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lunes, 4 de mayo de 2015

PRENSA. "Boko Haram degolló a mi padre delante de mí"

   En "El País":

“Boko Haram degolló a mi padre delante de mí”

El joven Usman relata su evasión del grupo terrorista que arrasa aldeas y mata y tortura

 Yola (Nigeria) 2 MAY 2015  

  • Un soldado con mujeres y niños liberados de Boko Haram. / REUTERS

    “Lo primero que oímos fueron los disparos, y supimos que eran ellos. Salimos corriendo hacia un monte cercano llamado Wanu, pero nos rodearon”. Usman, nigeriano de 22 años, es alto y delgado. Viste pantalón vaquero y una camiseta que un día fue verde. Trenza despacio su relato, en un inglés que domina poco. En septiembre, Boko Haram entró en su pueblo, Gulak, y fue capturado junto a su padre y tres hermanos. Sólo él sobrevivió. Tras una rocambolesca huida por las montañas, llegó a la ciudad de Yola, donde pasa los días con una familia de acogida. Aún está aterrorizado.
    Los hombres del pueblo fueron llevados, maniatados, a la casa del jefe local. “Reconocí a algunos de ellos, eran del pueblo. A nosotros nos golpeaban con los fusiles mientras caminábamos, pero a Ishadu lo mataron sólo porque era profesor del colegio. Le dispararon en la cabeza”, relata Usman. Entonces les conminaron a unirse a Boko Haram. “Cuatro aceptaron, pero la mayoría nos negamos. Trajeron sacos llenos de dinero y nos dijeron que eran para nosotros si nos alistábamos, pero nos seguimos negando. En ese momento empezaron a matar”. Aquella tarde degollaron a unos 20 delante del resto. “Tras cortarles la cabeza se la ponían sobre la espalda. Así vi morir a mi padre. Les rogamos que nos pegaran un tiro, pero se negaron”.

    1,5 millones de nigerianos han huido de sus casas ante el avance yihadista
    Con la llegada de la noche, Usman y el resto de supervivientes de la matanza, unos 50 jóvenes, fueron encerrados en distintas habitaciones con las manos y pies atados y con los ojos vendados. “Nos dijeron que teníamos toda la noche para pensarlo”. Al día siguiente comenzaron de nuevo las ejecuciones. “Nos quitaron toda la ropa, pero entonces oímos venir el avión”. Era la aviación nigeriana bombardeando. Todos salieron corriendo hacia los campos de arroz y, aprovechando el desconcierto, Usman y otros siete lograron escapar a las montañas. “Recuerdo que Waziri, que se había unido a Boko Haram, disparó en una pierna a su propia hermana pequeña mientras ésta corría”.

    Durante dos semanas estuvo escondido en el monte. Le mordió una serpiente y un curandero local le dio una infusión de hierbas que le hizo vomitar. “Éramos muchos, decenas. Dormíamos al raso o en cabañas de animales, pero nos iban siguiendo. En Zhu nos alcanzaron y nos volvieron a disparar”, recuerda. Finalmente, logró llegar a Mubi, donde fue ingresado en el hospital. Ni aquí pudo descansar. Dos días más tarde también esta ciudad fue ocupada por Boko Haram. “Me escapé de nuevo a una montaña llamada Maiha y de allí me trajeron en moto hasta Yola, dos días de camino”. Sabe que su madre está viva en Jos, en el Estado de Plateau, pero que su granja está destrozada. “Me han dicho que esa gente ya no está en Gulak, pero no tengo dinero para volver ni sé muy bien qué hacer allí”, afirma.
    Yola, capital del Estado de Adamawa, es una de esas ciudades que le han germinado al Sahel. Al lado de un río, cruce de caminos para el comercio, una larga carretera asfaltada y muchas calles de arena. El calor es tremendo. “Mucha gente se ha ido. A Abuya [capital de Nigeria], a Camerún, a donde sea, más al sur”, asegura Zari, vendedor de teléfonos móviles. “No es fácil vivir con esos locos casi tocando a tu puerta”. En la carretera que conduce a Maiduguri los controles militares se suceden. La alerta es permanente. A unos 10 kilómetros se encuentra el campo de desplazados de Girei, un colegio reconvertido en asentamiento para quienes han huido del horror. En total, 776 personas, la mayoría mujeres y niños. Baba Haruna, de 57 años, escapó de Gwoza hacia Camerún con su esposa y sus cinco hijos, pero no les permitieron quedarse. Así que vino hasta Yola. “Este es el momento de preparar la tierra para cultivar, pero no podemos volver. Este año no habrá cosecha”, asegura.
    Es como la vida en suspenso. Los hombres se sientan todo el día a la sombra de los muros de las aulas, hoy convertidas en improvisados dormitorios se duerme sobre colchones en el suelo. Las mujeres lavan la ropa, cocinan en grandes calderos, se encargan de los más pequeños. Hay decenas de niños. Por todas partes. En tiendas de campaña reciben dos horas de clase al día en un intento de recuperar cierta normalidad, de que al menos sigan estudiando, aprendiendo inglés y matemáticas, justo lo que “esa gente” ha querido robarles, el derecho a soñar un futuro mejor.

    La secta islamista ofrece mucho dinero a cambio de unirse a sus filas
    Según Unicef, 1,5 millones de personas han abandonado sus casas, de los que 1,2 millones son desplazados internos. Algunos no pueden aguantar más la espera e intentan regresar, aunque lo están haciendo de manera improvisada y desorganizada. “Cada uno traía lo suyo. Malaria, diarrea, infecciones, malnutrición. Ahora están mejor”, dice la enfermera Aishatu Jinayi. Ha habido hasta partos, 32 en el campo de Girei II. “Tanto bebé nos hace pensar que Dios está haciendo su trabajo para reemplazar a los que han muerto en esta locura absurda”, añade.

    700 mujeres liberadas en una semana

    Las Fuerzas Armadas de Nigeria anuncian a bombo y platillo cada victoria contra Boko Haram, como la reciente liberación esta semana de alrededor de 700 mujeres y menores secuestrados por el grupo terrorista en el bosque de Sambisa.
    Sin embargo, muchos nigerianos mantienen su desconfianza hacia un Ejército que hasta hace solo tres meses no hacía más que huir ante el avance de los yihadistas. “¿Victorias?”, se pregunta John Ngamsa, profesor de Comunicación Social y Lingüística en la Universidad Moddibo Adama de Yola, “será una victoria cuando el supuesto territorio recuperado esté bajo control y haya ley y orden en ese lugar”, asegura.
    El Ejército de Nigeria, en colaboración con Chad, Níger y Camerún, ha logrado expulsar a Boko Haram de unas 60 localidades que habían sido ocupadas por los terroristas. Sin embargo, la población aún no ha podido regresar porque los insurgentes siguen en las zonas deshabitadas de los alrededores. Hace unos días, por ejemplo, penetraron en los pueblos de Mafa y Marte, en el Estado de Borno, provocando decenas de muertos. Otra zona donde Boko Haram ha logrado hacerse fuerte es en las proximidades del Lago Chad.
    Hace una semana, cientos de terroristas atacaron la isla nigerina de Karamga, asesinando al menos a 74 soldados y civiles, según el Gobierno del país vecino, que ha revelado que 156 de los atacantes también murieron en los combates. “Estamos hablando de un vasto territorio que sigue fuera de control. Aún están ahí, agazapados, golpeando hoy en un lugar y mañana en otro”, añade Ngamsa.

    jueves, 16 de abril de 2015

    PRENSA. "La infancia, víctima de Boko Haram"

       En "El País":

    La infancia, víctima de Boko Haram

    800.000 niños se han visto obligados a huir de Nigeria por la creciente violencia

    Unicef advierte del impacto "devastador" del conflicto sobre los más pequeños y lanza el hashtag #bringbackourchildhood (devuélvenos la infancia)

     Madrid 13 ABR 2015  
  • Aisha, de 13 años, vive en un campo de refugiados desde que miembros de Boko Haram atacaron su ciudad, mataron su padre y secuestraran a su madre.
    Aisha, de 13 años, vive en un campo de refugiados desde que miembros de Boko Haram atacaron su ciudad, mataron su padre y secuestraran a su madre. / ESIEBO (UNICEF)

    Nada se sabe de las más de 200 alumnas secuestradas en Chibok (Nigeria) por Boko Haram hace justo un año. Se teme lo peor, pues la ONU sospecha que muchas de ellas podrían haber sido asesinadas. Su ausencia se ha convertido en símbolo de las más 2.000 mujeres de todas las edades que, según estimaciones del organismo internacional, han sido raptadas por el grupo terrorista en los últimos años. Su historia es el ejemplo del sufrimiento de la infancia en esta guerra entre los islamistas radicales, las fuerzas militares y los grupos de autodefensa civil en el noreste del país africano. Alrededor de 800.000 niños se han visto obligados a huir de la violencia a Chad, Níger y Camerún. Así lo revela el informe Missing Childhoods (Infancias perdidas) publicado por Unicef.
    “El secuestro de más de 200 niñas en Chibok es solo una de las tragedias sin fin que se repiten en una escala épica a lo largo de Nigeria y de la región”, dice Manuel Fontaine, director regional de Unicef para África Occidental y Central, en un comunicado publicado por la organización. “Decenas de niños y niñas han desaparecido en Nigeria secuestrados, reclutados por los grupos armados, atacados, utilizados como arma de guerra, u obligados a huir de la violencia. Estos niños tienen derecho a que se les devuelva su infancia”, añade.
    Para amplificar la alerta sobre el "impacto devastador" que supone el conflicto para los niños de la región, el organismo lanza su mensaje y advertencia con una campaña en redes sociales usando el hashtag#bringbackourchildhood (devuélvannos la infancia). El lema hace referencia al #Bringbackourgirls que hace un año inundó Twitter después de que personajes famosos, incluso la primera dama estadounidense Michele Obama, lo usaran para exigir la liberación de las estudiantes retenidas. El objetivo hoy es muy distinto: solicitar más ayuda internacional para dar respuesta a la crisis humanitaria. También se invita a la gente a que comparta lo que echarían más de menos si les obligaran a abandonar sus casas utilizando el mencionado #bringbackourchildhood.

    Los niños están siendo utilizados en las filas de Boko Haram como combatientes, cocineros, porteadores y vigías, según el informe de Unicef
    La huida, sus causas y lo que dejan atrás es precisamente lo que les pidieron que dibujaran a los pequeños nigerianos asistidos en los campos de refugiados. Las escenas de las ilustraciones, que la organización ha compartido como parte de la campaña, están plagadas de disparos, decapitaciones, familiares desaparecidos y hogares destruidos. Añoran a sus padres, poder ir al hospital cuando caen enfermos o acudir a la escuela. Echan de menos los lápices, un pescado, a un amigo.
    Y eso los que han conseguido escapar. Missing Childhoods describe cómo el conflicto es una carga cada vez más pesada para los niños de Nigeria y de toda la región. Según el documento, los menores están siendo utilizados en las filas de Boko Haram como combatientes, cocineros, porteadores y vigías. Las mujeres jóvenes y las niñas están siendo sometidas a matrimonios forzados, a trabajos en condiciones de esclavitud y son víctimas de violaciones. Y los estudiantes y maestros se han convertido de forma deliberada en objetivos de la violencia: más de 300 escuelas han sufrido daños o han sido destruidas y al menos 196 profesores y 314 alumnos habían muerto hasta finales de 2014.

    Dibujo de Mamoudou, refugiado nigeriano atendido por Unicef en un campo en Camerún.
    Dibujo de Mamoudou, refugiado nigeriano atendido por Unicef en un campo en Camerún.
    Esta realidad que revela el informe ha obligado a Unicef a intensificar su respuesta sobre el terreno en Chad, Níger y Camerún, países a los que han llegado miles de familias nigerianas huyendo de la violencia. La organización afirma que en los últimos seis meses ha tenido que atender y dar apoyo psicosocial a más de 60.000 pequeños refugiados."Para ayudar a aliviar el dolor que les producen los recuerdos, reducir el estrés y hacer frente a la angustia emocional", explica en una nota.
    Pero hay déficit de financiación para continuar esta labor. Por eso, Unicef insta a los donantes internacionales a incrementar su apoyo económico a las actividades de socorro en Nigeria y los países vecinos. La Agencia de la ONU para la Infancia asegura que ha recibido solo el 15% de los 26,5 millones de dólares necesarios para asistir a las víctimas en Nigeria en 2015, y menos del 17% del llamamiento general de fondos para Camerún, el 2% para Níger y el 1% en el caso de Chad.

    viernes, 30 de enero de 2015

    PRENSA. "Boko Haram y el gris terror. El color de las niñas perdidas"

       En "El País":

    Boko Haram y el gris terror. El color de las niñas perdidas

    Dos centenares de niñas fueron raptadas hace meses en Nigeria. De ellas nada se sabe. Sólo nos quedó una imagen, una sola, vestidas de color ceniza, el tono de su situación, de las aldeas quemadas, del horror que aún continúa...

    La revista Granta en español, publicada por Galaxia Gutenberg, se ocupa de su dramática situación en esta crónica literaria aparecida en la última edición

       

    Las niñas raptadas por Boko Haram en Nigeria. / MARÍA JOSÉ DURÁN

    Ellos. Ellos firman sus obras criminales con una bandera blanquinegra que cuelgan en aquellos lugares que atacan; en los edificios, vehículos o cerca de las personas que convierten en ceniza y humo, ese gris bokoharam sello de la casa. El mismo tono de los vestidos -- musulmanes, dicen -- que han impuesto a sus víctimas más famosas, las 276 niñas secuestradas en Chibok (Borno State, Nigeria), el pasado abril, tal como se ve en una fotografía de impacto mundial. He ahí una masa de mujeres sin matiz, sólo rostros, alguna mano, ninguna forma de cuerpo perceptible. Sentadas. Calladas. Dominadas.
    Tú. Tú te llamas Mary Ussman o Rebecca Luka... y andas como una niña africana pobre y precavida cualquiera, por los mismos senderos y aldeas. Te mueves entre el sofoco del aire saheliano, ese polvo rojo sangre de la tierra, el pespunteado boscoso de los árboles, la maraña de puestos de ultramarinos y los coches destartalados que se cruzan a tu paso. Sales cada mañana de tu casa, pensando en tus asuntos (pesares de adolescente, exámenes de hoy mismo...), vestida de uniforme escolar; ese verde o azul habitual de los colegios africanos, según el centro sea musulmán o cristiano. No hay distingos aquí y sí convivencia. La religión en muchos lugares de Nigeria no es tema, ni problema.


    Las niñas secuestradas en un fotograma de un vídeo difundido por los captores.
    Tú vives tu vida de niña.
    Pero todo alrededor, en el Nordeste, el territorio en que habitas, sufre de estado de emergencia.
    Las rehenes de Chibok no lo sabréis, seguramente. Pero vuestro destino se escribió un día de 2002 cuando se constituyó Boko Haram, otra secta más de hombres fanáticos, insurgentes como los de Al Shabab, Ansar Dine, ISIS..., con la idea de implantar la Ley y el Estado islámicos. Lo occidental, el objetivo.
    Que no es la primera vez que ellos raptan y matan y explosionan ni será la última, lo saben bien ya desde hace mucho los casi 170 millones de habitantes de este país, el mayor productor de petróleo, la mayor economía del continente, uno de los más corruptos, y de los que más pobres acumula en su territorio: setenta por ciento de la población; seis millones de niñas que no pisan la escuela. Lo saben bien también los políticos locales, nacionales e internacionales que hacen caso omiso (o no) al terror según momento y conveniencia. Lo saben en la capital, Abuja, donde ellos han volado edificios un día de Año Nuevo; han prendido coches al paso de festejos, arrojado bombas en sedes de Policía y de Naciones Unidas… El mismo día de tu secuestro, queman un depósito de autobuses. Decenas de vehículos virados del rojo al negro hollín infierno.
    Ellos son sanguinarios. Tanto que pocas semanas antes de ir a por ti, chica de Chibok, se cebaron en un colegio masculino de Yobe State, allí donde su líder, Abubakar Shekau, antaño estudiante de teología y ahora asesino en el nombre de Dios, vino al mundo un día de los años setenta. Él mismo, cabe pensar, podría haber sido víctima en manos de otro violento cualquiera. Pero este radical de radicales, ya se ve, eso no se lo plantea. Y tampoco tiene pudor en colocar bombas en mezquitas repletas de fieles (julio 2012, Maiduguri) con la idea de cargarse a los más moderados del Islam (y matar a uno de sus máximos líderes en Borno, El-Kanemi), a los que le contradicen y le piden que cese la violencia.


    Musulmanas de Nigeria refugiadas en Baga Sola, Lago Chad, tras las incursiones de los terroristas en los alrededores. / SIA KAMBOU/ AFP
    Cuatro semanas después del rapto aparece Shekau en un vídeo, impecablemente vestido en blanco y negro, agarrado a un arma, con gorro y barba bien cuidada. Buena vida lleva. Y habla enloquecido, en hausa, con una cólera que una religión como tal nunca debería permitirse. Lanza proclamas contra los males de Occidente. La mujer como diana siempre. Tú y otras, la mitad de las raptadas, aparecéis en imagen. “Irreconocibles”, dirán luego algunos padres, rotos en lágrimas, al New York Times. “Deberían estar casadas y no en la escuela”, vocifera el líder antes de amenazar con venderos como esclavas, cual botín de guerra.
    A los chavales de Yobe los sacaron también a gritos del colegio; los pusieron en fila y acabaron a tiros con cincuenta y nueve de ellos. Luego dejaron que el fuego hiciera a gusto su trabajo en el edificio. Pirómanos, se diría, dejan todo siempre en llamas, hasta reducirlo a la nada; allí ardieron, incluso, cuerpos “aun sintiendo”, tal como dijeron los que estuvieron cerca y vieron y olieron y hablaron con los diarios locales, el Premium Times,el que más informa.
    Todo reducido a la nada, menos el miedo, que adquirió ese día altura estratosférica.

    La violencia como credo

    JOSE NARANJO
    El pasado 10 de enero una niña de diez años con explosivos atados a su cuerpo entraba en el mercado de la ciudad de Maiduguri, en el noreste de Nigeria, y desencadenaba una explosión que segó su vida y la de una veintena de personas. Días antes, varios brutales ataques protagonizados por hombres fuertemente armados arrasaron un pueblo llamado Baga, a orillas del Lago Chad, dejando un rastro de cientos de muertos. Y el día 12, una amplia ofensiva terrorista era rechazada en Kolofata, al norte de Camerún, con el resultado de 143 atacantes fallecidos. Detrás de todas estas acciones se esconde la misma sombra tenebrosa, la de Boko Haram, el grupo terrorista más letal de África que ha provocado al menos 11.000 muertos desde 2003, casi la mitad de ellos el pasado año, y que no sólo ha logrado sembrar el terror y el desconcierto en el noreste de la pujante Nigeria, donde ya controla una quincena de localidades en un autoproclamado califato, sino que amenaza con desestabilizar a toda la región. “Están cada vez más organizados y son más letales y ambiciosos, es muy posible que lo peor esté por venir”, asegura Carlos Echeverría, profesor de Relaciones Internacionales en la UNED y conocedor de la problemática nigeriana.
    Tú. Tu nombre es Saratu Dauda o Hasana Adamu o Mairama Abubakar... y entras ese 14 de abril en la clase de tu escuela pública, la Chibok Goverment Girls Secondary School, una construcción de una sola planta, ocre y mal acabada como tantas en el África paupérrima. Te sientas en un banco de madera espartano, una pizarra apenas, el suelo de cemento gastado, cortinas de tela claveteadas en las jambas de las ventanas... “Pam, pam, pam, oigo disparos y me digo: 'estos han venido, han venido", contará luego en un vídeo de The Associated Press el padre de una de las víctimas.
    Y sí sucede que sí, que ellos llegan, hombres armados en camiones, que te empujan y te arrastran y te llevan. Por ser mujer y ser alumna, cristiana o musulmana. Por querer ser educada. Porque su nombre mismo ya indica: Boko Haram, “la educación occidental es pecaminosa”. O mejor, en árabe, Jama'atu Ahlis Sunna Lidda'awati wal-Jihad, lo que significa Comité Popular para la Propagación de las Enseñanzas del Profeta y la Yihab. Ambiciosa tarea.
    "Le pido a Dios que permita que mi hija regrese, ella es mi futuro”, sigue el progenitor de la hija robada. Un acto este, robar, que Mahoma prohíbe en todas sus letras.
    Y qué conclusión tan sencilla para los tuyos, para quién lo ha perdido todo: pretender ser mujeres educadas os conduce, una a una, a ser secuestradas ayer, desaparecidas hoy (ese "no existir existiendo" que tanto y tan bien conocen los familiares de los seres perdidos). Seguramente violadas y vendidas estéis ya, a estas alturas, mucho más allá de la frontera con Camerún, Níger o Chad.
    Desde éste, el más sonado, secuestro de Nigeria, los milicianos de Boko Haram han seguido raptando sin prisa pero sin pausa: ayer veinte jóvenes fulani a las que quieren cambiar por ganado; hoy, cien pescadores de Doron Baga, cerca del Lago Chad, a los que luego liberarán las tropas chadianas; mañana, cualquiera. Y regando de cadáveres las cunetas en nombre del yihadismo, ese radicalismo que se nutre aquí de Al Qaeda y el plus vitaminado de armas sobrantes en la guerra libia. Entre cuatro mil y doce mil víctimas mortales suman, según a quién se pregunte. Más de mil muertos llegaron a acumular en sólo dos meses; una marca que les da podio: ser el grupo terrorista más brutal desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.


    Refugiados de la violencia de Boko Haram en Chad. / EMMANUEL BRAUN/REUTERS
    Este gran apetito de destrucción se les abrió tras la desaparición en custodia policial del líder Mohamed Yusuf, en 2009. Los antepenúltimos acribillados fueron 300 civiles, en los mercados de Gamboru y Ngala. Las dos poblaciones convertidas, de nuevo, en escombrera gris bokoharam. Fusiles, granadas de mano, bazucas, machetes, armas de todo formato usan.
    Al Qaeda del Magreb (AQIM) suministra material y cada vez organizan atentados más elaborados: rodean una localidad y la masacran. De la última, Bama, tuvieron que huir en un suspiro más de cinco mil personas. Maiduguri, la capital de Borno State, es su base logística. Dicen que ahora son muchos miles los que se unen. La pobreza es el caldo; el dinero fácil, la golosina y la vía. La motocicleta, una señal de que se acercan: su medio de transporte preferido. Las redes sociales, en su campo de mira.
    Actúan cual guerrilla, tanto y tan rápido que los soldados y policías nada quieren o pueden hacer. Y a veces casi mejor para la población civil, acogotada entre dos aguas: las fuerzas de seguridad cargaron un día contra medio millar de hombres acusándoles de terrorismo sin mediar investigación alguna. Otro, fueron medio millar los detenidos, simples viajeros del Sur hacia el Norte, sospechosos de ser miembros.
    Palos de ciego del ejército y el gobierno.
    Las dos narrativas que, asegura el investigador Adeolu Ademoyo, destila el caso Boko Haram: un instrumento de la oposición o un instrumento del presidente Jonathan de cara a la reelección... Y el temor de una crisis nacional producto de tanta violencia.
    Tú, Ruth Amos, no sabes nada de esto porque estás incomunicada y retenida. Ignoras que abundan las críticas contra la ineficacia del ejército, que ni cuenta ni interviene y se queja a su vez de falta de medios.
    Tú no sabes que el presidente Obama le ha declarado la guerra total al yihadismo.
    Que la Unión Africana ha propuesto crear un fondo especial mundial para luchar juntos contra este cáncer que a todos amenaza.


    Rebecca Samuel (derecha), madre de Sarah, una de las 200 niñas secuestradas en Chibok, habla desesperada en un acto de la campaña #Bringbackourgirls celebrado el pasado 1 de enero en Abuja (Nigeria). / AFOLABI SOTUNDE/REUTERS
    Que abundan las manifestaciones de protesta en las calles de tu país, antes y después de cumplirse los cien días de tu rapto, y frente a los consulados de todo el mundo y mucho más allá, online.
    Que arden las redes sociales, desde Michelle Obama hasta el infinito, portando tu foto, y han volado los mensajes por tu liberación. Pidiendo acción y solución.
    Que el desasosiego se aprecia en la cartelería: “Nigeria, el Estado fallido”, “Todas las niñas somos nosotros”, “No rescue, no vote”, “Boko Haram no es Islam”, “La próxima puede ser tu hija”, “Bring back our girls”... y corre al ritmo de los hashtags en Twitter.
    La diferencia es que mientras la atención mundial se cansa pronto y languidece con el tiempo, ellos siempre perseveran.
    Porque a Boko Haram nada de esto le importa. Tampoco que los líderes internacionales envíen expertos y soldados y armas, que haya ya drones sobrevolando el bosque de Sambisa cercano, que pongan precio jugoso a sus cabezas, que el rostro de Abubakar Shekau, el binladen negro lo llaman, cuelgue cual rapero popular en los carteles de las plazas...
    Ellos. Ellos están en otra liga. Dominan el terreno de juego. Se permiten jugar al desconcierto; ahora han cambiado de estrategia. Ya no buscan sólo víctimas en esa esquina del África subsahariana, ahora quieren territorio. Para cerrar, así, un primer círculo de dominación y proclamar el califato; uno sin califa, pues Shekau no tiene linaje que le alcance para tanto.


    Lago Chad. Unos 20.000 nigerianos han huido hacia Chad, Niger o Camerún en las últimas semanas ante los ataques continuados de Boko Haram a sus aldeas. / EMMANUEL BRAUN/REUTERS
    Infiltrados en los pueblos y en los campos, llegan donde no llega el ejército. Se han hecho ya con trece ciudades en el Norte de Nigeria, en los estados de Adamawa, Borno y Yobe. Se permiten incursiones incluso más allá de la frontera, en Camerún, para hacerse con rehenes. Cuanto más occidentales, mejor.
    Disfrutan en sus atentados. Los terroristas son actores, simulan ser predicadores y soldados. Sucedió en Gwoza. Convocaron a los hombres para hablar al centro de una plaza y abrieron fuego luego. Una sangría de al menos doscientas vidas. Sucedió en Damaturu (Yobe State); atacaron un establecimiento donde veían el campeonato mundial de fútbol. Muy occidental. Se transmitía el partido Brasil-México. Acabó entre hurras con una veintena de muertos. Ganador: otra vez ellos. Y el miedo.
    Carreteras enteras, como la de Gwoza a Maiduguri, la capital de Borno, convertidas ya en "no-go road".
    Limpieza del territorio lo llaman ellos.
    El gris muerte que arrasa.
    Tú. Tú te llamas Rose Daniel, diecisiete años. Y regresas al poco del secuestro ante los ojos de los tuyos, en esa foto de grupo en todo el mundo conocida. Regresas convertida en masa y mancha gris opresión. Tu madre, tu padre, tu hermano, tu vecino... buscan tu cara entre las chicas. Te encuentran. Y apenas te reconocen.
    Quizá un día llegues a saberlo: un fotógrafo de Reuters llamado Joe Penney le ha dado la vuelta a esta doble humillación a la que os han sometido. Ha intentado rehacer vuestra dignidad doblemente arrebatada: el secuestro de vuestra persona y el de vuestra imagen, al borrar de ella todo rastro de tu personalidad, el calor de la edad, el color de las ropas africanas habituales y de tu pelo, la amplitud de tu sonrisa...
    Penney, inmenso, te ha devuelto tu rostro verdadero retratando a tu madre, Rachel Daniel, de treinta y cinco años, junto a tu hermano Bukar, de siete, sujetando una de tus fotografías de ese pasado ya para siempre perdido.
    Porque ya aunque regresaras hoy, nunca serás la misma.
    Y esa es la pregunta más repetida. “¿Volverán las chicas?”. La plantean las familias y los ciudadanos a los policías, a los expertos, a los profesores, a los periodistas... El ex presidente del país, Olusegun Obasanjo, se atrevió a responderla. “Sí, volverán, pero sólo algunas... otras se han ido ya”, dijo, omitiendo el "para siempre".
    Medio centenar de ellas (53) logró huir durante los primeros días. Otras cuatro lo han hecho en junio mismo. Una de estas, Sarah Lawan, de diecinueve años, contó a The Associated Press, ante las familias, cómo las transportaron en camiones y las amenazaron; cómo muchas podrían haber escapado saltando del vehículo como hizo ella. Pero no lo hicieron. La mayoría sufría parálisis. Por horror.
    Y así, casi seis meses después de tu secuestro, las aldeas de Borno y Yobe y Adamawa permanecen destrozadas por fuera, desgarrados sus habitantes por dentro. Tan desesperados los vecinos, que para no atraer a los terroristas, cuando estos matan y dejan en las calles los cuerpos, han decidido mandar a las mujeres más mayores a recoger y enterrar sus restos.
    Saben que sólo ellas se librarán de ser atacadas, violadas, raptadas, desaparecidas...
    Madres, abuelas, tías... ancianas trabajando con sigilo.
    Día tras día.
    Un muerto tras otro muerto.

    Este es uno de los textos incluidos en la revista Granta en Español, Rebaño + 1, editada por Galaxia Gutenberg, en la que escriben Herta Müller, Antonio Muñoz Molina, Taiye Selasi o Haruki Murakami, entre otros, reunidos bajo un concepto: cómo el individuo se diluye en la masa de datos y  la vida privada ha invadido la pública. Este número de revista se presenta en Madrid el viernes, 13 de febrero,  en la librería La Central.

    lunes, 19 de mayo de 2014

    PRENSA. "Tres días". Juan José Millás

    Juan José Millás

       En "El País":

    Tres días

    Los genios son capaces de escribir raro bajo la apariencia de escribir normal. Si un genio te cuenta lo de las doscientas niñas de Nigeria, te rompe el corazón

    Para hablar, por ejemplo, de lo de las doscientas niñas secuestradas en Nigeria, no disponemos de recursos especiales. Hay que usar las palabras de todos los días, las comas y los puntos de siempre, las posibilidades sintácticas de cada oración. Por eso huimos de comentar ciertas noticias. Porque tendría uno que hacerlo en un idioma que, sin dejar de ser el propio, proporcionara el desconcierto del ajeno. Que se entendiera y no se entendiera al mismo tiempo. Y que el hecho de no entenderlo proveyera de una fuerza inédita al de entenderlo. Se puede hacer, claro, los genios lo hacen. Los genios son capaces de escribir raro bajo la apariencia de escribir normal. Si un genio te cuenta lo de las doscientas niñas de Nigeria, te rompe el corazón.
    De modo que hay casi doscientas crías ahí, en los vídeos de un enfermo de cólera. De un ejército de enfermos de cólera. De un país colmado de cólera. De un mundo ahíto de cólera. De un mundo indiferente también. Indiferente y colérico. He ahí una combinación brutal. Doscientas niñas que estaban estudiando lo que se estudia en las escuelas: teoría. El otro lado de la vida práctica. El del pensamiento especulativo, todo aquello que nos separa de la condición ofensiva de los Boko Haram. Leían en voz alta o resolvían un quebrado cuando un monstruo de cuento infantil las llevó al bosque para venderlas o para tenerlas a su servicio o para violarlas. ¿Y por qué no las tres cosas? Boko Haram vive en un lado de la frontera que no es el nuestro. Pero se ha llevado a doscientas niñas nuestras, doscientas niñas que querían ser hijas de la gramática, de la geometría, del dibujo lineal, no sé, del conocimiento del medio. Y se las ha llevado por eso, porque tiene pánico al pensamiento y horror a la mujer. La mezcla de pensamiento y mujer —lo saben muy bien— acabaría con ellos en apenas tres días.

    miércoles, 14 de mayo de 2014

    PRENSA. "Las niñas". Rosa Montero

    Rosa Montero

       En "El País":

    Las niñas

    El miserable que las secuestró lo ha hecho porque podía, porque su entorno propicia y acepta esta violencia

    Las más de 250 niñas secuestradas en Nigeria desaparecieron el 14 de abril, o sea, hace un mes. Amnistía Internacional acaba de denunciar que el Ejército nigeriano fue advertido del secuestro y que no hizo nada. De hecho, en los primeros días apenas si se dio importancia a la noticia, porque las niñas no llevan petróleo en las tripas, ni diamantes, ni minas de uranio. Luego la cosa empezó a convertirse en un escándalo y los Gobiernos se han visto obligados a actuar. Las niñas fueron raptadas por ir a la escuela. Como Malala. Pero el tiro en la cabeza de Malala es un horror liviano comparado con el destino de estas chicas. Alguna que escapó ha dicho que las violan 15 veces al día y que si se resisten las degüellan. A estas alturas todas tendrán sida, por no hablar de las lesiones físicas y psíquicas, seguramente irreparables.
    El miserable que las secuestró lo ha hecho porque podía, porque su entorno propicia y acepta esta violencia. En el norte musulmán de Nigeria la mujer no pinta nada y las niñas son vendidas como ovejas por elevadas dotes. Las secuestradas provenían de familias más abiertas (algunas cristianas), familias que se arriesgaban a enviarlas a la escuela. Al destrozar a sus niñas, están mandando un aviso a la población: todo lo que sea darle a la mujer más consideración que la que se da a una cabra será castigado. Por eso, porque esa violencia atroz forma parte de la violencia habitual, fue por lo que nadie se movió, aparte de los desesperados padres. No sólo hay que rescatar a las niñas ya, también hay que dar un castigo ejemplar a las alimañas que hacen esto y demostrar que no se puede mantener a media población en semejante nivel de abuso y sufrimiento. Me pregunto qué tara feroz, qué oscura patología arrastran algunos varones, para que ese odio delirante hacia la mujer se repita tanto a lo largo de la Historia.

    lunes, 12 de mayo de 2014

    PRENSA. "Las niñas no pueden soñar"

       En "El País":

    Las niñas no pueden soñar

    La nigeriana Halina quiere ser médico y podría. "Destaca en ciencias y matemáticas", dice su tía

    Los terroristas islamistas de Boko Haram la han secuestrado para impedirlo


    Cuatro de las estudiantes que lograron escapar días después del secuestro caminan por las calles de la localidad nigeriana el lunes 21 de abril. / HARUNA UMAR (AP)
    Halima es una joven estudiosa y alegre. "Todo el mundo la adora. Tiene 17 años y ha soñado siempre con ser médico. Las ciencias y las matemáticas nunca fueron su problema, es una alumna brillante", cuenta su tía Mallama desde Nigeria. La noche del pasado 14 de abril, ella y otras 275 chicas (medio centenar consiguió escapar) fueron secuestradas por hombres armados de una escuela-internado del norte del país. Desde entonces, su familia no ha tenido noticias. Nada. Hasta esa noche, Halima vivía en Chibok, una pequeña ciudad del Estado de Borno, con sus cinco hermanos y sus padres, agricultores que, como tantos otros, un día decidieron abandonar la aldea y trasladarse en busca de una vida un poco mejor. Ahora su mundo está roto.
    Sus aspiraciones son, en realidad, un sueño compartido por la mayoría de sus compañeras. Unas quieren estudiar Medicina; otras se inclinan por ser maestras, empresarias, abogadas o ingenieras. "Todas ellas son de origen humilde", asegura el activista de Derechos Humanos Ahmadu Jirgi desde Borno, "inocentes jóvenes de pueblo cuyo único delito fue elegir ir a la escuela en una región donde la educación para las niñas se ha convertido en un problema por culpa de unos fanáticos".
    Dos sobrinas de Ayuba Alamson también fueron secuestradas. "Una quería ser ginecóloga; la otra, periodista", aseguró a la BBC. "El anhelo de ambas era graduarse, ir a la universidad y regresar a la comunidad para construir una buena escuela para sus hijos".
    Cuando el resto del mundo intenta hacerse una imagen del norte de Nigeria, inmediatamente imagina un lugar donde las mujeres están oprimidas y viven en sumisión. Pero lo cierto es que en Chibok, al margen de su religión, hay muchas niñas interesadas en estudiar y cuentan con el apoyo de sus familias. Entre las jóvenes secuestradas, la mayoría son cristianas porque una buena parte de la población de esta comunidad lo es, pero había también musulmanas, como Halima. "Desde hace ya un tiempo, el Gobierno de Borno está haciendo gigantescos esfuerzos por sostener con becas a los estudiantes", asegura el activista Jirgi. Sin distinción de sexo. "Mi novia tiene un graduado en Contabilidad y tengo cuatro hermanas: todas ellas tienen estudios superiores y trabajan en Maiduguri, la capital del Estado". La responsable de Finanzas de Borno es una mujer, al igual que las consejeras de Sanidad y la de Asuntos Sociales.

    Cuando una chica de pueblo consigue terminar sus estudios y empieza a trabajar, todo cambia para su familia", explica un activista
    Para ellas, los estudios significan la oportunidad de tener una vida diferente. “Cuando una chica de pueblo consigue terminar sus estudios y empieza a trabajar, todo cambia para su familia. Ahora muchos se han dado cuenta de esto y se está empezando a romper esa tendencia de casar a las niñas muy jóvenes. Aún queda mucho por hacer, pero las nuevas generaciones tienen las cosas más claras”, explica este activista. Según el Banco Mundial, Nigeria, el gigante africano de 170 millones de habitantes que se acaba de convertir en la gran potencia económica continental, es el país del mundo con más menores sin escolarizar, unos 10 millones. El 39% de los niños y el 44% de las niñas.
    Es una enorme contradicción. Nigeria es el gran exportador de petróleo de África, lo que le ha permitido un crecimiento económico sostenido en torno al 7%. Además, posee otras industrias emergentes, entre las que destaca el sector audiovisual (la factoría conocida como Nollywood es ya la segunda del mundo en cantidad de películas tras la india Bollywood y por encima de Hollywood), el comercio electrónico, la producción musical y la telefonía móvil, que representa el 9% del PIB. La ciudad de Lagos, en el sur del país, representa como pocas esta vitalidad de la nueva Nigeria, en la que la renta media está en unos 2.000 euros anuales configurando un mercado potencial en el que se internan con creciente interés las grandes multinacionales y potencias extranjeras.


    Varios policías recorren el jueves la escuela de Chibok asaltada el 14 de abril por Boko Haram. / AFP
    El problema, una vez más, es la falta de recursos en un país en el que una de cada seis personas es pobre de solemnidad. Pero es que el norte de Nigeria es además el feudo principal y la gran zona de actuación de Boko Haram, un sanguinario grupo terrorista de corte islamista radical que defiende que la educación occidental es pecado y que considera que el rol de la mujer debe ser el de esposa y madre. Desde hace un año, los colegios se han convertido en objetivo de los terroristas y se han producido decenas de ataques a centros escolares.
    Abubakar Aruwa es un joven comerciante de Maiduguri, la capital de Borno. "Aquí siempre ha habido una buena convivencia entre musulmanes y cristianos, pero ahora las chicas tienen miedo de ir a la escuela, sobre todo en los pueblos están viviendo un auténtico infierno en la tierra", asegura. "Ya era hora de que el mundo se enterara".
    La Universidad de Maiduguri es uno de los orgullos de la ciudad y está considerada como una de las más prestigiosas del país. En ella se puede cursar desde Ingeniería Agrícola hasta Ciencias Sociales, pasando por Veterinaria, Farmacia, Derecho, Magisterio, Artes o Medicina. Es un auténtico centro del saber que, sin embargo, también vive bajo la amenaza de Boko Haram. "Han prometido que lo harán, que atacarán la universidad. Es cierto que ahora mismo Maiduguri está relativamente tranquila, pero no sabemos cuánto va a durar. ¿Cómo no va a tener miedo la gente si ya hemos visto de lo que son capaces?" explica Jirgi.
    Es una guerra. Desde hace un año, los Estados de Borno, Yobe y Adamawa viven bajo el estado de emergencia. Hay toque de queda por las noches, prohibido circular. Los habitantes del noreste de Nigeria que no han huido (unos 40.000 viven como refugiados en la vecina Níger, otros se han desplazado hacia el sur) están atrapados entre la violencia sectaria de un grupo de fanáticos y la brutal represión del Ejército. Temen ambas. "He visto a soldados disparando contra civiles cuando alguno de los suyos muere a manos de los insurgentes. Cientos de personas han muerto en las cárceles en condiciones muy sospechosas", añade el activista Jirgi. Las carreteras no son seguras. La actividad económica, el comercio, la vida de la comunidad... todo se ralentiza. El miedo campa a sus anchas. Los ataques se pueden producir en cualquier pueblo, en cualquier momento. El último tuvo lugar el lunes pasado en Gamboru Ngala, cerca de la frontera con Camerún. Decenas de miembros de Boko Haram arrasaron con todo. Los que pudieron escapar al país vecino lo hicieron. Otros no tuvieron esa opción. Se calcula que murieron unas 300 personas.
    En un principio, muchos jóvenes se sintieron atraídos por el manto protector de una secta que decía defenderles. La historia es conocida. El norte pobre frente al sur rico. Pero Boko Haram ha ido perdiendo apoyos tras cada matanza. “Ahora la gente sabe que son solo terroristas que quieren quitarnos nuestra libertad”, explica Aruwa desde Maiduguri. Por eso no es casualidad que, coincidiendo con una reactivación de la violencia en los últimos meses, la sociedad civil esté empezando a dar muestras de hartazgo infinito. Y de movilización. Que los padres y, sobre todo, las madres de las niñas secuestradas se hayan atrevido a romper el silencio y salir a la calle a protestar por la suerte de sus hijas es un hito en la historia de este conflicto y ha logrado atraer la atención del mundo hacia Nigeria. Y en la mundialización de la indignación, las redes sociales, como el caso de Twitter y el hashtag #BringBackOurGirls, han sido claves.
    Pero ¿qué va a pasar ahora? El futuro de Halima y las otras niñas secuestradas es realmente incierto. Informaciones procedentes de Camerún y Chad aseguran que muchas jóvenes ya han caído en las redes de trata y están siendo vendidas por unos 10 euros. Chibok se ha convertido en una sombra. “Muchos familiares han vuelto a sus pueblos”, explica el comerciante Aruwa, “la tristeza es enorme”. Hasta ahora, el Ejército y las fuerzas de seguridad, que incluso han recurrido a la creación de unidades civiles de autodefensa, se han mostrado incapaces de atajar el problema. Estados Unidos y Reino Unidos ha aportado ya 200 especialistas, entre ellos militares, para ayudar a encontrar a las niñas. “A nadie le gusta hablar de una intervención extranjera, pero llevamos años sufriendo. ¿Hasta cuándo? ¿Qué les decimos a todas estas madres, que todo está perdido?”, se pregunta Jirgi.