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miércoles, 20 de noviembre de 2013

PRENSA CULTURAL. Sobre Doris Lessing. José María Guelbenzu

Doris Lessing. Raúl Cancio ("El País")

   En "El País":

La vida dedicada a la narrativa

La suya es la mirada de una persona que reconoce la vida como es, sin tapujos, pero acompañada de una cierta forma de compasión.

 17 NOV 2013

Mi primer encuentro como lector con Doris Lessing fue un libro editado por Carlos Barral (no podía ser de otra manera en aquella época: 1962, en la editorial Seix Barral) bajo el título La costumbre de amar. El libro era un conjunto de 17 relatos, el primero de los cuales, que daba título al libro, era un admirable estudio sobre un hombre tierno de vida galante a quien su juventud está abandonando sin piedad y al que la vida ha dejado apenas algo más que una costumbre de amar que ahora decide ejercitar con una mujer joven, una relación sobre la que se cierne inexorablemente el dictamen del tiempo. Todos los relatos estaban poseídos de una finura de análisis y una capacidad de recrear la vida común que destacaban por su capacidad de abordar las pequeñas miserias de la vida cotidiana; incluido el relato final, una dura visión de la Alemania de posguerra. En este libro está, a mi modo de ver, lo mejor del estilo característico de Doris Lessing, una escritura de la vida real sin tapujos y sin grandes adornos, directa al asunto, pero muy bien acompañada de un entorno cotidiano, aparentemente discreto, pero significativo, cargado de intención. La mirada de una persona que reconoce la vida como es, sin tapujos, pero acompañada de una cierta forma de compasión.
 Doris Lessing, nacida en Irán, recriada en Rodesia y finalmente afincada en Londres, inició su carrera literaria con la novela Canta la hierba, la historia de un matrimonio de fracasados en una granja sudafricana en la que el apartheid es un telón de fondo. No es una gran novela, pero contiene elementos que serán constantes a lo largo de su obra: el fracaso y la injusticia. Doris Lessing será fiel a ellos y tras instalarse en Londres se unirá al grupo de escritores ingleses más vivificante de la época: los Angry young men. Poco a poco va creando esa clase de personajes de clase media sumidos en la mediocridad y en la frustración que dejan ver tanto su maldad circunstancial como su bondad y ternura que los empuja a una existencia mediocre, sórdida en muchos casos. Su mirada sobre el dolor de la gente es implacable y amorosa a la vez. Es una etapa que culmina con En busca de un inglés.
Su siguiente paso se llama El cuaderno dorado, un libro que la catapulta a la fama de manera extraordinaria. El libro es acogido con enorme entusiasmo y devoción entre las feministas y las mujeres en general y extiende su fama por el mundo entero. Es un libro militante, en verdad, pero también cargado de eficiencia literaria. Es un libro vigoroso que suscita reacciones encontradas, pero de cuya calidad no cabe dudar. Después, el éxito parece eclipsar el interés de sus títulos posteriores, entre los que destaca Un hombre y dos mujeres, una lucidísima visión de las relaciones personales.
Doris Lessing es una autora torrencial que nunca ha dejado de escribir desde su primer título publicado. Incluso antes de Canta la hierba tuvo problemas por sus escritos acerca de la discriminación, problemas que determinaron su abandono de África. Como buena escritora torrencial ha escrito libros “buenos y regulares”, pero lo que impresiona sobre todo es su dedicación a la literatura. Escribió una extraña tetralogía de algo que aproximadamente podríamos llamar ciencia ficción que fue severamente contestada por críticos de tan indudable prestigio como Harold Bloom o Reich-Rainicki. Lo que está fuera de toda duda es que la suya fue una vida dedicada al conocimiento y a la literatura con un fervor y un amor envidiables. Una vida noble y justa.

viernes, 25 de octubre de 2013

PRENSA CULTURAL. Sobre "Mentiras aceptadas", nueva novela de José María Guelbenzu

José María Guelbenzu

   En "El Día de Córdoba":

Cuando éramos ricos

Guelbenzu retrata en 'Mentiras aceptadas' los conflictos de un hombre con un hijo próximo a la adolescencia en la España de 2005, "cuando corría el dinero y había trabajo para todos"
BRAULIO ORTIZ | ACTUALIZADO 20.10.2013"Porque yo tengo muy claro, Gabriel, que estoy donde está el dinero. Ni ideologías ni hostias, eso se quedó donde se tiene que quedar". Suelta la frase Mario Pescador, "correveidile del mundo del espectáculo, cronista de la cultura rosa para un periódico de la capital y víbora oficial en el cielo de estrellas y luceros del escalafón de la fama", pero la podrían decir otros personajes que aparecen en Mentiras aceptadas (Siruela), la nueva novela de José María Guelbenzu, una obra ambientada en el año 2005, en esa "España por la que corrió el dinero abundantemente y en la que había trabajo para todos, en la que nos sentimos ricos y eso nos hizo ser insolidarios", resume el autor, que estos días ha presentado su libro con el Centro Andaluz de las Letras. "En la superficie es un año triunfal, pero por debajo se está pudriendo la estructura y se va a venir abajo el piso". 

Guelbenzu (Madrid, 1944) habla en su obra de escándalos financieros y de arribistas sin escrúpulos, pero no quiere que la compleja red de vivencias que ha tejido se interprete como una radiografía moral de un tiempo. "Los personajes de mi novela están situados en un momento histórico, pero no es el momento histórico el protagonista de la novela", corrige, cansado de que "todos" le pregunten por la crisis, "¡como si los escritores tuviéramos algo que decir!", exclama. El eje de la narración es el conflicto de un hombre, el guionista Gabriel Cuneo, un tipo que se define a sí mismo como un manso y que está "confortablemente instalado en una sociedad media en la que se vivía bien. Lo que le pasa al personaje es que en un momento determinado toma conciencia, cuando se encuentra con que su padre, que es quien lo antecede en la vida, está muriendo de la enfermedad del olvido, y que el hijo empieza a tener un futuro por delante, que ya no es un niño. Ve al hijo metido en el mundo moralmente peligroso del dinero y empieza a pensar si no debe apartarlo de ahí", analiza el narrador y crítico literario. Quien encarna la ambición es Isabel, la ex mujer de Gabriel y madre del niño, casada con un prestigioso sociólogo gracias al cual se mueve en las esferas del poder, y que no tendrá reparos en entregarse a otro hombre que le puede reportar mayores beneficios. "Ella me interesa muchísimo. Me hubiera gustado poder desarrollarla más e incluso pienso que escribiría algún día una novela sobre ella", admite Guelbenzu, que explora los conflictos que tienen para educar a su descendencia los matrimonios separados, pero que sobre todo quería, subraya, "señalar que no existe vínculo más indisoluble en la tierra que el que se da entre padres e hijos, aunque sea un vínculo paradójico". 

Gabriel, guionista de la serie televisiva El amo de su casa, sobre las tribulaciones de un parado -la ficción audiovisual española, opina Guelbenzu, "prefiere la comedia de barrio, la cosa costumbrista, al análisis en profundidad"-, empieza su transformación tras conocer dos tragedias: el atropello de un niño del que es testigo y el accidente de tráfico del protagonista de su comedia. Aunque Mentiras aceptadas "arranca con dos muertos que son premoniciones de que algo va a empezar a tambalearse", el humor es "fundamental" en el desarrollo de la trama, "para hacer avanzar una novela con tantos personajes". 

No se ha inspirado Guelbenzu, que en este libro se aparta de la serie de novelas policiacas dedicada a la juez Mariana de Marco, en ningún caso real para contar el fraude del Banco Castellano de Negocios que se destapa en la historia. "Yo no soy un escritor de documentación. La novela es ficción, y dentro de ella la invención es crucial. No he tomado a mis personajes ni la anécdota de la vida real, aunque un escritor trabaje con la realidad", advierte. Y con el idioma: Mentiras aceptadas está escrita con una prosa excepcional. "El realismo español es muy barroco, pero el tiempo me ha enseñado que la mejor manera de quitarse ese barroquismo es la precisión", asegura sobre su estilo. 

¿Hay esperanzas para un país en el que, como se sostiene en el libro, "los delincuentes triunfaban, los mentirosos eran creídos"? ¿Se producirá una regeneración moral? "El descaro con el que se miente impide pensarlo. Se cometen verdaderas barrabasadas y se dice que se está llevando a cabo un ejercicio de transparencia. Si la hay, esa regeneración va a ser un trabajo civil, no del poder, que no está dispuesto a reconocer que se ha equivocado y que se ha aprovechado de la situación". A Guelbenzu le preocupan los mensajes contradictorios que se están lanzando: "Historias como la sentencia del caso Malaya, por ejemplo", indica con pesar, "vienen a decir que quien no roba es tonto".

jueves, 13 de diciembre de 2012

PRENSA CULTURAL. "Gran literatura y nada más". José María Guelbenzu. (Sobre Mo Yan, Nobel de Literatura)

El Premio Nobel de Literatura Mo Yan posa junto a su esposa, Quinlan Du, después de recibir el galardón en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel. / JONAS EKSTROMER (EFE) ("El país")

   En "El País":

Gran literatura, y nada más

¿Vamos a tener que volver a los tiempos en que se juzgaba la calidad de la obra literaria por la adscripción del autor a una u otra opción política?

 11 DIC 2012

¿Vamos a tener que volver a los tiempos en que se juzgaba la calidad de la obra literaria por la adscripción del autor a una u otra opción política? En este mundo en el que vivimos, cuando no es la economía, es la política el factor sustancial de análisis. Y a la literatura que la zurzan con hilo negro. ¿Es que de nuevo vamos a juzgar la obra literaria de Céline por su penosa inclinación al antisemitismo o la de Sholojov por su papel relevante en la Unión de Escritores Soviéticos?
Mo Yan es un escritor satírico que en sus primeras novelas (Sorgo rojo, Grandes pechos, amplias caderas...) ha mostrado, bajo un tinte entre nostálgico y romántico, la dureza real y emocional de la vida del campesinado chino y que en sus obras posteriores llegadas hasta nosotros (La vida y la muerte me están desgastando, La república del vino o Rana) ha narrado de manera implacable la miseria vital y moral de la burocracia china, el enchufismo y la corrupción de la vida social y, con una cercanía no exenta de compasión, la vida de las gentes en su lucha cotidiana por subsistir y desgranar sus pequeñas esperanzas en un medio de una aplastante mediocridad y falta de libertad. Lo ha hecho poniendo la vista tanto en la tradición china como en la literatura del mundo occidental; y lo ha hecho eligiendo como camino, de manera cada vez más acentuada, el que tantos otros escritores antes que él han debido seguir para burlar la opresión autoritaria: el humor, en su caso derivado hacia lo grotesco como herramienta literaria.
Lo grotesco —que se emparenta con la fantasía y con el absurdo— tiene antecedentes tan ilustres como Nicolás Gogol o Mijail Bulgákov. La fantasía y el absurdo acercan a Mo Yan al realismo mágico de un García Márquez o al sentimiento del absurdo de un Kafka. Como en el caso del colombiano, su inspiración procede de la literatura y de los cuentos de su abuela…
Lo que escribe Mo Yan es gran literatura y como tal acabará siendo apreciado por encima de la coyuntura política y bajo esa luz ha de ser juzgado. Sus personajes son una verdadera representación de la comedia humana, tan reconocibles para el lector occidental como para el lector oriental. Ellos y su literatura son su defensa y su auténtica fe de vida.

viernes, 3 de junio de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "El hermano pequeño", novela de José María Guelbenzu

José María Guelbenzu

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
El hermano pequeño

LLUÍS SATORRAS 28/05/2011

   Narrativa. Acababa de empezar el siglo cuando tuvo lugar un suceso singular que a algunos pilló a contrapié. Un autor de la élite literaria publica una novela del género policiaco, No acosen al asesino, cuyo protagonismo recae en una juez. Es el principio de una serie que Guelbenzu firma con las iniciales J. M. (igual que G. esconde en las dos últimas entregas el nombre de Gijón). Mariana de Marco es ya un personaje reconocible, bien asentado en el mundo imaginario de la literatura (ver a Juan Cueto ligando con ella en un restaurante) y la serie de sus novelas llega ya a la número cinco. Ella, los otros personajes y el mundo que les rodea han adquirido densidad, vivacidad. Casi se puede hablar de una única novela con diversas paradas, pues Mariana es un hilo conductor muy poderoso y la narración nos propone cada vez más pasajes donde la meditación sobre sí misma es primordial. Asistimos a un bien calibrado proceso de autoconocimiento. Y, desde luego, el proyecto tiene la continuidad asegurada, pues El hermano pequeño deja indicios bien preparados por el autor sobre el futuro de Mariana, posibles amantes, amistades y compañeros. Uno, que ha seguido las explicaciones de Guelbenzu sobre lo policiaco, celebra su reivindicación de la novela clásica, británica principalmente, sus apasionantes enigmas y sus desafíos intelectuales. Es en esta tradición, aunque modificada sin duda por el mayor detenimiento en el análisis psicológico, donde se inscribe la serie de Mariana. Aunque Guelbenzu sí se ocupa de perfilar con naturalidad aspectos sociales y políticos, su obra tiene poco que ver con lo que se entiende propiamente como novela negra, la que se inicia con Hammett, Chandler, Thompson y compañía, en las que la acción resuelta y decisiva y la violencia explícita es el centro absoluto. En mi opinión, lo mejor de la novela negra lo heredó el cine, donde adquiere su madurez y su sentido. Lo dicho no debe hacer pensar que en esta serie no exista la violencia. Al contrario, está muy presente, como componente imprescindible del género y como ingrediente unido sin remedio a la condición humana. Pero de otra forma. Es una violencia no vista pero sentida "en ausencia", provocando incluso mayor desasosiego y es también una figura mental que obliga a duras y comprometidas reflexiones. La pertenencia al género policiaco, tan manipulable que su éxito actual se basa en la indistinción entre lo bueno, lo indiferente y lo malo, no debe hacer olvidar que toda novela se mide por su pertenencia a la corriente general. Creo que ahí está uno de los grandes empeños de Guelbenzu. Existe el género, pero también el sello del autor (un ejemplo de categoría: Dorothy L. Sayers, que casi casi estoy por decir que es el modelo clásico en que se inspira mayormente esta serie). Y no es contradictorio afirmar que la figura de Mariana descrita con sus pros y sus contras es como un obús lanzado contra la línea de flotación de las tradicionales novelas del género. Eso valora positivamente la nueva serie y no perjudica en absoluto a las antiguas. Estamos, pues, doblemente de enhorabuena.

El hermano pequeño
J. M. Guelbenzu
Destino. Barcelona, 2011
390 páginas. 19,50 euros
Libro electrónico: 13,99 euros

viernes, 6 de mayo de 2011

PRENSA. 6 mayo 2011

   En "El País":

1. Pedro y Nopedro. Columna de Juan José Millás.

2. Los que miran. Por David Trueba.

3. El papel ha muerto... ¡viva el papel! Reportaje de Íker Seisdedos. El Prado saca a la luz en 'No solo Goya' sus últimas adquisiciones de obra gráfica - El catálogo de la muestra es el primero editado en formato electrónico.

4. "El hombre moderno pisa hoy el suelo de la incertidumbre". Entrevista al escritor José María Guelbenzu. Por Ana Marcos.

5. Las grandes ciudades se suben a la bicicleta. Reportaje de Cristina Vázquez. Más de 100 ciudades españolas tienen ya servicios públicos de préstamo - Falta conciliar su tránsito con el de los coches y con los peatones - Tráfico prevé declarar este transporte "preferente".

6. Lo que yo creo: una ética de izquierda. Artículo de Jean Daniel, director de "Le Nouvel Observateur". Traducción: José Luis Sánchez-Silva.

7. Ese "triste privilegio argentino". Artículo de Juan Cruz sobre Ernesto Sabato.

8. No necesitamos todas las energías en el 'mix'. Artículo de Domingo Jiménez Beltrán y Sergio de Otto, patronos de la 'Fundación Renovables'. Las renovables son las únicas que pueden calificarse de sostenibles: no trasladan costes ni riesgos contaminantes al futuro, reducen la emisión de gases de efecto invernadero y mitigan el cambio climático.

9. Anestesia moral. Por José Ignacio Torreblanca. Sobre la muerte de Bin Laden. Europa, España, no están en "guerra contra el terror", sino en "lucha contra el terrorismo".

jueves, 30 de diciembre de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia". LOS LIBROS DEL AÑO (5): "El amor verdadero", de José María Guelbenzu

José María Guelbenzu
El amor verdadero
José María Guelbenzu
Siruela. Madrid, 2010
585 páginas. 21,95 euros

   Uno se ha acostumbrado desde el ya lejano 1968, año de El mercurio, cuya primera edición de Barral Editores por el diseño y las ilustraciones parece ahora un objeto arqueológico, a estar acompañado de José María Guelbenzu. Desde entonces, nos ha ofrecido una obra variada y atrevida siempre en busca de nuevos horizontes como, por poner ejemplos muy distintos, el efectivo y original diálogo de Un peso en el mundo o la serie de novelas policiacas de la juez Mariana de Marco. En El amor verdadero, novela que transmite una gran sabiduría de la vida, el título define el tema principal. En la relación entre Clara y Andrés, el amor, "una cosa bastante misteriosa", es sentimiento, pasión, sexo y camaradería, pero no se reduce a ninguna de estas cosas. El autor propone varias aproximaciones entre las que escojo dos. Una, la elección más o menos racional. Clara decide y, en consecuencia, espera y acepta, una actitud insólita que resulta sorprendente y puede parecer excesiva, pero es coherente con la propuesta novelística. La otra cuestión es el ingreso en la trama del halo poético de Camelot y la caballería mediante el recurrente motivo del anillo mágico que une milagrosamente a los amantes junto a otros acontecimientos y a tres anacrónicos personajes de gran calado literario.
                                                                 Lluís Satorras

miércoles, 24 de noviembre de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "Los infinitos", de John Banville. Por José María Guelbenzu

En Babelia, suplemento cultural de "El País":

Envidiable mortalidad

JOSÉ MARÍA GUELBENZU 20/11/2010

Los infinitos, de John Banville, es una novela insólita y fascinante sobre el sentido de la vida y de la muerte. En un estilo admirable, el escritor irlandés convoca en una historia a hombres y dioses que entrecruzan sus existencias cotidianas.

Esta es una novela distinta. Una novela que ha de irritar a muchos y parecer fascinante a otros. Me encuentro entre los segundos. Lo que sí necesita es un lector amante de la literatura y dispuesto a aceptar novedades de concepción y estilo. Creo también que es una de las novelas del año.
En el libro se unen dos mundos: el de los mortales y el de los dioses. Uno de estos últimos, Hermes, es la voz narradora. La mirada de Hermes se tiende sobre la familia Godley en un momento en que el patriarca, Adam Godley, Sr., un reputado científico, se encuentra en coma a pocos pasos de su muerte. Junto a él se encuentran en la casa familiar de Arden (¿un guiño a Nabokov, este nombre?) su segunda mujer, Ursula, alcohólica; su hija Petra, medio autista, y su hijo Adam, Jr., junto con su esposa, la bella Helen. También forma parte de la casa Ivy Blount, de origen aristocrático reducida al estado de criada; Duffy, un campesino analfabeto, y dos visitantes: Roddy Wagstaff, pretendido cortejador de Petra, pero que en realidad ronda a Adam, Sr., con la intención de ser su biógrafo, y Benny Grace, un gordinflón desaliñado, descalzo y ladino, que también parece ser una encarnación del dios Pan.
Con estos mimbres construye Banville una cesta insólita donde cabe una historia mínima y vulgar de relaciones familiares entre individuos afectados por problemas comunes al resto de los mortales que son contemplados por unos dioses inmortales y aburridos de su inmortalidad. La novela, por tanto, y la vida con ella, se mueve entre la muerte y la eternidad. Mientras Hermes relata las pequeñas pasiones de los humanos siente a la vez pena y cierta envidia de ellos por el hecho de que lo que a sus ojos son pequeñas reyertas y dificultades sean, precisamente, lo que da viveza y entretenimiento a sus actos, algo de lo que los dioses carecen, como carecen del horizonte de finitud de aquellos. Todos los dioses soportan mal la eternidad y su único entretenimiento es jugar con el destino de los humanos, sin beneficio para ellos ni para los humanos, aunque ellos lo hacen por divertirse, por pasar el rato, mientras que los mortales lo pagan con el dolor. Cuando Zeus, el padre de Hermes, despierta de su siesta, dirige su apetito sexual hacia Helen, la mujer de Adam, Jr., y, valiéndose del ardid de posesionarse de la voluntad de Roddy, la lleva junto al bosque y la besa apasionadamente ocasionando una pequeña catástrofe entre los mortales; después, como un niño con un juguete usado, lo aparta y vuelve a su estado de aburrimiento al comprobar que las envidiadas pasiones no son para los dioses.
La relación entre unos y otros la ofrece Adam, Sr., cuyas operaciones matemáticas acabaron dando con una fisura en el tiempo que permite abrir la cerrada línea entre dioses y hombres. Por eso Adam, Sr., tomará la palabra -pese a su estado de coma- en dos ocasiones a lo largo del relato, para aportar la memoria, pero es la creación de ese tiempo entre hombres y dioses lo que dota a la novela de un ritmo como de cámara lenta y de una cierta ingravidez de los acontecimientos que está admirablemente conseguida gracias al estilo, a la escritura (aquí, un alto para apreciar la muy buena traducción de Benito Gómez Ibáñez). Un ritmo que incluye escenas tan notables como la seducción de Helen o la sobrecogedora decisión de Petra junto al lecho donde yace su padre.
La descripción es variada, compleja y minuciosa, tanto de los sucesos como de lo material de esas vidas humanas, de la casa, del terreno, incluso de ruidos y actos (por ejemplo, la actividad de Helen en el cuarto de baño). Es la descripción morosa de asuntos cotidianos, pequeños, que llaman la atención del dios narrador del mismo modo que se la llama la vida de los insectos a un curioso observador, con la diferencia de que Hermes es consciente de las pasiones y los miedos de los humanos. Lo que para estos es el sentido de sus vidas, para los dioses no pasa de ser un juego que, en el fondo, les atrae tanto como les disgusta; así dice Hermes hablando de Zeus, su padre: "Ah, sí, amor, lo que ellos llaman amor: eso lo saca de quicio, porque es una de las dos cosas que no podemos experimentar los de nuestra especie; la otra, evidentemente, es la muerte". Y, por supuesto, de lo que habla esta novela es del sentido de la vida y de la muerte de los hombres desde una perspectiva no por fantasiosa menos efectiva ni convincente. La escena final, formidable, un remate genial, expone lo que es toda la novela, toda novela en general: una representación.

Los infinitos
John Banville
Traducción de Benito Gómez Ibáñez Anagrama. Barcelona, 2010
296 páginas. 19,50 euros.

Edición en catalán: Els infinits. John Banville. Traducción de Eduard Castanyo Montserrat. Bromera.Alzira, 2010. 246 páginas. 19,50 euros

martes, 1 de junio de 2010

LITERATURA. ENTREVISTA DIGITAL. José María Guelbenzu (Madrid, 1944)

José María Guelbenzu

En "elpais.com", los internautas han entrevistado a José María Guelbenzu.
Uno de los Grandes temas de la literatura en los que se quiere centrar el Ciclo Babelia durante la Feria del Libro es el amor. El madrileño José María Guelbenzu ha publicado El amor verdadero (Siruela), un libro en el que se pregunta qué es lo que hace que todos los enamorados se prometan fidelidad en un mundo en el que la duración es un valor casi inexistente. Guelbenzu ha charlado con los lectores sobre este libro y su obra.

Éstas son las primeras páginas del libro.
Más información, aquí.