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miércoles, 18 de septiembre de 2013

PRENSA. "Guerrillas en el patio de colegio". Eugenio Fuentes

Eugenio Fuentes

   En "El País":

Guerrillas en el patio de colegio

El acoso escolar se ve ahora amplificado por las redes de la tecnología

 17 SEP 2013

En todos los patios de colegio han existido siempre los matones. En ninguno ha faltado el truhán que, amparado en su corpulencia o en su falta de escrúpulos, acosaba al compañero más vulnerable, le inventaba un apodo o ingeniaba una broma pesada con que humillarlo. Su diversión favorita, más que los deportes o los juegos, era encontrar una víctima propiciatoria sobre quien lanzar sus burlas y ejercer su despotismo, a quien poner la zancadilla o arrinconar para quitarle el bocadillo o el dinero bajo amenazas y chantajes.
Por las noticias que siguen apareciendo a diario en la prensa —en España y fuera de España—, la situación no ha variado mucho. Cualquier excusa es buena para el acoso: que alguien use gafas o lleve aparato en los dientes, que sufra acné o calce un número muy grande de zapatos. Pero sobre todo se ejerce sobre quien tiene algún defecto físico o es diferente al grupo, sobre el chico o la chica gordito o flaco, sobre el torpe deportivamente, sobre el homosexual o sobre quien tiene otro acento al hablar u otro tono de piel.
El acoso es tan viejo, tan conocido, y es tan nítido su significado que no resulta necesario aplicarle el neologismo bullying. Y aunque se trate de un asunto de niños, no es un problema pequeño ni para tomar a broma: el miedo y la angustia también caminan en pantalón corto.
El matón es un tipo que pretende aumentar su valoración en el Dow-Jones escolar subiéndose sobre los hombros de aquellos a quienes quiere convertir en bonos basura. Pero, con todo, su principal arma no está en sus músculos ni en su crueldad, sino en su pertenencia a un grupo que en esas ocasiones se convierte en manada. En el patio del colegio o en las redes sociales, los componentes de la grey empujan todos a la vez al que está solo para defenderse contra todos ellos, dejándose arrastrar por ese instinto atávico de hostigar a quien no pertenece a la tribu.
Al verse amparado por un coro de cómplices que participan de sus guasas y aplauden sus agresiones, el matón, además, se siente impune, convencido de que la culpa se diluirá en el grupo si se exigen responsabilidades, algo que no siempre resulta fácil, puesto que en muchos episodios no hay un ataque físico ni una agresión que pueda calificarse de delito, sino que es la víctima la que, en el peor de los casos, se hace daño a sí misma.

Todo poder libre de control tiende a la tiranía y por eso hay que frenarlo en la primeras edades como garantía de convivencia
Frente a ellos tiembla la figura del acosado: el chico o la chica que, mientras todos sus compañeros están deseando que terminen las clases para salir al patio, teme que empiece el recreo, porque esos minutos que debían ser de descanso son un periodo de ansiedad y de pánico. Para él, el patio es un patíbulo. Mientras los otros juegan, gritan y saltan satisfechos, él aspira a esconderse en su camisa y pasar desapercibido, anónimo, a que nadie se fije en sus andares, porque cualquier cosa que haga es un detonante para las cargas de caballería: si saca buenas notas, porque despierta la envidia de los acosadores; si suspende, porque es tildado de torpe. Si viste de marca, porque es una pija; si viste de trapillo, porque es unachoni. En una situación así, su fracaso escolar está servido, pues no sabe de qué sirve ir al colegio si solo es para recibir humillaciones.
El acoso escolar se ha agravado y ha adquirido una nueva dimensión con las nuevas tecnologías, tanto que la propia comunidad europea se ha alarmado ante su crecimiento. La tecnología tiene muchas, inmensas ventajas, pero también se convierte en una pesadilla tenebrosa cuando su eficacia y su inmenso poder son aplicados al mal. Un día la víctima es aquel chico tímido que no hablaba; otro, se arroja a un precipicio una muchacha, con una carta en el bolsillo donde da cuenta de su desesperación; guardamos por ella un minuto de silencio, pero la olvidamos pronto, sin pensar que mañana podría ser cualquier familiar o conocido que llevamos al costado.
Con las nuevas tecnologías, el ciberacoso ya no se limita al patio del instituto; también penetra en la intimidad de las habitaciones de los adolescentes, donde antes hallaban un refugio inexpugnable y se sentían protegidos. Tampoco se reduce al horario escolar, se prolonga todo el tiempo: al acostarse, el acosado apaga la pantalla del ordenador donde se lee la última burla y al despertarse comprueba angustiado que todavía sigue allí.
En el fondo, solo hay dos tipos de personas: las que sienten una indomable inclinación hacia el poder y el dominio, hacia el ordeno y mando, y las que solo aspiran a que las dejen en paz. Todo poder libre de control tiende hacia la tiranía y por eso son imprescindibles las leyes que lo frenen y lo regulen. Y esta tensión, como un anticipo de las que se producirán en la edad adulta, se contempla a diario en los patios de colegios e institutos, pero ahora gravemente amplificada por las redes de la tecnología. Que se aprenda a evitarlas en las primeras edades es una garantía de convivencia para el futuro.
Eugenio Fuentes es escritor. Su última novela es Si mañana muero (Tusquets Editores).

miércoles, 6 de febrero de 2013

PRENSA. "Una ventana indiscreta en cadas bolsillo". Reportaje

Jóvenes estudiantes de instituto conectados a las redes sociales. / CONSUELO BAUTISTA (EL PAÍS)

   En "El País":

Una ventana indiscreta en cada bolsillo

El ser humano, en tanto que social, se interesa por la vida de los otros

Alarma por el uso de aplicaciones de chismorreos entre adolescentes

El impacto emocional fascina en las redes sociales

 4 FEB 2013

“Nos hemos convertido en una raza de mirones. Lo que deberíamos hacer es mirar para dentro”, soltaba Thelma Ritter a James Stewart en La ventana indiscreta, una película donde Alfred Hitchcock plasmaba magistralmente la atracción por la vida de los otros. La curiosidad y el cotilleo son algo inherente al ser humano y en muchos casos puede resultar inocuo, pero también tiene sus riesgos si lleva a humillar a otras personas, sea conscientemente o no. Un extremo que preocupa especialmente cuando los protagonistas son menores.
Estos últimos días se han disparado las alarmas en centros educativos catalanes, a raíz de la aparición en las redes sociales de dos nuevas herramientas de cotilleo —las páginas informer y la aplicación para móviles Gossip—, que han llevado al límite el simple chismorreo. Se han extendido rápidamente entre institutos y universidades catalanas, convirtiéndose en una potencial arma que puede disparar los casos por ciberacoso. Los Mossos d’Esquadra han recibido, en las últimas tres semanas, seis denuncias por insultos y vejaciones relacionadas con estas aplicaciones.
“Desde el primer día sabíamos que la aplicación tendría éxito porque a la gente le gusta hablar del otro”, reconoce Ignacio Espada, de la empresa barcelonesa Crows & Dogs, creadora de Gossip (cotilleo, en inglés). La aplicación se lanzó el pasado 10 diciembre y desde entonces ya sobrepasa los 32.000 usuarios. La aplicación se organiza basándose en salas temáticas de todo tipo de ámbitos, desde un barrio a un programa de televisión, pero las alertas han saltado por la especial expansión que ha tenido el programa entre los institutos, ya que con un nombre falso o un perfil anónimo los menores pueden hacer comentarios libremente sobre sus compañeros de clase. Eso sí, con cierto límite, ya que el programa tiene un filtro de palabras prohibidas.
Las páginas informer también se están reproduciendo como setas entre los estudiantes. La primera nació en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) el 15 de enero y ya tiene 13.000 seguidores. Actualmente, muchos campus españoles y el 20% de los institutos catalanes tienen su informer. Karina Sassi, estudiante de Derecho de la UAB y creadora, junto a tres amigas, de la de este campus defiende que estas páginas sirven también como medio de expresión para personas tímidas. “El anonimato permite liberarte”, dice. De hecho, Sassi explica que esta fue la semilla que sirvió para crear la página. “Estábamos en la biblioteca y a una amiga le gustaba un chico. Entonces empezamos a pensar cómo podríamos contar este tipo de cosas sin tapujos. Y decidimos abrir una página en Facebook”, comenta.
La estudiante asegura que en su informer predominan los mensajes de amor, también de sexo. “¡Estamos en la universidad!”, apostilla, pero también información de becas o de trámites. Las creadoras de la página han tenido que afanarse mucho para revisar todos los comentarios de los usuarios antes de publicarlos. Así quieren evitar correr la suerte que han corrido otros informers, que han sido cerrados por los Mossos pocos días después de ser creados por el bajo tono de los comentarios.
¿Cómo se explica el éxito de estas aplicaciones? La respuesta está en un comportamiento tan antiguo como el ser humano: la curiosidad y el cotilleo. “Somos seres sociales y es lógico que nos interese cómo viven la vida los demás. En algunos casos es preocupación, en otros, información”, explica Juan Carlos Revilla, profesor de Psicología Social de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). “Somos cotillas porque nuestra identidad como personas está conectada a nuestra red social. Y estas se construyen compartiendo emociones. Si te pasa algo impactante, una gran alegría o un disgusto, tenemos una tendencia natural a explicarlo. A ello hay que sumar fascinación por hablar de sentimientos. Cuanto más impacto emocional, más éxito tiene en crear una fascinación por quien escucha”, abunda Guillem Feixas, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB).
Pero el cotilleo también ejerce una función de autocontrol. “La transmisión de lo que hace la gente, hace una función de control social, de reprobación de malas conductas. Como sabemos que pueden contar cosas negativas sobre nosotros, somos más precavidos en nuestra conducta y así evitamos poner en entredicho nuestro buen nombre”, tercia Revilla.
El hábito de cotillear ha existido siempre, pero se ha ido adaptando a los tiempos y a las nuevas tecnologías. Si hace no muchos años los chismorreos no salían de los pequeños círculos familiares o de los pueblos, el fenómeno se magnificó con la televisión e Internet. “Desde Gran Hermano, queremos saber todo de todos y todos nos convertimos en un Gran Hermano. Con las redes sociales esto va a más. Puedes quedar a cenar con una amiga y al cabo de cinco minutos lo sabe todo el mundo. Todo es un Gran Hermano”, comenta la periodista Rosa Villacastín.
En las escuelas el cotilleo sobre compañeros y profesores también es antiguo, aunque cambian los soportes. “La antigua pintada en la pared de los servicios se convierte en un post en Facebook. El acto es el mismo, pero el daño es potencialmente mucho mayor”, reflexiona Leonardo Cervera, especialista en menores e Internet. “Antes, los alumnos se escribían papelitos y se los pasaban en clase. Ahora queda publicado en un lugar público. La crueldad es la misma, no ha cambiado con el tiempo, pero ahora se pone más en evidencia y los niños están más expuestos”, añade Anabel Ponce, profesora en el instituto Torre del Palau de Terrassa (Barcelona).

“Sabía que Gossip triunfaría. A la gente le gusta cotillear”, afirma su creador
En este centro se creó un informer, pero apenas duró 24 horas. Los comentarios saltaron enseguida al terreno de las humillaciones y su director lo denunció a los Mossos. “Las cosas escritas en la página se podían haber dicho de otra forma y tenía que haber habido más control”, reconoce Noelia Ortiz, estudiante de cuarto de ESO. Noelia y otros compañeros censuran los insultos, pero reconocen que seguían el informer porque leer comentarios sobre profesores “da morbo”. “Es pura curiosidad y ver si los demás piensan lo mismo que tú de los profesores”, comenta Amira Ayouch, de segundo de ESO. “También lo miras para ver si hablan de ti”, añade Toni López, que está en primero de Bachillerato.
Pero ¿el cotilleo es malo? El creador de Gossip lo tiene claro. “Los cotilleos no son malos, lo malo es el uso que se les da y los comentarios que hace la gente para hacer daño a otros”. Todos los expertos consultados rechazan que las habladurías lleven asociada una connotación negativa y apuntan que la clave está en la intención de la persona que lanza el chismorreo.
Trazar la frontera entre el cotilleo inocente y el ofensivo no es fácil. Hay un mínimo común compartido por todos los expertos que Leonardo Cervera llama la regla de la abuelita. “Yo pido a los chavales que antes de publicar cualquier cosa en Internet se pregunten si creen que su abuela aprobaría lo que piensan publicar en la Red. Si la respuesta es negativa, lo más seguro es que no deberían hacerlo”, explica el escritor desde Bruselas. Pero no todas las personas tienen el mismo grado de tolerancia ante según qué comentarios. “Es difícil poner la frontera, no todos aceptan un comentario igual, pero también depende de cómo te lo digan y quién te lo diga”, apunta el profesor Revilla.
El mundo del chismorreo también tiene sus reglas, no todo vale. “El cotilleo es un arma de doble filo, hay que hacerlo con cuidado y no se puede decir cualquier cosa. Si de forma sistemática se difunden bulos o se hacen comentarios denigrantes, también queda en entredicho el autor del cotilleo”, aclara el profesor de la UCM. Pero estas reglas no escritas saltan por los aires cuando se trata de comentarios amparados por la capa del anonimato. “Es un problema porque entonces se puede decir cualquier cosa con impunidad”, añade.
Precisamente, el bulo y el anonimato son aliados peligrosos que en herramientas como Gossip y los informers se pueden combinar creando una fórmula explosiva especialmente dañina para los jóvenes. A pesar de esto, Ignacio Espada defiende que en toda la polémica creada estos días alrededor de su programa lo que no se debe hacer es matar al mensajero. “Nosotros hemos fabricado el papel, tú eres responsable si escribes una carta de amor o amenaza de muerte”, contesta.
¿Es posible proteger a los menores de los cotilleos y las vejaciones? Todos los expertos coinciden en apuntar que esto es una misión imposible porque los chismorreos siempre han existido y siempre existirán. El problema es que lo que antes era un fenómeno localizado (como las pintadas en los lavabos), ha pasado a compartirse a través de Internet y a ser visible para todos, con lo que la humillación es mucho mayor. Por este motivo, los entendidos apuntan que hace falta incidir en dos aspectos esenciales: evitar que estos comentarios se lleguen a producir y, en el caso de que se produzcan, dotar a los jóvenes de armas y recursos para minimizar su impacto psicológico.

“Si tienes una gran alegría o un disgusto, necesitas explicarlo”, dice un experto
Para controlar los cotilleos, algunas voces apuntan que se debería retrasar el máximo tiempo posible el hecho de que los adolescentes lleven en el bolsillo móviles con conexión a Internet. “¿Por qué los padres regalan a los hijos un smartphone? Para que no moleste. Es como cuando pedían unas deportivas. Los padres quieren que su hijo sea su vivo reflejo, así que no puede parecer pobre. Por eso le compran cosas caras. Pero unas Nike no tienen el mismo peligro que un teléfono”, razona Espada.
Otras voces, en cambio, consideran que prohibir no es la solución, y menos cuando se trata de herramientas tecnológicas. Es preferible enseñarles a usarlas bien. “Como no se trata de parar un avance tecnológico (que por otra parte es imparable), lo que hay que hacer es informar y concienciar, sobre todo a los más jóvenes, sobre las consecuencias de sus actos en Internet. Y en esto tienen idéntica responsabilidad las Administraciones públicas como las familias. Hay que pedirles que extremen el cuidado, como cuando les pedimos que miren a ambos lados al cruzar la calle o se pongan el casco cuando van en moto”, asegura Cervera. Juan Carlos Revilla también se muestra partidario de que los adolescentes tengan móvil, aunque reconoce que el control paterno a veces tiene sus dificultades. “La tecnología va muy rápida y los padres tardan en conocer la existencia de estos programas”.
También es conveniente el refuerzo psicológico. “Hay que educar a los niños que en el fondo las palabras se las lleva el viento y que aunque quede publicado, tiene una vida efímera”, apuesta el cocreador de Gossip.
Que las familias controlen las actividades de sus hijos es importante, especialmente porque cuando se hace uso de estas aplicaciones es mayoritariamente fuera de la escuela. Pero esto no es suficiente, señalan los expertos. “Cuando los chicos llegan a casa y ponen la televisión, ¿qué se encuentran? Programas de cotilleo. Es el modelo que tenemos”, incide Juan Alberto Estallo, psicólogo del Parc Salut Mar y experto en psicopatología de la tecnología. Guillem Feixas también reclama a los padres responsabilidad en su conducta y pone un símil cristalino: “¿Cómo hacemos que los niños lean libros si los padres no leen ni tienen ningún libro en casa?”.

miércoles, 30 de enero de 2013

PRENSA. "Las aplicaciones de cotilleo disparan las denuncias por ciberacoso".

Unas adolescentes de un centro de Barcelona consultan sus móviles. RICARD CUGAT

   En "El País":

Las aplicaciones de cotilleo disparan las denuncias por ciberacoso

Herramientas como los ‘informer’ o Gossip preocupan por los insultos anónimos

Cataluña activa un protocolo para escuelas y familias

 /  Barcelona 25 ENE 2013

“A. O. te la chupa de puntillas si quieres”. “Se rumorea que en primero de bachillerato hay tres homosexuales”. Mensajes como estos los envían menores por la Red a través de nuevas aplicaciones, como Gossip, o de páginas conocidas como informer, que se están extendiendo como la pólvora desde hace un mes entre los institutos y universidades y que han hecho saltar las alarmas en Cataluña, donde han proliferado más. Son textos que fácilmente caen en los insultos y las humillaciones, por el anonimato que protege a sus autores. “Algunos incluso han acabado en peleas”, relata Eric Cruces, alumno de 2º de ESO de la Escuela Pía de Barcelona.
El uso, o más bien el mal uso, de las nuevas herramientas de cotilleo cibernético están disparando las alarmas. Las escuelas, la policía y la Generalitat de Cataluña han activado protocolos de actuación ante el aumento de injurias y vejaciones contra alumnos y profesores. Solo esta semana, los Mossos d'Esquadra dicen que han recibido varias denuncias.
La más reciente de estas nuevas formas de chismorreo es una página de Facebook bautizada como informer. El primero ha nacido este 2013. Fue el de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y desde entonces muchos campus e institutos han copiado la iniciativa. Este nuevo fenómeno social ya ha cruzado España, pero es en Cataluña donde más ha calado. Si la página de la UAB contaba ayer con casi 13.000 seguidores, la de Salamanca se quedaba en apenas 730 y la de la Autónoma de Madrid no llegaba a los 200.
Enric (prefiere no dar su apellido) y tres amigas crearon informer.cat, una web que pretende aglutinar a todos los informers de las universidades catalanas. Asegura que la idea inicial era hacer que “la gente se lo pasara bien”, pero admite que se les “ha ido de las manos”. “La gente es morbosa y prefiere el cotilleo”.

El 20% de institutos catalanes tiene páginas anónimas de chismorreos
Gossip (que en inglés significa cotilleo) tiene también poco tiempo de vida. Se lanzó el pasado 10 diciembre y ayer tenía más de 32.000 usuarios. De momento, la aplicación solo existe para iPhone e iPad, y funciona por salas temáticas (hay más de 800) creadas por los usuarios. “Hay salas sobre escuelas, equipos de fútbol, programas de televisión... También hay muchos barrios, como Lavapiés”, explica Ignacio Espada, cofundador de Gossip. Espada lamenta la polémica que se ha generado en los últimos días a raíz del tono de algunos escritos. “Los cotilleos no son malos, lo malo es cuando la gente hace comentarios para hacer daño a otros”, defiende Espada, quien asegura que el programa cuenta con filtros de seguridad de palabras injuriosas.
Argumentos como estos no convencen a algunas familias. Pere Farriol, presidente de la Federación de asociaciones de padres de Secundaria, critica duramente a los “emprendedores sin escrúpulos” que crean este tipo de aplicaciones. Algunos centros ya han tenido que tomar cartas en el asunto. La UAB publicó ayer en su intranet un aviso sobre el peligro de estas aplicaciones y las Escuelas Pías de Cataluña activaron un protocolo especial.
La Generalitat hace semanas publicó unas recomendaciones para escuelas y familias para ayudarlos a detectar casos de ciberacoso en cualquiera de las redes sociales. Apremiados por los recientes eventos, se ha añadido el procedimiento para denunciar páginas como el informer, que ya tienen implantados el 20% de institutos públicos y privados, según la Generalitat.
El instituto Torre del Palau de Terrassa (Barcelona) es uno de los que ha tenido que hacer frente a un informer calumnioso. El director del centro, Evaristo González, explica que la página apareció el lunes. En pocas horas llegó a los 500 seguidores y los insultos que señalaban, con nombres y apellidos, a alumnos y profesores no tardaron en aparecer. González denunció la web el martes y ese mismo día por la noche los Mossos ya la habían cerrado.
El instituto aprovechó este mal trago y le dio la vuelta: “Organizamos charlas en las aulas explicando a los alumnos los peligros de este tipo de herramientas que permiten una forma de expresión rápida. Pero los chicos han entendido que la libertad de expresión a veces puede herir la sensibilidad de la gente”, explica el director. González se muestra contrario de vetar las nuevas herramientas tecnológicas. “Prohibir no sirve de nada. Tenemos que afrontar la realidad. Los profesores tenemos que educar en las buenas prácticas. Hace unos años, los niños escribían en la pared, ahora lo hacen en Internet”, remacha.
Meritxell Ruiz, directora general de Atención a la Familia y de la Comunidad Educativa de la Generalitat de Cataluña, pide una especial implicación de las familias porque habitualmente se hace uso de estas aplicaciones fuera de la escuela. Y plantea otro dilema. “Hace falta preguntarse a qué edad es conveniente que los niños tengan móvil y a qué edad, Internet en el móvil”.

Gossip Girl, una serie donde "los 16 son los nuevos 30"

CAROLINA GARCÍA
La serie Gossip Girl sigue siendo la favorita entre los adolescentes estadounidenses a pesar de que las aventuras de Serena, Blair, Nate, Chuck y Dan, entorno a los rumores, el sexo, el amor y las mentiras, han acabado tras estar seis temporadas en antena (el último capítulo se emitió en Estados Unidos el 17 de diciembre de 2012). La ficción debe su nombre a un blog, el más popular de la Gran Manzana, que es el cajón desastre donde sus protagonistas publican todo tipo de cotilleos y traiciones. Un cóctel explosivo, además aderezado, con unos personajes que pertenecen a la alta sociedad neoyorquina y su vida gira entre fiestas, compras y más sexo.
"Es un retrato semisatírico del poder en las escuelas privadas entre aquellos que viven en los áticos más caros de la ciudad de Nueva York. Enseña una cultura obsesionada con la juventud, el dinero y la apariencia, donde los 16 son los nuevos 30. En un mundo, en el que los padres temen que sus hijos crezcan muy rápido mientras los jóvenes afirman que sus padres se niegan a envejecer", explica The New York Times.
Gossip Girl ha conseguido en estos años convertirse en un fenómeno fan, y no solo entre los menores. La serie cuenta actualmente con más de 12 millones de seguidores en Facebook y más de millón y medio en Twitter. Además, sus protagonistas siguen llenando portadas de revistas de adolescentes y cuentan con muchos galardones Teen Choice Awards (más de 20), los más populares entre los jóvenes de EE UU.
"Para los adultos, los romances son variables y la amistad es la constante. Entre la juventud privilegiada que muestra esta serie se invierte la ecuación: los asuntos de amor son constantes, y son las amistades las que varían", continúa el mismo diario.
Este drama adolescente está basado en las novelas homónimas de Cecily von Ziegesar y su estreno fue el 19 de septiembre de 2007.

domingo, 11 de abril de 2010

PRENSA (2). 11 abril 2010

En el suplemento Domingo, de "El País":

1. No le pueden callar. Reportaje de José Reinoso. Ha pasado siete años en la cárcel y vive vigilado por la policía. Pero Bao Tong, a sus 77 años, no piensa ceder. Ex miembro del comité central del Partido Comunista Chino y considerado el principal disidente al régimen, relata a EL PAÍS la represión que sufren los demócratas en China.

2. En manos de las Chicas Malas. Reportaje de David Alandete. El suicidio de Phoebe Prince, acosada por sus compañeros de instituto, conmociona a EE UU.

3. Ratzinger, en la hoguera. Reportaje de Juan G. Bedoya. El papa Benedicto XVI cumple cinco años en el cargo acorralado por los escándalos de pederastia y con acusaciones de inmovilismo y retroceso frente al Concilio Vaticano II. Roma ha cancelado el ecumenismo, con ofensas a judíos, musulmanes, protestantes o anglicanos.

4. Ramala brilla en el escaparate. Reportaje de Enric González. La otrora devastada capital administrativa de la Autoridad Nacional Palestina rezuma ahora vitalidad económica. ¿Un espejismo?

5.  "¡Mata al bóer!". Reportaje de John Carlin. Negros y blancos mantienen un trato correcto en Suráfrica. Pero el asesinato de Torreblanche, el símbolo del racismo, impulsa a Malema, un joven demagogo antiblanco.

6. En defensa de Jean-Luc Godard. Artículo de Bernard-Henri Lévy. Quien descalifica la obra del director de cine francés por su supuesto antisemitismo injuria a un artista de gran talla, a la vez que juega con un término que debiera emplearse con mayor prudencia.

7. Mucho vicio. Artículo de Elvira Lindo.

8. Del Biscúter al chicle Bazooka. Reportaje de Pilar Garrido Cendoya. Lectura. Un mosaico único del Madrid de posguerra a través de los recuerdos de infancia de Pilar Garrido Cendoya y de las ilustraciones siempre geniales de su marido, Forges.