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lunes, 23 de marzo de 2015

PRENSA. "Cinco síntomas de que el proyecto educativo de Wert vuelve al siglo XIX"

   En "Publico.es":

Cinco síntomas de que el proyecto educativo de Wert vuelve al siglo XIX

Los planteamientos de la Escuela Moderna, fundada en 1901, lograron desmontar una enseñanza catolicista y desigual que el actual Ministerio de Educación está resucitando. La pedagogía libertaria de Francesc Ferrer i Guàrdia es el telón de fondo de la última novela de Màrius Mollà, 'El maestro'.

Wert
El ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, en el Congreso./ EFE


MADRID.- Hace más de un siglo, en el año 1901, nació en un piso de la calle Bailén de Barcelona un centro educativo de enseñanza mixta y anticlerical. Hasta 1909, la Escuela Moderna promovida por el pedagogo y librepensador Francesc Ferrer i Guàrdia escolarizó a más de un centenar de niños y niñas. Instauró la coeducación y cambió las enseñanzas religiosas por las científicas y humanistas. En esta revolución educativa y laica se enmarca la última novela de Màrius Mollà, El Maestro (Ediciones B), que cuenta la historia de un profesor recién instalado en una comunidad de leñadores del Montseny que pone en práctica los principios pedagógicos de la Escuela Moderna.

Los sectores políticos y católicos más conservadores, temerosos al sentir amenazados sus intereses, no pararon hasta que vieron cerradas las aulas del centro. Sin embargo, los postulados de Ferrer i Guàrdia siguieron vivos incluso después de su muerte (fue fusilado acusado sin pruebas de haber instigado la Semana Trágica de Barcelona) en escuelas de Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada, Mallorca y en centros de Portugal, Suiza y Brasil. Incluso corrientes pedadógicas como Montesori en Italia o Waldorf en Alemania bebieron de sus ideas.

Ferrer i Guàrdia quiso romper con una "vieja enseñanza",como él decía, que sentía alejada de las necesidades de la sociedad. Hoy, superados los programas educativos de entonces —enfrentados con la ciencia y centrados en dogmas y figuras supranaturales— también existe "una vieja enseñanza" que, según Mollà, "hay que replantearse".

Público analiza cinco logros de la Escuela Moderna —referente de futuros y reputados pedadagogos— que el sistema que fomenta el ministro José Ignacio Wert está poniendo en riesgo.

1. La coeducación de ricos y pobres
Ferrer i Guàrdia abogaba por "la inocente igualdad de la infancia por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional" con el objetivo de acabar con la dominación de clase. Sin embargo, ahora se reproduce algo parecido: "El tipo de escuela está fijando el tipo de alumno y de familia, dependiendo de la ubicación geográfica y de la confesionalidad", sostiene Mollà. Además, el aumento de ayudas estatales a los centros concertados (a los que asiste el 25% de los escolares) va en detrimento del apoyo a la escuela pública. "Parece que la casta nos distingue, estamos dentro o fuera", sigue Mollà, quien sostiene que estas "trabas" demuestran que la coeducación de clases es todavía un reto. 
Ferrer i Guàrdia.
​2. La educación mixta
Los colegios que separan a niños y niñas no sólo siguen existiendo, sino que reciben financiación pública, a pesar de que el Tribunal Supremo haya emitido seis sentencias en contra de estas subvenciones. Wert apuntala su defensa de la educación segregada en la Convención de la UNESCO, que no la considera discriminadora en ningún caso. Aun así, ese documento data de 1960. "Es un sinsentido que esa idea antipatriarcal que la Escuela Moderna promulgó para romper con las desigualdades entre hombres y mujeres siga teniendo representación e incluso el beneplácito del sistema", lamenta Mollà.

3. La religión, fuera de las aulas
La Escuela Moderna no era contraria a que la religión estuviera en la base de la enseñanza, pero consideraba que debía estar fuera de la escuela. Tras la dictadura franquista y la Transición, los crucifijos empezaron a descolgarse de las paredes de las aulas mientras entraban en ellas los libros de Educación para la Ciudadanía, una materia troncal que enseñaba valores sociales como la igualdad, la solidaridad o la defensa de los derechos humanos. La reforma de Wert eliminó esta asignatura y la convirtió en la alternativa a la resucitada clase de Religión durante la Primaria y la ESO. Su contenido, evaluable y publicado en el BOE hace unas semanas, no ha sido elaborado por el Gobierno, sino por la Iglesia. "Es un paso atrás clarísimo porque volvemos a mezclar lo que ya habíamos conseguido separar", valora Mollà. "La Iglesia ya tiene herramientas para llegar a la sociedad, no debe meterse en la educación", considera.

4. Educación sin premios, castigos ni exámenes
"En la Escuela Moderna no hay premios, ni castigos, ni exámenes en los que hubiera alumnos ensoberbecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se conformaran con la vulgarísima nota de aprobado ni infelices que sufrieran el oprobio de verse despreciados por incapaces". Es el 11º principio básico de la Escuela Moderna, aunque Mollà puntualiza que de lo que huía la pedagogía de Ferrer i Guàrdia era de las calificaciones relacionadas con exámenes de pura memorísitica, que "estresan al alumno y le predisponen al fracaso". La Escuela Moderna, cuenta, puntuaba cuestiones distintas, como la "responsabilidad individual, la responsabilidad colectiva, la ética o el interés del alumno por aprender".
El Maestro
Actualmente, y con la excepción de Infantil y Primaria, los profesores viven sometidos a los currículos por la presión de evaluaciones externas como la Selectividad o PISA. Y por si estas no fueran suficientes, la ley Wert ha implantado una prueba de evaluación final que recuerda a las reválidas y que servirá para conseguir el título de cada ciclo no universitario. Lejos de estas pruebas queda el lema de la Escuela Moderna "Ayúdame a pensar" y su convencimiento de que "la educación no es saber hacer cosas, sino entenderlas".

5. Profesores formados y con un sueldo digno
Al margen de los recortes en Educación, que según los sindicatos han dejado a la escuela pública con 20.000 profesores menos, Mollà advierte con preocupación de que otro problema es que España aún no ha conseguido hacer "ambicionable" la profesión de maestro. "Somos tan incapaces de buscar profesores buenos como de castigar a los malos", opina el autor de El Maestro, que señala la necesidad de "renovar todo el patio de profesores". Mollà insiste en que si no cambia la educación, tampoco cambiará la sociedad y, aunque celebra la movilización de gran parte de la comunidad educativa contra la deriva del sistema, lamenta: "Todavía hay más gente que dice que hay que cambiar las cosas que gente que las esté cambiando".

domingo, 8 de febrero de 2015

PRENSA. "Palo de gallinero". David Trueba

   En "el País":

Palo de gallinero

La nueva fórmula de enseñanza universitaria suena bien sobre el papel, pero campanillea con un ruido muy conocido en España, el del elitismo y la separación de clases




  • El ministro José Ignacio Wert

    Aún está por saberse si el plante de los rectores a la aplicación de la nueva fórmula de enseñanza universitaria pergeñada por el Ministerio de Educación es de verdad un plante o solo un aplazamiento puntual. La reforma suena bien sobre el papel, pero campanillea con un ruido muy conocido en España, el del elitismo y la separación de clases. La masterización de las carreras universitarias se calca de modelos europeos y anglosajones. En España partimos de un único acuerdo general: que nuestro sistema educativo es fatal. Pero cuando viajas por ahí y te asomas a ciertas universidades con marca, descubres que la educación es un negocio nada ajeno a la propaganda. Y España lo que quiere es meterle mano al negocio y dejarse de romanticismos.
    En tiempos de Ángel Gabilondo se llegó lo más cerca posible de un pacto político para la reforma educativa. Los líderes de la oposición mandaron parar porque no les cuadraba bien con la pugna electoral. Ahora han sido los rectores los que han mandado parar una reforma que nace con el pecado de no estar pactada con nadie. Pecado que no es menor, pero poco importa en la política española. De esto alguna responsabilidad tienen los medios de comunicación; basta ver la reprimenda que le ha caído a Pedro Sánchez por pactar con el Gobierno, pese a su esfuerzo por dejar claro que el acuerdo no difumina las discrepancias. Nadie quiere una foto complicada de explicar, pero ahí se labra la personalidad de un líder.
    Joan Fuster, que era un inteligentísimo analista de la realidad sin salir de Sueca, gustaba de recurrir a aquel refrán de gallinero: la gallina de dalt caga la de baix. Es decir, que la gallina del palo de arriba defeca irremediablemente sobre la del palo de abajo. No es mala imagen para una reforma universitaria que vuelve a poner el dinero en primer plano, ya sea para ahorrárselo el Estado o para que los padres costeen a sus hijos una titulación competitiva. La reforma sería aceptable, si no acabara por dividir a los estudiantes españoles entre los del palo de arriba y los del palo de abajo. Aunque quizá todo esto da igual en un país que solo crece en desigualdad en cada balance objetivo.

    lunes, 10 de diciembre de 2012

    PRENSA. "Los obispos y Wert negociaron con sigilo".

    Los centros católicos concertados también se benefician de la reforma educativa del ministro José Ignacio Wert. / LUIS SEVILLANO ("El País")

       En "El País":

     Sevilla 8 DIC 2012 

    Los obispos españoles están cerca de apuntarse una de sus mayores victorias educativas de los últimos 35 años. Han negociado en silencio hasta conseguir que el proyecto de ley de enseñanza que ha presentado esta semana el Gobierno de Mariano Rajoy colme una de sus históricas reivindicaciones: que los alumnos que elijan no cursar la asignatura de Religión tengan que estudiar una materia alternativa fuerte. Se llamará Valores Culturales y Sociales en primaria y Valores Éticos en secundaria. Además, también se ha cumplido otros de sus deseos: que se suprima la polémica Educación para la Ciudadanía.
    Los obispos ganaron durante la Transición la batalla de la clase de Religión en todas las aulas, tanto en los centros concertados católicos como en los públicos. La Iglesia perdió entonces su dominio sobre la enseñanza en España, pero logró que el Estado firmara en 1979 los acuerdos con la Santa Sede, que tienen un capítulo dedicado a la educación. Gracias a ese pacto, los prelados consiguieron que la Religión se siguiera impartiendo en todos los colegios e institutos y obtuvieron la libertad para elegir a los docentes, cuyo sueldo sale de las arcas públicas.
    Eso sí, la asignatura dejó de ser obligatoria. Y el empecinamiento de los obispos en las últimas tres décadas se ha centrado en endurecer la alternativa a la clase de Religión para evitar un efecto disuasorio. Este asunto ya provocó litigios en los noventa y una retahíla de comunicados de la Conferencia Episcopal Española entre 2005 y 2007, mientras el anterior Ejecutivo socialista elaboraba y desarrollaba a través de reales decretos la Ley Orgánica de Educación (LOE). Los obispos, incluso, se sumaron a la multitudinaria manifestación contra esta norma que se celebró en Madrid en noviembre de 2005.
    Mario Bedera, ex secretario de Estado de Educación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, participó en la elaboración de la LOE, la norma que será sustituida por la reforma del ministro José Ignacio Wert. Cree que la existencia de una materia fuerte alternativa a Religión “es una forma de ganar clientela” para la Conferencia Episcopal. O, dicho de otra forma, una manera de que la asignatura confesional no pierda alumnos. “Montar una alternativa dura es una excusa para que exista Religión”, opina Juanjo Picó, responsable de comunicación de Europa Laica.

    La Iglesia también ha logrado que se elimine Educación para la Ciudadanía
    Picó cree que tras la insistencia de la Iglesia católica en que se regule (y endurezca) la alternativa hay un intento de esquivar la progresiva “secularización” de la sociedad. Según su interpretación, es la forma de evitar la “caída vertiginosa” del número de chicos que cursan Religión. Entre el curso 2000-2001 y el 2009-2010, se registró un descenso de más de ocho puntos, según los datos del Ministerio de Educación. En primaria, se pasó en una década del 83,32% de matriculados en Religión al 74,19%. En secundaria, del 63,71% al 54,39%. Y del 47,68% al 41,14% en bachillerato. La caída es mucho mayor en la pública y a medida que los chicos crecen y ganan libertad para elegir.
    Respecto a las alternativas a la materia confesional, los desarrollos de la vigente LOE establecieron tres vías en secundaria: estudiar Religión, cursar Historia de las Religiones o una “adecuada atención educativa”. En la práctica, según reconoce el socialista Bedera, la opción de Historia de las Religiones es “residual”. La inmensa mayoría de los alumnos o estudia Religión o recibe esa atención educativa, que se traduce en horas de biblioteca o en salir antes del instituto. Wert enmienda esta situación al eliminar la opción de la atención educativa y situar en su lugar la nueva materia de valores culturales, sociales y éticos, como querían los obispos. La Iglesia ha argumentado hasta ahora que elegir Religión no podía suponer discriminación.
    La Conferencia Episcopal se ha apuntado el tanto desde el silencio. Frente a la pública y callejera estrategia que emplearon contra la LOE, los obispos se han movido en esta ocasión en los despachos. La Consejería de Educación de Andalucía, contraria a la solución que se ha buscado para Religión, asegura que este asunto nunca se trató en las reuniones sobre la reforma que el Gobierno ha mantenido con las comunidades. No fue hasta el pasado lunes, víspera del encuentro entre el ministro y los consejeros autonómicos, cuando apareció plasmado en el proyecto de ley. En el texto que Wert presentó a finales de septiembre no se mencionaban las alternativas a la materia confesional, algo que escamó a responsables de la Iglesia.
    Pero, entre el proyecto de septiembre y el que se difundió el lunes, los obispos han sabido jugar sus cartas. “Estamos en fase de diálogo”, dijo el 4 de octubre el portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino. “Religión tiene que ser ofrecida en condiciones de libertad para quien la elija, pero como una asignatura equiparable a las fundamentales”, añadió el sacerdote, quien mostró “una cierta preocupación” al no haber encontrado en el proyecto de septiembre una “fórmula” que le convenciera.

    “La alternativa dura es la excusa para que Religión exista”, dice Europa Laica
    El Ministerio de Educación, preguntado sobre si habían mantenido encuentros con la cúpula de los obispos, primero dijo que no, y, horas después, una portavoz aclaró a este periódico que la secretaria de Estado Montserrat Gomendio se ha reunido con responsables de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. Esto no se publicitó como los encuentros con otros sectores.
    Los obispos han sido los que han tratado directamente con ella. En los temas relacionados con la educación religiosa el ministerio tiene tres interlocutores clásicos. Por un lado están la Conferencia Episcopal y la Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia (Concapa), que suelen ir de la mano en sus reclamaciones. El tercer actor es la patronal católica FERE, que mantiene una actitud pragmática y centra su atención en la reivindicación de los conciertos educativos, que también se benefician con la reforma de Wert.
    “Nosotros no hemos tenido conversaciones con el ministerio sobre la asignatura de Religión”, reconoce José María Alvira, responsable de la Secretaría General de FERE. Admite que de ese asunto se ocupó directamente la Conferencia Episcopal. Sin embargo, Alvira aplaude, al igual que Concapa, que se haya armado una alternativa fuerte a la clase confesional porque sirve “para que se tome en serio” la materia. Pero lo cierto es que los asociados de Fere no han tenido muchos problemas con este asunto, ya que los alumnos que se matriculan en sus centros suelen aceptar el ideario católico y pocos son los que se decantan por no cursar Religión.
    No ocurre lo mismo en otros concertados de carácter no confesional. “Es pedagógicamente más lógico tener una alternativa más clara”, sostiene Rafael Caamaño, secretario general de la patronal CECE Andalucía, donde están representados centros privados católicos y no confesionales. Caamaño afirma que sus colegios e institutos han tenido “problemas” para atender a los alumnos que no querían cursar Religión.

    La patronal de los concertados aplaude los cambios
    El otro tanto que se han apuntado ahora los obispos ha sido la supresión total de la asignatura Educación para la Ciudadanía, puesta en marcha por el anterior Gobierno socialista y que fue respaldada por el Tribunal Supremo tras años de polémica y ruido. Es más, en la reforma de Wert las asignaturas que se perfilan como herederas de Ciudadanía son, precisamente, las dos alternativas a Religión, es decir, Valores Culturales y Sociales y Valores Éticos.
    Alejandro Tiana, ex secretario general de Educación del anterior Gobierno socialista, cree que “concebir la Religión como una alternativa a los valores sociales, cívicos o éticos” es una opción “totalmente rechazable”. Para conocer los contenidos de las dos materias alternativas a Religión habrá que esperar todavía al desarrollo que tiene que realizar el ministerio después de aprobar la reforma. También habrá que aguardar hasta ese momento para saber cómo se evaluará la materia de Religión (y sus alternativas).
    Hasta ahora, según explica Tiana, la fórmula por la que se habían decantado los distintos responsables de la Administración educativa era por la de “una asignatura evaluable, pero no computable”. Es decir, los alumnos se tenían que examinar de Religión y las calificaciones figuraban en su expediente y contaba para repetir curso (aunque el nivel de suspensos en Religión es ínfimo). La nota, en todo caso, no contaba para la media para acceder a la Universidad o para lograr una ayuda o beca. La duda es si el Gobierno mantendrá esta situación cuando se empiece a aplicar la reforma. Lo que sí ha hecho ya el ministerio es dejar fuera de la nueva reválida de secundaria a la Religión y su alternativa.
    También resta por saber si la victoria del sector católico será completa y consigue que en el Bachillerato gane peso la asignatura de Religión. El ministerio ha decidido ahora situar esta materia entre las 11 asignaturas optativas de esta etapa no obligatoria. De esas 11, los alumnos deben elegir dos o tres. Dentro de la Iglesia ya han surgido voces que piden un cambio para que la Religión reciba una atención especial en esta etapa (en la que menos de la mitad de los alumnos se decantan ahora por la materia confesional).

    martes, 16 de octubre de 2012

    PRENSA. "Españolizar ya lo hizo Franco... y fracasó", reportaje

    El ministro José Ignacio Wert ha generado polémica al decir que quiere españolizar a los alumnos catalanes. / HERMINIA SIRVENT ("El País")

       En "El País":

    Españolizar ya lo hizo Franco... y fracasó

    La enseñanza en la escuela y el idioma no son los únicos medios ni los más poderosos para fomentar la identidad nacional

     Madrid 14 OCT 2012 

    El ministro Wert ha querido añadir un par de argumentos al debate político a lo largo de la última semana como si la actualidad careciese de los condimentos necesarios. Uno, que “hay evidencias” de que el crecimiento del independentismo catalán está relacionado con la enseñanza que se da en la escuela [entrevista en Telemadrid]. Y dos, que el propósito del actual Gobierno (y suyo) es “españolizar a los catalanes” [respuesta en el Parlamento]. A tenor de ambas declaraciones, cunde la especie de que los ciudadanos de Cataluña pueden ser catalanizados o españolizados a conveniencia de las leyes educativas o de los programas de los partidos políticos. Las palabras del ministro inducen una pregunta: ¿puede la escuela ser un foco de adoctrinamiento que convierta a los españoles en catalanes o viceversa?
    La relación entre escuela e identidad nacional viene de lejos, tanto como de la Revolución Francesa, donde la escuela se concibe como un instrumento del Estado, una de cuyas finalidades es formar la conciencia nacional: la escuela es la que tiene que domar la barbarie y hacer nacer la ciudadanía. Uno de los autores más citados por los expertos es el filósofo alemán Johann Gottlieb Fitche, quien enfatizaba en su Discurso a la nación alemana la importancia que para el Estado tiene la instrucción de las masas para enseñar a los alemanes a ser buenos alemanes. Influido por estas reflexiones relativas a la creación de un sentimiento de unidad nacional, el Estado prusiano aumentó los impuestos para fomentar una red de escuelas de primaria.

    La relación entre escuela e identidad nacional nace en la Revolución Francesa
    Desde entonces subsiste cierto debate en torno a Fitche: hay quienes creen que ha sido mal interpretado, que en realidad nunca preconizó el adoctrinamiento de las masas (lo que sucedió en Alemania algo más de un siglo después tardará en olvidarse) sino una educación que permitiera a los hombres ser libres. ¿Dónde está la frontera entre educar para ser libres y adoctrinar para adquirir una conciencia nacional? María José del Hierro, doctora en Ciencia Política, remite la respuesta al profesor de Yale Keith Darden quien considera que las únicas generaciones que han sido nacionalizadas por la escuela han sido aquellas sometidas a campañas de alfabetización, por una razón muy sencilla: los padres analfabetos no estaban en condiciones de discutir las enseñanzas que recibían sus hijos. El debate es muy extenso, pero no se discute que exista una relación entre la lengua y el sentimiento de identidad.
    En cualquier caso, para buscar un ejemplo de adoctrinamiento con una lengua como materia prima no hay que irse muy lejos ni buscar bibliografía entre sesudos expertos internacionales. “La mejor evidencia empírica es el yugo y las flechas”, señala José Ignacio Vila, catedrático de Psicología Evolutiva y Educación por la Universidad de Girona.

    España tuvo durante 40 años un sistema educativo para adoctrinar
    España fue objeto de la aplicación de un sistema educativo que durante 40 años trató de adoctrinar a sus ciudadanos. La dictadura de Franco magnificó los elementos unitarios del Estado español de tal manera que cualquier otra cosa, cualquier manifestación de diversidad, fue reducida a una simple anécdota costumbrista. Se identificaba centralismo con modernidad y fortaleza frente a las peculiaridades regionales, revestidas siempre de un aire entre folclórico y étnico: costumbres, trajes regionales, fiestas y bailes típicos, refranes... Existió un integrismo lingüístico unido a un concepto de raza.
    Sirva como ejemplo un artículo del eclesiástico catalán Josep Montagut en el diario Solidaridad Nacional poco después de finalizada la Guerra Civil: “Quedará proscrita toda publicación, libro, folleto, periódico, revista, diario que no se redacte en el lenguaje oficial de España, que es el verbo de la raza y de todos los hijos del orbe hispánico”.

    El nacionalismo también ha usado el término catalanizar en las aulas
    Lo importante durante el régimen era desarrollar una conciencia nacional bajo la idea de que todos los españoles forman una sola nación y un único Estado. Para ello había una asignatura denominada Formación del Espíritu Nacional y un profesorado mayoritariamente adicto al Régimen. Muerto el dictador, la realidad dejó en entredicho los efectos de tal sistema de adoctrinamiento.
    Durante ese periodo, el catalán sobrevivió como una lengua de uso privado cuya enseñanza se transmitió de padres a hijos. No hubo hasta muy al final del régimen una posibilidad de enseñanza reglada en la escuela. El catalán fue considerado durante esa época como el idioma de las élites catalanas. De hecho algunos autores destacan que los inmigrantes castellano hablantes procuraban que sus hijos aprendiesen catalán como una forma de lograr mayor estatus social y poder integrarse en la élite. Era una lengua identificada con el poder económico.
    Todo eso cambió con la democracia. Nació en 1983 la Ley de Normalización Lingüística en Cataluña, que permitía el empleo del catalán como lengua de instrucción y que promulgaba que todos los estudiantes deberían dominar ambos idiomas al terminar la enseñanza general básica aunque la Generalitat defendía que para conseguir ese objetivo era necesario que toda la enseñanza se hiciera en catalán.
    La citada ley fue evolucionando con el paso de los años: fue en 1992 cuando la Generalitat decretó que toda la enseñanza primaria fuera en catalán. Más tarde se amplió a la secundaria. Y hubo un impulso (discutido en algunos sectores) para imponer el uso del catalán en todas las actividades de la vida cotidiana. Y un discurso nacionalista que utilizó, en algunas ocasiones, el término “catalanizar”.

    La educación influye, pero hay más. También están los medios
    Casi 30 años de experiencia de una enseñanza en catalán contemplan un proceso de normalización lingüística y de identidad nacional que ha sido analizado por expertos. ¿Describen esos estudios la evidencia a la que se refiere el ministro Wert? No hay respuestas unánimes y sí conclusiones que no son coincidentes. Y ello a pesar de que se acepta que el plan inicial de la Generalitat gobernada por Convergencia era el de transformar el sentimiento nacional de los habitantes de Cataluña.
    “La identidad catalana no se puede entender fuera del conocimiento del catalán”, afirma el catedrático José Ignacio Vila, autor de varios estudios sobre identidad nacional y escuela. “Recuerdo una frase de Puigcercós [presidente del Parlamento catalán de Esquerra Republicana] que dijo algo así como que 300 años de convivencia nos han hecho muy semejantes. El hecho de usar el sistema educativo posibilita un conocimiento del catalán y por tanto que se haya promovido una identidad catalana. Ha hecho que la gente se sienta más cercana a lo catalán, pero no ha servido para catalanizar. Y no hay que perder de vista que el castellano tiene mucha importancia en el sistema educativo. Son otras las razones que han propiciado una manifestación como la del 11 de septiembre, donde por otra parte había mucha gente que hablaba castellano”.

    Una tesis concluyó que los maestros son más nacionalistas que la media
    En el mismo sentido se expresa Rebeca Soler, doctora experta en psicopedagogía, de la Universidad de Zaragoza: “A efectos de ideologización, no podemos pensar que el sistema educativo, por sí solo, lo puede todo; tiene un enorme influjo en la interpretación de la realidad social que se quiera transmitir a las jóvenes generaciones, y esto ya no se discute en ningún foro. Pero en la actualidad, mucho más que en épocas anteriores, hay que valorar el tremendo potencial al respecto de los medios de comunicación y de las modernas tecnologías de la información y la comunicación: sus mensajes penetran fácilmente en los ciudadanos, sobre todo en los jóvenes; son eficacísimas a la hora de crear opinión, de promover voluntades, de alimentar actitudes… de un signo o de otro, según quién mueva los hilos. El poder de estas vías de educación informal no ha sido todavía suficientemente estudiado y evaluado”.
    Uno de los autores que ha generado mayor controversia es Thomas Jeoffrey Miley, de la Universidad de Cambridge, que realizó en 2006 su tesis doctoral sobre la enseñanza del catalán (Nacionalismo y política lingüística: el caso de Cataluña). Miley entrevista a políticos catalanes, utiliza estudios sociológicos, pero establece una novedad en forma de entrevista a los profesores que imparten materias relacionadas con la lengua y las ciencias sociales.
    Es Miley quien introduce el argumento de que hay un cierto éxito en la catalanización de las jóvenes generaciones por un impulso decidido de las élites políticas nacionalistas y por un profesorado que es más nacionalista que la media de la ciudadanía. “Todas las partes están interesadas en un control sobre la escuela como una herramienta de socialización de la identidad nacional. Los catalanes tratan de hacer país, pero hay otros factores que inciden, la educación no es el único. Investigué si los programas de catalanización en la escuela tenían consecuencias. Mostraba que sí de forma clara. ¿Hasta qué punto es efecto de la lengua o el perfil del profesorado? En mi tesis hice encuestas con élites y profesores de lengua, historia y ciencias sociales y se ve claramente que el profesorado es más nacionalista que la media. Así que, hoy por hoy, el que estudia puede tener un perfil más cercano al nacionalismo”.
    “Pero, en general”, termina Miley, “que la identidad vaya ligada al auge del independentismo no se puede explicar por esta cuestión: hay un problema demográfico que no le gusta al nacionalismo catalán por mucho que lo intente: no consigue que el hijo del obrero andaluz apoye la independencia".
    Más lejos que Miley llega un estudio más reciente (2008) elaborado por tres economistas (Oriol Aspachs-Bracons, Irma Clots-Figueras y Paolo Masella) que hace un pormenorizado análisis de todas las encuestas registradas sobre el sentimiento nacional y establece su relación con el sistema educativo y las jóvenes generaciones que han estudiado en catalán. Estudia el efecto de la lengua en la identidad nacional y en la opción política y establece que “el tamaño del efecto es grande y se extiende a los individuos cuyos padres no tiene orígenes catalanes. La educación a través de la lengua puede equilibrar el papel de la familia”. Una de las conclusiones más sorprendentes de un estudio que discurre entre fórmulas matemáticas y tablas es la afirmación de que el uso de la lengua “incrementa el voto hacia los partidos catalanes”.
    Finalmente están los estudios de la doctora en Ciencia Política María José Hierro, que datan de 2011 y repasan los ensayos anteriores. Hierro apuesta firmemente por la influencia de la familia y del barrio, además de la escuela. “Hay trabajos y un debate abierto”, afirma. “El efecto de la escuela es más limitado, más moderado de lo que se piensa. No se tiene en cuenta la familia ni el barrio donde viven los individuos. Y esto es así porque los niños acaban teniendo contacto en la escuela con otros niños que se asemejan a ellos y que tienen unos padres con unos sentimientos de identificación nacional similares. Solo en aquellos barrios en el que los hijos de inmigrantes están en minoría, la estancia en la escuela puede influir más en que terminen sintiéndose más catalanes”.
    ¿Qué pasaría cuando los hijos abandonan el hogar? “En principio, podemos pensar que una vez se marchan, los padres pierden su influencia, mientras gana la de las parejas. Si salen una vez que la identidad nacional ha cristalizado totalmente, cosa frecuente dado que salen tarde, es difícil que esta cambie”. Sin embargo, Hierro termina aceptando que años de educación puedan incrementar la probabilidad de que los descendientes se autoidentifiquen como más catalanes que españoles en vecindarios en los cuales el porcentaje de nacidos en otras regiones de España sea moderado.
    Hay coincidencia entre los expertos acerca de que no hay síntomas de una ruptura social a causa del uso de la lengua, ni de un daño serio en la convivencia en Cataluña. Por otra parte, los estudios que cuantifican el nivel de conocimiento de ambas lenguas (el castellano y el catalán) por parte de los estudiantes coinciden en señalar que es homogéneo.
    Todo ciudadano de Cataluña es susceptible de ser interrogado sobre sus sentimientos nacionales en función del test de las cinco respuestas (más catalán que español, más español que catalán, igualmente español que catalán, solo español o solo catalán). Y es el crecimiento del “solo catalán” lo que ahora preocupa a ministros como Wert que creen que ha sido consecuencia de un adoctrinamiento en la escuela y no producto de otras circunstancias. Adoctrinar lo hizo el régimen de Franco y fracasó. Y, según los expertos, esa es la úniva evidencia indiscutible en esta materia.