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jueves, 9 de abril de 2015

PRENSA CULTURAL. Entrevista a la escritora Alicia Giménez Barlett

   En "cuartopoder.es":
ENTREVISTA A LA ESCRITORA, GALARDONADA CON EL X PREMIO PEPE CARVALHO

Alicia Giménez Bartlett: “Tengo los ojos bien abiertos a lo que ocurre y me alegra que ocurra”

ELVIRA HUELBES | Publicado: 


Alicia Giménez Bartlett en una imagen de archivo. / Efe
Alicia Giménez Gíménez Bartlett, el pasado día 27, en Barcelona, donde presentó su último libro, ‘Crímenes que no olvidaré’. / Marta Pérez (Efe)
La cita negra de Barcelona –BCNegra 2015- que comenzó el pasado 29 de enero, cumple diez años y los celebra sin sobresaltos, más atento el personal a los movimientos políticojudiciales que a la literatura propiamente dicha. Normal. Lo que no quita que se hayan reunido viejos amigos y nuevos nombres. Nuevos, no porque acaben de aterrizar en el género, sino porque vienen de otros sitios y aquí se tenía menos noticia de ellos.
Como anuncian los organizadores en su bienvenida: en BCNegra se hablará “de fútbol y corrupción, de espías y traidores, de la economía criminal de las ciudades, de los viejos y nuevos bajos fondos, de salud pública y beneficios privados…”  Vaya, que se trata de discutir la actualidad española e internacional, con el toque ácido e inquisitivo que lleva puesto el género en sus mejores representantes: Andréu Martín, Belén Gopegui, Lorenzo Silva, Anne Perry, Paco Camarasa, Rosa Ribas, Empar Fernández, Jordi Sierra i Fabra, Claudia Piñeiro, Roberta de Falco, Donato Carrisi y hasta un moderador de mesa redonda que participa en calidad de lector. Alegra saber que no olvidan los organizadores de estas cosas a la parte imprescindible de la segunda parte.
El décimo cumpleaños además, lo celebran entregando a Alicia Giménez Bartlett, el X Premio Pepe Carvalho. Se lo dan, el jueves, 5, al terminar la cita negra barcelonesa, por haber renovado la novela policíaca española y en reconocimiento a que ha sido pionera en sacudir un género eminentemente machista con un toque feminista muy eficaz. Además, sus personajes, Fermín Garzón y, sobre todo, Petra Delicado, han alcanzado la cima de las figuras clásicas de la novela negra.
En medio de la barahúnda que supone la promoción de su último libro, Crímenes que no olvidaré, Giménez Bartlett ha tenido la amabilidad de responder a cuartopoder.es
 ¿Hasta dónde estás de preguntas sobre si Petra es un poco marimacho y si escribes negra siendo mujer y tal y cual?
— Ese tipo de preguntas ha disminuido mucho en los últimos tiempos. No podía ser de otra manera, hay un montón de policías mujeres y otro montón de autoras que cultivan el género. ¿Cómo seguir con el mismo rollo?
Portada de 'Crímenes que no olvidaré'
Portada del libro. / planetadelibros.com
— ¿Escribir negra libera energía negativa? ¿Es como dar una somanta de palos para liberar el espíritu? ¿Quizá por eso cada vez hay más autoras de negra?
— A mí me libera escribir, sea género o no, pero no he pensado en somantas de palos. Creo que si hay más autoras se debe al éxito que tiene actualmente el género negro en nuestro país.
— ¿Está ya superado el feminismo de toda la vida o hay muchas razones para seguir vomitando por las actitudes machistas?
— No está superado; en cuanto rascas un poco aparece el machismo, siempre latente. Y si nos asomamos al Tercer Mundo… No, la igualdad de derechos es un camino que aún no ha llegado al final. Pero se llegará seguro.
— El CIS ha descubierto en una encuesta que uno de cada tres jóvenes españoles (jóvenas incluidas) opinan que hay que controlar las salidas y actividades de su chica y que es mejor que su chica ni estudie ni trabaje.
— A estos sí que les arrearía una somanta de palos e incluso de hostias; aunque no me sorprende, los valores sociales que hemos creado han dejado la cultura en último lugar. Estos jóvenes se han nutrido de televisión barata y de la convicción de que el consumo de marcas era lo importante. Lo que ocurre ahora es consecuencia de una época. ¿Cómo regresar a un punto cero desde el que volver a partir? Ni idea.
— Tu último libro, Crímenes que no olvidaré, ¿va de retales de aquí y allá -lo que no desmerece sino que resulta de lo más atractivo- o le has añadido algo más? 
— Son relatos que se habían publicado en otros países (Italia, Alemania…) pero que aquí continuaban inéditos.
— Te has retirado a la campiña, ¿por qué? ¿La ciudad no es para ti? ¿Es más zen?
— Era una vieja ilusión: vivir en el campo, tener perros y gatos, escribir, leer… Los psicólogos dicen que no se deben idealizar las situaciones porque al encontrarte en ellas, te decepcionan. Es una verdad que se cumple generalmente,  pero en esta ocasión nada me ha decepcionado. Vivo feliz y de vez en cuando me largo a Barcelona para ver cine en versión original, ir de librerías y cenar con amigos.
— ¿No te apetece mudarte a Atenas o al Peloponeso, un poner? ¿O a la  Puerta del Sol?
— No, de momento. Aunque tengo los ojos bien abiertos a lo que ocurre y me alegra que ocurra.
— Nos espera una buena temporada de elecciones, ¿tienes localizado un búnker donde esconderte o piensas participar como una citadina ejemplar?
— A veces me lo pregunto; pero sigo intentando encontrarle sentido a las cosas. Todo pasa y este desconcierto también pasará. No hay que tirar la toalla, pero si la tiro y me encuentro en pelotas… mejor que esté delante Pedro Sánchez, ¿no?
— En un ranking de sacos de corrupción, ¿dónde colocarías a la familia Pujol Ferrusola? (Si temes contestar a esta pregunta óbviala; como si no te la he formulado).
— Es patético ver al viejo matrimonio ir a declarar. No me dan ninguna pena, pero sí me apiado de los pujolistas de buena fe que han sentido en propia carne el terrible bofetón.
— Y así, si tuviéramos un café por medio, seguiría charlando contigo de lo último que has leído. Si te pirra alguien que esté publicando ahora: Karl Ove Knausgard, de quien tanto se habla; Milena Busquets, Marta Sanz…  Si prefieres refugiarte en los clásicos.
— He leído al noruego y me parece un inmenso cantamañanas. En sus libros se ve la carpintería por todos lados. Impostura total. No he leído a Busquets (a mí el Mediterráneo y las madres, en general, empiezan a sudármela) y sí he leído a Marta Sanz que me parece una escritora como la copa de un pino. Su Lección de anatomía es una novela maravillosa. Ojala que el academicismo y el deseo de experimentación no estropeen nunca su obra.

viernes, 6 de febrero de 2015

PRENSA CULTURAL. Entrevista al escritor Philip Kerr

   En "El País":
PHILIP KERR | ESCRITOR

“Si escribes sobre fútbol has de escribir sobre sexo”

Philip Kerr pasa del noir histórico al thriller deportivo con su nueva novela



El escritor escocés Philip Kerr durante su estancia en Barcelona. / ALBERTO ESTÉVEZ (EFE)

Philip Kerr (Edimburgo, 1956) ha desembarcado en la alineación de BcNegra en plena forma y con gran dominio del balón. Llega al festival de novela policiaca tras el regate que ha supuesto su cambio de registro a una nueva serie criminal ambientada en el mundo del fútbol y que arranca con Mercado de invierno (RBA). Así, Kerr pasa del noir histórico al thriller deportivo, de la Segunda Guerra Mundial a la Premier (League), del detective berlinés Bernie Gunther, reclutado por los servicios de seguridad del III Reich, al investigador amateur escocés Scott Manson, segundo entrenador del ficticio equipo de fútbol London City (¡y exaprendiz con Guardiola!), que ha de resolver el asesinato de un mister portugués (!) de la liga inglesa, una muerte de la que son sospechosos aficionados enfadados, jugadores cabreados, magnates del fútbol mafiosos, intermediarios y un árbitro.
La novela explica muchas interioridades del mundo del fútbol y abunda en humor, intrigas, sexo y palabrotas, todo ello consustancial a ese deporte, según subraya Kerr. El pasaje en el que el protagonista explica que su juego erótico favorito consiste en que su novia disfrazada de enfermera le haga una felación después de beberse la chica un Martini muy frío es de los que dejan poso.
Kerr empieza por tranquilizar (nos) a los fans de Gunther: la nueva novela de la serie del investigador alemán, la décima, aparecerá en mayo en inglés, se titula The lady from Zagreb y en ella Goebbels encarga a Bernie que investigue acerca de una bella actriz de la UFA —la materia preferida del doctor después de la propaganda—. La trama lleva a nuestro hombre a Croacia, y a encontrarse con todo el horror de la ocupación nazi y los crímenes de los ustachas. El autor se resigna a hablar del tema, pese a que hoy toca fútbol: “Siempre me preguntan cuántos libros más escribiré de Gunther. Si eres un escritor riguroso no dejas de plantearte cuándo has de acabar, si has escrito ya demasiados. Hay una cuestión añadida y es que las novelas de Gunther son difíciles de escribir, requieren mucha documentación y cuidado por la parte histórica, cuesta mucho no cometer errores y anacronismos. Tienes ganas de salir y escribir libremente de algo contemporáneo. En todo caso, creo que nos acercamos al límite de la serie”.
El protagonista de la nueva serie, Scott Manson, exfutbolista, licenciado en Lenguas (y no hablamos de su novia) y acusado falsamente de violación, tiene sangre negra, un abuelo afroamericano. “Es cosa mía. Soy escocés pero nunca me dejaron sentir que lo era. Tengo la piel muy oscura y me apodaban Paki. Eso te da perspectiva sobre cómo deben sentirse los mal vistos por razones raciales. Por otro lado, hay muchos negros en el mundo del fútbol”. El entrenador del London City asesinado, Joao Zarco, está claramente inspirado en José Mourinho. “Posee algunos de sus rasgos, tiene glamour, es polémico, dice cosas controvertidas, pero no es él. Hay otros entrenadores que son figuras, como Guardiola, pero Mourinho tiene algo más: es una estrella”. ¿Se sintió popular Kerr en el Camp Nou, donde disfrutó el partido con el Villarreal, con una novela en la que asesinan a un sosias de Mourinho? El novelista ríe. “Sé que no es muy querido aquí, pero ¡cuidado!, no tiene sentido odiar a alguien que puede regresar; como ha hecho Mourinho al Chelsea. La gente tiene la memoria muy corta en el mundo del fútbol”.
Uno de los aspectos más complejos de la novela es el difícil equilibrio entre ficción y realidad, nombres verdaderos e inventados. A algunos puede chirriarles oír que en el London City juegan dos jugadores llamados Xavier Pepe (!) y Juan Luis Dominguín (!!). “Cuando quieres escribir sobre el deporte moderno y tienes un equipo que es irreal, lo que era necesario para no perder a los fans de ningún equipo —nadie del Arsenal leería una novela centrada en el Tottenham, y viceversa—, lo que has de hacer es jugar con equipos reales y contra jugadores reales. He intentado que cuando un jugador hace algo sucio sea inventado y si hace algo heroico le pongo un nombre real”. Pues nos está descubriendo que el asesino no es Messi… Kerr ríe. “Eso puedo revelarlo”.
¿Hay mucho sexo en el fútbol? Por lo que se lee en Mercado de invierno… “Bueno, ¿hasta qué punto es importante el sexo para hombres jóvenes y sanos con muchísimo dinero y adoración pública? Sí, la mayoría de los jugadores están hipersexuados y tienen más oportunidades de practicar sexo que la mayoría, era importante recalcar ese aspecto. Si escribes sobre fútbol has de escribir sobre sexo, al igual que tienes que mencionar Twitter, que es otra forma de los futbolistas de meterse en problemas, expresando sus opiniones”.
¿Está justificado el peso que tiene el fútbol en nuestra sociedad? “No lo sé, pero es verdad que tiene un peso inmenso. A menudo la gente lo ve como un antídoto de todo lo demás. En esos noventa minutos dejas de pensar en la Jihad siria o cualquier otra cosa. El fútbol es como ir a pescar, es una forma de exiliarte del mundo, una forma de escapar”.
Con la nueva serie futbolística Kerr acomete una misión. “Hacer que los hombres vuelvan a leer; los editores se han olvidado de los hombres, muchos quieren leer pero no encuentran el libro apropiado. Quiero hacer con los hombres lo que J. K. Rowling hizo para los adolescentes”.

miércoles, 4 de febrero de 2015

PRENSA CULTURAL. "10 años de BCNegra: nueve hitos para ilustrar la revolución de lo criminal"

   En "El País":

10 años de BCNegra: nueve hitos para ilustrar la revolución de lo criminal

El festival de novela negra que invade Barcelona celebra un década. Repasamos sus hitos


El escritor Marcelo Luján recrea una escena policiaca. / SAMUEL SÁNCHEZ.
Si Manuel Vázquez Montalbán viera en qué se ha convertido el festival que nació dos años después de su muerte como homenaje a su figura literaria y a su detective Pepe Carvalho se quedaría alucinado. Creado a la sombra de la Semana Negra de Gijón, en 10 años BCNegra ha pasado de la modestia y el sólo apto para fanáticos a ser una referencia mundial, un escenario por el que han pasado y pasan las principales figuras del género negro. La celebración de su décima edición (hasta el sábado 7) nos sirve para mirar a la novela negra y ver cómo ha evolucionado y cómo se ha convertido en el género más vendido. Mucho más que una moda, la ficción criminal ha pasado de lo marginal al éxito absoluto. ¿En qué se basa esta revolución?
1.- De la clandestinidad al riesgo a morir de éxito
Cuando nació BCNegra, sólo existía en España un festival, el de Gijón, pionero y referencia durante décadas. Antonio Lozano, periodista y uno de los implicados desde el inicio, lo recuerda así: "Escritores, público y presentadores formábamos una modesta comisión de investigación. Espacios reducidos, presupuestos ajustados y escaso pica pica en la fiesta de cierre. Todo compensado con ilusión y entrega". La situación diez años después no puede ser más distinta. "Fuera de Gijón no había nada", comenta por teléfono Paco Camarasa, comisario de BCNegra. "No había librerías, ni clubes de lectura, ni todas las colecciones que hay ahora en cada editorial. Gijón sigue siendo el faro que nos ilumina, pero ahora hay 14 festivales más". GetafeSalamancaValenciaCuencaPamplona y un sinfín de puntos se han unido a la fiesta. ¿Demasiado? Expertos, lectores y escritores creen que no.


Misha Glenny, Kostas Vaxevanis, José Martí Gómez, Ernesto Ekáizer y Carles Quílez, en la mesa redonda sobre la corrupción en BCNegra 2013, con el aforo del teatro lleno. / ALBERT GARCÍA
2.- Las editoriales se entregan
Hace una década era raro encontrar alguna editorial con sello de novela negra; en 2015 la situación ha dado un vuelco total. "Ahora, la novela negra se publica tanto en sellos especializados, como en colecciones de literatura general: no hay discriminación. Hemos pasado de que lo raro fuera publicar novela negra a que lo raro sea no publicarla", resume Anik Lapointe, responsable durante años de la serie negra de RBA y ahora al frente de Salamandra Black.
BCNegra tiene parte de culpa en esto y toda la responsabilidad en un fenómeno fascinante: que el principio de año se haya convertido en un hervidero de publicaciones para llegar con libro fresco a la gran fiesta. "La primera semana de febrero se eligió a propósito porque no hay nada en esa fecha y los periodistas no tienen ninguna novia. ¿Qué hemos conseguido? Que hace unos años nadie publicaba novedades y este año habrá unos 20 libros para presentar en BCNegra", resume ufano Camarasa.
3.- Larsson y el botín escandinavo
Han vendido decenas de millones de ejemplares en todo el mundo, han llevado nombres impronunciables de pueblos y detectives al lenguaje común de miles de lectores, la literatura negra de los países del norte de Europa es en responsable del auge del género. En BCNegra han estado siempre. Henning Mankell recibió el segundo Premio Pepe Carvalho en 2007, pero fue en 2010 cuando la explosión de la trilogía de Stieg Larsson desboca el fenómeno. Ese año estuvieron en el festival Ann Holt y Arnaldur Indridason. El círculo de complicidad entre este boom y el del festival se cierra en 2013 con la concesión del Pepe Carvalho a Maj Sjöwall.
4.- Más y mejores lectores y cómplices


Lectores y escritores a las puertas de la librería Negra y Criminal el año pasado en la famosa firma de libros con vino y mejillones para los asistentes.
Los aficionados a lo criminal siempre han sido un grupo un tanto especial. Ahora son legión, y con un entusiasmo desconocido en cualquier otro género. "Son más, son más listos, leen mejor", observa Camarasa. "El entusiasmo creciente de los lectores de siempre y de los nuevos adeptos al género se ha notado en blogs, webs, Twitter, en club de lecturas", resume Lapointe.
5.- La televisión y la novela negra, juntas en el crimen
La edad de oro que está viviendo la televisión tiene un marcado carácter negro. The WireLos SopranoBoardwalk EmpireFargo,True Detective o Breaking Bad son sólo algunos de los ejemplos. En los últimos años se ha producido una contaminación entre los dos ámbitos, reflejada en el festival el mismo año pasado en forma de mesa redonda. Autores de la talla de Dennis Lehane o Richard Price han pasado de un lado a otro con notable éxito. El último en iniciar el viaje, pero en este caso de la televisión a la novela es Nick Pizzolatto, responsable de True Detective, creador de Galveston, uno de los libros del año en el superpoblado y ultracompetitivo mundo de la ficción criminal.
6.- De Montalbán a Zanón, llega una nueva generación
A finales de los setenta, Montalbán gana el Planeta y Andreu Martín, Jorge Martínez Reverte y Juan Madrid publican sus primeras novelas. Son los padres del género en España. En estos primeros años del siglo XXI, el relevo lo han cogido escritores como Carlos Zanón, Alexis Ravelo, Rosa Ribas o Víctor del Árbol. "Están publicando y vendiendo, no venden 100.000 pero venden", asegura Camarasa. Y se dan fenómenos editoriales como el de Dolores Redondo. Entre las dos generaciones han sabido mantener el pulso y el listón bien alto Lorenzo Silva (responsable, además, de Getafe Negro) y Alicia Jiménez Barlett, premio Pepe Carvalho 2015.
7.- Prestigio, premios y dinero. Lo criminal es 'mainstream'


Andrea Camilleri tras recibir el Pepe Carvalho. / GIANLUCA BATTISTA
El género negro ha contado siempre con el lastre, azuzado por ciertas prácticas editoriales que no han ayudado, de ser un mero entretenimiento, un hermano pequeño de otros géneros literarios de más fuste. Imaginamos que los críticos se olvidaban de Jim Thompson o Dashiell Hammett, pero ahí quedó la mancha. La entregada inmersión de John Banville, Pierre Lemaitre y otros en el género parece que han dado la vuelta a la situación.
Los premios y el dinero también han llegado. En 2013 se celebró en BCNegra un acto titulado El tercer planeta. Cuando la novela negra se lleva el premio, que sirvió para celebrar que un autor del género, Lorenzo Silva, ganara el Planeta en 2012. Como muestra de la fortaleza del género, otro jugador del equipo negro, Jorge Zepeda Patterson, se lo ha llevado en 2014. La novela negra es mainstream.
8.- Una constante: el amor por lo italiano y lo Mediterráneo
BCNegra nunca ha olvidado su pasión mediterránea y especialmente italiana. Por Barcelona han pasado desde 2005 Gery Palazzotto, Massimo Carlotto, Roberto Saviano, Marco Malvadi o Maurizio de Giovanni. Esta historia de amor vivió su bella culminación el año pasado, con la entrega del Pepe Carvalho a Andrea Camilleri, quizás el mayor responsable no escandinavo del boom del género en España. Prueba de que ese interés no desfallece es la presencia este año de una de las voces más interesantes que han surgido en los últimos años en la ficción criminal italiana: Antonio Manzini, bien acompañado por Donato Carrisi. Petros Markaris, premio Pepe Carvalho en 2012, visionario griego y hombre que arrastra, literal, a cientos de personas cada vez que habla y a miles cada vez que escribe sobre su maltratada Grecia, completa el panorama.
9.- Otra constante: la corrupción
Como género por excelencia para preocuparse de la realidad social, la novela negra, y por extensión los festivales, tratan el tema con especial fruición. No hay edición de BCNegra en la que no haya actos mucho más pegados a la realidad. En estos diez años España ha dado mucho material a la ficción. Falta por producir la gran novela de la corrupción en España, que habrá de ser negra por definición. Aquí, una gota de esperanza: "Hace 10 años había muy pocos corruptos en la cárcel. Ahora cada vez hay más. El que la hace, puede salir en una novela pero además puede acabar entre rejas", zanja Camarasa, comisario y alma de BCNegra. Feliz décimo cumpleaños.

'Un señor llamado John Connolly'

ANTONIO LOZANO
No sé si encaja como hito del festival en un sentido global o histórico, pero la visita de John Connolly en 2010 sin duda supuso un hito particular y sospecho que también para todos aquellos que se cruzaron en su camino. Comencemos por lo personal. Cuatro o cinco años atrás había coincidido por primera vez con el autor irlandés, de visita promocional a Barcelona con uno de sus “Charlie Parkers”, no logro recordar cuál -es lo que tienen las series, ejércitos que suelen admirarse por la fuerza épica del conjunto antes que por actuaciones individuales -pero sí que charlé con su responsable en un encuentro con lectores en la librería Negra y Criminal y que luego nos fuimos a cenar una paella en grupo por la Barceloneta, a tocar del mar. Se abusa del término “encantador”, un comodín empleado bajo cualquier comportamiento mínimamente afable, pero Connolly lo encarnó en todas sus letras. Con todo, mi impresión es que no hubo tiempo de conversar con calma y que este periodista pasaría a ese limbo donde moran tantos y tantos compañeros con los que el autor se topa fugazmente en sus giras internacionales. Craso error. Cuatro o cinco años después, cuando el escritor regresó a la Ciudad Condal invitado por Tusquets y el Comisario Camarasa, la primera imagen que dejó en el firmante es recibirlo en el hall de su hotel con un regalo: un pack de DVD con las dos primeras temporadas de una serie de televisión que recordaba haberle recomendado durante aquella lejana paella degustada junto a la playa.
Y ahora lo colectivo. Los asistentes al acto en el que Connolly presuntamente debía hablar del Mal en sus novelas y aprovechar de paso para promocionar su última entrega traducida, Los amantes, se toparon con una lección magistral sobre la naturaleza y las aspiraciones del género negro, donde cualquier mención a su propio universo fue orillada de cara a rendir tributo a su mayor inspiración, su dios particular, ese Ross McDonald que utilizó como hilo conductor para conducir al público a las entrañas del noir. La periodista Laura Fernández y un servidor éramos los teóricos encargados de entrevistarlo pero, a la hora de la verdad, nuestros cuestionarios fundidos en una larga cita desarrollada en una cafetería del centro de la ciudad quedaron en papel mojado y nos limitamos a ejercer de felices comparsas. Desde el minuto uno, Connolly se levantó, agarró el micro y durante una hora encandiló a todos con sus conocimientos y un punto de showman que sabe cuándo colocar los chistes y donde lanzar los dardos (Dan Brown fue crucificado con argumentos irrebatibles). Nunca este periodista, que ya ha participado en un buen número de actos en el festival, ha escuchado al público reírse tanto y romper a aplaudir con tata frecuencia (definitivamente esto sí es un hito). En la hoja de servicios del creador de Charlie Parker también cabe resaltar que mostró idéntico entusiasmo en una librería bien modesta de Terrassa el día antes (o el día siguiente), frente a 15 personas como mucho. Después hemos vuelto a coincidir en Dublín y en Madrid, me ha incluido en los agradecimientos de un libro de cuentos policíacos que editó porque simplemente le sugería a una autora, me ha regalado más DVD y animado a que le pida prestada su casa en Maine. Y todo esto ha hecho el hombre que quizá mejor ha teorizado desde la ficción sobrenatural sobre las raíces y los componentes del Mal.

PRENSA. Entrevista al escritor griego Pétros Markaris

   En "El País":

Markaris: “Mi comisario no espera nada de la Grecia de Syriza”

El escritor griego analiza, en el Hay de Cartagena de Indias, el panorama que se ha abierto en su país con el nuevo gobierno y el destino de su personaje literario

 Cartagena de Indias 1 FEB 2015  

El escritor griego Pétros Markaris, fotografiado por Daniel Mordzinski, en Cartagena de Indias (Colombia).

Hay personajes que han necesitado el cine para llegar, no a la gloria literaria, donde ya campaban a sus anchas, sino al gran público. El Marlowe de Humphrey Bogart o el Ripley de Matt Damon no añadieron estrellas al firmamento de Raymond Chandler o Patricia Highsmith, que ya fulguraban con suficiente luz propia, pero sí una proyección masiva que les hizo masticables, adorables, temidos o queridos.
Hay otros personajes, sin embargo, que no necesitaron el cine. Solo una crisis.
El comisario Jaritos, el entrañable policía creado por Pétros Markaris, ha ganado ya más empatía por cómo se las arregla para llegar a fin de mes que por su forma de resolver los crímenes. El autor griego (Estambul, 1937) logró esa magia mediterránea que comparte con el Carvalho de Vázquez Montalbán o el Montalbano de Camilleri: la de saber crear un investigador cercano, humano, con la dosis suficiente de humor y de neurosis en su rutina como para convertirse en un tío adoptivo, muy lejos del tipo solitario colgado del whisky en una barra de los barrios bajos de Los Ángeles. Por eso nos puede interesar más preguntar a Jaritos que a su autor, que estos días está en el Hay Festival de Cartagena de Indias (Colombia). Para empezar.
Pregunta. ¿Qué espera Jaritos de la Grecia de Syriza?
Respuesta. Nada. Él es conservador y nunca está satisfecho con nada, siempre se está quejando de todo. Recordemos que viene de la región fronteriza con Albania, muy golpeada por la guerra y la pobreza, y la única forma que tenía de huir de allí era meterse en la academia de policía. Es lo que hizo, pero sigue siendo conservador. Él, su mujer y su hija han hecho muchos sacrificios para sobrevivir. Como los griegos. Por eso no esperan nada.
P. ¿Y Márkaris? ¿Qué espera Petros Márkaris de la Grecia de Syriza?

No soy entusiasta con el nuevo gobierno, nunca he apoyado a Syriza. No se acaba Jaritos, ni se acaba la crisis, se acaba el Jaritos de la crisis
R. No soy entusiasta con el nuevo gobierno, nunca he apoyado a Syriza. Lo primero por la confusión: es un partido confuso, cada líder te cuenta una historia y contradice a todos los demás, hay muchos grupos y tendencias distintas en él. Lo segundo, por pactar con la ultraderecha. Si eres de izquierdas no puedes pactar con la extrema derecha dejando de lado la ideología. Han demostrado que para ellos la prioridad es la política contra la troika, que une a los dos, y no todo en Grecia es economía. Cómo van a afrontar la educación con la extrema derecha, la política hacia Turquía, la inmigración. 
Eso es lo que preocupa a Márkaris, de izquierdas confeso, que fuma en pipa y bebe un café negro mientras espanta el calor húmedo de Cartagena de Indias, donde es una estrella del Hay festival. Cuando empezó la crisis, el escritor griego cambió de registro y decidió meterse en harina con una trilogía que ha estirado en una cuarta, Hasta aquí hemos llegado (Tusquets, en abril en España), y que se ha ganado el corazón del lector europeo.
P. ¿Por qué se acaba?
R. No se acaba Jaritos, ni se acaba la crisis, se acaba el Jaritos de la crisis. Nunca me había involucrado emocionalmente en mis novelas, con la excepción de Muerte en Estambul, y en esta serie lo he hecho. Ha sido difícil, estoy agotado. No hay familia que no tenga graves dificultades, la mía también. Y escuchar y escribir sobre ello no es fácil, estoy exhausto. He puesto mucho de mí. Se acabó.
P. ¿Y por qué lo alargó entonces? ¿Por qué la cuarta?
R. Me di cuenta de que había abordado la banca, la evasión fiscal y la generación de los políticos que nos metieron en esto. Me faltaba la gente. La cuarta es sobre la gente común. 
Gente común. Puro caviar en boca de un escritor que hizo bingo cuando quiso crear su personaje. ¿Dentista o policía? Ambas opciones encajaban en el protagonista terco que buscaba, pero el dentista no iba a generar simpatías, cuenta riendo. Le dio vueltas. Policía. Y no uno solitario, duro e irreal. No en el Mediterráneo, donde un poli es gente sencilla, quiere familia, hijos, odia estar solo. Y donde el lector quiere identificarse, no con un agente, sino con su familia entera. Para concebir a Jaritos, a su mujer y su hija miró hacia dentro, miró cerca, en busca del hombre común, y encontró a su propio padre. A su madre. A su hija. De ellos robó los trazos que han convertido a esa familia en la que todos pueden encontrarse al llegar a casa. La que ve recortarse el sueldo, perder empleos a su alrededor y estrecharse el margen de visibilidad en el futuro. La que sobrevive a ello con imaginación, con unidad y con cierto humor. La Grecia que hoy se ha despertado sin sueños.
P. ¿Qué ha pasado?
R. Los griegos siempre supieron sobrevivir en la pobreza, tienen una cultura de supervivencia en la pobreza y eso se había acabado. Los valores ya no estaban.
P. ¿Cuáles eran esos valores?
R. Ser decentes y saber ser felices con poco, se trataba de eso. Bastaba cantar rebetika, el folk de la gente común, y beberse un ouzo para ser los más felices del mundo. Sabíamos ser pobres y felices. Pero hicimos todo mal. Los griegos dejaron que dos familias nos gobernaran, se cometieron muchos errores, había dinero, se creó un sistema clientelar y eso es nuestra responsabilidad. Llegó el sueño del segundo piso. Todos querían una casa de dos pisos. Se endeudaron y cuando llegó la crisis hubo que recortar en comida y ropa para pagar la hipoteca. Con los valores perdidos. Hemos perdido cinco años porque la gente no estaba preparada.
P. ¿Han vuelto los valores?
R. Los jóvenes se han dado cuenta de que hay que luchar, empiezan a inventar sus posibilidades, a construir empresas, son excelentes en Internet, se ayudan, ayudarse es su nuevo valor. Y tienen algo en común: no creen en política. No quieren ni oír hablar de la política.
Armenio por parte de padre, miembro de la minoría griega de Estambul por parte de madre y educado en alemán, Márkaris lo tiene todo para afirmar que lo que hoy vive Grecia no es solo una crisis griega, sino europea. No es solo responsabilidad griega, sino europea. Y no se resuelve con división, sino entendiendo al diferente, buscando el consenso. Pero el optimismo ahora mismo en Grecia, dice parafraseando a Heiner Müller, es solo falta de información. ¿Y el pesismismo? Es ignorar la Biblia porque, ríe, “el universo se creó del caos”.

miércoles, 14 de enero de 2015

PRENSA CULTURAL. "Los mejores libros negros de 2014"

   En "blogs.elpais":

Los mejores libros negros de 2014

Por:  30 de diciembre de 2014

Blck
Otra portada de Black Mask, a falta de presupuesto para ilustradores
Como ya hicimos el año pasado, este bloguero engaña y convence a amigos del mundo negro, escritores, editores, editores y otros periodistas, que de todo hay en esta vida, para que elijan su libro negro del año. Ya lo hicieron los lectores, con éxito de público y no sé si de crítica.  
Como siempre, es una elección personal y como siempre, nos dejaremos muchos fuera. No lo dudo. Atentos al repaso que hace Alexis Ravelo del panorama español o a la generosidad y el entusiasmo de Pere Sureda; la originalidad de Sergio Vera y su carta a los Reyes Magos o el acierto de esa bloguera que decidió salir del armario, por fin. Arte Salvaje, les aviso, sale dos veces. Es lo que tienen las apuestas sin cortapisas. Pero bueno, como siempre, lean ustedes mismos y disfruten. Feliz año nuevo. 

ALEXIS RAVELO : Galveston, de Nick Pizzolato (Salamandra Black). Creo que la cosecha negra española de 2014 (como las de años recientes) ha sido estupenda. Entre otros muchos autores notables, Carlos Zanón publicó Yo fui Johnny Thunders con RBA, Navona relanzó Camino de ida, de Carlos Sálem (una estupenda novela de perdedores del 2008 que muchos nos habíamos perdido), Ribas y Hofmann volvieron a hipnotizarme con El gran frío y la voz de David Llorente me sorprendió con Te quiero porque me das de comer. Además, los maestros han vuelto a demostrar por qué lo son: Juan Madrid publicó Los hombres mojados no temen la lluvia y Andreu Martín, Los escupitajos de las cucarachas, que acaba de aparecer en castellano. Sin embargo, yo este año (acaso porque me domina el frío o porque me voy haciendo viejo y sentimental) me quedaría, por quedarme con una, con la novela de un yanqui: Galveston, de Nick Pizzolatto: una historia cruel y triste, pero humana y compasiva; un fogonazo de buena literatura con personajes clásicos que, sin embargo, viola todos los arquetipos.
JUAN BOLEAArte salvaje, Robert Polito (Es Pop Ediciones). Un viaje a la América profunda de los cantautores, los "hobos", los gánsters y el nacimiento de la novela negra moderma. Y todo lo que hay que saber sobre el legendario autor de "El asesino dentro de mí".
Arte
PERE SUREDA
La Rubia de ojos negros, Benjamin Black (Alfaguara): "Decidí ignorar esa última parte de la traición. Quiero creer que Claire Cavendish se metió en mi cama porque lo deseaba."  La clarividencia de Banville al enfrentarse a unos personajes adoptados se resume en la frase citada. Se ha metido en su corazón y en su piel. Ha leído al Chandler oculto detrás de la trama, ha conseguido devolvernos al Marlowe que necesitábamos para redimirnos como sólo alguien bueno es capaz de hacerlo.
¡Larga vida a Raymond Black o a Benjamín Chandler, como gusten!
LAURA MUÑOZEsferas del poder, William C. Gordon (DeBolsillo). Enmarañada y compuesta de múltiples piezas. Es la situación en la que, hoy, me ubica Juan Carlos Galindo al preguntarme por la novela de género de 2014. Y opto por quedarme ahí: hecha un lío y con varias opciones disponibles. Porque no tendría espacio ni tiempo ni valor si hablo de todo lo bueno y noir que tuve la suerte de descubrir este año. Como en esta situación me siento en las mismas coordenadas en las que me colocó William C. Gordon, elijo sus Esferas del poder, publicada el pasado mes de junio por DeBolsillo (Random House Mondadori).
Por la duda y el pellizco y el miedo a inhalar el veneno desprendido en la trama de esta, su última novela publicada. Secuela, aunque no continuación, de la saga del vapuleado periodista Samuel Hamilton, que va creciendo con el lector a cada entrega. También por llevar(me) al San Francisco sesentero donde Camelot aún sigue en pie y Melba viva. Porque me hizo creer estar viendo cine negro de los veinte. Por la prosa cuidada aunque no barroca y esa intención que resulta de sólo querer escribir: sin más pretensión que contar. Y por alzar la voz, desde la letra, a favor de los más desfavorecidos: denunciando abiertamente los tratos de favor y el poder abusador al que someten las altas esferas a la sociedad. Bueno, ya saben de lo que hablo: esa justicia que tanto nos está haciendo falta.
MARTA MARNELa mujer de un solo hombre, de A.S.A. Harrison. Es curioso cómo están proliferando subgéneros dentro del género negro: las novelas de barrio, las novelas protagonizadas por gente de a pie que se calza los zapatos del investigador y también las novelas domésticas. Todas ellas nos acercan la novela negra a la cotidianidad de la vida, que en el fondo es lo que más miedo provoca. “Pues Fulano-de-tal siempre saludaba en el portal”. El tener al enemigo en casa es lo más terrorífico que nos podemos topar. Eso es lo que sucede con La mujer de un solo hombre. Un matrimonio, aparentemente perfecto, aparentemente feliz, aparentemente sin problemas. Aparentemente. En el momento que limpiamos la pátina de pureza que cubre ese armazón, descubrimos toda la suciedad que escondemos bajo la alfombra. Engaños, mentiras, rencores y sobre todo mucha fachada: un montón de maquillaje que esconda las imperfecciones. A.S.A. Harrison consigue una novela pausada, reposada, y precisamente ahí radica la tensión, en esa calma fingida y esa sucesión lenta de los acontecimientos. Consigue tenerte en vilo página tras página, hasta un final a la altura de las circunstancias. "
NIEVES ABARCAArte salvaje, de Robert Polito (Es Pop Ediciones). Para mí lo mejor de este año ha sido Arte salvaje, la biografía de Jim Thompson de Robert Polito. Me ha parecido deslumbrante el estilo, y la inclusión de trozos de las novelas entremezcladas con momentos autobiográficos y testimonios de la época conforman un retrato implacable del mejor escritor de novela negra de la historia, y de la América del siglo XX. Para muestra un botón: “Courtland lo azotó en la cara con su fusta de volteo. La sangre empezó a manar de su rostro por una docenas de heridas, y un gran verdugón rojo se le enroscó alrededor de las mejillas como una serpiente…”. 
JUAN CARLOS GALINDONo hay cuervos, John Hart (Pàmies). Es complicado elegir una novela del año y más cuando dejo que mis invitados lo hagan primero y me quedo para el final como mandan las normas de cortesía. El caso es que he tenido pocas dudas. Como ya conté aquí, estamos ante una obra de negrura verdadera, mezcla de Huckleberry Finn y lo mejor de las historias de Daniel Woodrell que no deja a nadie indiferente, un relato de una infancia marcada por la súplica dulce y caliente de la venganza. Es, además, una apuesta de una editorial pequeña y valiente. No sé si se puede pedir más.
SERGIO VERAYo fui Johnny thunders, Carlos Zanón (RBA): Queridos reyes magos: Cinco años de carbón son suficientes, creo que he pillado la indirecta. Y bueno, para empezar a enmendarme, he pensado que, en vez de pediros, por una vez, voy a regalaros. No uno, ni dos, sino tres libros, tres novelas negras, mis favoritas del 2014. Para Melchor, la más literaria: Yo fui Johnny thunders. Porque seguro que después de Thunders, querrás ser Carlos Zanón, igual que yo (a ver si el año que viene cuela….).
Para Gaspar, la más sorprendente: Marca de sangre, de Daniel Bilbao. Una novela negra futurista, ambientada en una España gobernada por multinacionales, ingeniosamente plausible y con una trama enrevesada como pocas, de relación calidad- precio insuperable. Y para Baltasar, la más negra, por supuesto: Un paso al frente, del teniente luis Gonzalo Segura, lo más parecido a un héroe que jamás he conocido, con unos huevos tamaño Diplodocus (estos, también para el año que viene, porfa), que se ha atrevido a destapar los desmanes del glorioso ejército español, y que, esperemos, vuelva a casa por Navidad. Y por este año, me despido.
Un abrazo fuerte, y que los disfrutéis:
Sergio
PD: Como después de esto haya más carbón, el año que viene no os salva de la guillotina, ni Dios.
Lean y disfruten y gracias a todos.

martes, 6 de enero de 2015

PRENSA CULTURAL. "Cinco novelas crueles". Justo Navarro

   En "Babelia":

Cinco novelas crueles

Estas obras cultivan las costumbres sanguinarias del videojugador y del espectador contemporáneo de series y cine de acción. La familia ocupa una posición central


Los cadáveres son elementos clave en las novelas de género negro. / GETTY IMAGES
Son crueles las cinco novelas que he leído estos días. Crueldad viene del latín cruor, sangre derramada, a la vista. Son novelas feroces, es decir, partícipes de una fértil tradición mítica. Las cinco comparten, por ejemplo, una manía por los ojos. En una, un médico se limita a dilatar con atropina las pupilas de un sujeto para que parezcan las de un muerto. En las otras cuatro, los verdugos se hacen eco de antiguos libros sagrados. Me recuerdan a los caudillos bíblicos que saltaban el ojo derecho de todos los hombres de un pueblo, a los filisteos que cegaron a Sansón, al mandato del Sermón de la Montaña: “Si tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo” (San Mateo, 5, 29).
La americana Karin Slaughter (1971) sigue contando en Pecado original las aventuras de Will Trent y Faith Mitchell, policías en Atlanta (Georgia). Los criminales han secuestrado a la madre de Mitchell, jubilada que también fue policía y desenmascaró a una banda de policías bandidos, sus compañeros. Hay también policías en Un millón de gotas, del español Víctor del Árbol (1968): la subinspectora Laura Gil, sospechosa de liquidar al mafioso ruso que mató a su hijo, se suicida de un tiro en el estómago. El hermano de la subinspectora, abogado, no cree que su hermana sea una asesina y se convierte en investigador.

Marlowe, el detective
de Chandler, se las veía con muy pocos muertos, era pacífico y no estaba ligado a sus casos
Aparte de tratar de crímenes y de que los autores nacieran en los mismos años, ¿qué tienen en común dos novelas tan distintas? Las dos se ocupan de asuntos de familia, de sangre y consanguineidad, y narran algo que ocurre en la primera década del siglo XXI, cuando los coches lucen en Atlanta pegatinas de Obama, y en Barcelona la especulación inmobiliaria y financiera se alía con la delincuencia internacional. Las dos cuentan historias que se remontan al pasado. En Un millón de gotas, de la Barcelona de 2002 saltamos a la Unión Soviética en 1933, a los campos de concentración de Siberia, a la guerra de España y la Guerra Mundial, al franquismo. Seguimos la vida engañosa del héroe comunista Elías Gil, víctima de Stalin y de los fascismos. Los muertos se cuentan ya por millones.
Son novelas escritas con respeto hacia quien se acerque a leerlas. Cultivan las costumbres sanguinarias del videojugador y del espectador contemporáneo de series y cine de acción. La familia ocupa el lugar central que le corresponde en la sentimentalidad vigente, aunque el progenitor acabe con un cuchillo en la espalda, le corten un dedo a la madre, sesos humanos salpiquen la cocina, y el garaje sirva como oficina de tortura y no se sepa si lo que se oye gotear es sangre o agua del grifo. Incluso existe proximidad o intimidad entre policías y malhechores, a pesar del antagonismo básico entre el bien y el mal.
Si en la Atlanta de Slaughter los malvados son chinos y mexicanos, y rusos en la Barcelona de Víctor del Árbol, en las novelas del irlandés John Connolly (1968) los alienígenas son “entes terrenales o de otro tipo”, espíritus corporizados, ángeles caídos. La ira de los ángeles se llama la nueva aventura del detective privado Charlie Parker. Los malos de Connolly disfrutan de cierto derecho a la eternidad: algunos, como el Asesino del Bocio, aparecen en fotos de 1940, en cuadros pintados hace siglos. Semejante atemporalidad les permite buscar venganza a lo largo de generaciones, hasta dar con su víctima y destrozarla. La venganza es importante en estas novelas y en ninguna falta alguna escena de tortura. Se mata rápido, como en un videojuego, pero también con lentitud, como en las leyendas de esos mártires que pedían que los sumergieran poco a poco en la caldera de aceite hirviendo para demostrar mejor la fortaleza que infunde Cristo.
La moral se ciñe a una lógica mercantil. La venganza cumplida, la sensación de deuda saldada son consoladoras, aunque el detective Parker, que sufrió en su día el asesinato de su mujer y de su hija, no encuentre alivio: “Yo había matado una y otra vez con la esperanza de aligerar mi dolor, y en lugar de eso lo había avivado”. Y añade una consideración de ética aplicada: “Quizá un filósofo moral habría dicho que empezaba a parecerme a aquellos contra quienes combatía”. En La ira de los ángeles, el bien se encarna en una figura de moda en la literatura criminal, un asesino en serie, aquí llamado el Coleccionista. Aunque los peores malvados pertenezcan al eterno ejército de las tinieblas, los delitos humanos de los que se habla en esta novela son tan comunes y actuales como los asesinos múltiples de ficción: podredumbre empresarial y política, periodismo venal, drogas, prostitución y pornografía infantil. Parece que la maldad posee los dos componentes que Baudelaire atribuía a la belleza: un elemento eterno, invariable, y un elemento circunstancial, según la moda moral de la época.

La venganza cumplida, la sensación de
deuda saldada son consoladoras para el detective Parker en ‘La ira de los ángeles’
Pero también en este caso la historia se remonta a años atrás, a los bosques de Maine, a un avión caído en el verano de 2001. Dentro de la cabina sólo quedan un maletín con dinero, unas esposas y una peligrosa lista de nombres. No muy lejos, la vegetación devora los restos de un fortín donde los indios le extrajeron en 1764 el corazón a la mujer del capitán. Sin un enigma de fondo, sin incertidumbre de lo que pasó o va a pasar, estas novelas se reducirían a catálogos de atrocidades. La concentración melodramática de cadáveres es característica del género criminal, y Raymond Chandler recordaba en marzo de 1949 que la novela policiaca exige “una exageración de la violencia y el miedo”. Pero Marlowe, el detective de Chandler, se las veía con muy pocos muertos, era pacífico y, sobre todo, no estaba ligado sentimentalmente a sus casos. Los investigadores de estas novelas suelen mantener una relación sentimental con sus enemigos, por quienes sienten pasiones como el odio y el ansia de venganza.
Los suecos Roslund & Hellström (1961 y 1957) fabulan sobre la pena de muerte en Celda número 8. A pocos días de la ejecución, muere en una cárcel de Ohio un condenado que aparecerá vivo en Estocolmo siete años después, convertido en cantante de un barco. Según la justicia, mató a su novia, hija del asesor del gobernador. Han pasado 18 años. El supuesto resucitado, buen esposo y padre en Suecia, acaba de patearle la cara a un pasajero que molestaba a una mujer en la pista de baile. ¿Lo extraditarán a Estados Unidos, un gran país que perpetuaba y reverenciaba el rito de la pena de muerte como una forma de vida? El padre de la chiquilla asesinada en Ohio espera el resarcimiento que le robó la muerte repentina del condenado. Lo más extravagante de Celda número 8 es que lo que se trama como un plan para demostrar la iniquidad de la pena capital implique la muerte de cuatro personas de las que por lo menos tres son inocentes.
En estas novelas, la investigación importa menos que la eliminación de criminales y no criminales, pero entre los autores que leo estos días, Roslund & Hellström son los más ajenos a la lógica de un videojuego basado en la aparición y aniquilamiento de enemigos en la pantalla. La lógica espasmódica del videojuego se parece a la risa: el francés Frantz Delplanque (1966) ha inventado al viejo asesino profesional Jon Ayaramandi, retirado en un lugar imaginario del País Vasco francés. Dos mujeres desnudas caen del cielo, miembros de una banda de punk-disco, en Elvis o la virtud. Ayaramandi, especialista del crimen perfecto, recuerda: “He matado atreinta y nueve personas y un perro”. El héroe criminal lucha ahora contra la Hermandad de los Soldados de Jesús, “asesinos hostiles al rock y la depravación”. Los buenos arrancan testículos con el cajón de una cómoda, machacan tobillos, acuchillan, ahorcan. Los malos embadurnan de vísceras podridas a un hombre y se lo echan a los buitres, que cumpliendo con el rito de la extirpación ocular le arrancan un ojo. Al último muerto lo matan de un tiro en el ojo. El bueno es otra vez un asesino en serie. “Me gusta la crueldad cuando se ejerce con buen criterio”, dice. La violencia mortal se vuelve fantasía diurna, delirio de risa. La policía secuestrada de Pecado original pensaba que los chiquillos que le hacían daño encontraban en los videojuegos un repertorio ilimitado de ideas para torturarla, como si los últimos cien años no abundaran en guerras, terror y exterminios reales, imágenes repetidas, crímenes espectaculares, vistosos. Quizá de tanta vistosidad derive la fobia al ojo humano que desprenden estas novelas.
 Un millón de gotas. Víctor del Árbol. Destino. Barcelona, 2014. 670 páginas. 19,90 euros.
La ira de los ángeles. John Connolly. Traducción de Carlos Milla Soler. Tusquets. Barcelona, 2014. 428 páginas. 19,13 euros.
Elvis o la virtud. Frantz Delplanque. Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Alfaguara Negra. Madrid, 2014. 386 páginas. 18,50 euros.
Celda número 8. Roslund & Hellström. Traducción de Elda García-Posada. RBA. Barcelona, 2014. 460 páginas. 19 euros.
Pecado original. Karin Slaughter. Traducción de Juan Castilla Plaza. Roca Editorial. Barcelona, 2014. 414 páginas. 19,90 euros.