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jueves, 9 de junio de 2016

POESÍA. "Instancia a mi amante para que pierda toda envoltura circunstancial". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Instancia a mi amante para que pierda toda envoltura circunstancial
               
No vengas por la ruta ruidosa
ni por la calle que ya te olfatea, te sabe,
ni a la hora prevista, ni a las tres de la añoranza,
ven en extraño celuloide, ven sin las piernas,
con todos tus poros aplaudiendo el discurso
de un duce, tu boca, y entera tú, plaza de mayo,
igual a esa gente que tiene los dos ojos
iguales —allí dignidad es memoria
y el rencor un pájaro humano y hermoso
que paga a diario todas las letras de su partitura—.
Por eso, austral maravilla, decía que me los recuerdas,
y que vengas, que vengas a casa perdiendo,
manzanas arriba,

                     el don pegajoso de la lengua (matrimonio)
                     el arco fatal que describen los días (miscelánea)
                     el falso equilibrio que araña lo absoluto (cobardía)

Porque es así:
Tan lento, tan lento deviene lo importante,
tan golfo y falseado entre el tiempo del cuerpo indolente
en sus maravillas y el tiempo del cuerpo espantado
por la ley de las velas,
que es preciso juzgar al día
desde el límite del día,
tomarte como última cena,
y cantarle al mal hasta la ínfima nota.


miércoles, 8 de junio de 2016

POESÍA. "Tres grados de lo inefable". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Tres grados de lo inefable
               
Un día desperté y estaba hecha parque.
Yo me vi con mi sangre pero parque.
Imposible mostrar. Pero tanta luz....
Dividiendo por veintiocho muchas frondosidades
pude ofrecerte un triunfo. Era día
martes y brindamos. Brindamos rama a rama.
Continuidad de los parques.

Otra mañana andaba buscando un incienso. Algo sencillo que regalarte. Resbalé
sobre la nuca y fui a caer en la cama
de los osos
diletantes.
Te llegó un rumor de bosque y uñas que eran uñas
y bocas con fluidos y greña
amenazante. Debían ser ciertos pero nada
sobre mí; sin embargo sé que no estaban antes.
Pese a todo sacamos el vino.
Quedó corta mi cadencia pero otra música
quebraba los apartes, otra música.

El tercer día era una noche. Ya no sé en qué estancia
fue el tropiezo, pero entré en mi casa
viajero: era de otro
mi casa y no sabía como alzártela
antes que alguien le apagara
los tímidos soles.
Le pedí prensa a mi boca.        Nada.
Mandé entonces por los trazos, las cremas
los tambores. Entendiste al fin
mi tierra. Por los sones, no por las palabras.
Por la disciplina y el barranco de los sones.


domingo, 5 de junio de 2016

POESÍA. "Capricho del cansado". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Capricho del cansado
               
Sueña con mujeres que te aman.
Sueña que llamar a tu puerta calma la mortalidad
que tú recibiendo en penumbra redimes de ser padre
de la cuarentena y el olvido,
añade, claro –para hacer más salubre el consuelo-
que tú también deseas
que tu dicha es genital y da tres vueltas
al reloj que cuelga en los juzgados
que ella tiene ojos azules y es
imposiblemente burguesa
que mirándote pierde el acero y se prepara
la cicatriz de una vida.
Sueña que para ella poner su boca
en aquella tu parte
significa haber nacido
suéñale yo nunca antes y tejuros
y repítelos
, pezonea su paciencia, irrítales
las corvas, el hueso sacro por la danza,
la fe en el trabajo, irrítale de una vez
el chacra del corazón, irrítale todo canal y futuro.

Aprovecha que en tu sueño hay un espejo que devuelve
tu cuerpo hecho mito, apura que aquí mereces
el incendio de los campos de labranza.
Suéñatela hasta el imperativo.

Cuando amanezca
        le dices que la amas o sales en mi busca.


jueves, 2 de junio de 2016

POESÍA. "Desplazados, caravana". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Desplazados, caravana
               
Si en la tristeza todo se vuelve alma,
entonces los bosques están llenos de harapos aún calientes
y sufren las carreteras de una lava silenciosa
que hiede para seguir viviendo,
que tropieza con el hambre, con las piedras, con sorpresas homicidas.
Una ausencia que se extiende como agua despreciada.

(Dicen que allí sólo quedan los perros.
Yo espero que los perros apenas reflexionen
y como último placer emprendan el suicidio.)

Si donde hay dolor hay un suelo sagrado,
al continente le está pesando su matriz
como un recuerdo de hierba malvendida.

Si en la tristeza todo se vuelve alma
y donde hay dolor hay un suelo sagrado,
no queda carne,
todo son heladas iglesias, altares sin hombres.

Noticieros, destrucción.


martes, 24 de mayo de 2016

POESÍA. "Es droga la elocuencia". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Es droga la elocuencia
               
Esta rabia de diván,
esta rabia milenaria que vino a perder
su fuerza en la tribuna de un
diván, no la enmiendan alaridos,
no se redime ni esparce entre astros
por un gesto canalla que brinde tu boca
ante el corro más débil.

Esta ley de oscuro rango
te aflora en el torso brazos sin familia
cuando dejas que el alma rezume
voces que ignoran tu nombre,
cuando rompes el ocaso en que nace
tu animal.              
                 Es mixta la tierra
y es mixta la potencia y medicina
que salen por tu boca.

En el clima donde todo paisaje
encuentra su principio, en el silencio pleno
te aguardas.


viernes, 20 de mayo de 2016

POESÍA. "A veces no hago el amor contigo...". Julieta Valero (Madrid, 1971)


A veces no hago el amor contigo...
               
A veces no hago el amor contigo.
Ocurre que tu cuerpo me rescata

(un cuchillo ignora su importancia, su
tremenda importancia)


de la soledad que la piel impone

(tener filo condiciona seriamente)

a mi sangre. Y se vierte o escapa
no sé qué marea, acaso antigua.

Mundo.

No. A menudo no es contigo con quien
hago el amor.


jueves, 19 de mayo de 2016

POESÍA. "Altamirano 34". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Altamirano 34
               
Una casa en ele
como era entonces mi vida,
una sola doblez,
la del cansancio de siglos cuando subíamos
de Rosales, adelantando
en las rodillas
todas las batallas —francas heridas
de genealogía inmediata, francos
dolores—. Por el pico y la desgana
nos lanzaban, dos a dos,
al baño. El más turbio guerrero gritaba la ignominia
con su último soprano
y dejábamos el agua hecha cieno
inofensivo. Ropa limpia, raya a un lado
y el pasillo violento en sus olores.

A las nueve la casa bullía
con timbre de mujeres
y la diáspora cesaba en torno
a la cena. Mis hermanos,
neptunos desbocados, emergían
de un patio remoto en su dureza
y hendiendo el aire de ritmos tridentinos nos llenaban
los platos de gestas en colores,
relato de feroces recreos en los que se elevaba, unánime,
la flor lacerante de las jerarquías.

Puro acontecer, tiempo sin cesura.
No era entonces necesario
tamizar la luz; un océano
apenas hubiera separado
el mundo de la boca.

Pero fue un instante
que estuvimos ilesos.

La inminencia de la noche daba
a todo gesto
un aire terminal.
Miedo de ir a tener miedo,
miedo a la tibia delación de unas sábanas
que confirmaran
la sospechada circularidad
de los días: la noche sucedería a la mañana
y el cuello de mi madre
quizá no estuviera
urgente,
como un desayuno.

Es terrible bucear por vez primera
sobre el filón convexo de la espalda.
Una cuenta, si se inicia,
pierde todo su sentido.       Yo sé.
Iremos abundando
en la ciencia de las cuerdas;
el cabo de la infancia empieza a trazar
su arco imperceptible
—ira marina de las culebras—.

También se comban
los años inmediatos

y no lo hacen
para vernos pasar.

miércoles, 18 de mayo de 2016

POESÍA. "Resumen con verano". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Resumen con verano
               
Las costas luminosas,
el mar de los comerciantes,
las aguas sin deshaucio.

Entre todas, una mirada carece de cadáveres, ay.
Estar agonizando y que pase la certeza.

La circunstancia exime. El silencio que sucede al dolor
es una dentadura.
Tenía sus razones. Yo más tiempo que ambición.

Tentar a quien no sabe porque
el amor de los puros salva.

El amor de los puros salva.


martes, 17 de mayo de 2016

POESÍA. "Elegía antes de tiempo". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Elegía antes de tiempo
               
Porque pesas tanto
—en el mundo,
sobre mí—
he de decirte levemente.

Porque al mundo y a mí nos es necesario
—necesario y diestro, necesario y dulce,
necesario hasta remontarme a la levadura—,
ese peso, su paseo en chulesco declive
y la piel donde toma su nombre,

porque el mundo no es nadie sin mí y yo
no soy nada si alada, divinamente ese, esa o la nada
me cortan en sorpresa vertical la mano
y ya no te pinto —que no me dejan ya pintarte.

Porque siempre aconteces con el alma
y en esquinas solitarias,
porque educaste al dolor en colegio de pago
deja, por favor, que yo salga primero.

Porque pesas tanto y flotamos
en tanto flote tu prodigio,
buscaré la potencia en el desnudo
para enunciarte,
con levedad:

gloria en los cielos
y en la Tierra, Gloria.


lunes, 16 de mayo de 2016

POESÍA. "Asunción del asfalto". Julieta Valero (Madrid, 1971)


Asunción del asfalto
               
Es tentación, pareciera justicia:
anular el espacio incapaz
de mostrarnos las estaciones,
de dejarnos sentir la tierra
que una vez llevó dentro.
Pero no está muerto, este lugar.
No está muerto y es mi casa.

La piedra ideada por el hombre,
la segunda naturaleza dictada por el hombre también
nos reserva sus frutos:
tinta absorta del que anhela un paisaje
y sólo accede al paisaje
de la invención.

Yo vengo de otro tiempo, de un espacio
sometido al ritmo brutal de las estaciones.

¡Qué suerte, maestro!
Qué envidia de lomas y pinos,
de dunas y vientos, de higueras y torrentes que deshacen,
con su presencia,
la infección de la palabra.
Nosotros venimos de ver una mesa
y de negar la mesa
porque es sórdida y no responde,
porque es materia procaz para el tropiezo.

Nosotros vamos a otra parte y en el trance
los músculos dan hijos, dan asiento y escena.

Es fértil la pasión del despojado.

Pero a nadie se le escapa
que en el principio fuimos intemperie,
fuimos azote de cementos, burla visionaria
de estos hijos de la necesidad.


viernes, 13 de mayo de 2016

POESÍA. "Pliego de descargo". Julieta Valero (Madrid, 1971)



Pliego de descargo

Te quiero mucho más de lo que yo sé.
Te quiero con órganos que me habitan
e ignoran, que te quieren
sin futuro ni venia, a mi pesar.

Te quiero mucho más de lo que yo sé.
Y tengo suerte que vísceras blandas
y dulces, más dulces y dignas que yo
para quererte, al fin te quieran
como yo no alcanzo y me permitan,
a veces, sin miedo ni archivos, saber que
te quiero, que te quiero más
de lo que yo sé.

Tendría que darte un amor alto y claro,
sin sombra de duda, un amor
como un túnel, el hambre, la infancia, volver.

Tendría que ser un amor que pusiera
tus ojos en todos sus actos, Polonia invadida,
Cyrano callando, un coche estrellado,
un último aliento, cosas así.

Y a la fecha de hoy,
sólo quiero decirte,
(ya sé, no es necesario)
pero quiero decirte
que te quiero
mucho, mal, más allá
de lo que nunca sabré.

Todavía no, entre nosotros, el beso perfecto.

Tu boca piensa en sí,
o en mi boca,
y se deja atrás la casa.

O quizá sea yo...

Siempre un salto de nadie entre las bocas. Soledad.

Aún no, y nunca venga
el solar en sus confines.

Bregando
nos ha de encontrar
el desamor.

A veces no hago el amor contigo.

Ocurre que tu cuerpo me rescata

(un cuchillo ignora su importancia, su
tremenda importancia)


de la soledad que la piel impone

(tener filo condiciona seriamente)

a mi sangre. Y se vierte o escapa

no sé qué marea, acaso antigua.


Mundo.

No. A menudo no es contigo con quien
hago el amor.

Se me escurre su cuerpo,
desde el roce a la infinita caída sonriente.

Es un hombre encima terminado en madera o bien
una mujer serena y umbría como una hoja de acanto.

En ella lolita renuncia a sus armas
y un muchacho declama lo que sea preciso sin perder
su hermosura de mástil.

En ellos todo cabe y todo falta.
Son un edicto de movimiento,
un alquilado Edén.

sábado, 17 de julio de 2010

POESÍA. Un poema de Julieta Valero (Madrid, 1971)

Julieta Valero

No sientas la angustia hasta que sea necesaria...

...y si viene como agua
dale garganta, interrógala a su paso.

La angustia impone su ley a los contornos,
avasalla la luz, convoca una miseria
que no lleva tu sangre,
y hace súbditas tus manos, más allá,
el arsenal de vuelos que espera en tus pulmones.

Es un dios sin educar,
lleva miel y tiranía en el regazo.

Por eso, vino hospitalario,
tiéndele tu grey,
deja que te invada,
y en su ritmo condotiero, su desastre,
pues te va creciendo un cansancio de no verte
que reclama al más terco morador:
tu pureza y su desorden.

Siente la angustia mientras sea precisa
y ve pidiendo la cuenta;
te amenazan con su vida los amigos,
ciudades sin nombrar y mi cuerpo
en nuestro cruce peligroso.

No sientas la angustia.
Hasta que sea necesaria.