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domingo, 29 de marzo de 2015

PRENSA. Entrevista al filósofo y escritor Tzvetan Todorov

   En "El País":

Tzvetan Todorov : “La resistencia es fundamental en democracia”

El filósofo y escritor sitúa el punto de inflexión en Europa en la caída del Muro de Berlín


El filósofo e historiador Tzvetan Todorov, en Madrid. / KIKE PARA
Todorov se atrevió en 2003 a hacer inventario de valores, una lista de buenos deseos que Europa ha intentado exportar al mundo con igual brío que los coches, las hortalizas o la tecnología de alta velocidad. Y no es que inventara nada, todo ello estaba más o menos escrito en nuestras cartas de derechos, en nuestras constituciones: la libertad individual, la racionalidad, el laicismo. La justicia. Parecía obvio. Hoy, sin embargo, Tzvetan Todorov (Sofía, 1939) ve alejarse los valores como ese punto en el horizonte que parecía asequible y que tras alguna curva inesperada se vuelve de nuevo lejano.
“Cuando decimos valor, no quiere decir que todos lo respeten, es más un ideal que una realidad, un horizonte al que nos dirigimos”, asegura Todorov en Madrid. “Pero en este momento, esos valores están amenazados”.
El filósofo búlgaro nacionalizado francés, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008 y una de las voces más influyentes del continente, sitúa el punto de inflexión, esa curva en la que todo se desvaneció, no en la crisis que estalla en 2008, sino en la caída del muro de Berlín y en la ruptura a partir de ahí del equilibrio entre las dos fuerzas que deben convivir en una democracia: el individuo y la coda.
Pregunta. ¿Sigue vigente su inventario de valores? ¿La libertad del individuo, por ejemplo?

“La economía es independiente e insumisa de todo poder político”
Respuesta. Nuestra democracia liberal ha dejado que la economía no dependa de ningún poder, que se dirija solo por las leyes de mercado, sin restricción a la acción de los individuos y por ello la comunidad sufre. La economía se ha hecho independiente e insumisa a todo poder político, y la libertad que adquieren los más poderosos se ha convertido en falta de libertad para los menos poderosos. El bien común ya no está defendido, ni protegido, ni exigido al nivel mínimo indispensable para la comunidad. Y el zorro libre en el gallinero quita libertad a las gallinas.
P. El individuo hoy por tanto es más débil. ¿Qué libertad le queda entonces?
R. Paradójicamente es más débil, sí, porque los más poderosos tienen más, pero son un puñado, mientras la población se empobrece y la desigualdad se ha disparado. Y los individuos pobres no son libres. Cuando no puedes encontrar medios para tratar tu enfermedad, cuando no puedes vivir en la casa que tenías porque ya no la puedes pagar, ya no eres libre. La libertad no la puedes ejercer si no tienes poder y entonces se convierte solo en una palabra escrita en un papel.
P. Y, sin embargo, la igualdad es un valor fundacional de nuestras democracias. ¿Necesitamos un nuevo contrato social?
R. Si no se puede cumplir, un contrato social no es gran cosa. La idea de igualdad sigue presente en la base de nuestras legislaciones, pero no siempre es respetada. Tu voto vale igual que el mío y la nivelación no ha sido el objetivo de la democracia, pero sí ofrecer el mismo punto de partida a todos como iguales ante la ley, el dinero no compra la ley. Y esto no se respeta. Mire lo que acaban de aprobar los legisladores de Estados Unidos: han multiplicado por diez el dinero que pueden gastar en campaña. Quienes no tengan dinero no gozarán de la libertad suplementaria de gastar de los que lo tienen. Ese peligro de excesiva libertad de unos pocos es el que impide la igualdad de todos.
P. Cuando los derechos se convierten entonces en una realidad formal. ¿Qué nos queda?

“El bien común ya no está defendido al nivel mínimo para la comunidad”
R. Nos queda protestar, acudir a la justicia. No hay que cambiar los principios, porque ya están inscritos, pero hemos visto que hay muchos medios para esquivarlos y es necesario que el poder político no capitule ante la potencia de esos individuos que se saltan el contrato social a su favor. La idea de resistencia me parece fundamental en la vida democrática. Hay que ser vigilante, la prensa tiene que jugar un papel cada vez más importante denunciando las transgresiones de los partidos, hace falta que la gente pueda intervenir, pero sé que eso requiere ser suficientemente vigilante, valiente y activo.
P. Habla de la gente. ¿El poder no debe cambiar? ¿Qué podemos esperar de unos poderes muy locales frente a una realidad globalizada?
R. Hay que reforzar las instancias europeas porque la economía está globalizada. Un país como España o Francia no pueden hacer fuerza, apenas podrán tocar la superficie. Pero la Unión Europea es el mayor mercado del mundo, con 500 millones de ciudadanos activos y también consumidores y con gran tradición de ese equilibrio entre la defensa del bien común y la libertad individual. Si hacemos vivir esa tradición europea, si permitimos órganos más eficaces y activos de la Unión, podremos afrontar la evasión fiscal, los paraísos fiscales y también decisiones clave como el suministro de energía.
P. ¿Confía en su liderazgo? ¿En unos dirigentes capaces por ejemplo de ofrecer la impunidad fiscal para atraerlos a su territorio, como Juncker en Luxemburgo?
R. Si no confiamos en ellos deben ser responsabilizados. Igual que el Parlamento les ha elegido, debe poder destituirlo.
P. Usted definió en 2008 a los países occidentales como "países del miedo" frente a los países del apetito, del resentimiento o de la indecisión. ¿No somos víctimas de ello?
R. Los estragos del miedo han sido inmensos, lo acabamos de ver en el informe del Senado de Estados Unidos sobre las torturas de la CIA o en el caso Snowden, que muestra cómo Estados Unidos pincha el teléfono de Angela Merkel como si ella pudiera formar parte de las amenazas. La idea de que podemos legalizar la tortura es un shock para quien cree en el valor de la democracia y los europeos lo han aceptado de forma sumisa. Las revelaciones de Snowden son muy inquietantes por el principio que se encuentra detrás, el principio de un Estado casi totalitario que colecta toda la información posible sobre sus ciudadanos y por el que países totalitarios como la URSS o Alemania del Este se servían del KGB o la Stasi. Ese sistema de informes anónimos que utilizaban hoy es arcaico porque gracias a la tecnología es más fácil colectarlo, pero todo ello nos deja en una quimera las libertades individuales.
P. ¿Qué Europa quedará tras la crisis?
R. No sé si la crisis va a terminar, sabemos que las economías no obedecen a movimientos racionales, hay movimientos de pasión o locura que desafían todos los pronósticos, tal vez desaparecerá en 2015 o tal vez nunca, tal vez nos quedemos ahí durante una década.
Todorov ha dedicado una vida a analizar todo esto en ensayos aún vigentes como El nuevo desorden mundial (2003), El miedo a los bárbaros (2008) o Los enemigos íntimos de la democracia (2012) pero ahora se centra en otra forma de acercarse al pensamiento. La pintura de la ilustración (Galaxia Gutenberg) bucea en el arte en busca de ideas. Tal vez ahí encuentre las soluciones que el presente, por el momento, no le ofrece.

martes, 19 de agosto de 2014

PRENSA. "Los valores de la Resistencia". Tzvetan Todorov

Tzvetan Todorov

   En "El País":

Los valores de la Resistencia

Cuatro grandes figuras de la Segunda Guerra Mundial entran en el Panteón de Francia. Una de ellas, Germaine Tillion, escribió: “Lo único eterno (o casi) es la pobre carne sufriente del ser humano”

El presidente francés ha decidido trasladar al Panteón las cenizas de cuatro figuras que se distinguieron durante la Segunda Guerra Mundial: tres resistentes —Germaine Tillion, Geneviève Anthonioz de Gaulle y Pierre Brossolette— y un político, Jean Zay, ministro del Frente Popular, diputado, encarcelado por el Gobierno de Vichy y asesinado en 1944 por milicianos franceses. No son los únicos héroes de aquella época, pero todos ellos encarnan las principales virtudes del combatiente: patriotismo, valor, resistencia, firmeza frente a la adversidad. Dos de ellos son mujeres, un dato excepcional para el Panteón y que es destacable además ya que, mientras que los dos hombres murieron en la guerra, ellas dos sobrevivieron hasta una edad avanzada. En parte debido a su sexo, porque, en lugar de fusilarlas de inmediato, las deportaron a campos en los que ejercieron una actividad solidaria de la que da fe Germaine Tillion: “Los hilos de la amistad parecían a menudo sumergidos bajo la brutalidad desnuda del egoísmo, pero todo el campo estaba unido por un tejido invisible”.
Es necesario subrayar que no estamos solo ante cuatro heroicos luchadores contra la invasión alemana, sino que encarnan asimismo otros valores relacionados con un espíritu de resistencia en el amplio sentido, más allá de sus valerosas acciones de entonces. Un ejemplo es la figura que sobrevivió a los otros tres, puesto que murió, centenaria, en 2008: Germaine Tillion.
La joven etnóloga se incorpora a la Resistencia en junio de 1940, recién vuelta de sus estudios de campo en Argelia. Su única motivación es el patriotismo. Sin embargo, en un texto que escribe para la prensa clandestina, deja claro que la causa de la patria merece arriesgar la vida, pero no sin condiciones: “No queremos sacrificar la verdad, porque nuestra patria solo puede ser digna de ser amada si no debemos sacrificar la verdad por ella”.
En ese mismo texto, Tillion reivindica otra virtud que no siempre se asocia con la idea de la Resistencia. “Pensamos que la alegría y el humor constituyen un clima intelectual más propicio que el énfasis lacrimógeno. Tenemos intención de reír y bromear, y creemos tener el derecho a hacerlo”. Dos años después, ya deportada, tiene oportunidad de poner a prueba su principio. Para subir la moral y transmitir informaciones esenciales a los demás presos, compone una opereta-revista que narra su existencia en tono humorístico. Un naturalista estudia una nueva especie animal cuyos representantes le expresan sus quejas con arreglo al repertorio musical de la época: melodías de opereta, números de cabaret, canciones populares. Ese humor es uno de los valores de la Resistencia.

Reclamaron la alegría y el humor como un clima intelectual mejor que el énfasis lacrimógeno
Ante la miseria del campo y el orden riguroso que imponen sus guardianes, la etnóloga no olvida los principios de su oficio: observa, reúne toda la información, elabora esquemas que permiten comprender la situación de los presos. Y se lo explica a ellos de una manera que, a su vez, les ayuda a sobrevivir. A la resistencia física se une una resistencia intelectual que, según Geneviève Anthonioz de Gaulle, que llega meses después al mismo campo, no es un conocimiento seco, sino “siempre acompañado por la compasión e inevitablemente orientado hacia la acción”. En estos días, pues, entra en el Panteón esa nueva forma de practicar las ciencias humanas.
Gracias a ello, a la amistad y a la suerte, las dos salen vivas del campo en 1945. Y les esperan nuevas pruebas. Un día, un tribunal alemán convoca a las dos amigas para que testifiquen en favor de una antigua guardiana de Ravensbrück, injustamente acusada por otra presa. Escribe Geneviève: “A mí me molestó. No había vuelto a Alemania y además tenía un hijo recién nacido. Tú me dijiste: ‘Si queremos seguir diciendo la verdad, tenemos que hacerlo también cuando nos cueste’. Por eso fui”.
La guerra ha terminado pero las luchas continúan. En 1948, Tillion se entera del llamamiento de otro antiguo resistente y deportado, David Rousset, a luchar contra los campos que todavía existen, sobre todo en los países comunistas de Europa y Asia. Tillion se suma al llamamiento y participa activamente en las investigaciones de Rousset. A los valores de la Resistencia se suma el combate contra los totalitarismos.
En 1954 comienza una nueva guerra, la de Argelia. Tillion, que había estudiado el país como etnóloga, va allí y comprueba el nuevo empobrecimiento que azota a los campesinos locales. Le recuerda la miseria que se vivía en el campo de concentración. Intenta aliviarla, con la esperanza de eliminar así una de las razones de la guerra. Para ello crea una red de centros sociales en los que todos, niños y niñas, menores y adultos, reciben una educación elemental que les permita adaptarse a las nuevas condiciones de vida. Es el mismo propósito que poco después empuja a Geneviève Anthonioz a incorporarse a la organización ATD Quart Monde, para combatir la pobreza en los barrios bajos de las ciudades francesas.

Después de luchar contra la invasión alemana se enfrentaron al horror de los totalitarismos
Pero en Argelia el remedio llega demasiado tarde. La guerra se intensifica y se vuelve cada vez más cruel. Los antiguos resistentes y los miembros de las fuerzas francesas libres están en primera línea, a la cabeza del ejército francés. Ante las prácticas impuestas por esta guerra de nuevo tipo, en especial la tortura, los excombatientes asumen distintas posturas. Unos —Massu, Bigeard, Aussaresses— quieren defender la patria mejor que en 1940 y no rechazan ningún medio. Otros, los menos —el general de Bollardière, el antiguo resistente Paul Teitgen— se desvinculan de esas prácticas y las denuncian públicamente.
Tillion ve sometida a dura prueba su lealtad. No puede traicionar a la patria, pero tampoco renunciar a su adhesión a la verdad y la justicia. No se reconoce ni en los defensores incondicionales de la Argelia francesa ni en los portadores de maletas del FLN. Solo le queda una salida muy estrecha, la de salvar vidas individuales, impedir ejecuciones, rescatar a personas que sufren torturas, pero también tratar de interrumpir los ciegos atentados cometidos por los insurgentes contra los civiles. Muchas veces fracasa, en ocasiones lo logra, pero el resultado no es ninguna tontería: cientos de personas le deben la vida. Tillion sigue resistiendo, esta vez no contra un invasor extranjero sino contra la barbarie que se apodera tanto de los nuestros como de los adversarios. A través de ella, la población de las antiguas colonias y el debate anticolonialista entran también en el Panteón.
Con la llegada de la paz, Tillion no se permite el bien merecido descanso. Por un lado, continúa y profundiza sus trabajos científicos sobre la situación de las mujeres en la cuenca mediterránea (Le harem et les cousins) y escribe sus grandes libros sobre los campos de concentración (Ravensbrück) y la guerra de Argelia (Les ennemis complémentaires). Por otro, sigue interviniendo, en la medida de sus posibilidades, cada vez que ve atacados los valores de la Resistencia. Lucha para humanizar la vida en las prisiones, denuncia las prácticas esclavistas aún existentes en algunos países, sin olvidar la deriva que sigue la tortura en su propio país, y proclama los derechos de quienes no tienen un techo ni pueden comer a diario.
Con Germaine Tillion, entra en el Panteón alguien que declara: “Creo de todo corazón que la justicia y la verdad son mucho más importantes que cualquier interés político”. Y también: “No puedo dejar de pensar que las patrias, los partidos y las causas sagradas no son eternos. Lo único eterno (o casi) es la pobre carne sufriente del ser humano”.
Tzvetan Todorov es semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

lunes, 27 de enero de 2014

PRENSA. "El ejemplo de Mandela". Tzvetan Todorov

Tzvetan Todorov

   En "El País":

El ejemplo de Mandela

Comprendió que una causa noble no legitima unos métodos innobles, que la guerra tiene su propia lógica que empuja a golpear por golpear y que desemboca en que los combatientes acaben pareciéndose

 18 ENE 2014

Los trabajos de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación hechos en Sudáfrica suscitaron un coro de opiniones favorables e incluso muestras de admiración en los países occidentales. Sin embargo, ninguno de esos Gobiernos ha tratado de modificar su propio sistema judicial para mezclar una dosis de justicia restaurativa, el principio que reivindicaba la Comisión, con la justicia punitiva que constituye la base de su sistema legal. La muerte de Mandela ha desencadenado una avalancha de homenajes de los jefes de Estado de todo el mundo. Pero resulta dudoso que pongan en práctica los preceptos que dejó en herencia el político sudafricano.
Lo que distinguía a Mandela de otros opositores al régimen del apartheid no fue su intransigencia frente a un sistema político basado en la desigualdad entre los habitantes del país, ni la duración y la determinación de su compromiso. Lo que situó su trayectoria en otro nivel y, podemos decirlo en retrospectiva, garantizó su éxito fue una extraordinaria combinación de sentido político y virtud moral. Varios datos de su biografía lo atestiguan.
Mandela y sus camaradas combatientes son condenados en 1964 a cadena perpetua, una pena que cumplen en la prisión de Robben Island. En el país se sigue reprimiendo violentamente toda forma de protesta. A mediados de los años setenta, se aprueba una nueva ley que provoca manifestaciones en las calles de Soweto, una ley que obliga a utilizar en la escuela el afrikaans, la lengua de los que mandan. Las manifestaciones se reprimen con un baño de sangre, hay centenares de muertos, miles de heridos, decenas de miles de condenados.
Desde su prisión, Mandela envía un mensaje de solidaridad con las víctimas. Al mismo tiempo, en las escasas horas libres que le deja el régimen penitenciario de trabajos forzados, se consagra a una actividad sorprendente: empieza a aprender afrikaans y lee libros sobre la historia y la cultura de la población blanca que habla esa lengua. Además, empieza a comportarse con sus guardianes de una manera que contrasta con el de otros presos y, en lugar de manifestarles su hostilidad y encerrarse en el rechazo a cualquier contacto con esos representantes del odiado régimen, intenta comunicarse con ellos.

Renunció a la violencia cuando pensó que iba a poder conseguir lo mismo con otros medios
Con esos gestos pretende reconocer, no la humanidad de las víctimas, que nunca se ha puesto en duda, sino la del enemigo, al que trata de comprender y ver como el enemigo se ve a sí mismo. Mandela descubre que las actitudes arrogantes de los guardianes y sus jefes, más que de su sentimiento de superioridad, proceden del miedo a perder sus privilegios y a sufrir la venganza de los que han vivido oprimidos. Entonces declara: el afrikáner es tan africano como sus prisioneros negros.
El segundo momento decisivo se produce unos 10 años más tarde. Entre tanto, la situación internacional ha cambiado, se aproxima el final de la guerra fría, el peligro comunista ha dejado de ser una amenaza creíble y Sudáfrica se ha granjeado el oprobio de los países occidentales. Los gobernantes sudafricanos han comprendido que la evolución del régimen es inevitable y que necesitan a un interlocutor que represente a la población negra. Los presos han sido trasladados a otra cárcel, en tierra firme. En 1988, después de un tratamiento médico por tuberculosis, separan a Mandela de los demás y vuelven a trasladarlo.
Sus camaradas protestan porque creen que se trata de una medida intimidatoria. Mandela, no solo acepta su nueva situación, sino que se alegra de ella, porque le permite actuar de forma individual, sin sufrir la presión de los demás. Ha descubierto que el individuo aislado siempre es menos radical que el grupo, porque no necesita estar pendiente de las miradas de los otros ni se ve obligado a entregarse a una especie de competición, y, al mismo tiempo, ha comprendido que, en la batalla que se avecina, las relaciones personales van a contar. No se distancia de su partido, el Congreso Nacional Africano (ANC), pero se libera de su vigilancia.
A principios de 1989, el primer ministro sudafricano Pieter Botha, partidario estricto del apartheid, sufre un derrame cerebral y siente que sus días están contados. Ya ha estado en contacto con Mandela por escrito: en 1985 le propuso la libertad a cambio de que el ANC renunciara a la violencia, pero Mandela lo rechazó, porque no excluye la violencia por principio, como Gandhi, igual que tampoco la sacraliza. Renuncia a ella cuando piensa que va a poder conseguir lo mismo con otros medios.

La virtud moral del líder sudafricano no admite el abismo entre las palabras y los hechos de Estados Unidos
En julio de 1989, Botha invita a Mandela a tomar el té en su casa. Su visitante contará más tarde que lo que más le impresiona no son las palabras intercambiadas sino dos gestos minúsculos. Botha le tiende la mano nada más verle, y luego es él mismo quien sirve el té. Mandela descubre que no tiene ante sí a la encarnación del apartheid, sino a una persona. El trabajo en colaboración y la conversación son actos políticos. Y Mandela decide no imponerse por la fuerza, sino buscar una situación que sea aceptable para las dos partes. Resume su postura en dos puntos complementarios: otorgar los mismos derechos a todos (es decir, abolir el apartheid) y no castigar de forma colectiva a la minoría blanca.
Merece la pena recordar un último episodio: en octubre de 1992, un grupo de antiguos presos del ANC, sospechosos de haber colaborado con el poder blanco, denuncian las condiciones en las que están detenidos por sus camaradas. Mandela corta de raíz las negativas con las que pretenden excusarse los responsables y declara: “Durante la mayor parte de los años ochenta, la tortura, los malos tratos y las humillaciones fueron moneda corriente en los campos del ANC”. Ha comprendido que una causa noble no legitima unos métodos innobles, que la guerra tiene su propia lógica que empuja a golpear por golpear y que desemboca en que los combatientes acaben pareciéndose. Esa conclusión es la que hace que, después de su triunfo electoral, Mandela fomente la vía de la justicia restaurativa en detrimento de la justicia punitiva.
En el bello discurso que pronunció en el funeral de Mandela, Barack Obama dijo que todo hombre de Estado debía hacerse esta pregunta: “¿He aplicado bien sus enseñanzas a mi propia vida?”. Obama destacó que la lucha contra el racismo ha proporcionado algunas victorias también en Estados Unidos, pero que la guerra contra la pobreza y las desigualdades y en favor de la justicia social se encuentra todavía con sólidos obstáculos. Sin embargo, Obama no dijo ni una palabra de los combates que su país sigue librando con las armas y que también evocan los comienzos de Mandela.
¿Pueden afirmar que se inspiran en su ejemplo y su negativa a excluir al enemigo de una humanidad común cuando los sucesivos Gobiernos estadounidenses deciden encerrar a sus enemigos, reales o supuestos, en campos de prisioneros como el de Guantánamo, enviar aviones no tripulados a países remotos para atacar tanto a sospechosos y culpables como a las personas que, por casualidad, se encuentran a su alrededor, vigilar mediante escuchas a la población de su propio país y a los responsables políticos y económicos de los países aliados? La virtud moral de Mandela no permite la existencia de un abismo semejante entre las palabras y los hechos.
Tzvetan Todorov es semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

martes, 23 de octubre de 2012

PRENSA CULTURAL. "Comprender el mal". Tzvetan Todorov

Tzevetan Todorov

   En "El País":

Comprender el mal

No se puede prescindir de la empatía para entender las razones oscuras de nuestros actos

 21 OCT 2012 

Gitta Sereny, fallecida en junio de 2012 a los 91 años, fue una de las más importantes periodistas del siglo XX, autora de varios libros extraordinarios que tratan de desentrañar una pregunta fundamental y obsesiva: ¿de dónde nacen el odio, la violencia, el crimen? Si suponemos, como ella, que esos comportamientos son la encarnación del mal y que, por otra parte, no existen dos subespecies humanas, la de los monstruos y la de los normales, ¿cómo explicar que se cometan esos actos destructivos? Sereny pensaba que era posible comprender incluso los crímenes más atroces reconstruyendo la vida de su autor, sus relaciones y contactos con otras personas a su alrededor, las circunstancias en las que se había encontrado: su identidad no era más que su historia. Y quien desee impedir que se repitan los crímenes debe intentar comprenderlos.
Sereny nace en Viena en 1921, en una familia de artistas; estudia en Inglaterra y en 1938 se instala en París, con el sueño de ser actriz. Al estallar la guerra, empieza a trabajar para una organización caritativa que se ocupa de los niños abandonados y de los fugitivos. En 1941 tiene que huir, consigue atravesar la frontera española y se embarca rumbo a Estados Unidos. Cuando vuelve a Europa, a comienzos de 1945, empieza a trabajar para la UNRRA, la Administración de Naciones Unidas para el Auxilio y la Rehabilitación, el organismo de la ONU encargado de ayudar a los refugiados de guerra y las personas desplazadas. Los dos años siguientes van a decidir su vocación.

Se calcula que los nazis llegaron a robar 200.000 niños en Polonia
La envían a la Alemania ocupada por los ejércitos occidentales, con la misión de ocuparse de los niños arrancados de sus lugares de origen. Entonces descubre un crimen insospechado. Al día siguiente de la ocupación de Polonia, las autoridades alemanas habían empezado a fijarse en los niños de aspecto “ario” (rubios y con ojos azules), a secuestrarlos y llevárselos a Alemania, donde los más próximos al modelo racial eran adoptados por familias y los otros estaban destinados a convertirse en trabajadores esclavos. Se calcula que los “niños robados” de Polonia fueron 200.000, a los que hay que añadir otros capturados en Ucrania y otros lugares. El crimen exigía una reparación, ¿pero cuál? Los niños habían sufrido un primer choque cuando, con tres, cuatro o cinco años, les habían separado de sus padres, su lengua y su país; al acabar la guerra, cuando tienen 8, 9 o 10 años, vuelven a arrancarlos de sus familias adoptivas, en las que habían estado rodeados de amor, para devolverlos a un país que no conocen, con adultos de los que no se acuerdan y donde se habla una lengua que no entienden. La situación se complica aún más por motivos políticos: en la situación de guerra fría que ha sucedido a la guerra real, ¿no sería mejor para los niños enviarlos al paraíso occidental que al infierno comunista? ¿No les convendría más una tercera familia, transatlántica? No es de extrañar que algunos de esos niños después desarrollen comportamientos asociales y tendencias violentas.
Después de dos años, Sereny deja la UNRRA; a partir de entonces, consagrará su vida a intentar comprender dos fenómenos colosales: la violencia que desembocó en los crímenes nazis y la violencia cometida contra los niños y, a veces, también por ellos. Empieza a trabajar como periodista, se instala en Londres y escribe su primer trabajo de investigación sobre Mary Bell, una niña de 11 años que en 1968, con ayuda de una cómplice, mata a dos niños de tres y cuatro años. El crimen conmociona a Inglaterra: ¿cómo es posible cometer un acto tan odioso? Sereny pone en práctica su método: interroga a todas las personas involucradas y reúne una información exhaustiva (The Case of Mary Bell, 1972). Veinticinco años más tarde, cuando Mary ya haya salido de la cárcel y esté viviendo bajo una identidad nueva, volverá a entrevistar a la joven convertida en adulta para ahondar en el examen de unos actos y unas circunstancias aparentemente vulgares que transformaron a una niña en asesina. De ahí sale lo que hoy es una obra de referencia sobre la criminalidad infantil (Cries Unheard, 1998).

¿A qué conclusión debemos llegar sobre la naturaleza de la humanidad?
Esa misma necesidad de descubrir las fuentes del mal empuja a Sereny en otra dirección. En 1970 entra en contacto con Franz Stangl, el antiguo responsable de Treblinka, el mayor campo alemán de exterminio. Stangl está condenado a cadena perpetua, pero acepta responder a las preguntas de la periodista. Cuando llevan poco más de 70 horas de entrevistas, Stangl fallece; Sereny prosigue su investigación preguntando a sus familiares, allegados y víctimas supervivientes. El resultado es un libro excepcional (Desde aquella oscuridad: conversaciones con el verdugo Franz Stangl, comandante de Treblinka, 2009), que permite abordar este enigma: ¿cómo es posible que una persona normal pueda cometer un crimen semejante? Y, si no le excluimos del género humano, como hacía él con sus víctimas, ¿a qué conclusión debemos llegar sobre la naturaleza de la humanidad?
Años después, Sereny reanuda su búsqueda con un libro sobre Albert Speer (Albert Speer, su batalla con la verdad, 2006), el arquitecto y ministro favorito de Hitler, un hombre de mente brillante, situado al otro extremo de la cadena de exterminio, al que somete a un interrogatorio preciso con el que establece su complicidad. Una tercera obra, El trauma alemán (2004), reúne el resto de sus investigaciones sobre los crímenes nazis y añade un comentario autobiográfico.
Algunos se han preguntado si Sereny no se acercó demasiado a los sujetos que aparecen en sus libros, Mary Bell, Stangl, Speer, si no los “humanizaba” demasiado. Desde luego, no los excluía del círculo de la humanidad y, al escucharles y transcribir sus palabras, construyó un marco común que les englobaba a ellos y a nosotros. Quienes adoptan la fórmula del miembro de las SS con el que se cruza Primo Levi en Auschwitz, “Aquí no hay un porqué”, corren el riesgo de no saber apreciar sus libros. Para juzgar y condenar a los individuos, la empatía no es indispensable y puede ser incluso molesta. Pero no podemos prescindir de ella si el objetivo de nuestra investigación es comprender las razones oscuras de nuestros actos, por odiosos que sean.
Tzvetan Todorov es semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

lunes, 26 de marzo de 2012

PRENSA. "La mecánica del genocidio", por Tzvetan Todorov

Tzevetan Todorov
   En "El País":
La mecánica del genocidio
   El régimen político más inhumano es el que decide qué es lo que le conviene al individuo y se lo impone a todos.

Tzvetan Todorov 25 MAR 2012
 
   Las grandes matanzas del siglo XX han suscitado un enorme volumen de publicaciones en las que se relatan historias individuales, en su inmensa mayoría las de las víctimas y los supervivientes. Los libros como Desde aquella oscuridad, en el que la periodista Gitta Sereny refleja sus entrevistas detalladas con Franz Stangl, el antiguo responsable de Treblinka, son excepción. Y todavía más infrecuente, e incluso imposible, es encontrar documentales que nos muestren a los autores de esos crímenes de masas comprometidos con la búsqueda de la verdad. Pero su interés salta a la vista. Oír hablar a las víctimas es desgarrador, provoca emoción y compasión, pero no nos enseña nada: las víctimas no son las responsables de esos hechos, sino quienes han sufrido, impotentes, la voluntad de otros. Si queremos comprender los desastres pasados, condición previa indispensable para cualquier intento de impedir que se repitan, lo que debemos hacer es acudir a quienes cometieron esos actos: ¿por qué hicieron esas cosas? ¿Cuál es el mecanismo que engendra el horror? ¿Cómo puede convertirse un hombre corriente en un verdugo de masas? Por desgracia, los individuos que podrían hacerse estas preguntas y buscar respuesta sin hacer concesiones son escasos; en su mayoría, no se consideran culpables en absoluto y concentran sus esfuerzos en buscarse excusas.
   En 2009 se celebró en la capital de Camboya un proceso al régimen de los jmeres rojos por los crímenes cometidos durante su periodo en el poder. En el banquillo de los acusados, una sola persona de apellido Duch, antiguo director de un centro de torturas y exterminio, denominado S 21. El juicio, el primero de su tipo en aquel país, fue excepcional, entre otras cosas, por el hecho de que los archivos del centro están perfectamente conservados y, por tanto, permiten reconstituir de forma minuciosa su funcionamiento. Pero fue extraordinario también por la personalidad del procesado, que en ningún momento trató de eludir sus responsabilidades, sino que se reconoció culpable de un crimen abominable del que dijo arrepentirse amargamente y, a continuación, se comprometió a cooperar activamente con el tribunal.
   A todos estos elementos, ya sustanciosos, se añade otro más muy positivo: el juicio originó varios libros de gran calidad, redactados por testigos que aclaran diversos aspectos de él, y, cosa aún menos frecuente, un documental sobre Duch. Su director, Rithy Panh, con el deseo de comprender más que conmover, se sumerge en el espíritu del verdugo y tiene el valor, o la prudencia, de no enmarcar el discurso de su personaje en el suyo de autor, sino de enfrentar directamente al espectador con el hombre que confiesa y analiza sus crímenes. El resultado es sobrecogedor.
   Estos libros y este film permiten, ante todo, reconstruir el contexto en el que actuaban los jmeres rojos, una guerra civil (1970-1975) que causó 600.000 muertes, un país que padecía los bombardeos estadounidenses (cayeron en él casi cuatro veces más bombas que sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial), el ansia de libertad y justicia que engendró toda aquella violencia. Los testimonios relatan el proceso inexorable que se inició con la victoria de los comunistas en 1975 y prosiguió hasta 1979. La represión tuvo tres fases. Al principio, ejecutaron a todos los antiguos enemigos, pero también a los “desviados”: locos, discapacitados, leprosos. A continuación, expulsaron de las ciudades a todos los que no pertenecían a las nuevas clases privilegiadas de obreros y campesinos, es decir, los enseñantes, empleados, comerciantes, propietarios, y los enviaron a cavar canales y construir diques, con el argumento de que, para merecer formar parte del pueblo, necesitaban reeducarse. Un año después comenzó la tercera fase, la persecución de los “enemigos interiores”, una purga permanente que afectó a los propios revolucionarios y acabó con todos los sospechosos en prisiones especiales, como la que dirigía Duch, en las que los torturaban para que revelasen los nombres de sus “cómplices” y luego los ejecutaban. La vida de un enemigo no valía nada, y tampoco las de las personas más próximas a él: esposa, hijos, padres, amigos, colegas. Los presos eran “bolsas de sangre”: les sacaban toda la que tenían -con lo que morían de inmediato- y les practicaban una vivisección “para estudiar su anatomía”. Se calcula que el número de víctimas de aquellos cuatro años asciende a 1.700.000, aproximadamente el 20% de la población.
   Antes de asumir su compromiso político, Duch era un personaje corriente, atento a los demás, aplicado en su trabajo, inteligente. Durante su periodo de jmer rojo, cometió crímenes extraordinarios y supervisó las torturas y ejecuciones de al menos 12.500 personas. Su paso de una cosa a otra se explica, más que por su pasado personal, por su relación con la historia colectiva: en este caso, no se trata de un monstruo individual. La fuerza que impulsó el régimen fue la ideología comunista llevada al paroxismo y sostenida por el ejército, que no se ha visto sometido a ningún proceso porque el tribunal solo juzga a individuos. Los dirigentes de los jmeres rojos se remitían a Marx, Lenin y Mao, a los comunistas franceses, país en el que varios de ellos habían estudiado. El objetivo era crear un hombre nuevo y una sociedad nueva, de manera que había que comenzar por destruir todo lo que existía. Privar a la persona de su familia, su casa, su profesión, incluso darle un nombre nuevo. La alternativa que se ofrecía a la población era adoptar la nueva fe con entusiasmo o someterse a ella por miedo al sufrimiento. La presión era tal que nadie podía superarla. Pero las reacciones fueron distintas: unos se negaron (y aceptaron morir), mientras que otros se sometieron (y aceptaron matar). En varias cárceles especiales, como la que dirigía Duch, se torturaba a los “sospechosos” para que revelasen los nombres de sus “cómplices” y luego se les ejecutaba de forma sistemática. Las “confesiones” extraídas a las víctimas permitían mantener la ficción de las conspiraciones, que debían servir para explicar los fallos económicos y justificar la dictadura, convertida en un fin en sí misma.
   ¿Cuál es el régimen político más inhumano?, se pregunta Rithy Panh, y responde: el que decide qué es lo que le conviene al individuo y se lo impone a todos.
 
   Tzvetan Todorov es semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa.
   Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

viernes, 8 de julio de 2011

PRENSA. 8 julio 2011

   En "El País".

1. Paranoias caras. Columna de Juan José Millás.

2. Del 11-M al 15-M. Artículo de José Manuel Fajardo, escritor; es autor de la novela El converso. La movilización contra la guerra en Irak y la indignación ciudadana ante las mentiras del PP tras los atentados de 2004 fueron precursoras del actual estallido social contra la sumisión del PSOE a los mercados.

3. El sucesor del Papa. Artículo de Paolo Flores d'Arcais, filósofo y editor de la revista 'MicroMega'. Traducción de Carlos Gumpert.

4. La guerra en Libia, tres meses después. Artículo de Tzvetan Todorov, semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa. Traducción de Juan Ramón Azaola.

martes, 7 de diciembre de 2010

PRENSA. 7 diciembre 2010

En "El País":

1. Gran Hermano. Columna de Rosa Montero sobre las revelaciones de Wikileaks.

2. Google lanza su librería digital. Por Ramón Muñoz. La nueva tienda ofrece un catálogo con más de tres millones de libros.

3. Fuerte y flojo. David Trueba sobre Wikileaks.

4. La alegría de los Vargas Llosa derrite Estocolmo. Por Juan Cruz. El escritor inicia su cita más importante celebrando junto a su familia la mayor satisfacción literaria de su vida.

5. Calle de Ulan Bator. Por Enrique Vila-Matas.

6. A un paso de la biblioteca de Babel. Reportaje de Daniel Salgado. El incierto futuro de la institución pasa necesariamente por la conexión mundial en red - Los expertos creen que los recintos de consulta de libros sobrevivirán pese al avance de lo digital. Todo el saber en el bolsillo. Análisis de Glòria Pérez-Salmerón, directora de la Biblioteca Nacional de España.

7.  El derecho a la información diplomática. Por Helen Darbishire, directora ejecutiva de Access Info Europe; y Pam Bartlett Quintanilla, coordinadora de la Campaña de las 100 Preguntas, de la misma organización.

8. Un viaje a Argentina. Artículo de Tzvetan Todorov, semiólogo, filósofo e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa. Traducción de José Luis Sánchez-Silva. Una sociedad necesita conocer la Historia, no solo tener memoria. En el caso argentino, un terrorismo revolucionario precedió al terrorismo de Estado de los militares, y no se puede comprender el uno sin el otro.

domingo, 10 de octubre de 2010

PRENSA (2). 10 octubre 2010

En suplementos de "El País":

1. El noble republicano. Por Juan Cruz. Las memorias de Pablo de Azcárate eliminan las sombras con que la Guerra Civil y la posguerra mancharon la figura de Juan Negrín, ex jefe del Gobierno de la II República.

2. Cómo no mirarla. Por Elvira Lindo.

3. Cuando Galicia estuvo a punto de ser otra Sicilia. Reportaje. El escritor Manuel Rivas explora en este texto, realizado en exclusiva para 'El País Semanal', los años en los que las redes del contrabando, reconvertidas al narcotráfico, estuvieron a punto de cambiarlo todo en Galicia. Su nueva novela, ‘Todo es silencio’, retrata cómo afectó esta lacra al tejido social, las instituciones y a la vida de las personas.

4. El poder de la disciplina. Reportaje de psicología. Por Miriam Subirana. Aprender a tener un método sin sentirlo como un castigo nos ayudará a conseguir los objetivos que nos marquemos. Utilizarlo será la mejor herramienta para una vida plena.

5. "La UE ha quedado moralmente contaminada por la expulsión de los inmigrantes".Entrevista. Por Jesús Ruiz Mantilla.La experiencia comunista del pensador y premio 'Príncipe de Asturias' Tzvetan Todorov le sirve para divisar las secuelas totalitarias en democracia. Son varias: xenofobia, limitación de poderes y falta de pluralismo.

6. Alérgicos al arrepentimiento. Por Javier Marías.

7. Pakistán después del diluvio. Reportaje de Ángeles Espinosa. Las inundaciones provocaron hace dos meses una de las peores catástrofes de su historia: 1.752 muertos, 21 millones de damnificados, casas, ganado y cultivos arrasados. Ahora el país se prepara para vivir lo peor de la tragedia. Una oportunidad para cambiar o el último empujón hacia el caos.

jueves, 14 de mayo de 2009

PRENSA. 14 mayo 2009

En "El País".

1. Los torturadores voluntarios de Bush. Los documentos elaborados por el anterior Gobierno de EE UU son manuales detallados del suplicio y de su autojustificación legal, moral y política. Sus eufemismos no pueden evitar el espanto que provoca leerlos. Artículo de Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

2. Diversión y magia en La Croisette. 'Up', filme animado en 3-D, abre el certamen con el aroma de las ocasiones únicas. Crónica del 62º Festival de Cine de Cannes.

En "El Día de Córdoba":
3. "Decir que Boabdil es tan español como Isabel de Castilla aún molesta". Entrevista a Márquez Villanueva, uno de los cervantistas más prestigiosos del mundo. Su lectura de 'El Quijote' ilumina el drama de la expulsión de los moriscos, eje del congreso que ayer arrancó en Granada.