Mostrando entradas con la etiqueta Bachillerato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bachillerato. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de septiembre de 2012

PRENSA. "La enseñanza del discurso oral", por Luis Cortés Rodríguez

Ilustración de Eulogia Merlé ("El País")

   En "El País":

La enseñanza del discurso oral

Es la gran olvidada del sistema educativo español: ¿por qué en nuestros institutos y universidades no se enseña a los alumnos a afrontar situaciones de formalidad como entrevistas, exposiciones o discursos?

 9 AGO 2012

Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ella. (El Quijote, Cap. XV, 1ª parte)
Todos recordamos la polémica suscitada hace unos años por las declaraciones de la parlamentaria Montserrat Nebrera en las que se burlaba del acento de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por su condición de andaluza. Parecía desconocer la citada parlamentaria que no hay acentos mejores ni peores por haber nacido en Cádiz, en Pamplona o en Lugo; lo que sí existen, sin embargo, son variantes más apartadas de la norma estándar del español —¿las más cerradas?— que están desprestigiadas socialmente. Y estas pueden ser emitidas por hablantes gallegos, aragoneses, vascos, catalanes, pasiegos, etcétera, y también, más de lo deseable, por andaluces.
Es cierto que nuestra exministra no es un portento de la comunicación oral; no lo es no tanto por su acento andaluz cuanto por otras causas. Sabemos que hablar bien depende de la riqueza y adecuación léxica, de la forma de conectar unas ideas con otras, de la manera de manejar las pausas, de la capacidad de utilizar mecanismos argumentativos, etcétera, y en nada de ello mostraba una especial destreza. Pero no es esta la cuestión que ahora nos importa, sino la absurda polémica, atizada políticamente, que se produjo y en la cual nadie sugirió el plantearse qué se podría hacer para potenciar las destrezas orales de los españoles.
Por desgracia, la enseñanza del bien hablar se reduce en nuestro país a esos cursos impartidos a ejecutivos, con títulos tan directos como:Hablar bien en público, Cómo comunicarse bien en público..., en los que, como por arte de birlibirloque o de encantamiento, se pretende enseñar a hablar a sus “encorbatados” asistentes sin ir más allá de repetir, en todos los casos, las mismas cuestiones: a) La necesidad de luchar contra el miedo; b) La obligación de tener confianza en uno mismo y expresar las ideas con contundencia; c) El uso correcto de las manos y del cuerpo, etcétera, todas necesarias, pero insuficientes. Ante tal abandono, cabe preguntarse: ¿por qué en nuestros institutos y universidades no se enseña a los alumnos a afrontar situaciones de formalidad como entrevistas, exposiciones o discursos?

Se hace necesaria esa docencia que vaya de la práctica a la teoría y viceversa
Cuentan aficionados a la agricultura que, a veces, al intentar sacar el rábano de la tierra, por inexperiencia, lo hacen con tal fuerza que pierden su raíz, la parte más sabrosa, y se quedan con las hojas en la mano. Desde hace más de un siglo, en el estudio de nuestro idioma ha pasado algo parecido: se abandonó la vertiente más productiva, la práctica, en favor de la descripción sincrónica de sus estructuras (fonética, morfología, sintaxis y semántica). Los tiempos verbales, los pronombres personales, las oraciones de relativo (explicativas y especificativas) o la función de complemento directo o indirecto que el pronombre podía tener en determinadas oraciones han sido el centro de tal docencia. En la universidad, en la especialidad de Filología Española, tales contenidos se acompañaron de los estudios de la historia del español (su evolución desde el latín hasta nuestros días) y de su dialectología (estudios de los dialectos: andaluz, asturiano-leonés, murciano, extremeño...). Las disciplinas correspondientes a estos estudios no podían contemplar el aprendizaje de la lengua oral, que se abandonó a su adquisición espontánea por parte de los hablantes.
Bien es verdad que este estado de cosas no siempre fue así. La tradición de los estudios universitarios daba gran importancia a los contenidos retóricos, los cuales implicaban, entre otros menesteres, el aprendizaje de la lengua oral, de la práctica discursiva. Por ejemplo, un estudioso de la lengua española, M. Metzeltin, en 2003, explica cómo en el siglo XVIII Mayans y Siscar elaboró un Informe al Rei sobre el methodo de enseñar en las universidades de España (1767), solicitado por el secretario de Gracia y Justicia; en él propuso, entre otras cátedras, las de Retórica y Poética, e insistía en que los estudiantes tuvieran que aprender a interpretar, recitar, traducir y componer. Y cuando se habla de componer no solo se alude al redactar por escrito un texto, sino a su expresión oral también. Había, por tanto, unas disciplinas que incidían de forma directa en el dominio del lenguaje como medio de comunicación.

Deberíamos contar con las recientes disciplinas lingüísticas, en especial el análisis del discurso
¿Qué pasó? ¿Cómo se dejó de lado esta parte más productiva de la docencia? ¿Por qué en nuestras universidades, en el último siglo, no se nos enseñó a hablar en público? Si verdaderamente tal hábito venía potenciado por la tradición, ¿qué hubo de suceder para que se abandonara? Podemos decir que el camino del infierno al que se condenó tal adiestramiento estuvo empedrado de buenas intenciones, si bien estas, a veces, aun llevándose a cabo con moderación, conllevan demasiados inconvenientes. Aunque las hojas fueran necesarias, ¿por qué se abandonó la raíz del rábano, que es la parte más jugosa?
En el mismo artículo, Metzeltin nos especifica el origen del cambio: los nacionalismos nacidos de la Revolución Francesa y posterior dominio napoleónico. Estos exigían la “invención” de una lengua y de una literatura nacional, así como la “necesidad” de potenciar su estudio, lo que determinó que fuera el conocimiento de los distintos niveles (fonético, morfosintáctica y semántico) lo que, poco a poco, se iba incorporando a los programas de los diferentes tramos docentes. Hemos asistido, por tanto, a una revolución que no supo incorporar lo positivo del estado anterior.
Hoy se hace necesaria esa docencia que vaya de la práctica a la teoría (y he dicho bien) y viceversa, lo que requiere, entre otras cosas, programas con objetivos diferentes. ¿Se imaginan ustedes a un relojero que supiera descomponer un reloj, pero que no supiera armarlo? Pues a eso creo que llevó el hecho de centrar toda la atención del estudio de la lengua española en el conocimiento de las estructuras y planos sin pensar en esa otra parte creativa, tan necesaria.
¿Qué habrá que hacer, podemos preguntarnos, para ensamblar los dos tipos de conocimientos? El primer paso lo han de dar las autoridades académicas, quienes deberían saber —aunque no sé si lo sabrán— o deberían tener asesores que así se lo hicieran saber —aunque tampoco sé si los tendrán— que es posible una enseñanza de la lengua española que incluya determinados tipos de prácticas que conduzcan a un mejor manejo de la modalidad oral en situaciones formales. También sería conveniente que desde ministerios y comunidades se empiecen a potenciar proyectos de creación de materiales que faciliten esa enseñanza real de la lengua oral al profesorado de los distintos niveles. Para ello, contamos con los conocimientos aportados por las recientes disciplinas lingüísticas, en especial el análisis del discurso (las formas de iniciar una intervención, los marcadores que unen las partes de una exposición, los mecanismos para argumentar, la supresión de las muletillas, etcétera). No se trata, ni mucho menos, de prescindir de los conocimientos gramaticales, sino de enseñarlos imbricados con esos otros conocimientos que han de hacer que nuestros alumnos sepan enfrentarse a situaciones orales diferentes de las de todos los días y en las que tengan que unir varias ideas o argumentar sobre determinados temas. A partir del curso 2012-2013, en la Universidad de Almería —en el grado en Filología Hispánica— se impartirá una asignatura con esta finalidad.
En tanto no se cree de manera real tal necesidad de enseñar la lengua oral en nuestros centros docentes, seguiremos asistiendo perplejos a la dicotomía entre lo que dicen los boletines oficiales (con ese léxico seudocientífico y anglicado) sobre las destrezas orales y realmente lo que se enseña. Esto sí que es ciencia ficción.
Confiemos en que en la próxima polémica que surja acerca de lo mal que hablamos unos u otros, quiera la ventura “dejar una puerta abierta en la desdicha” para que en vez de incentivarla den “remedio a ella”. So pena que queramos seguir como estamos.
Luis Cortés Rodríguez es catedrático de Lengua Española en la Universidad de Almería.

miércoles, 2 de marzo de 2011

BIBLIOTECA. "La zapatera prodigiosa", de Federico García Lorca


   Un maduro zapatero se ha casado con una chica joven y atractiva, matrimonio que en realidad a ninguno de los dos complace. Ella se afana en pregonar por el vecindario su larga lista de pretendientes, mientras él, en la taberna, se lamenta por haber accedido a tal unión. Llega un momento en que el zapatero debe tomar una decisión...
   "La zapatera es una farsa, más bien un ejemplo poético del alma humana y es ella sola la que tiene importancia en la obra. (...) El color de la obra es accesorio y no fundamental como en otra clase de teatro. Yo mismo pude poner este mito espiritual entre esquimales. La palabra y el ritmo pueden ser andaluces, pero no la sustancia... Desde luego la zapatera no es una mujer en particular sino todas las mujeres...". Federico García Lorca
Texto de la contracubierta.

   Editado por Everest en su colección "Punto de encuentro", tiene 109 páginas y está en la BIBLIOTECA.

lunes, 5 de julio de 2010

CIENCIA. WEB. BIOLOGÍA. RECURSOS DIDÁCTICOS. "365 especies"

DESCRIPCIÓN DE ESPECIES.

Ejemplo:
Balaeniceps rex es el nombre científico del picozapato, un ave africana de color grisáceo con una envergadura de entre 2,30 y 2,60 metros. Su nombre común hace referencia a su extraño y voluminoso pico, que ya llamaba la atención hace siglos a árabes y egipcios, quienes lo representaban en sus dibujos y papiros. Su nombre científico significa "rey cabeza de ballena" y se lo puso hace más de 150 años John Gould, naturalista y ornitólogo colaborador de Charles Darwin.
Vive en las marismas de África, donde se alimenta de manera oportunista comiendo ranas, cocodrilos pequeños y peces que pesca en el lodo. La población actual se estima entre 5.000 y 8.000 individuos, la mayoría de los cuales viven en Sudán.

lunes, 28 de junio de 2010

IES "MAIMÓNIDES". Trabajo de Proyecto Integrado de 1º bachillerato A: Patricia Limia

           Dentro de la asignatura Proyecto integrado, uno de los trabajos realizados por la alumna Patricia Limia Pérez, de 1º de bachillerato A:

 ¿Cuáles son las notas o caracteres de España?
España por sus notas es: Una, Grande, Libre, católica, imperial y madre de veinte naciones.

Esta pregunta no dejaba de resonar en mi cabeza. La curiosidad de averiguar cómo era verdaderamente la España de la guerra civil y de la postguerra, como también la duda de la definición dicha, me terminaron por conducir a nuestra ciudad vecina, Sevilla.
Tras pasar el umbral de la puerta y recorrer un largo y estrecho pasillo, llegué a un amplio salón. Un salón que me transportó directamente a los años sesenta, todo era tan típico y antiguo: aquel olor, esa mecedora sobre la que descansaba un cojín bordado, esas estanterías plegadas de fotos de toda una vida, esos juegos de café, dos estatuillas de porcelana que representaban a dos enamorados, lámparas con numerosas cuentas y piedrecitas, alguna placa que no me paré a leer…
En ese momento supe que me sería más fácil de lo esperado meterme en la historia que estaba a punto de escuchar, dejar viajar mi mente rompiendo las barreras del tiempo y del espacio.

¿Cómo se ha formado el espíritu del pueblo español? El espíritu del pueblo español se ha formado en los amplios moldes del catolicismo, con los ideales supremos de una catolicidad imperial, que es la que ha civilizado al mundo.

La verdad es que aquel hombre que entró en la sala minutos después de mi llegada no parecía tener ese espíritu. Era un hombre mayor, de más de noventa años, pelo cano, nariz chata, piel arrugada, dentadura imperfecta y de unos ojos marrones cargados de cansancio.
Sí, sin duda se trataba de mi tío abuelo. Sabía que era la persona adecuada para mantener la charla que quería, pues ha vivido en primera persona todo lo que yo desconocía, aquello que quería desenterrar aunque fuese por unos instantes.
“Qué grande estás, no te habría reconocido”, dice, “¿qué te trae a casa de un viejo como yo al que solo le faltan dos telediarios?”.
Tras el típico saludo y escuchar las lamentaciones acerca de su salud, comenzamos una charla en un tono elevado, lo suficientemente adecuado para que su fallido oído pudiera “entenderme”.
Le sorprendió enormemente la pregunta que le hice: “Tito, ¿cómo era España?”.
Tras estar un largo momento sin contestarme, ya creía que no lo haría, comenzó a relatarme fragmentos de su vida.

¿Hubiera podido caer España en el bolchevismo? España hubiera caído indefectiblemente en el bolchevismo de no haberse producido la reacción salvadora del 18 de Julio de 1936, pues a pesar de tener la gran mayoría del pueblo español en contra, la minoría marxista con todos sus cómplices y ayudadores, audaz y sin escrúpulos, había logrado adueñarse de todos los resortes del poder, intentando esclavizar a España por el terror y la violencia.

-Recuerdo ese año. Los responsables del golpe de estado vinieron para adueñarse del país, de las personas, de nuestras ideas… Hicieron todo lo posible para ganar la guerra desde un principio, para tenernos a todos bajo su manejo, como simples marionetas. Tuvieron la simple vergüenza de atreverse a irrumpir la paz de un país libre y democrático que lidiaba con sus problemas.
Ese año comenzó la pesadilla, los soldados nacionalistas se duplicaban cada día y la verdad es que yo, aún joven y soñador, con fuerzas para enfrentarme a todo, no me pensé dos veces el entrar en acción: ese año comencé a luchar para el bando republicano. Día tras día la guerra se empezó a adueñar de todo el país, cada ciudadano debía tomar partido en alguno de los dos bandos para estar respaldado por alguno de ellos.
Estuve luchando como uno más, viendo morir a gente e intentando defender mi pueblo de la rebelión fascista pero, desgraciadamente y pese a nuestros esfuerzos, nuestro pueblo cayó demasiado pronto, la Cuenca Minera terminó por ser del grupo enemigo. A pesar de todo no nos rendimos; muchos compañeros y yo huimos a la sierra y desde ahí continuamos con la guerra de guerrillas. Creo que fue la peor época. Malvivíamos en los montes sin apenas recursos para subsistir. Cada día un grupo de compañeros era descubierto y, o llevado a prisión (los que tenían más suerte), o fusilados entre los árboles dejándolos al olvido.
Aunque me cueste decirlo, nosotros hacíamos exactamente lo mismo. Cuando capturábamos a algún soldado enemigo el procedimiento que se llevaba a cabo no era muy diferente y aunque, por la falta de recursos y de soldados, tuvimos menos éxito en esa guerrilla también nos manchamos las manos de sangre gris.
Día a día y con la misma rutina la guerra avanzaba y su paso nos terminó cogiendo, fuimos apresados fácilmente por un grupo de nacionales.
Hay que decir que tuvimos cierta suerte pues salimos vivos de aquel monte, se nos condujo a la cárcel de Cádiz como presos políticos a la espera de una condena de muerte que yo mismo pensaba que no tardaría mucho en llegar.
Esto fue más o menos por el año 38 y aunque la guerra aún no había terminado estaba claro a qué lado se inclinaba la balanza.

¿Significaba el protestantismo un peligro para la civilización cristiana? Sí, el protestantismo significaba un peligro inmenso para la civilización cristiana, pues él fue la primera premisa del racionalismo del S. XVIII, de la revolución liberal, y finalmente de la revolución actual marxista-bolchevique.

¿Cuáles son los enemigos de España? Los enemigos de España son siete: el liberalismo, la democracia, el judaísmo, la masonería, el capitalismo, el marxismo y el separatismo.

-Todos los presos políticos éramos, bajo sus ojos, una gran amenaza a la que había que extinguir rápidamente y sin muchos miramientos, enemigos por naturaleza del régimen que se disponían a instaurar. Qué más daba realmente el motivo por el que acabábamos prisioneros, lo único que realmente importaba era que iban ganando y que, para conseguir su España adorada, a la que más tarde manipularían, harían cualquier cosa para limpiar del mapa a “sus problemas”.

¿Cómo debemos honrar a la Patria? Debemos honrar a la Patria en sí misma, ensalzándola cuando nos sea posible y no permitiendo jamás que se hable mal de ella; en sus representantes, principalmente el Caudillo, que es como la encarnación de la Patria y tiene el poder recibido de Dios para gobernarnos y, finalmente, en sus símbolos, saludando la bandera y haciendo alguna reverencia cuando se toca o canta el Himno nacional.

-Hacinados en estrechas celdas y obligados a ciertas acciones rutinarias, como el ir a misa y cantar el “Cara al Sol” cuando se nos ordenaba, íbamos muriendo poco a poco, algunos fusilados en los patios o muertos de hambre o de enfermedades en las propias celdas. Aunque todo eso no provocó que aumentase la soledad, cada día se encerraban allí a más personas y eso supongo que significaba que la guerra estaba a punto de terminar.
En la cárcel no hacíamos mucho, como te he dicho antes: asistíamos a misa, cantábamos un poco con el bracito extendido, decíamos lo grande y estupendo que era el Caudillo y de vuelta al mismo agujero. Supongo que esperaban que, si hacíamos todo aquello, siempre obligados claro está, acabaríamos asumiendo sus ideas como nuestras, pensando que aquello era maravilloso y que lo que hacían era por el bien de nuestro país y por el bienestar de todos y cada uno de los españoles. Tengo que decir que al menos conmigo eso no les pudo dar muchos resultados, todas las veces que tuve que hacer aquello lo hice con gran repulsa, es decir, no consiguieron que honrase a mi Patria tal y como ellos querían, terminé odiándolos mucho más y con mis ideales más asentados que al principio de todo aquello.
Pero bueno, yo tuve que estar en esa rutina durante días, semanas, meses, incluso años, esperando simplemente a que llegara mi condena a la que ya la veía con ciertas ganas, aunque al poco tiempo de terminar la guerra y de que comenzase la dictadura de Franco, me dieron “la gran oportunidad” de ponerme a trabajar en el Canal del Bajo Guadalquivir hacia el año 1940.

Me sorprendió mucho la ironía con la que había mencionado el indulto que le habían concedido y, más tarde, comprendí que aunque no le fusilaron tampoco les mejoraron las condiciones de vida ni le devolvieron su libertad: le condenaron a trabajos forzados como si fuese un simple animal, sin derechos ni, por supuesto, alguna retribución y sin ni siquiera un reconocimiento, es más, eran simplemente esclavos en un campo de concentración.
La obra que realizaron miles de presos, todos condenados por motivos políticos, convirtió una zona estéril en uno de los campos más fértiles de toda Andalucía, pero fue larga y hoy en día solo quedan vivas unas seis personas que puedan contar lo duro que fue realmente todo aquello.
Mi tío comenzó a rebuscarse en el bolsillo su cartera de donde sacó una tarjeta de identificación que decía así:


ASOCIACIÓN DE EX PRESOS Y REPRESALIADOS POLÍTICOS RESISTENTES ANTI-FASCISTAS.
NOMBRE:
APELLIDOS:
FECHA DE NACIMIENTO:

La tarjeta era completamente roja y le ponía una etiqueta como persona, persona a la que todo el mundo de bien de aquella época debía evitar si no querían problemas por juntarse con un simple Rojo.
Mi tío abuelo fue señalado y controlado meticulosamente durante años, hasta que por fin se terminó el régimen totalitario que nos mantuvo separados del resto de Europa durante todo ese tiempo, que nos mantuvo aislados y retrasados en prácticamente todos los ámbitos.
Con la instauración de la democracia no solo se le devolvió a España un sistema político justo, también se les devolvió la libertad a todas aquellas personas que habían tenido que reprimir sus ideas por el simple hecho de ser diferentes a las que tenía la política de Franco. Pero no todos los ciudadanos pudieron disfrutar en primera persona el cambio que por fin se produjo en España: muchos de ellos murieron por el camino sin llegar a contemplar su tardía victoria.
Nuestra charla se alargó más de lo previsto. Me estuvo contando un poco por encima algunos detalles de cómo vivió toda la época franquista: algunos detalles eran más curiosos, otros más duros de recordar, alguno que otro romántico, incluso recordó una cosa que nos hizo reír a ambos durante largo rato.
Al fin y al cabo eran solo recuerdos… Recuerdos que se perderán para siempre dentro de poco tiempo, que irán perdiendo fuerza cada día que pase y que, cuando ya no quede ni un testigo vivo de todo aquello, serán simples documentos oficiales o simples temas en los libros de historia.
Cuando salí de aquel cargado salón y me despedí de mi tío, agradeciéndole nuestra charla, me di cuenta de que comencé a mirarle de manera diferente: mis ojos mostraban respeto, agradecimiento y admiración por aquel hombre que contribuyó a que yo naciese en un lugar libre, a que me pudiese criar bajo las ideas y la educación que quisiera, a que fuese capaz de decidir mi religión y mi sexualidad....
En la calle, la gente andaba como cualquier otro día, los coches avanzaban haciendo ruido, las risas de los niños procedentes del parquecito cercano resonaban y, sin embargo, yo no podía dejar de pensar, bastante distraída, en un pasado no tan lejano pero sí muy olvidado por todos nosotros.
Finalmente comprendí que aquel viaje sirvió para que yo pudiese seguir manteniendo vivo, dentro de mí, aquel pedacito de recuerdos, recuerdos que, aunque no fuesen míos, ya viajaban guardados en el desván de mi memoria.

domingo, 27 de junio de 2010

IES "MAIMÓNIDES".Trabajo de Proyecto Integrado de 1º bachillerato A: María López

Trabajo realizado por la alumna de 1º de bachillerato A, en Proyecto Integrado:

Y entonces, la dureza camuflada en dulzura de sus ojos, buscó y encontró el brillo desconsolador de la desesperanza en los míos…
Suspiro. Silencio. Miedo…Es de noche, una noche en la que el brillo de la luna ilumina las solitarias calles acompañado del resplandor de miles de pequeñas estrellas. Otra noche en la que mi mente no para de mirar hacia atrás e intenta anclar el tiempo en el pasado. Aún no sé cuándo fue la última vez en la que los recuerdos eran pasajeros y no intentaban dejarme estancada, sin dejarme averiguar un motivo, mi motivo, por el cual alzo los párpados todas las mañanas. Tal vez mi búsqueda no tenga final, tal vez sí o tal vez esté tan destrozada que mis fuerzas sean nulas para verlo, aunque mis ojos lo encuentren exactamente en frente de ellos. No sé cuál es el motivo de estas palabras, supongo que es un intento de mi dolor para engañarse a sí mismo, creyendo que así se hará cada vez más pequeñito… Puedo oír las gotas de lluvia rebotar en los tejados y ventanas; es muy tranquilizador… aunque hace que el vacío de mi interior aumente al mismo tiempo que aumenta el sentimiento de continua soledad. El ruido que antes siempre rondaba por casa se ha desvanecido. Los pasillos se han convertido en caminos eternos. Las habitaciones añoran el cálido calor humano. Las plantas han abandonado sus pétalos y mi cama tiene el tacto como si de hielo se tratara.
Suspiro. Silencio. Miedo… Estoy sola, no hay nadie en casa, ya no.
-Vamos, despierta. Ha llegado la hora.
Había llegado la hora. Había que irse de allí. Había que abandonar mi hogar, había que abandonar todos los momentos vividos, había que abandonar a mi familia, había que abandonarlo todo… Algo demasiado duro para una niña que apenas había empezado a darse cuenta de la realidad, pero se respiraba tanto miedo… y, sin embargo, era más raro tener miedo que no estar ya acostumbrada a él. Al fin y al cabo, vivíamos con un continuo ruido ensordecedor proveniente de unos aviones que destrozaba las calles y hacía que muchas personas cayeran desplomadas al suelo observándose dolor en sus alzados ojos. Cada vez que el hombre de la torre del barrio más alto del pueblo enseñaba su pañuelo blanco, todo el mundo se metía en sus correspondientes hogares e intentaba refugiarse debajo de la cama o de cualquier objeto que tuviera algo parecido a un techo. Siempre preguntaba qué era el causante del ruido ensordecedor; mamá nunca contestaba.
Había llegado la hora. Sí, tal vez era demasiado pequeña para entender por qué desde hacía un tiempo no podía salir a pasear, por qué a mamá y a papá las lágrimas le caían continuamente, y por qué al que solía llamar “Tete” tardaba tanto en regresar a casa. Había llegado la temida hora, tenía que irme. Era la voluntad de papá.
Me dijeron que tenía que abandonar mi hogar porque habían encontrado un colegio mucho mejor preparado y con más posibilidades para seguir desarrollándome en un futuro, afirmando que allí sería más feliz. Pero solo era pequeña, no era una ignorante.
Una de las muchas noches de lluvia en las que mamá no paraba de llorar y gritar, escuché cómo papá estaba temeroso ante la nueva llegada de los moros a España. Y yo, aun siendo todavía pequeña, sabía el porqué de tanto miedo y tanto dolor hacia ellos. Pasó una noche en la que, mientras que yo disfrutaba con la música de la guitarra de Tete, papá entró en nuestra habitación y con desesperación y sin dar explicaciones nos sacó por la puerta de atrás lo más rápido que pudo. Y en un angustioso intento por encontrar a mamá, giré la cabeza hacia atrás, hacia casa…; aún me arrepiento de ello. Lo vi. Allí estaba, rodeada por tres hombres. Mientras dos agarraban fuertemente sus débiles piernas y sus blancos brazos, el tercer hombre la desnudaba y le robaba por completo toda su dignidad. Mis ojos rebosaron de lágrimas y mi cara buscó el hombro tranquilizador de papá, en un intento de esconderme y sentirme protegida. Estaba a salvo, estaba en brazos de papá, nada podía ir mal ahora. Empezamos a movernos, nos volvíamos a dirigir a casa, por fin. Entonces empezamos a caminar cada vez más deprisa, y más y más… Extrañada, alcé la cara y pude ver a Tete detrás nuestra correr a gran velocidad. Papá volvió a sumergir mi cabeza en su hombro y, sólo por una fracción de segundo, mis oídos sangraron. Es el sonido más aterrador que jamás he oído. Era el ruido ensordecedor unido a un grito ahogado de papá. Me agarró fuertemente la cabeza para que no pudiera levantarla y cruzamos rápidamente el umbral de casa. Fue la última vez que vi a Tete. Él no hablaba de esto en casa, ella tampoco, por lo que yo no iba a ser menos. Aun así, estaba segura de que mi huida era por ello. Escuché a papá decir cómo muchas más mujeres habían tenido la mala experiencia con los moros al igual que mi frágil madre y esta vez no volverían a por la dignidad de mamá, volverían para llevarse mi dignidad, querían robarla y no devolverla más; y según sus palabras, no estaba dispuesto a soportarlo otra vez, otra vez no…
Pero ya había llegado la hora, y las impertinentes gotas de agua almacenadas en mis ojos buscaban las mejillas sin cesar. Me estaban esperando. No había vuelta atrás. Todo era por mi bien. Me senté en la cama, con la cabeza agachada y una mirada vacía…, estiré mis rodillas y me puse de pie, me dirigí hacia la puerta, agarré el pomo que poseía y me quedé parada, anclada, sin fuerzas…, mi cabeza necesitaba volverse y recordar para poder olvidar… Miré hacia todos lados, echando un leve vistazo a lo que había sido mi refugio durante todos esos años, mi guarida, mi habitación. Las gotas de agua no querían cesar. Debía de ser fuerte, había llegado la hora. Abrí la puerta, y ante mis ojos apareció un pasillo oscuro y eterno por el que fui vagando lentamente. Mis manos rozaban todos los objetos en un intento de despedirme de todo aquello. Era pequeña, no una ignorante. Y sabía que cuando volviera, nada iba a ser igual. Parecía como si a cada paso que diera mis piernas se hicieran más y más pesadas, pero no quedaba tiempo. Debía irme. Por fin pude ver el final de un pasillo eterno envuelto en soledad, y allí estaban esperando las personas que me dieron la vida. Noté su intento por aparentar fuerza y semblante, sólo era una apariencia, los conocía demasiado. Mamá, aguantando las ganas de llorar, repetía sin parar lo bien que iba a estar en ese nuevo colegio y en un nuevo hogar, con nuevas compañeras catalanas y con una educación que, según ella, me haría una persona de bien. Se acabó el tiempo. Una furgoneta llena de niñas de mi misma edad paró justo en frente de casa. Un hombre bajó y me pidió rapidez, pues, según decía, ya llevaba retraso. Me encontraba en medio de ambos, y ambos a la vez se agacharon y me abrazaron con una ternura tan especial… una ternura que nunca jamás había sentido. Mientras, mis ojos se cerraban fuertemente, para que también sintieran mi amor hacia ellos. Pero había llegado la hora, y el miedo y la impotencia recorrieron de arriba abajo todo mi cuerpo; mi mente empezó a nublarse y empecé a darme cuenta de la realidad en la que estaba viviendo, o más bien, intentando sobrevivir. En vano fueron mis gritos y mis peticiones a papá por quedarme junto a ellos. Ya le dije que seríamos fuertes si estábamos los tres y nada podrían hacerme ni a mí ni a mamá si nos encontrábamos en sus brazos, pero no quisieron escucharme. La mano de papá, que ahora estaba en mi espalda, levemente me empujó hacia lo que se convertiría en mi infierno, pero no podía echarme atrás.
Era demasiado tarde. Una pierna intentó avanzar, y aunque parecía que su compañera no quería seguirla, finalmente comencé a correr hacia la furgoneta llorando de dolor, rabia e impotencia. Podía oír cómo mamá gritaba algo desde el umbral, pero no la oía, no quería oírla, no podía mirar hacia atrás, no podía mirarles a la cara, era demasiado duro. Secándome las lágrimas me paré en frente de la puerta de la furgoneta, la cual se abrió ante mí al mismo tiempo que aparecieron ocho niñas que tampoco parecían muy felices de encontrarse allí. Y allí estaba yo, con recuerdos inundándome la mente, sentada entre almas desconocidas con la cabeza agachada y una mirada vacía…
Reinaba un silencio absoluto, ninguna de aquellas niñas pronunciaba ninguna palabra. No parecían muy vivaces. Yo, siempre con mi cabeza agachada, solo le daba vueltas a una especie de maletita que mamá me regaló unos años atrás, con las llaves de casa, fotos de la familia y todas esas pequeñas cosas que para mí eran importantes.
De repente, la furgoneta paró en seco. Alcé la cabeza y pude oír el gemido de una bestia, un gemido que me resultaba bastante familiar. El hombre poco amable que conducía la furgoneta abrió la puerta y, por un momento, las ganas de sonreír que recorrieron mi ser fueron inmensas. ¡Eran mamá y papá! Cada uno subido en aquellas potras que tanto me gustaban. Llena de emoción bajé de un salto la furgoneta y los abracé con la misma ternura que minutos antes ellos me habían proporcionado. Me dijeron que no podían dejarme sola tan pequeña. La verdad es que pensaba que volvían para llevarme de nuevo a casa, pero, muy a mi pesar, no era así. Venían conmigo hasta Cataluña, pues no era la única que corría peligro. Pero ahora no me importaba si tenía que abandonar mi hogar. Ellos se encontraban a mi lado. Al fin y al cabo mi hogar estaba donde se encontrara su cariño. Así pues, con mi cuerpo envuelto en alegría, me subí a la yegua en la que se encontraba papá.
Un tren nos esperaba en Pozoblanco; al parecer no éramos los únicos que debíamos abandonar el pueblo, no éramos los únicos con miedo a aquellos hombres. No se me hizo un camino largo, tampoco hay mucho que contar de ese trayecto. Sólo recuerdo como…
-¡Volverse para atrás! ¡Nos vamos a comer esos huevos fritos!
Un camión lleno de militantes y soldados, con las manos hacia arriba y bailando como si de una fiesta se tratara, no paraban de gritarlo en tono burlón. Esto hacía que a mamá le aumentara la angustia, si es que se podía aumentar aún más.
No hicimos ninguna parada en el camino, las bestias y yo estábamos agotadas, sedientas, hambrientas. Pero no había tiempo que perder, mientras antes saliéramos de aquel infierno en el que seguía sin cesar el ruido ensordecedor, antes podríamos volver a ser una familia feliz.
Por fin llegamos. A lo lejos observamos cómo el hermano de papá se encontraba allí para recoger nuestras bestias y mientras que papá se las acercaba, mamá y yo nos dirigimos hacia el tren. Aún recuerdo aquel tren, era muy diferente a los que estamos acostumbrados a ver ahora. Era un tren de carbón, de vagones cerrados, negro como el color de su combustible. Un hombre fue pasando por todos nosotros con un saco en el que nos obligó a meter todos los objetos que lleváramos encima. Me obligó a meter en el saco mi querida maletita, yo no quería dejarla en manos desconocidas, pero mamá me la arrebató de las manos y la echó. Fue la última vez que la tuve en mi posesión, y con ella se perdió todo lo que para mí era importante.
Papá regresó con nosotras y subimos a aquel tren. No recuerdo cuánto duró el trayecto, ni siquiera si pasó algo que debiera recordar. El cansancio se apoderó de mi cuerpo y caí rendida en los asientos, quedándome dormida durante todo el camino.
-Vamos, cielo, debemos parar aquí.
Nunca podré olvidar la voz de mamá. Cómo olvidar una voz tan dulce, tan suave…


Estábamos en Valencia. Jamás he visto a tanta gente reunida en un mismo sitio, y lo peor era que todos estábamos reunidos por el mismo motivo. Los agentes que allí se encontraban nos dijeron que debido a las numerosas embarcaciones de refugiados del día anterior, debíamos esperar hasta que supieran nuestro paradero. Fueron dos largas horas las que estuvimos allí esperando hasta que nuestro camino se reanudara. Menos mal que nos trataron muy bien y que gracias a la comida y la bebida con la que nos obsequiaron, mis tripas dejaron de rugir, porque, sinceramente, parecía que nunca iban a dejar de hacerlo.
Por un momento, y solo por un momento, me paré a observar a las familias de mi alrededor. El sentimiento que me inundó en ese momento es imposible de explicar. Eran cientos de familias, incluida la mía, sentadas en el suelo de una gran estación, comiendo al unísono un trozo de pan, con una mirada perdida y con una expresión en sus rostros de tal tristeza que hacía que hasta la flor más alegre y vivaz se marchitase. Pasaron lentamente esas dos horas y volvimos a subir al tren, nuestro viaje hacia Cataluña se reanudaba, nuestro destino era la estación de Cambrils, Tarragona.


Estábamos en Cambrils. Primeramente, de la estación nos colocaron en el “Hospital de Sangre”. Allí estuvimos diez días hasta que terminaron de hacer la distribución de todas esas tantísimas personas llenas de miedo y miseria. Pasados esos días, por fin, teníamos un destino claro. A mi familia y a mí, junto con otras sesenta y seis personas, nos mandaron a un convento en Ruidón, en la provincia de Tarragona. No tardamos mucho en llegar hasta él, estaba bastante cerca de la estación. Era bastante grande, de colores apagados. Se trataba de un sitio muy sombrío, en el que la ausencia de ventanas hacía que la luz que entraba fuese tenue y no muy abundante, lo que hacía que se agravara aún más la sobriedad del lugar. Sinceramente, no me sorprendió nada que fuese de esa manera.
En el convento no había frailes, ni tampoco había monjas, solo muchos refugiados en compañía de sus pequeños. Cada familia de refugiados disponíamos de una habitación particular y los milicianos se encargaban de proporcionarnos comida todos los días; incluso el alcalde de aquel lugar iba de vez en cuando a visitarnos para asegurarse de que a los pobres refugiados, como él nos llamaba, no nos faltase absolutamente de nada. A mí no me caía bien, tenía una personalidad caracterizada por el egocentrismo y por consiguiente, por el egoísmo. No nos proporcionaba todas aquellas cosas por caridad o bondad, sino por puro beneficio propio. Se decía que para aumentar su prestigio y seguir así ganando dinero a costa nuestra. Pero no nos quedaba de otra, si queríamos comer, por mínimo que fuera lo que nos llevábamos a la boca, deberíamos de seguirle su intento de simpatía y aparentar respeto hacia él.
Empezó a partir de ahí el año que marcó mi vida. El año en el que por primera vez empecé a ir al colegio. El año en el que, a raíz del colegio, intentaron cambiar mi mente y toda mi ideología, queriendo convertirme en una ciega católica sin más motivos para vivir que Dios y su hijo “El Caudillo”. El año en el que perdí a papá y mis ganas por encontrarle sentido a mi vida…
Fue el primer año que fui a la escuela. Las ganas por aprender cada día eran mayores y el mundo de los números y las letras me fascinaba. En vez de ponerme a jugar como haría una niña de mi edad, a mí me apetecía más pasar horas y horas sentada donde fuese con un pequeño trozo de papel y un lápiz en la mano, haciendo garabatos y repitiéndolos una y otra vez hasta que saliera algo parecido a una letra. En el colegio éramos todo niñas y teníamos que ir vestidas con el uniforme que nos habían encomendado; yo lo odiaba. La verdad, nunca entenderé el afán de los profesores por intentar que creyéramos en la bondad del que actualmente reinaba España, ni ese afán tan exagerado por la Iglesia Católica. No me consideraba hija de Dios y en las calles se observaba todo lo contrario a lo que nos intentaban inculcar sobre las actuaciones y la política de El Caudillo; sin embargo, ya había sido testigo de lo que ocurría si lo que pasaba por mi mente lo soltaba abiertamente y mis manos ya tenían demasiadas heridas.
Aún recuerdo algunos fragmentos del catecismo patriótico español que hacían que todas las niñas que formábamos una clase nos aprendiéramos y repitiéramos todos los días de ese único año que asistí al colegio. Prácticamente se basaban en el desprecio a la democracia y al bolchevismo, amor a la patria, al cristianismo y, por consiguiente, al Caudillo.

-¿Cómo debemos amar a nuestra patria?


Debemos amar a nuestra Patria con un amor superior al amor de todas las cosas de este mundo, más que nuestra vida y más que a nuestros padres, con un amor solo inferior al amor que a Dios debemos; y debemos amarla como ella es, con su tradición, con su historia, con sus instituciones, prefiriendo siempre lo español al extranjero en igual de circunstancia.

O también…

-¿Cómo se ha formado el espíritu del pueblo español?


El espíritu del pueblo español se ha formado en los amplios moldes del catolicismo, con los ideales supremos de una catolicidad imperial que es la que ha civilizado al mundo.

Yo solo las repetía, pero solo eso. Sólo sonidos vocálicos que salían de mi boca sin sentido alguno.
También fue el primer año que empecé a relacionarme con otras personas que no fueran papá o mamá. Había cientos de compañeras en la escuela, pero de todas esas compañeras, solo encontré a una verdadera amiga, Elena.
Elena era un poco más esbelta que yo, su piel era blanca como la nieve, de pelo negro, brillante y rizado, que podía vérsele caer sobre su espalda. Tenía una voz fina y suave que agradaba escuchar acompañada de unos labios tan pequeños a la misma vez que gruesos que encandilaban a todos. Pero sin lugar a dudas, lo más bonito físicamente de ella eran sus ojos. Siempre recordaré la intensidad y la dulzura de esos grandes ojos azules del mismo color del cielo, los cuales hacían que muriera de envidia cada vez que se encontraban nuestras miradas.
Se caracterizaba por ser una persona muy simpática y sociable a la que la mayoría del colegio conocía y yo me sentía orgullosa de que me hubiera elegido precisamente a mí, siendo tan diferente a ella, como su mejor compañera. Siempre me preguntaba qué es lo que vio en mí, creo que seguiré preguntándomelo y nunca encontraré la respuesta.
Me encantaba pasar las mañanas con ella; antes de entrar, nos sentábamos en un parque que había al lado, intentábamos mejorar nuestra forma de escribir y repasábamos las lecciones para así saberlas bien y no nos pudieran regañar en clase. Sin embargo, lo que más me llamaba la atención de ella era el odio y la seguridad con la que repetía las preguntas del catolicismo que teníamos que aprendernos. Ella sí que creía todo lo que en ellos se decía, amaba a su patria y le importaba la lealtad más que cualquier otra cosa en el mundo.
Sonriendo, con un gran semblante, y con la cabeza alta, Elena se disponía a contestar:

-¿Qué es la democracia, Pérez?


¡La democracia es la compañera inseparable del liberalismo, la cual propaga a los que reconoce como irregulares, sean sabios o ignorantes, honrados o criminales, y una vez constituido el Estado con esa base falsa, ya no reconoce derechos superiores o anteriores a él; ni en la sociedad ni en los individuos, que para él no vale más que por el voto que puedan darle o retirarle!

Por ello me resultaba tan difícil creer que yo pudiera ser su mejor amiga. Ella sabía que a mí no me agradaban, ni si quiera les daba importancia a lo que en las lecciones se decía; Elena solamente intentaba hacerme ver su punto de vista y muchas veces me calificaba como hereje, aunque, afortunadamente, solo se quedaba en una calificación.
Y entonces, que parecía que por una vez en todo lo que llevaba vivido la vida se tornaba de un color menos gris y empezaba a sonreírme, ocurrió. Nunca pensé que podría ocurrir algo así, pero sí. Ocurrió.
- Pérez, ¿han quedado reducidos esos enemigos con la Gran Cruzada?
-¡No profesora! Con la Gran Cruzada esos enemigos han quedado vencidos pero no aniquilados; y ahora, como sabandijas ponzoñosas, escóndense en mechinales inmundos para seguir desde las sombras arrojando su baba y envenenando el ambiente, o atraer incautos…

-Señorita Pérez, un momento. Gracias. ¿Se encuentra presente la señorita Fernández? Me informan de que debe abandonar inmediatamente el aula. Le esperan en secretaría, recoja sus cosas, es urgente.
Elena me miró extrañada, esperando una explicación al motivo de mi llamada, pero yo estaba tan confundida como ella, o incluso más. Desesperada me levanté del asiento, ni siquiera sé cómo pude meter todas las cosas en la mochila, pues las manos me temblaban tanto, que más que manos parecían gelatina. Terminé y me fui corriendo de allí. Bajé las escaleras a toda prisa, el corazón me latía tan fuerte que podía incluso oír sus latidos y, a la velocidad que llevaba, parecía que las piernas iban a enredarse de un momento a otro. El final de las escaleras se acercaba, y a lo lejos ya podía ver el letrero de secretaría. Seguí corriendo y pude distinguir una silueta dentro de la habitación. Era mamá. ¿Qué hacía allí? El reconocerla hizo que se acelerara aún más mis pulsaciones y que acelerara el paso. Por fin llegué. Estaba de espaldas y al notar mi presencia se rodeó. Su tez estaba tan blanca cual pared y sus manos temblaban mucho más que lo hacían las mías. Solo pronunció una palabra.
-Vámonos.
No quise decir nada. La conocía bastante bien y sabía qué momento era el adecuado para pedir explicaciones de todo lo que estaba pasando.
Salimos del colegio, no entendía nada, mi mente estaba tan nublada que ni siquiera mis pensamientos eran claros. Habían interrumpido a Elena cuando estaba recitando el catecismo, me habían hecho un llamamiento urgente, había salido de allí a toda prisa encontrándome con un alma en pena y ahora estaba andando rápidamente hacia un coche que conducía un hombre que no había visto en mi vida. Subimos a aquel coche, encontrando ahora el momento perfecto para pedir explicaciones; pero no hizo falta que yo las pidiera, mamá también sabía el momento adecuado.
Infarto. Había muerto. Papá había muerto. Nos había abandonado.
No supe muy bien cómo aceptar esas duras palabras que salieron destrozándome el alma en boca de mamá. Por mi mente pasaron tantas cosas a la vez…, recuerdos, palabras, experiencias, caricias, vivencias… Quería decirle algo a mamá, decirle que estábamos juntas, que no temiera, pero era yo la que temía y ni tenía fuerzas ni sabía cuál era la palabra adecuada en ese momento. Mis ojos se quedaron mirando un punto fijo, inmersos en lágrimas que brotaban sin cesar, mientras el coche se dirigía a alguna parte envuelto en un silencio absoluto. En esos momentos sentí miedo, mucho miedo. Ya no estaba papá, y el único sitio en el que podía refugiarme eran sus brazos… Si ya no estaba él, no podía sentirme segura, no había lugar más seguro que el cálido calor de los brazos de papá. Esos brazos fuertes que me agarraban con tanta seguridad y con tanto sentimiento...
Mi vida, desde el principio de sus días había sido un vaivén y ahora, más que nunca, me encontraba sola. Debía volver a mis orígenes, sola. Mamá esta vez no me acompañaría. Me dijo que primero debía marchar yo, no había tiempo y ni siquiera me dio la oportunidad de despedirme de la primera persona a la que pude llamar amiga. Me dijo que después de un tiempo ella iría en mi busca, lo había prometido. Pero de nada sirve prometer en vano. Era pequeña, no era una ignorante, y según la manera en como me lo había dicho, sabía que sería la última vez en la que vería su frágil rostro.
El coche terminó su trayecto, y allí estaba de nuevo, al igual que un año antes, en la estación de Cambrils. Esta vez podía darme cuenta de lo grande que era, ya que la estación se encontraba desierta. Mi destino volvía hacia el lugar que tanto daño me había hecho a mí y a mi familia. Quería imaginarme cómo me encontraría mi viejo hogar y las calles del pueblo que me había visto crecer, pero podían haber pasado tantas cosas…y seguramente el ruido ensordecedor y los hombres que iban armados disparando a inocentes sin control no habrían dejado intacto nada.
Bajé del coche sin más compañía que mi soledad y esperé a poder subirme al tren, mientras que observaba cómo el coche en el que se encontraba la única persona por la que aún podía encontrarle un sentido a mi vida, se marchaba sin más; como si fuera una absoluta desconocida con prisa por marchar.
No sé cuánto duró el trayecto, no sé cuánto debía durar ni sé cuánto puede tardar la vida en sonreírme por segunda vez; lo que sí sé es que éste no es el pueblo en el que había pasado mi infancia.

Cuando bajé del tren, una furgoneta me esperaba para llevarme de camino a casa. Si hubiera sabido lo que vi al bajar, no hubiera pensado dos veces en quedarme allí o en algún otro sitio que no hubiera causado tanto dolor en mis ojos. Llegué y parecía que mi mundo se hundía; empecé a vagar lentamente por las calles como si se tratara de un espejismo. Todo había cambiado. No quedaba ninguna casa que no hubiera sido saqueada, las calles estaban destrozadas, las paredes desgarradas y llenas de impacto de bala, ventanas rotas, nadie paseaba por las aceras y dudo que alguien ni siquiera supiera quién era. Parecía como si el paisaje hablara y me estuviera contando el dolor que se había respirado durante ese tiempo en el que me había ausentado. Pero en mi cabeza solo había una cosa, una inquietud, un deseo. Mi hogar. No me paré en ningún otro sitio, solo quería encontrarlo; sabía que no me iba a gustar lo que iba a ver, pero la esperanza de poder sonreír al enfrentarme con mis recuerdos me llevaba sin necesidad de realizar un esfuerzo por mover mis piernas.
Iba caminando al son de mis lágrimas, la ausencia de cariño se había apoderado de mí. Seguí caminando hasta que me encontré justo en frente de casa… No había nada, se lo habían llevado todo y ni siquiera tenía la maletita con las fotos para poder volver a llenarlo con nuestros recuerdos. Ni un mueble, ni una cama; solo habían dejado sensación de antigüedad y de sobriedad. Las habitaciones eran cubos solitarios y se sentía tanto frío…
Estoy sola, no hay nadie en casa, ya no.

Ya hace mucho que pasó esto. Ahora no soy pequeña, ni tampoco ignorante. A pesar de todo, sigo aquí, no he abandonado mi hogar, y lo he llenado con lo mínimo que necesito para sobrevivir. El dolor en las calles no ha cesado, y la gente que habita en España, si quiere seguir viva, no puede expresar lo que realmente piensa, si es que eso que piensa es contrario a lo que de pequeña intentaron inculcarme en vano. Después de haber contado todo, sigo sin saber cuál es el fin de mi búsqueda y sigo sin saber cuánto pasará hasta que la vida me dé una segunda oportunidad de ser feliz.
Es de noche, y a mi lado tengo una carta que me llegó hace unos días, es de Elena, no me atrevo a abrirla. Aún pienso en ella, siempre he pensado en ella y en todo lo que seguramente le dolió que ni siquiera tuviera un minuto para decirle adiós, que desapareciera de la noche a la mañana, dejando de lado una amistad que poco a poco se iba consolidando. La lealtad… algo tan importante para ella, no me lo perdonaría nunca y menos sabiendo que repetía todo ese catecismo por pura obligación, sin estar de acuerdo con él ni interesarme nada en lo que en él estuviera escrito.
No voy a abrirla.


Algo me ha interrumpido el sueño, hay algo que oí hace un rato en las habitaciones de abajo, pero me he quedado en blanco durante mucho tiempo y me he puesto a escribir todo lo que he vivido, sí, sigo sin saber por qué.
He vuelto a oírlo y creo que voy a bajar a ver de qué se trata. Mientras voy bajando las escaleras sigo oyéndolo, es un ruido extraño… Es como si alguien estuviera revolviendo y tirando al suelo todos los objetos que se encuentran en alguna habitación. Mis pulsaciones aumentan. Me encuentro en la sala de estar, noto detrás una presencia, y puedo ver una sombra reflejada en la pared delante de mis ojos. La presencia ha comenzado a hablarme…
-España Una quiere decir que la personalidad moral de España, sólida y compacta en su cuerpo y en su espíritu, es una entidad vital subsistente e indivisible, y que atentar contra esta unidad con cualquier género de separatismo es delito de alta traición.
Me he girado. Es ella. Está vestida con un traje de militar y está apuntándome a la cara con una enorme y desgarradora escopeta. No sé qué hacer, no sé qué decir…; hay veces en las que las comisuras de tus labios parecen pesar demasiado, veces en las que te encantaría poder enfrentarte a una realidad que te oprime y destruye sin miedo a perecer en una oscura, débil y cruel soledad. Inquietud por sentir el roce de una cálida mano sobre tus mejillas haciendo más fuertes los latidos de tu corazón. Deseos de dejar caer los párpados y no hacer nada por volver a levantarlos hasta no sentir un rayo de luz en tu piel…, hasta encontrar un motivo por el que tus ojos brillen de alegría borrando un brillo cristalizador compañero del dolor y enemigo de la felicidad…

Había llegado la hora. Había llegado mi hora. Y entonces, la dureza camuflada en dulzura de sus ojos buscó y encontró el brillo desconsolador de la desesperanza en los míos.


El documento que viene a continuación se titula Villaviciosa .Es un poema escrito por un hombre de mi pueblo, conocido como "Francisco, el alfarero", que realizó después de volver de su huida a Cataluña. Me pareció bastante interesante y mi historia se basa en ello.

El 18 de julio, Queipo y Franco provocó
Un sangriento movimiento por toda nuestra nación.
¿Andalucía de mi vida, cuándo te verán mis ojos?
Allí se quedó mi pueblo en poder de los facciosos.

Andalucía de mi vida en Cataluña me encuentro,
No pierdo la esperanza porque el triunfo ha de ser nuestro.
Siendo tú Villaviciosa, siendo tú un pueblo tan rico,
Y ahora está arruinado por causa de esos malditos.

Viendo ellos que no podían romper el frente del Muriano,
Dieron la vuelta a Posadas y su intento lograron.
Siete horas de combate les costó tomar el pueblo,
Más de setecientas bajas de moritos se lo hicieron.
Parecían grupos de ovejas por el monte “los rinfeños”
Con sus chilabas tirando por lo alto de sus muertos.

Ya otro día por la mañana, cuando tomaron el pueblo,
Cayó Tomás de la Torre muy malherido en el suelo.
Entre cuatro compañeros lo retiraron de allí
Y en Espiel con un coche lo llevaron a Madrid.
Al entrar en el hospital le practicaron la cura
Y le faltó poca cosa pa´ser su muerte segura.

Estando ya en Pozoblanco recibimos la noticia
De que a Tomás de la Torre lo han herido los fascistas.
Todos lo sentimos mucho al enterarnos de esto
Porque era un buen militante por todos sus compañeros.

El recorrido que hicimos de Pozoblanco a Valencia,
Veníamos como animales embarcados en bateas.
Cuando llegamos allí, nos dicen que no se cabe
Por los muchos refugiados que han llegado el día de antes.
Allí estuvimos dos horas, nos obsequiaron muy bien,
Nos ponen un “trin cubierto” como así debía de ser.

Y al entrar en Cataluña, en todas las estaciones,
Salían a darnos regalos las mujeres y los hombres.
En la estación de Cambrils fue donde desembarcamos,
Y en el Hospital de Sangre a todos nos colocaron.
Allí estuvimos diez días hasta que nos repusieron
Y hecha la distribución de tantísimas personas,
A mí me tocó a Ruidón, provincia de Tarragona.

Llegamos allí de noche y estaba el comité esperándonos,
Nos dicen de esta manera: ¡No apurarse refugiados!
No os hará falta nada decían los milicianos,
porque ese es nuestro deber, que todos somos hermanos.

Nos pusieron la comida a sesenta y seis personas,
Sus camas correspondientes, todas con muy buenas ropas.
Cuando el alcalde llegó, le ordenó a los milicianos
Que no hiciera falta nada a los pobres refugiados.

viernes, 11 de junio de 2010

BIBLIOTECA. REVISTA. "Cuadernos de pedagogía", nº 401 (mayo, 2010). "Lengua y TIC"

Entre otros, en la revista, los siguientes artículos:

1. EXPERIENCIAS. ESO: 1.1. Tránsito a la ESO, ¿continuidad o ruptura?  1.2. El sendero de Utopía. Un recorrido por siete espacios que genera conocimiento, emocional e intelectual, de la injusticia y la degradación del planeta. INTERNIVELES: 1.3. Matemáticas para las familias. Con estos talleres, las familias acceden a los contenidos que se trabajan en las clases, conocen cómo se están enseñando y aprenden estrategias para aplicarlas en casa.

2. Entrevista a Javier Aparicio, profesor de Música: "No me interesa formar músicos ni eruditos, sino artistas".

3. TEMA DEL MES. TIC y Lengua: el reto del cambio metodológico. Varios artículos.

4. OPINIÓN. 4.1. El Pacto Educativo. Varios artículos.

Hay un ejemplar en la BIBLIOTECA.

BIBLIOTECA. REVISTA. "Cuadernos de pedagogía", nº 402 (junio, 2010): "Educación ambiental"

Entre otros, podemos encontrar en este número los siguientes artículos:

1. BCC: un banco para compartir conocimientos. Reportaje de Manuel Martín. El instituto sevillano "Domínguez Ortiz" experimenta las enormes posibilidades que se abren a un centro educativo cuando alumnado, profesorado y vecindario deciden compartir sus "saberes". Lo hace de la mano del colectivo cultural ZEMOS98 y siguiendo el modelo de una entidad bancaria en la que se colocan los conocimientos como "activos".

2. EXPERIENCIAS EDUCATIVAS. 2.1. Miradas entrecruzadas. Un puente sobre el estrecho de Gibraltar. Frente al miedo y el rechazo que provoca el desconocimiento, este proyecto de interculturalidad construye puentes de comunicación entre profesorado y alumnado de un centro de Cádiz y dos de Marruecos. 2.2. Dinamizar la biblioteca en un entorno desfavorecido.

3. Entrevista a María de los Ángeles Luengo Martín, catedrática de Psicología Clínica: "Vivimos en una sociedad que piensa más en castigar que en prevenir".

4. TEMA DEL MES. Génesis. Un proyecto de Educación Ambiental en Asturias. Varios artículos.

5. OPINIÓN. 5.1. Infancia, hambre, indiferencia. La crisis empeora la situación de las personas más pobres. Educar a un niño desnutrido o 'subnutrido' redobla el desafío de una escuela que es hoy la principal agencia de alimentación de la infancia, después de la familia. Por Pablo Gentili, investigador y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. 5.2. Autonomía de centros, una cuestión de poder y responsabilidad. Por Emilio Palacios, profesor.

Hay dos ejemplares en la BIBLIOTECA.

sábado, 29 de mayo de 2010

LENGUA. Conjugador de verbos

En onoma.es encontramos todo lo relativo a la conjugación de todos los verbos; incluso podemos inventar alguno, y ser nos proporcionarán todas sus características.

sábado, 22 de mayo de 2010

LENGUA ESPAÑOLA. "Wikilengua"

   Un sitio abierto y participativo para compartir información práctica sobre la norma, el uso y el estilo del español y un medio para reflejar la diversidad de una lengua hablada por cientos de millones de personas. Así se define este trabajo de la Fundéu BBVA, que no debe faltar nunca entre quienes aman la lengua española.
(Fuente: Antonio Manfredi: "El Día de Córdoba")

Un ejemplo del empleo del léxico:

A EXPENSAS DE
La expresión a expensas de significa ‘a costa de’, ‘por cuenta de’ o ‘a cargo de’ (algo o de alguien).
Tiene más de 30 años y aún vive a expensas de sus padres.
Tanto el Diccionario CLAVE como el Vademécum de la Fundéu indican que no debe emplearse como equivalente de a la espera de o a la expectativa de, cuyo significado es ‘sin actuar ni tomar una determinación hasta ver qué sucede’.
Debe evitarse, por tanto, su uso en enunciados como los siguientes:

*Estamos a expensas de que salgan los jugadores al terreno de juego.
*A expensas de conocer la identidad de los fallecidos, el responsable de la policía explicó que se trata de dos vecinos de Ávila.
*El Olympiakos lidera provisionalmente la tabla a expensas de lo que haga el Panathinaikos.
*El informe señala —a expensas de las conclusiones finales de la investigación— que las causas del accidente pudieron ser…

En esos casos, lo correcto habría sido emplear a la espera de o a la expectativa de.
Expensas posee carga de sustantivo, por lo tanto, también es posible decir:
Vive a sus expensas/a expensas suyas.

domingo, 2 de mayo de 2010

RECURSO DIDÁCTICO. "La tiza virtual": LENGUA, QUÍMICA, FRANCÉS, LITERATURA, INFORMÁTICA, FÍSICA.

Portal educativo, con ejercicios interactivos de las materias del título.

Podemos enlazar también en la columna de la izquierda, bajo el título RECURSOS EDUCATIVOS.

Gracias a Virginia Molina.

sábado, 10 de abril de 2010

FILOSOFÍA: LAS FALACIAS (argumentación)

Escena de Julio César, de Mankiewicz

LAS FALACIAS
Introducción
No deja de ser sorprendente que, a pesar de la lógica, seguimos equivocándonos o construyendo mal nuestros razonamientos. A este fenómeno nos referimos cuando hablamos de falacias. Platón solía decir que “los razonamientos, como los hombres, a menudo son hipócritas”. Las falacias son los razonamientos, que aun siendo incorrectos, son psicológicamente persuasivos. Son formas de razonamiento que parecen correctas, pero cuando se las analiza cuidadosamente resultan no serlo. La comprensión de estas falacias nos ayudará a conocerlas y a no ser engañados por ellas. El estudio de las falacias se remonta a la Antigüedad, a la Retórica de Aristóteles, y a la Oratoria de los romanos. En la actualidad ha adquirido un gran interés, incluyéndose bajo el epígrafe de Lógica informal o Pensamiento crítico. El primer lógico en usar esta expresión fue Max Black, quien en su libro Modelos y metáforas y en otros escritos da una gran importancia a las falacias dentro del discurso argumentativo. En 1970 el libro del profesor australiano Charles Hamblin, Falacias, marcó un hito en el estudio de las mismas. Otro importante estudio se encuentra en la Introducción a la lógica del profesor Irving M. Copi. A partir de los años ochenta y en nuestros días, proliferan las publicaciones dedicadas totalmente a las falacias y su detección en la vida cotidiana. Douglas Walton es uno de los autores más representativos. Los estudiosos de estos temas han constituido una asociación para el estudio de la Lógica informal y el Pensamiento crítico (Association for informal Logica and Critical Thinking), en la Universidad canadiense de Windsor.


Clasificación
Se clasifican en dos grupos: falacias de atinencia y falacias de ambigüedad.
Falacias de atinencia
En estos razonamientos, las conclusiones no tienen relación de dependencia o necesidad con sus premisas (atinencia) y, por tanto, no pueden establecer su verdad; nos engañan sin embargo porque el lenguaje se usa tanto expresiva como informativamente para estimular emociones como temor, hostilidad, piedad, entusiasmo o terror. Las más conocidas son:
--Argumento “ad baculum”, que significa apelación a la fuerza. Se recurre a esta falacia cuando fracasan los argumentos racionales. Se resume en el dicho: “La fuerza hace el derecho”. A escala internacional este argumento significa la guerra o la amenaza de guerra. Los nazis acostumbraban a enviar la siguiente noticia a los lectores alemanes que interrumpían su inscripción: “Nuestro periódico merece el apoyo de todo alemán. Seguiremos enviando ejemplares de él, y esperamos que Ud. no se exponga a infortunadas consecuencias en caso de cancelación”.
--Argumento “ad hominen”, significa argumento contra el hombre. En lugar de refutar la verdad, es decir demostrar la falsedad de un razonamiento, se ataca a la persona que la dice, por ejemplo, cuando se afirma que un discurso es falso porque lo sostiene gente indeseable, extremista, drogadicta, etc.
Este razonamiento falaz convence a través del proceso psicológico de la transferencia, al provocar una desaprobación de la persona y convertirla en desacuerdo con lo que esa persona dice. La conexión es psicológica y no lógica, pues hasta el más perverso de los hombres puede razonar correctamente o decir la verdad.
Otra variedad de este argumento corresponde a las creencias de una persona y las circunstancias que la rodean. Por ejemplo cuando se critica al cazador que sacrifica a los animales para su diversión, y él responde: “¿Por qué se alimenta Ud. con carne de ganado inocente?”. La falacia está en que el cazador no intenta demostrar si es correcto o no el sacrificio de los animales para el placer de los humanos, sino simplemente que su oponente no le puede criticar debido a las circunstancias especiales, en este caso el hecho de no ser vegetariano. O bien en la siguiente afirmación: “¿Cómo puedes decirme que debo hacer más ejercicio, si te pasas todo el día sentado en tu oficina?”.
Los argumentos de esta clase no ofrecen pruebas satisfactorias de la verdad de sus conclusiones, sólo están dirigidos a provocar el asentimiento del oponente, a causa de las circunstancias especiales en que éste se encuentra. Estos argumentos, suelen ser muy persuasivos.
--Argumento “ad ignorantiam”. Se argumenta la verdad de un razonamiento porque nadie ha demostrado su falsedad; o bien se admite la falsedad de un razonamiento, porque nadie ha demostrado su verdad. Por ejemplo,”debe haber fantasmas porque no se ha podido demostrar que no los hay”. Este razonamiento sólo es aceptable en el campo de la justicia, cuando se supone la inocencia de la persona: “Todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario”. Es la presunción de inocencia.
--Argumento “ad misericordiam”. Se comete esta falacia cuando se apela a la piedad para conseguir que se acepte una determinada conclusión. Un ejemplo sutil se encuentra en la Apología de Sócrates de Platón, que relata la defensa de sí mismo que hizo Sócrates:
“Quizá haya alguno entre vosotros que pueda sentir resentimiento hacia mí, al recordar que él mismo, en una ocasión similar y hasta quizá menos grave, rogó y suplicó a los jueces con muchas lágrimas y llevó ante el tribunal a sus hijos para mover a compasión, junto con toda una hueste de parientes y amigos. Yo, en cambio, aunque corra peligro no haré nada de esto. El contraste puede aparecer en su mente, predisponerlo en contra de mí e instarlo a depositar su voto con ira, debido a su disgusto conmigo por esta causa. Si hay alguna persona así entre vosotros –observad que no digo que la haya- podría responderle razonablemente de esta manera:
“Claro amigo, yo soy hombre, y como los otros hombres, una criatura de carne y sangre, y no de madera o piedra como dice Homero, y tengo también familia, sí, y tres hijos, ¡Oh, atenienses!, tres en número, uno casi un hombre y dos aún pequeños; sin embargo, no traeré a ninguno de ellos ante vosotros para que os pida mi absolución”.
Este argumento se usa a veces de manera incluso ridícula, como el caso de un joven juzgado por matar a sus padres; puesto ante las pruebas que lo acusaban, solicitó piedad en base a que era huérfano.
--Argumento “ad populum”. Se comete al dirigir un mensaje emocionado al pueblo, con el fin de ganar su asentimiento para una conclusión que no se basa en pruebas, despertando las pasiones y el entusiasmo de la multitud. Es un recurso favorito de la propaganda, los vendedores ambulantes, los políticos, etc. Por ejemplo, se nos dice que tal o cual marca es buena porque la compra mucha gente. Además de la “apelación al esnobismo”, se hace una “apelación a la multitud”. Es muy frecuente en los medios de comunicación decir que tal marca de alimentos o de automóviles es la “mejor” porque es la que más se vende en nuestro país o en los Estados Unidos.
El político que hace su campaña electoral “argumenta” que debe recibir nuestros votos porque todo el mundo vota por él. Pero la aceptación popular de una actitud o de un producto no demuestra que sea bueno o verdadero; el asentimiento general a una opinión no demuestra su verdad.
Esta falacia se encuentra bellamente ilustrada en la versión de Shakespeare de la oración fúnebre de Marco Antonio sobre el cuerpo sin vida de Julio César:

ANTONIO.- ¡Amigos romanos, compatriotas, prestadme atención! ¡Vengo a inhumar a César, no a ensalzarle! ¡El mal que hacen los hombres perdura sobre su memoria! ¡Frecuentemente el bien queda sepultado con sus huesos! ¡Sea así con César! El noble Bruto os ha dicho que César era ambicioso. Si lo fue, era la suya una falta grave, y gravemente la ha pagado. Con la venia de Bruto y los demás, pues Bruto es un hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos honrados, vengo a hablar en el funeral de César. Era mi amigo, para mí leal y sincero; pero Bruto dice que era ambicioso. Y Bruto es un hombre honrado. Infinitos cautivos trajo a Roma, cuyos rescates llenaron el tesoro público. ¿Parecía esto ambición en César? Siempre que los pobres dejaban oír su voz lastimera, César lloraba. ¡La ambición debería ser de una sustancia más dura! No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres veces una corona real, y la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición? No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y, ciertamente, es un hombre honrado. ¡No hablo para desaprobar lo que Bruto habló! ¡Pero estoy aquí para decir lo que sé! Todos le amasteis alguna vez, y no sin causa. ¿Qué razón, entonces, os detiene ahora para no llevarle luto? ¡Oh, raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón…! Perdonadme un momento! ¡Mi corazón está ahí en ese féretro, con César, y he de detenerme hasta que torne a mí!
Ciudadano 1º.- Pienso que tiene mucha razón en lo que dice.
Ciudadano 2º.- ¡En Roma no existe un hombre más noble que Antonio!
ANTONIO.- ...!Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César! ¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! ¡Ése fue el golpe más cruel de todos, pues, cuando el noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo, que se inundó chorreando sangre!... !En aquel momento, yo y vosotros, y todos, caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nosotros… !Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, desfigurado, como veis, por los traidores!
Ciudadano 1º.- ¡Oh, lamentable espectáculo!
Ciudadano 2º.- ¡Oh, noble César!
Ciudadano 3º.-¡Oh, lamentable día!
Ciudadano 4º.- ¡Oh, traidores, villanos!
ANTONIO.- ¡Bueno, amigos, apreciables amigos, no os excite yo con esa repentina explosión de tumulto. Los que han consumado esta acción son hombres dignos. ¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo? ¡Ay! Lo ignoro. Ellos son sensatos y honorables y no dudo que os darán razones. ¡Yo no vengo, amigos, a excitar vuestras pasiones! Yo no soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un hombre franco y sencillo que amaba a su amigo, y esto lo saben bien los que públicamente me dieron licencia para hablar de él. ¡Porque no tengo ni talento ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la sangre de los hombres! Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos conocéis. ¡Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que ellas hablen por mí! ¡Pues, si yo fuera Bruto, y Bruto Antonio, ese Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua en cada herida de César capaz de conmover y levantar en motín las piedras de Roma!
Todos.- Nos amotinaremos.
Ciudadano 1º.- Prendamos fuego a la casa de Bruto.
Ciudadano 3º.- ¡En marcha, pues!... ¡Venid! ¡Busquemos a los conspiradores!

--Argumento “ad verecundiam”. Es una apelación a la autoridad, al sentimiento de respeto por las personas famosas.
Este argumento no siempre es falaz; por ejemplo, cuando se utiliza para reforzar una teoría científica apelando a la autoridad del científico, a Newton, a Einstein, etc.; pero cuando se apela a una autoridad en cuestiones fuera de su campo, se comete esta falacia.
Si en una discusión sobre religión, uno de los que discuten apela a la autoridad de Darwin (autoridad en Biología), esa apelación es falaz. Si se nos dice que consumamos éste u otro producto porque un famoso actor o actriz de cine lo consume, esa apelación es igualmente falaz.
--Argumento de la “causa falsa”, “non causa pro causa” y “post hoc ergo propter hoc”. El primer nombre latino indica el error de tomar como causa de un efecto algo que no lo es. El segundo designa la deducción de que un acontecimiento es causa de otro porque es anterior. Podemos creer que el hecho de haber tomado una bebida caliente nos ha quitado nuestra enfermedad, cuando puede no haber sido esa la causa, etc. “Desde que se inició el nuevo Carnet de Conducir por puntos, los accidentes han descendido. Esto quiere decir que ha sido un éxito”. (Este ejemplo debería analizar también otros factores que hayan influido en el descenso de los accidentes).
--Petición de principio, petitio principii. Se comete este error cuando al tratar de establecer una verdad buscamos premisas aceptables, y tomamos como premisa la misma conclusión que pretendíamos probar. La proposición que se quiere establecer está formulada como premisa y conclusión. Por ejemplo, si decimos que el público que tiene buen gusto prefiere a Calderón de la Barca, en lugar de a Lope de Vega, y luego preguntamos quién tiene buen gusto y contestamos que los que prefieren a Calderón, caemos en petición de principio.
--Argumento de la “pregunta compleja”. Se comete cuando, por ejemplo, preguntamos: ”¿Ha dejado Ud. sus malos hábitos?, ¿ha dejado de pegar a su mujer?”. Estas preguntas no pueden contestarse con un sí o un no, sino que suponen ya una respuesta definida a una pregunta anterior que ni siquiera se había hecho. La primera supone que se ha respondido sí a la pregunta no formulada: ¿Tenía Ud. anteriormente malos hábitos?; y la segunda supone una respuesta afirmativa a la pregunta: ¿Ha pegado Ud. alguna vez a su mujer?
Se trata, pues, de una pregunta compleja en la que hay varias preguntas enlazadas. En el campo de la justicia, se encuentran varios ejemplos cuando un abogado pregunta a un testigo para confundirlo o culparlo: “¿Dónde escondió el dinero que robó?”. Una madre pregunta a su hijo: “¿Quieres portarte bien e irte a la cama?”. En el fondo se trata de dos preguntas y una de ellas presupone una particular respuesta a la otra.


Falacias de ambigüedad
Aparecen en razonamientos cuya formulación contiene palabras o frases ambiguas, cuyos significados cambian de manera más o menos sutil en el curso del razonamiento haciéndolo falaz.
El equívoco: la mayoría de las palabras tienen más de un sentido literal; si confundimos los diferentes significados, usándolos dentro del mismo contexto con distintos sentidos, la usamos de forma equívoca, según el siguiente ejemplo: “El fin de una cosa es su perfección; la muerte es el fin de la vida, luego la muerte es la perfección de la vida”.
Los términos relativos tienden a usarse equívocamente, por ejemplo, “bueno”, cuando se dice que “Tal persona es un buen director porque es un buen matemático; o es una buena persona porque es un buen investigador”.
La anfibología: aparece en razonamientos a partir de premisas cuya formulación es ambigua debido a su estructura gramatical. Un razonamiento es anfibológico cuando su significado es confuso debido a la manera descuidada o torpe en que sus palabras están combinadas. Por ejemplo:
“Los sucesos improbables ocurren casi todos los días, pero lo que sucede casi todos los días es un suceso muy probable. Por tanto, los sucesos improbables son muy probables”.
“El matrimonio del Sr. X y de la Sra. Z, que fue anunciado en el periódico de la semana anterior, fue un error que deseamos corregir”. (No se sabe si el error está en el anuncio o en el matrimonio en sí mismo).
El énfasis: se comete en un razonamiento cuya naturaleza engañosa depende de un cambio o alteración en el significado. En esta falacia el cambio de significado se produce según se recalque o destaque una parte u otra. Algunos enunciados adquieren significados completamente diferentes si se subrayan algunas de sus palabras. En una publicación se lee lo siguiente:
“UNA BOMBA ESTALLA EN ESPAÑA" y luego, abajo, en una letra menor y menos prominente se continúa, "... con los ataques verbales del líder de la oposición”. La frase completa: “Una bomba estalla en España con los ataques verbales del líder de la oposición” puede ser completamente verdadera al comprenderse a la perfección que la palabra “bomba” está usada metafóricamente, pero la forma en que se destaca una parte de ella conduce al error.
En muchos anuncios propagandísticos se encuentra el mismo énfasis engañoso, o bien en los locales comerciales cuando se destaca el precio de un artículo en números grandes y en cifras pequeñas el porcentaje de céntimos, o se advierte que no está incluido el impuesto (IVA), etc. Hasta la verdad literal puede ser un vehículo para la falsedad cuando se la coloca en un contexto engañoso. Por ejemplo, si se afirma: “El vuelo llegó puntualmente”, puede expresarse la sorpresa porque nunca llega puntualmente, o bien simplemente un comentario sin doble significado, el contexto es el que marca la diferencia.
La composición: Se aplica a dos tipos de razonamientos inválidos relacionados entre sí. El primero nos lleva de las propiedades de las partes de un todo a las propiedades del todo mismo. Por ejemplo, si todas las partes de una máquina son ligeras, la máquina también debe serlo, cosa que no siempre sucede. O bien generalizar las cualidades de los individuos, miembros de un conjunto o colectividad, a las propiedades poseídas por la colectividad o totalidad de los elementos que componen ese conjunto. Por ejemplo: “Un autobús gasta más gasolina que un automóvil, luego todos los autobuses gastan más gasolina que todos los automóviles”. La falacia se encuentra en que distributivamente los autobuses gastan más gasolina, pero colectivamente los automóviles gastan más gasolina porque hay más automóviles que autobuses.
La división: es la falacia inversa de la anterior. Se presenta la misma confusión en dirección opuesta, afirmando que lo que es cierto de un todo lo es de cada una de sus partes. Así, por ejemplo, si una empresa es muy importante, se afirma que un empleado cualquiera de la misma también lo es. En el ejemplo anterior de la máquina, afirmar que si la máquina es pesada o costosa, se concluye que cualquier parte de la misma debe ser así mismo pesada o costosa. O bien deducir de las propiedades de una colección de elementos las propiedades de los elementos mismos. Un buen ejemplo sería el siguiente: “los linces ibéricos están desapareciendo; este ejemplar es un lince ibérico, luego este ejemplar está desapareciendo”. O bien, “Si todos los hombres son mortales, llegará un día en que no quede ningún hombre sobre la tierra”.
(Fuente: http://portales.educared.net/wikiEducared/index.php?title=Las_Falacias)