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miércoles, 25 de junio de 2014

PRENSA. "Violencia sexual en el conflicto armado colombiano". Isabel Ortigosa

   En "blogs.elpais":

Violencia sexual en el conflicto armado colombiano

Por:  03 de junio de 2014
Isabel Ortigosa, Responsable de Incidencia de InspirAction
Violencia sexual
                                                                          Foto: Inspiraction
Indudablemente, la magnitud de la violencia sexual contra las mujeres en el marco del conflicto armado en Colombia aún no ha recibido la atención que merece. Cuando los crímenes llegan a ser denunciados, las mujeres encuentran grandes obstáculos para acceder a la justicia, incluyendo altísimos niveles de impunidad. Sin embargo, y a pesar de estos obstáculos y del gran costo personal, las mujeres colombianas están alzando su voz y exigiendo el derecho a la verdad, la justicia, la reparación y garantía de no repetición. Hacerlo supone hacer frente a amenazas y riesgos a su integridad física y la de sus familias.

El informe “Colombia: Mujeres, Violencia Sexual en el Conflicto y el Proceso de Paz”, lanzado recientemente por ABColombia, con el apoyo de la ONGD española InspirAction, explica como la violencia sexual en Colombia ha sido utilizada como estrategia de guerra con el objetivo de aterrorizar y controlar a las comunidades.
Hablamos de una práctica sistemática y generalizada. Como tal, es importante no tratar estos crímenes como violaciones aisladas, o –en el caso del Estado- como cometidas por agentes estatales deshonestos. Es fundamental reconocer el carácter generalizado y sistemático del crimen y analizar los patrones y tendencias con el fin de identificar a los responsables y establecer la responsabilidad en la cadena de mando.

Pero para abordar el impacto de la violencia sexual relacionada con el conflicto, es importante comprender el contexto social y cultural: además de los sistemas patriarcales basados en la dominación y la discriminación de género, existen otros factores como la marginación social, política y económica que deben ser tenidos en cuenta. Para las mujeres indígenas y afrocolombianas, estos factores se combinan con actitudes históricas relacionadas a la esclavitud y discriminación racial. La impunidad sirve para reforzar, en lugar de desafiar estas normas y patrones preexistentes de discriminación contra la mujer.

Este caldo de cultivo ha sido exacerbado por el conflicto armado interno.  La misma Corte Constitucional de Colombia ha señalado que la violencia sexual se trata de un crimen perpetrado por todos los actores armados y que es “una práctica habitual, extensa, sistemática e invisible”. Los cuerpos de las mujeres han sido utilizados en este conflicto para lograr objetivos militares y como botín de guerra. La violencia sexual contra las mujeres ha sido también utilizada para ejercer control social y territorial sobre sus actividades cotidianas, especialmente por parte de los grupos paramilitares, incluyendo las BACRIM (grupos paramilitares que continuaron después del proceso de desmovilización). Muchas mujeres son además forzadas a prostituirse por parte de las empresas controladas por paramilitares.
Mientras tanto, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC, obligan al uso de la anticoncepción y al aborto a sus soldados rasos. Según el Grupo de Atención Humanitaria al Desmovilizado del Ministerio de Defensa, entre 2012 y 2013, 43 de 244 mujeres combatientes desmovilizadas informaron que habían sido obligadas a abortar. Es frecuente el reclutamiento forzado de niñas, con el fin obligarlas a prestar servicios sexuales, o como ‘pago’ para proteger a otros miembros de su familia.

Por su parte, el impacto de la participación de las Fuerzas de Seguridad del Estado en la violencia sexual tiene unas connotaciones especialmente devastadoras,  ya que ellas tienen el mandato de proteger a la población civil. Cuando la violencia sexual es cometida por los mismos representantes del Estado cuya función específica es proteger a la población, el resultado es un sentimiento total de desprotección y abandono: no queda nadie a quien acudir en busca de justicia.  Esta ausencia del Estado de Derecho deja a las comunidades expuestas, generando miedo y terror: aquellos que supuestamente deberían aplicar la justicia son  los que están violando derechos. La Defensoría del Pueblo de Colombia informó que en Cartagena “los casos de violencia contra las mujeres por parte de la Fuerza Pública si bien no [correspondían] a una estrategia de guerra (…), sí se constituían en una práctica generalizada que se valía de las condiciones de subordinación históricas de las mujeres, las precarias condiciones económicas producto de la desprotección del Estado y la naturalización de ideas insertas en la cultura, como la de que el cuerpo de las mujeres era un objeto que le pertenecía a los hombres”.

Lamentablemente, solo un 18% de las mujeres colombianas denuncian violencia sexual, y el nivel de impunidad para crímenes sexuales llega a más del 98% de los casos. Detrás de los datos y las cifras, se esconden sentimientos de miedo, impotencia, frustración e inseguridad. Los factores que obstaculizan el acceso a la justicia son múltiples: actitudes patriarcales y racistas que influyen en la conducta de los responsables de la administración de justicia, intimidación y violencia contra los jueces, abogados y testigos, sistemas ineficientes e ineficaces en la administración de justicia, así como  la ausencia de estrategias articuladas, criterios tangibles y coordinación entre los departamentos que atienden a las víctimas. Pero para acabar con esta lacra se necesita ante todo voluntad política y compromiso en todos los niveles. Sin ellos, ninguna ley será eficaz.

Es el momento de pensar críticamente en cómo las organizaciones de mujeres pueden participar en el proceso de reconstrucción y en la conformación de las leyes y las instituciones públicas resultado de estos diálogos. La exclusión de las mujeres en la construcción de la paz sería un error que sin duda marcaría el proceso; un lujo que los colombianos no pueden permitirse.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

PRENSA. "Delitos bajo la alfombra". William Hague y Angelina Jolie

Angelina Jolie

   En "El País":

Delitos bajo la alfombra

Hay que perseguir la violencia sexual en las guerras para que no quede impune

 /  24 SEP 2013

Todos los días salen a la luz noticias de los horribles crímenes que se están cometiendo en Siria. Ahora, la ONU ha confirmado que se está recurriendo a la violación para aterrorizar y castigar a mujeres, hombres y niños durante los registros a viviendas y en los interrogatorios, así como en los controles fronterizos, los centros de detención y las cárceles de todo el país.
El último y terrible informe de la Comisión de Investigación de la ONU explica cómo una madre fue violada y obligada por sus raptores a cocinar y limpiar para ellos, amenazándola con asesinar a sus hijos si se negaba. También relata la historia de una universitaria que fue violada porque su hermano estaba en la lista de los buscados por el Gobierno. Estos casos son la punta del iceberg. El miedo, la deshonra y la mera lucha por la supervivencia les impide a muchos de estos supervivientes atreverse a alzar la voz contra estos hechos.
La violencia sexual ha sido un arma de guerra en casi todos los conflictos contemporáneos de mayor envergadura, desde Bosnia a Ruanda. En concreto, la violación se utiliza como una táctica militar intencionada, cuyo fin es lograr determinados objetivos políticos: humillar a los adversarios políticos, expulsar o avasallar a un grupo étnico diferente o aterrorizar a una comunidad hasta someterla. En algunos conflictos se emplea incluso para contagiar a las mujeres el VIH o para lesionarlas hasta el punto de que nunca puedan tener hijos.

Se han prohibido las minas terrestres o las municiones de racimo. Un acuerdo contra las agresiones sexuales también es posible
Se recurre a la violación porque se puede encubrir con facilidad y porque se dirige a las personas más vulnerables. Cuando estuvimos en la República Democrática del Congo hablamos con una mujer cuya hija de cinco años había sido violada. Esa niña es demasiado pequeña para alzar su voz, pero su calvario, así como el de millones de víctimas en todo el mundo, debería ser una exhortación para elaborar un plan de acción.
El mundo ha elaborado tratados destinados a prohibir el uso global de municiones en racimo y minas terrestres, así como a reducir el comercio de armas ilegales. Cada uno de estos acuerdos se consideró en su momento como algo imposible. Nacieron a raíz de la indignación moral y tuvieron como consecuencia la acción global. Ahora es el momento de hacer lo mismo contra la violación y la violencia sexual en zonas de combate.
El fondo del problema es la arraigada cultura de impunidad, gracias a la cual en cualquiera de estos países tan solo un puñado de casos ha llegado a juicio, aunque se hayan cometido decenas de miles de violaciones. Los hombres que violan a los prisioneros en los centros de detención en Siria piensan que saldrán impunes porque así ha venido siendo hasta ahora. Otro factor crucial es la ausencia de apoyo a largo plazo para las víctimas, que, además de haber sufrido a manos de sus agresores, se enfrentan a una vida sumida en el rechazo, la enfermedad y el trauma.
Nos hemos unido para hacer campaña sobre este asunto porque ambos hemos sido testigos de cómo la violencia sexual destruye las vidas de los supervivientes y de sus familias. Queremos concienciar a los demás de que la necesidad de tomar medidas es urgente. Y estamos haciendo un llamamiento a los Gobiernos de todo el mundo para que se unan y adopten como prioridad fundamental la erradicación de la violación en zonas de guerra.
Esta iniciativa la pusimos en marcha el año pasado, y nos sentimos agradecidos por la respuesta que hemos tenido por parte de muchos países. El pasado mes de abril en Londres, durante la reunión del G8, en la que estuvieron presentes nuestros dos países, se llegó al acuerdo histórico de abordar este problema. En junio, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó de manera unánime una resolución para reforzar la capacidad de la ONU. Cuarenta y cinco miembros de Naciones Unidas respaldaron la resolución al copatrocinarla, lo que constituye un récord en la historia contemporánea.
Ha empezado en Nueva York la Asamblea General de la ONU, la reunión anual que agrupa al mayor número de dirigentes mundiales. En concreto, hoy mismo se presentará allí una nueva Declaración de compromiso para erradicar la violencia sexual en el conflicto armado. La declaración ha sido elaborada junto al representante especial del secretario general de la ONU para la violencia sexual, así como a otra docena de países procedentes de Oriente Próximo, Europa, África y Asia, cuyos dirigentes han decidido con valentía defender esta causa junto a nosotros. La declaración les otorgará a todos los países la posibilidad de manifestar su postura en relación con este tema.

No se puede tolerar por más tiempo la violación de cientos de miles de mujeres, hombres y niños
Los países que la respalden acordarán, por primera vez, que la violencia sexual en el conflicto armado constituye una vulneración grave de los Convenios de Ginebra y su primer protocolo. Esto tendrá como consecuencia que los sospechosos podrán ser detenidos donde sea que se encuentren.
La declaración establece el compromiso de no permitir amnistías en los acuerdos de paz para los casos de violencia sexual, para que así estos crímenes ya no puedan esconderse bajo la alfombra y los dirigentes militares se den cuenta de que se exigirán responsabilidades.
La declaración asegura que para mediados del año 2014 habrá un nuevo protocolo internacional, cuyo objetivo es garantizar que las pruebas que se recojan sean admisibles en el juicio y que los supervivientes vean que se hace justicia, así como hacer que la seguridad y dignidad de las víctimas constituyan el núcleo de las investigaciones en casos de violación y otros delitos sexuales cometidos en zonas de conflicto.
En la misma se incluyen disposiciones sobre la participación de las mujeres, la protección de los refugiados y la formación de las fuerzas armadas y policía nacional. Sus signatarios se comprometerán a situar la protección ante la violencia sexual al frente de su labor humanitaria en los conflictos y a contribuir al reforzamiento de la capacidad de aquellos países que sufren el mayor riesgo de padecer este tipo de violencia.
Creemos que estos pasos son susceptibles de ser respaldados por todos los miembros de la comunidad internacional. Por lo que confiamos en que la mayoría de los Gobiernos firmen este pacto y que podamos trabajar juntos para poner en práctica estos compromisos. Si esto fuera posible, podría marcar un punto de inflexión a nivel internacional en cuanto a las diversas posturas que hay sobre la violación y la violencia sexual y, así, constituir el principio del fin de la impunidad.
Existen muchas otras injusticias a las que debe enfrentarse el mundo. Pero ya no es posible tolerar más la violación y agresión de cientos de miles de mujeres, hombres y niños. Esperamos que gentes de todo el mundo adopten esta posición junto a nosotros.
William Hague es ministro de Asuntos Exteriores de Reino Unido.
Angelina Jolie es actriz y enviada especial de ACNUR.

martes, 25 de junio de 2013

PRENSA. "Una violación cada ocho horas". Reportaje

Los expertos creen que la mitad de las violaciones no se denuncia. / GETTY IMAGES. ("El país")

   En "El País":

Una violación cada ocho horas

Al año se presentan más de 1.100 denuncias - Superar el trauma requiere meses de ayuda

 Valencia 22 JUN 2013

En el garaje, en una calle poco iluminada tras una noche de fiesta, de madrugada al acudir al trabajo, en un rincón oscuro del portal de casa, en un parque, en el dormitorio. Por parte de familiares, de personas del entorno cercano o de perfectos desconocidos. Cada año se denuncian en España 1.161 violaciones (agresiones sexuales con penetración, en la jerga policial) según los últimos datos que facilita el Ministerio del Interior, de 2011. Son tres cada día; una cada ocho horas.
Detrás de cada una de ellas hay una profunda humillación, violencia física y psíquica, y unas secuelas que tardarán más o menos tiempo en cicatrizar (quizás no lo hagan nunca) con las que la víctima tendrá que aprender a convivir, generalmente con apoyo psicológico. “Nosotras no tenemos una goma de borrar, pero podemos conseguir que la herida no duela y que el recuerdo de la experiencia no cree un malestar tal que impida a la víctima vivir con normalidad”, explica Beatriz Mergelina, psicóloga del Centro de Atención a Víctimas de Agresiones Sexuales(Cavas) de Valencia.


EL PAÍS
No todas las violaciones que se denuncian acaban en condena. A pesar de ello, es más que probable que las agresiones que tienen lugar en España sean bastantes más que las 1.161 que recogen las estadísticas. No solo porque en los datos facilitados por el Gobierno no incluyen las denuncias registradas en Cataluña (581 agresiones sexuales en 2011, según los datos ofrecidos por los Mossos d'Esquadra, que no especifican las violaciones). Sino porque buena parte no se denuncian —especialmente las que se producen en el ámbito del hogar y a menores—. Es difícil saber cuántas llegan a trasladarse finalmente a una comisaría.
Santiago Redondo, profesor de psicología y de criminología de la Universidad de Barcelona y autor de diversos estudios sobre delincuencia sexual apunta que la información que se maneja a este respecto se obtiene de encuestas, como la que se realizó en Cataluña en 2010 en la que el 2,9% de las mujeres aseguraron haber sido violadas en algún momento de su vida. Estas consultas también apuntan que entre el 50% y el 55% de estas agresiones sexuales no se denuncian. Por ello, los especialistas consideran que la cifra real de este tipo de abuso podría rondar las 2.000 violaciones al año.

“Tratamos de que la herida no duela”, comenta una psicóloga
Clara, de 28 años, es una de las mujeres que forma parte de estas estadísticas. Acudió a tomar una copa a un pueblo cercano de su localidad —que prefiere ocultar, al igual que su nombre real—. Era la primera vez que iba a ese bar de copas. Allí no conocía a nadie más que a las dos amigas con las que salió aquella noche. Un chico se le acercó y le invitó a fumar un cigarro a las puertas del local. Accedió.
“Su aspecto era normal, recuerdo que charlamos tranquilamente mientras dábamos una vuelta”. Clara se muerde las uñas mientras rememora aquel terrible episodio.
A pesar de que se nota que está pasando un mal trago, ha accedido a relatar su caso por si puede ser de ayuda a otras mujeres.

Clara estuvo cuatro años acudiendo a terapia para superar la agresión
El paseo les llevó a una zona despoblada, junto a un campo de naranjos. De repente, el chaval abandonó la amabilidad que había mostrado hasta ese momento. “Se bajó los pantalones y me pidió que le hiciera una felación”, relata Clara. Ella se negó y la reacción fue de una violencia desmesurada. La joven apenas recuerda más allá de los primeros golpes que recibió. Después, no hay más que una sucesión de imágenes aisladas. “Estaba sin ropa interior, y con la cara ensangrentada; vi a unos chavales a los que pedí ayuda; me acuerdo de la ambulancia que me llevó al hospital y de un policía que me pidió el teléfono de mi padre”.
Tenía la mandíbula partida en cuatro fragmentos. La operaron y pasó una semana en el hospital. Tras recibir el alta, volvió a ingresar por una fiebre que resultó ser un herpes que le había transmitido el agresor y que le apareció en la zona de la boca. Entre los problemas que tenía para alimentarse y el trauma posterior a la agresión, Clara adelgazó 10 kilos en los veinte días siguientes.

Las víctimas suelen presentar estrés postraumático, entre otros síntomas
“Las consecuencias de una violación dependen tanto de las características de la víctima, de su edad, del entorno que tiene o de su personalidad, como del tipo de agresión que ha sufrido”, explica Encarnación Sueiro, profesora de psicología de la Universidad de Vigo. “En las consultas, yo lo que pretendo es que normalicen su vida”, añade esta psicóloga clínica que atiende a víctimas de abuso en un centro de orientación familiar de la red pública gallega.
“Lo habitual es que vengan impactadas, con estrés postraumático”, señala Beatriz Mergelina, a cuyo centro llegan mujeres remitidas por la Generalitat valenciana. “Suelen sufrir alteraciones del sueño, de la ingesta, reviven escenas de la agresión a modo de flashback repetidos, están en un estado de hipersensibilidad a los olores, al tacto de otras personas...” añade la psicóloga clínica valenciana.

Los especialistas advierten del uso de drogas que anulan la voluntad
En Cavas, el seguimiento a las víctimas suele mantenerse a lo largo de cuatro años (con los menores, hasta que superan la adolescencia). En los primeros meses, las terapias son semanales, A medida que pasa el tiempo se van espaciando, aunque es frecuente que con ocasión del juicio y la tensión que genera, vuelva a reforzarse la ayuda. “Las chicas saben que nos pueden llamar en cualquier momento que se sientan mal”, explica la terapeuta.
A Clara le costó tiempo volver a sus rutinas. Tardó medio año en salir con sus amigas por la noche. Y otro año poder volver a subir al tren. Antes de su parada está la del pueblo donde fue agredida y no soportaba pasar por la estación de esta localidad de camino a casa. “Me entraban unas ganas insoportables de echar a correr”, explica. El objetivo del tratamiento consiste en recuperar la vida que las víctimas llevaban antes de la agresión enfrentándolas a sus miedos. Para ello, por ejemplo, Beatriz acompañó a Clara al bar de copas donde arrancó aquella fatídica noche.
“Ahora, si te acuerdas de aquello ya no es lo mismo, no te afecta igual, aunque es algo que sigue estando ahí”, comenta esta joven valenciana. Los recuerdos pueden volver a emerger, aunque de forma controlada. Como ha sucedido las últimas semanas, a raíz de la detención del falso monje shaolin de Bilbao asesino de prostitutas. “No puedo con ese tema, cada vez que sale en la tele me voy”, explica.
Sin olvidar nunca que el único culpable de una agresión es el propio violador, los especialistas recomiendan tomar precauciones básicas para prevenir situaciones de riesgo. Más allá de las clásicas de tratar de ir acompañada o evitar zonas oscuras o poco concurridas, Beatriz Mergelina advierte de que no hay que perder de vista las copas por la noche.
A lo largo de los últimos años los centros que atienden a mujeres agredidas han detectado un incremento en el uso de drogas que inhiben la voluntad. Son unas sustancias que se emplean, diluidas en la bebida en un descuido de la víctima, para cometer robos y abusos sexuales. Es difícil evaluar el porcentaje de agresiones en las que se han usado estas sustancias. Manuel López-Rivadulla, catedrático de Toxicología de Universidad de Santiago de Compostela especialista en estas drogas, explica que puede rondar entre el 10% y el 20% de los casos: “Es lo que dicen estudios elaborados en países de nuestro entorno, como Francia o Inglaterra”. López-Rivadulla señala que en España no existen datos, pero confía en que haya pronto, gracias al protocolo que elaboró el año pasado el Instituto Nacional de Toxicología en el que se establecen las pautas que deben seguir los especialistas en los hospitales para detectar los asaltos sexuales en los que se han empleado las llamadas drogas de violación.
Los datos del Ministerio de Interior reflejan un descenso de las denuncias por violaciones de un 16% entre los años 2008 y 2011. “Hay que tener en cuenta que este tipo de delitos son relativamente poco numerosos: el 1% del total. Con estas prevalencias tan bajas pueden producirse oscilaciones relativamente relevantes cuyo significado ignoramos. Probablemente tenga que ver más con el azar que cualquier otra cosa”, detalla Santiago Redondo, que quita importancia a las variaciones. “Las cifras suelen mantenerse bastante estables a lo largo de los años”, añade.
El agresor de Clara fue detenido, juzgado y condenado a una pena de siete años y medio de cárcel. “Me parece muy poco tiempo, en estos casos, la condena siempre me parece que es poca” señala la joven.

Un 20% de reincidentes

Hace un par de semanas, la Policía informó de la detención en Alicante de un violador en serie. Era el cuarto arrestado en 12 meses en la ciudad. Casos como este, o como el de Francisco López Maíllo, el violador del Eixample, que fue condenado en 1985 por haber cometido 29 violaciones en Barcelona, pueden trasladar la idea de que todos los agresores sexuales se caracterizan por su reincidencia. Sin embargo, esta sensación es errónea.
“Las personas condenadas por delitos sexuales no suelen tener un perfil de violador sistemático”, comenta Santiago Redondo, profesor de psicología y criminología de la Universidad de Barcelona y exresponsable del servicio de rehabilitación de las prisiones catalanas. “La tasa de reincidencia ronda el 18% o el 20% según distintos estudios mundiales”, añade.
¿Se puede hacer algo para corregir el impulso que mueve a estas personas a volver a abusar de mujeres? La mitad de los 70 centros penitenciarios que hay en España cuentan con programas de intervención con agresores sexuales con este fin. Y, a pesar de que los especialistas consideran la agresión sexual como uno de los comportamientos delictivos más resistentes al cambio, distintos trabajos apuntan en la dirección de que estos tratamientos pueden aportar resultados positivos.
En España se han elaborado dos estudios con resultados similares para evaluar la eficacia de los programas terapéuticos con agresores. Uno de ellos, dirigido por Redondo, analizó en 2006 el tratamiento de la prisión de Brians (Barcelona). Se comparó un grupo de 49 agresores sexuales que fue sometido a terapia con otro de 74 que no accedió a estas sesiones. Después de cuatro años, la tasa de reincidencia en el primer grupo fue del 6% frente al 18% del segundo. El estudio concluyó en la “considerable potencia rehabilitadora del tratamiento”, aunque Redondo admite que quizás los cuatro años de seguimiento son un periodo demasiado breve para obtener resultados más concluyentes.
Tina Alarcón, presidenta de la Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas de Madrid insiste en esta idea. “Debe de pasar más tiempo para saber si estos programas funcionan, son demasiado recientes”, señala. Ella no confía en los tratamientos: “Los resultados son mínimos”. Prefiere apostar por la prevención en etapas escolares “donde se incide muy poco”. “En la asociación ofrecemos cursos a colegios y es desolador observar como se mantienen los estereotipos machistas que están detrás de estas actitudes”, asegura. La responsable de la entidad de ayuda a víctimas de agresiones sexuales destaca que buena parte de estos comportamientos comparten la raíz con los ataques machistas: “En multitud de ocasiones el impulso de estas conductas no es el placer sexual, sino el ejercicio del poder, de la sumisión y dar salida a las frustraciones”. De ahí, señala, la relevancia de trabajar las actitudes desde la escuela.

martes, 26 de febrero de 2013

PRENSA. "No a la violencia contra la mujer". Bianca Jagger

Eulogia Merle ("El País")

   En "El País":

No a la violencia contra la mujer

Debemos llevar a los culpables ante la justicia y poner fin a la cultura de la impunidad

 22 FEB 2013

(Discurso pronunciado en el Festival de la Poesía de Nicaragua el 18 de febrero de 2013 en Granada, Nicaragua)
Gracias por sus amables palabras.
Es un honor y un placer dirigirme a ustedes durante la celebración del festival de la poesía de Nicaragua, para conmemorar a nuestro tesoro nacional, el poeta Ernesto Cardenal, una personalidad que ha contribuido e inspirado a tantos en los campos de las artes, la literatura, la teología y la política de nuestro país.
Es un privilegio estar con ustedes en la bella ciudad de Granada.
Nací en Managua y viví mi infancia y adolescencia bajo el régimen represivo de la nefasta dictadura somocista. Aprendí de primera mano el significado de la opresión, la injusticia social y económica. Salí de Nicaragua con una beca del Gobierno francés para estudiar ciencias políticas en París.
Muchas razones, tanto personales como profesionales, me han movido a regresar a Nicaragua en este momento. Mi regreso me llena de tristeza y alegría al mismo tiempo.
Me llena de emoción haber sido nombrada como invitada especial en este festival.
Estoy aquí también para enterrar a mi amado hermano Carlos, quien falleció el 24 de enero de este año. Su muerte fue una gran pérdida y me causa profunda tristeza. Pero me imagino que él estará feliz de saber que va a descansar en nuestra querida Nicaragua. Espero que cuando me llegue el momento, descansaré a su lado.
Estoy aquí también como defensora de los Derechos Humanos. Algunos de ustedes sabrán que desde hace más de treinta años he sido defensora de los derechos humanos y de la protección del medio ambiente. En 2006 inauguré mi organización, la Bianca Jagger Human Rights Foundation, para ser una fuerza de cambio y una voz para los miembros más vulnerables de nuestra sociedad, alcanzar la justicia social, erradicar la pobreza, proteger los derechos de los indígenas, hablar por las futuras generaciones y hacer frente a la amenaza del cambio climático.
A lo largo de los años, en el transcurso de mis campañas, mi trabajo me ha llevado a muchos lugares del mundo en América, África, Asia y Europa. Y ahora me trae de vuelta a Nicaragua, mi tierra.
ONU Mujer nos ha invitado a mí y a mi organización BJHRF a colaborar con sus proyectos en Nicaragua para promover la igualdad de género, la prevención y eliminación de la violencia contra la mujer, el desarrollo económico y la participación política de la mujer.
Esta es una causa muy importante para mí. Después del divorcio de mis padres cuando tenía diez años de edad, mi madre se vio divorciada, sin profesión y con tres niños pequeños que mantener. Vi como fue discriminada por ser mujer y por su estatus de divorciada. Durante esos años, muy difíciles, ella demostró su fuerza y su valentía. Nunca se rindió.

En todo el mundo hay una cultura de tolerancia hacia la violencia contra las mujeres 
Mi madre fue una pionera. Creyó en la emancipación de la mujer en los años sesenta, cuando las mujeres en Nicaragua se dedicaban a las labores del hogar y eran vistas como ciudadanas de segunda categoría. Mi madre fue mi heroína.
Sí, es cierto que las condiciones para las mujeres en Nicaragua, en Latinoamericana y en el mundo  han mejorado desde entonces y sí, ha habido progreso. Las mujeres han sobresalido en muchos campos. Sí, es cierto que nuestra condición es diferente de la condición de nuestras abuelas y nuestras madres.
La igualdad de género es muy difícil de lograr, sin embargo; pero siguen existiendo unos niveles inadmisibles de discriminación y violencia contra las mujeres. La cruda verdad es que las mujeres siguen siendo un grupo de la sociedad muy vulnerable.
La violencia contra la mujer es un crimen, y sin embargo es universal. Esto sucede en todos los países del mundo, y en todos los niveles de la sociedad.
De acuerdo con ONU Mujer, seis de cada diez mujeres son víctimas de violencia física y/o sexual en sus vidas.
En Guatemala, dos mujeres son asesinadas cada día, de promedio.
Cientos de mujeres han sido masacradas en la mortal Ciudad Juárez, México, en las últimas décadas. De acuerdo con The New York Times,en 2012, sesenta mujeres fueron asesinadas y abandonadas en una fosa común en las afueras de la ciudad. Estas fosas comunes fueron descubiertas a mediados de los años noventa, y más cuerpos siguen siendo abandonados cada año. Nadie sabe cómo murieron estas mujeres, ni cómo detener esta masacre.
En India, en 2010, se denunciaron 8.391 casos de muerte en el país. Esto quiere decir una novia cada noventa minutos, de acuerdo con las estadísticas del National Crime Records Bureau of India.
En Sudáfrica, una mujer es asesinada cada seis horas por su pareja.
Vivimos en un mundo donde la violación se ha utilizado como arma de guerra.
En 1993, fui a la antigua Yugoslavia a documentar la violación en masa de mujeres bosnias por las fuerzas serbias como parte de su campaña de limpieza étnica. Nada me había preparado para el sufrimiento del que fui testigo, o las horribles historias que escuché.

Nada me había preparado para el horror que presencié y las historias que escuché en la antigua Yugoslavia
Se estima que durante la guerra de Bosnia hasta 50.000 mujeres fueron violadas sistemáticamente.
Durante el genocidio de Ruanda en 1994 se estima que entre 250.000 y 500.000 mujeres fueron violadas.
A nivel mundial, 60 millones de niñas son sexualmente asaltadas en su camino a la escuela cada año.
De 100 a 140 millones de niñas en todo el mundo, principalmente en África, han sido sometidas a la mutilación genital.
El tráfico ilícito atrapa y destruye las vidas de millones de personas, encerrando a muchas mujeres y niñas en la esclavitud moderna y la prostitución. Las mujeres y las niñas constituyen el 80% de las 800.000 personas que se estiman víctimas del tráfico a través de fronteras nacionales cada año, y la mayoría, el 79%, son víctimas de la trata con fines de explotación sexual.
Estas cifras terribles hablan por sí mismas. Indican una cultura de tolerancia hacia la violencia contra las mujeres en todo el mundo.
Y me temo que estas terribles estadísticas puedan ser sólo la punta del iceberg. Muchas mujeres tienen miedo de denunciar los casos de violencia doméstica. Mucha violencia contra las mujeres no se denuncia.
En un estudio de mujeres en quince países, hecho por la Organización Mundial de la Salud, entre el 15 y el 71% de las mujeres habían sido físicamente o sexualmente abusadas por su cónyuge. Y una quinta parte de las mujeres encuestadas nunca habían denunciado este abuso.
Las mujeres de los pueblos indígenas y tribales están particularmente en riesgo. En mayo de 2012, Rashida Manjoo, la relatora especial de la ONU, presentó un informe Sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias a la Asamblea General. Leerlo es impactante. Por ejemplo: "En Guatemala, la experiencia actual de los asesinatos masivos y violentos de las mujeres indígenas viene desde la época colonial, y se incrementó durante 36 años de conflicto armado".
Las mujeres indígenas mayas constituyeron el 88% de las víctimas de ataques sexuales sistemáticos, un tipo de ataques perpetrados de forma pública y deliberada, sobre todo por militares y paramilitares.
El informe concluye que, en todo el mundo, "los principales fallos de las autoridades son el fracaso de la policía en proteger a las mujeres aborígenes y las niñas de la violencia y en investigar rápida y exhaustivamente cuando ellas desaparecen o son asesinadas".
La lista sigue y sigue. Es una vergüenza, una pandemia global. La violencia contra las mujeres parece estar arraigada en nuestras sociedades. No debería ser. Tenemos que detenerlo. Debemos poner fin a la cultura de la impunidad en todo el mundo.
La violencia es un ciclo que se perpetúa. No solo sufrirá nuestra generación, sino las de nuestras hijas y nuestras nietas, si no exigimos que se ponga fin a esta epidemia.
Debemos enseñar a nuestros hijos a querer y respetar a las mujeres.
La violencia contra la mujer en Nicaragua
Aquí en Nicaragua hay mucho por hacer.
En 2011 hubo 37.000 casos registrados de violencia doméstica o sexual. En un año, cerca de 80 mujeres al año fueron asesinadas por sus esposos. En un país con 6 millones de habitantes, es un número impresionante. La Organización Mundial de la Salud lo considera un indicador de que existe una epidemia de violencia.
El primer estudio sobre la prevalencia de la violencia conyugal contra las mujeres en Nicaragua, titulado Confites en el infierno, se hizo en 1995. (Ellsberg et. Al., 1996). Según el estudio, una de cada dos mujeres en Nicaragua ha sido maltratada físicamente en algún momento por su esposo o compañero, y una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia física en los últimos 12 meses.
La violación y el abuso sexual son todavía comunes en Nicaragua. Amnistía Internacional informa que entre 1998 y 2008, la policía registró 14.377 casos de violaciones en este país. Más de dos tercios de ellos (9.695 casos) eran niñas menores de 17 años.

Una de cada dos mujeres en Nicaragua ha sido maltratada físicamente  por su esposo o compañero
Una vez más tenemos que afrontar el hecho de que estos números no cuentan toda la verdad: son innumerables los casos de violaciones que no se denuncian.
Con demasiada frecuencia, las mujeres que son víctimas de la violencia se ven intimidadas o ignoradas por el sistema legal patriarcal.
En un caso, se informó a Amnistía Internacional en 2010: una mujer fue condenada a 12 años de prisión por ser "cómplice en el delito de violencia sexual." La madre fue a denunciar a la policía que su hija había sido violada repetidamente por su pareja, el padrastro de la niña. La policía arrestó a la madre por no denunciar la violación antes y fue sentenciada a 12 años. Entre tanto no se hicieron esfuerzos para detener al autor y este quedó en libertad mientras la madre estaba en la cárcel.
Hay muchos ejemplos de este tipo en los que, sin ningún escrúpulo, las mujeres son agredidas y asesinadas con impunidad en Nicaragua.
Sandra Ramos, fundadora y directora del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas "María Elena Cuadra", dice: Nicaragua es "muy machista y patriarcal ... la revolución no reconoció sus derechos como mujeres, como feministas". "Los sandinistas aliviaron la pobreza, pero fueron muy lentos para defender los derechos de las mujeres."
En Nicaragua, la "Ley sobre la Violencia contra la Mujer", que entró en vigor el 22 de junio de 2012, es un paso en la buena dirección. Pero tenemos que hacer más, mucho más.
Esperanza
No todas las noticias son malas. He visto algunas iniciativas durante mi visita a Centroamérica que me ofrecen esperanzas.
En El Salvador, a principios de la semana pasada, participé en la Consulta Regional para la Prevención y Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La conferencia fue organizada por ONU Mujeres y por el ISDEMU, una organización dirigida por la Primera Dama de El Salvador, la doctora Vanda Pignato.
Mientras estaba en El Salvador visité un proyecto, la Ciudad de la Mujer, en Santa Ana. Ciudad de la mujer es un proyecto inspirador, con la capacidad dar autonomía a la mujer e introducir cambios en sus vidas. Brinda los servicios de medicina, ayuda legal y apoyo económico en un ambiente seguro.
ONU Mujeres quisiera que Nicaragua llevara a cabo un proyecto similar. Estoy convencida que la Ciudad de la Mujer es un modelo pionero que necesita ser emulado no solo en Nicaragua y Centroamérica, sino en el mundo entero.
El 14 de febrero de 2013, Eve Ensler, la autora de los Monólogos de la vagina, organizó un movimiento de alcance mundial, One Billion Rising, un llamamiento a “romper el muro patriarcal de opresión y negación, transformar la mentalidad que ha convertido la violencia en algo normal, poner a las mujeres supervivientes en contacto con sus cuerpos, su fuerza, su determinación, su energía y su fuerza y bailar para mostrar la voluntad del mundo de hacer que la violencia contra las mujeres sea por fin inaceptable”. One Billion Rising convocaba a las mujeres de todo el mundo y a los hombres que las quieren a salir de sus escuelas, oficinas, casas, y bailar en la calle.
Desde flash mobs en Florida hasta multitudes bailando al son de la música dangdut en Yakarta, pasando por un zumbatrón aquí, en Nicaragua, al que yo asistí, millones de hombres y mujeres en 203 países se pusieron en pie y bailaron en una demostración mundial de unidad.
Fue una declaración de las mujeres de todo el mundo de que se niegan a seguir soportando la violencia, los abusos y las violaciones. De que esto debe acabar.
Escritores y Artistas
Creo firmemente en que los artistas, escritores, poetas y cineastas tienen un papel importantísimo para defender los principios democráticos en pro de los derechos humanos, las libertades civiles y la libre expresión. A través de la historia, se han registrado y denunciado los abusos y horrores de cada época. Los artistas y escritores de hoy en día siguen defendiendo estos valores a nivel mundial.

Las mujeres deben emprender una revolución no violenta que apoyen los hombres
La Fundación Bianca Jagger en Pro de los Derechos Humanos trabaja mano a mano con los artistas. Nuestro primer evento para recaudar fondos, “Las Artes en pro de los Derechos Humanos”, estuvo dedicado al gran artista chino Ai Weiwei, quien aún continúa bajo arresto domiciliario en Pekín, ilegalmente detenido por sus creencias políticas.
Los escritores y los poetas pueden hacernos entender el sufrimiento humano de una forma que ninguna estadística podría. Basta con leer la cruda descripción del suplicio femenino en el poema Las Mujeres Campesinas de El Cuá, de Ernesto Cardenal, para darse cuenta que tal afirmación es verdadera. Empieza así:
"Voy a hablarles ahora de los gritos de El Cuá / Gritos de mujeres como de parto…"
Les invito a que lean el poema, si aún no lo conocen.
Llamada a la Acción. Una revolución no violenta
Hago un llamado a los líderes mundiales para que hagan lo necesario a fin de acabar con la violencia contra las mujeres y conseguir la equidad de género. Debemos exigir, por tanto, que todos los países se adhieran a la “Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres” y consigan los Objetivos de Desarrollo del Milenio de erradicar la pobreza extrema, conseguir una educación primaria universal, mejorar la salud materna, reducir la mortalidad infantil y combatir el sida.
Debemos negarnos a aceptar que continúen los abusos y la violencia contra las mujeres y las niñas. No podemos permitirnos ser pasivos, teniendo en cuenta a todas las mujeres que sufren violencia, persecución y toda clase de injusticias. Por el bien de nuestras hijas y nietas, no podemos quedarnos sentados y no hacer nada. Al hacerlo, ponemos en riesgo su futuro. La equidad de género no es solamente posible, sino también necesaria. La discriminación y violencia contra las mujeres nos impiden convertirnos en una sociedad libre y equitativa. La violencia contra las mujeres y las niñas representa un crimen contra todos y cada uno de nosotros.
Pongamos fin a la violencia contra las mujeres. Debemos llevar a los culpables ante la justicia y terminar con la cultura de la impunidad.
Bianca Jagger es directiva de Amnistía Internacional (EE UU) y embajadora extraordinaria del Consejo de Europa.

lunes, 14 de enero de 2013

PRENSA. MALOS LUGARES PARA SER MUJER. India. "Abusadas desde la cuna hasta la tumba".

Protesta en Nueva Delhi (India), el pasado 30 de diciembre, por la violación y asesinato de una jove / ANDREW CABALLERO- REYNOLDS  (AFP) ("El país")

   En "El País":

Abusadas desde la cuna hasta la tumba

El país emergente es el que trata peor a la mitad femenina de la población

 12 ENE 2013

“Las mujeres somos abusadas desde la cuna hasta la sepultura”, decía un cartel en las iracundas manifestaciones en Nueva Delhi por la brutal violación en grupo y posterior muerte por las heridas de Amanat, estudiante de 23 años. Un suceso que conmovió India, donde ayer se conocía otro caso similar: una mujer de 29 años que regresaba a su pueblo fue víctima de una violación múltiple. El conductor y el revisor del autobús en el que viajaba la secuestraron y la llevaron a una casa donde fue agredida por otros cinco hombres más, según informó la prensa india. Los hechos ocurrieron en la región de Punjab. Las mujer, que fue abandonada por sus agresores ayer por la mañana, acudió a la policía, que ha detenido a cinco de los siete agresores.
Aunque cada vez hay más mujeres en altos cargos en India y la situación de ellas mejora, la discriminación en una sociedad dominada por una mentalidad patriarcal sigue siendo rampante. Empieza desde antes de que nazcan, desde los abortos selectivos, explican los expertos. En India, por cada 1.000 varones de hasta seis años hay solo 914 niñas, según revelaciones del último censo en 2011.
“La gente prefiere tener hijos a hijas: cree que ellos son los que mantendrán a sus padres cuando crezcan y que ellos no pueden perder el honor de la familia. Así que en muchos casos los fetos femeninos son abortados”, afirma Rekha Bezboruah, directora de Ekrata, una ONG para la igualdad de las mujeres.
Cuando una familia pobre no tuvo dinero para hacer una ecografía en el embarazo que determine el sexo del bebé (una práctica penada por la ley) y nace una niña, a veces se deshacen de ella tirándola en la basura o enterrándola viva, dice Shemeer Padinzjharedil, editor de la web maps4aid que mapea los casos de violencia en India. “Es muy común que los recursos de la familia estén destinados a la crianza de los hijos varones: reciben mejor educación, están mejor alimentados y en general se les cuida más”, añade.
Criados como superiores, muchos niños desarrollan una mentalidad machista, en donde caben los abusos ante sus inferiores, coinciden los entrevistados. En su informe sobre adolescentes de 2012, Unicef encontró que más de la mitad de los adolescentes (el 57% de ellos y el 53% de ellas) encuentran justificable que un marido golpee a su esposa. “La discriminación sigue a lo largo de toda la vida”, prosiguePadinzjharedil.
India es el peor país del G-20 para las mujeres, según un estudio de la Fundación Thomson Reuters. “Las mujeres y las niñas siguen siendo vendidas como objetos, casadas a los 10 años, quemadas vivas por peleas sobre las dotes o explotadas como esclavas domésticas”, señaló en una entrevista para ese trabajo Gulshun Rehman, asesora de Save the Children.
Las oportunidades de las mujeres también son truncadas al ser casadas jóvenes. “Más del 40% de los matrimonios infantiles del mundo son en India. En ocho Estados del país, más de la mitad de las mujeres son casadas antes de los 18 años”, según un documento de la ONU presentado al Gobierno en octubre pasado. El matrimonio le niega a las niñas su infancia, las priva de su educación y las hace más vulnerables en salud, entre otros riesgos, dice la ONU.
La dote que la familia de la novia debe regalar a la del novio es un claro ejemplo de que las mujeres son vistas como una carga. Aunque hay una ley que la prohíbe, sigue siendo común. “Si no se da o no se considera suficiente, muchas mujeres sufren el acoso de sus familias políticas”, explica Reni Jacob, exdirectora de la Comisión para la Mujer de Nueva Delhi. En muchos casos los chantajes llevan a las mujeres al suicidio.
En India hay poco espacio para que las mujeres decidan no casarse o no tener hijos, coinciden los expertos.
Al quedar viudas pierden su espacio en la sociedad. Se cree que han dado mala suerte al marido. Por ello, deben de vivir en luto el resto de sus vidas.

LA MUJER EN MÉXICO
LA MUJER EN CHINA
LA MUJER EN ÁFRICA
LA MUJER EN EL MUNDO ÁRABE

miércoles, 9 de enero de 2013

PRENSA. "Que violar no salga gratis". Reportaje

65 años de independencia no han conseguido la igualdad de las mujeres. / SAURABH DAS (AP) ("El país")

   En "El País":

Que violar no salga gratis

Una nueva generación de mujeres quiere cambiar India

Pakistán, Bangladesh y Nepal se hacen eco de las protestas y comienzan a dar pasos hacia la igualdad

 5 ENE 2013

“Fui ultrajada dos veces. La primera cuando me violaron. La segunda cuando fui a reportarlo a la policía: me trataron como culpable y no hicieron nada por condenar al criminal”. Este es el testimonio de Neha, una de las incontables mujeres de India que han sufrido abusos sexuales que han quedado impunes.
El país asiático está conmocionado por la violación en grupo, el 16 de diciembre, de Amantar, una estudiante de fisioterapia de 23 años, en un autobús en la capital, Nueva Delhi, y su muerte dos semanas después a causa de las heridas. Desde entonces, las protestas —algunas han terminado en enfrentamientos— no han dejado las calles de distintas ciudades indias y los detalles de la historia aparecen cada día en las portadas de todos los diarios. “Sacudió conciencias por su brutalidad. Pero, por desgracia, este no es un caso aislado: las violaciones son muy comunes en India”, explica la socióloga Ranjana Kumari, directora del Centro de Estudios Sociales, y coinciden con ella todas las activistas entrevistadas.
Las violaciones se han multiplicado por 10 en los últimos 30 años, hasta llegar a 24.206 casos en 2011, según cifras oficiales. Pero este número podría ser muy bajo comparado con los crímenes que en realidad se perpetran. Aunque cada vez más mujeres tienen el valor de denunciar los ataques sexuales, todavía podrían ser una mayoría las que no se atreven a hacerlo por el estigma social que provoca. De las violaciones que sí son denunciadas y llegan a los tribunales, pocas son condenadas. Solo el 26% en el año 2011, según los datos de la Agencia Nacional de Registro de Crímenes. En el caso de Neha, ocurrido en Nueva Delhi hace seis, la policía no presentó la acusación formal “por falta de pruebas”, dice la mujer, de 30 años. En este entorno, el hecho de que ayer cinco de los atacantes de Amantar fueran imputados (el sexto es menor de edad) es un paso hacia un mayor rigor por parte de la justicia.
“Las mujeres en India se sienten inseguras, piensan que no se ha hecho lo suficiente para protegerlas”, dice la directora del sur de Asia de Human Rights Watch, Meenakshi Ganguly. Uno de los principales problemas podría ser la forma de la policía de abordar los crímenes, dicen los expertos. Los manifestantes están enfurecidos con las fuerzas de seguridad: “La policía de India es una vergüenza: permite las violaciones”, rezaba uno de los carteles. Otros muchos iban en esa dirección.
La policía no siempre elabora los informes y a veces no son hechos por falta de personal o de capacidad de investigar bien, dice la directora de Human Rights Watch. Los medios indios contaron a finales de diciembre el caso de una joven de 18 años que se suicidó en el Estado de Punjab porque había sido violada por dos hombres y la policía tardó demasiado en registrar su caso y no detuvo a las culpables. “Han arruinado mi vida”, decía una nota que dejó.
Los policías podrían tener prejuicios contra las mujeres que han sufrido delitos sexuales. “Piensan que las verdaderas víctimas no van a la policía y las que van es solo para extorsionar o tienen una moral laxa”, dice una investigación de este año de la revista Tehelka. Usar ropa ajustada, ir a bares, beber alcohol, o tener novio —que no es decente para los más conservadores, que creen que lo deseable es el matrimonio concertado— son considerados motivos que dan lugar a abusos sexuales para algunos policías en Nueva Delhi, según este informe. 17 de los 30 policías entrevistados mostraron fuertes prejuicios contra las víctimas. Uno de ellos dijo, añadía la publicación, que en los bares de la ciudad hay chicas que beben alcohol y están dispuestas a tener sexo, pero “el día que alguien usa la fuerza, se convierte en una violación”.
Neha (nombre supuesto) piensa que los policías no tomaron en serio su caso porque la consideraron una “mujer indecente” por salir a medianoche de trabajar en un centro telefónico de atención al cliente. “Un policía me dijo que me lo había buscado por andar sola a esa hora”, dice con voz entrecortada. Además, cuenta que la interrogaron de forma degradante y absurda: si era virgen o si había salido con hombres.
La policía niega la falta de sensibilidad: “Las víctimas reciben el mejor apoyo desde que pisan la comisaría”, dice S. N. Shrivastava, el comisionado especial para el entrenamiento de la policía de Nueva Delhi. Cuenta que durante años se ha entrenado en “sensibilización de género” a los oficiales y que, con el reciente caso de violación que ha conmocionado a India, se ha relanzado el programa. El primer grupo de 40 oficiales está recibiendo un curso de investigación de violaciones.


Clase de defensa personal para niñas en una escuela india. / RAFIQ MAQBOOL (AP)
En algunos casos más extremos, la policía también ha estado implicada en ataques sexuales y el Gobierno no ha actuado, denuncia Human Rights Watch. Uno de los casos más sonados fue el de Soni Sori, una maestra tribal que asegura haber sido violada y torturada cuando estaba en custodia en el Estado de Chhattisgarh. En la práctica, la policía y otras fuerzas de seguridad son inmunes, pues para que un fiscal pueda llevar un caso contra servidores públicos tiene que obtener un permiso del Gobierno, asegura la ONG.
Como respuesta a la explosión de ira en el país por la muerte de Amantar, el Gobierno está acelerando la modificación del código penal de 1860, que ya había presentado en diciembre, antes de las manifestaciones por la muerte de la estudiante. Esta modificación podría endurecer los castigos para las violaciones: ahora la pena máxima puede ser cadena perpetua (que en India es en realidad 12 años), pero normalmente se impone un castigo de uno a 10 años de prisión dependiendo la gravedad del caso.
También se ha creado una comisión de jueces retirados para que recojan las recomendaciones de organizaciones, individuos y activistas y que propongan nuevas modificaciones en el próximo mes. Hasta ahora han llegado 17.000 sugerencias, según los medios indios, entre ellas la pena de muerte y la castración química como condena para la violación. Publicar los nombres, fotografías y direcciones de los violadores es otra medida que el Gobierno está considerando.
“Cuelguen a los culpables”, “Esos monstruos no merecen vivir” o “Ellos la mataron, mátenlos” son lemas de algunas de las pancartas que se han visto en las protestas y reflejan el sentir de una buena parte de la población. Incluso en la única vez que el padre de la estudiante muerta ha hecho declaraciones públicas, pidió la ejecución de los responsables: “El país entero demanda que estos monstruos sean ahorcados. Yo estoy a favor”, dijo.

Solo el 26% de las denuncias por agresión en India acaban en condena
Pero también hay otros sectores que se oponen a la pena de muerte. “Es inhumana, violenta e irreversible. Al buscar mejorar los derechos de la mujer, también debemos luchar por los derechos humanos en general y la pena capital va en contra de ellos”, dice la directora de programas y políticas de la ONG Action Aid, Sehjo Singh. El apoyo y protección de las víctimas de los abusos sexuales debe ser también una prioridad, añade Singh. “Cuando las mujeres denuncian, sufren amenazas de los violadores o las familias de estos para que retiren la acusación”, cuenta. A veces también las víctimas son presionadas por sus familiares para que se casen con sus agresores para “recobrar el honor”. Singh apunta que se debe procurar justicia a todas las víctimas por igual, con independencia de su condición social: “Si se es de una clase o casta baja es mucho más probable que los criminales se vayan sin castigo”, asegura.
El pasado jueves, con el inicio del juicio contra los seis presuntos violadores de la estudiante en el autobús en Nueva Delhi, se abrió el primer tribunal rápido para los delitos sexuales, el paso más aplaudido por los activistas.
“Más importante que aumentar las penas, es hacer los procesos judiciales más rápidos. Los juicios tardan años y años y las víctimas se desmoralizan. Además, los violadores pierden el miedo a ser castigados y las nuevas víctimas no ven ningún beneficio en denunciar”, dice la directora del Centro de Estudios Sociales. Hay más de 95.000 casos por violación que están empantanados, recuerda.
“Somos una nueva generación. No vamos a aceptar que nos sigan pisoteando. Tenemos los mismos derechos”, argumenta Amita Shukla, una estudiante de ingeniería que ha asistido a la mayoría de las manifestaciones en el centro de Nueva Delhi. “Hemos logrado títulos y puestos de trabajo, pero seguimos siendo ciudadanas de segunda clase”, decía el cartel que traía su amiga, Rupinder Kaur, que es empleada en un banco.

La tardanza de los procesos desanima a las mujeres que van a la justicia
En India hay una nueva generación de mujeres que trabajan, que quieren encontrar a su propia pareja (y no casarse con el candidato que escojan sus padres) o que quieren vestirse de manera menos tradicional y salir solas a la calle. La escalada de violencia contra las mujeres podría ser en parte una reacción machista contra esta liberación femenina, dicen varias expertas. “Algunos hombres podrían resentirse de que las mujeres tienen cada vez más poder y que son cada vez más independientes”, dice Rekha Bezboruah, directora de Ekrata, una ONG para la igualdad de las mujeres. Justamente, uno de los violadores de Amanat confesó a la policía que lo hizo por “enseñarle una lección”.
“La violencia contra la mujer no se reduce a los ataques sexuales. La vivimos a diario, cuando somos tratadas como objetos, con miradas lascivas, cuando nos tratan como seres inferiores”, expone Geeta Gupta, reportera del diario Indian Express. En la visión de gran parte de la sociedad, las mujeres son responsables de “provocar a los hombres” por ir vestidas “de una forma inapropiada”, no ir acompañadas de un hombre que las proteja o salir de noche, lamenta.
Domina una mentalidad patriarcal en la que se abortan los fetos femeninos porque se prefiere tener hijos. Ellos mantendrán a los padres cuando sean mayores, recibirán dote y no tienen riesgo de manchar el honor de la familia, dicen los analistas. Así, ellos son criados con privilegios y con la mentalidad de que son superiores. Esto abre un resquicio donde caben los malos tratos. En su informe de 2012 sobre adolescentes, Unicef detectó que más de la mitad de los chavales (el 57% de ellos y el 53% de ellas), encuentran justificable que un marido golpee a su esposa.
Anna Ferrer, presidenta de la Fundación Vicente Ferrer, opina que “este no es un problema solo de las mujeres, sino de toda la sociedad”. La fundación ha trabajado desde hace muchos años para dar poder a las mujeres, dice. Pero tras este crimen tan violento, se pondrá todavía más atención en ellas. Los 2.500 empleados cursarán talleres de género y en todos los sectores de trabajo de la ONG se trabajara contra la desigualdad.

La policía recibe cursos de igualdad, pero los prejuicios continúan
Ferrer dice que la violación y muerte de la estudiante ha “despertado el país para que ya no se toleren estos abusos”. Otras especialistas están de acuerdo: este ha sido un punto de inflexión. La brutal violación ha logrado cosas sin precedentes: la movilización masiva de la sociedad y las autoridades han comenzado a reaccionar para mejorar la seguridad de las mujeres.
“La lucha por la igualdad lleva muchos años. Pero por primera vez muchas mujeres jóvenes están negándose a aceptar los abusos, han dicho que ya han tenido suficiente. Están empezando a respetarse ellas mismas”, dice Singh, de Action Aid. También los hombres han salido a las calles de una manera espontánea. Es importante que, también por primera vez en este tipo de casos, la clase media haya tomado partido porque han dejado de pensar solo en ellos mismos y se han enfrentado a la realidad, apunta. Lo que las activistas se preguntan es cómo aprovechar este momento para seguir despertando conciencias e ir más allá de las ciudades, llegar a las áreas rurales, donde las mujeres se encierran cuando se va el sol.
Por ahora no hay muchas respuestas e incluso hay quienes creen que no habrá un más allá de este estallido de furia. Pero, una clave podría ser “que la sociedad no solo exija a las autoridades, que está muy bien, sino que también empiece a ver qué puede hacer para cambiar esta mentalidad machista; qué puede hacer cada persona dentro de su casa para que este país sea más justo con sus mujeres”, explica Shemeer Padinzjharedil, el editor de la web maps4aid, que recoge los casos de violencia en India.
Por ahora, las protestas han tenido resonancias en los países vecinos de Pakistán, Bangladesh y Nepal. En Pakistán, el 1 de enero la gente salió a las calles de Islamabad para prender velas por la mujer violada en Nueva Delhi, aunque esta manifestación fue muy criticada por ser por una india y no por las víctimas que hay en el país musulmán. El viernes, los medios informaron del caso de una niña de 9 años que fue secuestrada y violada por tres hombres y que se encuentra en estado crítico.
Inspirados en el caso de India, los manifestantes formaron en la capital de Bangladesh una cadena humana para protestar por la violación en grupo de una menor que estuvo secuestrada cuatro días y luego fue abandonada en las vías del tren.
En la capital de Nepal, Katmandú, cientos de personas se han manifestado durante varios días demandando justicia para una mujer de 21 años que fue robada por un oficial de inmigración y violada por un policía en el aeropuerto de la ciudad. Los manifestantes reconocen como una revelación y un ejemplo a seguir la movilización en India. “Hemos visto el poder de las protestas masivas por el caso de violación en Nueva Delhi. Es un movimiento exclusivo de la gente”, dijo al periódico británico The Guardian Anita Thapa, una de las manifestantes.