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lunes, 6 de junio de 2016

POESÍA. MÚSICA. "Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías". FEDERICO GARCÍA LORCA. ENRIQUE MORENTE



"La cogida y la muerte", por Enrique Morente


LA COGIDA Y LA MUERTE
 
A las cinco de la tarde.
 
Eran las cinco en punto de la tarde.
 
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
 
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
 
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
 
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
 
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
 
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
 
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
 
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
 
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
 
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
 
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
 
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
 
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
 
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
 
A las cinco de la tarde.
 
A las cinco en punto de la tarde.
 
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
 
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
 
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
 
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
 
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
 
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
 
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
 
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
 
A las cinco de la tarde.
 
 
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
 
*
 
LA SANGRE DERRAMADA
 
¡Que no quiero verla!
 
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
 
¡Que no quiero verla!
 
La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras
 
¡Que no quiero verla!
 
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
 
¡Que no quiero verla!
 
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
 
No.
 
¡Que no quiero verla!
 
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
 
¡Que no quiero verla!
 
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
 
¡Yo no quiero verla!
 
*
 
 
CUERPO PRESENTE
 
La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
 
Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.
 
Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.
 
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
 
Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.
 
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.
 
¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.
 
Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.
 
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.
 
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.
 
Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.
 
No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

 
*
 
 
ALMA AUSENTE
 
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
 
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
 
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
 
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
 
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

domingo, 15 de mayo de 2011

PRENSA (2). 15 mayo 2011

   En "El País Semanal":

1. Las grietas de la Historia. Javier Cercas, sobre Ignacio Martínez de Pisón y su novela El día de mañana.

2. Morente punto y final. Reportaje de Amelia Castilla. Maestro del flamenco. Guía para los jóvenes talentos. Pero la muerte segó el momento mágico en que se encontraba su carrera. Un documental, ahora en cartelera, y el disco-libro 'Morente', que publica 'El País', recogen la banda sonora de su último año de vida.

3. Discrepar sin crear conflictos. Reportaje de psicología. Por Ferrán Ramón-Cortés. En los grupos, la discusión ayuda al crecimiento. Sin embargo, mal gestionada puede derivar en conflictos entre las personas. ¿Cómo podemos discrepar sin enfrentarnos?

4. Pasión lorquiana que nunca muere. Reportaje de Marcos Ordóñez. Sangre que reverdece. Tragedia de los instintos siempre vigente. El universo de Lorca, lleno de imágenes que en el mundo se han convertido en símbolo de lo español, sigue inspirando a los artistas. Como el nuevo libro de Castro Prieto, uno de los fotógrafos con mirada más original.

5. El azote de los gobiernos. Reportaje de Lola Huete Machado. Cartas, protestas, informes independientes... Hablar de derechos humanos es hablar de Amnistía Internacional. "Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad", dijo un hombre en 1961, llamando a la acción. Y hoy, tres millones de activistas actúan de barómetro del estado de la justicia en el mundo.

6. Aprendiendo a llorar junto a los otros. Por Rosa Montero.

lunes, 20 de diciembre de 2010

PRENSA. 20 diciembre 2010

En "El País":

1. Adiós, Enrique. Columna de Almudena Grandes, sobre Enrique Morente.

2. La tecnología no pone en libertad a nadie. Artículo de Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, investigador titular en la 'Hoover Institution' de la Universidad de Stanford. Su último libro es Facts are Subversive: Political Writing from a Decade Without a Name. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Una conversación por vídeo con la opositora birmana Aung San Suu Kyi revela su personalidad indomable y su difícil posición. ¿Podrá establecer vínculos con las minorías étnicas, como hizo su padre en 1947?

3. "Que me maten, pero aquí". Reportaje de Pablo Ordaz. Muere tiroteada la madre de una joven asesinada en Ciudad Juárez cuando pedía justicia ante el palacio del gobernador.

4. Llena de educación tu portátil. Por Carlos Carabaña. Las editoriales, alentadas por la llegada de Escuela 2.0, diseñan materiales exclusivamente digitales - La rentabilidad económica todavía es incierta. 

5. Basura. Por Luis Manuel Ruiz.

domingo, 19 de diciembre de 2010

PRENSA. 19 diciembre 2010

En "El País" y suplementos:

1. Todo mental. Columna de Manuel Vicent.

2. "¡He salido ileso!". Por Amelia Castilla. Enrique Morente superó el rechazo visceral de los puristas del flamenco hasta lograr llevar la tradición a su terreno - Los jóvenes vieron un ejemplo en él.

3. Este pez tiene mercurio (y usted). Reportaje de Mónica G. Salomone. La contaminación del pescado cuestiona la recomendación de consumo regular -Compuestos cotidianos afectan al desarrollo cognitivo o al sistema reproductor.

4. Rinkeby. Artículo de Mario Vargas Llosa. Un colegio de un barrio del sur de Estocolmo es el espejo de lo que debería ser la sociedad humana. En él conviven niños que hablan 19 idiomas distintos y proceden de un centenar de países.

5. Sakineh y la batalla de los símbolos. Crónica de Bernar-Henri Lévy. La campaña de desprestigio emprendida por las autoridades iraníes contra Sakineh Ashtianí, además de aterrorizar a la víctima, trata de ridiculizar a Occidente y de poner a prueba la firmeza de la opinión pública.

6. Mar de dudas. Por Elvira Lindo.

7. El imperio contraataca. Maruja Torres sobre Wikileaks y la información.

8. 20 prometedores avances del año 2010. Reportaje de Luis Miguel Ariza. La ciencia es todo menos previsible. Se desconocen sus giros futuros. ¿Una nueva forma de energía? ¿Un material más resistente que el acero? ¿Un nuevo estado de la materia? El imposible no existe. Aquí, 20 grandes pasos adelante. Despuntan tecnologías médicas, artefactos voladores, atrevidos robots...

9. "Lo único que he traicionado es a mí mismo". Reportaje de Juan Cruz sobre Jorge Semprún. A estas alturas, con 87 años recién cumplidos y su biografía, ‘Lealtad y traición’, en la calle, Semprún ya poco tiene que callar. Entre sus confesiones, a menudo dolorosas, recuerda torturas, el campo de concentración, su duro enfrentamiento con Carrillo…

10. Competiciones fúnebres. Artículo de Javier Marías.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

POESÍA. "A un hombre íntegro", de José Luis García Clavero, profesor del IES "Maimónides". (Al cantaor Enrique Morente)

Enrique Morente

A un hombre íntegro
                    (Al cantaor E. Morente)

Fuiste soplo,
queja arcana
de la raza del bronce,
generoso derrame
del arte, sentimiento,
raíces, gallardía,
cristalino torrente,
limpio chorro de voz;
tu garganta, hondura
abisal y deleite,
agonía.

La vida, Enrique, es vuelo
de amor y muerte, arrebato
fiero, pellizco y duende,
manantial inagotable.
¡Que el agua fresca alivie
y no sellen jamás tus labios!
¡Que las lilas rocíen
ascuas y fuego al ocaso,
allá donde mora, desnuda
entre las nieves, tu alma!
José Luis García Clavero

martes, 14 de diciembre de 2010

PRENSA. 14 diciembre 2010

En "El País":

1. Bastaría. Columna de Rosa Montero.

2. Contraanálisis. Por David Trueba.

3. Adiós a Morente, inteligencia del cante. Por Miguel Mora. El músico fallece a los 67 años en Madrid debido a complicaciones de una operación de estómago - Desde la libertad, revolucionó el lenguaje del flamenco. DESDE ESTE ARTÍCULO, ENLACES A OTROS TEXTOS.

4. No es cosa mía. Por Fernando Savater.

5. Un protagonista odioso. Reportaje de Tereixa Constenla. Umberto Eco se desmarca del antisemitismo del personaje central de su nueva novela, 'El cementerio de Praga'.

6. Un intestino de encargo. Reportaje de Javier Sampedro. El primer órgano humano completo obtenido de células madre ya es un hecho - Supone un gran paso para investigar enfermedades intestinales y fabricar piezas para trasplante en laboratorio.

7. Cancún, clima multilateral. Por Jordi Vaquer.

lunes, 13 de diciembre de 2010

POESÍA. MÚSICA. VÍDEO. Enrique Morente, en el recuerdo

Enrique Morente
13 de diciembre 2010: fallecimiento de Enrique Morente.
Un vídeo de creación, con el poema Ciudad sin sueño, de García Lorca (del disco Omega: por Enrique Morente y el grupo Lagartija Nick):


El poema completo:

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aun andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Ahora, La aurora (también de Poeta en Nueva York), interpretada en el Festival de la Guitarra de Córdoba, en 2009:


Y el poema:
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

sábado, 5 de junio de 2010

POESÍA. MÚSICA. "Pequeño vals vienés", de García Lorca (5 junio 1898-1936). ENRIQUE MORENTE-LAGARTIJA NICK +Leonard Cohen

Dibujo de García Lorca

Del libro Poeta en Nueva York:
Pequeño Vals Vienés
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.