués (Girona), en 1926. / MARÇAL FOLCH


El triángulo compuesto por tres de los grandes, Dalí, García Lorca y Buñuel, ha constituido una forma de pesadilla, de la cual la cultura española contemporánea no ha logrado aún despertar del todo desde los inicios del siglo XX. Los tres vivieron la vida como un juego. En el ámbito internacional, Salvador Dalí fue el primero en darse cuenta de que la comunicación de masas había subvertido la escala de valores en el arte. La modernidad consistía en que la vida del artista, expuesta al sacrificio perenne de las cámaras, era una parte inseparable, sino la más importante, de su creación e invirtió lo mejor de su talento en hacer de la impostura una fuente de inspiración. Hoy, la controversia frente a este genio o payaso ha perdido ya la carga política que tuvo antaño, pero solo un dato no ofrece discusión: Dalí no hubiera sido lo que fue sin la perversa excitación a la que le sometió Gala, su mujer, amante, hidra de Lerna o medusa, la cual le quitó de encima el aire provinciano ampurdanés, convirtió su sexo ambiguo en una forma de esnobismo y sus extravagancias en un manantial de dólares. Querido, si finges ser loco o extravagante, deberás mantener la ficción hasta que estires la pata. Será este juego el que va a alimentar tu obra.
Salvador Dalí comenzó a imponer ya su personalidad a los tres años, cuando defecaba detrás de las cortinas de su casa para obligar a sus padres a buscar cada mañana en un lugar distinto sus excrementos y distinguirlos de los de su hermano muerto que había llevado su mismo nombre. Fueron sus primeras firmas auténticas. Cuando Dalí llegó a la Residencia de Estudiantes en 1922 tenía 18 años, sólo sabía contar hasta diez y apenas hablaba unas palabras en castellano. Desde la ventana del segundo pabellón, Luis Buñuel y Federico García Lorca lo vieron atravesar por primera vez el jardín con la chalina y la melena de bohemio modernista y ambos quedaron enamorados de aquel ser que parecía un arcángel. A partir de ese momento, entre ellos dos se estableció una competición sorda para arrebatarse mutuamente aquella presa, la cual a su vez parecía complacerse yendo del uno al otro para encelarlos.
Por su parte, Federico García Lorca había conseguido licenciarse en Derecho en la facultad de Granada sin abrir un solo libro gracias a la protección de Fernando de los Ríos, catedrático de Político, amigo de la familia, quien luego movió su influencia para que fuera recibido solo como músico o poeta en agraz, en la Residencia de Estudiantes, un centro enfocado a los estudios científicos. Tampoco Dalí tenía otra razón de caer por allí que el interés de su padre, grave notario de Figueres, en encontrar un lugar seguro y burgués para su hijo en Madrid. En cambio, Buñuel llegó a matricularse para ingeniero agrónomo, tal vez porque en Calanda su progenitor, que volvió rico de las Indias, había comprado tierras después de casarse con la joven más guapa del pueblo. “¿A quién me ha mandado?”, se quejaba el director de la Residencia, Alberto Jiménez Fraud a Fernando de los Ríos. “El joven Lorca anda por aquí todo el día inventando juegos con sus amigos y no deja estudiar a nadie”.
Mientras la mayoría de los residentes iban para ingenieros, biólogos y químicos, lo que les obligaba a un notable esfuerzo en el estudio, el poeta, el pintor y el cineasta, los tres todavía sin futuro, azuzados por otro señorito holgazán, Pepín Bello, vivían en estado de inocencia jugando a inventar gansadas surrealistas infantiles que hoy no harían la más mínima gracia. De forma turbia se enredaban y desenredaban, hasta que la Guerra Civil deshizo el triángulo y el surrealismo real, no el plástico ni el literario, los devoró, pero a cada uno a su manera.


Dalí, José Moreno Villa, Buñuel, Lorca y José Antonio Rubio, en Madrid en mayo de 1926.
Después de rasgar un ojo con una cuchilla de afeitar en Un perro andaluz, la fama le sobrevino a Buñuel durante el estreno de su película La edad de oro en 1930, en un cine de Montmartre en el que tuvo que montarse el propio escándalo al contratar a unos falsos y airados burgueses para que apedrearan la pantalla. Luego se nutrió del surrealismo católico, sexo de oficio de tinieblas, de procesiones, tambores, de coronas de espinas, de corazones de vírgenes traspasados por siete puñales y medias con costura. Por otra parte, ¿existe surrealismo más intenso que una violenta tramontana establecida durante una semana en el Ampurdán? Dentro de ese viento loco, los payeses sueltan las peores animaladas. Dalí comenzó a repetir en los círculos surrealistas de París las frases geniales, paranoicas, sin sentido que había oído a sus paisanos en los bares de Figueres.
La malvada medusa de Gala sabía que el surrealismo plástico y literario es sustancialmente imposible, puesto que el tiempo en que se tarda en elaborar un cuadro o un poema mata la espontaneidad del subconsciente y quiebra el principio del automatismo psíquico. El surrealismo solo funciona en acción, con hechos imprevisibles, disparatados, actuando en el circo mediático, al margen del cuadro o del poema, de modo que Gala cogió el látigo y no paró de azotar las nalgas de su criatura obligándola a realizar cada día un número más difícil todavía.
Pero la explosión sangrienta de la Guerra Civil fue la macabra experiencia colectiva que hizo posible vivir el surrealismo de verdad. ¿Qué verso de Poeta en Nueva York podría alcanzar una metáfora más insondable que una descarga de fusil al amanecer en un barranco de Víznar con la vega de Granada a los pies?. El surrealismo dejó de ser un juego. Al enterarse de la muerte de Lorca, desde la barrera Dalí gritó: “¡Olé!”, como si su martirio hubiese sido un lance taurino. A continuación, recomendó al Caudillo de España que continuara firmando sentencias de muerte porque eso le rejuvenecía mucho. André Breton nunca imaginó que el único surrealismo posible solo se componía de sangre verdadera. El resto eran payasadas.

miércoles, 25 de febrero de 2015

PRENSA CULTURAL. EXPOSICIÓN. "El inquietante universo onírico de Paul Delvaux"

   En "El País":

El inquietante universo onírico de Paul Delvaux

El Museo Thyssen muestra 53 obras esenciales del artista surrealista belga

 

  • Mujer ante el espejo, obra de Delvaux de 1936.

    No pertenecía al núcleo duro del surrealismo capitaneado por Bretón, ni simpatizó con el ideario político del movimiento. Sin embargo, Paul Delvaux (Antheit, 1897-Veurne, 1994), por sus temas y forma de tratarlos, forma parte del olimpo surrealista que derivó a fórmulas menos radicales como la pintura metafísica de Giorgio de Chirico y el mundo onírico de René Magritte. Sus extrañas mujeres desnudas, las estaciones, los esqueletos o las arquitecturas greco-romanas conforman el peculiar universo iconográfico que a partir de este martes se despliega en las salas del museo Thyssen-Bornemisza en una exposición titulada Paseo por el amor y la muerte.
    Es una pequeña antológica formada por 53 obras esenciales prestadas en su mayor parte por Pierre Ghêne, el mayor coleccionista de Delvaux, quien habitualmente tiene depositadas las pinturas en el Musée d’Ixelles, en Bruselas.
    En una conferencia en 1966, Paul Delvaux explicó que él entendía el surrealismo como el “resurgimiento de la idea poética en el arte, la reintroducción del objeto de representación, pero en un sentido muy determinado: el de lo extraño e ilógico”. Y ciertamente extrañas y patentemente ilógicas son las escenas que plasmó a partir de los años 30, cuando decidió llenar sus telas con figuras desnudas que, como sonámbulas, parecen vivir al margen de los ámbitos cotidianos. Son generalmente mujeres que se mueven en escenarios arcaicos similares a los que se pueden ver en la obra de su admirado Giorgio de Chirico.
    Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, recuerda que Delvaux está representado en el museo con dos obras: Mujer ante el espejo (1936) y El viaducto (1963), este último, dentro de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza: “Parte de la colección de Pierre Ghêne se ha podido ver en otras exposiciones. Aquí hemos organizado una retrospectiva [hasta el 7 de junio] con la que poder mostrar todos sus grandes temas. Su obra destaca por la unidad estilística y está marcada por un ambiente extraño y enigmático. Sus protagonistas, de la mujer a los trenes, pasando por los esqueletos y la arquitectura, son parte de este universo, seres aislados, ensimismados, casi sonámbulos, que se ubican en escenarios a menudo nocturnos y sin relación aparente; el único vínculo son las propias vivencias del artista”.
    Sobre las vivencias que marcaron la vida del artista habla la comisaria, Laura Neve, colaboradora científica del Musée d’Ixelles en el catálogo de la exposición. Recuerda la desgraciada relación de Delvaux con las mujeres que marcaron su vida y que explican los diálogos imposibles entre sus personajes, la inexistencia de contacto entre hombres y mujeres, su extraña fijación por las dobles imágenes del mismo sexo, las miradas hipnotizadas de los protagonistas.
    Hijo de una familia de poderosos abogados, su autoritaria madre le prohibió casarse con la mujer de la estaba enamorado, Anne Marie de Martelaere. La familia le organizó el matrimonio con Suzanne Purnal, unión que resultó un desastre. En 1947 se reencuentra con el amor de su vida y se une a ella; pero la frustración amorosa de sus años de juventud será la fuente de inspiración para una obra en la que coloca a la mujer en un pedestal. Las mujeres de sus cuadros son siempre jóvenes y bellas, tal como aparecen en sus sueños, señala la comisaria: "Son misteriosas y aparecen sumidas en sus pensamientos, condenadas a errar en un universo eterno. En los cuadros de Delvaux, no hay palabras. Solo gestos y nunca se produce el menor contacto entre seres de distinto sexo”.
    La exposición arranca con las imágenes de mujeres recostadas,Venus yacentes. Junto a La Venus dormida (1932), se cuenta que el interés de Delvaux por el motivo de leste tema se remonta a 1932, cuando visita el Museo Spitzner, una de las principales atracciones de la Feria de Midi de Bruselas donde se exhiben figuras de cera para mostrar avances quirúrgicos, enfermedades y deformaciones humanas, junto a otras curiosidades conservadas en botes de formol. A Delvaux le impresiona sobre todo una pieza que se titula precisamente La Venus dormida y, ese mismo año, pinta su primer lienzo sobre el tema, reinterpretándolo después en múltiples ocasiones con variaciones sorprendentes.
    Vienen después los cuadros dedicados al tema de las parejas, generalmente mujeres lesbianas. En 1930, Delvaux visitó un prostíbulo y lo que allí vio parece estar en el origen de las parejas de mujeres, otro de sus temas más habituales. Las mujeres abrazadas le permitían dar rienda suelta a su imaginación y adentrarse en temas que hasta entonces estaban vedados para alguien de un origen tan conservador para él. Representa a las parejas en aproximaciones más que terrenales, pero también posando frente al artista o caminando indiferentes a quienes las contemplan.
    Su fascinación por el mundo de los trenes fue tal que afrontó en tema en sus primeras obras y lo retomó ya como artista adulto consagrado. Conocido por muchos como el pintor de las estaciones. El primero fue la Estación de Luxemburgo en Bruselas (1920), donde recoge las condiciones laborales del personal ferroviario y el trajín de los viajeros. Años más tarde, las estaciones serán el lugar por el que transitan las mujeres que aguardan en andenes o salas de espera la llegada de una cita o el inicio de un viaje.
    La exposición cierra con uno de sus temas más sorprendentes: Los esqueletos. Recuerda Guillermo Solana que la fascinación de Delvaux por los esqueletos se remonta a su etapa escolar y a la inquietud que le produce el que tiene en el aula de Biología en el colegio. A partir de 1932 hace del esqueleto un elemento de su vocabulario plástico, dotándolo de una especial expresividad. En ocasiones los esqueletos sustituyen al personaje principal y reinterpretan por él la historia, como un alter ego. Cuando no es el protagonista, aparece al fondo, fundiéndose con el decorado y adoptando un papel secundario, pero no menos importante, y comportamientos típicos de los humanos. En la década de 1950, realiza una serie de versiones de la Pasión de Cristo (la Crucifixión, el Descendimiento o el Entierro) protagonizadas también por esqueletos, que se exponen en 1954 en la Bienal de Venecia y cuyo lema es Lo fantástico en el arte. Provoca un escándalo sin pretenderlo, magnificado por el cardenal Roncalli –futuro Papa Juan XXIII–, que las condena por herejía.

    miércoles, 23 de junio de 2010

    PRENSA. 23 junio 2010

    En "El País":

    1. "En mi éxito no hay mito, solo curro". Entrevista a la escritora María Dueñas. Por Carles Geli.

    2. Literatura del terror colonial. Reportaje de Tereixa Constenla. Un libro rescata los informes de escritores que combatieron al rey Leopoldo - Vargas Llosa novela la vida del diplomático Casement que denunció la crueldad.

    3. Cambiar la vista. Columna de Manuel Rodríguez Rivero sobre la fotografía surrealista.

    4. Miedo a la economía, miedo a tener hijos. Reportaje de Carmen Morán. La natalidad cae por primera vez en 10 años debido a la crisis y a una generación con menos mujeres en edad fértil - Las inmigrantes, que elevaron la tasa, bajan su fecundidad a medida que se integran.

    5. 'Robó en una iglesia para vestir a un hijo'. Artículo de José Antonio Martín Pallín, magistrado, comisionado de la Comisión Internacional de Juristas. Sobre la memoria histórica.

    jueves, 17 de junio de 2010

    POESÍA. SURREALISMO. "Espinas cuando nieva", de Juan Larrea (1895-1980)

    Juan Larrea

    Espinas cuando nieva
    Suéñame suéñame aprisa estrella de tierra
    cultivada por mis párpados cógeme por mis asas de sombra
    alócame de alas de mármol ardiendo estrella estrella entre mis cenizas

    Poder poder al fin hallar bajo mi sonrisa la estatua
    de una tarde de sol los gestos a flor de agua
    los ojos a flor de invierno

    Tú que en la alcoba del viento estás velando
    la inocencia de depender de la hermosura volandera
    que se traiciona en el ardor con que las hojas se vuelven hacia el pecho mas débil

    Tú que asumes luz y abismo al borde esta carne
    que cae hasta mis pies como una viveza herida

    Tú que en selvas de error andas perdida

    Supón que en mi silencio vive una oscura rosa sin salida y sin lucha

    FOTOGRAFÍA. SURREALISMO. "Erótica velada" (1933-1934), de Man Ray