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viernes, 29 de mayo de 2015

PRENSA CULTURAL. "Más creadoras que musas"

   En "El País":

Más creadoras que musas

Mujeres como Camille Claudel fueron eclipsadas por la fama de sus parejas


Robert Schumann y Clara Wieck, en un retrato de 1847.

Sylvia Plath (1932-1963), autora de uno de los grandes poemarios del siglo XX (Ariel) y ganadora de un Pulitzer póstumo, se encargaba de pasar a máquina los versos de su marido, Ted Hughes (1930-1998). En la Universidad de Cambridge se conocieron, se apasionaron y se casaron casi a la par. Tuvieron dos hijos. La cooperación inicial se resquebrajó con la convivencia, el éxito de él y la crisis de creatividad de ella. “Sylvia es la que limpia la casa, la que ejerce de secretaria de su marido. Y lo hace por miedo a perderlo, porque piensa que si no lo hace, él encontrará a alguien que sí lo hará”, sostiene la escritora Laura Freixas, que ha profundizado sobre la relación del matrimonio, al que dedicará una conferencia el 2 de junio dentro del ciclo Ni ellas musas, ni ellos genios, que se celebra en Caixaforum, en Madrid, a lo largo de mayo para abordar historias de parejas de creadores, donde el papel femenino ha sido oscurecido por su cónyuge.
Una cuestión que la propia Sylvia Plath constató en su diario. “Tengo celos de los hombres. Una envidia profunda y peligrosa que puede corroer, imagino, cualquier tipo de relación. Una envidia nacida del deseo de ser activa y hacer cosas, no ser pasiva y sólo escucharlas”, escribió en unas páginas donde conviven varias pugnas a un tiempo: “¿Puede una mujer autosuficiente, excéntrica, celosa y con poca imaginación escribir algo que valga realmente la pena?, y ¿puede formar una pareja?”.


Ted Hughes y Sylvia Plath.
Mientras la carrera de Hughes despega, la vida de Plath se desmorona. Le asaltan la bestia de la depresión (“Tienes miedo de quedarte sola con tu propia mente”, confiesa) y el monstruo de los celos. Finalmente Hughes la abandona -y a sus hijos- para irse con Assia Wevill. Durante los dos años siguientes Plath escribe los poemas "que me harán famosa”, confía a su madre. El 11 de febrero de 1963, con 30 años, metió la cabeza en el horno y abrió el gas. De su muerte nació su mito. Y la leyenda negra de Hughes, visto como el detonante del suicidio y censor confeso de sus diarios, con la excusa de proteger a sus hijos pequeños.
“Una mujer con ambiciones artísticas es muy vulnerable porque se enfrenta, por un lado, al techo de cristal, y por otro, a la soledad. A medida que ellos triunfan, les resulta más fácil encontrar una pareja sumisa. A medida que ellas triunfan, les resulta más difícil encontrar a alguien igual”, sostiene Freixas, una de las escritoras que más ha reflexionado sobre la desigualdad en el ámbito de la cultura  y que dirige la asociación Clásicas y Modernas, dedicada a combatir la discriminación. La autora, además, acaba de publicar El silencio de las madres (Aresta), donde se recopilan 32 artículos sobre el tema.

Amores y colaboraciones

John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill. A él le habían educado para ser un reformador social. Ella era autodidacta, socialista y feminista, casada con John Taylor y madre de tres hijos. Se casaron cuando Harriet Taylor enviudó. Juntos escribieron obras fundamentales para el feminismo, como La sujeción de la mujer (1869), Ensayos sobre el matrimonio y el divorcio (1831-1832) y La emancipación de la mujer (1851), firmado por Harriet Taylor. Un caso atípico, ya que Stuart Mill (1806-1873) defendió con ardor los derechos de las mujeres —fue un pionero en pedir el sufragio femenino desde su escaño en la Cámara de los Lores—, un aspecto poco resaltado por los estudiosos de su obra.
Sonia Terk y Robert Delaunay. Dos figuras fundamentales de las vanguardias artísticas del siglo XX, militantes del orfismo, una variante del cubismo cercana a la abstracción. Sobre su relación hablará mañana, martes 26, Marian López Fernández Cao, profesora de Educación Artística en la Universidad Complutense y presidenta de Mujeres de Artes Visuales (MAV), una de las organizadoras del ciclo junto a la asociación Clásicas y Modernas.
La relación de Camille Claudel (1864-1943) y Auguste Rodin (1840-1917), que compartieron 10 años de intensa creatividad, acabó en el hundimiento físico, psíquico y artístico de la escultora, que solo en las últimas décadas está recibiendo el reconocimiento que no tuvo en vida. Claudel, que a los 12 años ya llamaba la atención con sus esculturas, se convirtió en amante, modelo y ayudante de Rodin al poco de llegar a París. Él tenía 44 años y estaba casado. Ella tenía 19 y nunca se liberó del rol de amante.
En esa década, dieron lo mejor de sí, aunque uno entre aplausos y otra entre silencios. En opinión de Rosa Montero, que ha escrito en varias ocasiones sobre esta relación,asegura que la invisibilidad “terminó siendo tan asfixiante que la escultora se separó de él para intentar sacar adelante su propia obra. Fue la lucha final, desesperada e inútil”. Se hundió en la pobreza y en el delirio. En 1913 su familia la internó en el psiquiátrico de Montdevergues, donde permaneció tres décadas. Nunca más volvió a esculpir.
La vida de Clara Wieck Schumann (1819-1896) y Robert Schumann (1810-1856) no alcanzó las cotas trágicas de las anteriores, aunque encarna “el ejemplo paradigmático del patriarcado”, en opinión de Marisa Manchado, compositora y vicedirectora del conservatorio Teresa Berganza de Madrid, que abordó en este ciclo la relación entre ambos. “Clara fue la gran pianista del siglo XIX, con un unánime reconocimiento como virtuosa, pero también fue una grandísima compositora y todavía hoy se dice que fue menor”, expone Manchado, que considera que el Trío para Piano en sol menor Opus 17 compuesto por ella en 1846 está "a la altura de los tríos canónicos de Beethoveen”.
Clara Wieck, que había sido educada por su padre, el reconocido profesor de piano Friedrich Wieck, debutó como pianista a los 11 años. Su carrera no cesó de crecer desde entonces. “A los 15 es recibida en la corte de Viena, donde le dan el título de virtuosa, algo rarísimo siendo tan joven, extranjera y mujer”, recuerda Marisa Manchado.
Después de casarse con Robert Schumann, pese a la oposición familiar, prosigue su carrera de intérprete, comienza la de madre de familia numerosa y la de devota defensora de la música de su marido, al que ella introduce en los circuitos de la elite europea y al que difundirá con ahínco tras su muerte. “Era la actual superwoman. Y puso siempre su talento al servicio de los hombres. Primero de su padre, luego de Liszt, su marido y Brahms”, sostiene Manchado. La propia Wieck minimizó la creatividad que llevaba dentro: “Una mujer no debe desear componer. Nunca ha habido alguna capaz de hacerlo. ¿Debería creer que yo seré capaz?”, inquiría en 1839. Años después escribiría el Opus 17.

domingo, 14 de diciembre de 2014

PRENSA. "La condena de nacer niña"

FOTORRELATO: Seis jóvenes comparten sus historias de discriminación y lucha. / Claudio Álvarez 
   En "El País":

La condena de nacer niña

Ser mujer en algunos países significa estar destinada a la discriminación y la violencia

Una de cada cuatro adolescentes en el mundo ha sufrido algún tipo de maltrato

Cada tres segundos una niña es obligada a casarse en el mundo antes de haber cumplido los 18, la de edad en que se las considera adultas (como a los chicos) según la Convención de los Derechos del Niño. Casi una de cada cuatro adolescentes de entre 15 y 19 años del planeta —70 millones— han sido víctimas de violencia física; cada diez minutos, muere una por este motivo. En los países en desarrollo, la principal causa de fallecimientos de chicas de jóvenes de ese grupo de edad es por complicaciones derivadas del embarazo y el parto: 50.000 pierden la vida cada año. Se estima, además, que 140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina. Un número que aumenta en dos millones cada año. Estos son solo un puñado de datos de los muchos recogidos en el informe Estado Mundial de las Niñas 2014 de Plan Internacional con datos de la ONU que describen la condena que supone para muchas personas del mundo haber nacido mujeres.
"Estas cifras indican que existe una mentalidad que tolera, perpetúa e incluso justifica la violencia. Y deben servir de alarma para todos en todas partes". Lo dice Geeta Rao Gupta, directora adjunta de Unicef con motivo de la celebración (11 de octubre) del Día Internacional de la Niña. Los datos del organismo sostienen esta afirmación: "En todo el mundo, cerca de la mitad de las niñas de 15 a 19 años cree que está justificado que un hombre golpee a su mujer o compañera bajo determinadas circunstancias, como por ejemplo si rechaza tener relaciones sexuales, si abandona la casa sin permiso, si discute, si descuida a los niños o si quema la cena".
La solución principal para evitar que niña sea sinónimo de víctima, coinciden las organizaciones especializadas en infancia y mujer, pasa por la educación, tanto en su entorno como, sobre todo, para ellas. La formación les dará el poder para decidir, decir no, conocer sus derechos y hacerlos valer. Aunque, en ocasiones, esto entraña un importante riesgo. La recién premiada con el Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, fue dispara en la cabeza por los talibanes en 2012 por defender la escolarización de las mujeres,
Para Concha López, directora de Plan Internacional en España, el acceso a la educación "no es solo una cuestión de derechos", sino también económica. "Si ellas estudian, estarán más formadas y tendrán herramientas para acceder a un empleo digno; aumentarán el PIB de sus países", aseguró durante la presentación en España del informe.
Pese a los avances en el Objetivo del Milenio de lograr la enseñanza primaria universal, no se logrará en 2015 como se había fijado. En gran parte por la elevada tasa de abandono, sobre todo entre las niñas, como advierte el informe de seguimiento de 2014, principalmente porque se casan y son madres, pero también por la falta de recursos familiares. "En África subsahariana, solo el 23% de las pequeñas pobres de zonas rurales finalizaron la educación primaria", destaca el documento.

140 millones de pequeñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina
Ellas son víctimas de una espiral de discriminación tan difícil de romper como lo es intentar cambiar la mentalidad, las tradiciones o las costumbres. Ni siquiera la aprobación de leyes para la protección de las menores consigues, por sí solas, este objetivo. "Sucede con la mutilación genital en muchos países. Hay que trabajar comunidad por comunidad, con los líderes y los ancianos para erradicar esta práctica. Solo con legislación que la prohíba no vale, porque luego se hace a escondidas", explica Marta Arias, responsable de sensibilización de Unicef España. Con todo, el reto, opina, no es imposible. "Son procesos muy lentos. Se trata de crear entornos protectores y para ello hace falta que estén implicados los políticos, los sistemas judiciales, la policía, las comunidades", detalla.
Ramatou Kane, trabajadora de Plan Internacional en Níger conoce bien el círculo de pobreza, discriminación, violencia y falta de oportunidades. Males que se retroalimentan menoscabando los derechos de las menores, aunque estos estén protegidos por ley. "En el país tenemos el porcentaje más alto de matrimonios infantiles. El 75% de las chicas se casan antes de cumplir los 18. La primera razón es que dejan la escuela. Vuelven a casa de sus padres y como no saben qué hacer con ellas o cómo protegerlas de que se queden embarazas para deshonor de la familia, las casan. El segundo motivo es económico en tanto que enlazarlas con alguien bien posicionado supone una ayuda para la familia", explica la experta nigeriana durante una visita en España.
La realidad que expone Kane no es exclusiva de Níger. En todo el mundo, 700 millones de mujeres vivas se casaron antes de alcanzar la mayoría de edad. De ellas, 250 millones tenían menos de 15 cuando se enlazaron. La mayoría matrimonios forzados. Según denuncia la ONG Plan, 14 millones de menores son obligadas a casarse al año, 39.000 cada día. La tradición explica, en parte, esta práctica. En India, Bangladesh o Nepal, es común que los progenitores elijan un varón para que sus hijas se desposen durante la adolescencia.
Sherin Akther nació hace 16 años en Bangladesh. Cuando tenía 12 sus padres acordaron su matrimonio con un primo nueve años mayor que ella. "Mi historia es representativa de la de las demás niñas de mi país", dice. Ella, sin embargo, esquivó la estadística. "Les dije a mis padres que no me quería casar, que quería estudiar", recuerda. Su madre fue difícil de convencer. De hecho, la pequeña tuvo que acudir a Plan Internacional para que fueran ellos quienes persuadieran a su madre de romper el compromiso. Sherin sigue en la escuela y quiere llegar a la universidad para ser arquitecta como su tío. "Quiero ser como él", dice. Con todo, la joven no tiene inconveniente en casarse en el futuro con quien sus padres elijan. "Yo me podría equivocarme. Ellos harán una mejor elección que yo", razona. Pero eso será cuando finalice su formación y tenga un trabajo, zanja.

14 millones de menores son obligadas a casarse cada año
Una de las consecuencias de los casamientos tempranos son los embarazos adolescentes, que suponen un alto riesgo para la vida de las chicas. Aunque detrás de estos hay múltiples causas como las violaciones, la falta de formación en salud sexual y reproductiva así como la imposibilidad de acceder a métodos anticonceptivos. Unicef estima que 120 millones de jóvenes de menos de 20 años en el mundo han sido víctimas de abusos sexuales. El 50% de las agresiones, añade Plan, las sufren menores de 16.
Jenniffer Rossana Carranza ha vivido a sus 17 años una historia que engrosa varias de estas estadísticas. Sin titubear relata cómo ha sido víctima de la violencia doméstica de niña, sufrió un intento de violación de su padrastro y se marchó del hogar materno, se casó con 14 años con un chico de 18 que la pegaba hasta que su suegro, voluntario de Plan, medió y amenazó con denunciar a su propio hijo. Con 15 tuvo una hija. Desde entonces, ayudada por la ONG, su afán es estudiar. "Hago Derecho porque quiero ser abogada para defender a las mujeres, no a una, a todas", dice. En Ecuador, su país, un 30% de las adolescentes están o han estado embarazadas. "En dos décadas ha aumentado un 80% el porcentaje", denuncia María Antonia López, especialista de la organización en derechos de la mujer.
Entre las amenazas que enfrentan muchas niñas por ciertas tradiciones arraigadas en el lugar donde nacen o la situación de pobreza, la mutilación genital femenina es, sin duda, una de las prácticas considerada más agresiva contra la mujer. Plan denuncia que cada año aumenta en dos millones el número de mujeres a las que se les practica la extirpación del clítoris. La ONU estima que entre 130 y 140 millones en el mundo han pasado por la operación en los 29 países de África y Oriente Medio donde está arraigada. Halaa El Din Mohamed Abdel, egipcia de 14 años, se libró del bisturí gracias a su determinación para convencer a sus padres de que no le practicaran a ella y sus hermanas la ablación. Por su cuenta, se fue a pedir consejo a los trabajadores de Plan en su comunidad para que le dieran argumentos que persuadieran a sus progenitores. Lo consiguió.

Pude decir no a una tradición que menoscababa mis derechos", Halaa, 14 años. Egipto
"Pude decir no a una tradición que menoscababa mis derechos", dice orgullosa Halaa, quien ha estado en Madrid en compañía de otras seis chicas de otros países en el marco de la campaña Por ser Niña de Plan España, que reclama educación gratuita para todas las niñas del mundo, al menos durante nueve años (6 de primaria y 3 de secundaria). Como Halaa, son cada vez más las mujeres que rechazan esta práctica para ellas o sus hijas. En 2011, Unicef publicaba que más de 6.000 comunidades en África ya habían abandonado esta práctica. Pero no se puede bajar la guardia, alertan las organizaciones.
En la Cumbre de la Niña, celebrada el pasado julio en Londres bajo el auspicio de la ONU, se alertó de que, en caso de que se mantengan las tasas de disminución de matrimonios infantiles y mutilación genital femenina, "el mero crecimiento demográfico determinará que el número de mujeres casadas en la infancia (más de 700 millones) se mantendrá al mismo nivel hasta 2050, y que el número de niñas sometidas a la ablación aumentará en 63 millones en ese mismo lapso". Así, para proteger los derechos de las pequeñas no queda más remedio que pisar el acelerador.