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viernes, 13 de marzo de 2015

PRENSA. PSICOLOGÍA. "El síndrome de la mala madre"

   En "El País Semanal":

El síndrome de la mala madre

¿Es posible compaginar maternidad, trabajo, pareja, amistades y parcelas de privacidad?

Lo mejor es centrarse en atender a la calidad de las relaciones y el vínculo con sus hijos


ILUSTRACIÓN DE ANNA PARINI

Este artículo podría ir dirigido a los padres. Padres deseosos de disfrutar de sus hijos, pasar tiempo con ellos; padres entregados, que juegan, que cambian pañales y educan igual que lo hacen las madres. Pero los cambios sociales, profesionales y de papeles que ha protagonizado la mujer en estas últimas décadas y cómo esos cambios han impactado en la maternidad merecen un artículo solo para ellas. Piense durante unos segundos en el concepto de madre, no en la suya, ni en la mejor o peor madre del mundo que pueda conocer. Solo recapacite sobre lo que significa y lo que asociamos con “ser madre”. Imagino que le vienen a la cabeza ideas como “amor incondicional, abnegación, dedicación, ternura, cobijo, renuncia, satisfacción, plenitud, realización personal, vida, entrega, estar siempre ahí, lealtad, sumisión…”. Y un sinfín de palabras relacionadas con darlo todo por alguien.
Ese es el concepto con el que nos hemos educado. La madre es esa persona incondicional que nunca le va a fallar. Esa persona capaz de renunciar a todo para que usted esté bien, la que espera con paciencia, la que siempre tiene una palabra de apoyo para animar o la que le presta su hombro para que llore cuando lo necesite. Este juicio de madre viene de cuando las mujeres se educaban en no tener más ambición que ser buenas esposas, mujeres, educadoras y transmisoras de valores; cuando solo se dedicaban a cuidar y organizar el hogar, coser, hacer coletas, quitar piojos, guisar, limpiar o dirigir a la que limpiaba en casa. Había excepciones, por supuesto, como Marie Curie, física, matemática, química, madre de dos hijas y galardonada con dos premios Nobel, pero no era la regla general.

No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre” Jill Churchill
Pero los tiempos han cambiado. Muchas abuelas dicen: “Qué difícil lo tenéis ahora para triunfar”. Ya no basta con tener hijos impolutos, buenos estudiantes y educados. Triunfar hoy día para la mujer implica ser buena madre, una brillante profesional; conseguir tener un grupo de amigas; aprender a ser independiente a nivel emocional y económico; tener su parcela para leer, hacer ejercicio y practicar aficiones; entrar en una talla 40 el resto de su vida; tener al lado a un hombre que valore su esfuerzo, su trabajo, le quiera tal y como es, sea cariñoso y comprensivo, y sepa compaginar con usted las tareas domésticas y la educación de los hijos.
Demasiados roles, exigencias y expectativas altísimas, que al final llevan a replicar el modelo de “mujeres orquesta” que tienen la sensación de estar en todo sin llegar a nada. Y cuando usted cree que no está cumpliendo a la perfección con la prioridad entre todas sus actividades, que suele ser la atención de sus hijos, se valora a sí misma de forma negativa. Hay madres que se creen “malas madres” por no cumplir con sus expectativas o las que impone la sociedad.
No puntúe su valía como madre en función de la cantidad de tiempo que dedica a los niños. Lo que debe valorar y a lo que debe dedicar atención es a la calidad de las relaciones y el vínculo con sus hijos. Tampoco se le ocurra sentirse culpable por compaginar su maternidad con su labor como profesional, por dedicar tiempo a salir a correr o querer leer un libro a solas y tranquila en el sillón. Sus hijos serán más felices si su madre se siente satisfecha, plena y profesionalmente realizada. No se engañe convenciéndose de que ser madre es suficiente para sentirse completa.
Si consigue compaginar su trabajo, su pareja, su vida social, el tiempo que se dedica a sí misma y el de los hijos, será más feliz que si vive de forma abnegada y con sacrificio la relación con los niños. Le propongo estas ideas:

Para saber más


ILUSTRACIÓN DE ANNA PARINI
LIBROS
‘Toma un café contigo mismo’
Walter Dresel (Zenith)
‘Queremos hijos felices’
Silvia Álava (JdeJ Editores)
‘Portarse bien’
Stephen Garber (Medici)
PELÍCULAS
‘Agosto’
Dirigida por John Wellse interpretada por
Meryl Streep y Julia Roberts
Proteja a sus hijos con consejos, con argumentos, guiando, educando en valores, delimitándoles el bien del mal. Pero deje que ellos tomen decisiones, se caigan y se levanten. No sobreproteja. No es mejor madre por quitarles los peligros del medio. Los baches van a estar siempre ahí, esté usted con ellos o no lo esté. No les puede quitar la piedra, solo tiene que enseñarles a torear con ella. No se sienta responsable de sus fracasos. Tienen que equivocarse, tomar decisiones y lidiar con la frustración. Muchas madres tratan de ayudar para evitar la frustración de sus hijos. Les acaban los trabajos del colegio, les recogen la habitación, les llevan la ropa de deporte que olvidaron en casa… Con ello educamos en la irresponsabilidad, en que no asuman las consecuencias de ser despistados, poco organizados o perezosos. No se amargue si su hijo lo pasa mal, ya aprenderá.
No trate de compensar el tiempo que no puede pasar con ellos comprándoles cosas. No hay nada que compensar. Trabajar y tener aficiones forma parte de la plenitud de una persona, y usted es madre y también es persona. Trate solo de estar presente cuando dedique tiempo a sus hijos. Eso significa comunicación, escuchar, no coger el móvil mientras está jugando, comiendo o viendo una película con ellos. Tiene que ver con disfrutar plenamente lo que en ese momento está viviendo con ellos. Si el tiempo que pasa con sus hijos está pensando en que tiene correos pendientes de contestar y cuando está en el trabajo piensa que no es buena madre por no poder dedicarles más tiempo a los niños, nunca estará realmente en ninguno de los dos sitios. Además, los niños no valoran tanto los regalos como los padres imaginamos. Lo que valoran es que cuando usted esté con ellos les dedique toda su atención.
Haga respetar su tiempo. No es mala madre por tener un tiempo para usted. Utilizar el cuarto de baño sola y con pestillo, leer un rato sin que la interrumpan con voces desde otra habitación, practicar su deporte o mantener una conversación privada con quien desee sin tener a su hijo persiguiéndola por la casa. Si educamos a los hijos estando siempre disponibles cada vez que nos busquen, entenderán que ellos merecen siempre nuestra atención y sus necesidades se convertirán en exigencias. Incúlqueles la paciencia, saber esperar, que existen otras personas que también demandan nuestra atención.

Todo lo que soy se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la formación moral, intelectual y física que recibí de ella”
George Washington
No renuncie a una cena romántica, a un paseo con su amor o a estar momentos a solas con su marido o con amigos. Es muy frecuente ver cómo parejas que tienen hijos terminan durmiendo con ellos en la cama, haciendo todo absolutamente con los niños. La complicidad de la pareja termina por desaparecer, incluso el romanticismo. Son parejas que entienden que sus retoños se lo merecen todo y que ser padres es abnegación. Pero el tiempo es cuestión de matemáticas: si dedica 24 horas a los hijos, le quedan cero para estar a solas, hablar de temas de mayores, ver películas que no sean dibujos animados y besarse con pasión. Busque un día a la semana para dedicárselo a su pareja y desconecte de biberones, pañales, deberes o momentos adolescentes.
Recuerde darse valor no solo por la relación que mantiene con sus hijos. Usted tiene valía por muchas otras cosas. Es grande, brillante, imperfecta, graciosa, cariñosa, organizada, lectora, buena amiga, paciente y muchas otras virtudes que pueden tener que ver o no con la idea de ser madre.
No todo lo que les ocurre a sus hijos es responsabilidad suya. No se sienta mal si el niño se lleva la bronca de la profesora, si tiene un conflicto con un amigo o si no tiene éxito jugando a un deporte. Enséñele a pedir perdón, a resolver problemas, a ser reflexivo, pero no se responsabilice de todo lo que hace y dice su hijo. Los padres educamos, pero los hijos también copian modelos de conducta de lo que ven en la televisión, de lo que leen, de lo que ven en sus amigos, maestros y entrenadores. Están continuamente expuestos a otras fuentes de información. Sí es su responsabilidad saber en qué equipo juega y qué valores hay en el club, la elección del colegio, conocer los amigos con los que sale y ser consciente de qué programas ve en la tele. Pero no todo podrá estar bajo su control. Trate de fomentar la comunicación y el respeto y genere confianza para que sus hijos hablen de todo.

martes, 3 de febrero de 2015

PRENSA. La vida de una niña española de clase media

   En "El País":

“Que nunca deba depender de nadie”

Sira Moreno es una niña sana y feliz que vive en un pueblo de Cantabria. Su familia representa la clase media española que sortea la crisis con dificultades

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Sira Moreno, española, de dos años. Hija de Yovani y Alejandra. / LOLA HIERRO

Pesó al nacer 1,835 kilogramos, no había cumplido ni ocho meses de gestación. Sira Moreno Cámara llegó al mundo un 8 de febrero de 2012 mediante cesárea en el Hospital General de Castellón, en la Comunidad Valenciana, donde su madre, Alejandra, había ingresado de urgencia porque tenía la tensión demasiado alta y eso estaba provocando sufrimiento fetal. La culpa del descalabro la tuvo el lupus que habían diagnosticado a esta primeriza en 2007. La enfermedad autoinmune, que ataca a las células y órganos sanos del cuerpo, convirtió el embarazo en una experiencia de alto riesgo pero, aún así, Alejandra siguió adelante. Entre grandes dificultades llegó Sira al mundo, aunque poco vio de él porque fue introducida inmediatamente en una incubadora en la que vivió sus ocho primeros días de vida.
El frágil bebé sobrevivió gracias a unos cuidados médicos que la hicieron engordar hasta los 2,2 kilos que pesaba al salir hospital, dos semanas después. Su supervivencia y la de su madre fueron posibles, quizá, porque viven en España, el décimo país con la tasa más baja de mortalidad infantil (3,37 por cada 1.000 nacidos vivos) y el décimo segundo en el caso de mortalidad materna (seis mujeres por cada 100.000 nacidos vivos), según datos de la CIA correspondientes al año 2012.
Han pasado dos años y Sira es una niña sana y vivaracha que se sorprende con todo lo que descubre a su alrededor. De nariz diminuta, enormes ojos marrones y labios de fresa, hoy tiene un peso y una estatura normales para su edad. “Al principio no tenía ni fuerzas para succionar el biberón y había que alimentarla con una sonda”, cuenta su madre. Pero desde que salió del hospital comenzó a engordar y ya no paró. “A los ocho meses parecía un bollo”, ríe Alejandra mientras enseña una foto de una Sira bebé muy saludable. Se alimentó desde el primer día con biberones porque Alejandra no podía darle el pecho debido a la medicación que toma por su enfermedad. Un bote de la leche preparada para prematuros que Sira tomó durante los dos primeros meses cuesta 30 euros y dura unas dos semanas. El resto del año, Alejandra calcula que pagó unos 800 euros por leches de continuación y papillas varias.

Es posible que Sira no hubiera sobrevivido al nacer en un país con peores infraestructuras sanitarias
Sira es hoy una niña feliz. Inquieta y parlanchina, enseña sus juguetes sin ninguna timidez: su armario para colgar los chupetes o pepes, sus joyas de princesa, su oveja con ruedas, el unicornio balancín o el “quejo” (conejo) de peluche sin el que no puede dormir. Salta sobre su mullida cama haciendo que sus finas trenzas negras revoloteen alrededor de su cabeza. Parece despreocupada, tiene sus necesidades cubiertas y recibe toda la atención de sus padres, como hija única que es. Y lo seguirá siendo, pues Alejandra y Yovani entienden que otro embarazo sería muy peligroso.
Pese a que nació tan frágil, nunca se ha puesto enferma, salvo algún catarro. Ha acudido a todas las revisiones médicas que le tocaban, es decir: a los 15 días, al mes, a los dos, cuatro, seis y nueve meses, al cumplir el año y, desde ahí, una vez al año. “Miran su peso, su estatura y si hace todo lo que tiene que hacer a esa edad: a los tres meses miran si sabe coger objetos, a los 12 si ya camina…”, relata Alejandra. Salvo una, tiene todas las vacunas del calendario de Sanidad puestas, que son gratuitas en Cantabria a excepción de dos: la del rotavirus y la de la meningitis. “La primera es a los nueve meses y no se la puse porque sirve para prevenir vómitos y diarrea, y como no iba a ir a la guardería, no la vi necesaria”, explica Alejandra. La segunda, pese a que vale 96 euros, sí se la puse, me da mucho miedo esa enfermedad”.

Cartilla de Sira

1. Nombre y fecha de nacimiento: Sira Moreno Cámara. 8 de febrero de 2012
2. Peso al nacer / ahora: 1,835 kg. Ahora pesa 14 kilos
3. Lactancia: no
4. Posición entre hijos en la familia: hija única
5. Padres: Alejandra y Yovani, de Castellón y Cantabria. Enfermera y albañil
6. Revisiones médicas: nueve
7. Hospital de nacimiento: Hospital General de Castellón, público
8. Pediatra: Carmen Muruzabal
9. Enfermedades pasadas: bronquitis una vez
10. Vacunas: Todas las del calendario de Sanidad y la meningitis
11. Tipo de alimentación recibida: Leche preparada en polvo para lactantes y a partir del año, alimentación sólida normal
12. Cuidados: No ha tenido niñeras, siempre la cuidan sus padres
13. Guardería: De abril a finales de agosto de 2014, escuela de verano
14. Dotación de la casa y el barrio: Piso de tres dormitorios, cocina, baño, terraza y jardín en las afueras de Santillana del Mar (Cantabria). Barrio con todo tipo de servicios: tiendas, transporte público, parques... y campos y bosques a pocos metros de la casa
15. Qué juguetes tiene: Un balancín con forma de unicornio, cuentos, peluches, muñecas articuladas, cuadernos de colorear, pulseras y collares de cuentas
16. Dónde y cuándo va a ir a la escuela:Empezó en septiembre de 2014 en el colegio público Portus Blendium de Suanzes
17. Qué esperan los padres de ella: Que en el futuro no dependa de nadie
La alimentación de la niña es completamente normal; prueba todo, aunque le gusta más lo salado. “El otro día su madre le trajo unos bollos con chocolate para desayunar. Primero cogió uno pero luego vio que yo estaba comiendo torreznos y cambió de idea: me pidió la bolsa y se puso morada”, cuenta Yovani, su padre. “No es mala comedora, prueba todo pero no mucha cantidad, y yo tampoco la obligo porque no quiero que la hora de la comida se convierta en un trauma”, completa su madre. Su manjar favorito son los macarrones con tomate, pero también le gustan mucho los platos de cuchara: “Alubias, lentejas… no le hace ascos a nada de eso”, dice Alejandra.
Sira y sus padres, Alejandra y Yovani, viven en un piso a 10 minutos caminando del centro histórico de Santillana del Mar (Cantabria), un pintoresco pueblo declarado Conjunto de interés histórico-artístico repleto de abigarradas casas de piedra embellecidas con maderas nobles, flores en los balcones y rodeada de colinas, bosques y vacas tudancas. La vida no es demasiado fácil para esta familia porque la crisis les ha sacudido con fuerza: él, obrero, lleva más de dos años en paro y está a punto de terminar de cobrar la ayuda familiar para desempleados de 426 euros. Ella, enfermera sin plaza fija, realiza sustituciones de manera esporádica y cobra una pensión de 200 euros al mes por la discapacidad del 69% que le ha acarreado el lupus.
Pese a todo, se encuentran mucho más a gusto que en la ciudad de Alejandra, Castellón, pues creen que Sira crecerá mucho mejor en el campo. “Hay niños que nunca han visto una vaca, y Sira ve bichos, los saluda a todos... También visitamos a menudo el Zoológico de Santillana y todos los días, salvo cuando llueve, salimos a montar en bicicleta o a pasear. Esto es mucho mejor para ella que la ciudad”, cuenta Alejandra mientras pasea con su hija por una vereda flanqueada por frondosos árboles. “Y cuando tenga edad de salir, nunca le va a faltar un coche para que la llevemos a donde quiera”, asegura. “Quizá cuando sea adolescente no le guste tanto vivir en el campo pero, cuando sea más mayor, seguro que agradece haber tenido esta infancia”.
“Sira, no saltes, que te va a pasar como la última vez y te vas a mojar entera”, exclama Alejandra a su hija. “Es que, el otro día cayó de culo en el centro de un charco y se caló entera”, aclara. Pero Sira está obnubilada con el paisaje y no hace caso a su madre: brinca y se mancha los tobillos de barro, recoge las hojas del suelo a puñados para arrojarlas sobre su cabeza y llama a voces —sin éxito— a una vaca despistada para que se acerque a ella. Luego, se afana en recolectar guijarros del suelo para tirarlos a esa agua sucia que acaba de saltar. Observar las ondas que estos generan parece uno de sus pasatiempos favoritos. Y así es como a la niña pasa sus ratos de ocio.

Sus padres prefirieron que pasara su infancia en el campo para que estuviera rodeada de naturaleza y animales
Es domingo por la tarde y Sira debe acostarse pronto para ir a la escuela al día siguiente. Cena sopa de fideos, después su padre le da un baño y, como última tarea, se afana en hacer pis en su sofisticado orinal. Ya le han quitado los pañales, pero está en esa etapa en la que hay que andar muy pendiente de ella. Después, se acurruca en el sofá con su pepe y su quejo y va quedándose dormida, muy despacio, mientras sus padres cenan en la mesa contigua. Hasta este año, ha estado siempre en casa, con su padre o con su madre. No ha tenido niñeras ni ha ido a guarderías. “No ha hecho falta, nosotros nos podemos ocupar y, si alguna vez hemos necesitado ayuda, su abuela paterna vive cerca y se ha quedado con ella”, cuenta Alejandra. Este es el primer año de la niña en el colegio público Portus Blendium, en la vecina localidad de Suances, a ocho kilómetros de su casa. “Lo elegimos siguiendo las recomendaciones de otros padres; tenemos amigos con hijos de la misma edad en este y en el de Santillana y los que van al de Sira están más adelantados que los otros”, explica Yovani. “Aprende lenguaje, música, psicomotricidad… ¡Y solo tiene dos años!. Me parece que tienen un programa muy completo”, coincide Alejandra. Pese a que está en otra localidad, tardan 10 minutos en coche, y no les cuesta llevarla.
Yovani y Alejandra tienen claro que para Sira, el equivalente a un buen porvenir es darle la mejor educación que esté en su mano. Aún es muy pequeña, pero Alejandra querría que estudiase pero, sobre todo, que sea una mujer autónoma y aprenda a ganarse la vida. “En realidad me da igual si estudia o no, y si va a la universidad o no, pero que nunca tenga que depender de nadie y, sobre todo, que haga lo que le guste”.

lunes, 2 de febrero de 2015

PRENSA. La forma de vida de una niña china de clase acomodada

   En "El País":

Hija del sueño chino

La pequeña Minitou, Jiang Siqi, fue concebida en Liyang en 2011. Su vida ha sido cara y fácil junto a una familia que representa el auge de una nueva clase acomodada en la China del siglo XXI

 Liyang (China) 15 ENE 2015  

  • A Jiang Siqi le encanta pintar en la pared. / ZIGOR ALDAMA


    Se dice que los bebés llegan con un pan bajo el brazo, pero Jiang Siqi hizo todo lo contrario: nació con una multa en la mano. China castiga así a quienes se saltan la política de natalidad que restringe a uno el número de descendientes, y Minitou —pequeña alubia, la llaman— era la segunda de los Jiang. “Con el cambio de la legislación que permite tener dos hijos a los matrimonios en los que uno de los padres es hijo único —él en este caso—, ahora no tendríamos que haber pagado nada”, se lamenta su madre, Hu Yen. Pero la pequeña Jiang vino al mundo el 28 de agosto de 2012, antes de que el Partido Comunista diese el visto bueno a una reforma que pretende mitigar el peligro que acarrea el rápido envejecimiento de la población más nutrida del planeta.
    “Éramos conscientes del importante costo que iba a tener para nosotros saltarnos la norma, pero no queríamos que nuestra primera hija, Jiang Enqi (cinco años), creciese sin hermanos”. Los abuelos, además, reconocen que animaron a Hu a quedarse embarazada de nuevo porque albergaban la esperanza de que a la segunda llegase un varón. Pero la madre se negó a hacer las pruebas para determinar el sexo del feto, una práctica que, a pesar de que China la ilegalizó para prevenir el infanticidio, se puede llevar a cabo fácilmente en centros privados. Así, nacen 111 niños por cada 100 niñas y el peculiar desequilibrio de género se perpetúa. “A nosotros no nos importaba el sexo, pero entre los mayores sí que ha resultado una pequeña decepción. Incluso me piden que vaya a por el tercero, pero con dos basta”, se ríe la madre.
    El de Hu no fue un parto complicado, pero los médicos que la asistieron en una pequeña clínica pública de la localidad de Liyang, situada en la provincia oriental de Jiangsu, le practicaron la cesárea. Otra vez. En torno al 80% de los bebés que nacen en la ciudad lo hacen por este método, que los centros utilizan a menudo porque proporciona mayor beneficio económico que un parto natural. Pero en el caso de Hu la decisión no tuvo nada que ver con la avaricia. “Lo pedí yo porque tengo terror al dolor”, justifica la madre, que, gracias a sus contactos, consiguió que fuese un doctor del principal hospital de la ciudad, el Renmin Yiyuan, quien supervisara su parto.

    La política del hijo único ha condicionado a generaciones de chinos
    “Hay grandes diferencias en la calidad del personal sanitario de China, así que hay que hacer todo lo posible para conseguir un buen médico”. Eso requiere conocer a la gente adecuada y sacar de paseo la cartera. En total, el nacimiento de Jiang Siqi les costó a los Jiang 2.800 yuanes (360 euros) que pagaron a la clínica y 500 yuanes (65 euros) de una "gratificación personal" para el médico. Si a eso se le suma la sanción, cuyo importe se calcula en base a los ingresos de la familia y que los Jiang prefieren no detallar, el nacimiento de Minitou no ha resultado nada barato. Ni siquiera para un matrimonio que pertenece a la nueva clase acomodada del gigante asiático y que tiene éxito con los negocios que ha puesto en marcha: él, Jiang Zhigao, nacido en 1977, es directivo en una empresa que produce suplementos nutricionales derivados de la miel; y Hu, ocho años menor, es propietaria de una tienda de productos medicinales chinos especializada en diabéticos.
    Sin duda, a la pequeña Siqi, que pesó cuatro kilos al nacer y ya ha crecido hasta los 13,5, le espera un futuro brillante. No en vano, según el informe Actitudes Globales 2014 del Pew Research Center, el 86% de los chinos está convencido de que sus hijos gozarán de mayor bienestar, frente a un 6% que asegura lo contrario. Ese optimismo contrasta, por ejemplo, con la opinión del 62% de españoles que cree que a las nuevas generaciones les espera un futuro peor. “China ha cambiado mucho, y muy rápido”, analiza el padre. “Gracias al desarrollo económico, ahora tenemos oportunidades con las que nuestros padres jamás habrían soñado, y nuestros hijos irán un paso más allá porque serán libres”.

    Cartilla de Minitou

    1. Nombre y Fecha nacimiento: Jiang Siqi. 28/08/2012
    2. Peso al nacer / ahora: 3 kilos / 10,5 kilos
    3. Lactancia: no.
    4. Posición entre los hijos: hermana menor de dos
    5. Padres: Hu Yen (madre) Jiang Zhigao (padre), ambos de Liyang, ambos empresarios
    6. Revisiones médicas: 9
    7. Hopital: Hospital local
    8. Pediatra: No tiene asignado ninguno
    9. Controles médicos: --
    10. Enfermedades pasadas: Ninguna
    11. Vacunas: hepatitis B, tétanos, difteria, polio, meningococo C, sarampión.
    12. Alimentación: Muy variada
    13. Cuidados: Padres, abuelos, niñera
    14. Guardería: Todavía no
    15. Dotación de la casa y el barrio donde viven:es una urbanización para clase media-alta y la vivienda está dotada con todo tipo de aparatos y comodidades
    16. Qué juguetes tiene: de todo tipo: electrónicos, peluches, pinturas...
    17. Dónde y cuándo va a ir a la escuela: irá a la guardería cuando cumpla 30 semanas
    18. Qué esperan los padres ella: le dejarán ser lo que quiera
    Jiang se refiere a la relajación de las estrictas convenciones sociales que han imperado durante décadas. La apertura al mundo y la irrupción de elementos propios de las culturas occidentales han provocado un importante cambio en las nuevas generaciones, que no sufrieron las miserias de la Revolución Cultural y han vivido siempre en la trayectoria ascendente del PIB. “Nosotros permitiremos a nuestras hijas ser lo que quieran, y tendrán a su disposición todos los medios con los que contemos para ello. Si quieren ir al extranjero, irán. Y no les forzaremos a casarse, ni interferiremos en su elección de pareja, ¡incluso un negro nos parecería bien!”. No en vano, el propio matrimonio de Hu y Jiang es producto de una relación secreta que comenzó cuando ella todavía no había cumplido la mayoría de edad.
    Los padres de ambos, preocupados porque temían que dejasen los estudios, se opusieron a su noviazgo cuando trascendió la noticia, pero la pareja continuó viéndose en la clandestinidad hasta que se casaron cuando ella cumplió los 23. Enqi nació un año más tarde. “Entiendo por experiencia propia que no se puede luchar contra los sentimientos, y que los padres tienen que respetar a sus hijos”. Eso sí, Hu reconoce que no aceptaría que sus niñas sean lesbianas. Al fin y al cabo, es una devota cristiana que acude a misa todas las semanas en una pequeña iglesia cercana desde que en 2008 abrazó esa fe, a la que se acercó por unos familiares que también la profesan. A sus hijas, sin embargo, no las bautizará porque considera que es una decisión que ellas deben tomar.
    “Tampoco buscamos que sean las mejores en la escuela, sino que estén sanas y sean buenas personas”, explica. No obstante, el iPad con el que Minitou juega está lleno de aplicaciones educativas con las que ya aprende el abecedario latino y con las que se adentra en el insondable mundo de los ideogramas chinos. “La educación es importante, y creo que la tecnología permite proporcionarla de forma divertida. Si además de jugar puede aprender algo, mejor”. Sin duda, salta a la vista que Siqi es avispada. Es activa, y le encanta jugar, aunque prefiere los aparatos electrónicos con los que se puede hacer una foto a los juguetes y a las muñecas descabezadas que aparecen por doquier. A la calle sale poco, porque los padres temen que le pueda pasar algo, y todavía no tiene amigos. Pero disfruta al máximo de los breves momentos que pasa en el parque infantil de la urbanización en la que vive, donde corre, salta y se desahoga, rara vez se queja, y apenas llora. “El único problema que nos ha dado es con la alergia”, asegura Hu.
    De hecho, la madre le dio el pecho durante el primer mes de vida hasta que descubrieron que Siqi es alérgica a los lácteos y al marisco. Desde entonces, los Jiang tienen que recurrir a botes de leche hipoalergénica en polvo que importan desde el Reino Unido. “En China, desde el escándalo de la melanina, nadie se fía de las marcas locales de leche para bebé. Ni siquiera de las marcas extranjeras que se fabrican aquí. Así que se la compramos online a gente que viaja a Europa y que saca un dinero extra trayendo botes”. Cada uno cuesta la friolera de 270 yuanes (35 euros) por 400 gramos de producto, y Minitou ha llegado a consumir siete al mes. “Era un gasto muy grande. Afortunadamente, ahora ya come de todo y sólo bebe la leche dos o tres veces a la semana”.

    Una nueva clase acomodada mira al futuro con optimismo y quiere para sus hijos una vida muy distinta de la que ellos vivieron
    Minitou se relame con el chocolate y tiene predilección por los caramelos, pero no le hace ascos a nada. Chupa las alitas de pollo laqueadas hasta que sólo quedan huesos brillantes, se pelea con los palillos para coger hasta el último grano de arroz, y mira con curiosidad una cabeza de pescado hasta que le hinca el diente. Eso sí, cualquier comida en la que están presentes otros familiares deja en evidencia el exceso de atención que recibe, una constante que se extiende por todo el país desde que China aprobó la política de natalidad que ha dado como resultado más 100 millones de pequeños emperadores, que son mimados por seis adultos a su servicio. En el caso de Siqi, que roba la atención de todos para disgusto de su celosa hermana mayor, se suman los cuidados de una niñera que vive con la familia las 24 horas del día, y que se encarga de las labores domésticas y de cuidar a las hermanas a cambio de 3.500 yuanes (450 euros) mensuales.
    Siqi y Enqi se levantan, comen, juegan, y se acuestan con Peng Fengxiang. Así, su contacto con los padres es mínimo, y el nivel de permisividad del que gozan se refleja en las paredes del desordenado apartamento que tienen alquilado: no hay una sola que no esté pintarrajeada hasta el metro de altura, llena de monigotes de colores. Durante la semana, tanto Hu como Jiang pasan la mayor parte del día fuera, y cuando llegan a casa se desploman en el sofá. Lo último que quieren es dar directrices a sus hijas. Pero los fines de semana la interacción familiar tampoco es mucho mayor, un mal común en China que exacerba el choque generacional. “Queremos tener también nuestra propia vida, y podemos permitirnos una criada”, justifica la madre.
    Pronto, Peng también se podrá tomar un respiro. Porque cuando Siqi cumpla las 30 semanas de vida comenzará a acudir a la guardería. Para entonces, es posible que la familia ya se haya mudado al chalet adosado de tres plantas que han adquirido no muy lejos de donde residen ahora, y que está en proceso de redecoración. Es un salto cualitativo que confirma el estelar avance de los Jiang hacia la consecución del milagro chino. Claro que los padres ya le han dejado claro a Minitou que en su nuevo hogar tendrá que dar rienda suelta a sus habilidades artísticas sobre un papel, y no en las paredes. “Prefiero en el iPad”, dice la pequeña alubia.