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lunes, 15 de febrero de 2016

LITERATURA. "La selva gótica: los inicios fantásticos de la literatura hispanoamericana"

   En "jotdown":

La selva gótica: los inicios fantásticos de la literatura hispanoamericana

Publicado por Lugones practicando esgrima. Foto: DP.Leopoldo Lugones practicando esgrima. Foto: DP
La literatura latinoamericana da varias vueltas a la española en cuanto a formación, variedad y falta de prejuicios. Sobre todo en el fantástico y la ciencia ficción, que no se encuentran en una pequeña casilla de «raros» y escritores al margen, sino que están mezclados en su tradición, fecunda en deseo de trascender los límites. Casi todos, los más grandes autores y autoras, han abordado estos temas en sus obras, sin por ello ser descalificados o tachados de inconscientes.
Un ejemplo. La figura de Edgar Allan Poe tuvo una repercusión moderada en España, dado el tono realista y el lastre católico del arte nacional. Salvo el rastro en las figuras de la bohemia, su presencia se limitó a las obras de su primera divulgadora, Fernán Caballero, los escritos de la nunca suficientemente reconocida Emilia Pardo Bazán, y determinados relatos en Pedro Antonio de Alarcón y Pío Baroja. La poesía de Poe llegaría más tarde (vía Rubén Darío, otro gran escritor de cuentos fantásticos), y se puede encontrar en la obra de alguien, en apariencia, muy distinto: el Antonio Machado de Soledades y Campos de Castilla.
En Latinoamérica, sin embargo, su influencia fue enorme. Ayudó el sentimiento anticolonialista que compartió el propio Poe y sus deslumbrantes descubrimientos en las técnicas del relato breve y la poesía. Los escritores del Modernismo latinoamericano dieron forma a un corpus de anticipación científica, terror, cuentos de amor y muerte inspirados en el folletín francés, descripciones fantasmagóricas de los espacios urbanos y la naturaleza… Antes del llamado «realismo mágico», la magia se reveló en obras de autores que se interesaron tanto por los movimientos ocultistas como por los nuevos descubrimientos de la ciencia. Como Poe y el Círculo de Lovecraft, introdujeron elementos de la religión y las culturas antiguas, inventaron cosmogonías… Y por supuesto, tuvieron unas vidas acordes con el espíritu decadente y apasionado de aquel tiempo. Estos son unos ejemplos.
Leopoldo Lugones, hermetismo y «La hora de la espada»
Jorge Luis Borges mantuvo con Lugones una de sus peculiares relaciones en lo personal y lo artístico. De joven lo desdeñó y ridiculizó por considerarlo pedante y demasiado regionalista. Cuando Lugones se suicidó en 1938, todo fueron parabienes: tuvo que reconocer su más que evidente influencia, y en «El Aleph», el fantasma del poeta, director hasta su muerte de la Biblioteca Nacional de Maestros, se aparece en el juego de identidades y espejos de la biblioteca infernal.
Don Leopoldo (1874, Córdoba, Argentina – 1938, Buenos Aires) lo escribió todo: prensa, política, teatro, novela, ensayo… su poesía «verbal» era fuente de imágenes extravagantes, escrita para ser recitada en voz alta, trabajada en cada verso, ritmo y acento. Culminó en Lunario Sentimental (1909), una sorprendente y humorística vuelta de tuerca a los lugares comunes de la poesía (que marcó a Valle Inclán). Sus relatos demuestran su enorme erudición y un estilo preciosista paralelo al de Marcel Schwob. Lo mismo describía con todo detalle una historia en la caída del Imperio romano, desarrollaba una sesión de espiritismo donde los participantes conectaban con un ser inconcebible, o imaginaba una sombría ficción con los conceptos de la teoría de la relatividad. Sus incursiones en el fantástico a la sombra de Poe y Maupassant dieron resultados espectaculares, sobre todo en los relatos de Las fuerzas extrañas (1906) y Cuentos fatales (1926). Incluso se atrevió con la ciencia, en el ensayo de divulgación El tamaño del espacio, una conferencia de 1921 en la Facultad de Ciencias Exactas y Física de Buenos Aires, que el propio Einstein afirmó conocer en su visita a la Argentina.
Leopoldo Lugones. Foto: DP.
Leopoldo Lugones. Foto: DP.
Fue adepto de la teosofía y masonería, cuyos elementos inspiran sus cuentos y novelas. En su juventud pasó por el anarquismo y el socialismo, y después viró hacia una postura nacionalista totalitaria que le llevó a defender los principios fascistas y el golpe de Estado militar de 1930. Estos vaivenes ideológicos, más la pérdida del apoyo de la comunidad literaria, lo llevarían al suicidio, una socrática elección de cianuro bebido con whisky. Aunque se baraja otra teoría más decadente, que Lugones se matara por el amor de una alumna suya, lo que su familia condenaba. Condenar es un verbo suave: el hijo mayor de Leopoldo, Polo, futuro comisario político de la dictadura de Uriburu, amenazó a la muchacha con internar a su padre en un nosocomio si no abandonaba la relación. Para redondear la historia de maldiciones, la hija de Polo Lugones, Susana, moriría a causa de las torturas de los militares argentinos en 1979, posiblemente tras padecer los efectos de la picana eléctrica, que introdujo su padre como herramienta de interrogatorio.
Horacio Quiroga, la selva suicida
Horacio Quiroga con su primera mujer, Ana Maria Cires. Foto: DP.
Horacio Quiroga con su primera mujer, Ana Maria Cires. Foto: DP.


La vida del uruguayo Quiroga se cruzó con la de Lugones en Buenos Aires hacia 1903. Horacio se había trasladado al país vecino huyendo de sus desgracias personales, como el protagonista de un terrible cuento gótico. Nacido en 1878 en Salto, su vida estuvo marcada por la fatalidad: su padre murió siendo él muy pequeño y su madre, que lo cuidó y sobreprotegió, se casó de nuevo, pero el padrastro, deprimido y obligado a vivir en una silla de ruedas, se suicidio delante de Horacio. Cuando murió su madre viajó a París para hacerse un nombre, pero allí, aparte de conocer a Rubén Darío y otros artistas, no hizo otra cosa sino gastarse la herencia. Uno de sus mejores amigos, el poeta Federico Ferrando, murió por accidente cuando Horacio le enseñaba a manejar la pistola (había sido retado en duelo). Entonces decidió abandonar Montevideo. Lugones y él se hicieron compañeros y emprendieron un gran viaje: se internaron en la selva para hacer un reportaje sobre las antiguas misiones jesuíticas del Chaco, una zona salvaje entre Argentina, Brasil y Paraguay. Quiroga, que fue en calidad de fotógrafo, quedó abrumado con las visiones del paisaje y decidió que volvería para establecerse. Primero plantó algodón en una hacienda, pero no tuvo ningún éxito. En 1906 remontó el río Paraná, esta vez recién casado con una de sus alumnas, la adolescente Ana María Cires y la oposición de la suegra, que también los acompañaba. Quiroga tuvo dos hijos, escribió y trabajó frenéticamente en aquel corazón de las tinieblas. Pero su mujer no pudo aguantar la presión y se suicidó. Los hijos de Quiroga se fueron con la suegra y Horacio volvió a Buenos Aires. En 1918 era uno de los escritores más respetados de Argentina, pero el autor estaba completamente hundido. Volvió a Misiones, convencido de que lo haría con otra jovencita a la que pretendía, pero los padres la pusieron a buen recaudo. A mediados de los años veinte volvió a la capital y allí conoció a su último amor. Sí, tenía diecinueve años y era compañera de clase de su hija. La familia de la chica, atraída por la fama del autor, dio el visto bueno a la boda, no así los hijos de Quiroga. De nuevo la pareja se internó en la selva, pero este fue el último viaje: la joven esposa abandonó en pocos años a Horacio y el autor, en la miseria, volvió a Buenos Aires para suicidarse en 1937 con un cóctel de cianuro.
La extensa obra de Quiroga es un muestrario del romanticismo exaltado y las experiencias del escritor con la naturaleza y los amores imposibles. Como Lugones, escribió en casi todos los géneros, pero aquí solo hubo uno donde fue maestro indiscutible, el relato breve. Fue el primer autor latinoamericano que hizo protagonista a la selva indígena de su literatura (en una perspectiva deudora de Kipling, con humor y aventuras, misterios y mitos, en Cuentos de la selva o Anaconda). Cultivó un terror gótico a la manera de Poe, en un estilo menos recargado que el de Lugones, pero igual de rico en imágenes alucinadas e historias violentas, el imprescindible Cuentos de amor, de locura y de muerte). Tiene asimismo un grupo de novelas cortas, publicadas después de su muerte, que son muy recomendables: El devorador de hombres (Menoscuarto Ediciones, 2013).
No son los únicos. Quedan, entre otros, los escritos románticos y las andanzas políticas de Juana Manuela Gorritti, la ciencia ficción del doctor Eduardo Ladislao Holmberg y los cuentos fantásticos de Amado Nervo. Son los antecesores de la mejor literatura de Roberto ArltSilvina Ocampo o Pablo Palacio.


Horacio Quiroga y su casa en Misiones. Foto: DP.Horacio Quiroga y su casa en Misiones. Foto: DP.
Bibliografía recomendada:
Rubén Darío: Cuentos fantásticos. Alianza Ed. 2011.
VVAA: Antología del cuento fantástico hispanoamericano del S. XIX, Ed. Miraguano, 2003.
Leopoldo Lugones: Las fuerzas extrañas, Ed. Eneida, 2009.
Leopoldo Lugones: Cuentos Fantásticos, Ed. Castalia, 1988.
Horacio Quiroga: Cuentos de amor, de locura y de muerte, Ed. Fontana, 1995.

Horacio Quiroga: El devorador de hombres y otras novelas cortas, Menoscuarto Ediciones, 2012.

miércoles, 29 de abril de 2015

PRENSA CULTURAL. "Juego de tronos". "Hierro, sangre y sexo". Jacinto Antón

   En "El País":

Hierro, sangre y sexo

El secreto de 'Juego de tronos' estriba en convertir lo remoto en cercano

Juego de Tronos
Emilia Clarke, como Daenerys Targaryen. / ©HBO/COURTESY EVERETT COLLECTION (©HBO/COURTESY EVERETT COLLECTION / CORDON PRESS)

Sentado el otro día en el Trono de Hierro, el incómodo asiento de Aegon el Conquistador, forjado con las espadas de sus enemigos caídos, mil de ellas, calentadas al rojo blanco en las forjas de Balerion, el Terror Negro, volví a experimentar todo el poder de la serie creada por George R. R. Martin, el simpático Falstaff de la fantasía reconvertido en Midas del género. No era el trono verdadero, por suerte, porque ello me hubiera puesto en peligro —el trono mismo según se cuenta era capaz de matar a un hombre— y sin duda llevado pronto a engrosar la inacabable lista de muertos de la historia, sino el que habían instalado para hacerte un selfie junto a Jon Nieve en el Salón del Cómic de Barcelona. De la fuerza de Juego de tronos da prueba el que todo un hombre maduro como yo —y me quedo corto— se emocionara sin pudor instalado en aquel decorado. A punto estuve de preguntarle al joven Nieve -tan falso como el trono pero muy bien caracterizado- si me aceptarían en la Guardia de la Noche para defender el Muro y si convalidaban mis años de periodista. Probablemente no.
Leí en su momento con pasión los primeros libros de Canción de hielo y de fuego y he sido un seguidor inconstante de la serie televisiva. Recuerdo como un relámpago de acero la primera entrega, rematada con la ejecución de Eddar Stark (momento comparable por lo traumático a la muerte de Tom Jordache-Nick Nolte en Hombre rico, hombre pobre), y cierto progresivo cansancio a medida que la serie, en papel y en imagen, se iba dilatando mucho más allá de los planes originales de Martin, un autor con muchísimas más cosas interesantes, y no me cansaré nunca de recomendar Muerte de la luz —una de las historias de amor más hermosas que se han escrito jamás— y Sueño del Fevre (lo mismo pero en amistad).
Juego de tronos es por supuesto un destilado, muy a menudo genial, de numerosos ingredientes. Se ha señalado mil veces la clara influencia de la Guerra de las Rosas inglesa, con sus dos dinastías envueltas en una lucha despiadada por el trono: hacedores de reyes que cambian de bando, reinas infieles y crueles, niños asesinados, monarcas débiles, y un príncipe deforme como uno de los grandes personajes de la trama (aunque curiosamente mientras asistíamos al encumbramiento del menudo Tyrion Lannister el hallazgo de los restos de su inspirador, Ricardo III, ha revelado que al parecer era bastante normal). En cambio, se suele pasar por alto, seguramente por su adscripción a la ciencia-ficción, la influencia de Dune, de Frank Herbert, con sus casas nobles enfrentadas en un juego de poder por la primacía del imperio, que me parece importantísima (hay un texto que recita Arya Stark para conjurar su miedo que es casi igual que el que repite Paul Atreides: “El miedo hiere más que las espadas”).

Uno puede reírse de la engolada épica bárbara del Conan de Howard (y Milius) pero, ¡diablos!, a ver quién se toma a broma las intrigas de los Lannister
Por supuesto toda la fantasía heroica —Leiber, Moorcock, Donaldson—, está en Juego de tronos, y con ella la amalgama de novelas de caballería, literaturas germánicas y escandinavas, relatos artúricos, poesía romántica y cuentos de terror que han impregnado el género desde sus inicios. Las espadas famosas (¡quién no querría una!), los guerreros, los dragones, las tierras fabulosas, los brujos, son elementos que la serie comparte con un sinfín de creaciones. ¿Qué la hace pues tan conspicua? El secreto está en haber convertido todo un material remoto en algo increíblemente cercano. Uno puede reírse de la engolada épica bárbara del Conan de Howard (y Milius) pero, ¡diablos!, a ver quién se toma a broma las intrigas de los Lannister. Hielo es una espada que corta  de verdad y no como la fantasmagórica come almas Stormbringer de Elric de Melniboné. Juego de tronos chorrea sangre real -en eso se ha beneficiado de la moda de las novelas (Cornwell, Scarrow) y películas bélicas realistas- y también rezuma, con perdón, sexo. Ciertamente la serie ahí ha apretado. Cada uno recordará su imagen erótica, de las muchas, muchísimas. Acaso las del gañán Drogo con su khaleesi o algún incesto en detalle. A mí me sube un calorcillo —y mira que hace temporadas— cada vez que recuerdo al malogrado Viserys Targaryen metido en una bañera con una jovencita esclava hablando de política hasta que él la hace pasar a mayores, y no me refiero al jabón. Antes, en el género fantástico el sexo nunca había sido enteramente satisfactorio (y valga la frase). Las princesas y guerreras quedaban un poco de calendario. Vamos yo no me metería en una bañera con Red Sonja ni bien armado (¡). Por no hablar del pureta padre Tolkien, cuya mejor imagen de la libido es la Torre Oscura de Barad-dûr.
Martin posee también —sin perder el sentido de la maravilla y de la épica— una buena mano para describir sentimientos y emociones, que nunca fue el fuerte en la Sword & Sorcery. He ahí una delicadeza que nunca encontraremos en Cimmeria.

jueves, 13 de junio de 2013

PRENSA CULTURAL. Sobre "Juego de tronos"


   En "El País":

Espadas y dragones

El poder de emoción y la popularidad de 'Juego de tronos' deben mucho a la materia prima de sus historias, con las viejas espadas y dragones, y también con el sexo

 10 JUN 2013

“Un dragón no es una fantasía frívola”. La frase es de J. R. R. Tolkien, que sabía de lo que hablaba. Las espadas tampoco son nunca intrascendentes. Hay que tomárselas muy en serio, porque matan, y quitan y ponen reyes. Está en su naturaleza, como en la del dragón vomitar fuego. En una espada, como en un dragón, relampaguean revividas las antiguas leyendas. Eso las hace fascinantes.
“Mis espadas las he tomado de los viejos mitos”, me explicó hace años el novelista Michael Moorcock, uno de los grandes nombres de la fantasía épica, el género del que bebe Juego de tronos. Yo le señalaba a Moorcock las semejanzas entre el arma de uno de sus grandes personajes, Elric de Melniboné, y las famosas espadas de las sagas nórdicas. En la Hervarar saga, del siglo XIII, por ejemplo, aparece la espada maldita del rey Svafrlami, Tyrfing, que solo puede guardarse, una vez desenvainada, tras segar una vida. La espada de Elric posee esa misma siniestra característica. “Es que la saqué de ahí”, me confesó Moorcock, “como muchas otras cosas”.
Espadas y dragones están de moda. Las novelas de Martin y la serie televisiva nos los han devuelto. El poder de emoción y la popularidad deJuego de tronos deben mucho a la materia prima de sus historias, con las viejas espadas y dragones (también con el sexo, queda dicho: una combinación ganadora). Como Tolkien o como Moorcock, Martin ha saqueado el baúl de los mitos y cuentos (y de paso, a sus predecesores del género y todo lo que ha podido, desde las hipocracias de los jinetes mongoles, hunos o cosacos –los dothrakis– hasta los eunucos turcos, el fuego griego y el Muro de Adriano; ¡vaya cómo ha arramblado con todo, y cómo lo ha recreado Martin!).
Ahí está la espada Hielo, el emblemático mandoble de los Stark (con esa espada ejecuta Lord Stark a un desertor de la Guardia de la Noche, y con ella, cerrando el círculo, él mismo es decapitado); la ligera Aguja de Arya –de esgrimista, que habría gustado a Scaramouche, y que recuerda a Dardo, la hoja élfica de Frodo–; la Garra Larga que regalan a Jon Nieve customizada con un lobo huargo en el pomo, un arma bastarda como él, o la Portadora de Luz de Stannis Baratheon, cuya hoja quema. Espadas de la estirpe de Excalibur, de la Balmung (o Nothung) vuelta a soldar por Sigfrido, primas de las tolkinianas Glamdring –espada mágica de Gandalf.
Antes de que se me olvide en esta tormenta de espadas, ¿no es Jaime Lannister, el Matarreyes, al que cercenan una mano (sin anestesia) un avatar martiniano de Tyr, el guerrero dios manco de la mitología nórdica que pierde el mismo miembro en las fauces de Fenrir, el lobo del Ragnarok? El Ragnarok –la batalla del fin del mundo–, por cierto, estará precedido, según los mitos, por el Fimbulvetr, el gran invierno, que sugiere la cruel estación (y sus peligros) que amenaza el mundo de Canción de hielo y de fuego. No he encontrado referencias a un Trono de Hierro forjado con las espadas de los enemigos como el de la serie. Es sabido que el Trono de Hierro lo hizo construir Aegon I Targaryen como metáfora de la dificultad de mantenerse en el poder. En el impresionante sitial podríamos percibir resonancias del Trono Oscuro de Sauron en Mordor y de la costumbre de levantar trofeos con las armas de los vencidos.
En el pastiche que es la serie de George R. R. Martin, uno de los grandes disfrutes es discernir la procedencia de tantos elementos y la enorme gracia con que lo ha hecho. Saber mezclar pasajes dignos de las fantasías dunsanyanas con escenas propias de Dallas, el lenguaje poético con la grosería, los altos ideales con las más bajas pasiones, la belleza con la atrocidad, es parte del secreto del éxito.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

LITERATURA. "La historia interminable", de Michael Ende: fragmento



Pensó que los otros, en la clase de abajo, debían de estar dando precisamente Lengua. Quizá tuvieran que escribir una redacción sobre algún tema aburridísimo.
Bastián miró el libro.
"Me gustaría saber", se dijo, "qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo... Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles... y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo".
Y de pronto sintió que el momento era casi solemne. Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por la primera página y comenzó a leer
                           LA HISTORIA INTERMINABLE

PRENSA. LITERATURA. Sobre "La historia interminable", de Michael Ende



En "El Día de Córdoba":

"¡Cuidado! ¡Aquí empieza el terreno de lo irracional!"


Se cumplen tres décadas de la publicación de 'La historia interminable' de Michael Ende, un soberbio ejercicio de imaginación que ha sido traducido a 45 idiomas.

Ana Ramos

¿Quién no conoce La historia interminable? Sí, el libro de Michael Ende que junto a Jim Botón y Lucas el maquinista y Momo ha sido traducido a 45 idiomas y ha vendido unos 20 millones de ejemplares. Confieso que es uno de mis libros favoritos; mi marido dice que es el tótem de esta familia, así que ya ven. Tenemos varias ediciones: en tapa dura, en rústica con sobrecubierta, de kiosko... y compraremos de buena gana la encuadernada en cuero con incrustaciones de nácar -que es como Ende quiso que fuese editada la novela- cuando la editorial se decida a hacerla. Esta que tengo aquí delante es una edición mucho más modesta: se trata de la reimpresión de Salvat del libro de Alfaguara, un poco maltratada por el uso y los años.
En la portada, dos serpientes se muerden la cola; ambas son naranjas con la cabeza negra; se supone que una de ellas tendría que ser blanca y la otra negra, pues así describe Ende el Áuryn, como representación del mundo de Fantasia en donde lo oscuro y lo luminoso tienen su lugar a partes iguales. Dentro del óvalo formado por estas, un jardín de colores saturados habitado por dos unicornios muestra al fondo una versión sencilla de la torre de marfil donde reside la Emperatriz Infantil. Me parece preciosa; en su primera página reza con la letra enérgica e ingenua de mis ocho años: Ana Belén Ramos Guerrero, y, bajo esta leyenda manuscrita, en letras impresas de molde verde: La historia interminable. Como recordarán, trata de un niño regordete, Bastián Baltasar Bux, al que las cosas le van regular y que se encierra en el desván de su colegio con la intención de no salir nunca jamás, con la única compañía de un libro robado titulado La historia interminable. Maravillas del arte, Bastián se introduce en el propio libro convertido en un esbelto y hermoso guerrero que habrá de salvar el mundo de Fantasia. Si ha decido usted incluir el libro en su lista para los Reyes Magos, ha de saber que justo ahora se cumplen treinta años de la publicación de la novela y ochenta del nacimiento del autor. Es el libro ideal para los niños porque decididamente tiene todo lo que un niño le pide a los libros, a saber: acción trepidante, aventuras peligrosas, misterios por resolver, grandes dosis de amistad y fantasía, y monstruos y extraños animales por doquier: comerrocas, silfos nocturnos, trolls de tres cabezas..., además de dos protagonistas de unos diez años y una hermosa niña de cabellos blancos que reina en el mundo de Fantasia.
Además de La historia interminable tengo frente a mí dos textos teóricos que Ende escribió sobre su propia obra; contienen sus ideas sobre la literatura infantil y aparecen recopilados en un volumen titulado Carpeta de apuntes. Uno de ellos es una conferencia que impartió en Tokio y se titula ¿Por qué escribo para niños? El otro es el artículo Reflexiones de un indígena centroeuropeo. Ende siempre hizo hincapié en que todo lo que uno necesita saber para interpretar la obra de un autor está contenido en sus libros, o dicho con sus propias palabras: "Si Kafka quiso decirnos con sus novelas lo que interpretan sus intérpretes, ¿por qué no lo dijo él?". Sin embargo, en estos dos artículos expuso a las claras sus intenciones artísticas. Como les decía, la novela está muy bien para los niños y les hará pasar unas horas fantásticas, pero tengo que contarles un secreto: detrás de su apariencia infantil, el libro esconde no pocas ideas de provecho para los adultos, y no está de más que recordemos esto cuando el autor se pasó la vida defendiendo un lugar para la literatura infantil dentro de la literatura general y procurando con su obra que la literatura infantil fuese digna de ese lugar.
Junto con los citados textos, tengo delante un cuadro de su padre, el pintor surrealista Edgar Ende, que creo que puede ilustrar muy bien algunos conceptos de su literatura. Viene que ni pintado al caso en estos días porque se llama Navidad: un poderoso caballo contiene una brillante luz en su interior dentro de la cual flota un bebé. Frente al caballo hay una pequeña pelota y toda la escena está rodeada del cielo y la tierra o el mar en tono onírico. Pues bien, muchas pueden ser las interpretaciones de este cuadro y habrá quien diga que no tiene que significar nada, ya que Edgar Ende se encerraba en un cuarto oscuro, dejaba su mente vagar liberándose de todas las ataduras de la realidad y la racionalidad y a veces pasaba allí horas y días hasta que una imagen se hacía nítida en la cámara oscura de su inconsciente. Hay gran influencia de la obra de su padre en la literatura de Michael y ambos trabajaron juntos muchas veces. De su familia, Ende heredó la pasión, el compromiso, la entrega al arte y la convicción de que este está por encima de las cosas materiales, y eso que para ellos la vida no siempre fue fácil pues a veces los cuadros de Edgar se vendieron con dificultad, sin contar que a la familia Ende le tocó vivir e intervenir en la segunda guerra mundial. Pero eso es otra historia.
En un primer nivel de lectura, atendiendo al título del cuadro, Navidad, este podría interpretarse como una representación surrealista o pagana del nacimiento de Cristo en el que el niño dios es presentado como un bebé a punto de nacer de un caballo. Pero en un segundo nivel de lectura, esta podría ser una imagen del poder de la fantasía, del arte -ese caballo encabritado- trayendo al mundo un nuevo ser. Para Michael Ende, la fantasía tenía un poder transformador, poder que se adquiere atendiendo al niño que hay dentro de cada adulto; en la imagen, el adulto estaría representado por un robusto caballo y el bebé que porta en su interior sería el eterno infantil del que habla el autor: "Creo que los grandes filósofos y pensadores no han hecho otra cosa que replantearse las viejísimas preguntas de los niños: ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Adónde voy? ¿Cuál es el sentido de la vida? Creo que las obras de los grandes escritores, artistas y músicos tienen su origen en el juego del eterno y divino niño que hay en ellos: ese niño que, prescindiendo totalmente de la edad exterior, vive en nosotros, ya tengamos nueve o noventa años; ese niño que nunca pierde la capacidad de asombrarse, de preguntar, de entusiasmarse; ese niño en nosotros, tan vulnerable y desamparado, que sufre y que busca consuelo y esperanza; ese niño en nosotros que constituye, hasta nuestro último día de vida, nuestro futuro".
A Michael Ende le tocó vivir una época en la que no estaba bien visto escribir literatura infantil, y mucho menos literatura infantil fantástica; hablamos de la posguerra alemana en la que todo escritor que no hiciera una literatura comprometida histórico-crítico-socio-políticamente era denostado por sus vecinos. Así que se acusó al autor de Momo de "escapista". Sin embargo, Ende proclamó lo contrario, su literatura no escapa de nada, sino que va al encuentro de lo más profundo del ser humano a través de lo misterioso, de lo irracional, de lo maravilloso. De modo que esa "fantasía escapista" en realidad se opone activamente a un mundo donde el ejercicio de lo racional degenera en el sinsentido, pues la racionalidad y la ilustración científica de la civilización ha tenido el efecto contrario -lo estoy parafraseando- de lo que la razón y la lealtad exigen a cada persona. Cito ahora: "Vemos que esas personas, con su Ilustración científica, envenenan el cielo, la tierra y las aguas. Vemos que se destruyen a sí mismos física y psíquicamente. Vemos que la cima de sus conocimientos ha consistido en crear una bomba con la que se puede destruir la vida de la Tierra no sólo una, sino muchas veces."
La poesía, el arte y la fantasía se convierten en Ende en una forma de vida y en una postura política. En una especie de "autoexilio" abandona Alemania y vive en Italia durante 15 años, considerándose un "ser primitivo de la reserva centroeuropea de la literatura infantil", alejado del "gran desierto de la civilización exterior". Y con su particular humor escribe: "Me han contado que hace poco, en las fronteras de todas las reservas parecidas a la nuestra, se han colocado grandes letreros que advierten: ¡Cuidado! ¡Aquí empieza el terreno de lo irracional! ¡Peligro de muerte! ¡Prohibido el paso!".
Y, para terminar de dibujar este boceto del pensamiento de Ende, hay una anécdota de La historia interminable que quiero compartir con ustedes. Remontémonos a 1980, un año después de la publicación de la novela. El escritor vivía todavía en su casa italiana de Genzano a la que Ingeborg Hoffman -su primera mujer- y él llamaron La Casa del Unicornio. El libro tuvo un éxito inmediato y arrollador, tanto que autor y editor firmaron ese mismo año un contrato con un joven productor para adaptarlo al cine. Pero, tras firmar el contrato, Ende fue engañado no una sino dos y hasta tres veces. Sin su conocimiento, los derechos se revendieron a una gran productora, quien contrató al director Wolfang Petersen y excluyó del proyecto al escritor. Convendrán conmigo en que la película hace poca justicia al libro. De ella Ende vino a decir públicamente que era una porquería. Se involucró en un proceso judicial largo y costoso en el que invirtió todos sus derechos de autor y tras el que lo único que pudo conseguir fue quitar su nombre de los créditos. Adujo que los culpables de la cinta la habían despojado de toda poesía. Pero, ¿qué significa que la película carece de poesía? Y ¿por qué era esto tan importante para el escritor cuando a cambio miles o millones de personas más iban a descubrir y a vivir su novela a través del séptimo arte? La respuesta la podemos encontrar en la definición que da de la poesía en Reflexiones de un indígena centroeuropeo: "La poesía es la capacidad creativa que tiene el hombre de vivirse y de reconocerse a sí mismo una y otra vez en el mundo y al mundo en sí mismo. No nos referimos únicamente a poesías y a libros sino a formas de vida y explicaciones del mundo accesibles a la experiencia, a la vida".
Sé que seguramente muchos de ustedes recordarán haber leído La historia interminable de niños y estoy segura de que guardan un entrañable recuerdo del libro. No me gustaría terminar este artículo sin proponerles su relectura. Les aseguro que descubrirán mucho más de lo que recuerdan.

lunes, 15 de junio de 2009

BIBLIOTECA. "Alas de fuego" y "Alas negras", de Laura Gallego


La reina Marla, de sólo diecisiete años, es la soberana de una nación resplandeciente. Ahriel, un ángel femenino, está a su lado desde que nació, con la misión de guiarla y protegerla, y de guardar el equilibrio en los reinos humanos. Pero, cuando descubre una conspiración para iniciar una sangrienta guerra, Ahriel es traicionada y encerrada, con las alas inutilizadas, en la espantosa prisión de Gorlian, un mundo primitivo, salvaje y brutal, de donde nadie ha logrado escapar jamás. Ahriel deberá aprender no sólo a sobrevivir en Gorlian, sino también a ver las cosas desde el punto de vista humano... a ras de suelo.
(Texto de la contracubierta de "Alas de fuego").


Ahriel ha recobrado su libertad y obtenido su venganza, pero aún hay algo que debe hacer. Tras acudir a rendir cuentas a sus semejantes en la Ciudad de las Nubes, se dispone a reanudar la búsqueda de la mágica prisión de Gorlian para recuperar aquello que dejó atrás al escapar. Está dedicida a hacer cualquier cosa para encontrarlo, incluso interrogar a la única persona que sabe dónde se oculta. Llegar hasta ella no será fácil, pero Ahriel no estará sola esta vez...
POR FIN, LA CONTINUACIÓN DE ALAS DE FUEGO QUE ESTABAS ESPERANDO.
(Texto de la contracubierta de "Alas negras").

Los dos títulos, editados por LABERINTO (uno en rústica y el otro, en tapa dura), están en la BIBLIOTECA.

jueves, 11 de junio de 2009

BIBLIOTECA. "Dos velas para el diablo", de Laura Gallego

Hoy día, ya nadie cree en los ángeles. Sin embargo, hay gente que sí cree en los demonios. Pero los ángeles existen y han existido siempre. ¿Que cómo lo sé? Porque mi padre era uno de ellos. El problema es que, cuando los ángeles te dan la espalda, ¿en quién puedes confiar?
(Texto de la contracubierta)

La editorial SM publica esta novela de Laura Gallego. Son 414 páginas que te esperan en la BIBLIOTECA.

lunes, 8 de junio de 2009

lunes, 4 de mayo de 2009

BIBLIOTECA. "Historias de Terramar", de Ursula K. Le Guin


En el archipiélago de Terramar hay dragones, magos y espectros, talismanes y poderes. Es un mundo gobernado por la magia y, ante todo, por las palabras, pues cada cosa posee su nombre verdadero, el designado durante la Creación, que otorga a los hechiceros el dominio sobre los elementos y los animales. Sus gentes, sencillas y tranquilas, tienen como único objetivo conseguir paz y sabiduría.
Terramar es un universo literario tan sólido e inolvidable como el de Tolkien.
(Texto de la contracubierta del primer volumen)

Se compone de dos volúmenes: en el primero encontramos Un mago de Terramar y Las tumbas de Atuán; en el segundo, La costa más lejana y Tehanu.


A continuación, para conocer un poco más a la autora y el mundo de Terramar, reproducimos un fragmento de un artículo firmado por Alejandro Serrano, y encontrado en este enlace: http://www.fantasymundo.com/articulo.php?articulo=597



Ursula K. Le Guin (Ursula Kroeber Le Guin), nació en Berkeley (California), el 21 de octubre de 1929, en el seno de una familia sin problemas económicos. Las respectivas profesiones de sus padres tendrían un efecto considerable en la joven Ursula: su madre era escritora de cuentos infantiles, y su padre antropólogo. Su educación, eminentemente académica, la llevó a interesarse por la lectura y la escritura, y a los 11 años envió un manuscrito a la conocida revista Astounding Science Fiction, que fue rechazado, pero el hecho nos da una idea del empuje creativo que ya se gestaba en la mente de Ursula. Ingresó en la Escuela Radcliffe de la Universidad de Harvard, en la que se graduó en el año 1951; posteriormente asistió un año a las clases de la Universidad de Columbia, en la que hizo un postgrado de lenguas romances. Tras finalizar este curso, consiguió la beca Fulbright, gracias a la cual pudo viajar y estudiar en Francia, donde conoció al que sería su marido hasta ahora, Charles Le Guin, con quien se casó en 1953 y con quien tendría tres hijos. Más tarde volvió a los EE.UU. y comenzó la que sería una larga carrera literaria.


Esta “gran dama” de la fantasía y la ciencia ficción completa una de las carreras más variadas de estos géneros: desde la poesía hasta los libros infantiles y los ensayos, nada se resiste a Ursula K. Le Guin. A lo largo de su actividad como escritora, ha ganado varios premios Hugo y Nebula, y fue galardonada Gran Maestra por la Asociación de escritores Estadounidenses de ciencia ficción y fantasía (SFWA), la primera mujer en conseguirlo. Ha publicado seis libros de poesía, veinte novelas, más de cien relatos, cuatro colecciones de ensayos, once libros para niños y algunas traducciones poéticas y políticas. Ursula K. Le Guin se confiesa feminista, pacifista y taoísta, y sus obras se tiñen de sus convicciones sutil pero eficazmente. Actualmente vive en Portland (Oregón, EE.UU).

Tras publicar varias historias, su primera novela, El mundo de Rocannon (1966), una obra de ciencia ficción que se convertiría en una serie, continuada por Planeta de exilio (1966), La ciudad de las ilusiones (1967) y la obra que le dio el reconocimiento internacional, La mano izquierda de la oscuridad (1969), con la que ganó un Hugo y un Nebula.

En 1968 inició su saga más conocida, y por la que entraría en la puerta grande en el género fantástico, tras sorprender en el ámbito de la ciencia ficción. Con la primera novela de la saga, Un mago de Terramar, continuada en 1971 por Las tumbas de Atuan y La costa más lejana, la escritora estadounidense se convirtió en un referente para los amantes del género que J.R.R. Tolkien “reinventó” en 1954 con la publicación de El Señor de los Anillos. La saga continuaría en 1990 con Tehanu, y en 2001 con En el otro viento.

Tras finalizar su primera etapa con Terramar, Ursula K. Le Guin volvió a resurgir con El nombre del mundo es Bosque (1972), con la que el año siguiente conseguiría el premio Hugo, y Los desposeídos: una utopía ambigua (1974), sin dejar de lado la ciencia ficción, con "La rueda celeste" (1971), "El ojo de la Garza" (1983) y "El eterno regreso a casa" (1985).

Pese a su completa bibliografía, la saga de Terramar ha marcado a esta prolífica autora, tanto en el terreno mediático como en el profesional. La acertada mezcla de misticismo y contenido social y humano, tan ajeno en muchas obras de fantasía o ciencia ficción, convierte a Ursula K. Le Guin en un referente muy valioso, y a menudo alejado de la épica que domina a casi todos los autores de estos géneros. En Terramar el protagonismo se aleja de las batallas tradicionales, de los consejos de los reyes, de las espadas de los héroes, para depositarse en el desarrollo social y humano de un mundo en constante peligro. Criaturas fantásticas, magos, brujas, reyes corrompidos y gente sencilla ocupan la narración y ponen las bases del ideario fantástico de la saga. Las victorias no se conquistan con la fuerza de las armas, sino que los protagonistas han de utilizar todo el caudal de su saber y comprensión para salvarse del peligro.Ursula juega continuamente con conceptos tan universales como la ambición, la ecología sostenible, la crítica social y la maduración. Terramar basa su supervivencia en un acertado equilibrio de sus habitantes con el medio donde viven. El poder reside en las palabras: un mago ha de conocer el “auténtico nombre” de un objeto o persona para influir sobre él, y el más poderoso es aquel que puede adivinar el nombre verdadero que durante la Creación se asignó a cualquier objeto en la lengua universal: las nubes, el mar, cada colina y región tienen sus nombres verdaderos, y hay que conocer cada uno para influir sobre los elementos. El mundo de la magia “verdadera” se centraliza en la Isla de Roke, una comunidad de magos que a la vez es escuela, y a donde van los muchachos con “habilidades” para aprender sobre el equilibrio del mundo y cómo dominar a las criaturas que lo pueblan. Precisamente Gavilán será uno de los alumnos de Roke, y a través de él entenderemos Terramar y las complejas relaciones que rigen los poderes que la dominan.Pese a que la primera novela fue calificada en su día de “juvenil”, el mundo de Terramar es un lugar duro e inhóspito, donde la crueldad es moneda común. Los magos son la base del tejido social de los pueblos del archipiélago, y su poder asiste a la gente común: labriegos y aldeanos veneran a los alumnos que salen de Roke, conscientes de la inestimable ayuda que representan en la vida común. Junto a su poder, eminentemente masculino, en Terramar también existen las “brujas”: mujeres con ciertos poderes que se ven apartadas por los hombres de Roke del saber común, y son consideradas por éstos como un peligro para el equilibrio del mundo, gentes iletradas y peligrosas que no entienden el “verdadero poder y equilibrio del mundo”. Este es otro de los temas centrales de Terramar, la contraposición entre los poderes masculinos y los femeninos, la eterna lucha de género por el poder y la influencia en un mundo cambiante. El abismo insalvable entre ambas visiones del mundo en Terramar es utilizado por Ursula para establecer paralelismos con nuestro propio mundo de forma sutil.

Pese al enfoque social de las historias de Terramar, la acción forma parte esencial de los libros. El lector no debe esperar batallas brutales de grandes ejércitos, sino que a menudo los duelos personales de hechizos entre magos, hechiceros, brujas o dragones son la base de la lucha de poderes, y a menudo una palabra o una acción meditada es suficiente para decantar la victoria a favor de unos u otros. Terramar está poblada de protagonistas carismáticos, personajes que por sí solos sostienen una narración, y sin duda Gavilán es el principal de ellos, pero no el único. A través de los diferentes libros, encontraremos distintos escenarios, aventuras sombrías y peligros constantes que engancharán al lector desde las primeras páginas. Nada puede darse por sentado en el archipiélago, y a menudo, cuando un peligro es evitado, otro viene a tomar su lugar. El delicado equilibrio de Terramar cambia, y un nuevo y desconocido estado de cosas viene a sustituirlo.

La prosa de Ursula K. Le Guin es preciosista, sincera y no se entretiene en complicadas descripciones de lugares o culturas, sino que nos describe Terramar con los ojos de cada uno de los protagonistas y su relación con el medio en el que habitan y sufren. Tampoco la autora se recrea en ningún momento en las emociones, sino que anima al lector continuamente a seguir leyendo, renovando el interés en cada párrafo. La sinceridad con la que trata a sus personajes evita que el lector los mitifique demasiado, lo que incluso los convierte en más humanos, sin duda el principal hecho responsable de su éxito. Precisamente ahí radica la diferencia entre Ursula y Tolkien y otros muchos autores que siguieron al autor británico y a su éxito de crítica y público. El proceso de maduración personal que continúa durante toda la saga ve su reflejo en los cambios en el equilibrio que rige Terramar, y que hacen evolucionar también al mundo que describe Ursula.


LOS DOS VOLÚMENES (CON 379 Y 475 PÁGS., RESPECTIVAMENTE), PUBLICADOS POR MINOTAURO, EN SU COLECCIÓN DE BOLSILLO "BOOKET", SE ENCUENTRAN EN LA BIBLIOTECA.

viernes, 3 de abril de 2009

BIBLIOTECA. "La guerra de las brujas" (saga compuesta por tres títulos), de Maite Carranza




(Fotografía de la autora, Maite Carranza)
De esta trilogía, escrita por Maite Carranza, se encuentran en la BIBLIOTECA los dos primeros títulos: El clan de la loba y El desierto de hielo.

Reproducimos el texto de la contracubierta del primer volumen:

Desde tiempos inmemoriales, los clanes de las brujas Omar han vivido ocultándose de las sanguinarias brujas Odish, y esperando la llegada de la elegida por la profecía.
Ahora, los astros confirman que el tiempo está próximo. Anaíd, que ha vivido durante sus catorce años de vida apartada en un pueblo del Pirineo, ignora los secretos que atañen a las mujeres de su familia...
Hasta que la misteriosa desaparición de su madre, Selene la pelirroja, la enfrenta a una verdad tan escalofriante como increíble, y la obliga a recorrer un largo camino, cuajado de peligros y descubrimientos.