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sábado, 19 de octubre de 2013

PRENSA CULTURAL. Novela de Kirmen Uribe sobre los 'niños de la guerra'

El escritor Kirmen Uribe, en Gante. Viajó a la ciudad flamenca tras el rastro de los niños de la guerra. / CONNY BEYREUTHER | AKG IMAGES ("El país")

   En "El País":

Un héroe como nosotros

Las buenas historias pueden llegar sin más, con suerte. Así le ha ocurrido a Kirmen Uribe, que relata cómo ha llegado a novelar el exilio de los ‘niños de la guerra’

La primera pista llegó en Colombia. La segunda, al conocer a la hija de una familia belga que acogió a una pequeña española

 22 MAR 2013

Recuerdo una cena en casa del escritor Héctor Abad Faciolince en Medellín el verano de 2011. Había invitado a varios poetas que participábamos en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, entre otros al escritor holandés Cees Nooteboom y a un joven poeta colombiano, Giovanny Gómez. Recuerdo que Héctor le quería mostrar a Giovanny un ejemplar del poemario Spoon river anthology firmado por el propio autor, Edgar Lee Masters, que había adquirido hace poco en un viaje a Nueva York. “Lo hallé en la librería de viejo Strand, en el tercer piso, donde están los ejemplares más raros”. Buscaba y rebuscaba en su casa repleta de estanterías, pero no encontraba el libro de Lee Masters. “Mira”, le dijo desesperado Héctor al joven poeta, “si das con él, te lo regalaré”. Giovanny aceptó el reto y se puso manos a la obra mientras los demás nos entreteníamos comiendo y charlando sobre literatura y sobre todos los males que aquejan al mundo. Al cabo de un rato le oímos decir: “¡Aquí está!”. El poeta había hallado el libro deseado. Como no podía ser de otra manera, Héctor cumplió su palabra y se lo regaló.
Hay veces en que las buenas historias te vienen sin más, hay ocasiones en que la suerte acompaña al novelista y no hay que hurgar demasiado para dar con una de ellas. Es lo que me pasó a mí en Colombia. De aquel mismo viaje en el que Giovanny Gómez halló aquel ejemplar tan maravilloso del Spoon river yo me volví a casa con una historia increíble, la historia que contaría en mi nueva novela.

El escritor Robert Mussche cambió de vida al acoger a la niña vasca. Se comprometió más con la sociedad y los derechos humanos
Todo ocurrió, otra vez, por una sucesión de casualidades. Unos días después de aquella cena en Medellín llevé a cabo un recital acompañado del tiplista colombiano Oriol Caro (autor de la banda sonora de la película Los colores de la montaña) en un pequeño teatro de Bogotá. Al finalizar el acto, un señor de mediana edad vino a felicitarnos a los camerinos. Llevaba un teléfono móvil en su mano. “Es mi padre. Le quiere saludar”, me dijo. Se trataba de Paulino Gómez Basterra, niño de la guerra del 36, hijo de Paulino Gómez Saiz, ministro de Gobernación de la República. Salió de Bilbao siendo un chaval y nunca volvió. Estudió arquitectura e hizo carrera en Colombia. Al día siguiente lo visité en su despacho. Me enseñó toda la documentación que conservaba sobre los niños de la guerra y me contó su propia historia. “Tienes que escribir una novela sobre los niños, hay muy poca ficción sobre esto, tan solo testimonios directos de lo que pasó”. Cuando nos despedimos le pregunté: “¿Crees que tus padres hicieron lo correcto al dejaros ir solos al extranjero?”. Se quedó pensativo. Luego afirmó con vehemencia. “No había otro remedio”.
Al volver a Medellín le conté al periodista Julio Flor, el cual había viajado a Colombia a cubrir el festival, mi encuentro con Paulino. Le confesé que siempre me había interesado la historia de aquellos miles de niños que abandonaron el país durante la guerra, que era algo que hacía falta narrar y que nunca deberíamos olvidar, pero que me parecía muy difícil de contar sin caer en el paternalismo. “Ya, los niños y los animales son muy difíciles de llevar a la ficción”, afirmó pensativo. Tras lo que apuntó: “Deberías conocer a Carmen Mussche, de Gante. Ella te ayudará a dar con el punto de vista adecuado”.
No habían pasado ni cuatro meses y ya me encontraba en Bélgica en casa de Carmen Mussche. Carmen era hija de Robert Mussche, escritor y traductor flamenco. Había acogido en su casa a uno de los 19.000 niños que salieron entre mayo y junio de 1937 de Bilbao rumbo a varios países europeos. Se trataba de Carmen Cundín Gil, una niña de Portugalete. Conocer a la niña cambió la vida del escritor, que optó por posturas cada vez más comprometidas con la sociedad y los derechos humanos. Viajó como reportero al frente del Este en la Guerra Civil; presenció in situ el bombardeo de Granollers; conoció, entre otros, a Hemingway y Malraux, se alistó en la resistencia contra los nazis al estallar la Segunda Guerra Mundial y fue capturado y deportado al campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Cuando lo detuvieron, estaba traduciendo 0, de Federico García Lorca, al neerlandés. Robert se casó y tuvo una sola hija biológica, a la que llamó Carmen, en recuerdo de aquella niña que vino de Bilbao.


Uribe se adentró en la historia de Carmen Cundín Gil, que posa junto a sus abuelos adoptivos, y del hombre que la acogió. /AMSAB-INSTITUTE OF SOCIAL HISTORY-COLLECTION CARMEN MUSSCHE
Visité a Carmen Mussche varias veces en su casa de Lochristi, en las afueras de Gante. Me acuerdo que la primera vez que estuve allí me llamó la atención una frase que tenían escrita en latín en una pequeña pizarra para niños, justo a la entrada de la casa: “Non vobis, sed vos” (No lo que tienes, sino lo que eres). Así, en un gesto de gran generosidad, Carmen me mostró todo lo que conservaba de su padre: libros, cartas, escritos y objetos personales. Su madre, Vic, había guardado todo en cajas de cartón durante años. Ella sacó todo el material de las cajas y poco a poco reconstruyó la biblioteca original de su padre, compuesta por miles de ejemplares en diferentes lenguas. Reconstruyó no solo la biblioteca, sino también la propia memoria de su padre, un padre que desapareció cuando ella tan solo tenía tres años y nunca volvió a aparecer. Ella me enseñó todo aquel material y me confesó lo siguiente: “Ha habido mucha gente, periodistas, escritores, que han querido conocerme para que les contase la historia de mi padre, pero nunca me he decidido. No obstante, ahora es diferente. Él acogió en su casa a una niña vasca, y ahora un escritor vasco acoge a mi padre en un libro suyo. Es como si se cerrase el círculo”. La última vez que nos despedimos me dijo: “No quiero que escribas una biografía, prefiero que hagas ficción, una novela. Las biografías no tienen vida; las novelas, en cambio, sí”.
Tenía razón Julio Flor. Carmen me ofreció el punto de vista que necesitaba para contar la historia de los niños de la guerra. Narraría la visión del otro, el sentimiento del que acoge. ¿Quién estaba ayudando a aquellos niños?, ¿quiénes serían sus nuevos padres?, ¿cuál sería su verdadera casa, la de procedencia o la de acogida? Más que el trasfondo bélico, me interesaban los personajes. La relación que tenía Robert con la niña; con su mujer, Vic, y su mejor amigo, el escritor Johan Daisne, uno de los escritores más conocidos y traducidos de la literatura flamenca. Quería contar la historia de un héroe, pero de un héroe menor, frágil, anónimo, de esos que vemos por la calle todos días. La historia de una persona que, sencillamente, ayudaba a otras personas.
Aproveché la invitación del centro de arte Headlands de Sausalito (California), para una residencia de dos meses, para concentrarme y ponerme a escribir allí la novela. Recopilé toda la documentación relativa a la historia de Robert, libros sobre la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración, me rodeé de mis autores fetiche, como W. C. Sebald, Antonio Tabucchi o Primo Levi, rellené grandes mapas de ideas y comencé a escribir la novela. Como banda sonora me acompañaría la música de las Bagatelles de Glenn Gould. Compuse la novela escuchando las versiones que tan magistralmente hizo Gould de los clásicos. Cuando le preguntaron por qué los interpretaba de aquella manera tan personal, él contestó. “Hago diferentes lecturas de las partituras clásicas para mostrar que no hay una sola lectura de la realidad”. Aquella afirmación de Gould me ayudó en mi proceso creativo. Efectivamente, la realidad posibilita diferentes lecturas, y yo mismo estaba haciendo ficción basándome en la vida de unas personas reales. Unos personajes que cada vez se parecían más a lo que yo imaginaba que a lo que tal vez fueron en realidad. Escribiendo ficción pura mi imaginación no hubiera sido más libre.
Headlands Center for the Arts se encuentra en lo que antes era una base militar estadounidense. La base fue construida en 1904 y se desmanteló al finalizar la guerra fría. Como muestra de aquel pasado bélico, todavía se conservaba una planta lanzamisiles de aquella época. Los misiles habían sido desprovistos de la cabeza nuclear, y, cada fin de semana, voluntarios antimilitaristas hacían de guías para enseñarlos, era su modo de reivindicar que todo aquello no volviera a suceder. Ahora mismo, la base es un gran parque natural frente al océano Pacífico, y sus instalaciones han sido recicladas para acoger un centro de arte, un museo y diferentes locales para organizaciones sin ánimo de lucro. Los artistas vivíamos en pequeñas casas de madera para oficiales. Nuestras residencias estaban rodeadas de altos eucaliptos que cubrían sus tejados. Habían sido plantados allí después del ataque a Pearl Harbor. Hacían de parapetos ante una eventual ofensiva de la aviación japonesa. Hoy día, aquellos árboles eran el lugar preferido de juego de los mapaches.
Compartíamos el mismo techo varios escritores y un músico neoyorquino, Jeremy Novak. Jeremy, gran conversador, me dijo una vez mientras desayunábamos: “Se nota que eres europeo”. Le pregunté el porqué. “Siempre vas a la misma tienda a comprar, a la misma pequeña tienda”. Yo no me había dado cuenta, pero era verdad. Me gustaba comprar en una pequeña tienda de ultramarinos regentada por unos mexicanos. Eran muy amables y me hablaban en castellano. Sabían de todo, sobre todo de fútbol, y por eso aprovechaba para charlar con ellos de la gran temporada que estaba haciendo mi equipo, el Athletic de Bilbao, en Europa. Conocían a todos los jugadores casi mejor que yo. También compartía casa con Erica Lorraine Scheidt, miembro del grupo 628 Valencia, grupo de escritores liderados por Dave Eggers que organiza talleres de escritura en San Francisco para adolescentes en riesgo de exclusión. Hablábamos a menudo de literatura. Cuando le conté mi idea de novela, me aconsejó: “Escribe rápido, escribe breve”.

Mi padre acogió a una niña vasca, y ahora un escritor vasco acoge a mi padre en un libro suyo. El círculo se cierra” 
Carmen Mussche
Así lo hice. Empecé a escribir la novela en marzo, y en mayo ya tenía el primer borrador. Una de las coordinadoras del centro, Holly Blake, se me reía. “Vamos a poner una placa en tu habitación. Tienes el récord de número de páginas escritas por un residente aquí”. Sabía que al volver a casa me tocaba reescribir lo allí escrito, ir frase a frase, palabra a palabra. Volver a escribir la novela dos, tres, cuatro, cinco veces, porque muchas veces la diferencia entre una buena novela y una mala es la reescritura. Tener la paciencia necesaria para esperar a que cuaje por completo, que no haya ninguna grieta, que todas las piezas estén en su lugar. Aun así, estaba satisfecho con haber escrito el primer borrador en tan poco tiempo.
Antes de volver a Bilbao desde Estados Unidos paré unos días en Nueva York. Almorcé con Antonio Muñoz Molina en un restaurante vietnamita de University Place. Le conté la historia de Robert Mussche y el proceso de escritura en Sausalito. Él sonrió y me dijo: “Es muy ilustrativo que hayas escrito la historia tan rápido. Ya verás, lo notará el lector. Dará unidad y emoción a la novela. De todas maneras, es curioso cómo surgen las historias. Cada historia sale a su debido tiempo. Uno puede estar rondando una novela por años, un germen de novela que uno puede pensar hasta que es fallida. Y al final, en una cafetería o en un viaje en automóvil, aparece la idea que le da sentido. Entonces comienzas a escribirla y notas que empieza a fluir todo con naturalidad”.
Me despedí de Muñoz Molina y me dirigí a la librería Strand. Subí al tercer piso a ver si encontraba algún maravilloso libro autografiado, como aquel Spoon river que compró Héctor Abad Faciolince. Desgraciadamente no hallé ninguno que mereciera la pena. Bueno, no importa. Tampoco hay que abusar de la suerte. Yo ya tenía mi historia, la historia de todos nosotros.
‘Lo que mueve el mundo’, la nueva novela de Kirmen Uribe, está editada en Seix Barral.

viernes, 16 de marzo de 2012

POESÍA. "Malos espíritus", de Kirmen Uribe (Ondárroa, 1970)

Kirmen Uribe

Malos espíritus

Me acuerdo de la abuela de mi madre.
Ella sabía de las almas errantes.
Observando por la mañana las cenizas de la chimenea,
distinguía si esa noche habían visitado la casa
los espíritus malvados o los bienhechores.

Una noche, al volver del baile,
mi madre y sus hermanas la encontraron ante la casa.
Les ordenó que no entraran,
camisón y vela en mano,
porque dentro andaba algún mal espíritu.

Esta mañana, entre las sábanas,
he notado tu olor.
Es el rastro de tu visita.

No sé si tu alma era de las buenas o de las malas.
Por eso, reptiendo cuidadosamente los viejos ritos,
he vuelto a poner la música que oímos ayer,
y me he metido en la cama lentamente.
He estrechado las sábanas contra mi cuerpo, acariciando mi piel,
y he recordado, uno tras otro,
todos los movimientos de ayer noche.

He sabido de tu alma.
Sin ninguna duda, es de las malas.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).

jueves, 15 de marzo de 2012

POESÍA. "El río", de Kirmen Uribe (Ondárroa, 1970)

Kirmen Uribe

El río

En otro tiempo hubo un río aquí,
donde ahora hay bancos y losetas.
Hay más de una docena de ríos bajo la ciudad,
si hacemos caso a los más viejos.
Ahora es sólo una plaza en un barrio obrero.
Y tres chopos son la única señal
de que el río sigue ahí abajo.

En cada uno de nosotros hay un río oculto
a punto de desbordarse.
Si no son los miedos, es el arrepentimiento.
Si no son las dudas, la impotencia.

Un viento del Oeste azota los chopos.
La gente avanza a duras penas.
Desde el cuarto piso una mujer mayor
está tirando ropa por la ventana:
tira una camisa negra y una falda de cuadros
y un pañuelo de seda amarillo y unas medias
y aquellos zapatos que llevaba
el día de invierno que llegó del pueblo.
Unos zapatos de charol, blancos y negros.
Sus pies parecían avefrías heladas en la nieve.
Los niños echan a correr tras la ropa.
Al final, ha sacado su vestido de boda,
se ha posado sobre un chopo, torpemente,
como si fuera un pájaro grande.

Se oye un ruido. Se asustan los traseúntes.
El viento ha arrancado de cuajo uno de los chopos.
Las raíces del árbol parecen la mano de una mujer mayor,
que espera que cuanto antes otra mano la acaricie.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).

miércoles, 14 de marzo de 2012

POESÍA. "Isla", de Kirmen Uribe (Ondárroa, 1970)

Kirmen Uribe

Isla
               La felicidad.
                                Ese trabajador por horas.
                                                           Anne Sexton

Es domingo en la playa para la gente de buena voluntad.
Desde la isla se oye un rumor lejano.

Vamos al agua desnudos.
Anémonas, salmonetes, erizos.
Mira, el mar mueve la arena
como el viento mueve el trigo.
Bajo el agua te veo.
Me gusta el lento movimiento de brazos y piernas.
Me gusta tu pubis convertido en alga.

Salimos del agua. Hace calor. Hay sombra entre pinos.
Tus brazos están salados, tu pecho salado, tu vientre.
La misma fuerza que une mar y luna nos ha unido.
Los segundos se confunden con los siglos
y los siglos con los segundos.
Nuestros cuerpos son peras recién peladas.

Anémonas, salmonetes, erizos.
Es domingo en la playa para la gente de buena voluntad.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).

martes, 13 de marzo de 2012

POESÍA. "Mayo", de Kirmen Uribe (Ondárroa, 1970)

Kirmen Uribe

Mayo
         Déjame mirarte a los ojos.
                     Quiero saber cómo estás.
                                             Rainer W. Fassbinder

Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
Los abedules blancos de la rivera.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

lunes, 12 de marzo de 2012

POESÍA. "Manzanas", de Kirmen Uribe (Ondárroa, Vizcaya, 1970)

Kirmen Uribe

Manzanas

Homero utilizaba una sola palabra
para nombrar el cuerpo y la piel.
Safo se dormía sobre los pechos de sus amigas.
Etxepare* soñaba con mujeres desnudas.

Hace tiempo que todos callaron.

Hoy parece que hemos de ser perfectos también en la cama,
como esas manzanas rojas del supermercado,
demasiado perfectas.
Nos pedimos demasiado,
y casi nunca sucede lo que esperamos
de nosotros mismos, del otro o de la otra.
Las leyes son distintas al enredarse los cuerpos.

Homero utilizaba una sola palabra
para nombrar el cuerpo y la piel.
Safo se dormía sobre los pechos de sus amigas.
Etxepare soñaba con mujeres desnudas.

Aún me acuerdo del tiempo
en que pasábamos la noche en vela, abrazados,
como cachorros de tigre.

   (* Beñat Etxepare. Poeta y clérigo anterior a la contrarreforma, autor del primer libro impreso en euskera, Lingua Vasconum Primitiae, en 1545.)

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

viernes, 9 de marzo de 2012

POESÍA. "Tecnología", de Kirmen Uribe (Ondárroa, Vizcaya, 1970)

Kirmen Uribe

Tecnología

Mi abuelo no sabía leer, tampoco
sabía escribir. Sin embargo, era conocido
por las historias que contaba. Él encendía,
rodeado de críos, las fogatas de San Juan.

La caligrafía de mi padre era inclinada, elegante.
Tejía el papel con precisión,
como si esculpiera sobre la pizarra.
Todavía tengo la postal que envió desde la mili:

"Yo bien, tú bien,
mándame cien".

Nosotros mandamos
mensajes electrónicos.

Es cierto: en tres generaciones hemos recorrido
un largo trecho en la historia de la escritura.

De todas formas, las preocupaciones, los miedos
son los mismos de siempre, y lo seguirán siendo:

"Yo bien, tú bien..."

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

jueves, 8 de marzo de 2012

POESÍA. "El extraño", de Kirmen Uribe (Ondárroa, Vizcaya, 1970)

Kirmen Uribe

El extraño

No sé cuándo empezó, no lo sé.
Hace un mes que me di cuenta, y
desde entonces sucedió cada noche.

Tomé todas las precauciones necesarias:
dejar el coche en el sitio seguro de costumbre,
asegurarme de haber cerrado bien las puertas. En vano.

Al día siguiente lo hallaría abierto.
Al principio decidí aparcar
por otros barrios. En vano.

Lo encontraba abierto. Al parecer,
alguien solía dormir dentro.
Y yo sentía su olor cuando iba a trabajar.

Luego pensé que si no hacía otra cosa que dormir,
no era tan grave. Al fin y al cabo,
no se llevaba el coche. Es más,

me resultaba agradable aquel perfume lejano.
Me preguntaba por su origen,
por el color de su piel, ¿sería negra o del color de la miel?

Una vez le dejé una flor. La recogió.
Al día siguiente le dejé un mensaje.
En vano. Desde entonces, no ha vuelto a aparecer.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

miércoles, 7 de marzo de 2012

POESÍA. "No se puede decir", de Kirmen Uribe (Ondárroa, Vizcaya, 1970)

Kirmen Uribe

No se puede decir

Ni Libertad, ni Igualdad, ni Fraternidad.
No se pueden decir.
Ni árbol ni río ni corazón.
La ley antigua ha sido olvidada.

Una riada se ha llevado los puentes entre las palabras y las cosas.
No se puede llamar muerte a lo que el tirano llama una decisión.
No se pueden decir cuando alguien nos falta,
cuando el recuerdo más pequeño nos desangra.

La lengua es imperfecta, los signos se han desgastado
como las viejas muelas de molino, de tanto girar. Por eso,

No se puede decir Amor, no se puede decir Belleza,
Solidaridad, no se puede.
Ni árbol ni río ni corazón.
La ley antigua ha sido olvidada.

Sin embargo, si me dices "mi amor",
siento un escalofrío,
sea verdad o mentira.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

martes, 6 de marzo de 2012

POESÍA. "Cuaderno de viaje: Buthan", de Kirmen Uribe (Ondárroa, Vizcaya, 1970)

Kirmen Uribe

Cuaderno de viaje: Bhutan

Los turistas llegan agotados al refugio.
Ha sido duro el largo camino entre montañas.
El señor de la casa les prepara una cena caliente.
En la ventana, la luna y las blancas cumbres del Himalaya.

Uno de los turistas le dice a otro:
"Quizá todavía no sepan
ni que el hombre ha estado en la Luna".
Y cuenta la conquista al señor de la casa.

Se queda pensativo el bhutanés. Pero
su gesto no expresa sorpresa ni admiración.

Y replica, humilde, frunciendo el entrecejo:
"¿Y cuántos sherpas necesitaron
para llevar el agua hasta allá arriba?".

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

lunes, 5 de marzo de 2012

POESÍA. "El murciélago", de Kirmen Uribe (Ondárroa, Vizcaya, 1970)

Kirmen Uribe

El murciélago

Tengo un murciélago en el vientre.
Ha nacido de tu agua retenida, como las salamandras.
Duerme entre las paredes rojas de mi interior,
y noto cómo va engordando cada día.
Se despierta por las noches,
cuando se me oscurecen los pensamientos.
Y vuela y gira y chilla.

Puedo mover los brazos,
puedo mover las piernas,
pero no puedo controlar los músculos de mi vientre.
Mi cerebro no es capaz de desalojar al murciélago.

En una habitación blanca
me han vaciado las entrañas con un aspirador.
Ahora soy una estatua de bronce en el parque,
vacía por completo y quieta.
Estoy más tranquila
y lloro.

©Uribe, Kirmen. Mientras tanto dame la mano (Visor, 2002).
©Traducción: Ana Arregi, Gerardo Markuleta y Kirmen Uribe

viernes, 11 de junio de 2010

VÍDEO. "Babelia". Kirmen Uribe habla de su personaje literario favorito

Kirmen Uribe
En "elpais.com".

W.MANRIQUE / P. CASADO / L. ALMODÓVAR / Á. R. DE LA RÚA 10-06-2010
"Los cronopios son esos personajes desastrosos, urbanitas desadaptados a quienes todo les sale mal, inventados por Cortázar. Mi mujer dice que soy un cronopio; nunca me acuerdo de las personas, me tropiezo con las cosas...", reconoce Kirmen Uribe en este vídeo de la serie ¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado ser? Una galería de testimonios que ha creado Babelia y su blog Papeles Perdidos dentro de la programación especial y propia con motivo de la cobertura de la 69ª Feria del Libro de Madrid (del 28 de mayo al 13 de junio).

VÍDEO

sábado, 8 de agosto de 2009

PRENSA. LECTURA. "La cinta", relato de Kirmen Uribe

En "El País", este relato del escritor Kirmen Uribe: LA CINTA:

Una imagen, un sonido, un olor. El detalle más nimio puede despertar la memoria y llevarnos diez, quince, incluso veinte años atrás. Y es entonces cuando aflora el sentimiento de culpa por algo que hicimos en aquella época. Eso fue lo que me ocurrió cuando entré en aquella tienda y oí la canción. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo: era la canción que escuchaba cada noche cuando era niño.
Yo no tendría más de diez años cuando todo pasó. Calculo ahora que sería el año 78 o, como mucho, el 79. Sufría de pesadillas. Cada noche soñaba con vampiros y fantasmas y me levantaba sobresaltado. Mi madre tenía que venir de su cuarto y se acostaba junto a mí, hasta que yo conciliaba el sueño. Recuerdo que en una visita rutinaria al médico mi madre le preguntó si lo de las pesadillas era normal. El médico dijo que sí, que era habitual en el proceso de crecimiento de cualquier chaval. "Lo que pasa es que tu hijo tiene demasiada imaginación", dijo riéndose.
Yo, en mi fuero interno, trataba de adivinar qué era lo que me creaba aquellas terribles pesadillas. Pudiera ser que viera en la televisión alguna película de terror, pero aquello ocurría contadas veces mientras las pesadillas las tenía casi cada noche. Después de darle muchas vueltas, al final di con el culpable de la situación.
En mi habitación dormíamos tres hermanos. Había una litera y una cama nido. En la cama nido dormía mi hermano mayor, y en la litera de arriba mi segundo hermano. La cuarta cama era para cuando venía mi tío de la mar. Recuerdo que yo prefería dormir en la litera de arriba, así estaría más a resguardo de los monstruos de debajo de la cama, pero mi hermano siempre se negó. Como yo era el más pequeño, no tuve más remedio que quedarme con la peor cama.
Mi hermano mayor solía dormir con un pequeño radiocasete. Su cinta favorita era la de un acordeonista que tocaba canciones patrióticas vascas. No sé si era por las canciones o por el sonido del acordeón pero yo odiaba aquella cinta. Y es que cada vez que me dormía con el sonido de aquel acordeonista tenía pesadillas. Yo se lo dije a mi hermano, le rogué que cambiara de cinta. Sin embargo, él me respondía que no, que aquellas canciones habían estado prohibidas durante mucho tiempo y era el momento de escucharlas.
Harto de ser siempre el último de la fila, de tener que obedecer una y otra vez a mis hermanos mayores, hice algo que ahora me llena de culpa. Un sábado, cuando mis hermanos estaban fuera de casa, saqué la cinta del magnetofón y la escondí. La escondí en el lugar más recóndito. Era la cinta o yo.
Mi hermano se enfureció muchísimo cuando no encontró la cinta en su lugar habitual. Primero le preguntó a mi madre si la había visto. Después se metió con mi otro hermano. Le acusaba de robarle la cinta, por envidia. Yo podía haber salido al rescate de mi hermano mediano, pero callé. No en vano me había dejado sin la litera de arriba. Por fortuna, mi hermano mayor nunca sospechó de mí. Cómo iba a sospechar de un mocoso de ocho años.
Nunca más tuve pesadillas.

Kirmen Uribe es el autor de la novela Bilbao-New York-Bilbao, Premio Nacional de la Crítica 2009 en euskera.